jueves, 30 de junio de 2022

Hasta ver a Cristo formado en nosotros

Del Comentario de san Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas.

    Dice el Apóstol: Sed como yo, que, siendo judío de nacimiento, mi criterio espiritual me hace tener en nada las prescripciones materiales de la ley. Ya que yo soy como vosotros, es decir, un hombre. A continuación, de un modo discreto y delicado, les recuerda su afecto, para que no lo tengan por enemigo. Les dice, en efecto: En nada me habéis ofendido, como si dijera: «No penséis que mi intención sea ofenderos.»
    En este sentido les dice también: ¡Hijos míos!, para que lo imiten como a padre. Por quienes sufro de nuevo dolores de parto -continúa-, hasta ver a Cristo formado en vosotros. Esto lo dice más bien en persona de la madre Iglesia, ya que en otro lugar afirma: Nos mostramos amables con vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos.
    Cristo es formado, por la fe, en el hombre interior del creyente, el cual es llamado a la libertad de la gracia, es manso y humilde de corazón, y no se jacta del mérito de sus obras, que es nulo, sino que reconoce que la gracia es el principio de sus pobres méritos; a éste puede Cristo llamar su humilde hermano, lo que equivale a identificarlo consigo mismo, ya que dice: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Cristo es formado en aquel que recibe la forma de Cristo, y recibe la forma de Cristo el que vive unido a él con un amor espiritual.
    El resultado de este amor es la imitación perfecta de Cristo, en la medida en que esto es posible. Quien dice que está siempre en Cristo -dice san Juan- debe andar de continuo como él anduvo.
    Mas como sea que los hombres son concebidos por la madre para ser formados, y luego, una vez ya formados, se les da a luz y -nacen, puede sorprendernos la afirmación precedente: Por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros. A no ser que entendamos este sufrir de nuevo dolores de parto en el sentido de las angustias que le causó al Apóstol su solicitud en darlos a luz para que nacieran en Cristo; y ahora de nuevo los da a luz dolorosamente por los peligros de engaño en que los ve envueltos. Esta preocupación que le producen tales cuidados, acerca de ellos, y que él compara a los dolores de parto, se prolongará hasta que lleguen a la medida de Cristo en su plenitud, para que ya no sean llevados por todo viento de doctrina.
    Por consiguiente, cuando dice: Por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros, no se refiere al inicio de su fe, por el cual ya habían nacido, sino al robustecimiento y perfeccionamiento de la misma. En este mismo sentido habla en otro lugar, con palabras distintas, de este parto doloroso, cuando dice: La responsabilidad que pesa sobre mí diariamente, mi preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién sufre angustias sin que yo las comparta? ¿Quién es impugnado por el enemigo sin que esté yo en ascuas?

miércoles, 29 de junio de 2022

Daban testimonio de lo que habían visto

De los Sermones de san Agustín, obispo

    El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.
    San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Y yo te digo que tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro.» «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».
    El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: Quedan perdonados los pecados a quienes los perdonéis; quedan retenidos a quienes los retengáis.
    En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.
    No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.
    A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
    En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros, por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.

martes, 28 de junio de 2022

No os convertistéis a mí

"Os transformé como Dios transformó a Sodoma y Gomorra y quedasteis como tizón sacado del incendio.
Pero no os convertisteis a mí - oráculo del Señor -. Por eso, así voy a tratarte, Israel. Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios".
Una profecía muy fuerte de parte de Dios para el Pueblo de Israel, pero también es una profecía que nos tiene que hacer pensar para nuestra vida cotidiana. Por lo menos es lo que a mí me parece. ¿Por qué? Porque muchas cosas ha hecho el Señor por nosotros, aunque nos parezca (como siempre pensamos) que todo lo hacemos nosotros solos y que el Señor no pone mucho de su parte. Pero si no tuviéramos la vida que el Señor nos ha dado ¿qué podríamos hacer? ¿Cuántas cosas ha hecho Él por nosotros? Aunque, en realidad, sólo tengamos en cuenta las que no ha hecho (según nuestro criterio)
Así es, según nuestro criterio Dios no ha hacho todo lo que nosotros queríamos: muchas veces hemos pedido y no hemos recibido, muchas veces hemos implorado y no hemos escuchado, y tantas otras hemos suplicado y no hemos obtenido respuesta. Y son esas cosas, lamentablemente, las que más tenemos en cuenta. Nos pasa con la gente que queremos, ¿no nos va a pasar con Dios?
Pero cuando miramos nuestra vida sí que vemos ¡cuánto que he trabajado! ¡cuánto que he logrado con mi esfuero y tesón! ¡Todo lo he ganado con esfuerzo propio!
Y es ahí donde descubro que no todo lo hice solo, que sólo he puesto de mi parte lo que Dios me ha dado como dones, como talentos, como hermanos que me han tendido una mano, y ¡tantas otras cosas más!
Lo que sucede es que en tiempos de tormenta, como los apóstoles en el mar enfurecido, vemos que el Señor no hace, pero Él está ahí, y nos vuelve a decir: ¡hombres de poca fe! Porque sólo miramos nuestras fuerzas y nuestros miedos, pero no vemos que aunque no notemos su Presencia Él siempre está a nuestro lado. Es en la tormenta cuando nos damos cuenta que parece que no está, pero cuando sale el sol ¿le pedimos que nos ayude a vivir? ¿le preguntamos qué quiere de nosotros? o ¿simplemente seguimos con la rutina de ser nosotros mismos los contructores de nuestra historia??

