El último día del año siempre nos invita a hacer balance de lo que han sido estos 12 meses de vida y de entrega, de fidelidad a Dios. Pero hoy no tengo ganas de hacer balances porque no puedo poner en una báscula lo bueno y lo malo, ni tampoco puedo hacer dos columnas de ingresos y egresos, sino que tengo que abrir el corazón a Dios para dar Gracias por lo que me ha permitido vivir y por lo que ha querido que viva.
Sí, hay veces que Él permite que viva ciertas situaciones y nos da la Gracia para que podamos resolverlas de la mejor manera, sabiendo que siempre Su Misericordia cubrirá y sanará las heridas que esos momentos cuasen.
Pero hay otras veces que es Él mismo quien nos llelva a determinados lugares y situaciones, y que si nos dejamos guiar nada tenemos que hacer sino dejarnos conducir pues Él es quien se encarga de todo.
Y, por otro lado, tengo que abrir el corazón con sencillez y humildad para pedirle perdón. Perdón por todo lo que no hice y por lo que hice mal, que no son pocas cosas, sino que es la mayor parte de lo que hago por mi cuenta sin ponerme a pensar en lo que Dios quiere, en cuál es Su Voluntad, y, por eso, las cosas salen como salen, y duran lo que duran, porque no están avaladas por Su Gracia ni su Espíritu está en ellas.
Y, a la vez que pienso en mis errores y mi pecado, voy descubriendo que siempre, a pesar de todo, su Amor sigue en mí, que su Misericordia sigue acompañando mi vida y mi hacer, pues, cada día, intento ser Fiel a la Vida que Él me ha dado y que me pide que viva.
No es fácil, ni para mí ni para ningún cristiano verdadero, vivir en estos tiempo y ser completamente fiel a Dios, pues los tiempos, a veces, no nos dejan pensar en lo que Dios quiere, y nos llevan sólo a pensar qué es lo que yo quiero y cómo lo haría.
Es cierto no somos grandes pecadores, pero sí tenemos grandes omisiones cuando no lo dejamos al Señor ser el Señor de nuestras vidas. Y por eso también hay que dar Gracias, porque los errores y las faltas nos ayudan a crecer, y si todo eso lo ponemos en Sus Manos para que sea Él quien purifique, sane y convierta, todo eso se transforma en sabiduría en nuestras vidas.
Saber pedir perdón, aprender de los errores, es el mejor camino para crecer, para madurar, para confiar y, sobre todo, alcanzar la madurez de la humildad de saber que no somos quienes nos creemos, sino que simplemente estamos queriendo aprender (lo que nos va a llevar toda la vida) ser perfectos como el Padre nos soñó, pero no perfectos en lo intelecutal, sino perfectos en el amor, pues es el único singo de que, realmente, somos hijos de Dios.
Por eso y por tantas otras cosas más, por los Dones que Él nos dió, por los errores que hemos cometido, por las vitudes y los defectos, por las lágrimas y las sonrisas, por las noches oscuras y los días de sol, por los amigos y los enemigos, por los que nos quieren y por los que nos dan vuelta la cara, por los que nos felicitan y por los que ponen palos en la rueda, por los días duenos y por los malos, hoy, al final de este 2022 te doy gracias Señor, desde la pequeñez de mi vida porque sólo se que sin Tí nada sería posible, y que contigo todo se hace más liviano y llevadero porque sólo Tú eres el Señor de nuestras vidas y a Tí y en Tí todo es posible, porque Tú eres el Señor de la Historia, y de mi historia.
sábado, 31 de diciembre de 2022
En el último día...
jueves, 29 de diciembre de 2022
Se nos dio la plenitud en la Divinidad
De los Sermones de san Bernardo, abad
Dios, nuestro Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Demos gracias a Dios, pues por él abunda nuestro consuelo en esta nuestra peregrinación, en este nuestro destierro, en esta vida tan llena aún de miserias.
Antes de que apareciera la humanidad de nuestro Salvador, la misericordia de Dios estaba oculta; existía ya, sin duda, desde el principio, pues la misericordia del Señor es eterna, pero al hombre le era imposible conocer su magnitud. Ya había sido prometida, pero el mundo aún no la había experimentado y por eso eran muchos los que no creían en ella. Dios había hablado, ciertamente, de muchas maneras por ministerio de los profetas. Y había dicho: Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción. Pero, con todo, ¿qué podía responder el hombre, que únicamente experimentaba la aflicción y no la paz? «¿Hasta cuándo -pensaba- iréis anunciando: "Paz, paz", cuando no hay paz?» Por ello los mismos mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién ha dado fe a nuestra predicación? Pero ahora, en cambio, los hombres pueden creer, por lo menos, lo que ya contemplan sus ojos; ahora los testimonios de Dios se han hecho sobremanera dignos de fe, pues, para que este testimonio fuera visible, incluso a los que tienen la vista enferma, el Señor le ha puesto su tienda al sol.
Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es diferida, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está ya totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos. Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán que antes de la culpa era inocente.
¿Qué cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? ¿Qué amor puede ser más grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba débil del campo? Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de él. No te preguntes ya, oh hombre, por qué tienes que sufrir tú; pregúntate más bien por qué sufrió él. De lo que quiso sufrir por ti puedes deducir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostró en el amor que te tiene, y cuanto más se anonadó por nosotros, tanto más digno es de nuestro amor. Dios, nuestro salvador —dice el Apóstol—, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. ¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una grande prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al título de hombre.
miércoles, 28 de diciembre de 2022
El poder de Herodes
"Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos".
El temor de que le quiten el trono del poder hizo que mandara matar a los niños, para poder matar el Rey de Israel, como le habían dicho los Magos de Oriente. ¡Cuánta maldad o cizaña "metemos" en el mundo por miedo a que nos quiten el poder!
No sólo le pasó a Herodes, sino que nos pasa a todos, porque todos tenemos ese pecado original, en más o en menos, del apetito de poder. Aunque sea un mínimo de poder en algún lado: en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en el gobierno... pero se nos impregna en el alma y nos cambia por completo.
Por creer que podemos llegar a ser eternos nos aferramos a cosas que nos dan "poder", que nos dan "renombre", que nos hacen ser mejores que los demás, y, sin embargo, somos tan imperfectos como todos, y lo que creemos que es poder simplemente se esfuema en cualquier momento, como la vida misma, y nos damos cuenta que no valió la pena destruir tantas cosas o a tantas personas.
Muchos creen que pueden llegar a destruir a las personas que quieren ocupar su lugar, como le pasó a Herodes. Mandó matar a los niños menores de dos años porque pensaba que Jesús le iba a quitar el trono de poder, sin embargo, quien perdió poder fue él mismo, pues su vida y su poder terminaron pronto.
Así sucede con mandatarios y con los que no lo son, buscan ocupar un lugar de poder para sentirse grandes, y, cuando lo hacen simplemente por el poder mismo son los peores de la historia.
Cuando no utilizamos el lugar que ocupamos para el verdadero servicio a los demás, nada tiene sentido. Pero cuando realmente servimos a nuestros hermanos y buscamos el bien común, la verdad, la fraternidad, lo mejor para los demás entonces es cuando nuestro servicio merece la pena. Como lo dijo el Señor: no he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida por los demás.
martes, 27 de diciembre de 2022
Discípulos y apóstoles
"Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo".
San Juan puede escribir esto porque, después de la Venida del Espíritu Santo, aquello que vieron en el sepulcro les permitió creer, y, luego las apariciones de Jesús resucitado les permitieron reforzar lo que Él les había dicho. Ver a Jesús Resucitado y escuchar sus Palabras les permitió reforzar la confianza en Él. Y, la Venida del Espíritu Santo los fortaleció en el seguimiento de Jesús y, sobre todo, en la misión que el Señor les había encomendado al ascender a los Cielos: "Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio".
Nosotros no hemos visto ni oído como lo hicieron los apóstoles, pero, como ellos, creemos en Jesús Resucitado, vivo y presente en la Eucaristía, que nos habla por medio de Su Palabra y que permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Y lo creemos porque hemos recibido el Don de la Fe en el bautismo, un Don que es Gracia y tarea para todos los que formamos la Iglesia a partir de ese momento.
Gracia porque el Espíritu Santo habita en nosotros con todos sus Dones y nos fortalece, nos anima, y nos instruye en las Verddades de la Fe, para que podamos seguir creciendo y madurando en la Fe Bautismal.
Tarea porque en el momento en que el Espíritu desciendo en nosotros, como lo hizo con los apóstoles en Pentecostés, somos enviados, como ellos, a anunciar la Buena Noticia a todos los hombres. Algunos lo hacen con palabras, otros con la vida, pero todos somos discípulos y apóstoles del Señor, para que Su Noticia llegue hasta los confines de la tierra.
Hoy, en esta fiesta de San Juan evangelista, tamibén tenemos que recordar los cosas que él nos enseña: estar tan cerca del Señor que podemos llegar a escuchar el sonido de su corazón, sí, el recostar nuestra cabeza en Su Corazón para estar siempre en unión con Él, para escucharlo, para seguir amándolo toda la vida. Y, por supuesto, abrazar con mucho amor a la Madre que es también nuestra Maestra y Guía en el camino de la Fe, para que así como lo hizo san Juan, tamibén podamos recibirla en nuestra casa y estar siempre con Ella para aprender de Su Fidelidad a la Voluntad de Dios.
lunes, 26 de diciembre de 2022
Con las armas de la caridad
De los Sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo
Ayer celebrábamos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el martirio triunfal de su soldado.
Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo; hoy su soldado, abandonando la tienda de su cuerpo, ha entrado triunfante en el cielo.
Nuestro Rey, a pesar de su condición altísima, por nosotros viene humilde, mas no con las manos vacías: él trae para sus soldados una dádiva espléndida, ya que no sólo les otorga copiosas riquezas, sino que les da también una fortaleza invencible en el combate. En efecto, trae consigo el don de la caridad, que eleva a los hombres hasta la participación de la naturaleza divina.
Y, al repartir estos dones, en nada queda él empobrecido, sino que de un modo admirable enriquece la pobreza de sus fieles sin mengua de sus tesoros inagotables.
La misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra ha hecho subir a Esteban de la tierra al cielo. La misma caridad que había precedido en la persona del Rey resplandeció después en su soldado.
Esteban, para merecer la corona que significaba su nombre, tuvo por arma la caridad, y ella le dio siempre la victoria. Por amor a Dios no cedió ante la furia de los judíos, por amor al prójimo intercedió por los que lo apedreaban. Por esta caridad refutaba a los que estaban equivocados, para que se enmendasen de su error; por ella oraba por los que lo apedreaban, para que no fuesen castigados.
Apoyado en la fuerza de esta caridad, venció la furia y crueldad de Saulo y, habiéndolo tenido por perseguidor en la tierra, logró tenerlo por compañero en el cielo. Movido por esta santa e inquebrantable caridad, deseaba conquistar con su oración a los que no había podido convertir con sus palabras.
Y ahora Pablo se alegra con Esteban, goza con él de la gloria de Cristo, con él desborda de alegría, con él reina. Allí donde entró primero Esteban, aplastado por las piedras de Pablo, entró luego Pablo, ayudado por las oraciones de Esteban.
Ésta es, hermanos míos, la verdadera vida, donde Pablo no es avergonzado por la muerte de Esteban, donde Esteban se congratula de la compañía de Pablo, porque en ambos es la caridad la fuente de su alegría. La caridad de Esteban, en efecto, superó la furia de los judíos, la caridad de Pablo cubrió la multitud de los pecados, la caridad de ambos les hizo merecer juntamente la posesión del reino de los cielos.
La caridad, por tanto, es la fuente y el origen de todo bien, la mejor defensa, el camino que lleva al cielo. El que camina en la caridad no puede errar ni temer, porque ella es guía, protección, camino seguro.
Por esto, hermanos, ya que Cristo ha colocado la escalera de la caridad, por la que todo cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta pura caridad, practicadla unos con otros y subid por ella cada vez más arriba.
domingo, 25 de diciembre de 2022
Feliz Navidad!
"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".
¡Feliz Navidad! Es el deseo que siempre tenemos en los labios y el corazón, pues es lo que estos días quieren dejarnos a cada uno. Los que hemos tenido la Gracia de recibir el Don de la Fe, y de a poco, ir madurándolo sabemos que son días de buscar en el Cielo la Luz que ilumine nuestro suelo, nuestra vida, nuestros pensamientos y deseos de fidelidad a la Vida que el Señor nos regaló naciendo en Belén.
Aquel anuncio que sonó en los oídos de aquellos pastores hoy vuelve a resonar en los nuestros, pues cada año, y cada día, la Navidad se hace presente en los que buscamos tener a Dios en el centro de nuestras vidas, porque no hay mejor noticia recibida en los Cielos y la Tierra que el Unigénito de Dios se haya hecho hombre y nacido para nuestra salvación.
Es una buena noticia que hace más de 2000 años viene resonando en todo el mundo, y todos los corazones se unen al unísono para salir al encuentro de Aquél que nos trae una Vida Nueva para vivir, y que, para ayudarnos a vivirla se hace uno como nosotros en todo menos en el pecado, y así poder llevarnos de Su Mano hacia el Padre.
Creo que no hay sonido más maravilloso que el que escuchó María y José cuando el Niño nació: su llanto, el aliento de vida que comenzó a salir de sus labios y que unió al cielo con la tierra, haciendo que nuestra historia cambiara su rumbo para comenzar a ser una historia de salvación, en la cual, cada uno de los que creemos en Él somos protagonistas de seguir transformándola para hacerla cada mejor, según la Voluntad del Padre que nos eligió, junto con el Hijo, para ser santos e irreprochables ante Él por el amor.
