miércoles, 29 de noviembre de 2023

Saber discernir

Cuando el Rey Baltasar, hijo de Nabucodonosor, necesitó de alguien para interpretar las cosas de Dios, como su padres, envío a traer a Daniel:
"¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey mi padre? He oído decir de ti que posees el espíritu de los dioses, y que en ti se encuentran inteligencia, prudencia y una sabiduría extraordinaria".
Los reyes tenían gente sabia e, incluso, magos que podían adivinar cosas, pero para saber acerca de las cosas de Dios, envió a traer a alguien que tenía fama de conocer a Dios, porque hay que estar en relación con Dios para saber interpretar sus signos.
Dios, como sabemos, no siempre nos habla directamente, sino que utiliza de instrumentos, de causas segundas, de signos en los tiempos, pero no todos saben interpretarlos. Por eso necesitamos de encontrarnos con alguien que, estando en relación con Dios, son su Palabra y conociendo su forma de actuar, nos ayuden a interpretar Su Voluntad.
Así, Jesús, en los evangelios de estos días, nos habla de lo que sucederá al final de los tiempos, pero no nos da la fecha, porque eso no es importante. Tampoco es importante que nos preocupemos de las cosas que van ocurrir, sino de preparar nuestra alma para ese momentos. Por eso, en el evangelio de hoy nos dice: "Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Si hemos puesto nuestra confianza en el Señor, y hemos sido perseverantes en nuestro Caminar en Él, entonces nada nos sucederá, porque lo esencial es que salvemos nuestras almas, pues en el último día Él vendrá por nosotros para darnos un lugar en el Reino de los Cielos.
Mientras tantos, cada día, tendremos que perseverar en el Camino, buscando siempre la Voluntad de Dios para vivirla aquí en el tierra como en el Cielo, y, si se nos hace difícil discernir y conocer cuál es Su Voluntad buscar ayuda en aquellos que tienen, como Daniel, el Don de discernir y ayudarnos a discernir acerca de lo que Dios quiere para nuestras vidas. No dejemos lugar a que quienes no conocen a Dios, ni a Su Voluntad, dirijan nuestras almas hacia la perdición, sino que, con la ayuda de la Gracia y Su Espíritu, podamos alcanzar la perfección y la salvación de nuestras almas.

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