domingo, 26 de noviembre de 2023

Es Señor?

"Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis”.
Último domingo del tiempo litúrgico, llamado, ordinario. Y en este Domingo celebramos a Jesucristo Rey del Universo, Rey de nuestra vida, Señor de Señores, Señor de nuestra vida. ¿Por qué?
¿Por qué lo celebramos con este título? O, ¿por qué es Señor de nuestra vida?
Lo primero es más fácil que lo segundo, por supuesto, porque siempre es más fácil decir cosas que vivir lo que decimos. Decir que Jesús es el Rey del Universo es fácil porque sabemos que ha sido coronado sobre todo nombre por nuestro Padre Celestial, pues Él es el Mesías y Señor, y entregó su vida por nosotros, en obediencia al Padre, hasta la muerte en Cruz y resucitó para nuestra Salvación. Eso es el centro de nuestra Fe, es el centro y la verdad que ilumina toda nuestra vida de Fe, no hay nada más importante que esa Verdad.
Pero, de ahí, a que ese Señor sea el Señor de mi vida… hay un paso largo, o, mejor dicho, muchos pasos para llegar a entrar en mi corazón y mi vida.
Hoy por hoy, en este siglo XXI que vivimos y en esta sociedad que lo que busca es “vivir la vida loca” (aunque sea una canción ya vieja), creo que todo lo puede si se lo propone, y todo lo puede desde que ha entendido que ser libre es hacer todo lo que quiero y lo que deseo y más allá también.
Y, lo peor es que en el pensamiento de muchos cristianos (por no decir todos) se nos ha metido la misma idea o forma de vivir, pues mientras no hagamos mal a nadie podemos hacer todo lo que queramos. Quitando así, del medio, la idea de pecado, y, sobre todo, de moralidad cristiana, pues si todo el mundo lo hace ¿por qué yo no puedo hacerlo?
Es ahí donde vemos que mucho ¡Señor, Señor! Pero no lo dejamos actuar en nuestra vida, o, mejor dicho, no actuamos como Él nos enseñó con Su Vida, sino que hacemos lo que el mundo nos invita a hacer, y, así, hacemos que las ideologías del mundo manejen nuestras vidas, nos hacemos esclavos de un mundo que nos lleva a la perdición de nuestra alma, y a la despersonalización de mi vida.
Si realmente el Señor es Señor de mi vida, no tengo por qué preocuparme de despersonalizarme, de no alcanzar la perfección de mi vida, pues Él sabe lo que soy y lo que quiero ser, y me llevará de Su Mano por el mejor Camino para que no sólo alcance la salvación de mi alma, sino que alcance la felicidad que anhelo. Por eso, confía en el Señorío del Señor, como lo hizo María.

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