"En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
A veces, nosotros, también apedreamos a la gente por las obras buenas que hacen. No nos gusta que otros hagan más cosas que nosotros, o que tengan más protagonismo que nosotros. Y, por eso, cogemos piedras para arrojárselas a ver si lo podemos quitar de en medio.
Las envidias que se surgen en el corazón son las que provocan las enemistades, las difamaciones, las peleas y van consumiendo poco a poco la unidad dentro de una familia, de una sociedad, de una comunidad.
Sí, a veces puede parecer que no es envidia lo que tengo, pero sí lo es aunque no lo reconozca. Porque me molesta que fulanito haga tal cosa, o que menganito haga tal otra, o que éste esté tan al frente de algo o aquél que se muestre tanto ante la gente.
Y, por otro lado, esta envidia no me deja ver lo bueno que hay en en lo que Dios me está pidiendo a mí. Y no es que haga lo que otros hacen, sino que yo haga lo que tengo que hacer. Pero, por estar mirando tanto a lo que hacen los demás, no descubro lo que yo tengo que hacer.
Así diría Santa Teresa de Calcula: si me ocupara más de lo que tengo que hacer, no tendría tiempo para criticar lo que hacen los demás. Y ahí está la maravilla de descubrir no sólo cuál es la Voluntad de Dios para mí, si no, darme cuenta de que lo que el otro está haciendo, quizás, sea la Voluntad de Dios, pero, también, aprender a gustar lo que yo tengo que hacer, y cuáles son los talentos que Dios me ha dado a mí, pues llevándolos a la práctica podré disfrutar de lo que hago y descubrir que lo que haga es, también, importante porque es lo que Dios quiere que haga.
Y vuelvo a la Madre Teresa: aunque sea poner un sólo granito de arena, pero ese granito de arena es importante, y si yo no lo pongo donde tiene que ir, entonces faltaría. Todos tenemos una tarea importante en la historia de la salvación, no dejes que los celos y la envidia no te permitan hacer lo que debes, sino que debes hacer lo tuyo y alentar a los demás a hacer lo que mejor hacen y lo que Dios quiere.
viernes, 31 de marzo de 2023
Las piedras de cada día
miércoles, 29 de marzo de 2023
Fidelidad y coherencia
"Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responder. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
La respuesta de estos tres muchachos a Nabucodonosor nos hace pensar en nuestras respuestas a Dios, en el día a día. A veces, nos enfadamos con Dios porque no hace lo que queremos, o no nos da lo que le pedimos, y así, nos parece que tenemos el derecho de renunciar a Él y buscarnos dioses alternativos, adorar otros dioses u otras estatuas más cercanas a nosotros. En cambio, estos tres muchachos saben que lo que importa es ser fiel a Dios y saber que esa fidelidad los hará libres y alcanzarán llegar a Dios.
Nos hemos metido tanto en el mundo de la compra y venta, que hemos creído y lo llevamos a nuestra vida de fe, que Dios es el empleado de un supermercado donde tiene que darme lo que le pido o, por lo menos, conseguirlo en un tiempo récord. Y si no lo hace me cambio de super y voy a comprar a otro que tenga todo lo que necesito, y, sobre todo, a un precio más bajo.
"Preguntó (Nabucodonosor):
«¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino»
Nabucodonosor entonces dijo:
«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».
La fidelidad a Dios permitió que los salvara del fuego y, por otro lado, hizo que el rey alabara a Dios. La fidelidad a Dios, o la coherencia entre vida y fe, no sólo nos ayuda en el día a día, nos da fortaleza en el espíritu, sino que, además, y sobre todo, es motivo de alabanza o rechazo a Dios por parte de los que ven nuestras acciones, palabra y obras. Sí, aunque no lo pensemos, (y lo seguiré repitiendo muchas veces) somos personajes públicos (todos los católicos) y nos miran con lupa para ver por dónde nos equivocamos, y, así, poder rechazar a Dios, pues no damos el testimonio que debemos dar, sino que no sólo no confiamos en Dios, sino que que nos vamos a idolatrar a otros dioses.
La mezcla que hacen algunos cristianos entre la fe en Dios y la confianza en otras religiones, adaptación a las ideología modernas, y tantas otras cosas que hacen para "sentirse bien", permiten a los que no creen seguir en su tesitura de que Dios no existe o es un invento de algunos, porque si los que creen no viven lo que creen ¿para qué creer?
martes, 28 de marzo de 2023
Aprender a vivir
"El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
Después de haber sido liberados de la esclavitud de Egipto, Dios comenzó a alimentar a su Pueblo con el maná, pero eso no era suficiente para el Pueblo y se rebelaron contra Dios y contra Moisés.
No siempre estamos conformes con lo que tenemos. No siempre nos gusta lo que tenemos y por eso nos deprimimos, o envidiamos lo de los demás, o buscamos alcanzar algo que no es necesario. Muchas veces hasta nos endeudamos por tener cosas que no son necesarias o por hacer cosas que tampoco son necesarias para nuestra vida.
Cuando nos comparamos con otras personas, o con otras familias, siempre vamos a descubrir cosas mejores y peores. Cuando descubrimos cosas peores la soberbia se apodera de nosotros y creemos que somos superiores porque tenemos tal o cual cosa, o por que nuestro nivel social es más alto que otro, o, ¡vaya a saber por qué! Y la soberbia se apodera de uno sin darnos cuenta hasta el punto de dejar de lado a los que "no son como uno".
Pero también, cuando descubrimos que los otros poseen más que uno intentamos alcanzar lo que no tenemos, siendo que podríamos vivir muy felices si aceptáramos el lugar y la situación que nos ha tocado vivir. Pero siempre está la espina de la envidia que no nos deja estar conformes con lo que he logrado y quiero más.
Así es la sociedad de consumo: nos hace desear más de lo que necesitamos y llegamos al final con más cosas pero con menos tiempo para disfrutar de la familia, de la pareja, e, incluso, de uno mismo. Vamos en una carrera contra el tiempo por el tener y no nos damos cuenta que vamos perdiendo el ser.
Hoy en día muchos pierden la vida (a veces en forma literal) por querer conseguir más y más, sin darse cuenta que lo importante es gustar lo que se tiene y no perder lo poco o mucho que se tiene por no saber descubrir el valor de las pequeñas cosas y de los pequeños momentos.
lunes, 27 de marzo de 2023
Los acusadores de los demás
Las dos lecturas de hoy, Daniel y el Evangelio, nos hablan de acusaciones, pueden ser falsas como la de los ancianos jueces o verdaderas como la de la adúltera, pero también nos hablan de la búsqueda de la verdad. Sí, porque es muy fácil acusar y andar pregonando las acusaciones, es decir, haciendo comentarios sobre fulano que hizo tal cosas o mengano que hizo tal otra, pero nadie se pone a buscar la verdad sobre lo que escucha o sobre lo que está comentando de otras personas.
