domingo, 4 de agosto de 2024

Danos siempre de este Pan

 "Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Santa Teresita de Lisieux escribía en su diario: “Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad”.
Desde que tomé mi primera comunión (a los 19 años) siempre tuve la certeza y la necesidad de recibir la Eucaristía, con mi grupo de amigos de la parroquia, intentábamos ir siempre a Misa (cuando el trabajo nos lo permitía), pero sobre todo los fines de semana, y los sábados (después de Misa) nos quedábamos frente al Sagrario dándole gracias a Jesús por estar con nosotros.
Pero después, en el Seminario, cuando conocí los escritos de Santa Teresita, su devoción y su verdad, me hicieron pensar mucho más en Jesús Eucaristía, e, intentar, fomentar, cada día, esa necesidad de recibirlo. Por eso no comprendo como algunos cristianos no llegan a tener esa necesidad de comulgar.
Es cierto, también, que para experimentar lo que Santa Teresita vivió se necesita una Gracia particular, pero, también, es cierto que todo es cuestión de madurar en nuestra fe, en nuestra relación con Jesús, y, sobre todo, dejar al Espíritu Santo que nos ayude a comprender cuán grande es el regalo que nos da Jesús con el Pan de Vida, con Su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad que se adentra en nuestro cuerpo y en nuestro corazón.
Como le decían los discípulos a Jesús ¡danos siempre de ese Pan! es lo que necesitamos, todos, en nuestra vida, pues, como Jesús nos lo ha dicho: “sin Mí no podéis hacer nada”, no podemos sin Él vivir en Dios, no podemos sin Él aceptar la Voluntad del Padre, no podemos sin Él recorrer el Camino de la santidad, no podemos sin Él amar como Él nos ha amado, no podemos sin Él alcanzar la verdadera conversión de nuestro corazón… no podemos sin Él alcanzar la Vida Eterna.
Hay unas frases del Santo Cura de Ars que me encantan, ojalá os sirvan:
¡La comunión produce en el alma como un golpe de fuelle en un fuego que comienza a apagarse, pero donde todavía hay muchas brasas!
Cuando hemos comulgado, si alguien nos dijera: “¿Qué os lleváis a casa"?, podríamos responder: “Me llevo el cielo.”
No decís que no sois dignos. Es cierto: no sois dignos, pero lo necesitáis.

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