Es ese el deseo del corazón del Padre. que por el Hijo alcancemos la Bienaventuranza, aquella que su Madre cantó junto a Isabel: ¡me llamarán bienaventurada todas las generaciones porque el Poderoso hizo en mi grandes cosas!
sábado, 24 de diciembre de 2022
Despierta hombre!
De los Sermones de san Agustín, obispo
Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así —como dice la Escritura— «el que se gloría que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloría que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.
miércoles, 21 de diciembre de 2022
Disponibilidad en María
"En aquellos días, María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel".
Así como no demoró la respuesta al Ángel Gabriel, tampoco demoró su respuesta a la necesidad de Isabel. Un corazón libre de sí mismos y disponible para Dios y los hombres, nunca demora una respuesta, ya sea de palabra o de servicio, pues sabe que no hay tiempo cuando Dios muestra algo para hacer o para vivir.
La disponibilidad de María a la Voluntad de Dios es total, por eso no hay demora en sus respuestas, y esa disponibilidad no queda sin respuesta de parte de Dios pues, como dijo Jesús: a quien mucho tiene mucho se le dará. Cuando, realmente, hay disponibilidad para responder a lo que Dios quiere, siempre tendremos la Gracia suficiente y necesaria para poder llevar a cabo lo que Dios quiere, pero si no tenemos la disponibilidad tampoco tendremos la Gracia.
Y, está claro que tampoco puso excusas María para poder hacer lo que Dios le pedía o le seguería. Sí, porque el Ángel sólo le dijo que "Isabel en su vejez estaba embarazada", pero no le dijo: ¡Ve a ayudar a Isabel!, eso lo supuso María: supuso que Isabel podría necesitar ayuda y se puso en camino.
No debemos necesitar que nos envíen un mensaje para salir al encuentro de una hermano que necesite algo, sino que si, realmente, estamos unidos y con los ojos abiertos hacia el otro, podremos darnos cuenta que nos necesita.
Pero también, en este hablar de disponibilidad tenemos que tener en cuenta que para poder saber qué es lo que Dios quiere de mí o qué me está sugiriendo que puedo hacer, debo estar en una relación profunda y sincera con Dios, porque de lo contrario siempre estaré pendiente de lo que me suceda y de lo que YO necesito y nunca tendre disponibilidad ni para Dios ni para los demás, porque lo primero siempre seré YO y, por eso, siempre tendré excusas para no hacer lo que Dios me está pidiendo o sugiriendo que haga.
lunes, 19 de diciembre de 2022
El designio de la Encarnación
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
La gloria del hombre es Dios. El beneficiario de la actividad de Dios, de toda su sabiduría y poder, es el hombre.
Y de la misma forma que la habilidad del médico se manifiesta en los enfermos, así Dios se manifiesta en los hombres. Por eso dice san Pablo: Dios encerró a todos los hombres en la desobediencia, para usar con todos ellos de misericordia. En estas palabras el Apóstol se refiere al hombre que, por desobedecer a Dios, perdió la inmortalidad, pero que alcanzó luego la misericordia, recibiendo la gracia de adopción por el Hijo de Dios.
El hombre que, sin orgullo ni presunción, piensa rectamente de la verdadera gloria de las creaturas y de la de aquel que las creó —es decir, de Dios todopoderoso que da a todos el ser— y permanece en el amor, en la sumisión y en la acción de gracias a Dios recibirá de él una gran gloria y crecerá en ella en la medida en que se asemeje al que por él murió.
El Hijo de Dios se sometió a una existencia semejante a la de la carne de pecado para condenar el pecado y, una vez condenado, expulsarlo fuera de la carne. Asumió la carne para incitar al hombre a hacerse semejante a él y para proponerle a Dios como modelo a quien imitar. Le impuso la obediencia al Padre para que llegara a ver a Dios, dándole así el poder de alcanzar al Padre. El Verbo de Dios que habitó en el hombre se hizo también Hijo del hombre, para que el hombre se habituara a percibir a Dios y Dios a vivir en el hombre, conforme a la voluntad del Padre.
Por eso, pues, aquel que es la señal de nuestra salvación, el Emmanuel nacido de la Virgen, nos fue dado por el mismo Señor, porque era el mismo Señor quien salvaba a los que por sí mismos no podían alcanzar la salvación; por eso Pablo proclama la debilidad del hombre, diciendo: Ya sé que en mí, es decir, dentro de mi estado puramente natural, no habita lo bueno; así indica que nuestra salvación no proviene de nosotros, sino de Dios. y añade también: ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Y luego, para aclarar quien lo libra, afirma que esta liberación es obra de la gracia de Jesucristo nuestro Señor.
