«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida".
Cuando el Pueblo de Israel se sublevó contra Dios, Él les envió las serpientes para lograr su arrepentimiento, y así actuó el Señor en aquél momento. Y fue la Gracia de Dios a través de la imagen de la serpiente la que los libró de la muerte.
Del mismo modo Jesús toma esa imagen para que al mirarlo, por medio de la Gracia de su muerte y resurrección, no muramos al pecado sino que vivamos en la Gracia que Él nos ha conseguido.
"Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy», y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Claro que no es sólo mirar la Cruz lo que nos salva, sino como le dijo el Pueblo de Israel a Dios por medio de Moisés: "hemos pecado contra el Señor y contra ti", el arrepentimiento hace que consigamos, por medio del Sacramento de la Reconciliación, el perdón de los pecados y la renovación de la Gracia bautismal para seguir recorriendo el camino de la santidad, y alcanzar la Vida que el Señor nos prometió.
El nuestro pecado, son nuestras decisiones de todos los días y nuestros actos y omisiones, el que nos va quitando la Vida de la Gracia para dejarnos a merced de nuestras propias fuerzas. Pero no hablamos de las fuerzas físicas y humanas sino de las fuerzas espirituales para hacer frente a las tentaciones y poder estar fuertes para asumir la Voluntad de Dios en nuestras vidas.
Así al mirar la Cruz y al sentir la Cruz en nuestras vidas recordemos que es ese estandarte, es ese Dios-Hombre u Hombre-Dios que se entregó por amor para que mantengamos la fidelidad a la Vida que Él nos consiguió con su Muerte y Resurrección.
martes, 24 de marzo de 2026
Mirar la Cruz
lunes, 23 de marzo de 2026
Con la vara que juzgues...
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?»
Ella contestó: «Ninguno, Señor».
Muchas veces nos erigimos en jueces y verdugos de nuestros hermanos creyendo que tenemos la razón, que la verdad está en nuestro corazón. Pero es el Señor quien nos hace ver nuestro propio pecado y nos ayuda a no seguir juzgando y condenando a nuestros hermanos pues el juicio y la condena son parte de la Justicia divina.
Pero, sobre todo, nos ayuda a descubrir en nuestro corazón que no hay tanta inocencia como creemos, ni tampoco tanta verdad en lo que aseguramos o afirmamos del otro. Por eso Él mismo nos advierte: "con la vara con que juzguéis seréis juzgados", por eso Él le dijo a los ancianos: "quien esté sin pecado que tire la primera piedra", y ahí nadie pudo hacer nada, porque el pecado es parte de nuestra vida.
Claro es que no es que no quiera que ayudemos a nuestros hermanos a salir de su pecado porque sino no nos hubiera enseñado lo que significa la corrección fraterna: "si tu hermano peca corrígelo en privado...", pero eso es corrección fraterna no juicio y condena pública que es a lo que estamos acostumbrados a hacer.
Los programas de prensa rosa y amarilla nos han ido convenciendo que lo importante es sacar a la luz los pecados de los demás, anunciar públicamente que tal o que cual han hecho tal cosa o tal otra. Pero nadie se asegura, después, de anunciar que hubo un error, que no era tan así, ni siquiera se puede devolver la buena fama a las personas después de haber publicado sus errores o falsos pecados.
Ni tan solo en la familia o las comunidades (que se dicen cristianas) somos capaces de ayudar con la corrección fraterna, ni tan siquiera de reconocer que nos hemos equivocado, y, mucho menos de pedir perdón por nuestros errores.
Así el Señor, en estos últimos días de la Cuaresma nos pone un espejo en el que está Él mismo para que descubramos si estamos viviendo el amor fraterno como Él lo vive, si estamos siendo justos y misericordiosos como lo es Él, o solamente nos estamos convirtiendo en verdugos de nuestros hermanos sin siquiera ayudarlos a encontrar el camino de la conversión, un camino que nosotros mismos tenemos que encontrar por medio del arrepentimiento y el pedido de perdón.
domingo, 22 de marzo de 2026
Creer en Él
Entonces Jesús les replicó claramente:
«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».
Tuvo que hacer muchos milagros, y grandes milagros como la resurrección de Lázaro, para que los apóstoles y la gente creyera realmente en su poder, y buscase, a partir de ahí, quién era en realidad Jesús.
Lo que Jesús busca de nosotros es ese gran salto en la fe, salir de lo intelectual y dar el salto a lo que la fe nos ayuda a ver, así lo vemos en el diálogo con Marta:
"Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Ese salto no es fácil para darlo pues no siempre tenemos muy claras las ideas, y ese es el problema, no es cuestión de ideas sino de conocimiento, pero no del conocimiento intelectual, solamente, sino del conocimiento experiencial, por eso Jesús espera a la muerte de Lázaro para mostrarles a los apóstoles quién era. Porque, en ese momento (e incluso en nuestros días) si no vemos no creemos, si no sentimos no creemos, si no entendemos no creemos, si no recibimos no entendemos... y así siempre partimos de nosotros para poder dar un Sí a Dios, sin entender que para poder el Sí a Dios tenemos que abrir el corazón para que Él pueda "aparecérsenos" para que podamos ver, sentir y recibir.
Es Dios quien viene a nosotros para que nosotros vayamos a Dios, pero no viene de un modo arbitrario y con la fuerza de los poderosos, sino que, como dice en el Apocalipsis: "mira que estoy a la puerta y llamo, si me abres entraré y cenaremos juntos". Si me abres, no usa la fuerza ni nos quita la libertad, sino que espera, se acerca a nuestra vida y espera a que nos demos cuenta que está ahí, en la puerta.
Cuando le abrimos la puerta del corazón se sienta en nuestra vida y comienza a renovarnos, a darnos su Espíritu para que podamos comprender y entender y a partir de ahí comienza una seria relación de amistad y pertenencia, porque no sólo es una amistad sino una pertenencia: "soy de Dios" y eso implica una renovación de mi mente, de mi vida, de mi forma de vivir porque no hay nada comparado con Su Amor que pueda encontrar en otro lugar que no sea en Él.
Así cuando dejamos que Él mismo nos sorprenda con sus milagros podremos renovar nuestra vida, podremos hacer resucitar muchas cosas que creíamos perdidas y que no encontrábamos pero que estaban tapadas por la piedra del mundo, por la piedra de la rutina, por la piedra del pecado que no dejaba entrar la Luz de la Vida a mi propia vida.
sábado, 21 de marzo de 2026
Dejarnos enbaucar por Dios
"Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».
Cuando alguien no quiere entender o no quiere comprender siempre tratan de la misma manera a los que sí han abierto el corazón a la fe. Lo que pasó en aquellos días sobre Jesús y sus seguidores también está ocurriendo en nuestros días, por eso no hay que asombrarse porque siempre ocurrirá lo mismo cuando alguien o algunos no quieren entender o, simplemente, no quieren respetar lo que otros viven.
Ya lo anunciaba Jesús a sus discípulos:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
Los que se declaran ateos o agnósticos o rechazan la fe cristiana (porque en realidad lo que rechazan o critican, siempre, es a los católicos y cristianos, pero no a otras religiones) se creen los más listos y sabios, y, por eso, nos tratan como a "pobre gente que se deja embaucar por tonterías".
Pero no nos ha de importar ni cuestionar ni menos quitar la paz por lo que los otros digan, porque nos sabemos bienaventurados por creer lo que otros no han podido llegar a ver. Si lo que creemos nos ayuda en nuestra vida cotidiana, nos da esperanza, fortaleza y nos comunica el Amor de Dios para poder vivirlo con nuestros hermanos ¡deja que hablen y se crean sus propias tonterías!
¿Qué nos corresponde a nosotros los que hemos conocido el Amor de Dios? "Buscar el Reino de Dios y su justicia que lo demás vendrá por añadidura", nos dijo Jesús. Y todo ello en fidelidad a Su Palabra, haciendo que nuestra vida sea un reflejo de Su Vida, de Su Evangelio y, sobre todo, como decía al madre Teresa de Calcuta: con alegría y amando hasta que duela.
viernes, 20 de marzo de 2026
Conocer es un acto de fe
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado».
El diccionario dice que conocer significa "averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas", pero para saber qué es una cosa nos lo tienen que haber dicho, enseñado o mostrado, y de así también se puede decir que hemos confiado en la palabra de aquellos que nos han regalado su conocimiento de las cosas y nos han enseñado a conocerlas. Por lo tanto se puede decir que hemos realizado un acto de fe en las personas que nos han ayudado a conocer todo, a aprender desde decir papá y mamá hasta las enseñanzas escolares y/o universitarias, y luego, particular o personalmente hemos seguido aprendiendo por la vida y propio interés.
