"El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo - y luego ven y sígueme».
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico".
Muchas veces no comprendemos el Evangelio porque pensamos que, cuando Jesús dice riquezas, sólo habla de las riquezas materiales, sin embargo, no sólo son las riquezas materiales sino también las riquezas que no se ven: nuestras seguridades y, a veces, nuestras inseguridades; nuestros proyectos vitales, nuestras "anclas" en las cosas de este mundo, en nuestras capacidades, y ¡tantas otras cosas que no nos dejan ver lo que realmente tenemos que ver!
Un término que viene bien para esto es lo que ahora se dice muchas veces: hay que salir de nuestra zona de confort. Puede ser que me sienta cómodo en la incomodidad porque, a pesar de estar incómodo, ya he encontrado la forma de hacer que lo que me cuesta no lo sienta. Es como cuando después de un tiempo de estar sentado en un lugar que es incómodo encuentro la posición que me permite estar esperando sin que me duela la asentadera (o el culito)
Somos seres que saben adaptarse a situaciones complicadas y aunque sepamos que lo que estamos haciendo no es lo que debemos hacer, igualmente lo hacemos porque tenemos miedo a lo que vendrá, o a la inseguridad de no saber qué es lo que vendrá, porque, en definitiva, no confiamos en la Providencia de Dios.
El joven del evangelio quería algo más, pero confió más en la seguridad de sus bienes que en la Palabra de Dios, y, por eso, seguramente, continuó con el vacío de su ser porque tuvo el valor de salir de su zona de confort.
Cuando realmente hemos conocido el Amor de Dios y hemos visto, a lo largo de nuestra vida, que no nos ha abandonado, entonces no dudamos o no dudaremos que cuando nos llama podemos ir confiado porque su Mano es la que nos guía. Pero cuando sólo confiamos en lo que vemos y en lo que tenemos, es ahí cuando no dejamos que Él nos guíe, porque, en realidad no estamos seguros de creer en Su Palabra y en Su Providencia.
Y, como el joven del evangelio, damos media vuelta y volvemos al lugar en el que estábamos porque es ahí donde me siento seguro, aunque esté incómodo. Y el Señor seguirá esperando, pero, como dijo San Agustín: “Temo la gracia de Dios que pasa y tal vez no vuelva”, y “Señor, Tú nos has hecho para Ti y nuestro corazón no puede descansar hasta que descanse en Ti.”
lunes, 19 de agosto de 2024
Salir de nuestra zona de confort
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