De los Tratados de san Hilario, obispo, sobre los salmos
¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Hay que advertir que, siempre que en las Escrituras se nos habla del temor del Señor, nunca se nos habla de él solo, como si bastase para la perfección de la fe, sino que va siempre acompañado de muchas otras nociones que nos ayudan a entender su naturaleza y perfección; como vemos en lo que está escrito en el libro de los Proverbios: Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor.
Vemos, pues, cuántos pasos hay que dar previamente para llegar al temor del Señor. Antes, en efecto, hay que invocar a la inteligencia, llamar a la prudencia, procurarla como el dinero y buscarla como un tesoro. Así se llega a la comprensión del temor del Señor. Porque el temor, en la común opinión de los hombres, tiene otro sentido.
El temor, en efecto, es el miedo que experimenta la debilidad humana cuando teme sufrir lo que no querría. Se origina en nosotros por la conciencia del pecado, por la autoridad del más poderoso, por la violencia del más fuerte, por la enfermedad, por el encuentro con un animal feroz, por la amenaza de un mal cualquiera. Esta clase de temor no necesita ser enseñado, sino que surge espontáneo de nuestra debilidad natural. Ni siquiera necesitamos aprender lo que hay que temer, sino que las mismas cosas que tememos nos infunden su temor.
En cambio, con respecto al temor del Señor, hallamos escrito: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Así, pues, el temor de Dios ha de ser aprendido, ya que es enseñado. No radica en el miedo, sino en la instrucción racional; ni es el miedo connatural a nuestra condición, sino que consiste en la observancia de los preceptos, en las obras de una vida inocente, en el conocimiento de la verdad.
Para nosotros, el temor de Dios radica en el amor, y en el amor halla su perfección. Y la prueba de nuestro amor a Dios está en la obediencia a sus consejos, en la sumisión a sus mandatos, en la confianza en sus promesas. Oigamos lo que nos dice la Escritura: Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que guardes sus preceptos con todo el corazón y con toda el alma, para tu bien.
Muchos son los caminos del Señor, aunque él en persona es el camino. Y, refiriéndose a sí mismo, se da a sí mismo el nombre de camino, y nos muestra por qué se da este nombre, cuando dice: Nadie va al Padre sino por mí.
Por lo tanto, hay que buscar y examinar muchos caminos e insistir en muchos de ellos para hallar, por medio de las enseñanzas de muchos, el único camino seguro, el único que nos lleva a la vida eterna. Hallamos, en efecto, varios caminos en la ley, en los profetas, en los evangelios, en los apóstoles, en las distintas obras mandadas; dichosos los que, movidos por el temor de Dios, caminan por ellos.
jueves, 29 de febrero de 2024
El Temor del Señor
miércoles, 28 de febrero de 2024
Busca primero el Reino
"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: «¿Qué deseas?».
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda»
En fondo, por gracia del pecado, siempre tenemos ese deseo de poder, ese apetito de poder o de estar al lado del poder, pues eso nos hace poderosos, nos hace grandes.
Quizás, en este tiempo que vivimos, nos conformamos con ser "famosos", por eso estamos en la búsqueda de los "me gusta" o de los "likes" en las redes sociales, haciendo de nuestras vidas un juego de apariencias para ver quién sale mejor o quién hace mejores cosas para que la gente habla de uno.
Incluso, si miramos bien, vamos a ver gente de iglesia, sacerdotes, religiosos, religiosas, y, también, laicos comprometidos, haciendo miles de piruetas para que la gente los vea, creyendo que así ganan discípulos de Cristo. Puede ser...
Pero nos hemos olvidado de transmitir el mensaje central de nuestra salvación, pues el mensaje no es sólo la felicidad de la fe, la alegría del evangelio, sino también cómo vivir el evangelio. Por eso, Jesús, cuando la madre de los Zebedeos le pide que ss hijos estén junto a Él en su reino, le responde:
"Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Podemos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Y, en realidad, todos los que hemos decidido seguir a Cristo tendremos que beber su Cáliz, el Caliz de la renuncia a nosotros mismos, el Cáliz de aceptar la cruz de cada día, el Cáliz de la obediencia al Padre, el Cáliz de vivir el amor de la misma manera que lo vivió Jesús... el Cáliz siempre estará en nuestras vidas para alcanzar, aquí en la tierra, la santidad y luego pasar a gozar el Cielo que el Señor nos ha conseguido con su Vida y nos lo ha prometido.
Y, como dijo Él mismo: "busca primero el Reino de Dios, lo demás vendrá por añadidura".
martes, 27 de febrero de 2024
Levadura farisaica
"Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbi”.".
Ésta es la famosa levadura de los fariseos a la que hace referencia Jesús. Una levadura que parece que todo es más grande de lo que parece, pero, que, en el fondo, no tienen nada de grande porque todo lo que se ve es apariencia.
Cuando, realmente, se vive en la voluntad de Dios no hace falta que lo andemos predicando y haciéndonos fotos para que los demás nos vean y aplaudan, sino que lo importante es que seamos Fieles a la Vida que el Señor nos ha pedido vivir. Es por ello que, también, el Señor nos dice:
"Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Pero no porque seamos inútiles en verdad, sino para que no se nos suban los humos del mundo que nos quieren hacer parecer que todo lo hemos hecho porque somos dioses, y, por eso mismo nos tienen que aplaudir.
"El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Humillarnos no quiere decir que nos hagamos los inútiles, sino que reconozcamos que todo lo hacemos por el Señor, y es Él quien nos da lo necesario para poder ser Fieles a Su Voluntad, nosotros ponemos nuestra disposición para vivir según Su Palabra, y Él nos da la Gracia suficiente y necesaria para poder llevar a cabo Su Obra en el mundo.
Saber ubicarnos frente a Dios y en el mundo es el signo de haber alcanzado un buen grado de humildad: reconocernos pequeños y dejar obrar al Padre en nuestra vida, y dar Gracias por todo lo que Él está haciendo en mí y por mí.
lunes, 26 de febrero de 2024
Instrumentos del amor
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
En algún lugar, en algún tiempo, me decía alguien: "yo soy un instrumento del amor de Dios, porque todos los que están aquí son malos y pecadores". Y dentro mío pensaba: no juzguéis y no seréis juzgados, si realmente eres instrumento del amor has de mirar con amor a los demás, pero si los miras con esos ojos sabiendo que tú eres lo más bueno del mundo... entonces, no hay verdadero amor en ese instrumento.
Es evidente que siempre y en todo momento estamos juzgando, porque esa es nuestra actividad cerebral, causa de nuestra inteligencia, pero una vez que hacemos el juicio tenemos que ver cómo actuamos, cómo dejamos que esa mirada nos ayude a mirar a nuestros hermanos: si con misericordia o con justicia, si para ayudar o para condenar, si para salvar o ajusticiar, si con rencor o con misericordia.