Así mismo cuando Jesús nos dice que él conoce al Padre porque procede él, es el mismo acto de fe que hemos realizado para cualquier cosa, podemos creerle o no pues nadie, ni Él mismo, nos obliga a creer. Pero, si confiamos en la Persona porque la hemos conocido, entonces le creeremos porque sabemos que es una persona que se ha ganado nuestra confianza, y sabemos que no nos va a mentir sobre tal o cual cosa.
Por lo tanto necesitamos mantener una sana y seria comunicación para conocer a las personas, a algunas no nos hizo falta aprender a conocerlas pues eran parte de nuestra vida, hablamos de nuestros padres, de nuestros educadores más tarde, pero a muchas hemos necesitado conocerlas para saber si nos decían o no la verdad, y si eran dignas de nuestra confianza o no. Lo mismo nos sucede con Jesús, podemos encontrarnos con Él en un día de entusiasmo y emoción, pero después tenemos que llegar a un diálogo que nos permita conocerlo para que, desde ese encuentro, podamos apoyarnos en sus Palabras para poder conocer mejor su Vida, y, sobre todo conocer al Padre que la misión que Él ha venido a hacer.
Así, conociéndolo cada día más podremos confiar y confiando dar ese salto en la Fe para poder aceptar, cada día, lo que el Padre nos pida vivir, porque hemos descubierto y creemos que lo que el Hijo vivió en obediencia al Padre también nosotros lo podremos vivir, pues confiamos en Su Palabra que nos dará la Vida que esperamos.
jueves, 19 de marzo de 2026
Sobre san José
San Bernardino de Siena, presbítero
La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.
Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles. José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.
Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.
José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.
No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.
Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor. Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.
Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
miércoles, 18 de marzo de 2026
No hago nada por mí mismo
"Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Qué lindo sería que pudiéramos decir lo mismo de nosotros, quizás haya alguien que lo pueda decir, no quiere generalizar, pero sería muy bueno para nuestra sociedad que todos los que seguimos a Jesús pudiéramos decir con Él: "yo no puedo hacer nada por mí mismo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".
Seguramente todo sería diferente porque viviendo así se haría realidad lo que rezamos siempre: "venga a nosotros tu Reino", ese Reino que esperamos, que deseamos es el que se realizaría si todos los cristianos estuviésemos en la misma frecuencia de buscar y vivir la Voluntad del Padre.
Claro es que es difícil, lo se, y Jesús lo sabe y el Padre también, pero no es imposible y por eso mismo Jesús nos lo dijo y nos lo enseñó para que lo pidiéramos cada día: "que se haga tu Voluntad en la tierra como en el cielo", y nos lo enseñó para que no nos olvidemos cuál es el camino que tenemos que recorrer.
Un camino que ni siquiera para Él, el Hijo del Padre, fue fácil recorrer pues le costó, muchas veces, hacer lo que el Padre quería, lo que el Padre le había pedido vivir. Por eso, cada día y cada noche, se unía en oración, en diálogo con el Padre para que el diálogo sea permanente y no tuviera ocasión de olvidarse para qué había venido a la tierra, para qué se había hecho hombre: para mostrarnos a los hombres el camino para vivir como hijos de Dios y así mostrar el camino de la Salvación.
Y ese es el mandato que nos dio: "id por todo el mundo y anunciad el Evangelio" porque "quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida". Y la Palabra que anunciamos no es nuestra palabra sino la Palabra del Padre que se hizo hombre en Jesús de Nazaret, por quien se nos ha dado vida y vida en abundancia, para que no nos la quedemos para nosotros mismos sino para que la transmitamos al mundo para esa Palabra ilumine las tinieblas, sane los corazones heridos, consuele a los afligidos y de esperanza a los que viven envueltos en las tinieblas del error, del dolor y de la muerte.
martes, 17 de marzo de 2026
No hay nadie que me ayude
"Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar".
Muchas veces pasando al lado de gente que hace tiempo que está enferma, no de enfermedad física pero sí de enfermedad espiritual, moral, etc., pero no siempre nos acercamos para ayudar, para calmar las ansiedades, para mostrar un camino de esperanza, para dar un abrazo o simplemente para sentarnos a escucharlos. No siempre tenemos que dar respuestas a los problemas de los demás, no siempre tenemos que ayudarle a encontrar razones, sino que sólo somos instrumentos de amor, de esperanza, de fe.
Algunas personas sólo necesitan alguien que las escuche, que les hagas una llamada por teléfono, o que las invites a tomar un café, un mate o una cerveza. Algunas necesitan que les ayudes a salir de casa porque no tienen a nadie que les invite a salir a caminar o que les ayudes a llevar su silla de ruedas o saques a pasear el perro.
"Señor, no tengo a nadie que me ayude", fueron las palabras de este paralítico, y es una frase que duele desde el alma de los que sienten solos, desamparados, alejados de todos y es una soledad que duele en lo profundo del corazón porque, seguramente, habrá muchos que lo conocen, que han compartido la vida con él, pero llegado el momento nos olvidamos de que existen, de que han formado parte de nuestras vidas y quedan olvidados.
Por eso, no sólo miremos a nuestro alrededor sino que abramos el corazón para compartir nuestra vida con aquellos que se sienten solos y que necesitan de lo que el Señor nos ha dado a nosotros, compartir nuestro tiempo, nuestra alegría, nuestra compañía es un milagro que hoy día se necesita en muchos hogares.
lunes, 16 de marzo de 2026
Creyó el y su familia
San Juan Crisóstomo, obispo (s. IV)
«Si no veis prodigios y signos, no creéis.» (Jn 4, 48) El funcionario real parece no creer que Jesús tenga el poder de resucitar a los muertos. «¡Baja antes que no muera mi hijo!» (Jn 4, 49) Parece que cree que Jesús ignora la gravedad de la enfermedad de su hijo. Por esto, Jesús le reprocha su poca fe, para mostrarle que los signos y prodigios se realizan sobre todo para curar a las almas.
Así, Jesús cura al padre que está enfermo del espíritu no menos que al hijo que está enfermo en su cuerpo. Así nos enseña que hace falta unirse a él, no a causa de los milagros, sino por su enseñanza confirmada por los milagros. Jesús realiza los prodigios no para los creyentes sino para los incrédulos.
Una vez en casa, «creyó y toda su familia» (Jn 4, 53) Gente que no había visto nunca a Jesús ni oído hablar, creen en él. ¿Qué nos quiere enseñar el evangelio? Hay que creer en él sin exigir prodigios; no hay que exigir a Dios pruebas de su poder. En nuestros días, ¡cuánta gente muestra un amor mayor a Dios después que su hijo o su mujer hayan experimentado alivio en sus enfermedades!
Aunque nuestros ruegos no fueran escuchados, hay que perseverar igualmente en la acción de gracias y la alabanza. ¡Quedemos unidos a Dios en la adversidad y en la prosperidad!
domingo, 15 de marzo de 2026
Luz para el mundo
"Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas".
Ya estamos a mitad de la cuaresma y el Señor nos pide que seamos luz, así como san Pablo se lo pide a los Efesios, nuestra vida desde que el Espíritu Santo nos ilumina es una vida de luz, luz para iluminar el mundo, luz para iluminar nuestra vida y la vida de los demás, para que el pecado no nos apague la Gracia bautismal, sino que nos ayude a vivir según el Camino que nos marcó el Señor con su vida y su palabra.
Por eso, unido a esta carta de san Pablo se nos presenta el evangelio de la curación del ciego de nacimiento. Cuando nacimos estábamos ciegos por el pecado original, pero el Señor nos liberó de esa esclavitud por medio de su muerte y resurrección y del Espíritu que se nos dio, y ahora nos toca a nosotros mantenernos en esa luz.
Para mantenernos así san Pablo nos dice: buscad lo que agrada al Señor, es decir, buscad siempre la Voluntad de Dios, buscad el Reino de Dios que lo demás vendrá por añadidura, pues todo lo que necesitemos para ser fieles en el camino nos lo dará Él.
Pero también, dice Pablo: sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Esto se nos pone difícil porque no nos gusta o no se acepta nuestra palabra cuando hablamos de las cosas estériles del mundo, cuando denunciamos los errores y pecados del mundo pareciera que somos unos extremistas que no aceptamos nada y se nos prohíbe hablar, pero tenemos que vencer el miedo y defender lo que Jesús nos ha regalado y nos pide vivir cada día. Él ya nos lo advirtió "si esto hacen con el leño verde qué no harán con el seco".
Así, en estos últimos días de la Cuaresma hemos de buscar, como el ciego de nacimiento, al Señor para que nos libre de la ceguera interior para que podamos seguir viendo, descubriendo y aceptando la Voluntad de Dios en nuestras vidas, y así poder ser la luz que el mundo necesita.
sábado, 14 de marzo de 2026
Fariseo o publicano?