También Isaías dice lo mismo: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis.» Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará. Esto lo dice para significar que por nosotros mismos no podemos alcanzar la salvación, sino que ésta es consecuencia de la ayuda de Dios.
viernes, 16 de diciembre de 2022
Soy lo que Dios quiere que sea
«Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis".
Es cierto que la opinión de los demás sobre nosotros tiene que interesarnos, para saber qué testimonio estamos dando o cómo nos ve la gente. Pero tampoco debe preocuparnos cuando los demás no entiendan o miren mal lo que hacemos, si lo hacemos desde la fidelidad a Dios. A veces nos encontramos con gente (o nos puede pasar a nosotros mismos) que dependemos de lo que los demás digan o piensen de lo que hacemos, y, por eso, no lo hacemos o lo hacemos, depende de la situación.
En realidad es parte de nosotros mismos el estar atento a las voces de los demás, y esas voces, pueden llegar a determinar nuestra forma de actuar o de mostrarnos en este o aquél lugar. Algunas personas son muy camaleónicas y se van adapatando para "caer bien" en el lugar al que van o en el que están.
Sin embargo, cuando verdaderamente hemos encontrado nuestra propia identidad y queremos alcanzar la madurez de nuestra persona, entonces no nos deben importar lo que piensen o digan de nosotros, pero sí nos debe importar lo que piensa Dios sobre nuestra manera de actuar y sobre lo cómo estamos madurando nuestra personalidad.
La Voluntad de Dios para nuestra vida es lo que tiene que ir formando nuestra personalidad, y nuestro actuar tendrá que ser de acuerdo, también, a lo que Dios me pide vivir, y no a lo que los demás quieran ver de mí, y, sobre todo, no a lo que el mundo me está diciendo que tengo que vivir. Es ahí cuando pongo en juego la libertad, pues soy libre de decidir cómo tengo que ser y cómo tengo que vivir, pero si he dado el paso de ser un verdadero cristiano, entonces, mi camino, como el de Cristo, es hacer la Voluntad del Padre.
"Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».
Cómo yo viva o lo que yo haga darán testimonio de si soy o no soy Fiel a la Voluntad de Dios, si soy o no soy coherente con lo que digo creer y con lo que quiero vivir, le guste o no le guste al mundo.
jueves, 15 de diciembre de 2022
Dios lo dice, dilo tú también
"Me sucede como en los días de Noé: juré que las aguas de Noé no volverían a cubrir la tierra; así juro no irritarme contra ti ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen y vacilaran las colinas, no cambiaría mi amor, ni vacilaría mi alianza de paz - dice el Señor que te quiere -".
Creo que no sólo ha sido el Domingo de gozo, el pasado, sino que toda la semana es una semana de gozo. Las lecturas nos ayudan a pensar en el gozo que da saber que Dios nos ama, que siempre estará pendiente de nosotros, aunque nosotros no estemos pendientes de Él. Y así nos lo dice por medio del profeta: "dice el Señor que te quiere".
Se puede pedir una declaración de amor más sincera y eficaz que la de Dios para nosotros? Una declaración de Amor que fue sellada, cuando llegó el momento oportuno, con la sangre del Hijo en la Cruz. Una Alianza así no podemos, o no deberíamos, abandonarla ni dudar de ella, aunque, sí es cierto que, muchas veces, pareciera que esa Alianza no se cumple, pero no es porque Él nos haya abandonado o se haya olvidado de nosotros.
Seguramente las preocupaciones de todos los días, los días más negros o más duros, nos hacen pensar que ya el Señor no nos quiere, pero sin embargo, si levantamos nuestra mirada hacia Él vamos a sentir el calor de Su Amor.
Cierto es que, tal vez, nos hayamos "atado" a otras seguridades que no es la Providencia de Dios, y, entonces, cuando esas seguridades se caen o no nos alcanzar para fortalecernos o darnos esperanzas, o mostrarnos el buen camino, entonces descubrimos que no encontramos al Señor que nos ama. Sin embargo, Él siempre estará ahí, sólo tenemos que abrir un poco más los ojos, quitarnos de en medio de nuestra mirada las seguridades terrenas y veremos que su Mano siempre estuvo tendida para ayudarme a levantar, para darme una caricia de consuelo, para abrazarme si me sentía desvalido.
También es cierto que, en muchos casos o en muchas personas, no es fácil decir "te quiero" y no hablo sólo del amor de pareja, sino en la familia, con los amigos, con las personas que realmente llenan mi corazón y con las cuales necesito encontrarme para hablar, para compartir la vida. Y así tampoco les digo que necesito un abrazo, o que les puedo dar un abrazo o una caricia o decirle algo bonito que alegre el corazón.