lunes, 27 de junio de 2022

Sígueme

Comenzamos la semana con muy buenas lecturas (como siempre) para reflexionar sobre nuestras vidas.
La primera lectura nos habla de un Dios que siempre tiene en cuenta la Alianza que ha sellado con el Pueblo, pero un Pueblo que no recuerda o, mejor dicho, que muchas veces se olvida de la Alianza sellada y de lo que había dicho acerca de seguir siendo Fiel a Dios. Un Pueblo que, dos por tres, se va con otros dioses y se olvida de todo lo que el Señor ha hecho por ellos.
Y, aquí cabría decir: a quien le quepa el sayo que se lo ponga. Porque más de una vez nos olvidamos de que decimos ser cristianos, nos hacemos la señal de la Cruz más de una vez por día, y bla, bla, bla, pero cuando llega el momento de cargar nuestra cruz, de renunciar a nosotros mismos, de aceptar la Voluntad de Dios, ya no nos acordamos de la Alianza que hemos sellado con nuestro Dios y Señor, ya no nos acordamos de qué Padre tenemos y, no pocas veces, hasta renegamos de que Dios nos pida tal o cual cosa.
Teniendo en cuenta esta historia y nuestra debilidad (en la palabra dada) debe ser por lo que Jesús cuando comenzó a ver que la gente lo seguía, enseguida puso las cosas en claro. No dijo que si queríamos podíamos hacer tal o cual cosa para seguirlo, no, dijo que para seguirla habia que hacer tal cosa: "quien quiera venir detrás de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame".
En esa misma línea leíamos el evangelio del domingo y de hoy lunes:
"Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
¿Por qué responde eso Jesús? Siguiendo con el Evangleiio de ayer, es porque ya se disponía a aceptar la Cruz, y su único lugar donde reclinaría su cabeza iba a ser el madero de la Cruz. Por eso ¿estás dispuesto a seguirme hasta la Cruz y dar tu vida por los hermanos?
"Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos».
Siempre tenemos buenas excusas, y, muchas veces, muy santas e irroprochables, pero son excusas. Cuando no quiero hacer la Voluntad de Dios, siempre habrá alguna mosca que me fatidie para poder responder con prontitud. No te detengas a la hora de la respuesta a Dios, y, sobre todo, que tu ¡Sí! sea ¡Sí! y que tu NO sea NO, porque a los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor.

domingo, 26 de junio de 2022

Segui-miento? de Jesús

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Seguir a Jesús, ser cristiano, no es un segui-miento (seguir y mentir) sino un verdadero caminar detrás de sus pasos para vivir como Él. Por eso, cuando alguien ponía una excusa para seguirlo rápidamente, Él respondía con frases como esas.
Por mucho tiempo estas frases del seguir a Jesús se pensaron que eran para los consagrados: sacerdotes, religiosos; pero ¡no! Son para todos los cristianos, pues todos estamos llamados a seguir los pasos de Jesús. Y digo estamos llamados, porque ante el llamado tiene que haber una respuesta libre, pero pensada, razonada y sopesada para saber si estoy dispuesto a seguirlo.
Por ejemplo, la que encabeza esta reflexión: “nadie que poner la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios”. Poner la mano en el arado significa comenzar a labrar la tierra, comenzar a trabajar, pero mirando hacia adelante, si se mira mucho para atrás no se puede estar atento a lo que viene delante, y, sobre todo, porque eso dificulta el avanzar.
Cuando miramos para atrás veremos siempre lo que hemos sido, y, muchas veces, eso nos da temor de decir que sí, porque vemos que no hemos sido buenos, o que hay muchos defectos, o que esto o que lo otro, y, serán excusas que nos impidan disponernos para poder trabajar en la Viña del Señor, que es nuestro corazón y el mundo.
Por eso, cuando el Señor te llama para una misión y para seguirlo, no mires hacia atrás porque Él está delante de ti, mira tu futuro y conoce tu pasado, y, aun así, te ama infinitamente y sabe que, con su Gracia, tú podrás hacer grandes cosas, siempre y cuando puedas quemar el pasado y dejarte conducir por Él hacia el futuro.
Así, con la mirada puesta en el Señor de la Historia, en mi Señor, podré decir libremente que Sí a su llamado y podré seguirlo sin ningún problema, porque sé en Quien he puesto mi confianza, no en mí sino en Él que me llamó y me pensó desde la eternidad.

 

sábado, 25 de junio de 2022

Conservaba estas cosas en su Corazón

De los Sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo

María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.
Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo el Señor entra de buen grado.

viernes, 24 de junio de 2022

En Tí está la fuente de la Vida

De las Obras de san Buenaventura, obispo

    Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de .compasión natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!
    Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre yagua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna.
    Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.
    Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:
    «¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!
    ¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!
    De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz

jueves, 23 de junio de 2022

La Voz que clama en el desierto

De los Sermones de san Agustín, obispo

    La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo.
Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él.
    Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo.
    Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.
    Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

miércoles, 22 de junio de 2022

Por los frutos los conocereis

"Se situó el rey de pie junto a la columna y, en presencia del Señor, estableció la alianza, con el compromiso de caminar tras el Señor y guardar sus mandamientos, testimonios y preceptos, con todo el corazón y con toda el alma, y poner en vigor las palabras de la alianza escritas en el libro.
Todo el pueblo confirmó la alianza".
Un rey y un pueblo que teme al Señor, y por eso hizo una Alianza con el Señor. En el Antiguo Testamento se hacía mucha referencia a la justicia divina, y al castigo divino, por eso los reyes temían al Señor, pero sobre todo temían cuando el Señor quitaba su mano y dejaba al pueblo a su propio albedrío, y, sabiendo hacia dónde o lo que le pasaba al pueblo cuando iba solo y no tenía defensa divina, entonces, volvían a las Alianzas y el Señor volvía a ser la defensa del pueblo.
Jesús, con su sangre, selló una Nueva y Definitiva Alianza de Dios con el Pueblo, y nos enseñó que el Padre no castiga, sino que nos deja a nosotros vivir según nuestro libre albedrío, pero sabiendo que si nos alejamos de Él, Él no estará con nosotros. Así, hemos vivido y vivimos en este mundo: alejados de Dios, creyéndonos dioses nuevos que rigen el mundo hacia ¿dónde?
¿Hacia dónde va el mundo dirigido por hombres que se creen dioses?
"Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis".
Si aprendiéramos a discernir los frutos del mundo en que vivimos, nos daríamos cuenta que el mundo dirigido por hombres que se creen dioses no va por buen camino.
Y así nos pasa en nuestra propia vida, pues, aunque parezca que soy muy cristiano, en lo cotidiano no me rijo por la Ley de Cristo, sino que me dejo cautivar y mandar por las leyes del mundo. Un mundo sin Dios, sin verdaderos valores, y que sólo ven en Dios un estorbo para hacer lo que les da la gana.
Seguramente nos llamarán cualquier cosa cuando expresemos los valores del cristianismo, pero cuando creemos que son los Valores que Dios nos ha pedido vivir, y nos ha mostrado que ese es el Camino de la Vida Verdadera, entonces no nos importará que hablen mal de nosotros, porque sabemos por dónde y hacia dónde caminamos, porque intentamos ser coherentes con lo que decimos que creemos y por eso, a pesar de nuestros errores, intentamos caminar por la senda de la Voluntad de Dios, para que nuestros frutos sean buenos y verdaderos.