"El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador"
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Aunque las comparaciones sean odiosas y no tendríamos que hacerlas, esta parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y el publicano nos viene muy bien.
Primero saber que no debemos compararnos con los demás ni pretender ser más que nadie, ni tan siquiera en las virtudes, ni en el pecado, ni en la inteligencia, ni en las cruces o dolores, ni en nada. A cada uno Dios nos ha dado dones y nos ha dotado de inteligencia y voluntad para poder vivir de acuerdo a su Voluntad, con libertad. Y por eso querer compararnos es una falta de caridad hacia nosotros mismos porque muchas veces nos infravaloramos, o hacia los demás porque nos damos más valor que los demás.
Por otro lado, no es que Jesús quiera que nos deprimamos por hacernos ver nuestros pecados, sino que al reconocerlos podamos reconciliarnos con el Padre, con los demás y con nosotros mismos, pues el pecado nos quita la Gracia, la alegría, la esperanza. En cambio cuando damos el paso, sincero, de reconocer nuestro pecado y pedir perdón recibimos el abrazo de la Gracia del Señor para poder seguir recorriendo el camino que Él mismo nos ha mostrado, y con con su Gracia poder tener la fuerza para levantarnos de las caídas. Y, sobre todo, cuando reconocemos nuestro pecado crecemos y maduramos en humildad, sabiendo que así como yo peco y soy perdonado, también tengo que hacer lo mismo con mis hermanos, porque sólo puede ser perdonado aquél que sabe perdonar.
La alegría de recibir el abrazo del perdón es lo que tengo que aprender a compartir con mis hermanos, pues es lo que pido diariamente: perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden.
viernes, 13 de marzo de 2026
Mejor no preguntar
"El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas".
De este diálogo del escriba con Jesús me quedo con esta última frase: "y nadie se atrevió a hacerle más preguntas", es que cuando le preguntan cosas a Jesús para ponerlo a prueba Él sale con unas respuestas que los deja, y nos deja, mudos pues nos da una vuelta que termina exigiéndonos vivir más radicalmente.
Y, a veces, no entendemos que "si no queremos saber las respuestas, no hagamos las preguntas", es lo que nos pasa, también, con nuestros hermanos. Preguntamos y después no queremos escuchar o no queremos hacer lo que nos dicen o nos duele lo que nos dicen como respuesta.
Pero, lamentablemente, a Dios, a nuestro Señor siempre tenemos que preguntarle porque debemos saber qué es lo que Él quiere de nosotros, cuál es Su Voluntad para este día y para mi vida, porque así podré seguir el Camino que me lleva a la plenitud de mi vida, y, sobre todo, a la plenitud de la santidad que es por lo que rezo todos los días "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo".
Por eso tengo que saber que cada vez que le pregunte algo al Señor, Él me responderá para que yo sepa por dónde ir y qué debo hacer, sabiendo que no siempre me va a gustar su respuesta y que la exigencia será cada día mayor y no porque yo crea que puedo hacerlo, sino porque confío en su poder y su Gracia para que yo pueda vivir de acuerdo a Su Voluntad.
Y, en este sentido, tengo que mirar estos mandamientos porque son los que hacen la plenitud del Camino: la ley del Amor, y, como ya lo sabemos, no sólo a los que quiero sino también, y sobre todo, a los que más me cuesta amar.
jueves, 12 de marzo de 2026
No endurezcáis el corazón
"Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
"Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
Estos son los riesgos que corremos cuando nos olvidamos quienes somos y a quién pertenecemos y nos vamos haciendo eco de otros dioses: se nos va endureciendo el corazón frente a la Verdad y le damos la espalda a Dios para hacer lo que el mundo nos dicta y ofrece.
Pero también, aunque no aceptemos los bienes del mundo, muchas veces nos enceguecen nuestros rencores, dolores, mentiras, etc. que nos decimos a nosotros mismos y creemos que nuestras mentiras son la verdad y por eso nuestra relación con el Señor es farisaica y con nuestros hermanos va por el camino de la maldad.
No nos damos cuenta pero el ritmo que llevamos no nos permite centrarnos en el Señor pues "nunca tenemos tiempo suficiente" para encontrarnos con Él. Siempre dejamos para después lo que es importante para nuestro espíritu y el después no llega porque vuelve a haber otra cosa importante que tengo que hacer.
En verdad, no es simple ni sencillo, en estos tiempos que vivimos, centrarnos en el Señor, centrarnos en nuestra relación verdadera con el Señor, y, seguramente, tampoco con los que amamos, y menos aún con aquellos a los que deberíamos amar más que es nuestro prójimo.
Así, para que no se endurezca nuestro corazón el salmista nos da una pista de cómo hacerlo:
"Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía".
miércoles, 11 de marzo de 2026
Bautizados y discípulos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Y ¿quiénes son los discípulos de Jesús que tienen que cumplir este mandato de enseñar a cumplir la Ley y los Profetas, más aún de enseñar a vivir como Jesús?
Somos todos los que hemos recibido el Espíritu Santo el día de nuestro bautismo y hemos tomado conciencia de que el Señor es quien nos ha llamado a seguirlo. Pero no sólo en un seguimiento especial como el sacerdocio o la vida consagrada, sino un seguimiento universal desde el momento de ser bautizados y gozar el don del sacerdocio real, que es el que hemos recibido en el bautismo.
Es un Don y una responsabilidad de todos los bautizados anunciar el Reino de Dios, dar a conocer Su Palabra y llevar a todos la alegría de la Salvación, pero para ello debemos comenzar por conocer cuál es el Mensaje para poder anunciarlo, como dice san Pablo a los romanos:
"...todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien! Pero no todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje? Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo. Pero digo yo: ¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario: A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras. Pero digo yo: ¿Es que Israel no comprendió?".
¿Es que nosotros no hemos comprendido el mensaje? Quizás lo hemos comprendido, pero, como en la parábola del sembrador los avatares del mundo y del día a día han cubierto el mensaje de Salvación con las ideologías y los problemas del mundo y hemos perdido lo esencial del mensaje de Jesús, por eso debemos volver a la Fuente Verdadera que es el Evangelio y en diálogo con el Señor dejar lugar al Espíritu para que renueve en nosotros el Don recibido.
martes, 10 de marzo de 2026
Sin miedo a pedir perdón
Como el tiempo cuaresmal es tiempo de reflexión y penitencia las lecturas nos invitan y nos llevan a mirarnos, cada día, más interiormente, se podría decir que a "rebuscar" interiormente para poder sanar todo aquello que hemos dejado pasar o que, consciente o inconscientemente, no hemos querido reconocer en nuestra relación con los demás.
En este sentido si bien las lecturas nos ayudan a reconocer nuestros pecados y nuestros defectos, también nos ayudan a descubrir la misericordia de Dios para con nosotros, pero que es una misericordia que se realiza en un corazón arrepentido y humillado, no sólo ante Dios, sino también ante los hermanos, por aquello que dice san Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve pero no ama a su hermano a quien ve es un mentiroso".
Y así hoy nos recuerda el Señor en la parábola lo siguiente:
"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?".
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Hay muchas situaciones que no hemos perdonado, hay muchas situaciones que no hemos pedido perdón, y las vamos dejando pasar uno y otro día, un año y otro año, y todo eso se va haciendo herida en el corazón porque el pecado, la falta de perdón de uno y otro lado, nos van quitando la Gracia o no van renovando la Gracia de la Reconciliación, y eso se va haciendo rencor y daña nuestra relación con el Señor y con los hermanos, y, por lo tanto, con el Cuerpo Místico de Cristo.
No temamos a reconocer nuestros pecados y errores, sino tengamos miedo a perder la Gracia de la santificación que es lo que nos sigue uniendo a nuestro Dios y Padre.
lunes, 9 de marzo de 2026
Enn lo facil está lo difícil
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio!”».
Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio".
Hay veces que las cosas fáciles las volvemos difíciles porque no queremos hacerlas, porque han tocado nuestro orgullo y nos impiden ver que en lo fácil y lo pequeño está la Voluntad de Dios.
Dejamos pasar, muchas veces, muchas ocasiones para expresar nuestra fe, para dar razones de por qué creemos en lo que creemos, y, sobre todo, en ocasiones dejamos de aceptar la Voluntad de Dios porque no nos muestra signos extraordinarios, sin embargo, en lo cotidiano y en lo ordinario de cada día hay mucho que nos habla de Dios, pero no sabemos ni escucharlo ni leerlo porque vamos apurados queriendo hacer grandes cosas o las cosas que nos parecen más urgentes, dejando de lado las pequeñas cosas que nos hablan de amor, de esperanza, de fe.
Naamán esperaba que el profeta saliera y le hablara directamente, en cambio envió un mensajero para que hiciera lo que había venido a buscar: ser sanado de su lepra. Pero esa acción no le gustó a Naamán, sin embargo sus sirvientes lo convencieron y resultó que lo que él quería rechazar era lo que le dio una nueva vida.