Tenemos que tener más cercanía y dejarnos llevar más por el cariño entre hermanos para poder disfrutar del cariño de Dios. Compartir el amor que sentimos por los demás el paso necesario para poder sentir, también, el amor del Padre que nos acompaña en cada día.
miércoles, 14 de diciembre de 2022
Conocerlo a Jesús
Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero
Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores Y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos, en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz!
Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.
martes, 13 de diciembre de 2022
Que tu sí sea sí
Quizás la haya repetido alguna que otra vez, pero el P. Efraín nos dijo una vez: "no tengo miedo a quien me puedo llegar a encontrar en el infierno, pues ya sabemos quiénes van a ir, pero sí que nos va a sorprender a quienes no vamos a encontrar en el cielo". Haciendo referencia a algún pasaje evangélico, pero a yo lo asocio al de hoy día, a estos dos:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
"Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña".
La vanidad y la arrogancia de algunos no nos permite arrepentirnos de nuestras malas acciones, creemos que así somos mejores y más fuertes. Pero, además, no nos damos cuenta que no somos cristianos, sino que somos unos falsos imitadores de la fe cristiana, porque decimos algo que no vivimos, o vivimos algo que no creemos.
Pensamos, muchas veces, como otra parábola de Jesús, que los que se tienen que arrepentir son los otros, pues "yo soy tan bueno que no he hecho nada malo", sin embargo no he sido fiel a la Voluntad de Dios, y, sobre todo, sigo parado en mi soberbia de creerme mejor que el resto de los mortales, simplemente por me pinto la cara la buen hombre.
Por eso llegará un día que no quedarán muchos que sean verdaderos testigos de Cristo, y con eso volverá a florecer al iglesia que el Señor fundó, sobre una buena base de santos que no tengan miedo a vivir radicalmente el evangelio, a entregarse verdaderamente a ser Fieles a la Voluntad de Dios, y a no dejarse llevarse por el espíritu del mundo que nos invita, nos tienta, y nos exige, más de una vez, dejar de ser Fiel a Cristo.
lunes, 12 de diciembre de 2022
Juan era la voz Cristo la Palabra
De los Sermones de san Agustín, obispo.
Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya
al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna
desde el principio.
Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más
que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.
Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas.
Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí;
pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo
que ya está en el mío.
Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta
palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz
conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te
ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te
trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.
Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi
espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya?
Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría
ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más
íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.
¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece?
¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio, y desapareció. Pero el
bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación;
esto es lo que dijo la voz.
Y como es difícil discernir
entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a
la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los
derechos a la Palabra. Dijo: Nos soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta.
Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y el respondió: Yo soy la
voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que
clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el
camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino
introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la
Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»
¿Qué significa: Preparad el
camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el
camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de
humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos
piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.
Si hubiera dicho: «Soy Cristo»,
con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo
dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y
él, y se humilló.
Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una
antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.
domingo, 11 de diciembre de 2022
Como Juan Bautista
"En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él".
Es muy difícil de entender esta afirmación de Jesús, sin embargo, no hay nada que salga de sus labios que no sea verdad o que no tenga la suficiente razón para decirlo. Se podría pensar ¿no fue importante la misión de Juan Bautista? Sí, fue tan importante o más que los anteriores profetas del Antiguo Testamento. Y eso es en realidad la grandeza de Juan Bautista: haber sido el último de los profetas del Antiguo Testamento, y el más grande nacido de mujer, porque tuvo la Gracia de poder ver y anunciar al Mesías Prometido por todos los profetas, incluso por él mismo.
Pero (siempre hay un pero en la vida espiritual) él no pudo hacer vida el Evangelio de Jesús, aunque sí entrego su vida en martirio por la Verdad, por anunciar la misma Verdad que anunciaba Jesús. No fue discípulo de Cristo, ni recibió el bautismo del Espíritu Santo como los demás apóstoles o como los que hemos recibido el bautismo de Jesús en el Espíritu y el Fuego, como lo anunciaba Juan Bautista.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que habiendo escuchado el llamado de Jesús deja todo y se entrega de lleno en el camino de la santidad, viviendo como vivió Jesús una obediencia en el amor a la Voluntad del Padre.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que aceptando con generosidad el Camino que proponer Jesús, vive su entrega diaria, tanto en la vida matrimonial, como en la soltería como en la consagración, de un modo heroico en la vivencia de las virtudes evangélicas.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que ha renunciado a sí mismo, que ha cogido la cruz de cada día y lo ha seguido a Jesús por el camino que Él mismo recorrió y que nosotros debemos recorrer detrás y junto a Él.