Porque no podemos dejar que nuestros pre-juicios (juzgar antes de conocer a la persona en todo su contexto) nublen nuestra capacidad de amar, porque, el mismo Jesús nos lo pidió: amad a vuestro enemigos y más cosillas. Por eso el listón que nos ha puesto en orden a nuestro modo de relacionarnos con los demás es como el Padre se relaciona con nosotros. Es un listón muy alto, sí, y por eso mismo lo puso ahí para que no nos quedemos dormidos en que como somos buenitos siempre juzgamos bien a las personas. Pero, lo fundamental no es que juzguemos bien a las personas sino que las amemos como nos ama el Señor, que perdonemos como perdona el Señor, que ayudemos como nos ayuda el Señor...
domingo, 25 de febrero de 2024
Perdamos tiempo
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Siempre me ha sorprendido esta afirmación de Pedro porque habla de una experiencia única y personal de Dios. Una experiencia que le hace sentir la necesidad de estar siempre en ese mismo lugar y con esa misma gente, es decir, en la Presencia Real de Dios. Y es la experiencia que tendríamos que poder llegar a vivir, algún día, o muchos días, cada uno de nosotros.
A veces, creo, que muchos cristianos no experimentamos esa “necesidad” de estar con el Señor, en Su Presencia Real. Por eso no “necesitamos” más de Él, y así nos vamos perdiendo las Gracias que tiene para darnos.
Cuando no llegamos a experimentar un encuentro personal con Jesús, nos quedamos en el cumplir con formalidades, que, no está mal cumplir con formalidades, pero eso es lo mínimo que podemos hacer. Nos quedamos en el primer escalón de la subida a la santidad, y no dejamos de ser del montón, y, creo que Dios nos quiere algo más que del montón, nos quiere santos “porque Él nuestro Dios es Santo”.
Pero ¿cómo poder llegar a vivir un encuentro personal con Cristo? Para ello se necesita tiempo y, por supuesto, Gracia del Señor. Necesitamos tiempo y perseverancia. Tiempo porque no es estar con prisas, porque nunca vas a estar con prisas cuando necesitas hablar con tu mejor amigo, con tu amado. Porque se necesita tiempo para conocernos, para abrir el corazón.
Y eso es otra de las cosas que, creo, que no sabemos hacer: abrir el corazón. Porque, a veces, tampoco sabemos abrir nuestro corazón frente a nuestros amigos, compartir lo que verdaderamente sentimos en todo momento, y, en especial cuando nos encontramos juntos, cuando tenemos necesidad de hablar de lo profundo del corazón. Y, por eso, tampoco lo hacemos con el Señor. Nos quedamos en las formas ya conocidas y básicas: hablamos del tiempo, de los políticos, de la economía, de los vecinos, pero no de nosotros. Así también nos pasa en la oración: rezamos el Padrenuestro, o el Ave María, o rezamos el oficio, laudes o vísperas, o el Rosario, pero no abrimos el corazón frente al Señor.
Cuando podamos abrirnos frente a los amigos, cuando podamos compartir las cosas del corazón, vamos a necesitar siempre esa charla, ese compartir. Así nos va a pasar con el Señor ¡qué bien que estamos aquí! Qué bien sería volver a encontrarnos. Para eso necesitamos perder mucho tiempo…
sábado, 24 de febrero de 2024
El camino de la Cuaresma
"No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud", es lo que le dijo Jesús a los discípulos al anunciarles las Bienaventuranzas, porque, en realidad no rechaza la Ley y los Profetas, sino que quiere llevar a la vida todo lo que está escrito ahí. Y ¿cómo llevar a la plenitud la Ley y los Profetas? Con la Ley del Amor...
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Y así cada uno de los mandamientos. No es quedarse sólo con la letra del mandamiento o de la Ley, sino ver el espíritu de esa Ley o de ese mandamiento, pues Dios no quiere estructurar nuestra vida y dejarnos sólo con una letra que no da vida, sino que nos quiere llevar a la Verdadera Vida, y esa Vida Verdadera es la que nace del Amor Pleno e Infinito que es el Padre.
Al darnos la Vida el Padre nos ha dado su Amor, porque por Amor hemos sido llamados a la Vida, y por Amor hemos sido rescatado por la muerte y resurrección del Hijo. Porque su muerte no ha sido por cumplir la letra de la Ley, sino por vivir en obediencia de amor al Padre, Quien le pidió al Hijo que viniera a darnos vida y hacernos, por su Gracia, hijos del Padre.
Así, nuestra vida sólo será Vida de hijos de Dios en la medida en que vivamos el verdadero amor entre nosotros.
"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros".
Éste es el Mandamiento en el cual tenemos que orientar los sacrificios y ayunos de esta Cuaresma, no nos olvidemos.
viernes, 23 de febrero de 2024
El amor fraterno
Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad
La perfección de la caridad consiste en el amor a los enemigos. A ello nada nos anima tanto como la consideración de aquella admirable paciencia con que el más bello de los hombres ofreció su rostro, lleno de hermosura, a los salivazos de los malvados; sus ojos, cuya mirada gobierna el universo, al velo con que se los taparon los inicuos; su espalda a los azotes; su cabeza, venerada por los principados y potestades, a la crueldad de las espinas; toda su persona a los oprobios e injurias; aquella admirable paciencia, finalmente, con que soportó la cruz, los clavos, la lanzada, la hiel y el vinagre, todo ello con dulzura, con mansedumbre, con serenidad. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
¿Quién, al oír aquellas palabras, llenas de dulzura, de amor, de inmutable serenidad: Padre, perdónalos, no se decide al momento a amar de corazón a sus enemigos? Padre —dice—, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?
Hizo más aún: le pareció poco orar; quiso también excusar. «Padre —dijo—, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Su pecado ciertamente es muy grande, pero su conocimiento de causa muy pequeño; por eso, Padre, perdónalos. Me crucifican, es verdad, pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Ellos me creen un transgresor de la ley, un usurpador de la divinidad, un seductor del pueblo. Les he ocultado mi faz, no han conocido mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
Por tanto, que el amor del hombre a sí mismo no se deje corromper por las apetencias de la carne. Para no sucumbir a ellas, que tienda con todo su afecto a la mansedumbre de la carne del Señor. Más aún, para que repose de un modo más perfecto y suave en el gozo del amor fraterno, que estreche también a sus enemigos con los brazos de un amor verdadero.
Y, para que este fuego divino no se enfríe por el impacto de las injurias, que mire siempre, con los ojos de su espíritu, la serena paciencia de su amado Señor y Salvador.
jueves, 22 de febrero de 2024
Quien soy yo?
