San Pablo, muchas veces, expresa en sus cartas sus sentimientos, nos muestra el dolor por el pecado, la lucha interna por la fidelidad a Dios, pero también, como hombre, nos muestra su sensibilidad por aquellos que no quieren reconocer a Jesús como Mesías y Señor. En esta carta a los romanos lo expresa así: "siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón, pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne".
Es verdad que cuando encontramos un Camino que nos llena de felicidad, que nos da fortaleza, que nos trae la paz, es un camino que queremos compartirlo con todos y, especialmente, con los de nuestra sangre, con los que son parte de nuestra vida. A veces, por supuesto, no sabemos cómo hablar o qué decir o cómo compartir aquello que sentimos en el corazón, pero no debemos quedarnos ahí, debemos insistir a tiempo y a destiempo, como el mismo Pablo lo dice.
Igualmente, aunque, el dolor por los nuestros seguirá y no nos puede detener en la marcha, pues el mismo Señor nos advirtió que seguirlo, muchas veces, entrañará división entre los de la misma sangre, y, hasta, incluso, nos entregarán a los verdugos llegado el caso.
Así, Pablo, nos muestra que, a pesar de sentir ese deseo por los de su raza, debe emprender un nuevo camino y llegar a otros que quieran, verdaderamente, escucharlo, no a él, sino escuchar la Palabra del Señor que a él le fue dirigida, pues esa es La Palabra que nos salva, La Palabra que nos acerca al Camino de la Salvación.
De este modo no tenemos que poner como excusa para no llevar la Palabra a todo el mundo, el hecho de que los nuestros no nos escuchan, sino que, a pesar de ello, debemos seguir predicando y anunciando con nuestra propia vida el tesoro que hemos hallado y por el que hemos vendido todos nuestros bienes. No dejemos que los sinsabores nos detengan, sino que nos hagan tomar más conciencia de lo necesario que es mantenernos firmes y fieles en el Camino de la Verdad y la Vida.
viernes, 3 de noviembre de 2023
Dolor por los nuestros
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