martes, 21 de junio de 2022

Por la puerta estrecha

Con cada uno de los párrafos del evangelio de hoy se pueden hacer miles de reflexiones que nos sirvan para la vida, pero eso sería escribir todo un libro sobre nuestra manera de vivir como cristianos, pero vamos a intentar resumirlo en pocas palabras, y después lo llevamos a la oración para cada día de nuestras vidas:
"No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros".
Éste párrafo me hace acordar a las florecillas de algunos santos, como por ejemplo san Francisco de Asís, que cuando los hombres no lo querían escuchar él se iba a hablar con los pájaros o los peces, que era quienes lo escuchaban con atención. ¿Cuántas cosas que nos ayudan a la vida crisitana, a madurar en nuestra fe, a reciibr la Gracia, etc., vamos dejando de lado? ¿Cuántas veces tenemos la oportunidad de ponernos a rezar, a reflexiionar la Palabra o a ir a recibir la Eucaristía y lo dejamos de lado? Y así, ¿cuántas cosas que Dios pone a nuestro alcance y no las utilizamos?
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Creo que esta es una de las tantas premisas que el Señor nos ha dejado para vivir y que nos cuesta ponerla en práctica. Siempre queremos que los demás hagan cosas buenas por nosotros, pero no nos gusta a nosotros hacerla por ellos. Muchas veces, si ponemos un espejo en lo que decimos o hacemos por los demás o para las demás, vamos a descubrir que no nos gustaría que lo hicieran conmigo, pero poco reflexionamos sobre ello.
"Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos".
El camino del placer y los vicios es el más fácil de comenzar a recorrer. Nuestra primera tentación es el camino fácil, placentero, el de "me gusta", "me hace bien", "todos lo hacen", "Y ¿por qué no hacerlo?". Sin embargo no hacemos la misma reflexión acerca de la vida de los santos, pero sí de los que viven de acuerdo a la ideología del mundo, de acuerdo a sus vicios y placeres. ¿Por qué no vivir de acuerdo al Evangelio y no al mundo?
"¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos".
No se si pocos dan con ella, aunque no quiero contradecir al Señor, pero sí que muchos conocemos cuál es la Puerta Estrecha de la vida cristiana, pero no queremos abirla para pasar por ella. El Evangelio que nos pide vivir nuestro Señor Jesucristo, es la Puerta Estrecha, pero nos resultan "palabras duras" de digerir y por eso evitamos reflexionar y, por supuesto, llevarlo a la vida. Es por ello que, cada día, los cristianos vamos dejando de lado la Verdad del Evangelio y nos vamos tornando tibios para vivir según la Voluntad de Dios, pues dejamos que nuestros gustos y placeres nos guién por el camino que nos aleja de Cristo y Su Palabra.

lunes, 20 de junio de 2022

El cristiano es otro Cristo

Del Tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano.

    Pablo, mejor que nadie, conocía a Cristo y enseñó, con sus obras, cómo deben ser los que de él han recibido su nombre, pues lo imitó de una manera tan perfecta que mostraba en su persona una reproducción del Señor, ya que, por su gran diligencia en imitarlo, de tal modo estaba identificado con el mismo ejemplar, que no parecía ya que hablara Pablo, sino Cristo, tal como dice él mismo, perfectamente consciente de su propia perfección: Ya que andáis buscando pruebas de que Cristo habla por mí. Y también dice: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
    Él nos hace ver la gran virtualidad del nombre de Cristo, al afirmar que Cristo es la fuerza y sabiduría de Dios, al llamarlo paz y luz inaccesible en la que habita Dios, expiación, redención, gran sacerdote, Pascua, propiciación de las almas, irradiación de la gloria e impronta de la substancia del Padre, por quien fueron hechos los siglos, comida y bebida espiritual, piedra y agua, fundamento de la fe, piedra angular, imagen del Dios invisible, gran Dios, cabeza del cuerpo que es la Iglesia, primogénito de la nueva creación, primicias de los que han muerto, primogénito de entre los muertos, primogénito entre muchos hermanos, mediador entre Dios y los hombres, Hijo unigénito coronado de gloria y de honor, Señor de la gloria, origen de las cosas, rey de justicia y rey de paz, rey de todos, cuyo reino no conoce fronteras.
    Estos nombres y otros semejantes le da, tan numerosos que no pueden contarse. Nombres cuyos diversos significados, si se comparan y relacionan entre sí, nos descubren el admirable contenido del nombre de Cristo y nos revelan, en la medida en que nuestro entendimiento es capaz, su majestad inefable.
    Por lo cual, puesto que la bondad de nuestro Señor nos ha concedido una participación en el más grande, el más divino y el primero de todos los nombres, al honrarnos con el nombre de «cristianos», derivado del de Cristo, es necesario que todos aquellos nombres que expresan el significado de esta palabra se vean reflejados también en nosotros, para que el nombre de «cristianos» no aparezca como una falsedad, sino que demos testimonio del mismo con nuestra vida.