Hay una necesidad, muchas veces, derivada de la prensa sensacionalista, que parece que nos pagaran por levantar falsos testimonios o hablar de otras personas con mentiras o sacando a la luz lo que han vivido.
Por eso, cuando sale alguien buscando la verdad se lo trata de loco, pero es lo que necesitamos: vivir en la Verdad, porque somos hijos de la Verdad, y en la Verdad no debemos buscar cómo ensuciar la vida de los demás, ni tan siquiera hacer que sus cosas comiencen a volar por las calles del pueblo. ¿Quién soy para andar sacando a la luz los detalles de la vida de los demás? Jesús nos dijo: "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí", ¿acaso me gusta que saquen mis "trapitos" a la luz de todo el pueblo? Si me gusta, hazlo tú mismo pero no lo hagas de los demás.
Así, cuando vinieron a acusar a la adúltera frente a Jesús para poder castigarla, Jesús siguió escribiendo con el dedo, y no porque no le preocupara el pecado de la mujer, sino porque no le interesaba la acusación que estaban haciendo contra ella. Jesús no la acusó sino que la ayudó a mejorar, vio el pecado del adulterio, pero al perdonarla le dio otra oportunidad. ¿Cómo se que vio el pecado? Porque le dijo: "vete y no peques más".
Y eso es lo que Él hace, también, con nosotros: quiere que cambiemos, que nos convirtamos, que descubramos que no está bien acusar a los demás, sino que les ayudemos a encontrar el camino y si vemos que no lo encuentran que se lo mostremos, pero no somos quienes para andar acusando o dando falso testimonio de la vida de las personas.
domingo, 26 de marzo de 2023
Crees esto?
Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Aún en el dolor de haber perdido a su hermano, Santa Marta, expresa una confianza total en Jesús, en su mediación con el Padre, sabiendo que lo que él pida el Padre se lo concederá. Una confianza que, seguramente, no estaba fundada en que Jesús resucitaría a su hermano de entre los muertos, sino en que Él le daría la fortaleza necesaria para llevar adelante la cruz del dolor, de la muerte.
Habrían pasado muchas horas hablando, Jesús tenía mucha amistad con ellos y, entre charla y charla, les habría hablado de la eternidad, de la vida después de la muerte, pero, como le pasó a Él mismo, ante ese gran misterio el corazón sufre, y por eso lloró ante la tumba de Lázaro.
Con este evangelio terminamos las semanas de cuaresma, es la puerta de entrada a la Gran Semana de nuestra fe, y nos anima a buscar a Dios en cada momento, y, especialmente, en los momentos de dolor. Buscarlo en el dolor para que nos ayude a llevar la Cruz, para que nos de esperanzas de que no todo termina, sino que él mismo es la meta de la Vida, pues Él resucitó de entre los muertos para darnos Vida Nueva, aquí en la tierra y, después, en el Cielo.
La confianza que demuestra Santa Marta en el Señor, es la confianza que tenemos que llegar a conquistar, pues en esa confianza es donde sustentamos nuestra esperanza y nuestra fe, pues sabemos que Él abogará por nosotros ante el Padre, y el Padre le dará todo lo que Él pida, siempre y cuando todo sea para vivir según Su Voluntad, para alcanzar, cuando sea necesario, la fortaleza para beber el cáliz que nos toque, en el momento oportuno.
A veces llamamos al Señor para que venga a librarnos de la Cruz, pero ese no es el camino, sino que tenemos que pedirle que nos ayude a llevarla, para que nuestro espíritu se fortalezca y nuestra fe se acrisole para seguir siendo obediente, como lo fue Él hasta la muerte y muerte en Cruz. Así, aunque nuestra fe parezca que está muerta Él encenderá nuestra fe con la Gracia del Espíritu y podremos salir, nuevamente, a la vida para dar testimonio de nuestra fe.
sábado, 25 de marzo de 2023
El misterio de la redención
De las Cartas de san León Magno, papa
La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.
El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.
Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.
Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.
Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.
En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.
El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.
Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.
En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.
La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.
viernes, 24 de marzo de 2023
La Pascua nos une
De las Cartas pascuales de san Atanasio, obispo
Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a otra, de una celebración a otra, de una solemnidad a otra. Ahora ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, la preparación de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado. Nosotros nos alimentamos, como de un manjar de vida, y deleitamos siempre nuestra alma con la sangre preciosa de Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos sedientos de esa sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ya que sus rayos esplendorosos no conocen ocaso, sino que está siempre a punto de iluminar las mentes que así lo desean. Goza de una virtualidad ininterrumpida para con aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche están atentos al libro sagrado, como aquel hombre a quien el salmo proclama dichoso, cuando dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos, que al principio instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada año; y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el mismo motivo, la celebración anual de este sagrado misterio. Esta fiesta nos sostiene en medio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en esta fiesta. Esto es lo admirable de esta festividad: que él reúne para celebrarla a los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.
miércoles, 22 de marzo de 2023
Un Padre pedagogo
"Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré».
Quizás en una época pasada se entendía mejor esta afirmación del Señor, pero, hoy en día, con tanta gente, varones y mujeres, que apoyan el aborto, no sabría decir si se puede entender, porque no se entiende que tanta gente apoye el hecho de tener el derecho de matar a un hijo en el seno de su madre. Pero... dicen que son los tiempos nuevos, aunque no tengan nada de bueno.
Pero, gracias a Dios que Dios no se deja llevar por las nuevas ideologías que salen de las mentes enfermas de pecado y que sólo piensan en su propio bien, y no piensan en el derecho a la vida que tiene toda persona desde el momento de su concepción, hasta su muerte natural. Solo hay derecho a la vida para quien tiene voz, pero no para los demás.
Volviendo a la palabra de Dios sabemos que las buenas madres nunca se olvidan de sus hijos, y Dios actúa de la misma manera, con corazón amoroso ante sus hijos, y, con una diferencia, es un gran pedagogo que nunca hará nada que pueda perjudicar la vida y la madurez de sus hijos. Por eso mismo, nos ha dado las indicaciones necesarias para poder caminar sin tropiezos, aunque sabiendo que siempre tropezaremos, nos ha dejado la gracia de la reconciliación para que volvamos a ponernos en pie y seguir caminando.
Digo que es un gran pedagogo porque nunca nos va a dar aquello que no sea necesario para nuestra madurez, para que podamos crecer sanos en el espíritu y fuertes para poder, como nos lo enseñó Su Unigénito, a vivir según Su Voluntad, pues Su Camino es el mejor sendero para alcanzar la Vida, y Vida en abundancia.
