"Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
Muchas veces el temperamento, o el genio, o la inconsciencia nos hacen creer que somos unos superhéroes y decimos cosas grandilocuentes que nos hacen quedar bien delante de la gente. Cuando decimos cosas que salen así, sin pensar, y sin medir las consecuencias somos como Pedro, que hablamos sin saber lo que decimos, o mejor dicho, sin saber las consecuencias de lo que decimos o las responsabilidades que acarreará lo que decimos.
Por que, como Pedro, después de ponernos el disfraz de superhéroes nos lo quitamos enseguida porque nos da miedo lo que viene después, porque no sabemos qué hacer o porque tenemos vergüenza de decir que nos hemos equivocado. Las disculpas o el reconocimiento de tener que decir: "no, no puedo hacer lo que he dicho", no cabe en la boca de aquellos que se han puesto la capa de superman, pero no tienen miedo de volar.
Igualmente, el Señor nos toma la palabra de lo que decimos y nos lleva a volar a pesar de nuestro vértigo, pues sólo volando a las alturas con Él podemos alcanzar la meta que deseamos. Pero, antes, debemos besar el suelo de la humildad para poder reconocer que no somos lo que decimos ser, sino que somos mucho menos y, sobre todo, que sin Él nada podemos hacer.
Y, pensando en esto, me llenan de gozo las palabras de Santa Teresita de Lisieux:
"En vez de desalentarme, me he dicho: Dios no inspira deseos irrealizables; puedo, pues, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. ¡Engrandecerme, es imposible! He de soportarme tal como soy, con mis innumerables imperfecciones; pero quiero buscar la manera de ir al cielo, por un caminito muy recto, muy corto, por un caminito enteramente nuevo. Estamos en un siglo de inventos; hoy día, no es menester ya fatigarse en subir los peldaños de una escalera; en las casas ricas hay un ascensor que lo sustituye con ventaja. Quiero también encontrar un ascensor para re montarme hasta Jesús, puesto que soy demasiado pequeña para subir por la ruda escalera de la perfección."
martes, 4 de abril de 2023
La fotaleza de los pequeños
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