domingo, 19 de junio de 2022

Dadle vosotros de comer

“…le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».
Muchas veces tenemos la tentación de “tirar el balón fuera”, es decir, buscar la respuesta más fácil o dejar que otros hagan lo que yo tendría que hacer. Eso también lo pasó a los apóstoles cuando querían despedir a la gente que seguía a Jesús. Pero Jesús quería que ellos buscaran otra respuesta, que se hicieran cargo de la situación, y no que, simplemente, los mandaran a sus casas.
Y más difícil fue la respuesta de Jesús: “dadles vosotros de comer”. Pero ¿con qué le vamos a dar de comer a tanta gente? Si no tenemos nada.
¿Cómo voy a hacer tal cosa?, Señor, ¿si no sirvo para nada? ¡Yo no puedo seguir así! ¿Por qué siempre tengo que ser yo? ¿No puede hacerlo mi hermano? ¡Busca otra solución Señor! O, simplemente, vamos a alguna devoción particular o extra-cristiana a pedir la solución.
Los grandes problemas, o los que nos parecen graves problemas, nos oscurecen la mente y, lo primero que intentamos, es quitarnos el problema de encima. No tenemos solución para algunas cosas o situaciones de la vida, sobre todo, si esos problemas son de otros: “dile que se vayan, que vayan a sus casas, aquí no podemos solucionar nada”. Y esa no es una respuesta para el Señor.
Tú tienes la respuesta al alcance de la mano, basta con que te pongas a pensar y buscar dentro de tu corazón y verás que, aunque sea poca cosa, siempre podrás tender una mano al que lo necesita y siempre podrás hacer que 5 panes y 2 pescados puedan dar de comer a una multitud.
Nunca digas que no puedes hacer algo por los demás, porque el Señor te alimenta constantemente para que puedas brindarte a tus hermanos. Cuanto más te brindes más te regalará el Señor, quizás no cómo lo que tú quieras, pero a Él nadie le gana en generosidad. Si entregas tus 5 panes y dos pescados, Él te seguirá alimentando hasta la vida eterna.


 

sábado, 18 de junio de 2022

Darnos cuenta

"Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos".
Cada día nos vamos dando cuenta que no nos alcanzan las horas del día para hacer todo lo que queremos. Pero nunca nos damos cuenta que todo lo que queremos no es todo lo que debemos hacer, sino que tenemos que darle prioridades a las cosas que queremos. Así vivimos agobiados porque nunca tenemos tiempo para nada, es lo que decimos u oímos por ahí.
Hoy en día el materialismo reinante nos mantiene inmersos en una búsqueda constante de tiempo para poder tener lo neceserio para vivir bien, para darnos todos los gustos, y dejar un futuro seguro para los hijos. Hay familias que no se ven casi en todo el día, pues trabajan uno por un lado y otro por otro. Familias donde los padres están ausentes, mientras los abuelos hacen de padres, para que los hijos puedan crecer y estar acompañados.
¿Dónde está el justo medio para que volvamos a ser seres que trabajen para vivir y no que vivan para trabajar? ¿Dónde está el justo medio para que las familias vuelvan a estar unidas y puedan tener tiempo para disfrutarse entre sí y gozar del tiempo con sus hijos?
¿Acaso no nos damos cuenta que vamos destruyendo nuestra sociedad porque vamos destruyendo las familias? El aogbio que cada uno trae de su lugar de trabajo, de su día a día, es el que va desintegrando y gastando el amor conyugal y rompiendo familias que, como se decía antes, "son la base de la sociedad". Pero no sólo se destruyen familias, sino que se destruyen personas que ya no vuelven a ser las mismas.
El agobio por el tener y poseer nos va quitando el ser, nos va quitando, poco a poco, sin notarlo, el gozo del estar con el otro, el gozo del compartir el tiempo, el gozo de sentarnos a hablar, a ver crecer a los hijos, el poder compartir con los abuelos largas charlas sobre su sabiduría, o, simplemente estar con ellos para disfurtar de una vida entregada y compartida.
¿Cuándo nos daremos cuenta que tenemos que frenar nosotros mismos esta carrera sin final para poder ser lo que el Padre siempre soñó? No dejemos que la carrera contra el tiempo nos quite el tiempo que necesitamos para alcanzar lo que verdaderamente nos da vida, y Vida en abundancia.

viernes, 17 de junio de 2022

Las maravillas de Dios

Del Comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir, sobre los salmos

    Primero Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, con grandes portentos y prodigios; los hizo pasar el mar Rojo a pie enjuto; en el desierto los alimentó con manjar llovido del cielo, el maná y las codornices; cuando padecían sed hizo salir de la piedra durísima un perenne manantial de agua; les concedió la victoria sobre todos los que guerreaban contra ellos; por un tiempo detuvo de su curso natural las aguas del Jordán; les repartió por suertes la tierra prometida, según sus tribus y familias. Pero aquellos hombres ingratos, olvidándose del amor y munificencia con que les había otorgado tales cosas, abandonaron el culto del Dios verdadero y se entregaron, una y otra vez, al crimen abominable de la idolatría.
    Después, también a nosotros, que, cuando éramos gentiles, nos dejábamos arrebatar a los pies de los ídolos mudos, como si fuésemos arrastrados por ellos, Dios nos arrancó del olivo silvestre de la gentilidad, al que pertenecíamos por naturaleza, nos injertó en el verdadero olivo del pueblo judío, desgajando para ello algunas de sus ramas naturales, y nos hizo partícipes de la raíz de su gracia y de la rica sustancia del olivo. Finalmente, no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, como oblación de suave fragancia, para redimirnos de toda iniquidad y para reservarse para sí, como posesión propia, un pueblo purificado.
    Todo ello, más que argumentos, son signos evidentes inmenso amor y bondad de Dios para con nosotros; y, sin embargo, nosotros, sumamente ingratos, más aún, traspasando todos los límites de la ingratitud, no tenemos en cuenta su amor ni reconocemos la magnitud de sus beneficios, sino que menospreciamos y tenemos casi en nada al autor y dador de tan grandes bienes; ni tan siquiera la extraordinaria misericordia de que usa continuamente con los pecadores nos mueve a ordenar nuestra vida y conducta conforme a sus mandamientos.
    Ciertamente es digno todo ello de que sea escrito las generaciones futuras, para memoria perpetua, de que todos los que en el futuro han de llamarse paganos reconozcan la inmensa benignidad de Dios con nosotros y no dejen nunca de cantar sus alabanzas.