Muchas veces, como buenos hijos pequeños, nos renegamos y nos separamos del Padre porque creemos que no nos escucha, que no nos hace caso, que nos ha dejado de Su Mano, sin embargo, cuando miramos hacia atrás vamos a descubrir que lo que hemos alcanzado no ha sido por nuestra propia fuerza, sino que siempre ha estado Su Mano en nuestro caminar, pero siempre nos ha dejado dar el primer paso para que sepamos que sólo cuando confiamos en Su Providencia, sólo ahí Él nos dará la Gracia para continuar y alcanzar la meta que Él ha pensado para nuestra vida.
"En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro".
martes, 21 de marzo de 2023
En la aguas caudalosas
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente".
En la profecía de Ezequiel el agua que sale del Templo llegará hasta el mar de sal donde todo está muerto y al llegar saneará todo y todo quedará vivo y dará fruto. Esa agua del templo hace referencia al agua del bautismo que hemos recibido nosotros, y, que renovamos cada día en la Eucaristía. Una agua que nos hace a nosotros, los hijos de Dios, saneadores de la muerte que hay en el mundo.
No es que nosotros tengamos el poder de sanar o sanear las aguas del pecado, sino que la Gracia del Bautismo que hay en nosotros nos transforma para poder transformar el mundo con la Gracia de Dios. Por eso, cuanto más nos dejamos transformar por el Señor y su Espíritu, más podemos transformar el mundo en el que vivimos.
"El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado".
Poco a poco el Señor nos va llevando a las aguas más tempestuosas para que las inundemos con su Gracia, para que nuestra voz y nuestro ejemplo sirvan para llevar la Palabra y la Vida de Dios a todas partes. Pero no tenemos que tener miedo a que las aguas sean caudalosas porque la Gracia nos dará la fuerza para nadar contra la corriente del mundo, y, sobre todo, nos ayudará a contaminarnos (si no queremos) con su misma suciedad, pues el Espíritu seguirá purificándonos.
lunes, 20 de marzo de 2023
Esposo y padre fiel
De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero
Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión.
Ello se realizó de un modo eminente en la persona de san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
Si miramos la relación que tiene José con toda la Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mundo de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a san José, después de ella, una especial gratitud y reverencia.
Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que en él la dignidad patriarcal y profética alcanza el fruto prometido. Además, él es el único que poseyó corporalmente lo que la condescendencia divina había prometido a los patriarcas y a los profetas.
Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra, como un hijo con su padre, no se la ha negado en el cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.
Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al banquete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decirle: Pasa al banquete, para insinuar de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por todas partes, y que está sumergido en él como en un abismo infinito.
Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu esposa, que es madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por siglos infinitos. Amén.
domingo, 19 de marzo de 2023
Crees en el Hijo del hombre?
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.
No son pocos los que, en estos tiempos, no conocen, verdaderamente, a Jesús. Y, aunque no lo dicen en voz alta, pero seguramente se hacen la misma pregunta que el ciego a quien Jesús curó su ceguera: ¿y quién es para que crea en él? Pero hoy esa pregunta no se la hacen a Jesús, sino que nos la hacen a nosotros, sí, a cada uno de nosotros, que somos quienes decimos que lo conocemos, que lo seguimos, que queremos estar con Él. Y ¿cómo responderíamos a esa pregunta de la gente? ¿Cómo hacemos o qué decimos para que nos crean que Él es el Mesías el Salvador?
Jesús le respondió: “lo estás viendo”. ¿Podremos decir nosotros “lo estás viendo” en mi vida? Porque nuestra vida tiene que ser un reflejo de la vida de Jesús, o por lo menos eso intentamos, pero no nos tenemos que quedar en el intento, sino que tenemos que ponernos a vivir lo que Él vivió. Así es como se es cristiano, o como se debería ser cristiano: viviendo como vivió Cristo.
Claro que, en estos tiempos en que vivimos, nos vamos haciendo muy cercanos a las ideologías mundanas y se nos va perdiendo el horizonte de la vida cristiana: el evangelio. Y, sin querer nos vamos identificando más con el mundo que con el espíritu. Por eso, en este tiempo de cuaresma el Señor nos sigue insistiendo en nuestra conversión, y ¿qué mejor espejo para mirarnos y ver que no estamos bien que el mismo Jesús?
Seguramente que el mirarnos en Jesús vamos a descubrir muchos defectos, vamos a ver que nos falta mucho por caminar y mucho más por convertir, pero no tenemos que perder la esperanza porque el Señor nos ama y se entregó por nosotros, por eso no nos va a condenar, sino que nos va a dar su Espíritu, si se lo pedimos, para ayudarnos a convertir lo que todavía nos falta. Pero somos nosotros quienes tenemos que lavarnos los ojos del corazón con el agua de la confesión para poder caminar y convertir lo que aún nos falta, para que los hombres puedan ver en nosotros a Jesús.
sábado, 18 de marzo de 2023
Procuremos conocerlo
"Vamos a volver al Señor. Porque él ha desgarrado y él nos curará; él nos ha golpeado, y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir; viviremos en su presencia y comprenderemos.
Procuremos conocer al Señor".
Hay veces que las frases de la Biblia, en este caso del profeta Oseas, no tienen más explicaciones que lo que se ve, y, por eso me pareció que debíamos volver a leerla para ver qué nos dice a cada uno.
Vamos a volver al Señor. Ese es el punto ¿cuándo nos hemos ido del Señor? ¿Cuándo hemos dejado de lado a Dios en nuestras vidas? Si lo pensamos rápidamente, seguro que decimos ¡nunca! me he apartado del Señor. Pero si nos detenemos, como nos lo pide este tiempo de cuaresma, vamos a ver que tampoco hemos estado muy cerca del Señor en muchos momentos de la vida. ¿Por qué? Porque no siempre nos ponemos en Su Presencia para descubrir Su Voluntad, sino que, generalmente, vamos viviendo como podemos.
¿En el día a día o en el hora a hora, cuando nos preguntamos cuál es la Voluntad de Dios? ¿Cuándo nos preguntamos "este lo haría Jesús"? ¿Cuándo nos ponemos en manos de Dios para que Él nos guíe y nos ayude a hacer lo que le agrada? ¿Cuándo rezamos o meditamos su Palabra? Y puede que me surjan muchas más preguntas para hacernos, pero creo que con estas nos vamos a dar cuenta que es suficiente y que no siempre estamos junto al Señor.
Pero tenemos "suerte" porque Él nos Ama tanto que siempre está a nuestro lado y no es difícil volver a encontrarnos, si realmente lo queremos. Porque el Amor del Padre es tan grande que está a nuestra puerta para que le abramos y esté junto a nosotros. Claro es que la llave de la puerta de nuestra vida la tenemos nosotros, y sólo nosotros podemos abrir esa puerta para que entre Dios y se siente a nuestro lado y nos ayude a vivir Su Voluntad para nuestra vida.