"En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
¿Cuál es el sentido de estas preguntas de Jesús? ¿Qué es lo que quiere saber? El Señor nunca pregunta lo que quiere saber, pues Él lo sabe; sino que pregunta para saber qué sabemos o qué hemos entendido de todo lo que nos ha ido enseñando. Eso lo hizo con los apóstoles y, también, lo hace con nosotros cada día. Aunque no escuchemos su pregunta, todos los días nos está preguntando: ¿quien soy YO para ti?
¿Por qué? Porque de acuerdo a lo que responda o a lo que Él signifique para mí, en esa misma medida será mi respuesta a Él. Pero no mi respuesta en cuanto a lo que le diga, sino en cuanto a lo que viva.
Si realmente respondo como Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo», es que he entendido que no sólo es un buen amigo, que es mi hermano, sino que es mucho más que eso, pues ser el Mesías, es ser el Salvador de mi vida y, por lo tanto, hay algo en mí que necesita ser salvado. Y ¿cómo salvo mi vida?
Si sólo respondo como respondió la gente: "es la reencarnación de alguien, o es mi hermano, o es mi amigo..." entonces, sólo he entendido una parte del mensaje. ¿Por qué? Porque ¿cómo trato a mi hermano o a un amigo? A veces lo escucho, otras no; a veces le hago caso o otras veces no. Pero mi hermano y mi amigo no son los salvadores de mi alma. Por eso, obedecerles o no poco importa en mi vida.
Y, si le respondo que es el Señor de mi vida, entonces he comprendido que Él tiene la razón y conoce mi vida para ayudarme a encontrar el Camino y la Verdad que me conduzcan al gozo eterno, y, sobre todo, para vivir en plenitud la vocación que el Padre me ha llamado a vivir. Porque se que El Señor es a quien puedo darle mi vida para que Él la lleve a plenitud y la salve.
Por eso, no es sólo una pregunta para responder rápidamente, sino que tengo que meditarla y comprender el total significado que va a tener sobre mi vida, pues de acuerdo a lo que responda es cómo viviré mi vocación cristiana, y, sobre todo, las responsabilidades que él me dará de acuerdo a lo que responda
"Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
miércoles, 21 de febrero de 2024
Apóstoles de conversión y misericordia
"El Señor dirigió la palabra a Jonás:
«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Ninive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».
Jonás se puso en marcha hacía Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
«Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».
Los ninivitas creyeron en Dios; proclamaron el ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor".
Así como le pasó a Jonás, también Dios nos pide a nosotros que anunciemos un tiempo de conversión, de cambio de nuestra vida para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios, para salir de las tinieblas del pecado del mundo y vivir a la Luz del Evangelio.
Muchas veces, seguramente, nos preguntaremos o nos diremos a nosotros mismos, que no somos pecadores, que vivimos bien sin hacer daño a nadie, y, como muchos dicen: no robo ni mato.
Otras veces, pensaremos que ¿qué tengo que ver yo con los demás? ¿Cómo les voy a decir que se conviertan del pecado si soy, también, pecador? Y otras tantas evitaré decir algo por si se ofenden o por si me tildan de no se qué. La vergüenza, el miedo, el desinterés son algunas de las situaciones que me impide, muchas veces, decir "hermano, te has equivocado, vuelve al camino del Señor".
Pero, también es cierto, que no tenemos una clara conciencia de qué es y qué no es pecado, porque no hemos madurado lo suficiente en la reflexión del Evangelio y de la Voluntad de Dios. Por eso, en este tiempo de cuaresma, necesitamos profundizar en la Palabra de Dios, madurar en lo que es la verdadera relación con el Señor y con Su Voluntad. Sobre todo, porque nuestros pecados, además de ser de acción voluntaria, son de omisión, y muchas veces, de omisión voluntaria, pues sabiendo lo que tenemos que hacer no lo hacemos.
¿Por qué tenemos que descubrir el pecado? ¿Por qué tenemos que convertirnos y anunciar la conversión? Para la salvación de nuestras almas. ¿Por qué una madre o padre le llama la atención a su hijo para que quite la mano de arriba de la llama o que se cuide cuando va a cruzar una calle? ¿No es acaso que quiere salvar la vida de su hijo? Así, también, nuestro Padre del Cielo quiere salvar nuestra alma y por eso nos invita a la conversión, y nos llama a ser apóstoles de la conversión y de su Misericordia.
martes, 20 de febrero de 2024
Nos dio la vida y nos enseñó a orar
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor
Los preceptos evangélicos, hermanos muy amados, no son sino enseñanzas divinas, fundamentos para edificar la esperanza, medios para consolidar la fe, alimento para inflamar el corazón, guía para indicar el camino, amparo para obtener la salvación; ellos, instruyendo las mentes dóciles de los creyentes en la tierra, los conducen a la vida eterna.
Ya por los profetas, sus siervos, Dios quiso hablar y hacerse oír de muchas maneras; pero mucho más es lo que nos dice el Hijo, lo que la Palabra de Dios, que estuvo en los profetas, atestigua ahora con su propia voz, pues ya no manda preparar el camino para el que ha de venir, sino que viene él mismo, nos abre y muestra el camino, a fin de que, los que antes errábamos ciegos y a tientas en las tinieblas de la muerte, iluminados ahora por la luz de la gracia, sigamos la senda de la vida, bajo la tutela y dirección de Dios.
A más de otras enseñanzas y preceptos divinos, con los cuales encaminó a su pueblo a la salvación, Cristo nos enseñó también la forma de orar, él mismo nos inculcó y enseñó las cosas que hemos de pedir. Quien nos dio la vida nos enseñó también a orar, con aquella misma benignidad con que se dignó dar y conferir los demás dones, para que, al hablar ante el Padre con la misma oración que el Hijo enseñó, más fácilmente seamos escuchados.
El Señor había ya predicho que se acercaba la hora en que los verdaderos adoradores adorarían al Padre en espíritu y en verdad; y cumplió lo que antes había prometido, de manera que nosotros, que por su santificación hemos recibido el espíritu y la verdad, también por su enseñanza podamos adorar en verdad y en espíritu.
¿Pues qué otra oración en espíritu puede haber fuera de la que nos fue dada por Cristo, el mismo que nos envió el Espíritu Santo? ¿Qué otra plegaria puede haber que sea en verdad ante el Padre, sino la pronunciada por boca del Hijo, que es la misma verdad? Hasta tal punto, que orar de manera distinta de la que él nos enseñó no sólo es ignorancia, sino también culpa, ya que él mismo dijo: Anuláis el mandamiento de Dios por seguir vuestras tradiciones.
Oremos, pues, hermanos muy amados, tal como Dios, nuestro maestro, nos enseñó. A Dios le resulta familiar y aceptable la oración, cuando oramos con la que es suya, cuando llega a sus oídos la oración del mismo Cristo.