Dios no nos habla directamente, siempre nos envía un instrumento o un mensaje para hacernos ver cuál es Su Voluntad para nuestra vida, pero no siempre estamos atentos a estos instrumentos incluso, muchas veces, dejamos de lado los mensajeros de Dios porque no los apreciamos por esto o por aquello, y así dejamos de lado la Voluntad de Dios por rechazar a sus mensajeros, y seguimos sin alcanzar la plenitud de nuestra vida.
Cuando nos demos cuenta que Dios nos está hablando constantemente y nosotros no lo escuchamos y por eso no alcanzamos nuestras metas, tendremos que comenzar a "perder" el tiempo para acostumbrarnos a mirar y escuchar para poder discernir y aceptar el Camino que nos conduce a la Vida.
domingo, 8 de marzo de 2026
La alegría del encuentro
Es hermoso el relato del encuentro de Jesús con la Samaritana por varias cosas y varios sentidos, pues en ese diálogo hay mucho para meditar y reflexionar sobre nuestro diálogo con el Señor, sobre nuestra oración.
Por un lado nos sucede que, muchas veces, no sabemos cómo hablar con el Señor, como rezar, porque tenemos miedo o vergüenza por lo que hemos vivido o por los pecados que aún anidan en nuestro corazón. Jesús comienza a hablar con una samaritana y eso era algo impensable (lo cual asombró a los apóstoles) porque un judío no podía hablar con una samaritana ni estar solo en un lugar con una mujer. Pero Jesús rompe con esas tradiciones y va al encuentro del otro sea quien sea, sin importarle su rango, situación o pecado porque sabe que siempre hay deseos en el corazón del hombre.
Y en ese encuentro casual Él ayuda a que se abra el corazón, pero también depende de uno abrirlo del todo para que el Señor lo sane con Su Palabra, aunque la Verdad que Él nos haga ver sea dolorosa y parezca demasiado oscura, Su Palabra y Su Gracia sanarán nuestras heridas y limpiarán nuestros pecados, para poder ver la grandeza de con Quién estamos hablando.
Así, aunque la samaritana no quería decir la verdad, la verdad salió a la luz y sanó el corazón de ella para que pudiera ver al Mesías que esperaban. Esa alegría hizo que comenzara a ser misionera del Salvador y contar a todos lo que había sucedido, aunque para eso tuviera que decir de qué la había sanado.
Y comienza, ahí, en ese encuentro casual (aunque no improvisado por el Señor) una nueva relación, un diálogo sincero de corazón que nos ayuda a profundizar en nuestra fe, en nuestro conocimiento del Señor y nuestro, para poder recibir esa agua pura que purifica, sana, renueva y fortalece nuestra vida de fe, haciendo que la alegría del encuentro y del conocimiento del Señor y Salvador se manifieste en nuestra vida, se muestre en nuestro actos y palabras y podamos, de ese modo, ser instrumentos del Señor para dar a conocer la alegría de la salvación.
sábado, 7 de marzo de 2026
Escribas y fariseos
Como tantas otras parábolas la Parábola del Hijo Pródigo es de aquellas que al comenzar a leerlas ya nos imaginamos todo lo que ocurre y por eso no le damos tiempo al Espíritu para que nos diga lo que el Padre quiere de nosotros, o que nos enseñe lo que Jesús quiere que entendamos. Si bien hay muchos personajes en los que podamos espejarnos: el padre, los hijos, los sirvientes, pero también están los publicanos, los pecadores y los fariseos y los escribas. Aunque se los menciona sólo al principio pero siempre están en todos los mensajes que Jesús nos, y, creo que, gracias a ellos Jesús nos ha dejado muchos mensajes que nos ayudan a vivir y a pensar nuestras actitudes.
Esta parábola Jesús la dice pensando en lo que ellos, los escribas y fariseos, estaban pensando acerca de Jesús y de aquellos con quienes Él se reunía: publicanos y pecadores. Los escribas y fariseos no debían juntarse con publicanos y pecadores por miedo al contagio, porque si se juntaban con gente impura ellos mismos quedaban impurificados y no podían seguir con sus ritos y costumbres religiosas.
Y así nos pasa o les pasa a muchos en nuestra Iglesia: se creen mejores unos que otros y se permiten juzgar y condenar a los que ellos creen pecadores o que no están de acuerdo con lo que ellos viven, creyendo que son los únicos que viven una fe intachable, haciéndose así pecadores por faltar al amor, a la caridad, a la misericordia y teniendo como pecado la vanidad o soberbia espiritual, la cual les da el derecho de juzgar y condenar a otros.
Por eso, aunque no seamos conscientes de nuestras faltas de caridad hacia nuestros hermanos, todos debemos mirarnos en el espejo de los fariseos y escribas porque, aunque no lo veamos, tenemos el aguijón de la soberbia espiritual muy clavado en nuestro corazones, y es un aguijón que no sale fácilmente de nuestras vidas.
Así, cuando lo reconozcamos podremos abrazar como lo hace Jesús a todos, todos y todos (una frase que a muchos les gusta pero que no la viven) los hermanos, pues el abrazo del Padre no es sólo al que se fue, sino que también quiere abrazar diariamente a quien está a su lado para que pueda comprobar que en ese abrazo quiere comunicarle el amor que es indistinto para uno que para otro.
viernes, 6 de marzo de 2026
Los celos semilla de discordia
"Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas.
Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo".
Los celos son la semilla que sembrada en un corazón sin Dios hace crecer el odio que nos lleva a la perdición. Es la semilla que nos hace caer en los pecados más graves porque de ella surgen las discordias, las discusiones, las divisiones y la destrucción de todo lo que se nos cruce por delante porque nos va quitando, poco a poco, la fuente del amor.
Cuando los celos se unen a la envidia perdemos la Gracia santificante y nos vamos perdiendo en la oscuridad de nuestro propio pecado haciendo que todo comience a ser malo, y sobre todo, las personas que Dios pone a mi lado para ayudarme a crecer y cambiar son las que más comienzo a detestar y, por eso mismo, comienzo a sembrar cizaña para que otros piensen o sientan lo mismo que yo transformándome en sembrador de cizaña, de envidia, de discordia, todo lo contrario a lo que Dios quiere que seamos.
"Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?".
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos".
Y Jesús nos habla a nosotros así como les habló a los judíos para que descubramos y tomemos conciencia de lo que estamos perdiendo, pues no sólo perdemos amistades, familia y personas que nos ayudan a crecer, sino que vamos perdiendo el Amor de Dios que sana nuestros corazones, vamos perdiendo Su Gracia porque no reconocemos nuestro pecado y nos vamos haciendo cada día más rebeldes a la vivencia del amor por nuestros hermanos, y, así, perdiendo la Gracia de la Conversión.
jueves, 5 de marzo de 2026
A quién escuchamos?
"Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen".
Pero él le dijo: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto."»
A veces pedimos demasiados signos y milagros para poder entender o aceptar la Voluntad de Dios, queremos que Dios sea explícito en sus palabras o que haga un signo extraordinario para que sepa que lo que estoy oyendo viene de Él. Cuando pedimos esos signos es porque no queremos hacer lo que Dios nos pide o nos permite, sino que estamos buscando a alguien que nos diga lo que realmente queremos hacer que es nuestra propia voluntad y no la de Dios.
Cuando aprendemos a escuchar la Voz de Dios en Su Palabra, en los signos de los tiempos y en los acontecimientos de la vida cotidiana, no nos hacen falta los signos extraordinarios ni que Dios nos envíe un whatsapp para saber cuál es su Voluntad.
Pero, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y así nos pasa a los que decimos que somos cristianos pero que no vivimos como discípulos de Cristo porque nos dejamos llevar por la voz del mundo y no por la Voz de Dios.
Porque:
"Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita".
Cuando sólo escuchamos lo que queremos oír y no abrimos nuestro corazón a la Voz del Señor, entonces no recibimos la Gracia necesaria y suficiente para alcanzar lo anhelamos desde el corazón, sino que nos contentamos con lo superficial, lo banal, lo que, en realidad, nos está pidiendo el mundo que vivamos porque no aceptamos, en definitiva, las exigencias del Evangelio y así, tampoco alcanzamos los beneficios de Su Amor.
En cambio, nos dice el Señor:
"Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto".
miércoles, 4 de marzo de 2026
Podéis beber el cáliz?
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
¿Sabemos lo que pedimos en nuestra oración? ¿Sabemos qué es lo que necesitamos cuando pedimos algo en la oración? ¿Qué es lo que pedimos?