Así, la última frase es la que también me ha gustado: procuremos conocer al Señor. Sí, porque seguramente no dejaremos entrar en nuestra casa a alguien a quien no conozcamos y por eso nos cuesta confiar en el Señor, o, por eso nos cuesta dejarlo entrar en mi vida. Pero cuando lo conozcamos, verdaderamente, conoceremos sus intenciones y sabremos que todo lo que quiere para nosotros es lo mejor y nunca va a querer algo que no nos haga felices y plenos, porque lo que Él quiere es que alcancemos la plenitud de nuestra vida.
viernes, 17 de marzo de 2023
El misterio de la vida
De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job
El venerable Job, figura de la Iglesia, unas veces habla en nombre del cuerpo, otras en nombre de la cabeza; y, así, a veces está hablando de los miembros y, súbitamente, toma las palabras de la cabeza. Por esto dice: Todo esto lo he sufrido aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.
Sin que hubiera violencia en sus manos, en efecto, sufrió aquel que no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, y sin embargo padeció por nuestra redención los dolores de la cruz. Él fue el único que dirigió a Dios una oración sincera, ya que en medio de los sufrimientos de su pasión oró al Padre, diciendo: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.
¿Se puede, en efecto, pronunciar o pensar una oración más sincera que ésta, por la cual intercede por los mismos que lo atormentan? De ahí deriva el hecho de que la sangre de nuestro Redentor, derramada por la furia de sus perseguidores, se convirtiera luego en fuente de vida para los creyentes, los cuales lo proclamarían Hijo de Dios.
Con respecto a esta sangre, añade con razón el libro santo: ¡Tierra, no cubras mi sangre, no encierres mi demanda de justicia! Al hombre pecador se le había dicho: Eres tierra y a la tierra volverás.
Pero esta tierra no sorbió la sangre de nuestro Redentor, pues cualquier pecador, al beber el precio de su redención, lo confiesa y proclama, y así se hace patente a todos su valor.
La tierra no sorbió su sangre, pues la santa Iglesia ha predicado ya en todas partes el misterio de su redención. Es digno de notarse también lo que sigue: No encierres mi demanda de justicia. La misma sangre redentora que bebemos, en efecto, es la demanda de justicia de nuestro Redentor. Por eso dice Pablo: Os habéis acercado a la aspersión de una sangre que habla mejor que la de Abel. De la sangre de Abel se había dicho: La sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra.
Pero la sangre de Jesús habla mejor que la de Abel, pues la sangre de Abel pedía la muerte del hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor impetró la vida para sus perseguidores.
Por tanto, para que dé su fruto en nosotros el sacramento de la pasión del Señor, debemos imitar aquello que bebemos, y anunciar a los demás aquello que veneramos.
Pues su demanda de justicia quedaría oculta en nosotros, si nuestra lengua callara lo que cree nuestra mente. Para que su demanda de justicia no quede oculta en nosotros, sólo falta que cada uno de nosotros, a medida de sus posibilidades, dé a conocer a los demás el misterio de su vivificación.
jueves, 16 de marzo de 2023
Volvamos a la Verdad
"Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo irá bien.”
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón.
Me dieron la espalda y no la cara".
“Está es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”.
Creo que, como dice la carta a los Hebreos: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón". Porque nunca han sonado tan justas y a tiempo estas palabras de Dios por medio del Profeta Jeremías: le hemos dado vuelta la espalda a Dios, y, lo peor es que nos creemos, todavía, los verdaderos dioses de nuestras vidas y de la vida de los demás.
La Verdad ha desaparecido de la vida del mundo porque cada uno creemos que tenemos la verdad, y sin embargo son todas mentiras que nos vamos fabricando en base a nuevas ideologías que van surgiendo de las cabezas vacías de mucha gente.
Pero, lo más peligroso es que los que se creen los mejores cristianos se crean esas mentiras que el Príncipe de este mundo va sembrando, y, quieran, imponerlas en todo el Pueblo de Dios.
"Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa".
Es lo que va sembrando el Príncipe de este mundo, la división entre la gente de la misma casa, del mismo Pueblo, y así va ganando terreno, mentira tras mentira, y los que eran fieles al Señor hoy le van dando vuelta la cara y siguiendo enseñanzas que no son para nada ni cercanas al Evangelio predicado por Jesús.
¿Cómo parar esa rueda de mentiras que quieren convertir en verdades? ¿Como detenerlo? Sólo hay un camino: Yo soy el Camino. Sólo hay una Verdad: Yo soy la Verdad. Jesús es, para los que creemos en Él, nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, no dejemos que falsas verdades nos hagan abandonar ese Camino y esa Verdad, pues si lo abandonamos no alcanzaremos la Vida que Él nos prometió.
miércoles, 15 de marzo de 2023
Elegir el camino
Cuando Moisés recibió los mandamientos, le dijo al Pueblo de Israel de parte de Dios:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.
Y Jesús le decía al Pueblo de Israel y nos dice a nosotros (pues la Palabra de Dios es eterna):
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Y ahora ¿quienes somos nosotros para querer modificar la Palabra de Dios y cambiar sus mandatos de acuerdo a las ideologías de cada tiempo? No, no es posible por que así nos los dice el Señor.
A veces te encuentras con cristianos que son reticentes a la Palabra de Dios, pero se consideran grandes cristianos y más cristianos que otros, pero no viven la Palabra de Dios, y no cumplen los mandamientos de Dios. Pero, como lo que hacen es "ponernos la vida más fácil" entonces los seguimos como si fueran los salvadores del mundo, y, si leemos bien las palabras de Jesús y de Moisés nos llevan por el camino de la perdición.
Seguro que no es fácil vivir las exigencias del evangelio, eso lo sabemos, pero ya Jesús nos lo advirtió: "la puerta es estrecha y el camino angosto para entrar en el Reino de los Cielos".
Somos nosotros los que elegimos el destino y el camino, y no podemos elegir el camino de la perdición si queremos entrar al Reino de los Cielos.
martes, 14 de marzo de 2023
Aprender a perdonar de corazón
"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Hay ciertas partes del Evangelio que no nos gusta leer o que no nos gusta querer creer porque nos parecen demasiado exigentes para nuestra vida. Y una de ellas es esta parábola del Perdón a los hermanos que nos ofrece Jesús. Que va unida, claro está, a el Padre nuestro: "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofende", y cuando Él nos lo enseñaba nos decía: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas".
Y aquí habría que hacer alguna aclaración.
Es cierto que, en algunos casos, no es fácil perdonar. Somos humanos y tenemos la espina del pecado en nosotros que no nos deja hacer todo el bien que queremos. Es cierto.