Reconozca el Padre las palabras del Hijo, cuando hacemos oración; el mismo que habita en nuestro interior esté también en nuestra voz y, puesto que es abogado de nuestros pecados ante el Padre, pronunciemos las palabras de este abogado nuestro cuando nosotros, pecadores, pidamos por nuestros delitos.
Pues, si dice que cuanto pidamos al Padre en su nombre nos lo concederá, ¿con cuánta mayor eficacia no obtendremos lo que pedimos en el nombre de Cristo, si lo pedimos con su propia oración?
lunes, 19 de febrero de 2024
El Don de la santidad
"El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo".
Dijo Jesús a los judíos: "no he venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles plenitud". Por eso mismo este mandato del Padre al Pueblo de Israel no se abolió, sino que le da plenitud, Jesús, con la Ley del Amor.
El llamado a la santidad no es un llamado para algunos, sino que es una vocación para todos los que Dios ha llamado a la vida, porque es una vocación que viene incluida en el Don de la vida. Está claro que, para muchos, no es algo que se conozca porque no hablamos mucho de nuestra santidad, pero, sobre todo, algunos no conocen el llamado porque nadie se lo ha contado, ni tan siquiera se ha hablado de que Dios nos ha creado por Amor y, sobre todo, para Amar.
En un principio, cuando Dios llama al Pueblo de Israel le exige ser santos y para ello le da una serie de leyes para que le Pueblo viva y practique todos los días. Leyes que con el tiempo fueron ampliadas con preceptos y reglamentos, que, como decía Jesús, sólo hacían anular la ley y sus exigencias.
Por todo eso, Jesús, quiso no ampliar la Ley y los Profetas, sino darles plenitud con la nueva Ley del Amor, que la vemos reflejada en el Evangelio de hoy. "Todo lo que habéis hecho con el hermano lo habéis hecho conmigo". Y, como se dice, para más INRI, para ejemplificarlo más, lo dijo en la Última Cena: "amaos unos a otros como YO os he amado", en esto conocerán que sois mis discípulos: "en la medida en que os améis unos a otros".
Ahí radica el ejercicio constante de nuestra vida en santidad: en el amor hacia nuestros hermanos, pues el amor a Jesús, porque en el corazón de nuestros hermanos está Jesús. Porque, como dice San Juan: "si dicen que aman a Dios a quien no ven, y no aman a su hermano a quien ven, son unos mentirosos".
Es difícil amar como Jesús, ¡claro! Por eso debemos unirnos cada día más a El, pues Él mismo lo dijo: "sin Mí no podéis hacer nada". ¿Cómo pretendes amar como Jesús amó, si no estás unido a Jesús?
sábado, 17 de febrero de 2024
Amistad con Dios
De los escritos de San Ireneo contra los herejes.
Nuestro Señor Jesucristo, Palabra de Dios, comenzó por atraer hacia Dios a los siervos, y luego liberó a los que se le habían sometido, como él mismo dijo a sus discípulos: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Pues la amistad de Dios otorga la inmortalidad a quienes se le aproximan.
Al principio, y no porque necesitase del hombre, Dios plasmó a Adán, precisamente para tener en quién depositar sus beneficios. Pues no sólo antes de Adán, sino antes también de cualquier creación, la Palabra glorificaba ya a su Padre, permaneciendo junto a el, y a su vez la Palabra era glorificada por el Padre, como él mismo dijo: Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.
Ni nos mandó que le siguiésemos porque necesitara de nuestro servicio, sino para salvarnos a nosotros. Porque seguir al Salvador equivale a participar de la salvación; y seguir a la luz es lo mismo que quedar iluminado.
Efectivamente, quienes se hallan en la luz, no son ellos los que iluminan la luz, sino ésta la que los ilumina a ellos; ellos por su parte no le dan nada, mientras, que, en cambio, reciben su beneficio, pues se ven iluminados por ella.
Así sucede con el servir a Dios, que a Dios no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos; él en cambio otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que le siguen y sirven, con lo que beneficia a los que le sirven por el hecho de servirle, y a los que le siguen por el de seguirle, sin percibir por ello beneficio ninguno de parte de ellos: pues él es rico, perfecto y sin indigencia alguna.
Por eso Dios requiere de los hombres que le sirvan, para beneficiar a los que perseveran en su servicio, ya que es bueno y misericordioso. Pues en la misma medida en que Dios no carece de nada, el hombre se halla indigente de la comunión con Dios.
En esto consiste precisamente la gloria del hombre, en perseverar y permanecer al servicio de Dios. Y por esta razón decía el Señor a sus discípulos: No sois vosotros los que me habéis elegido a mí, soy yo quien os ha elegido, dando a entender que no le glorificaban, al seguirle, sino que por seguir al Hijo de Dios, era éste quien los glorificaba a ellos. Y por esto también dijo: Quiero que éstos estén donde estoy yo, para que contemplen mi gloria.
viernes, 16 de febrero de 2024
La oración es la luz del alma
De las Homilías del Pseudo-Crisóstomo
Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios, ya que por ella nos ponemos en contacto inmediato con él; y, del mismo modo que nuestros ojos corporales son iluminados al recibir la luz, así también nuestro espíritu, al fijar su atención en Dios, es iluminado con su luz inefable. Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón; que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche.
Conviene, en efecto, que la atención de nuestra mente no se limite a concentrarse en Dios de modo repentino, en el momento en que nos decidimos a orar, sino que hay que procurar también que cuando está ocupada en otros menesteres, como el cuidado de los pobres o las obras útiles de beneficencia u otros cuidados cualesquiera, no prescinda del deseo y el recuerdo de Dios, de modo que nuestras obras, como condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un manjar suavísimo para el Señor de todas las cosas. Y también nosotros podremos gozar, en todo momento de nuestra vida, de las ventajas que de ahí resultan, si dedicamos mucho tiempo al Señor.
La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables, deseando la leche divina, como un niño que, llorando, llama a su madre; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.
La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo. Me refiero, en efecto, a aquella oración que no consiste en palabras, sino más bien en el deseo de Dios, en una piedad inefable, que no procede de los hombres, sino de la gracia divina, acerca de la cual dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras.
Semejante oración, si nos la concede Dios, es de gran valor y no ha de ser despreciada; es un manjar celestial que satisface al alma; el que lo ha gustado, se inflama en el deseo eterno de Dios, como en un fuego ardentísimo que inflama su espíritu.
