miércoles, 12 de abril de 2023

Nuestro Emaús

El evangelio de los discípulos de Emaús me hace pensar en nosotros. Sí, porque después de la celebración del Domingo de Pascua, y de todas las celebraciones de Semana Santa, volvemos a nuestras vidas diarias y ¿qué sucede? ¿Volvemos entristecidos como los discípulos de Emaús porque no entendieron que iba a resucitar Jesús? ¿O regresamos con el corazón ardiendo por la alegría de la Pascua y transmitimos a los demás esa misma alegría? ¿Volveremos a encontrarnos con Jesús en la mesa del altar o sólo quedará la buena hazaña de haber participado de algún modo en la Semana Santa?
"Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrará así en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras".
Deberíamos volver sobre la Escrituras e intentar comprender el por qué Dios nos ha permitido vivir lo que hemos vividos en estos días, por qué Dios le ha pedido a Su Unigénito aceptar la muerte y muerte de Cruz, y resucitar para nuestra salvación.
¿Salvación de qué? Por que si no tenemos nada que nos lleve a pensar que tenemos que salvar nuestra alma, entonces la Semana Santa no tiene sentido. Pero si sabemos que nuestra alma tiene que ser salvada para alcanzar la eternidad, entonces la Pascua da sentido a nuestra vida.
"Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan".
Y cuando comprendemos el por qué de su muerte y resurrección, y hemos podido, verdaderamente, encontrarnos con Él en la Eucaristía, entonces no nos quedará más que salir a anunciar el gozo de sabernos salvados, el gozo de habernos encontrado con el Resucitado y de aceptar el desafío de ser sus testigos y discípulos que anuncia con valentía la Nueva Vida en Cristo.

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