sábado, 4 de noviembre de 2023

Todo el que se enaltece será humillado

"Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".
Una pequeña frase que nos tiene que servir para pensar, siempre, nuestro lugar en el mundo, en la sociedad, en la familia y en todo lugar. Pero claro que hay que entender muy bien lo que significa ser humilde, humillarse. Porque, a veces, parece que los demás tienen que ayudarte a ser humilde y por eso te humillan con sus palabras, con sus gestos, con sus desprecios o con sus no aprecios. O, también, sucede que, por temperamento, siempre nos creemos peores que los demás y así creemos que eso está bien, que eso es ser muy humilde porque siempre digo que los demás son mejores.
Dios nos ha creado y nos ha llamado en este momento de la historia para vivir, para dar sentido no sólo a nuestra vida, si no, también, a la historia de alguien, a la historia de la humanidad. Sí, porque mi vida, tu vida, tiene un significado y un sentido en Dios, Su Voluntad es la que le da sentido a mi vida y hace que mi vida tenga sentido dentro de Su Plan de Salvación. Es ahí donde encuentro el valor real de mi vida, donde descubro el por qué de los dones que Dios me ha dado, y, sobre todo, descubrir esos dones para ponerlos al servicio del Plan de Dios.
Reconocer quien soy y para qué Dios me ha creado, es el primer paso para encontrar el camino de la humildad, pues ser humilde es reconocer lo que Dios ha puesto en mí para el servicio de los demás, es reconocer quién soy ante Dios y porqué Él me ha llamado hoy. Al reconocer mi vocación dentro de la historia de la Salvación podré encontrar el camino que el Señor quiere que recorra y comenzar a recorrerlo pues nadie lo hará por mí, y si nadie lo hace por mí y yo no lo hago, habrá un lugar vacío en la Historia y yo seré responsable por no haberlo hecho.
No tengo por qué esconder lo talentos que el Señor me ha dado, pero tampoco tengo que engreírme en ellos, pues no son míos sino que me los han dado para que los entregue en el servicio del Plan de Dios. Por eso, en el Magníficat, María no se engríe de sí misma, sino que reconoce lo que Dios ha hecho y obrará por medio de Ella, pero sabe que nada es de Ella, sino que todo le ha sido dado para mayor gloria de Dios y para la salvación del Hombre:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación".

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