Para que alcance en ti su perfección, pinta tu casa interior con la moderación y la humildad, hazla resplandeciente con la luz de la justicia, adórnala con buenas obras, como con excelentes láminas de metal, y decórala con la fe y la grandeza de ánimo, a manera de paredes y mosaicos; por encima de todo coloca la oración, como el techo que corona y pone fin al edificio, para disponer así una mansión acabada para el Señor y poderlo recibir como en una casa regia y espléndida, poseyéndolo por la gracia como una imagen colocada en el templo del alma.
jueves, 15 de febrero de 2024
Son elecciones personales
"Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
"Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Tanto el Padre, al Pueblo de Israel por medio de Moisés, como el Hijo a los que lo seguían, les proponen un camino. No obligan a nadie a seguir el camino propuesto, sino que al proponer el camino nos dan opciones y sus consecuencias, así nos hacen ver que tenemos libertad para elegir.
Pero, claro, elegir tienen sus consecuencias. Cada una de las decisiones que tomo en la vida, en el día a día, tiene sus consecuencias. Consecuencias que son causadas por mis decisiones, aunque, muchas veces, no quiera asumir que son mis decisiones y no las de otros, aunque sean otros quienes me muestren otras opciones, pero nadie puede obligarme a decidir por esto o por aquello.
Por eso, en este tiempo de Cuaresma, en donde se nos invita al silencio y a la reflexión con la Palabra de Dios, tengo que ir viendo y analizando las decisiones que he tomado en mi vida, para ver si todas han sido de acuerdo a un proyecto de Dios o a un proyecto mío o del mundo, pues de acuerdo a lo que he visto como proyecto de vida, de acuerdo a ello he tomado la decisiones que he tomado.
Pero, si no he proyectado mi vida, ya sea desde Dios o desde el mundo, entonces he ido por la vida "picoteando" cosas que, quizás, no me han dado sentido y no me han hecho percibir lo bueno que es estar en Dios. Y, ahora es tiempo de proyectar, desde Dios, mi propia vida sabiendo que, si dejo de lado lo que no es de Dios, voy a tener la seguridad que es Él quien me acompañará el resto del camino y, sobre todo, sabiendo que no me va a obligar hacerlo de Su Mano, pero si me suelto caminaré solo.
Por eso, es hora de mirar mi vida a la Luz del Evangelio y tomar una decisión acerca de qué Camino quiero seguir.
miércoles, 14 de febrero de 2024
Aprovechar el tiempo
"Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo".
Aunque, ahora, sabemos, por que nos los dijo Jesús, que Dios Padre no castiga, pero igual nos viene bien esta profecía de Joel: convertirnos de todo corazón.
Hoy comenzamos un nuevo tiempo litúrgico en la Iglesia, un tiempo particular, de silencio, reflexión y profunda meditación acerca de nuestra vida cristiana. Hace muy poco celebramos al Navidad del Señor y con esa misma alegría necesitamos comenzar este tiempo cuaresmal, para que desde la alegría de la salvación podamos vivir la alegría de la conversión.
Jesús nace, padece, muere y resucita para darnos una Vida Nueva, sabiendo que, en el camino de este mundo, esa vida se va contaminando con el pecado del mundo, que no siempre somos fieles a la Voluntad del Padre y que, más de una y de mil veces, dejamos de lado los mandamientos para vivir el espíritu del mundo. Por eso nos invita a vivir este hermoso tiempo de conversión, sabiendo que el Amor del Padre siempre se nos dará en el sacramento de la reconciliación para que podamos, con la alegría del abrazo paterno, volver a retomar el Camino de la Verdadera Vida, que es el camino que recorrió Jesús: la Voluntad del Padre.
El ayuno, la abstinencia y todo lo que se recomienda en este tiempo cuaresmal no son más que instrumentos para llevarnos a, como dice el Apóstol, llevar nuestro cuerpo a la esclavitud del Espíritu, para que no hagamos lo que queramos sino lo que debemos, para que no hagamos nuestra voluntad sino la del Padre que nos ha enviado como "enviados de Cristo" para manifestar al mundo el Amor del Padre, y mostrar con la Luz del Espíritu el Camino hacia la Vida.
Por eso mismo, como dice San Pablo, en este tiempo de cuaresma "os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios".
martes, 13 de febrero de 2024
Cuidado con la levadura del mundo
"Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?"
Un diálogo clave para nuestro día a día, sí, porque, dìa a día, el Señor nos va hablando y nosotros estamos tan embotados con lo que queremos hacer, con lo que hemos programado, con lo que intentamos por nuestras propias fuerzas que no nos damos cuenta de qué nos quiere decir, para, al final, decir: "es que nunca nos dice nada el Señor", es que no nos habla, es que....
Y es claro, los apóstoles se habían olvidado el pan y al hablarles Jesús de la levadura de los fariseos, pensaban que era una indirecta por el olvido, y no, no era una indirecta, sino que Jesús quería decirles otra cosa, pero como ya estaban más pendiente del pan que de Su Palabra, no entendieron.
Y así nos suele pasar, creemos que nos dice algo para molestarnos, para fastidiar nuestro plan, y no es así. El Señor no quiere fastidiarnos nuestros planes, sino que quiere que vivamos mejor Su Plan, porque ese es el mejor Plan para nuestra vida.
Pero, entonces ¿que es la levadura de los fariseos y de Herodes?
Pues, para mí, es la vanidad, el egoísmo, el egocentrismo, el confiar más en la letra de la ley que en el espíritu de la ley. Cuando confiamos más en nosotros mismos que en Dios, entonces las cosas saldrán al estilo humano, que, muchas veces no está orientado hacia el mejor bien, sino hacia nuestro bien y nuestro plan.
Y, cuando las cosas no salen como yo pensaba, entonces me rebelo contra el Señor porque no me ha ayudado en lo que yo quería hacer y es ahí cuando digo que ya no me ayuda, que pone piedras en mi camino, y voy tirando piedras hacia el Cielo.
Como dice Santiago en la carta:
"Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte".
Cuando dejamos que la levadura del mundo avanza en mi vida, es ahí cuando nos dejamos tentar, no por Dios, sino por el estilo de vida del mundo y caemos en lo que caemos. Por eso, Jesús, nos pide que tengamos cuidado con esa levadura, que te eleva mucho pero luego te tira enseguida al suelo. Los hombres pueden hacer un gran altar, pero al menor error, te tiran al pozo más hondo.
lunes, 12 de febrero de 2024
Hay que buscar la Sabiduría
De los Sermones de san Bernardo, abad
Trabajemos para tener el manjar que no se consume: trabajemos en la obra de nuestra salvación. Trabajemos en la viña del Señor, para hacernos merecedores del denario cotidiano. Trabajemos para obtener la sabiduría, ya que ella afirma: Los que trabajan para alcanzarme no pecarán. El campo es el mundo —nos dice aquel que es la Verdad—; cavemos en este campo; en él se halla escondido un tesoro que debemos desenterrar. Tal es la sabiduría, que ha de ser extraída de lo oculto. Todos la buscamos, todos la deseamos.