Claro que todas estas preguntas tienen un lado complicado porque lo primero que nos surge pensar es en nuestra oración de peticiones, o en nuestras peticiones en la oración. Pedimos por la salud, por la familia, por algún amigo, por algún enfermo, pero no es sólo eso lo que pedimos, esas son, realmente, intenciones personales que salen del corazón y de las necesidades urgentes de todos los días.
Lo que realmente pedimos es lo que el Señor nos enseñó a pedir en la oración del Padre nuestro, y ese el pedido más completo que hacemos todos los días. Y ¿te has puesto a pensar qué es lo que pides cuando le hablas al Padre en la oración que te enseñó el Hijo? Seguramente muchas veces has escuchado las reflexiones sobre el Padre nuestro y otras tantas lo hemos leído en el Evangelio, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué es lo que estamos pidiendo cuando abrimos nuestros labios para hablar con el Padre en el Padre nuestro.
Y es ahí, en esa oración cotidiana donde estamos pidiendo algo que no sabemos si estamos dispuestos a vivirlo, o, por lo menos no nos hemos puesto a pensar qué significa para mi vida decirle al Padre que estoy dispuesto a hacer Su Voluntad en la tierra como en el Cielo. Y ahí está el cáliz que bebió Jesús por nosotros y que nos invita a beberlo cada día.
¿Estás dispuesto a beber el cáliz de la obediencia a la Voluntad de Dios todos los días de tu vida? Así sería la pregunta que nos deberíamos hacer antes de rezar el Padre nuestro, porque es lo que le estamos diciendo al Padre de los Cielos, porque eso fue lo que Jesús nos enseñó, no sólo la oración, no sólo a pedir, sino a abrir el corazón para que, como Él vivió, también nosotros vivamos en la Voluntad del Padre, pues ese es el Camino que Él recorrió y nos enseñó a caminarlo a nosotros.
Y, como Él sabía que, seguramente, se nos olvidaría lo que tenemos que vivir, entonces nos dejó la intención de vivirlo grabada en la mejor de nuestras oraciones, y, sobre todo, en una oración que repetimos cada día y, en algunos casos, varias veces por día.
martes, 3 de marzo de 2026
Aunque tu pecado sea rojo como la grana...
"Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
Una hermosa exhortación de parte de Dios y una aliento para nuestra conciencia y vida: saber que el Señor puede perdonarnos y que su misericordia es infinita.
A veces dudamos de que el Señor pueda perdonar nuestros pecados porque siempre caemos en el mismo pecado, siempre tropezamos con la misma piedra y, por eso, nos da vergüenza, muchas veces, confesarnos porque tenemos que decir lo mismo una y otra vez.
Por eso, el mismo Jesús nos dijo: el justo peca 7 veces por día, por que Él sabe de nuestra debilidad, de nuestro pecado, pero necesita que lo reconozcamos, que analicemos nuestra conducta y recurramos a su Gracia para poder fortalecernos y buscar, siempre, un apoyo en Su Palabra para no caer, pero si caemos lo tenemos a Él que es nuestro abogado Celestial.
Pero claro, todo tiene que tener su vuelta: como el conoce nuestro corazón y sabe de nuestro pensamientos, también sabe si hay un sincero arrepentimiento de corazón para intentar no caer más, y, sobre todo, si el pecado ha sido contra mi prójimo, contra mi hermano, me pide que haga algo para restaurar el daño realizado, pues no basta con pedir perdón a Dios si no le pido perdón a mi hermano: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y, en ese sentido también nos toca a nosotros pedir perdón si hemos ofendido.
Cuando, verdaderamente nos duele el pecado cometido entonces el arrepentimiento puede llegar a ser más sincero y el remedio a ello hasta puede ser gratificante. Pero si no me duele el hecho de pecar, de ofender, de hacer daño con mis palabras, obras y acciones, entonces no habrá sinceridad en mi arrepentimiento y aunque pida perdón en el confesionario, quizás el Señor no purifique mi corazón pues sigo con las mismas intenciones que tenía antes de confesarme.
No utilicemos, por lo tanto, el sacramento de la confesión en vano si en realidad no hay sinceridad en mi arrepentimiento, o si, en definitiva, no estoy dispuesto ni a arrepentirme ni a solucionar lo que he realizado. Antes bien pidamos al Espíritu Santo que nos ayude y nos de el Don del Temor de Dios para que sabiendo que puedo perder su Amor pueda comenzar a sentir dolor por mi pecado y buscar la fortaleza para poder arrepentirme de corazón y reconciliarme conmigo mismo, con mis hermanos y luego con el Padre Celestial, para que así aquello que ennegreció mi alma queda limpia y purificada por la absolución de mis pecados por medio del sacramento de la Reconciliación.
lunes, 2 de marzo de 2026
Principios cotidianos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
¡Cuántos principios para la vida que nos da el Señor! Son principio reales para nuestra convivencia, para la vida cotidiana, pero que no siempre los ponemos en práctica, o, mejor dicho, los ponemos en práctica para lo que nos conviene pero no para lo que el Señor nos manda.
A estos preceptos del Señor tendríamos que agregarle aquellas palabras en las que nos dice: "si amáis a quienes os aman ¿qué mérito tenéis? Yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen". ¿Por qué hay que agregarle esta exhortación de Jesús? Porque nos gusta hacer las cosas a nuestro antojo y no nos gusta exigirnos más de la cuenta, sino que sólo hacemos las cosas con quienes queremos, con quienes están cerca, con quienes nos dicen lo que queremos escuchar. Sin embargo, Jesús, nos exige mucho más que eso y por eso al final de estos preceptos de vida cristiana nos dice: "pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros", y eso no lo tenemos en cuenta.
Por eso es necesario que nuestro examen de conciencia sea concienzudo, es decir, tomándonos en serio la Palabra de Jesús, porque, muchas veces, creemos que no perdonar, no ser misericordioso, actuar con malos tratos, hablar mal de los demás, exigirle a los demás cosas que yo no hago, culpar a los otros de mis malas acciones, etc. etc., eso está bien porque los culpables de que yo actúe mal son los otros. Que yo tenga mal genio es culpa de los demás, que yo critique es culpa de los demás, que haga daño con mis palabras es porque se lo merecen... ¿Si Dios pensara así de tí? ¿qué dirías? ¿Si los demás actuaran contigo de la misma manera que tú actúas con los otros, cómo te sentaría?
Así nuestro examen de hoy, o de estos días de cuaresma tendrían que partir de estos principios de los que nos habla Jesús: ser misericordioso, no juzgar, no condenar, pedir perdón, saber perdonar... para que podamos, realmente, hacer una buena confesión y comenzar un tiempo de reconciliación para que la Pascua llegue verdaderamente a nuestro corazón.
domingo, 1 de marzo de 2026
Sal de tu tierra
"En aquellos días, el Señor dijo a Abran:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré".
Un primer llamado de Dios al hombre para dejarse conducir por Él y comenzar, así, a construir un mundo nuevo desde la fe de un solo hombre. Abran dijo Sí a Dios y dejó su tierra y sus bienes y comenzó un largo camino para alcanzar la Gracia y la Vida Nueva en Dios, así nació un Pueblo Elegido del cual somos herederos, herederos de la fe y la confianza de un hombre en su Dios.
Y así tenemos que estar todos los días: saliendo de nuestra zona de confort para entregarnos por completo a nuestro Dios y Señor para seguir construyendo un mundo nuevo a partir de un Hombre Nuevo, un hombre nuevo que nace del costado de un Dios que se entregó por amor en una Cruz.
Así cada día salimos de nosotros mismos para subir con Jesús al Monte de la Transubstanciación, es decir al Monte de la Eucaristía en donde nos encontramos en Nuestro Dios y Señor para que Él nos siga confirmando y alimentando en nuestro camino de Fe, de Esperanza y de Amor.
Porque del mismo modo que Jesús llevó a los apóstoles al Monte de la Transfiguración ahora nos quiere llevar a nosotros para hacernos sentir Su Presencia Viva que nos alienta, fortalece y enciende para que, al bajar a la rutina de todos los días, podamos, a diferencia de los apóstoles, compartir nuestra experiencia de Dios, que sea nuestro rostro iluminado por la alegría de la salvación quien hable de lo que creemos, de lo que esperamos y de lo que intentamos, cada día, vivir.
Aquél día de la transfiguración Jesús le pidió a los apóstoles que no le contaran a nadie lo que habían visto, pero después los envió a todo el mundo a llevar la Buena Noticia, así, hoy, a nosotros, nos invita a salir de nosotros mismos, a alimentarnos de Su Vida en la Eucaristía, y llenos de Su Espíritu salir al mundo a dar la Buena Noticia de la Salvación.