El más pequeño en el Reino de los Cielos, como María, podrá transformar la historia propia y la de los demás, porque se hace esclavo de la Voluntad de Dios.
sábado, 10 de diciembre de 2022
Brille así vuestra luz
"Dichosos lo que te vieron y se durmieron en el amor".
Si bien el eclesiástico hace referencia en esta frase al profeta Elías, también puede ser utilizada para Jesús, y, sobre todo, para aquellos que con los ojos de la FE han podido ver y sentir su Palabra, pues su Palabra es Amor de Dios hacia nosotros.
Y, dormirse en el amor puede hacer referencia (o por lo menos a mí me lo parece, no se qué dirán los exegetas...) a dos momentos, a dormirnos en el amor cuando llega el último momento y nos entregamos de llenos al Amor de Dios para volver a la Casa del Pade; o dormirnos en el Amor de Cristo para resucitar con Él y vivir el Amor de Dios aquí en la tierra.
Aunque, siempre puede haber una tercera referencia no tan buena, como cuando decimos "no dorirnos en los laureles". Esto sería como una referencia aquellos que creen que con el Señor en el corazón no tienen que hacer nada más y andan como ángeles por el mundo, pero que no son para nada conscientes de que tienen que aportar algo al mundo para renovarlo, y hay que bajarlos de la nube para que se pongan a trabajar en el Reino.
Porque, en realidad, cuando nos dormimos, verdaderamente, en el Amor, es para que el Señor pueda trabajar en nuestra alma, pueda seguir convirtiendo nuestros corazones y darnos así las armas necesarias para seguir combatiendo el combate de la fe, para seguir anunciando Su Palabra, para poder "bajar de la nube" y predicar con la vida la alegría del Amor, la alegría del Reino del Amor que quiere instalarse en la tierra: "venga a nosotros Tu Reino".
Y ese Reino tenemos que construirlo cada día, pues cada palabra, cada acción, cada gesto tienen que estar llenos del amor, de la alegría de sabernos hijos de Dios llamados a vivir en Fidelidad en a la Palabra, a la Vida para que Él se instale no sólo en nuestros corazones sino que otros puedan descubrirlo a través de nuestra vida: "Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos".
viernes, 9 de diciembre de 2022
Sobre Eva y María
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
Cuando vino Dios visiblemente a sus creaturas y fue sostenido
por esta creación que es por él mismo sostenida, expió aquella desobediencia
cometida bajo un árbol, por medio de la obediencia efectuada sobre otro árbol, y
destruyó así la seducción con que fue vilmente engañada aquella virgen Eva,
destinada ya para un varón, con la verdad que le fue venturosamente anunciada
por el ángel a la Virgen María, ya también prometida a otro varón.
Y así como Eva fue seducida por un ángel para que se alejara
de Dios, desobedeciendo su palabra, así María fue notificada por otro ángel de
que llevaría a Dios en su seno, si obedecía su palabra. Y como aquélla fue
inducida a no obedecer a Dios, así ésta fue persuadida a obedecerlo, y de esta
manera la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.
Al renovar profundamente el Señor todas las cosas, declaró la
guerra a nuestro enemigo, aplastó a aquel que en un principio nos había hecho
cautivos en Adán y pisoteó su cabeza, según lo que, en el Génesis, Dios dice a
la serpiente: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el
suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón.
Con ello se anunciaba que aquel que debía. nacer de una mujer
Virgen, hecho hombre como Adán, aplastaría la cabeza de la serpiente. De esta
descendencia habla el Apóstol, en la carta a los Gálatas, cuando dice: La ley
mosaica fue puesta por Dios hasta que viniese la descendencia a quien se habían
hecho las promesas.
Más claramente aún lo demuestra, en esa misma carta, al
decir: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.
El enemigo no hubiera sido vencido con justicia si el hombre que lo venció no
hubiera nacido de una mujer, pues ya desde el comienzo se opuso al hombre,
dominándolo por medio de la mujer.
Por eso el Señor afirma que él es el Hijo del hombre, el
hombre por excelencia, el cual resume en sí al linaje nacido de mujer, de modo
que, si nuestra especie bajó a la muerte a causa de un hombre vencido, por un
hombre victorioso subamos de nuevo a la vida.
lunes, 5 de diciembre de 2022
La oración por los amigos
"En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Nunca me había llamado la atención este milagro, o mejor dicho, una parte de este milagro que hace Jesús. Es cierto que no hay milagro de Jesús que no sea hermoso, pero en este hay algo en particular. ¿Por qué? Porque Jesús no toma en cuenta la fe del enfermo sino la fe de los amigos del enfermo: "Él, viendo la fe de ellos, dijo..."