Si queréis preguntar —dice la Escritura—, preguntad; convertíos, retornad. ¿Te preguntas de dónde te has de convertir? Refrena tus deseos, hallamos también escrito. Pero si en mis deseos no encuentro la sabiduría —dices—, ¿dónde la hallaré? Pues mi alma la desea con vehemencia, y no me contento con hallarla, si es que llego a hallarla, sino que echo en mi regazo una medida abundante, bien apretada y bien colmada hasta rebosar. Y esto con razón. Porque, dichoso el hombre que encuentra sabiduría, el que alcanza inteligencia. Búscala, pues, mientras puede ser encontrada; invócala, mientras está cerca.
¿Quieres saber cuán cerca está? Cerca está la palabra, en tu boca y en tu corazón; sólo a condición de que la busques con un corazón sincero. Así es como encontrarás la sabiduría en tu corazón y tu boca estará llena de inteligencia, pero vigila que esta abundancia de tu boca no se derrame a manera de vómito.
Si has hallado la sabiduría has hallado la miel; procura no comerla con exceso, no sea que, harto de ella, la vomites. Come de manera que siempre quedes con hambre. Porque dice la misma sabiduría: El que me come tendrá más hambre de mí. No tengas en mucho lo que has alcanzado; no te consideres harto, no sea que vomites y pierdas así lo que pensabas poseer, por haber dejado de buscar antes de tiempo. Pues no hay que desistir en esta búsqueda y llamada de la sabiduría, mientras pueda ser hallada, mientras esté cerca. De lo contrario, como la miel daña —según dice el Sabio— a los que comen de ella en demasía, así el que se mete a escudriñar la majestad será oprimido por su gloria.
Del mismo modo que es dichoso el hombre que encuentra sabiduría, así también es dichoso, o mejor, más dichoso aún, el hombre que es constante en la sabiduría; esto seguramente se refiere a la abundancia de que hemos hablado antes.
En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría o de prudencia: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza y si de ella salen también palabras de edificación. En efecto, creemos con el corazón para obtener la justificación y hacemos con la boca profesión de nuestra fe para alcanzar la salud. Y además, lo primero que hace el justo al hablar es acusarse a sí mismo; y así, lo que debe hacer en segundo lugar es ensalzar a Dios, y en tercer lugar (si a tanto llega la abundancia de su sabiduría) edificar al prójimo.
domingo, 11 de febrero de 2024
Si quieres...
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».
Comenzamos la última semana de tiempo ordinario antes de comenzar a vivir un nuevo tiempo: la Cuaresma. Y, la liturgia nos ofrece una Palabra del Señor que nos va a llevar pensar qué es lo que tenemos en el corazón para que el Señor nos lo pueda limpiar.
Un domingo, este 11 de febrero, donde celebramos el día del enfermo y la Fiesta de la Virgen de Lourdes, no es casualidad que se unan estos dos días, pues Lourdes es un destino de peregrinación constante para lavarnos y purificarnos, para que, si Dios quiere, le dé la Gracia de sanación a los enfermos que se acercan con Fe a sus aguas milagrosas y bendecidas por la Mano de la Madre de Jesús, y Madre Nuestra.
Lourdes, también, es un lugar de sanación interior, de sanar los corazones que se han ido enfermando por el pecado, por el dolor, por tanta enfermedad que nos va invadiendo del espíritu del mundo. A veces sin pensarlo dejamos que el “virus” del mundo nos intoxique nuestra vida cristiana y, sin darnos cuenta, vamos infectando a todo nuestro alrededor, pretendiendo que todos vivan en las tinieblas y el error que nos transmite el espíritu del Príncipe de este mundo, y no del Espíritu que vive en nosotros y quiere hacernos ser Fieles a la Voluntad de Dios.
Por eso no son sólo los enfermos en sus cuerpos los que necesitan la sanación de Dios, sino los que no nos damos cuenta de que hemos enfermado en nuestro corazón por haber dejado anidar egoísmos, vanidades, rencores, que, con el tiempo se van transformando en lo que seca el verdadero espíritu cristiano, no sólo en mi como persona individual, sino en mi familia, en mi comunidad.
Y en este contexto comenzamos a vivir una fiesta en la que, pareciera, que por ponernos una máscara podemos hacer todo lo que queramos pues nadie nos conoce. Y, sin embargo, las máscaras no disfrazan el alma, sino que la ponen a disposición de esos sentimientos que, sin la máscara, no podríamos expresar. Por eso no dejemos que una máscara de carnaval nos impida vivir cristianamente, pues celebrar una Fiesta de Carnaval no tiene por qué ir en detrimento de las buenas costumbres, de los buenos modales, y, sobre todo, del respeto por el otro que quiere, como todos, disfrutar de una fiesta en alegría y concordia.
sábado, 10 de febrero de 2024
No pienses en que no puedes
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».
Le replicaron sus discípulos:
«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
¿Cuántas veces el Señor nos pone ante esa pregunta o disyuntiva? Nos presenta, quizás, una problema o nos pone delante una Cruz o algo que estaba fuera de nuestro programa y nos quedamos como los discípulos, en blanco porque no sabemos cómo vamos a actuar, ni qué debemos hacer, ni siquiera si seremos capaces de afrontar tal situación.
Cuando ocurrió algo similar en la barca, dijo Jesús: "hombres de poca fe, ¿por qué tienen miedo?". Y así nos pasa, no hemos madurado suficientemente nuestra fe, nuestra confianza en Su Providencia, y, por eso, creemos que Él nos pide que hagamos o aceptemos algo por nuestra propia cuenta.
Estamos tan acostumbrados a que todo lo hacemos solos, que si me lo propongo lo hago, por aquel famoso dicho: si quieres puedes, que cuando se me presenta algo mayor de lo que tenía programado, ya, de entrada, digo ¡no puedo! Y me escondo detrás de mis miedos para que el Señor no me pida nada de lo que no quiero aceptar.
Sin embargo, cuando el Señor nos pide algo que parece que está fuera de nuestro alcance, no es porque confía en que lo podamos hacer, sino que sabe que es Él quien tiene la fuera, la Gracia, el poder para que yo lo pueda hacer. Lo que me está diciendo o pidiendo es un gesto de confianza sin pensar en si yo tengo la fuerza, si podré o no podré, si esto o si lo otro. No, recuerda que Él es Dios y nosotros sólo somos instrumentos, como diría Santa Teresita: soy un pincel en manos del artista por eso me dejo llevar, pues Él sabe qué es lo que quiere hacer.
viernes, 9 de febrero de 2024
Dignificó nuestra humanidad
jueves, 8 de febrero de 2024
He ahí la cuestión
"La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Puede parecer una mala actitud de Jesús la respuesta que le da a la mujer pagana, pero no es así. O por lo menos, los que intentamos, siempre, pensar bien de la gente, no lo vemos así. Porque hay dos cosas que revela la frase, o que podemos intentar llevar a nuestra vida.