jueves, 16 de junio de 2022

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"Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
Se podría decir que la oración del Padre nuestro no termina con el "líbranos del mal", sino que continúa, aunque no lo recemos con los siguientes renglones, porque son parte o, mejor dicho, son una condición sin la cual no deberíamos rezar el Padre nuestro: "porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial, pero si no pedonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas".
Sí, a veces nos olvidamos de las partes más importantes de lo que nos dice Jesús, y nos las olvidamos porque, en muchos casos, nos gusta saber que podemos ser perdonados sin perdonar, y eso es un error. No podemos olvidarnos de las condiciones sin las cuales nos se pueden vivir ciertas cosas o decir ciertas cosas.
Otro ejemplo es, como siempre lo repito, la parábola del "pedid y se os dará", nos acordamos de esas frases y por eso creemos que podemos pedir todo lo que querramos, pero al final dice Jesús: "cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere", y es lo único que, generalmente, no pedimos: el Espíritu Santo.
O lo que nos olvidamos más fácilmente es la primera condición sin la cual no podemos ser cristianos: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame". La negación a nosotros mismos y la cruz de cada día no precisamente lo que buscamos cada día al levantarnos, sino que hacemos todo lo contrario.
Por eso y por mucho más necesitamos siempre pedir el Espíritu Santo para no olvidarnos de las condiciones sin las cuales no podemos vivir como cristos, es decir como cristianos. O aceptamos toda La Palabra o no, que tu Sí sea Sí, que tu No sea No.

miércoles, 15 de junio de 2022

Venga a nosotros Tu Reino

 Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.


    Prosigue la oración que comentamos: Venga tu reino. Pedimos que se haga presente en nosotros el reino de Dios, del mismo modo que suplicamos que su nombre sea santificado en nosotros. Porque no hay un solo momento en que Dios deje de reinar, ni puede empezar lo que siempre ha sido y nunca dejará de ser. Pedimos a Dios que venga a nosotros nuestro reino que tenemos prometido, el que Cristo nos ganó con su sangre y su pasión, para que nosotros, que antes servimos al mundo, tengamos después parte en el reino de Cristo, como él nos ha prometido, con aquellas palabras: Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino que está preparado para vosotros desde la creación del mundo.
    También podemos entender, hermanos muy amados, este reino de Dios, cuya venida deseamos cada día, en el sentido de la misma persona de Cristo, cuyo próximo advenimiento es también objeto de nuestros deseos. Él es la resurrección, ya que en él resucitaremos, y por esto podemos identificar el reino de Dios con su persona, ya que en él hemos de reinar. Con razón, pues, pedimos el reino de Dios, esto es, el reino celestial, porque existe también un reino terrestre. Pero el que ya ha renunciado al mundo está por encima de los honores y del reino de este mundo.
    Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, no en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello necesitamos de la voluntad de Dios, es decir, de su protección y ayuda, ya que nadie puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y misericordia divina. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase este cáliz sin que yo lo beba, y, para dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia, añade: Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya.
    La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. La humildad en la conducta, la firmeza en la fe, el respeto en las palabras, la rectitud en las acciones, la misericordia en las obras, la moderación en las costumbres; el no hacer agravio a los demás y tolerar los que nos hacen a nosotros, el conservar la paz con nuestros hermanos; el amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; y, cuando está en juego su nombre y su honor, el mostrar en nuestras palabras la constancia de la fe que profesamos, en los tormentos la confianza con que luchamos y en la muerte la paciencia que nos obtiene la corona. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios y la voluntad del Padre.

martes, 14 de junio de 2022

Santificado sea Tu Nombre

 Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.


    Cuán grande es la benignidad del Señor, cuán abundante la riqueza de su condescendencia y de su bondad para con nosotros, pues ha querido que, cuando nos pongamos en su presencia para orar, lo llamemos con el nombre de Padre y seamos nosotros llamados hijos de Dios, a imitación de Cristo, su Hijo; ninguno de nosotros se hubiera nunca atrevido a pronunciar este nombre en la oración, si él no nos lo hubiese permitido. Por tanto, hermanos muy amados, debemos recordar y saber que, pues llamamos Padre a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que él se complazca en nosotros, como nosotros nos complacemos de tenerlo por Padre.
    Sea nuestra conducta cual conviene a nuestra condición de templos de Dios, para que se vea de verdad que Dios habita en nosotros. Que nuestras acciones no desdigan del Espíritu: hemos comenzado a ser espirituales y celestiales y, por consiguiente, hemos de pensar y obrar cosas espirituales y celestiales, ya que el mismo Señor Dios ha dicho: Yo honro a los que me honran, y serán humillados los que me desprecian. Asimismo el Apóstol dice en una de sus cartas: No os pertenecéis a vosotros mismos; habéis sido comprados a precio; en verdad glorificad y llevad a Dios en vuestro cuerpo.
    A continuación añadimos: Santificado sea tu nombre, no en el sentido de que Dios pueda ser santificado por nuestras oraciones, sino en el sentido de que pedimos a Dios que su nombre sea santificado en nosotros. Por lo demás, ¿por quién podría Dios ser santificado, si es él mismo quien santifica? Mas, como sea que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo, por esto pedimos y rogamos que nosotros, que fuimos santificados en el bautismo, perseveremos en esta santificación inicial. Y esto lo pedimos cada día. Necesitamos, en efecto, de esta santificación cotidiana, ya que todos los días delinquimos, y por esto necesitamos ser purificados mediante esta continua y renovada santificación.
    El Apóstol nos enseña en qué consiste esta santificación que Dios se digna concedernos, cuando dice: Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los rapaces poseerán el reino de Dios. Y en verdad que eso erais algunos; pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Afirma que hemos sido santificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Lo que pedimos, pues, es que permanezca en nosotros esta santificación y -acordándonos de que nuestro juez y Señor conminó a aquel hombre que él había curado y vivificado a que no volviera a pecar más, no fuera que le sucediese algo peor- no dejamos de pedir a Dios, de día y de noche, que la santificación y vivificación que nos viene de su gracia sea conservada en nosotros con ayuda de esta misma gracia.

lunes, 13 de junio de 2022

La palabra tiene fuerza junto con las obras

 De los Sermones de san Antonio de Padua, presbítero


El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y por esto el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica.» En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según les hacía expresarse el Espíritu Santo. ¡Dichoso el que habla según le hace expresarse el Espíritu Santo y no según su propio sentir!
Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndolas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor— que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor—, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.

