domingo, 16 de abril de 2023

Paz a vosotros!

«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Hermoso evangelio de este domingo donde el Señor se aparece a los apóstoles. Lo primero que les dice es ¡Paz a vosotros! Porque sólo un corazón en paz puede ver más allá de lo que ven los ojos, y puede abrirse al misterio y a la grandeza de Dios. Y, sobre todo, un corazón en paz puede experimentar una mayor alegría frente a un acontecimiento extraordinario, e, incluso, a algo de todos los días.
Cuando tenemos paz en el alma nuestra mirada es más pura, más sencilla y se deja impresionar por las cosas que Dios nos va regalando, y, también, por las pequeñas cosas que los demás hacen por nosotros. Pero cuando no tenemos esa paz todo lo vemos mal, con desesperanza, con desasosiego, todo está mal. Por eso es necesario, en todo momento, volver a mirar al Resucitado que nos trae la paz al alma, pues Él es nuestra Paz.
Así llenos de alegría los discípulos del Señor recibieron una gran noticia, que no fue la del Señor Resucitado, sino que Jesús los unió a sí mismo en la gran misión que el Padre le encomendara: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”, y sopló sobre ellos el Espíritu Santo, para que ellos sean, a partir de ese momento, los instrumentos elegidos para llevar ese mismo Espíritu hasta el confín del mundo.
Y así, ese Espíritu ha llegado a nosotros y ha sido infundido en nuestras almas configurándonos a imagen de Cristo Resucitado, para que, como los apóstoles también seamos misioneros del Amor misericordioso del Padre que no dudó en entregarnos a su Hijo para que, desde la Cruz y la Resurrección, nos diera una Vida Nueva.
Por eso, a partir de nuestro bautismo hemos sido enviados a llevar, con nuestra vida y ejemplo, la alegría de la resurrección a todos los hombres que necesiten luz, paz, esperanza, y para aquellos que buscan un sentido y una razón para vivir. Sí, nuestra vida es vida de resucitados y llevamos esa alegría hasta el final de los tiempos.
 

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