Pero, también es cierto que tenemos en nosotros el Espíritu Santo que nos indica y nos pide que hagamos lo que el Padre nos pide y, en este caso, el Padre nos pide que perdonemos como Él nos perdona.
También es cierto que para poder perdonar a alguien, ese alguien tiene que venir a pedir perdón, pues no puedo perdonar a nadie que no esté arrepentido del daño que ha hecho o causado.
Y ¿entonces qué hago? Por eso nos dice el Señor: perdonar de corazón. Mi corazón tiene que estar fortalecido por la Gracia para que el perdón esté siempre disponible para quien me lo pida, pues así no guardaré rencores en mi corazón, pues esos rencores que se van acumulando van creciendo y terminarán convirtiéndose en odio hacia alguien. Y eso es totalmente lo contrario que el Padre quiere de nosotros.
Tal es así que debemos, en nuestra oración cotidiana, pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a madurar en el amor, pues para poder perdonar como el Padre me perdona tenemos que amar como el Padre nos ama, y eso es mucho decir, pero con la ayuda del Espíritu podremos lograrlo.
Lo importante, siempre, es no guardar rencor en el corazón pues eso nos lleva a la venganza y al odio, sino que seguir insistiéndole al Espíritu Santo para que nos anime y fortalezca para perdonar de corazón las ofensas que nos hacen, para que, también podamos ser perdonados, porque no hay mayor alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente y vive, y cuando aprendemos a perdonar de corazón, somos esos pecadores arrepentidos que dan gracias a Dios por habernos dado su Amor para poder perdonar.
lunes, 13 de marzo de 2023
Las pequeñas cosas
"Dándose la vuelta, se marcho furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle:
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio!”»
Bajó, pues, y se baño en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio".
Hay veces que creemos que sólo los actos extraordinarios son los que nos hacen mejores, sin embargo, los pequeños actos realizados con mucho amor son los mayores logros de nuestras vidas. Por eso el Señor nos pide hacer pequeños sacrificios pero con mucho amor, pues es así como se ganan las almas para Dios, y es así como se puede llegar mejor al corazón de los demás.
Los hechos extraordinarios son eso extraordinarios, pero lo ordinario, lo de todos los días son los que nos demuestran quién es quien, y ahí está la verdad de cada uno: como habla, como se mueve, con quien camina, a quien ayuda, los actos de cada día hablan de nosotros. Y esas son las pequeñas grandes cosas que van haciéndonos cada día mejores, más santos. Como decía santa Teresita (que nunca me canso de repetirlo) "hacer extraordinarias las cosas ordinarias, y sobrenaturales las naturales". Y ¿cuál es el ingrediente para hacerlas extraordinarias y sobre naturales? Por un lado el amor hace todo extraordinario, pues lo hago por amor al otro, no por a mí, sino por amor a mi hermano, sea quien sea. Y, por otro lado, cuando lo hago porque es la Voluntad de mi Padre, las hago sobrenaturales, porque sé que es Su Voluntad y se las ofrezco a Él para que, con su Gracia, puede hacer las cosas para mayor gloria de Él.
Así, muchas veces, Dios nos pide grandes exigencias pero en las cosas más pequeñas de la vida, y es ahí donde se demuestra si soy Fiel o no, porque es en esas pequeñas cosas de todos los días donde voy fortaleciendo mi espíritu y mi entrega, para que, cuando llegue la hora en que me pida algo extraordinario pueda estar preparado para poder hacerlo, aunque me cueste, como al Señor, lágrimas de sangre.
Sí, sabemos que nuestra vida en manos de Dios puede que no sea como yo lo haya pensado, pero seguro que será lo mejor para mí, aunque, muchas veces, no esté de acuerdo con lo que el Señor me pida, pero Él me dará su Gracia para poder hacerlo.
domingo, 12 de marzo de 2023
En espíritu y verdad
“Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad”.
¿Qué es adorar a Dios en espíritu y verdad? Acabo de preguntármelo y por eso voy a intentar respondérmelo, porque, a decir verdad, no lo había pensado. Sabemos muy bien qué es adorar a Dios, pues muchas veces nos hemos puesto frente al Sagrario o frene a la Custodia con el Santísimo Sacramento y lo hemos adorado. Nuestro espíritu, nuestro corazón buscan ese momento para alimentarse del silencio de nuestro Dios, y lo hacemos con confianza y cercanía, pues sabemos que ahí está nuestro Dios y Señor.
Pero ¿qué es adorarlo en verdad? Supongo que será abrir el corazón de par en par (en canal como suele decirse) para dejarnos purificar por el Amor de Dios, un Amor que limpia nuestra alma de las impurezas del pecado y nos llama a una sincera conversión. Sí, a una sincera conversión para que podamos dejarnos, otra vez, llenar por Su Amor para que podamos, como Él llevarlo a cuantos lo necesiten.
La Verdad, que es Jesús, nos interpela cuando lo adoramos, pero más cuando dejamos que esa Verdad, su Palabra, nos ayude a descubrir nuestras fallas y pecados, y nos oriente hacia la Verdadera Vida cristiana. Sí, hacia la verdadera vida cristiana pues, muchas ves, nos dejamos llevar por las corrientes e ideas del mundo y vamos aceptando estilos de vida que son muy diferentes a los que el Evangelio nos pide vivir. O, mejor dicho, estilos de vida que son muy lejanos a los que Jesús quiere que vivamos y a lo que Él vivió.
Nos dejamos llevar por las modas mundanas y como no hacemos nada malo, creemos que lo hacemos todo bien, sin embargo, lo que no hacemos es “hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el Cielo”, y ése es el Camino que Dios quiere para nosotros.
Por eso adorarlo en espíritu y en verdad: que Él fortalezca nuestro espíritu para que podamos vivir verdaderamente una vida cristiana, iluminada por el espíritu de Cristo y viviendo unido a Cristo en la Verdad y el Amor, para ser verdaderos testigos del Evangelio.
sábado, 11 de marzo de 2023
El abrazo del perdón
"Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo".
Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".
Reconocer nuestros pecados y debilidades, no es una muestra de debilidad, ni nos tiene que dar vergüenza porque El Padre sabe de qué madera estamos hechos y conoce lo profundo de nuestro corazón más que nosotros mismos. Pero es necesario para nosotros poder abrir el corazón y reconocer en voz alta lo que hemos hecho porque así podemos estar libres de nosotros mismos y recomenzar un camino que habíamos dejado de recorrer.
Pero, sobre todo, la imagen del abrazo del Padre al hijo que ha vuelto es lo más hermoso de una verdadera conversión, pues El Padre nunca nos reprochará el habernos ido, sino que se alegrará de haber regresado. Y ahí esta el valor de la conversión: en la fuerza que se ha necesitado para volver al camino que, por una u otra causa, habíamos dejado de recorrer.
