"Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos..."
Creo que a muchos les pasa lo mismo que a los apóstoles: todavía no creen en la Resurrección de Jesucristo, o no creen que Jesús sea Dios verdadero. No pueden abrir, todavía, el entendimiento a la Gracia para comprender el gran misterio que es amar a este Dios, o, mejor dicho, tener un Dios que nos ama tanto que envió a su Unigénito a la Cruz para darnos nueva vida en el espíritu.
Para muchos, creo, la Semana Santa y la Pascua han sido unos días diferentes, no tan diferentes como las vacaciones de verano, pero no porque no estuvieran de vacaciones, sino porque en todas partes se respiraría un aire distinto en cuanto y en tanto se veían procesiones y se hablaba, quizás, de otro tema. Pero, en realidad, el alegrarse por la Resurrección de Jesús... Somos una generación incrédula que no llega a comprender los misterios de la fe, y, por eso mismo no se llega a estrechar una relación profunda y sincera con nuestro Dios y Señor.
Quizás, aún seguimos, a pesar de nuestra evolución humana y científica y todo eso, como en aquella época en la que, como Santo Tomás apóstol, decimos: si no veo no creo. Y hoy no está el Señor para darnos a tocar sus manos y su costado, sino que aceptamos o no vivir en un plano más sobrenatural, y así poder madurar nuestra vida de fe.
Sí, es muy difícil para el hombre de hoy creer o vivir en el orden sobrenatural porque estamos tan "metidos" en lo natural y humano, que, a veces, es imposible llegar a mirar más arriba de nosotros mismos. Y, aunque quisiéramos levantar nuestras miradas y elevar nuestras vidas en otro nivel, siempre hay alguien que nos tira para abajo y nos vuelve a hacer pisar el suelo y a atarnos a lo mundano, a lo natural, a lo humano. Y aunque hemos sido para volar alto nos quedamos comiendo las migajas del mundo que no nos deja llegar a Dios.
Por eso tenemos una gran misión, los que intentamos seguir madurando nuestra fe, de desatar esos nudos que atan a muchos al mundo y ayudarlos no solo a mirar sino a comenzar un vuelo hacia la santidad, hacia Dios, hacia el Resucitado.
jueves, 13 de abril de 2023
Volar alto
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