Aunque las voces del mundo nos digan que eso no es cierto, aunque las voces del mundo nos quieran apagar, confiamos en la Voz de Aquél que habló desde la nube y de Aquél que ha llegado a nuestro corazón para transformarnos y elegirnos para ser un testimonio vivo y claro de la Presencia de Dios en el mundo de hoy.
sábado, 28 de febrero de 2026
El desafío de vivir en fidelidad
"Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón".
Así dice el Señor en el Salmo de hoy: caminar en la ley del Señor, guardar sus preceptos, buscarlo de todo corazón para vivir en la dicha, para alcanzar la bienaventuranza, para lograr la felicidad que anhela el corazón del hombre. Pero no es la felicidad que nos da el mundo o la felicidad que nos hace creer el mundo, sino la verdadera felicidad que sólo nos puede dar Aquél que nos creó y que nos llamó a la vida y que nos dio la Vida por medio de la Cruz y la Resurrección.
Por eso, para alcanzar esa plenitud del ser, la plenitud de la vida del hombre, Jesús nos indica el camino a seguir:
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos".
Es la perfección del amor, del amor más puro y más difícil de conseguir porque es el amor que más duele, el que más me cuesta vivir porque no es el que estoy acostumbrado a vivir, ni es el que el mundo quiere que viva y menos aún el Príncipe de este mundo.
Hoy por hoy, los cristianos, nos hemos acostumbrado a vivir lo mínimo del evangelio, a cumplir ciertos requisitos formales del ser cristiano, pero no llegamos a la esencia y a lo fundamental del Camino que recorrió Jesús primero y que nos pide vivir a nosotros sus seguidores. En realidad, creo, que nos conformamos con ser buenos cumplidores de ciertas cosas pero no nos arriesgamos a vivir por completo las exigencias del Evangelio. Nos conformamos con que "no mato ni robo", pero no llegamos a, como decía Madre Teresa: "amar hasta que duela", porque no nos gusta el dolor del amor, pero sí queremos disfrutar de los Bienes que nos da el Señor: su Amor, su Paz, su Consuelo, su Fortaleza, etc., y, sobre todo, exigirle milagros, pero no somos capaces de dar un Sí completo al Camino que nos pide recorrer.
Y Él sigue esperando que nos demos cuenta de todo lo que nos estamos perdiendo por no aceptar el desafío de vivir.
viernes, 27 de febrero de 2026
Verdadera conversión
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehena” del fuego".
Muchos de nosotros, los cristianos, no llegamos a tomarle el peso a las Palabras de Jesús, y, sobre todo, a estas palabras que nos hablan del juicio y del peligro que corremos si no nos convertimos verdaderamente. Para muchos es suficiente con creer en la Misericordia Divina y por eso no se arrepienten ni piden perdón, y creen que porque Jesús es Bueno y Misericordioso todo lo perdona, y siguen leyendo el Evangelio como si no dijera nada o no tuviera consecuencias en mi vida espiritual lo que Jesús me manda a vivir, o, mejor dicho lo que Jesús nos advierte sobre nuestras malas acciones.
Y todo eso está respaldado por las Palabras que el Padre dio en la antigüedad al Pueblo de Israel:
"Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Por eso las lecturas nos ayudan, en este tiempo de cuaresma, a hacer un repaso no de la vida de los otros, sino de mi propia vida, de cómo he tratado a mis hermanos, y no sólo a los que más quiero, sino, sobre todo a los que menos quiero o a los que me han hecho daño, porque la exhortación del evangelio nos habla de que hagamos el bien a los que no queremos porque si hacemos sólo el bien a los que queremos ¿qué mérito tenemos? Eso lo hacen también los paganos.
Y, por otro lado, descubrir que sólo alcanzaremos la misericordia si tenemos misericordia porque la vara con que midamos a los demás se usará para medirnos a nosotros, por eso decimos en el Padre nuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Así, mirándonos bien y sin miedo de descubrir que no hemos sido tan buenos como nos creíamos podremos alcanzar la misericordia si, realmente, pedimos perdón a quién hemos ofendido o perdonamos a quien nos ha ofendido.
Tiempo de Cuaresma, tiempo de reconocer nuestras malas acciones y reconciliarnos con los hermanos, con Dios y con nosotros mismos.
jueves, 26 de febrero de 2026
Lo que hemos recibido
En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti".
Siempre me llamó la atención y me gustó mucho esta oración de la reina Ester porque habla de confianza, y no de una confianza que ella pueda tener en su Dios, sino porque ha escuchado lo que sus antepasados decían.
A pesar de que muchas veces nos neguemos a creer o que, por alguna causa, nos hayamos alejado de Dios, siempre queda en nosotros lo que otros nos han transmitido, y, seguramente, lo que Dios ha dejado inscrito en nuestro corazón cuando nos creó.
Hay, en el hombre, una necesidad de lo absoluto, de lo trascendente, que para nosotros es Dios, pero para algunos tiene otro nombre. Pero cuando, como se dice habitualmente, "el agua nos llega al cuello" levantamos la mirada hacia lo eterno y buscamos la ayuda en el Cielo.
Es algo que, aunque no lo queramos reconocer, todos lo necesitamos en un momento u otro, por eso los que creemos y tenemos una confianza cierta en nuestro Padre Dios no tenemos que dejar de testimoniar su Amor, y nuestra Esperanza en Él, pues de alguna forma esas palabras, ese testimonio, aunque sea leve o pobre, quedará en el corazón de alguien que, más adelante, lo pueda necesitar.
No siempre tendremos las palabras justas, ni sabremos transmitir lo que vivimos, pero no hacen falta las palabras cuando se ama profundamente, porque el amor se nota en el aire y se ve en nuestra forma de vida. Profundizar en ese Amor, en esa relación con el Señor nos permitirá dejar que Él se manifiesta a través de nuestra vida sin que nosotros hagamos el esfuerzo de darlo a conocer, porque Él tiene caminos que nosotros no comprendemos y puede hablar hasta por las piedras del camino.
A nosotros nos pide que permanezcamos unidos en el Amor para que el Amor se manifieste a través de nuestra vida, aunque, como lo dice la reina Ester todos nos dejen solos y nos quedemos solos frente al León.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Jonás figura de Cristo
San Pedro Crisólogo (s. V)
Toda la historia de Jonás es como una prefiguración perfecta del Salvador. Jonás descendió a Joppe para subirse a un barco con destino a Tarsis; el Señor descendió del cielo a la tierra, la divinidad hacia la humanidad, el sumo poder descendió hasta nuestra miseria, para embarcarse en el buque de su Iglesia.
Jonás mismo es quien toma la iniciativa de tirarse al mar: «Tómame, dice, échame al mar»; anuncia así la Pasión voluntaria del Señor. Cuando la salvación de una multitud depende de la muerte de uno sólo, esta muerte está en las manos de este hombre que puede libremente retrasarla o, al contrario adelantarla para evitar el peligro. Todo el misterio del Señor está prefigurado aquí. Para él la muerte no es una necesidad; depende de su libre elección. Escúchalo: «Tengo el poder de entregar mi vida, y tengo el poder de retenerla: no me la quitan» (Jn 10, 18).
He aquí, que sale de las profundidades del mar un monstruo, un gran pez se acerca que tiene que cumplir y manifestar la resurrección del Señor, o mejor dicho, engendrar este misterio. He aquí un monstruo, imagen terrorífica del infierno, que con sus fauces abiertas se lanza sobre el profeta, saborea y asimila el poder de su creador, y devorándolo come su propia incapacidad de engullir ya nunca más a nadie. La estancia en sus entrañas prepara la estancia del visitante de arriba: así, lo que había sido causa de desdicha se transforma en embarcación inconcebible de una travesía necesaria, guardando a su pasajero. Y después de tres días lo devuelve a la luz, para darlo a los paganos. Este es el signo, el único signo, que Cristo consintió dar a los escribas y en Fariseos (Mt 12, 39), con el fin de darles a entender que la gloria que ellos mismos esperaban de Cristo iba a volverse también hacia los paganos: Los Ninivitas son el símbolo de las naciones que creyeron en él ¡Qué felicidad para nosotros, hermanos! Lo que ha sido anunciado y prometido simbólicamente, es en realidad y con toda verdad, lo que veneramos, lo que vemos y poseemos.
Por la maldad de sus enemigos, Cristo fue sumergido en las profundidades del caos del infierno; durante tres días ha recorrido todos sus rincones (1 P 3, 19) . Y cuando resucitó manifestó la crueldad de sus enemigos, la propia grandeza y su triunfo sobre la muerte.