Hablemos, pues, según nos haga expresarnos el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

domingo, 12 de junio de 2022

No podemos saber todo

Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.
En estos tiempos, más que en otros, el hombre siempre ha querido tener respuesta para todo. Digo hoy más que antes porque hoy tenemos internet y la rapidez de las respuestas la tenemos a un solo click en el ordenador o el móvil. Hoy se crea ansiedad por no saber algo, sea lo que sea, y se busca y se encuentra en la red de redes, siempre, una respuesta que sacia la ansiedad de saber.
Claro es que esta ansiedad por conocer las respuestas a todo también la trasladamos al ámbito espiritual, y queremos conocer todos los misterios, saber qué es lo que nos va a pasar, qué es lo que no entiendo, y por qué Dios no responde a un click. Y, por esa misma razón, muchos van “perdiendo” la fe en Dios Padre, porque Él no tiene un móvil para enviar un whatsapp con las respuestas que necesito en el tiempo que necesito.
“Al llegar la plenitud de los tiempos envío Dios a su Hijo”, dijo San Pablo. No fue cuando el Pueblo lo quería o lo necesitaba, sino cuando Dios vio que era posible su venida. Dios no se deja “apretar” por la ansiedad humana, sino que tiene toda la eternidad para responder al hombre, a sus hijos.
Por esa razón, sabiendo Jesús de nuestras ansiedades, nos adelantó que “no podemos cargar con todas cosas que queremos saber”, sino que debemos pedir la Luz del Espíritu para que Él nos enseñe y nos guíe, no por donde nosotros queremos ir, sino por donde sabe el Padre que debemos transitar. Porque la Verdad es tan luminosa que no podemos llegar a verla aunque abramos grandes los ojos ante Ella, sino que el Espíritu nos irá enseñando, poco a poco, todo lo que necesitamos saber y comprender, pero sobre todo, nos dará la fortaleza para poder aceptar todo lo que el Padre nos pida o permita vivir.
Y todo esto porque en Ellos existe una perfecta comunicación y cada uno sabe lo que el Otro tiene que hacer, y así nos transmiten, a nosotros, la Vida a vivir.


 

sábado, 11 de junio de 2022

Sois la luz del mundo

De los Tratados de san Cromacio, obispo, sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto del monte; ni se enciende una lámpara para meterla bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero, así alumbra a todos los que están en la casa. El Señor dijo a sus discípulos que eran la sal de la tierra, porque ellos, por medio de la sabiduría celestial, condimentaron los corazones de los hombres que, por obra del demonio, habían perdido su sabor. Ahora añade también que son la luz del mundo, ya que, iluminados por él mismo, que es la luz verdadera y eterna, se convirtieron ellos también en luz que disipó las tinieblas.
Puesto que él era el sol de justicia, con razón llama a sus discípulos luz del mundo, ya que ellos fueron como los rayos a través de los cuales derramó sobre el mundo la luz de su conocimiento; ellos, en efecto, ahuyentaron del corazón de los hombres las tinieblas del error, dándoles a conocer la luz de la verdad.
También nosotros, iluminados por ellos, nos hemos convertido de tinieblas en luz, tal como dice el Apóstol: Un tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y también: Todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.
En este mismo sentido habla san Juan en su carta, cuando dice: Dios es luz, y el que permanece en Dios está en la luz, como él también está en la luz. Por lo tanto, ya que tenemos la dicha de haber sido liberados de las tinieblas del error, debemos caminar siempre en la luz, como hijos que somos de la luz. Por esto dice el Apóstol: Aparecéis como antorchas en el mundo, presentándole la palabra de vida.
Si así no lo hacemos, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Por esto también incurrió en castigo aquel siervo que prefirió esconder el talento, que había recibido para negociar un lucro celestial, antes que ponerlo en el banco, como sabemos por el Evangelio.
Así, pues, aquella lámpara resplandeciente, encendida para nuestra salvación, debe brillar siempre en nosotros. Poseemos, en efecto, la lámpara de los mandatos celestiales y de la gracia espiritual, acerca de la cual afirma el salmista: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El consejo de la ley es lámpara.
Por consiguiente, nuestro deber es no ocultar esta lámpara de la ley y de la fe, sino ponerla siempre en alto en la Iglesia, como en un candelero, para la salvación de todos, para que así nos beneficiemos nosotros de la luz de su verdad y para que ilumine a todos los creyentes.

 

viernes, 10 de junio de 2022

Estaba en la brisa suave

"Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso en pie a la entrada de la cueva.
Y llegó una voz que le dijo: «¿Qué haces, aquí, Elías?»
Vivimos en un mundo lleno de ruidos: ruidos en la calle, ruidos en la casa, música fuerte por todos los lugares, en los coches, en los bares, en las fiestas; los audífonos no se nos caen de las orejas y nos llenan la cabeza de ruidos... Ruidos y más ruidos, por todos lados.
¿Por qué hay tanto ruido en nuestras vidas? ¿Por qué no hay más silencios en nuestras vidas? Porque no queremos o no nos quieren dejar escuchar a Dios que habla en el silencio.
El Príncipe de este mundo, Satanás, no ha encontrado mejor métido para hacernos estar lejos de Dios que intentar (y lo está logrando) destruir el silencio del mundo para que no podamos escuchar la Voluntad de Dios.
Y nos es difícil, muchas veces, incluso, hacer silencio en los templos, porque siempre hay personas que están cuchicheando algo ¿qué? no lo se, pero siempre hay alguien que tiene que hablar para que el silencio no pueda escucharse.
Creo que necesitamos, aunque no lo veamos, parar el ritmo de vida. Detenernos un poco y dejar de lado todo lo que estamos haciendo, y, sobre todo, ir dejando que la calma y el silencio vuelvan a reinar en nuestro día a día para que el Señor pueda hablar, porque, como dice la primera lectura: "no estaba ni el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino sólo en la brisa suave". Y es lo que nuestra vida necesita: una brisa suave que refresque nuestra relación con Dios y con los hermanos, que nos devuelva la paz del alma y nos ayude a ver con claridad qué es lo que Dios quiere de mí, que, seguramente será que salgamos de nuestra cueva del yo y hagamos lo que Él nos pide.