¿No os parece hermoso que la fe de nuestros amigos o nuestra fe como amigo de alguien pueda obrar un milagro de conversión? Sí, un milagro de conversión. Lo primero que hizo Jesús no fue sanar físicamente al paralítico, sino sanar su alma, que es lo más necesario y para lo que Jesús fue enviado.
Ahí notamos y vemos cómo nuestra amistad con alguien no sólo es en la cosas mundanas o físicas, sino tamibién podemos ayudar con nuestra oración, con nuestro sacrificio a la sanación del alma de alguien a quien queremos.
Es que, aquello que rezamos o confesamos todos los domingos: creo en la comunión de los santos, es eso mismo: poder ayudar con nuestra oración y sacrificio a alguien a quien queremos, o a alguien a quien no queremos o no conocemos, también. Así lo hizo Santa Teresita de Lisieux cuando ofreció un sacrificio para la conversión de un condenado a muerte (vais a tener que leer "Historia de un alma" jeje)
Por eso no dejes nunca de rezar por tus amigos y, sobre todo, por tus enemigos o por los que están más alejados de tí, porque el Señor puede lograr la sanación de sus almas, así como sana las nuestras cuando le permitimos entrar en nuestros corazones.
domingo, 4 de diciembre de 2022
Convertirnos para Navidad
"Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Resulta extraño que, también, en Adviento se nos invite a la conversión, como se hace en el tiempo de Cuaresma. Pero es cierto que la conversión del corazón la vamos, o debemos, realizarla durante todo el año. No es porque seamos grandes pecadores (o quizás sí) sino que cada día, como dice el Señor, se peca hasta 7 veces por día.
Así como Juan Bautista exhortaba a sus paisanos a purificar sus corazones para la llegada del Mesías, también nosotros, así como limpiamos y preparamos la casa para estas fiestas, debemos limpiar y preparar el corazón para el Nacimiento de Nuestro Dios y Señor.
Es un momento especial para abrirnos al Don del Espíritu Santo para que nos ayude a mirarnos frente al Niño que viene a salvarnos, descubrir frente a Él que no hemos sido tan fieles a Su Palabra como debíamos, que muchas veces nos hemos encontrado en situaciones donde no pensamos si era Voluntad de Dios lo que hacíamos o decíamos. En nuestra vida no es sólo no mato ni robo, sino, sobre todo: ¿he amado como el Señor me ha amado? ¿he perdonado como el Señor me ha perdonado?
Miremos nuestra casa ¿qué cosas limpiamos? ¿qué cosas tiramos que ya no son necesarias? ¿qué cosas hemos guardado durante años y ya no nos sirven o estorban mucho? Esa es la limpieza que hacemos en la casa, y también nos sirve para el corazón ¿no te parece?
Cuando hacemos esa limpieza general nos damos cuenta de cuánto espacio y claridad vuelven a resurgir y a dejar los ambientes más iluminados, más confortables. Así también pasa en el corazón cuando dejamos que el Espíritu nos ayude a “barrer y tirar” todo lo que no deja entrar Su Luz, lo que no deja brillar la alegría de la salvación.
Sí, la conversión es una etapa de nuestra vida, o mejor dicho, nuestra vida es una conversión constante porque siempre tenemos que mirar a Dios y espejarnos en Su Vida para poder hacer Su Voluntad y no la nuestra.
sábado, 3 de diciembre de 2022
Ay de mí si no anunciara el Evangelio!!
De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio.
Visitamos las aldeas de los neófitos, que pocos años antes habían recibido la iniciación cristiana. Esta tierra no es habitada por los portugueses, ya que es sumamente estéril y pobre, y los cristianos nativos, privados de sacerdotes, lo único que saben es que son cristianos. No hay nadie que celebre para ellos la misa, nadie que les enseñe el Credo, el Padrenuestro, el Avemaría o los mandamientos de la ley de Dios.
Por esto, desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento. De este modo, purifiqué a un número ingente de niños que, como suele decirse, no sabían distinguir su mano derecha de la izquierda. Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración; entonces comencé a darme cuenta de que de ellos es el reino de los cielos.
Por tanto, como no podía cristianamente negarme a tan piadosos deseos, comenzando por la profesión de fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, les enseñaba el Símbolo de los apóstoles y las oraciones del Padrenuestro y el Avemaria. Advertí en ellos gran disposición, de tal manera que, si hubiera quien los instruyese en la doctrina cristiana, sin duda llegarían a ser unos excelentes cristianos.
Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»
¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India.»
jueves, 1 de diciembre de 2022
No todo el que dice...