Por un lado la conciencia de Jesús de que ha sido enviado al Pueblo de Israel, como lo había dicho otras veces, lo envió el Padre a rescatar al Pueblo elegido, por eso tenía la misión de predicar por todos los pueblos y no quedarse sólo para hacer milagros, sino para anunciar el Reino de Dios.
Y, por otro lado, la actitud de la mujer pagana me hace acordar a dos tipos de personas que, muchas veces, somos, también, nosotros. Están aquellos que dicen que no creen en Dios, que no creen en la Iglesia, que no creen en nada, pero cuando les aprietan los zapatos van a encender velas, a pedir oraciones, etc., porque, en realidad, saben que hay un Dios, que pueden confiar en nuestras oraciones.
Es decir, cuando llega el momento hay que abrir el corazón a algo más allá de nuestras narices, y, sobre todo, hacer un acto de humildad y confianza pues estoy necesitado de algo más que mis propias increencias.
Así, el acto de humildad que hizo la mujer pagana es lo que salvó a su hija del demonio. Claro está que no nos cuenta más nada del después, si de verdad siguió creyendo en Jesús o no, porque ahí está nuestra vida: ¿después del milagro que hemos visto o pedido, creemos o dejamos ya de creer y seguimos como estábamos? ¡He ahí la cuestión!
miércoles, 7 de febrero de 2024
Lo que entra y lo que sale
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Es muy interesante esta afirmación que hace Jesús. Está clara que, por un lado habla de los alimentos puros e impuros, pero también, luego, hace referencia a todo lo que no es alimento que sale del corazón y de los actos del hombre.
Aunque, hay que destacar que nos viene bien saber que "nada de lo que viene de fuera hace al hombre impuro", lo cual lo podemos pensar acerca de las malas intenciones que tienen mucho acerca de algunos. Es decir, no tenemos que dar crédito a lo que digan otros de uno, pues lo que ellos digan no nos pueden afectar, o, mejor dicho, no nos deben afectar. La gente habla porque tiene boca, pero muchos hablan porque no tienen cerebro, sino que tienen el corazón lleno de impurezas. Son esas impurezas del corazón del hombre las que intentan, muchas veces, hacer daño a alguien. Pero, si estamos preparados vamos a ver que nada de lo que digan puede dañarnos y, seguramente, todo eso volverá a quien lo dijo como un boomerang.
Y, por otro lado, en esta afirmación de Jesús hace un buen detalle de todo lo que daña al hombre desde su corazón, y es eso a lo que tenemos que tenerle más miedo, aunque creo que le faltan algunas cosillas:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Cuando el corazón del hombre no está seguro y confiado en Dios, siempre le vienen deseos malos y malas intenciones que brotan de un corazón dolido y en pecado. Por eso debemos purificarlo con el sacramento de la reconciliación y buscar, cada día, un encuentro sincero y real con el Salvador para que nos siga sanando para poder vivir en paz con uno mismo, los hermanos y Dios.
martes, 6 de febrero de 2024
Ni una cosa ni la otra
"Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Si bien esto lo decía Jesús a los fariseos de su época bien nos vale a nosotros en este siglo. Es claro que hoy no nos aferramos a las tradiciones de nuestros padres en el sentido que lo decía Jesús, pero sí nos aferramos a otras tantas cosas que nos vamos inventando para no hacer la Voluntad de Dios.
Creemos, a veces, que lo seguro es lo que siempre se ha venido haciendo y por eso (como otras veces lo hemos dicho) suena aquella vieja y famosa frase: "toda la vida se hizo así". Pero es, sobre todo, un escudo de protección para que no me quiten el poder que tenía sobre algo o sobre alguien. El miedo al cambio es un miedo real que, aunque no se expresa de ese modo, siempre está presente en todos. Salir de la rutina del siempre lo hice así es hacerle pensar a la persona que lo que siempre hizo está mal, y no es así, estaba bien para una época pero no para la nueva época.
Pero, no es que en todo tiempo hay que cambiar todo, sino que en todo tiempo y en todo momento hay que estar abierto a lo que Dios quiere, y saber escuchar lo que Dios nos quiere decir por medio de las circunstancias, los hermanos, etc.
Por eso no debemos quedarnos en los extremos de "toda la vida se hizo así", ni tampoco "siempre hay que cambiar todo para no caer en la rutina". Lo que nos libra de los extremos, y, sobre todo, del apetito de poder y del egoísmo, es buscar siempre la Voluntad de Dios, pues es lo que mejor nos lleva hacia adelante y lo que tenemos la seguridad que va a estar avalado por su Gracia.
lunes, 5 de febrero de 2024
La bondad nace de Dios
De la Disertación de san Metodio de Sicilia, obispo, sobre santa Águeda
Nos ha reunido en este lugar, como ya sabéis vosotros, los que me escucháis, la celebración del aniversario de una santa mártir; su combate por la fe, tan conocido y venerado, es algo que históricamente pertenece al pasado, pero que, en cierto modo, se nos hace actual a través de los divinos milagros que un día tras otro van formando su corona y su ornato.
Es virgen porque nació del Verbo inmortal de Dios, Hijo invisible del Padre (este Hijo que también por mí experimentó la muerte en su carne), según aquellas palabras del evangelista Juan: A cuantos lo recibieron dio poder de llegar a ser hijos de Dios.
Esta mujer virgen, la que hoy os ha invitado a nuestro convite sagrado, es la mujer desposada con un solo esposo, Cristo, para decirlo con el mismo simbolismo nupcial que emplea el apóstol Pablo.
Una virgen que, con la lámpara siempre encendida, enrojecía y embellecía sus labios, mejillas y lengua con la púrpura de la sangre del verdadero y divino Cordero, y que no dejaba de recordar y meditar continuamente la muerte de su ardiente enamorado, como si la tuviera presente ante sus ojos.
De este modo, su mística vestidura es un testimonio que habla por sí mismo a todas las generaciones futuras, ya que lleva en sí la marca indeleble de la sangre de Cristo, de la que está impregnada, como también la blancura resplandeciente de su virginidad.
Águeda hizo honor a su nombre, que significa «buena»; ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien.
En efecto, ¿cuál es la causa suprema de toda bondad, sino aquel que es el sumo bien? Por esto, difícilmente hallaríamos algo que mereciera, como Águeda, nuestros elogios y alabanzas.
Águeda, buena de nombre y por sus hechos; Águeda, cuyo nombre indica de antemano la bondad de sus obras maravillosas, y cuyas obras corresponden a la bondad de su nombre; Águeda, cuyo solo nombre es un estímulo para que todos acudan a ella, y que nos enseña también con su ejemplo a que todos pongamos el máximo empeño en llegar sin demora al bien verdadero, que es sólo Dios.
domingo, 4 de febrero de 2024
Lo más importante...
"Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Cuando los apóstoles le dijeron a Jesús que había mucha gente que lo estaban buscando, después de pasar toda la noche orando, dio esta respuesta: ¡vámonos a otra parte… para predicar… que para eso he salido! Una respuesta que puede sonar a que no quería hacer más milagros en ese lugar, o a esa gente, pero en realidad les decía a los apóstoles cuál era su verdadera misión: predicar el Reino de Dios.
Muchas veces escuchamos, y decimos también: la salud es lo más importante. Por un lado, es cierto, sin salud no podemos hacer muchas cosas o casi nada, pero, también, es cierto, que la salud no nos hace ser lo que somos, ni alcanzar la santidad que Dios quiere de nosotros.
Cuando sólo ponemos nuestra mirada en nuestras físicas llega un momento en que todo puede llegar a caerse, y eso pasa muy a menudo, cuando nos llega la cruz de una enfermedad, o la cruz de alcanzar cierta edad, o ciertas deficiencias, entonces parecería que ya nada tiene sentido. Y no es así.
La vida no tiene sentido porque tenga más o menos salud, porque todo me vaya bien o no, sino que tiene el sentido que yo le doy a mi vida. Si el sentido de mi vida está en lo físico, en lo material, puede llegar el día en que pierda sentido porque he perdido fuerza, porque he perdido lo material y es ahí cuando perdemos de vista todo.
Lo que Jesús, y el Padre, quiere es que no pongamos el sentido de nuestra vida en las cosas de este mundo: ya sea material, ya sea salud, ya sea títulos, etc. Sino que busquemos el sentido más allá de lo que vemos. Por eso el Señor no quiso seguir haciendo milagros, porque todo el mundo necesita milagros, y, en definitiva, nuestra vida aquí es pasajera.
Si miramos y escuchamos la predicación de Jesús, nos daremos cuenta que todo tiene sentido cuando miramos la vida desde Dios, cuando miramos la vida desde la Cruz y la Resurrección, pues todo, en nuestra vida cristiana, tiene su sentido desde ese hermoso misterio de Amor de Dios por nosotros, que ha querido darnos una Vida Nueva aceptando la obediencia al Padre, hasta la muerte y muerte de Cruz, sabiendo que después de esa muerte vendría la Resurrección, una resurrección que le da sentido a todo lo que vivimos, porque ahí está nuestra vida nueva, ahí está el sentido de todo lo que el Señor nos pide y permite vivir en este peregrinar por la historia.
sábado, 3 de febrero de 2024
Reyes sabios
"Pues bien, Señor, mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tan inmenso?».
Agradó a Señor esta súplica de Salomón".
¡Qué bien estaría el mundo si los gobernantes pudieran pedir mejor a Dios! Salomón sólo pidió sabiduría para gobernar, ni riquezas, ni poder, ni nada de eso, pues se reconocía pequeño y no instruido para gobernar un pueblo, y por eso pidió sabiduría.
¿Hoy qué piden los que gobiernan los pueblos? ¿Creen en Dios los que gobiernan los pueblos?
Pero bueno, seguro que van a salir mil y una respuestas y quejas contra nuestros gobernantes. Pero no nos vamos a meter en ese berenjenal, sino que llevemos esa oración de Salomón a nuestra vida.
Sí, porque nosotros también gobernamos algo, todos tenemos poder sobre algo o sobre alguien o sobre muchos. Porque en nuestras vidas siempre hay personas o cosas que cuentan con nuestra sabiduría para gobernar, para discernir entre el bien y el mal, para compartir, para trabajar, para vivir en comunidad.
La Sabiduría que ha pedido Salomón no es la sabiduría humana, sino la sabiduría que viene de Dios, la que nos da el Espíritu Santo, porque esa Sabiduría es para aprender a discernir no sólo entre el bien y el mal, sino entre lo que es Voluntad de Dios y lo que no es Voluntad de Dios, pues su reinado no es un reinado humano sino que reina sobre el Pueblo de Dios.
Nosotros, si os acordáis bien, hemos sido ungidos reyes el día de nuestro bautismo, pero no para reinar como en el mundo, sino para vivir en el Reino de Dios, por lo tanto necesitamos, constantemente pedir la Sabiduría divina para poder seguir construyendo el Reino de Dios en la tierra: "venga a nosotros tu reino, hágase Tú Voluntad en la tierra como en el cielo".
Esta pequeña frase, que repetimos casi todos los días, es la que nos hace tomar conciencia de quienes somos y lo que necesitamos: somos reyes y necesitamos la Sabiduría divina para saber gobernar nuestra vida de acuerdo a la Voluntad a Dios.
viernes, 2 de febrero de 2024
Acojamos la Luz clara y eterna
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
Corramos todos al encuentro del Señor los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.
Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros —el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna—, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.
En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.
Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para librarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto avanzamos en procesión con cirios en las manos, por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.
Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz nos penetre y nos transforme.
Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.
También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.
También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.
jueves, 1 de febrero de 2024
La herencia de David
"Se acercaban los días de la muerte de David y este aconsejo a su hijo Salomón:
«Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios, manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y adondequiera que vayas".
Hermosa recomendación de David a su hijo. A veces, me parece, que hay recelo en hablar de estas cosas con los hijos, con la familia. Mostrar o dar a conocer lo profundo de uno, lo que pasa por dentro del corazón no suele ser un tema de conversación, ni en familia, ni con amigos. Sin embargo, lo que pasa en nuestro interior es lo que nos ayuda a conocernos mejor y, creo, que son los mejores valores que podemos dejar.
"En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos".
Los valores humanos, y, sobre todo, los valores espirituales son los que tenemos que aprender a compartir y transmitir, esos son los apóstoles que el mundo necesita hoy. Hay muchos, o demasiados, apóstoles que transmiten los valores mundanos, o, mejor dicho, desvalores que van haciendo perder dignidad y valor a la persona humana, y ellos tienen más valentía que los que vivimos, o queremos vivir, la Vida en Dios.
El Rey David nos está enseñando que la mejor manera de transmitir nuestros valores es por medio de la familia, que, como sabemos y hemos escuchado muchas veces, es la primera iglesia en la cual compartimos e intentamos vivir la fe. De este modo los primeros apóstoles en la vida de las personas son nuestros padres, nuestros abuelos quienes han podido recibir los Dones de la FE, la Esperanza y el Amor. Por eso no tienen que dudar en hacer el esfuerzo para transmitir lo que han recibido, aunque no se viva en plenitud ni perfectamente, pero cuando lo compartimos y los comenzamos a vivir entre todos, todo es más fácil y llevadero, y así vamos haciendo comunidad cristiana desde el seno de nuestras familias.