“Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías”.
¡Qué interesante que es este pasaje del libro de los Hechos!
Al ver que Apolo tenía ciertas lagunas en la fe, sus hermanos, Aquila y Priscila, se lo explicaron mejor. Y aquí hay dos cosas a tener en cuenta:
1. Que se hayan dado cuenta de las lagunas en el conocimiento de Dios y, con amor fraterno y en privado, le ayudaron a comprender mejor lo que estaba viviendo y predicando. La cercanía de los hermanos hace que estemos pendiente al otro para ayudarlo desde la confianza y el amor fraterno, no sintiéndonos los mejores sabios sino dando aquello que, también a nosotros, nos han regalado y ofrecerlo para que el otro pueda vivir mejor su fe.
2. La humildad de Apolo de dejarse ayudar por Priscila y Aquila. Porque no siempre nos dejamos acompañar, y, sobre todo, cuando alguien nos quiere ayudar a comprender mejor o a decirnos que hemos cometido algún error. El pecado de la vanidad o el orgullo nos impide, muchas veces, aceptar lo que el otro me está diciendo, indicando o corrigiendo. Sin embargo cuando abrimos nuestro corazón a la corrección fraterna ganamos en sabiduría y en amor.
Así, pues, Apolo pudo abrir su corazón no sólo a lo que sabían y conocían Priscila y Aquila, sino que pudo, por medio de ellos, recibir un mejor conocimiento de aquello que él había aprendido y que había querido darlo a conocer, así, por medio de los hermanos pudo profundizar en su fe y dar un mejor y mayor testimonio de lo que creía y vivía.
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