Será, pues, justo que los habitantes de Nínive se levantaran el día del juicio para condenar a esta generación, porque ellos se convirtieron por la proclamación de un solo profeta naufragado, extranjero, desconocido, mientras que la gente de esta generación, después de tantas obras admirables y prodigios, con todo el esplendor de la resurrección, no llegaron a acoger la fe ni se convirtieron. Han rechazado creer en el signo mismo de la resurrección.
martes, 24 de febrero de 2026
Ofendido y ofensor
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
No sólo que a veces no sabemos perdonar, sino, también, que no sabemos pedir perdón, y, por otro lado, no sabemos tomar conciencia de que hemos ofendido. Muchos creen que sólo por decir la verdad no ofendemos, y, en muchos casos, diciendo la verdad ofendemos al hermano, porque lo que creemos que es verdad es nuestra verdad y no la verdad del otro. Y, en ese tema tenemos que ponernos a pensar y reflexionar, porque creemos que estamos actuando bien y no lo estamos haciendo.
También es cierto que, para muchos, es fácil decir "te perdono" o "perdoname", pero en el fondo del corazón no hay tal cuestión porque sigue la cosa dando vueltas y vueltas, y termina siendo un dolor que queda guardado y se va convirtiendo en rencor. O, simplemente, me quedo con que ya lo dije pero no hay una conversión sincera de haber reconocido la falta, de haber modificado mi conducta anterior.
Las ofensas tienen tantas caras y se manifiestan de tantas manera que no siempre lo tenemos en cuenta, porque, incluso, hasta el silencio es, muchas veces, una ofensa porque he dejado de hablarle, porque he dejado de escucharle, porque no he respondido a lo que me han dicho, etc.
Todo depende de cuánto amor hay en el corazón de cada uno, porque sólo por amor puedo perdonar a quien me ha ofendido, sólo por amor puedo no ofender a mi hermano, sólo por amor puedo antes de asegurar una verdad de ir a mi hermano y hablar con él sobre tal o cual cosa. Sólo por amor puedo en una conversación personal y privada consultar, preguntar, acompañar.
A veces, el temperamento, el genio, los impulsos, la situación del momento, etc., son excusas para decir lo primero que me sale de la boca y por eso mismo creo que está bien porque "siempre digo lo que pienso", pero quien te dice que lo que pienses está bien, o simplemente ¿lo has dicho por amor al otro? ¿lo has dicho de un modo que has herido a tu hermano?
Tengamos cuidado con nuestras formas, nuestros modos, nuestra lengua, y, sobre todo pidamos siempre la gracia para poder pedir perdón de corazón y saber perdonar de corazón, pues de ese mismo modo el Señor nos perdonará a nosotros.
lunes, 23 de febrero de 2026
Santidad en el Amor
El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor".
Y Jesús nos lo repitió:
"Sed santos porque vuestro Padre celestial es santo".
Y ¿Cómo ser santos? ¿Cuál es el camino?
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
La medida de la santidad es el Amor, el amor que vivimos en el día a día, el amor que se hace parte de nuestra vida porque el Amor nos ha dado la vida. Pero no es el amor un trabajo que tenemos que dominar, sino que es una acción que nos tiene que salir casi naturalmente porque nuestro corazón está lleno de Su Amor y no del nuestro.
Nuestro amor es débil, está infectado por el pecado y la concupiscencia está en él y siempre está buscando algo que le aproveche y todo tiene que tener una ganancia o una devolución.
Por eso, Jesús, nos decía:
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Éste es el Camino perfecto para un cristiano, y el más difícil si lo queremos hacer desde nuestras fuerzas, por eso necesitamos alimentarnos de Su Vida, que es Vida de Amor, para poder amar como Dios.
domingo, 22 de febrero de 2026
Respondiendo a las tentaciones
Ya sabemos que siempre estaremos tentados en muchos aspectos de nuestra vida y en todo momento del día, la tentación, se podría decir que forma parte de nuestra vida, de nuestro día a día. Por eso quería que nos pongamos a pensar no en las tentaciones sino en las respuestas que da Jesús a las tentaciones de satanás:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Es cierto que, literalmente, habla del alimento, del hambre natural y humano, pero Jesús le responde desde el alimento espiritual que, para muchos, no es tan necesario como el otro. Y el es alimento que, generalmente, dejamos de lado porque no tenemos tiempo, porque estamos cansados, porque esto, porque lo otro. Incluso los que deberíamos ser más conscientes de que necesitamos del alimento espiritual lo dejamos de lado por diferentes razones, pero ninguna justificada. La vida espiritual (la oración, la reflexión de la Palabra, la confesión, la Eucaristía) es esencial para nuestra vida cotidiana.
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Cuando dejamos de lado la vida espiritual lo que nos nace son las necesidades terrenales, y es ahí cuando comenzamos a tentar a Dios porque pretendemos que el Señor nos siga sosteniendo cuando nosotros no recurrimos a Él. O, mejor dicho, recurrimos a Él para exigirle cosas que nosotros no estamos dando ni viviendo. Sólo por el hecho de no "buscar" la Gracia por los caminos ordinarios estamos tentando a Dios para que nos fortalezca, nos de esperanza, alegría, etc., sin dar nosotros o hacer nada para poder alcanzar los frutos de la vida entregada a la Voluntad de Dios.
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Y aquí es donde tenemos que tener más cuidado, porque no es solamente estar sentado frente al Santísimo Sacramento, sino dejar que el Señor me hable, me cuestione, y me deje cuestionar y así poder convertirme en verdadero discípulo del Señor. Porque si sólo me quedo mirando y no dejo que el transforme mi corazón, entonces la adoración es sólo un acto más de nuestro fariseísmo pues nos sentamos para adorarlo pero en realidad vivimos según la voluntad del mundo.
sábado, 21 de febrero de 2026
Seré un fariseo más?
"Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Todos aquellos que se creían justos y que cuestionaban y criticaban a Jesús fueron los que se quedaron fuera del Reino, son los que se quedan fuera de Su Gracia y de su Espíritu. Porque ellos al no creer que no necesitan ser sanados, salvados o convertidos se pierden el gozo de recibir la Gracia de la Reconciliación y la fuerza del Espíritu. Pero, además, se pierden del gozo de estar en la Presencia del Señor, de recibir Su Palabra, Su Consuelo, Su Fortaleza.
A veces nos creemos tan sanos que obviamos los signos que nos va dando el cuerpo y dejamos pasar de ir a la consulta del médico porque "no nos pasa nada", sin embargo, han habido ciertos signos y sensaciones que nos hablan de que debemos ir y cuando vamos, muchas veces, ya es tarde.
Así también nos pasa con el espíritu nos creemos tan justos, tan santos que no necesitamos, no de Dios, sino de los hermanos, y por eso nos elevamos de nuestra condición y, como los fariseos, nos dedicamos a criticar y a juzgar a los demás porque no son tan buenos como nosotros.
Así nos dice el Señor por medio de Isaías:
«Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan".
Pero no siempre nos damos cuenta que estamos oprimiendo al débil, al hermano, que estamos acusando y calumniando al hermano y lo hacemos convencido que decimos la verdad porque me lo dijeron, porque lo escuché, por que... Y ¿Dios que te ha pedido con tu hermano? ¿Es de Dios lo que estás haciendo?
Este tiempo de silencio interior, de ayunos y abstinencias, de oraciones cuaresmales es el tiempo de descubrir que estoy haciendo lo mismo que los fariseos y por eso no estoy tan cerca del Señor como creía, sino que me he puesto en su lugar y debo encontrar el momento de descubrirme frente a Él y encontrar el gusto del arrepentimiento y el pedido de perdón.
viernes, 20 de febrero de 2026
Ayuno y abstinencia
Hoy, viernes de cuaresma, como es costumbre en la Iglesia vamos pensando en los ayunos y las abstinencias (de carne o alcohol) para hacer sacrificio y así preparar el corazón para la Semana Santa. Pero vemos que Dios nos dice:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo".
A veces nos conformamos con algunos ritos externos que nos hacen creer que lo estamos haciendo bien, y, en realidad, estamos sólo cumpliendo con un rito que, en el fondo, no modifica nuestra conducta frente a Dios ni con los hermanos.
Que el ayuno y la abstinencia son sacrificios verdaderos, pero tienen que llegar al corazón, hacer que nuestro corazón se arrepienta, verdaderamente, del pecado cometido, tanto de acción como de omisión. Porque sino sólo se queda un algo que hago pero que no tiene el efecto que el Señor quiere.
Por eso, nuestro Papa León nos decía en la carta que nos envió para esta Cuaresma:
"Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".
Y no es esto o lo otro, sino que el ayuno y la abstinencia nos sirva para este ayuno profundo de liberarnos de lo que llevamos en el corazón y daña nuestra relación con Dios y con los hermanos.
jueves, 19 de febrero de 2026
Es mi elección
"Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla".
No era Moisés quien ponía delante del pueblo la vida y el bien, la muerte y el mal, sino que Dios hablaba por medio de Moisés. Por lo tanto es Dios quien le dice al Pueblo que elija, es Dios quien nos dice a nosotros que elijamos. Y elegir algo tiene su responsabilidad, tiene sus derechos y obligaciones, por eso mismo le dice Dios al Pueblo: si elije la vida y a Dios tendrá que seguir sus caminos, observar sus preceptos, etc.
