miércoles, 22 de noviembre de 2023

Firmeza en la fidelidad

«¡Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié durante tres años y te he alimentado hasta que te has hecho mozo! Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el género humano. No temas a ese verdugo; mantente a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos».
Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo:
«¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la ley dada a nuestros padres por medio de Moisés. Pero tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios».
El martirio de los 7 hijos macabeos nos hace pensar mucho, pero sobre, si leéis mejor la lectura vais a ver que la fortaleza de los chicos al entregarse al martirio viene de parte de su madre. Es la madre quien ha sembrado, en el corazón de los hijos, la fidelidad a la Ley de Dios y los ayuda y fortalece a seguir en fidelidad con su palabra.
La educación no sólo está en la palabra que damos, sino en el testimonio de vida, en la fortaleza y firmeza de nuestras vidas para llegar a ser fieles a la Voluntad de Dios, hasta ese extremo de entregar la vida a pesar del sufrimiento que eso provoque.
¿Qué es lo que hoy nos pasa? Que, en realidad no creemos en Dios, no creemos en su Ley, no creemos en el Evangelio y por eso no lo vivimos ni lo predicamos con la fortaleza del Espíritu que nos viene por medio de la fidelidad a Dios.
¿Qué pasaría si tuviéramos que estar en la piel de los protagonistas de la primera lectura? ¿Seríamos capaces de aceptar el martirio por ser fieles a Cristo y su Evangelio? ¿Seríamos capaces como padres para fortalecer la fe de los hijos para que no sean infieles a Dios?
Son preguntas que nos tenemos que hacer para saber si, realmente, estamos viviendo o creyendo lo que decimos ser, pues si no es así tenemos que volver a pensar si queremos seguir a Cristo o no, porque seguirlo, implica, también, aprender a renunciar a todo aquello que nos aparta de la Voluntad del Padre.
Es cierto, sí, que no es fácil el planteo, pero tenemos que tener en cuenta que la fortaleza en esos momentos no es nuestra, sino que seremos fortalecidos por el Espíritu, pero sólo nos dará la Gracia si queremos ser Fieles, no antes, pues si tenemos disposición para la Fidelidad a Dios, se nos dará más Gracia, pero si no estamos dispuestos se nos quitará hasta la que tengamos.

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