lunes, 3 de abril de 2023

Solamente estar

"Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa".
¿Con quién estar en los momentos más tristes? Con los que uno quiere. Por eso Jesús se fue a Betania, con sus discípulos y con sus amigos. Él ya sabía que había llegado su Hora y su corazón estaba triste, y necesitaba estar con los suyos.
En estas pequeñas cosas o pequeños actos se descubre la humanidad de Jesús, una humanidad que nos ayuda a mirarnos, también, a nosotros mismos. ¿Cómo estamos junto a los que queremos? ¿Ayudamos con nuestra presencia y nuestro cariño a los que queremos o los dejamos solos en los momentos difíciles?
A veces, seguramente, tengamos vergüenza de que descubran nuestro dolor o nuestra soledad, pero es necesario poder confiar en quienes queremos para que nos acompañen, quizás no puedan ayudarnos, pero sí acompañarnos a pasar ese día o ese mal rato.
"María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume".
¿Por qué María le ungió los pies? Seguramente no sabría qué hacer junto a Jesús. Seguramente, aunque Él no le dijera nada, ella pudo intuir su dolor, su tristeza e hizo lo que mejor sabía hacer: estar a los pies del Señor, pero en este caso no sólo escuchándolo sino ungiendo sus pies con perfume, acariciando nos pies y perfumando sus huellas, para que ese olor de santidad que Él despedía nunca se vaya de su casa, ni tan siquiera de sus vidas.
Son esos pequeños gestos que hacemos, también, con los que amamos los que les ayudan a superar sus dolores, sus oscuridades, sus tristezas. No son los consejos los que más ayudan, sino el saber escuchar, el estar juntos, el suavizar el dolor con el perfume de la compañía, con la suavidad de un abrazo de una caricia.
"Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Y siempre hay alguien que piensa mal, que pone excusas para no ayudar en los momentos más difíciles y, seguramente, con envidia de que lo que el otro está haciendo no se le ocurrió a él. Pero son esas excusas las que no debemos escuchar, sólo debemos hacer lo que nos surja del corazón para poder ayudar, para poder acompañar porque siempre habrá quién hable de más, quien comience a hablar o a argumentar cosas que no son necesarias en ese momento.
"Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

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