domingo, 12 de noviembre de 2023

Virtud más sensatez, esa es la cuestión

"Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora»".

Una de las cosas que he aprendido con este evangelio (que me lo enseñó mi formador) es que la virtud sin tener los pies en la tierra no sirve. Muchas veces nos jactamos de que somos muy virtuosos, de que tenemos esta virtud o esta otra, pero nos olvidamos de pisar en tierra y vivimos con los ojos en el cielo sin mirar lo que tenemos que hacer o lo que tenemos que prever en la tierra.
Las vírgenes prudentes supieron que tenían que hacer algo más que ir a esperar al novio, por eso llevaron más aceite del que necesitaban. En cambio, las necias, sólo pensar en salir a esperar al novio. Lo que también nos hace pensar en otra cosa: que a veces tenemos tanta urgencia por hacer algo que nos olvidamos de las pequeñas cosas, y esas son las importantes, también.
Es claro que, para cada momento, y en cada situación, la Palabra de Dios nos hace ver no sólo una cosa o enseñanza, sino que nos hace mirar más de una realidad.
Y eso es lo que pretende Jesús: la virtud y una vida virtuosa es importante, por aquí lo quiere el Padre; pero, también, hay que mirar lo que el Padre nos está diciendo y pensar en lo que me toca poner a mí de mi parte, y, sobre todo, con los pies en el suelo sabiendo que no todo me lo van a dar, sino que tendré que estar preparado en todo momento.
Es cierto que, en esto prever las cosas que voy a necesitar, en muchos casos, se nos va la mano, y prevemos demasiado y por eso mismo, a veces, no hacemos nada porque creemos que no tenemos todo lo necesario para hacerlo, o que nos demoramos tanto buscando las cosas que siempre llegamos tarde a todos los lugares.
¡Qué difícil es el equilibrio!
Sí, es difícil ser equilibrado y encontrar el equilibrio entre el defecto y la virtud, pero todo se puede con la Gracia de Dios. Por eso mismo, el Señor, nos va advirtiendo de los excesos o de las faltas, para que vayamos dándonos cuenta de por dónde salta la liebre en nuestra vida cotidiana: ¿exceso de cielo o exceso de tierra? Cada uno sabe por dónde va viviendo…
Por eso lo más importante de todo es saber que siempre tengo que estar preparado para que el Señor me pida algo, y cuando me lo pida poder responder rápidamente, como lo hizo María.
 

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