 

jueves, 9 de junio de 2022

Cristo, sacerdote y víctima

Pío XII.
De la carta encíclica Mediator Dei

Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres. Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador. Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la media de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.
Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.
Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo

 

miércoles, 8 de junio de 2022

Caminar con dos muletas

«¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal».
El pueblo no respondió palabra".
¿Nos pasará lo mismo hoy? ¿Estamos sobre dos dioses: Dios y el mundo, Dios y yo, Dios y quien sabe? ¿O realmente vivimos según Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo?
¿Nuestras obras son las que quiere Dios de nosotros?¿Hacemos la Voluntad de Dios todos los días? ¿Buscamos y discernimos su Voluntad?
Son algunas de las preguntas que nos tenemos que hacer para saber a qué Dios seguimos, o en qué Dios creemos, si es que creemos en alguno.
Sí, siempre nuestro Dios, por medio de los profetas y en el último tiempo por medio de su Hijo Jesucristo, fue muy claro y concreto y, además, muy radical en sus preguntas y en su forma de de decirnos las cosas: "estas conmigo o contra mí, recogeis conmigo o desparramáis", son sus palabras.
¿Por qué Dios es tan radical en sus enseñanzas y en su Palabra? Porque quiere que alcancemos lo que hemos perdido: la vida eterna, y la felicidad en la tierra. Por eso el Hijo nos enseñó a rezar y a pedir: "venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo". Y es lo que rezamos cada día de nuestras vidas.
Entonces la preguna sería: ¿por qué rezar algo que no estoy dispuesto a vivir? Si pido que se haga Su Voluntad ¿por qué no la busco, la discierno y la vivo? ¿Por qué sólo hago mi voluntad y no vivo de acuerdo a la Palabra de Dios?
Sí, como dice el Profeta Elías, nos hemos acostumbrado a caminar sobre dos muletas: Dios y yo, Dios y el mundo. Pero, sobre todo, haciendo más caso a mi yo y al mundo que a Dios. A Él lo tengo para cuando haga falta.


 

martes, 7 de junio de 2022

Personajes públicos

"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".
Siempre pienso y digo que los cristianos somos personajes públicos, Dios ha querido ponernos sobre la mesa para que alumbremos al mundo, y así nos ha expuesto a la mirada de todos, y, aunque no lo queramos, siempre seremos mirados con buenos y con malos ojos.
Algunos verán nuestras virtudes y otros mirarán nuestros defectos y pecados.
Para algunos seremos los mejores y para otros los peores que hay sobre la tierra.
Algunos verán la mano de Dios en nuestras vidas y para otros seremos instrumentos de satanás.
Por eso el Señor cuando nos "puso sobre la mesa del mundo" también nos advirtió: "si esto hacen con la madera verde ¿qué no harán con la seca?".
Pero, también hay que aclarar, que las críticas del mundo, algunas veces, están bien fundadas en nuestros actos, porque no siempre hacemos la Voluntad de Dios, y en lugar de alumbrar oscurecemos. En este siglo y en todos los siglos, el pecado del mundo se metió de lleno en la vida de la iglesia y de los cristianos. Y, en verdad, no somos originales cuando dejamos que en nuestras vidas se nos "meta" el pecado del mundo.
Y, es por eso que tenemos que hacer frente al pecado del mundo con la Gracia de Dios. Tomando conciencia de nuestra realidad de saber que somos sal, luz y fermento en el mundo no debemos contagiarnos de "la levadura de los fariseos", sino que debemos dejarnos conducir por el Espíritu Santo, así "los hombres viendo nuestras buenas obras glorifiquen al Padre de los Cielos".
Mirar siempre nuestra vida con los ojos de Dios y pensar si lo que estoy viviendo es de Dios, para ver si soy realmente Luz que ilumina o luz que oscurece la vida de los demás, pues, aunque no me lo crea, mi vida siempre dejará una huella para que otros la sigan.
Así, como decía Santo Tomás Moro, no tengo que preocuparme por lo que piensen o digan los hombres de mí, sino lo que piense Dios de cómo estoy viviendo, si en Su Voluntad o de acuerdo a la voluntad del mundo.

 

lunes, 6 de junio de 2022

María, Madre de la Iglesia

De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María

La santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre de todos los vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero vivid de Jesucristo y por Jesucristo, porque incluso María tiene vida únicamente de Jesucristo y por Jesucristo.
La maternidad de la santa Virgen es una realidad innegable. Por otra parte, que María sea madre de los cristianos es algo que no puede ser más oportuno; éste fue también el designio de Dios, revelado ya desde el paraíso. Pero para que esta realidad penetre más profundamente en vuestros corazones, debéis admirar el modo como este designio de Dios llegó a cumplimiento en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando cómo Jesús quiso asociar a sí a la santa Virgen al engendrarnos por medio del alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos agradables al Padre.
En aquella ocasión, san Juan representaba la universalidad de los fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos del Salvador abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su cruz.
Así, pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la providencia quiso que, junto al Dios que moría, no permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él fue el único, él, el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de Jesús el que le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único fiel representó a todos los fieles. Por consiguiente, cuando Jesucristo, hablando a su Madre, le dice que Juan es su hijo, no penséis que considera a san Juan como un hombre particular: en la persona de Juan entrega a María todos sus discípulos, todos sus fieles, todos los herederos de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.
Por esto, precisamente, llama a María «Mujer»; con esta expresión quería significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente para ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer, oh nueva Eva —le dice—, ahí tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él representa son tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo amado; recibe, pues, en su persona a todos los cristianos, porque aquí Juan los representa a todos, ya que todos ellos son, como lo es Juan, mis discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo que el Salvador quería significar a su santa Madre.
Y lo que más importante se me antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras a María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios nos dio la vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre derramada por nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde significa a la purísima virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos los fieles. Mujer, ahí tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras contemplo al nuevo Adán que, al engendrarnos por su muerte, asocia a la nueva Eva, su santa Madre, en la generación, casta y misteriosa, de los hijos del nuevo Testamento.