Es por ello que necesitamos siempre una verdadera confesión de nuestros pecados. Pero una confesión donde podamos hablar y contarle al Señor, en la persona del sacerdote, lo que hemos hecho, cómo hemos metido la pata y cómo nos arrepentimos de haber dejado de lado a Dios y movernos por nuestros propios instintos.
La confesión sacramental es el momento más hermoso de nuestras vidas, porque es el momento en el que podemos hablar con Jesús cara a cara, corazón a corazón y que Él pueda sanar (porque ha sido Su Voluntad) nuestros corazones por las palabras de la absolución sacramental. Sentir en ese momento el abrazo del Padre que nos consuela y nos reconforta, saber que Él borrará de ese modo las manchas de nuestro pecado y nos dejará un corazón "blanco como la nieve" aunque nuestro pecados hayan sido "rojos como la grana".
Son los misterios de los sacramentos que, muchas veces, no valoramos y que los tenemos ahí para nuestro bien y nuestra fortaleza, pero que, como el hijo mayor, no usamos porque no los pedimos y nos quedamos, a veces, celando a quienes tienen la fortaleza y la voluntad de poder usarlos para el bien de sus almas.
jueves, 9 de marzo de 2023
Riqueza o pobreza, esa es la cuestión...
Para muchos que se creen sabios al leer la parábola del rico y del pobre Lázaro nos hacen ver que sólo los ricos materiales van a ir al infierno (si es que creen que existe, y existe en verdad, aunque no lo crean) sólo por tener muchos bienes materiales. Y, en realidad esa es una parte de la parábola, porque Jesús no sólo se refiere a la riqueza material, sino a toda clase de riquezas: intelectual, espiritual, o cualquier otra si la hubiera, porque en realidad tiene en cuenta lo que dice el Señor por medio del profeta Jeremías:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita".
Algunos tenemos tanta confianza en nosotros mismos, y nos enorgullecemos de lo que somos, a veces intelectualmente, otras espiritualmente, que nos olvidamos de los demás, es más a los demás los consideramos menos que nosotros, y nos pasamos la vida mirándonos el ombligo y creyendo que somos el centro del mundo por lo bueno y santos que somos.
Hay una riqueza, en cada uno, que cuando no se abandona nos va absorbiendo de tal manera que nos impide mirar la necesidad de nuestros hermanos. Tal es así que, muchas veces, nuestras propias cruces, que tendrían que ser causa de santificación y humildad, nos impiden mirar hacia el hermano que nos necesita, porque estoy tan metido en mi propio dolor que no puedo ocuparme del otro.
Al ir escribiendo esto vino a mi cabeza una oración de Santa Madre Teresa de Calcuta:
"Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo".
Ésta es la verdadera pobreza de espíritu que nos hará ricos en Gracia para seguir dando a todos lo que el Señor nos da.
miércoles, 8 de marzo de 2023
Podremos?
"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
¿Por qué o para qué vamos a Dios?
A veces parece que a Dios sólo vamos para pedir, para que nos conceda lo que queramos, como si fuera el supermercado de nuestras necesidades materiales, físicas y espirituales. Y, otras muchas veces, vemos cómo otros se acercan a Dios para hacerse de una fama, de un lugar, de un poder.
Es una pena que los cristianos no hayamos podido entender el mensaje de Cristo, como le sucedió a la madre de los Zebedeos, que sólo venía a buscar un lugar de privilegio para sus hijos, sin haber entendido el verdadero mensaje que Jesús les estaba dando, y el futuro que Él esta narrando.
"Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Y esa es la pregunta que nos tendríamos que hacer antes de decidirnos a ser cristianos: ¿podremos beber el cáliz que Jesús ha bebido?
¿Podremos ser fieles a Dios sin buscar un lugar de privilegio a su lado?
¿Podremos vivir la Voluntad de Dios dejando de lado nuestro apetito de poder y de mandar?
¿Podremos cada día ser Fieles a Dios sin buscar nada a cambio?
Seguro que nuestra respuesta, como los hijos de Zebedeo, puede ser ¡Sí, podemos!, pero es una respuesta rápida y seguramente, sale, como la de ellos, del orgullo de no querer quedar mal ante los demás. Pero cuando nos pongamos a pensar en las exigencias verdaderas del Evangelio, podremos llegar a pensar que no podemos vivir esas exigencias.
O, en algunos casos, como dicen muchos: esas cosas son exigencias antiguas que ya no se usan en el siglo XXI.
Y, sin embargo, es cierto, las exigencias del Evangelio no podemos vivirlas, no podemos llegar a vivir todo lo que Jesús vivió si lo hacemos por nuestros propios medios.
Por eso mismo Jesús nos dijo: Sin Mí no podéis hacer nada. Y así es, sin Él no podemos vivir las exigencias del Evangelio, sin Su Gracia no podemos beber el cáliz que Él bebió, por eso necesitamos de una relación sincera, desinteresada y constante con nuestro Dios y Señor, para que Su Gracia esté en nosotros y así podamos llegar a ser lo que Dios ha pensado de nosotros, y compartir con Jesús su misión en este mundo, porque:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
martes, 7 de marzo de 2023
Mira sólo a Jesús
Hoy me ha quedado dando vueltas en la cabeza una estrofa del Salmo:
"¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?".
Sí, porque recitamos muchas oraciones, inclusive el Padre nuestro, o decimos que somos cristianos, incluso muchos llevan la cruz al cuello, en las orejas o en otra parte del cuerpo, pero no queremos vivir los mandamientos de Dios, ni las exigencias del Evangelio, sino que lo que queremos vivir es el evangelio del mundo, es decir: lo que nos da la gana.
Por eso mismo el Señor le decía a la gente de Sodoma, y nos lo dice a nosotros en este tiempo de cuaresma, y en todos los tiempos:
"Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.
Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien".
Cada día que pasa tenemos que seguir aprendiendo a hacer el bien, pero no sólo el bien como lo ve el mundo: "no hago nada malo, entonces voy bien", no. El bien que nos pide el Señor es el Camino del Bien, con mayúsculas, es decir, a nosotros que somos del Nuevo Testamento, es vivir en el Camino que es Cristo, y el Bien para Jesús era hacer la Voluntad del Padre, vivir de acuerdo a lo que el Padre quiere.
Así, San Agustín (o algún otro santo) nos decía: "el mal es mal aunque todos lo hagan, y el bien es bien aunque nadie quiera hacerlo".
Para nosotros, cristianos del siglo XXI, hemos de ver cuál es la Voluntad de Dios, aunque para el mundo suene a antiguo o a rancio, pero es lo que nos enseñó Jesús, Cristo, y por eso nos llamamos cristianos: porque queremos vivir como Cristo, o por lo menos, lo que Él nos ha enseñado con su vida.
