domingo, 10 de mayo de 2026

Como los apóstoles

"En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría".
Así como en aquellos días, también nosotros hoy, podemos llevar la alegría a nuestras ciudades, a nuestras comunidades, al mundo entero, porque como Felipe tenemos el Espíritu Santo que nos anima y fortalece y enciende para poder llevar la Buena Noticia del Evangelio, con nuestra vida, a todos los que lo necesitan.
No podremos hacer los milagros que ellos hicieron, pero podemos hacer otros milagros que el mundo de hoy necesita: sanar las heridas de los corazones rotos, sembrar la esperanza en los desesperados, mostrar el camino de la salvación a los que están perdidos, y tantos otros milagros que muchos están necesitando del Señor, pero que no reciben porque no siempre damos testimonio de lo que vivimos.
Y ¿cómo es eso? Nos lo dice san Pablo:
"Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo".
¿Por qué? Porque creemos en la Palabra de Jesús, confiamos en sus Promesas y sabemos que todo se ha cumplido y se cumple en nuestras vidas desde el momento en que el Espíritu Santo descendió en nuestros corazones y nos ayuda a llamar a Dios ¡Abba! ¡Padre! Porque lo que Él le prometió a los apóstoles se cumplió y se sigue cumpliendo en aquellos que tienen el corazón dispuesto para vivir Su Camino, Su Vida, y por ellos nos envió el Espíritu Santo desde el Seno del Padre.
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros".

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