Y lo mismo sucede con Jesús, pues no nos obliga a seguirlo sino que nos da la opción de seguirlo:
"Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Esta opción es para todos los hombres, varones y mujeres, que se han encontrado con Jesús, con su Palabra y sienten que Ese es el Camino que su corazón les pide recorrer. Y, por eso mismo, antes de mostrarles el Camino les advierte de las consecuencias de seguirlo:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
No sólo veamos el final sino que tenemos que discernir si queremos seguir todo el Camino no sólo la parte más linda del camino que es la Vida en la Gracia, sino que también hay otras consecuencias u obligaciones del Camino. Y, como Dios sabe cómo somos no ha dejado nada por decirnos para que sepamos de antemano qué es lo que habrá en el Camino para alcanzar la Verdadera Vida.
Es una opción y como toda opción hay que saber discernirla y optar, pero cada uno tiene que responder pues nadie puede responder por uno, sino que es mi respuesta libre y consciente al Plan de Dios sobre mí. ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo con todas las consecuencias?
miércoles, 18 de febrero de 2026
Convertíos de todo corazón
"Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo".
Comenzamos el hermoso tiempo de Cuaresma, tiempo de silencio, de reflexión, de penitencia, de conversión. Un tiempo en el que Dios nos invita a mirar hacia nuestro corazón con sinceridad y sin miedos.
Digo hermoso tiempo porque nos invita a reflexionar acerca de su Amor y Misericordia, porque en realidad es lo que el Padre quiere: mostrarnos su Amor y Misericordia para renovar nuestro espíritu y ayudarnos a caminar hacia la gloria de la Pascua, con un corazón puro y renovado que sea capaz de descubrir en las pequeñas cosas de cada día todo su Amor y ver los signos que nos va dando para alcanzar la santidad.
Ya con el profeta Joel nos exhorta a la conversión de todo corazón, pues sabe que, siempre, nuestro corazón se va llenando de residuos de maldad que va quedando de nuestro pecado, que, junto al pecado original, nos va quitando la luz de la esperanza, la fortaleza del amor y la alegría de la salvación.
Cuando no bajamos hasta el fondo de nuestro corazón no descubrimos todo lo que hay en él, pues día a día vamos dejando caer, inconscientemente, situaciones pecaminosas ya sea de pensamiento, obra y omisiones que vamos dejando pasar y que, muchas veces, no reconocemos porque vamos corriendo de un lado para otro sin profundizar en lo que hemos hecho, dicho u obrado o dejado de obrar.
Aunque nos creamos los mejores del mundo, los más rezadores, los que llevamos las mejores medallas colgadas en nuestro pecho, y que nos sabemos las Escrituras de adelante para atrás y de atrás para adelante, nada de eso nos libra de la espina del pecado que siempre está sembrando dolor en el corazón. Por eso, sin miedo y con sinceridad nos tenemos que preguntar si realmente estamos viviendo de acuerdo a la Voluntad de Dios, si verdaderamente estamos yendo por el Camino que nos ha marcado el Señor, o simplemente, como todos, vamos caminando por donde nos parece sin preguntar al Señor por dónde ir, y, sobre sin poder llegar a amar como Jesús nos amó, pues al fin de cuentas lo que Él nos pide es que analicemos nuestra vida en función del Amor que Él nos tiene y que nosotros debemos vivir con nuestros hermanos.
martes, 17 de febrero de 2026
Todavía no comprendéis?
"En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes".
Es muy interesante este Evangelio y la forma que tiene Jesús de hacerles ver a los discípulos que no siempre están atentos a sus palabras sino a sus propios pensamientos y discusiones. Asociaron la advertencia de Jesús al asunto de que se olvidaron de traer el pan, sin embargo lo de Jesús iba más allá de ese hecho, pues ese hecho no le interesaba ni estaba preocupado.
Y ¿qué es la levadura de los fariseos y de Herodes?
Al hacerme esta pregunta me acordé de alguna frase de las redes sociales que hay alguien decía que la vanidad y la soberbia son hinchazón del YO. Y a eso se refería Jesús, los fariseos y Herodes se consideraban los mejores del mundo unos porque eran estrictos cumplidores de la Ley, y el otro porque creía que tenía todo el poder del mundo.
Los fariseos eran muy cumplidores pero no llevaban a la vida lo que decían cumplir, sabían mucho pero poco hacían y se jactaban de hacer cumplir la Ley. Por eso mismo Jesús les llamó "raza de víboras y sepulcros blanqueados, muy blanquitos por dentro pero llenos de podredumbre". Porque no basta con decir que cumplo si no vivo, si no he entendido lo que quiere Dios de mí, y por eso me erijo en juez de los demás porque yo soy el mejor cumplidor.
Y el "poder" terrenal que tenía Herodes lo hacía presentarse como el que podía y quería manejar a todo el mundo y su ego se iba hinchando como el pan el agua, creyéndose el mejor de todos y por eso mandó en su momento a matar a los inocentes por miedo a que le quitaran el trono y el poder, creyéndose un dios.
Todo eso y, seguramente, más quería decir Jesús con esa frase, pero si nos quedamos en nuestros pobres pensamientos nunca vamos a entender nada de lo que Él nos está pidiendo. Y al final Jesús les dice: ¿todavía no comprendéis? También es para nosotros esa pregunta...
lunes, 16 de febrero de 2026
Las pruebas de la vida
Nos dice el apóstol Santiago:
"Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá".
Y ¿quién no tiene pruebas en estos tiempos? Si no nos prueba Dios para fortalecer nuestra fe, nos prueba el mundo para ver si somos capaces de sostenernos en nuestra o si somos tan débiles como para dejar de lado nuestra fe y vivir según el mundo. Pero, en todo caso, tenemos muchas pruebas en nuestras vidas.
A veces creemos que Dios nos pone a prueba para hacernos daño, que nos pide vivir tal o cual cosa porque nos hemos portado mal. Como decían antes: si te portas mal Dios te va a castigar. Pero no es verdad, hay momentos en la vida en que Dios permite que vivamos ciertas realidades, que asumamos ciertas cruces, pero, también, es cierto que hay otras situaciones que Dios quiere que vivamos pero no para ver si tenemos o no fe, sino para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza y caridad.
Es un ejercicio que nos lleva a ser cada día más fuerte y poder tener el espíritu siempre pronto para una respuesta sabia y acorde a la Voluntad de Dios. Así, Santiago nos dice que pidamos la sabiduría a Dios, pues es necesaria para poder discernir y entender lo que Dios quiere o lo que pide o lo que permite, para no caer en las respuestas mundanas de creernos castigados por la mano de Dios.
También necesitamos la sabiduría de Dios para saber cuándo tenemos que aceptar tal situación o no, porque, muchas veces, las cruces o las situaciones complicadas vienes porque no sabemos decir que no, o porque nos las inventamos o aceptamos hacernos cargo de situaciones que no son nuestras. Por eso, muchas veces, no tenemos la suficiente Gracia para llevar adelante tal situación porque no nos corresponde vivirla y sin embargo nos empeñamos en tal o cual cosa y no es para nosotros, o no nos corresponde a nosotros vivirla.
domingo, 15 de febrero de 2026
Es nuestra elección
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley".
Si bien estas Palabras las dijo Jesús hace más de 2000 años todavía hoy no las hemos retenido en nuestra memoria de cristianos. No las recordamos porque no queremos que sigan vigentes, no queremos que las exigencias del Evangelio sean las que regulen nuestra vida hoy en día. Y en realidad Jesús no quería regular nuestra vida, no quería exigirnos tal o cual cosa, pues Él sabe lo que el Padre nos ha dado: la libertad de elección, así lo dice el Señor en el Eclesiástico:
"Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad.
Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera".
Y lo mismo lo dice Jesús: "quien quiera seguirme..."
No hay una exigencia a seguirlo. No hay una exigencia de ser cristiano, creyente o católico. Es una elección libre, pero también tiene que ser consciente.
Libre porque Dios nos ha creado libre y ha puesto frente a nosotros los distintos camino a recorrer, y nos ha recordado qué es lo que hay al final de cada camino, y cada uno elige lo que más le guste.
Y debe ser consciente la elección para saber lo que implica recorrer cada camino y lo que me voy a encontrar al final de él, y los obstáculo que, también, tendré en ese recorrido.
Por eso, cuando Jesús nos invita a seguirlo nos dice: quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame. Y no deja, en su Palabra, de decirnos cómo va a ser el Camino que nos lleve a la Vida, y, sobre todo que no va a modificar la Ley de Dios, sino que la llevará a su plenitud por la Ley del Amor.