domingo, 5 de junio de 2022

Pentecostés

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Pentecostés, una fiesta casi perdida dentro de la vida de la Iglesia, aunque en muchos lugares se hagan las vigilias de Pentecostés, no le damos la importancia que tiene. Claro que no es que tengamos que hacer muchas fiestas para darle importancia a algo, sino que es descubrir el valor que tiene algo, aunque no haya fiesta.
Para muchos el día del cumpleaños o el día de la madre o del padre o del hijo o cualquier otro día, sirven para hacer regalos, pero, quizás, en muchos, después no han mayor trascendencia en la relación, en la ayuda, en el afecto, en la continuidad de darle valor a lo que tenemos, salvo que, cuando nos falta, ahí es cuando descubrimos lo que teníamos, pero ya no está.
Así nos pasa en la Iglesia con la Fiesta del Espíritu Santo, que es en realidad, lo que celebramos en Pentecostés: Jesús ascendió al Padre y desde su seno nos envió el Espíritu Santo para comenzar el tiempo de la santificación de Su Pueblo, y, por medio de Su Pueblo, al mundo entero.
Es el Espíritu Santo quien nos ayuda, en cada momento, a ser Fieles a la Voluntad de Dios, es quien enciende en nosotros la llama del Amor y del deseo de llevar la Palabra de Dios hasta el confín del mundo y hasta el final de los tiempos. Son sus Dones los que nos hacen capaces de misionar, de evangelizar, de santificar nuestras horas y días, y de anunciar, con nuestras vidas, sin miedo y sin vergüenzas que Cristo es el centro y el culmen de nuestras vidas.
Por eso, la fiesta del Espíritu Santo, es cada día de nuestras vidas, pues sin Él nuestra vida entregada al Señor no tendría fuerza, no habría fuego en nuestras palabras y obras, no habría sabiduría en nuestras predicaciones, y, sobre todo, como lo vemos cada día, sólo habría esfuerzos humanos que buscan el aplauso y la fama, frutos del mundo que no son capaces de transformar el mundo ni de liberar al hombre de su pecado y postración.


 

sábado, 4 de junio de 2022

A tí qué?

 

"Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, ¿y éste qué?».
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
A veces la curiosidad no nos permite hacer lo que debemos, sino que nos detiene en la marcha el no saber de los demás. Pero también, muchas veces, nos detienen los celos y la envidia de lo que los demás están haciendo. Por eso, la respuesta de Jesús a Pedro es tajante: "¿a tí qué? Tú sígueme".
No te tiende que importar lo que Jesús le pida o deje de pedir a tu hermano, tú haz lo que debas hacer, busca la Voluntad de Dios y vívela, no te detengas a pensar si a tu hermnao le ha tocado algo mejor, o lo ha hecho mejor, o qué le va a dar Jesús a tu hermano.
Para lo único que tiene que importarte la vida de tu hermano es para poder ayudarlo a corregir su vida, porque "si ves que tu hermano peca, vé y corrígelo en privado". Y si tu hermano tiene sed ve y dale de beber. Pero eso se ve sólo si estoy ocupado en amar, y ese es el mayor de los trabajos que nos ha impuesto el Señor: "amaos unos a otros como yo os he amado".
Cuando sólo nos ocupamos de amar, nos olvidamos de criticar, de celar, de envidiar, porque cuando se ama no se cela lo que está viviendo o cómo está viviendo el otro, sino que nos alegramos que esté haciendo, también, la Voluntad de Dios. Si amamos no envidiamos lo que los demás tienen o, incluso, nos alegramos que tengan regalos de parte de Dios y que reciben honores por su trabajo bien realizado.
Si amamos no nos ponemos a criticar lo que los demás hacen, porque eso sería ir en contra de lo que Jesús hace o pudiera hacer con nosotros. Si amamos... cuánto bien haríamos a nuestra sociedad si de verdad amáramos como Dios nos pide.

viernes, 3 de junio de 2022

Me amas?

 

"Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Siempre me ha gustado mucho este diálogo de Jesús con Pedro, un diálogo íntimo y personal, en el que se refleja la profunda relación que existe entre ellos, pero, sobre todo, es una imagen de la relación que tiene que existir entre nosotros y Dios: una relación de dos personas que se aman.
Eso es el cristianismo: una relación de personas que se aman, entre Dios y yo, y entre mis hermanos y yo, porque "quien le hace esto a mis pequeños hermanos a mí me lo hacéis", dijo el Señor.
Pero no entiendo un cristianismo que sólo sea "cumplir" normas específicas, sino que es un seguir, conocer, vivir y amar a una Persona: Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad, Dios-Hombre.
"Si me amais cumpliréis mis mandamientos", nos decía Jesús. Sólo si le amamos podremos cumplir su Palabra, pero por amor a Él. Porque muchas veces que sólo cumpliendo los mandamientos no llegamos a vivir lo que Dios nos pide, porque dejamos de lado la Ley del amor, por sólo cumplir con la letra de la Ley.
Por eso, este diálogo de amor entre Pedro y Jesús, tiene que ser también un diálogo que hacemos cada día nosotros con Él, para que el Amor sea la base, el centro y el fin de nuestro querer ser Fieles a la Vida que Él nos regaló con su muerte y resurrección.