Quizás muchos tengamos la excusa de que los que lo predican no lo hacen, pero no me tiene que interesar lo que otros hagan o dejen de hacer, porque al final la pregunta en el examen final va a ser hecha a mí personalmente y no puedo responder por lo que hacen o dejan de hacer otros, sino por lo que hice o dejar de hacer yo mismo. Por eso dice el Señor:
"En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar".
Así nuestro referente principal es Jesús, y no aquellos que hemos sido llamados a llevar el evangelio al mundo (aunque tendríamos que ser el mejor ejemplo) porque, lamentablemente, todos al ser humanos llevamos con nosotros la espina del pecado, y, como todos tenemos errores, tropiezos y caídas. Y, gracias a Dios, Jesús dijo de sí mismo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sino es por Mí.
Los demás somos instrumentos de Él, instrumentos que deben alcanzar la perfección en el amor, la perfección en el vivir la Voluntad de Dios. Por eso, mirar a los demás cómo viven no nos ayudará a ser fieles, sino mirarlo a Jesús y pedir la Gracia del Espíritu para seguir sus huellas, es lo que nos hará encontrar el Camino para ser Fieles a la Vida.
lunes, 6 de marzo de 2023
Verdadero arrepentimiento
"Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos.
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra".
Reconocer nuestros errores y pecados no es un acto de debilidad, sino de fortaleza, pues al reconocerlos e intentar convertirnos de nuestros errores y pecados, nos vamos fortaleciendo, creciendo y madurando en la fe. Cuando somos capaces de reconocer nuestros pecados Dios nos da la Gracia necesaria para el arrepentimiento, pues es necesario para dar el paso de la conversión el arrepentirnos de nuestros pecados y querer subsanar las heridas causadas por nuestros actos u omisiones.
De nada nos sirve decir "yo pecador" si, realmente, no hay un arrepentimiento sincero y un dolor por los pecados cometidos, pues sólo así puedo llegar a la conversión. De lo contrario son sólo palabras vacías que no nos dejan crecer ni madurar, sino que son sólo una máscara de arrepentidos pero nada de conversión habrá en el corazón.
"Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas".
Poner la confianza en el Amor del Padre es lo que nos permite alcanzar la humildad necesaria para el verdadero arrepentimiento, pues sabemos que el Padre no quiere "ni sacrificios expiatorios ni holocaustos" sino que busca un "corazón contrito y humillado" al que brindarle todo su Amor y Fortaleza para que vuelva al camino de la santidad.
Por eso Jesús nos exige, cada día, dar un paso más en la relación con los hermanos y nos hace ver que cada acto de nuestra parte siempre será recompensado o no por nuestro Padre y los hermanos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Camino difícil, muchas veces, pero no imposible con la Gracia de Dios, por eso necesitamos, siempre, el verdadero arrepentimiento y el deseo de conversión para seguir intentando alcanzar la perfección que el Padre quiere de nosotros, perfección en el amor.
domingo, 5 de marzo de 2023
Subir al monte de la Eucaristía
"Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Subir al Monte de la Transfiguración fue un gran “regalo” del Señor para los apóstoles: poder ver y contemplar a Jesús transfigurado, y escuchar la Voz del Padre, tiene que haber sido para ellos un momento que marcó para siempre sus corazones, una imagen retenida no sólo en sus ojos sino en el corazón, pues ver la divinidad de Jesús no tiene que haber sido algo que se borre tan fácilmente.
Así, también, nos puede suceder a nosotros si subimos al Monte de la Transfiguración: el altar de la Eucaristía. Sí, es ahí, en el altar donde Jesús se transfigura, es decir, se produce el milagro de la transubstanciación, donde el Pan se convierte en Su Cuerpo y el Vino en Su Sangre, y así Jesús Vivo se hace presente en el Monte del Altar para venir a nuestras vidas, para dársenos como no lo hizo en ese momento con los apóstoles, pues lo podemos recibir como Alimento Verdadero en la Eucaristía.
Pero no sólo podemos estar junto a Jesús en el Monte del Altar, sino que también podemos escuchar la Voz del Padre que nos hablar por medio de las Sagradas Escrituras y que, una y otra vez, no s vuelve a decir: ¡Este es mi Hijo! Escuchadle. No es la Voz de una persona humana la que escuchamos en le liturgia de la Palabra, sino que es la Voz de Dios quien viene a ayudarnos a comprender los misterios de nuestra vida cristiana, y a iluminar nuestro caminar hacia la Casa del Cielo.
Y claro, así como a los apóstoles, Jesús nos toma de la mano y nos baja del Monte para que, ahora sí, vayamos y demos testimonio de lo que hemos visto y creído, de lo que intentamos, con la ayuda del Espíritu Santo, vivir cada día: la vocación a la santidad, que es lo que el Padre quiere de nosotros, y para lo que el Señor se nos da en la Eucaristía. No sólo nos habla y nos alimenta, sino que lo hacen para que fortalecidos en el espíritu vayamos a transformar el mundo con nuestro testimonio cristiano.
sábado, 4 de marzo de 2023
Perfectos y santos en el amor
"Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos".
Hemos sido nosotros quienes hemos elegido al Señor, seguramente porque Él nos eligió primero, pero después hemos decidido seguirlo. Por eso al tomar una decisión en nuestras vidas de ser Pueblo de Dios, hemos de vivir de acuerdo a las Leyes de ese Pueblo, hemos de vivir de acuerdo a lo que Él me diga, pues he elegido ser de "su propiedad". Una elección que en cualquier momento puedo dejar de tomar y decidirme por vivir otra cosa, pero, mientras tanto, tengo que aceptar la Voluntad de Aquél a quien he elegido.
Conocer a Dios Padre y a su Hijo, Nuestro Señor, han de ser las primeras cosas que tendríamos que hacer antes de tomar una decisión de ser pertenencia de ellos, para que así cuando nos presenten el camino a recorrer no digamos ¡ah no! eso yo no lo sabía. Sin embargo el Padre le fue dando la información necesaria al Pueblo para que tomara esa decisión, y así, fue como el Pueblo de Israel aceptó ser Pueblo de Dios.
En nuestra vida ha de suceder lo mismo. Cuando Jesús nos invita a seguirlo nos dice: "quien quiera venir detrás de mí", no hay una exigencia de seguirlo, sino una invitación. Y es una invitación con condiciones: "quien quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día, y sígame".
Las condiciones para seguirlo han sido claras desde el principio, porque sabía que si no renunciábamos a nosotros mismos no podríamos aceptar lo que Él nos iba a proponer: "sed santos como vuestro Padre celestial es santo", "sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".
El ideal de vida que nos exige el evangelio no es un ideal simple y de fácil alcance, sino que nos llevará toda la vida alcanzarlo y solamente en la vida eterna lo veremos plenificado. Ahora nos toca en este caminar en la tierra vivir ese Ideal como Jesús nos lo ha ido planteando: la perfección y la santidad en el amor verdadero, porque si amamos como aman los que no tienen fe ¿qué mérito tenemos? Por eso nos dijo: "amaos como YO os he amado".
viernes, 3 de marzo de 2023
Espejo de la caridad
Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad
La perfección de la caridad consiste en el amor a los enemigos. A ello nada nos anima tanto como la consideración de aquella admirable paciencia con que el más bello de los hombres ofreció su rostro, lleno de hermosura, a los salivazos de los malvados; sus ojos, cuya mirada gobierna el universo, al velo con que se los taparon los inicuos; su espalda a los azotes; su cabeza, venerada por los principados y potestades, a la crueldad de las espinas; toda su persona a los oprobios e injurias; aquella admirable paciencia, finalmente, con que soportó la cruz, los clavos, la lanzada, la hiel y el vinagre, todo ello con dulzura, con mansedumbre, con serenidad. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
¿Quién, al oír aquellas palabras, llenas de dulzura, de amor, de inmutable serenidad: Padre, perdónalos, no se decide al momento a amar de corazón a sus enemigos? Padre —dice—, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?
Hizo más aún: le pareció poco orar; quiso también excusar. «Padre —dijo—, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Su pecado ciertamente es muy grande, pero su conocimiento de causa muy pequeño; por eso, Padre, perdónalos. Me crucifican, es verdad, pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Ellos me creen un transgresor de la ley, un usurpador de la divinidad, un seductor del pueblo. Les he ocultado mi faz, no han conocido mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
Por tanto, que el amor del hombre a sí mismo no se deje corromper por las apetencias de la carne. Para no sucumbir a ellas, que tienda con todo su afecto a la mansedumbre de la carne del Señor. Más aún, para que repose de un modo más perfecto y suave en el gozo del amor fraterno, que estreche también a sus enemigos con los brazos de un amor verdadero.
Y, para que este fuego divino no se enfríe por el impacto de las injurias, que mire siempre, con los ojos de su espíritu, la serena paciencia de su amado Señor y Salvador.
jueves, 2 de marzo de 2023
Imitad su caridad
De las Homilías de san Asterio de Amasea, obispo
Si queréis asemejaros a Dios, puesto que habéis sido hechos a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, nombre que en sí mismo implica la bondad, imitad el amor de Cristo.
Considerad las riquezas de su bondad, ya que, queriendo venir a los hombres haciéndose él mismo hombre, envió ante sí a Juan, como pregonero y ejemplo de penitencia, y, antes de Juan, a todos los profetas, los cuales exhortaban a los hombres a que se arrepintieran, a que volvieran a la vida, a que se enmendaran.
Luego, al venir él en persona, clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba: el Hijo los santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia.
¿Qué se siguió de ahí? El que antes era enemigo se convirtió en amigo, el que era un extraño en hijo, el que era profano en sagrado y santo.
Imitemos el estilo del Señor en su manera de apacentar; meditemos los evangelios y, viendo en ellos, como en un espejo, su ejemplo de diligencia y benignidad, aprenderemos a fondo estas virtudes.
En ellos, en efecto, encontramos descrito, con un lenguaje parabólico y misterioso, a un hombre, pastor de cien ovejas, el cual, cuando una de las cien se separó del rebaño e iba errando descarriada, no se quedó con las demás que continuaban paciendo ordenadamente, sino que se marchó a buscar a la descarriada, atravesando valles y desfiladeros, subiendo montes altos y escarpados, pasando por desiertos, y así le fue siguiendo la pista con gran fatiga, hasta que la halló errante.
Una vez hallada, no le dio de azotes, ni la hizo volver con prisas y a empujones al rebaño, sino que la cargó sobre sus hombros y, tratándola suavemente, la llevó al rebaño, con una alegría mayor por aquella sola que había encontrado que por la muchedumbre de las demás. Reflexionemos sobre el significado de este hecho, envuelto en la oscuridad de una semejanza. Esta oveja y este pastor no significan simplemente una oveja y un pastor cualquiera, sino algo más profundo.
En estos ejemplos se esconde una enseñanza sagrada. En ellos se nos advierte que no tengamos nunca a nadie por perdido sin remedio y que, cuando alguien se halle en peligro, no seamos negligentes o remisos en prestarle ayuda, sino que a los que se han desviado de la recta conducta los volvamos al buen camino, nos alegremos de su vuelta y los agreguemos a la muchedumbre de los que viven recta y piadosamente.
miércoles, 1 de marzo de 2023
Rasgar el corazón
"Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
Como toda la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, sigue siendo válida después de 2000 años para el día de hoy. Vivimos en un tiempo donde, muchos, somos como los paisanos de Jesús que seguimos pidiendo signos al Señor para poder creer en Él, para poder convertirnos, y, sin embargo, los Ninivitas se convirtieron con la sola palabra de Jonás y salvaron a su país.
Nosotros tenemos más que los Ninivitas, porque tenemos y creemos en la Palabra de Dios, creemos en Cristo y creemos en Su Palabra, pero seguimos sin convertirnos al Evangelio. Seguimos, en muchos casos, viviendo un triste cristianismo que no tiene nada que ver con la vida de Jesús, sino que hemos ido "agregando" o reemplazando las exigencias del Evangelio por los gustos del mundo, por las ideologías modernas que nos permiten vivir un fariseísmo religioso que nada tiene que ver con lo que Jesús nos ha ido pidiendo.
Aunque, todos los días, seguimos diciendo: ¡hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo!, pero no lo hacemos, porque, en definitiva, no nos hemos preguntado cuál es Su Voluntad. Creemos que porque somos buenos y no hacemos (demasiadas) maldades, entonces estamos haciendo lo que Dios quiere. Y no es así, porque no hemos hecho lo primero que Jesús nos ha pedido: "niégate a ti mismo".
Al escuchar la palabra de Jonás los Ninivitas, desde su rey hasta el último animal recién parido, se vistieron de sayal y cenizas para cambiar su corazón y aplacar la ira de Dios. Hoy sabemos que la ira del Señor ha sido aplacada gracias a la Sangre derramada de Jesús en la Cruz, y, por eso, quizás, vivimos tranquilos sabiendo que Dios no nos castigará, pero no nos damos cuenta que los únicos que nos castigamos somos nosotros mismos porque nos vamos, poco a poco, alejando de la Verdad del Evangelio porque no convertimos nuestro corazón, sino que sólo rasgamos nuestras vestiduras.
"Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias".