Del Comentario de san Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas.
Dice el Apóstol: Sed como yo, que, siendo judío de nacimiento, mi criterio
espiritual me hace tener en nada las prescripciones materiales de la ley. Ya que
yo soy como vosotros, es decir, un hombre. A continuación, de un modo discreto y
delicado, les recuerda su afecto, para que no lo tengan por enemigo. Les dice,
en efecto: En nada me habéis ofendido, como si dijera: «No penséis que mi
intención sea ofenderos.»
En este sentido les dice también: ¡Hijos míos!, para que lo imiten como a padre.
Por quienes sufro de nuevo dolores de parto -continúa-, hasta ver a Cristo
formado en vosotros. Esto lo dice más bien en persona de la madre Iglesia, ya
que en otro lugar afirma: Nos mostramos amables con vosotros, como una madre que
cuida con cariño de sus hijos.
Cristo es formado, por la fe, en el hombre interior del creyente, el cual es
llamado a la libertad de la gracia, es manso y humilde de corazón, y no se jacta
del mérito de sus obras, que es nulo, sino que reconoce que la gracia es el
principio de sus pobres méritos; a éste puede Cristo llamar su humilde hermano,
lo que equivale a identificarlo consigo mismo, ya que dice: Cada vez que lo
hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Cristo
es formado en aquel que recibe la forma de Cristo, y recibe la forma de Cristo
el que vive unido a él con un amor espiritual.
El resultado de este amor es la imitación perfecta de Cristo, en la medida en
que esto es posible. Quien dice que está siempre en Cristo -dice san Juan-
debe
andar de continuo como él anduvo.
Mas como sea que los hombres son concebidos por la madre para ser formados, y
luego, una vez ya formados, se les da a luz y -nacen, puede sorprendernos la
afirmación precedente: Por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a
Cristo formado en vosotros. A no ser que entendamos este sufrir de nuevo dolores
de parto en el sentido de las angustias que le causó al Apóstol su solicitud en
darlos a luz para que nacieran en Cristo; y ahora de nuevo los da a luz
dolorosamente por los peligros de engaño en que los ve envueltos. Esta
preocupación que le producen tales cuidados, acerca de ellos, y que él compara a
los dolores de parto, se prolongará hasta que lleguen a la medida de Cristo en su
plenitud, para que ya no sean llevados por todo viento de doctrina.
Por consiguiente, cuando dice: Por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta
ver a Cristo formado en vosotros, no se refiere al inicio de su fe, por el cual ya
habían nacido, sino al robustecimiento y perfeccionamiento de la misma. En este
mismo sentido habla en otro lugar, con palabras distintas, de este parto doloroso,
cuando dice: La responsabilidad que pesa sobre mí diariamente, mi preocupación
por todas las Iglesias. ¿Quién sufre angustias sin que yo las comparta? ¿Quién
es impugnado por el enemigo sin que esté yo en ascuas?
jueves, 30 de junio de 2022
Hasta ver a Cristo formado en nosotros
miércoles, 29 de junio de 2022
Daban testimonio de lo que habían visto
De los Sermones de san Agustín, obispo
El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él
celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos,
ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y
hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban
testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a
conocer la verdad hasta morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba
ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Y yo te digo que
tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Y Cristo le replicó: «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas.
Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo,
edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro.» «Pedro» es una palabra que se
deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que
«cristiano» viene de «Cristo».
El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus
discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el
único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello,
en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia,
pudo escuchar estas palabras: Yo te daré las llaves del reino de los cielos.
Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De
ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la
universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego,
tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la
Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor
dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a
continuación: Quedan perdonados los pecados a quienes los perdonéis; quedan
retenidos a quienes los retengáis.
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección,
encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera
el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del
Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con
ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los
demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.
No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos,
responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces
el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres
veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.
A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por
tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles.
Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días
diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de
hoy, sagrado para nosotros, por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su
fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.
martes, 28 de junio de 2022
No os convertistéis a mí
"Os transformé como Dios transformó a Sodoma y Gomorra y quedasteis como tizón sacado del incendio.
Pero no os convertisteis a mí - oráculo del Señor -. Por eso, así voy a tratarte, Israel. Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios".
Una profecía muy fuerte de parte de Dios para el Pueblo de Israel, pero también es una profecía que nos tiene que hacer pensar para nuestra vida cotidiana. Por lo menos es lo que a mí me parece. ¿Por qué? Porque muchas cosas ha hecho el Señor por nosotros, aunque nos parezca (como siempre pensamos) que todo lo hacemos nosotros solos y que el Señor no pone mucho de su parte. Pero si no tuviéramos la vida que el Señor nos ha dado ¿qué podríamos hacer? ¿Cuántas cosas ha hecho Él por nosotros? Aunque, en realidad, sólo tengamos en cuenta las que no ha hecho (según nuestro criterio)
Así es, según nuestro criterio Dios no ha hacho todo lo que nosotros queríamos: muchas veces hemos pedido y no hemos recibido, muchas veces hemos implorado y no hemos escuchado, y tantas otras hemos suplicado y no hemos obtenido respuesta. Y son esas cosas, lamentablemente, las que más tenemos en cuenta. Nos pasa con la gente que queremos, ¿no nos va a pasar con Dios?
Pero cuando miramos nuestra vida sí que vemos ¡cuánto que he trabajado! ¡cuánto que he logrado con mi esfuero y tesón! ¡Todo lo he ganado con esfuerzo propio!
Y es ahí donde descubro que no todo lo hice solo, que sólo he puesto de mi parte lo que Dios me ha dado como dones, como talentos, como hermanos que me han tendido una mano, y ¡tantas otras cosas más!
Lo que sucede es que en tiempos de tormenta, como los apóstoles en el mar enfurecido, vemos que el Señor no hace, pero Él está ahí, y nos vuelve a decir: ¡hombres de poca fe! Porque sólo miramos nuestras fuerzas y nuestros miedos, pero no vemos que aunque no notemos su Presencia Él siempre está a nuestro lado. Es en la tormenta cuando nos damos cuenta que parece que no está, pero cuando sale el sol ¿le pedimos que nos ayude a vivir? ¿le preguntamos qué quiere de nosotros? o ¿simplemente seguimos con la rutina de ser nosotros mismos los contructores de nuestra historia??
lunes, 27 de junio de 2022
Sígueme
Comenzamos la semana con muy buenas lecturas (como siempre) para reflexionar sobre nuestras vidas.
La primera lectura nos habla de un Dios que siempre tiene en cuenta la Alianza que ha sellado con el Pueblo, pero un Pueblo que no recuerda o, mejor dicho, que muchas veces se olvida de la Alianza sellada y de lo que había dicho acerca de seguir siendo Fiel a Dios. Un Pueblo que, dos por tres, se va con otros dioses y se olvida de todo lo que el Señor ha hecho por ellos.
Y, aquí cabría decir: a quien le quepa el sayo que se lo ponga. Porque más de una vez nos olvidamos de que decimos ser cristianos, nos hacemos la señal de la Cruz más de una vez por día, y bla, bla, bla, pero cuando llega el momento de cargar nuestra cruz, de renunciar a nosotros mismos, de aceptar la Voluntad de Dios, ya no nos acordamos de la Alianza que hemos sellado con nuestro Dios y Señor, ya no nos acordamos de qué Padre tenemos y, no pocas veces, hasta renegamos de que Dios nos pida tal o cual cosa.
Teniendo en cuenta esta historia y nuestra debilidad (en la palabra dada) debe ser por lo que Jesús cuando comenzó a ver que la gente lo seguía, enseguida puso las cosas en claro. No dijo que si queríamos podíamos hacer tal o cual cosa para seguirlo, no, dijo que para seguirla habia que hacer tal cosa: "quien quiera venir detrás de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame".
En esa misma línea leíamos el evangelio del domingo y de hoy lunes:
"Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
¿Por qué responde eso Jesús? Siguiendo con el Evangleiio de ayer, es porque ya se disponía a aceptar la Cruz, y su único lugar donde reclinaría su cabeza iba a ser el madero de la Cruz. Por eso ¿estás dispuesto a seguirme hasta la Cruz y dar tu vida por los hermanos?
"Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos».
Siempre tenemos buenas excusas, y, muchas veces, muy santas e irroprochables, pero son excusas. Cuando no quiero hacer la Voluntad de Dios, siempre habrá alguna mosca que me fatidie para poder responder con prontitud. No te detengas a la hora de la respuesta a Dios, y, sobre todo, que tu ¡Sí! sea ¡Sí! y que tu NO sea NO, porque a los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor.
domingo, 26 de junio de 2022
Segui-miento? de Jesús
sábado, 25 de junio de 2022
Conservaba estas cosas en su Corazón
De los Sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo
María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.
Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo el Señor entra de buen grado.
viernes, 24 de junio de 2022
En Tí está la fuente de la Vida
De las Obras de san Buenaventura, obispo
Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está
pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo
lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de .compasión
natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el
recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la
compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!
Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se
cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los
soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina
providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre yagua, se derramase el precio
de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los
sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para
los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para
comunicar vida eterna.
Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que labra su nido en los
agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla;
sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura
sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del
Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en
cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la
tierra.
Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh
alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:
«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz!
¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo
resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono
de tu divinidad!
¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos
mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura
ilimitada y su pureza imperturbable!
De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este
deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz
de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia
que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz.»
jueves, 23 de junio de 2022
La Voz que clama en el desierto
De los Sermones de san Agustín, obispo
La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado,
y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el
nacimiento de Juan y el de Cristo.
Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran
a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para
profundizarlo y sacar provecho de él.
Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita
virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda
mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto
es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y
las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las
profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla
en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros
piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual
habéis sido hechos templo.
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos
Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando
dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la
personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo
antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado
profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María,
salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión,
aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo
vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de
la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la
lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza
de su significado.
Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el
precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que,
antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto
modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se
referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento
de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse
el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la
boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha
nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de
anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo soy la voz
del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que
existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la
Palabra eterna desde el principio.
miércoles, 22 de junio de 2022
Por los frutos los conocereis
"Se situó el rey de pie junto a la columna y, en presencia del Señor, estableció la alianza, con el compromiso de caminar tras el Señor y guardar sus mandamientos, testimonios y preceptos, con todo el corazón y con toda el alma, y poner en vigor las palabras de la alianza escritas en el libro.
Todo el pueblo confirmó la alianza".
Un rey y un pueblo que teme al Señor, y por eso hizo una Alianza con el Señor. En el Antiguo Testamento se hacía mucha referencia a la justicia divina, y al castigo divino, por eso los reyes temían al Señor, pero sobre todo temían cuando el Señor quitaba su mano y dejaba al pueblo a su propio albedrío, y, sabiendo hacia dónde o lo que le pasaba al pueblo cuando iba solo y no tenía defensa divina, entonces, volvían a las Alianzas y el Señor volvía a ser la defensa del pueblo.
Jesús, con su sangre, selló una Nueva y Definitiva Alianza de Dios con el Pueblo, y nos enseñó que el Padre no castiga, sino que nos deja a nosotros vivir según nuestro libre albedrío, pero sabiendo que si nos alejamos de Él, Él no estará con nosotros. Así, hemos vivido y vivimos en este mundo: alejados de Dios, creyéndonos dioses nuevos que rigen el mundo hacia ¿dónde?
¿Hacia dónde va el mundo dirigido por hombres que se creen dioses?
"Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis".
Si aprendiéramos a discernir los frutos del mundo en que vivimos, nos daríamos cuenta que el mundo dirigido por hombres que se creen dioses no va por buen camino.
Y así nos pasa en nuestra propia vida, pues, aunque parezca que soy muy cristiano, en lo cotidiano no me rijo por la Ley de Cristo, sino que me dejo cautivar y mandar por las leyes del mundo. Un mundo sin Dios, sin verdaderos valores, y que sólo ven en Dios un estorbo para hacer lo que les da la gana.
Seguramente nos llamarán cualquier cosa cuando expresemos los valores del cristianismo, pero cuando creemos que son los Valores que Dios nos ha pedido vivir, y nos ha mostrado que ese es el Camino de la Vida Verdadera, entonces no nos importará que hablen mal de nosotros, porque sabemos por dónde y hacia dónde caminamos, porque intentamos ser coherentes con lo que decimos que creemos y por eso, a pesar de nuestros errores, intentamos caminar por la senda de la Voluntad de Dios, para que nuestros frutos sean buenos y verdaderos.
martes, 21 de junio de 2022
Por la puerta estrecha
Con cada uno de los párrafos del evangelio de hoy se pueden hacer miles de reflexiones que nos sirvan para la vida, pero eso sería escribir todo un libro sobre nuestra manera de vivir como cristianos, pero vamos a intentar resumirlo en pocas palabras, y después lo llevamos a la oración para cada día de nuestras vidas:
"No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros".
Éste párrafo me hace acordar a las florecillas de algunos santos, como por ejemplo san Francisco de Asís, que cuando los hombres no lo querían escuchar él se iba a hablar con los pájaros o los peces, que era quienes lo escuchaban con atención. ¿Cuántas cosas que nos ayudan a la vida crisitana, a madurar en nuestra fe, a reciibr la Gracia, etc., vamos dejando de lado? ¿Cuántas veces tenemos la oportunidad de ponernos a rezar, a reflexiionar la Palabra o a ir a recibir la Eucaristía y lo dejamos de lado? Y así, ¿cuántas cosas que Dios pone a nuestro alcance y no las utilizamos?
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Creo que esta es una de las tantas premisas que el Señor nos ha dejado para vivir y que nos cuesta ponerla en práctica. Siempre queremos que los demás hagan cosas buenas por nosotros, pero no nos gusta a nosotros hacerla por ellos. Muchas veces, si ponemos un espejo en lo que decimos o hacemos por los demás o para las demás, vamos a descubrir que no nos gustaría que lo hicieran conmigo, pero poco reflexionamos sobre ello.
"Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos".
El camino del placer y los vicios es el más fácil de comenzar a recorrer. Nuestra primera tentación es el camino fácil, placentero, el de "me gusta", "me hace bien", "todos lo hacen", "Y ¿por qué no hacerlo?". Sin embargo no hacemos la misma reflexión acerca de la vida de los santos, pero sí de los que viven de acuerdo a la ideología del mundo, de acuerdo a sus vicios y placeres. ¿Por qué no vivir de acuerdo al Evangelio y no al mundo?
"¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos".
No se si pocos dan con ella, aunque no quiero contradecir al Señor, pero sí que muchos conocemos cuál es la Puerta Estrecha de la vida cristiana, pero no queremos abirla para pasar por ella. El Evangelio que nos pide vivir nuestro Señor Jesucristo, es la Puerta Estrecha, pero nos resultan "palabras duras" de digerir y por eso evitamos reflexionar y, por supuesto, llevarlo a la vida. Es por ello que, cada día, los cristianos vamos dejando de lado la Verdad del Evangelio y nos vamos tornando tibios para vivir según la Voluntad de Dios, pues dejamos que nuestros gustos y placeres nos guién por el camino que nos aleja de Cristo y Su Palabra.
lunes, 20 de junio de 2022
El cristiano es otro Cristo
Del Tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, Sobre el perfecto modelo del cristiano.
Pablo, mejor que nadie, conocía a Cristo y enseñó, con sus obras, cómo deben
ser los que de él han recibido su nombre, pues lo imitó de una manera tan
perfecta que mostraba en su persona una reproducción del Señor, ya que, por su
gran diligencia en imitarlo, de tal modo estaba identificado con el mismo ejemplar,
que no parecía ya que hablara Pablo, sino Cristo, tal como dice él mismo,
perfectamente consciente de su propia perfección: Ya que andáis buscando pruebas de
que Cristo habla por mí. Y también dice: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien
vive en mí.
Él nos hace ver la gran virtualidad del nombre de Cristo, al afirmar que Cristo
es la fuerza y sabiduría de Dios, al llamarlo paz y luz inaccesible en la que
habita Dios, expiación, redención, gran sacerdote, Pascua, propiciación de las
almas, irradiación de la gloria e impronta de la substancia del Padre, por quien
fueron hechos los siglos, comida y bebida espiritual, piedra y agua, fundamento
de la fe, piedra angular, imagen del Dios invisible, gran Dios, cabeza del
cuerpo que es la Iglesia, primogénito de la nueva creación, primicias de los que
han muerto, primogénito de entre los muertos, primogénito entre muchos hermanos,
mediador entre Dios y los hombres, Hijo unigénito coronado de gloria y de honor,
Señor de la gloria, origen de las cosas, rey de justicia y rey de paz, rey de
todos, cuyo reino no conoce fronteras.
Estos nombres y otros semejantes le da, tan numerosos que no pueden contarse.
Nombres cuyos diversos significados, si se comparan y relacionan entre sí, nos
descubren el admirable contenido del nombre de Cristo y nos revelan, en la
medida en que nuestro entendimiento es capaz, su majestad inefable.
Por lo cual, puesto que la bondad de nuestro Señor nos ha concedido una
participación en el más grande, el más divino y el primero de todos los nombres,
al honrarnos con el nombre de «cristianos», derivado del de Cristo, es necesario
que todos aquellos nombres que expresan el significado de esta palabra se vean
reflejados también en nosotros, para que el nombre de «cristianos» no aparezca
como una falsedad, sino que demos testimonio del mismo con nuestra vida.
domingo, 19 de junio de 2022
Dadle vosotros de comer
sábado, 18 de junio de 2022
Darnos cuenta
"Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos".
Cada día nos vamos dando cuenta que no nos alcanzan las horas del día para hacer todo lo que queremos. Pero nunca nos damos cuenta que todo lo que queremos no es todo lo que debemos hacer, sino que tenemos que darle prioridades a las cosas que queremos. Así vivimos agobiados porque nunca tenemos tiempo para nada, es lo que decimos u oímos por ahí.
Hoy en día el materialismo reinante nos mantiene inmersos en una búsqueda constante de tiempo para poder tener lo neceserio para vivir bien, para darnos todos los gustos, y dejar un futuro seguro para los hijos. Hay familias que no se ven casi en todo el día, pues trabajan uno por un lado y otro por otro. Familias donde los padres están ausentes, mientras los abuelos hacen de padres, para que los hijos puedan crecer y estar acompañados.
¿Dónde está el justo medio para que volvamos a ser seres que trabajen para vivir y no que vivan para trabajar? ¿Dónde está el justo medio para que las familias vuelvan a estar unidas y puedan tener tiempo para disfrutarse entre sí y gozar del tiempo con sus hijos?
¿Acaso no nos damos cuenta que vamos destruyendo nuestra sociedad porque vamos destruyendo las familias? El aogbio que cada uno trae de su lugar de trabajo, de su día a día, es el que va desintegrando y gastando el amor conyugal y rompiendo familias que, como se decía antes, "son la base de la sociedad". Pero no sólo se destruyen familias, sino que se destruyen personas que ya no vuelven a ser las mismas.
El agobio por el tener y poseer nos va quitando el ser, nos va quitando, poco a poco, sin notarlo, el gozo del estar con el otro, el gozo del compartir el tiempo, el gozo de sentarnos a hablar, a ver crecer a los hijos, el poder compartir con los abuelos largas charlas sobre su sabiduría, o, simplemente estar con ellos para disfurtar de una vida entregada y compartida.
¿Cuándo nos daremos cuenta que tenemos que frenar nosotros mismos esta carrera sin final para poder ser lo que el Padre siempre soñó? No dejemos que la carrera contra el tiempo nos quite el tiempo que necesitamos para alcanzar lo que verdaderamente nos da vida, y Vida en abundancia.
viernes, 17 de junio de 2022
Las maravillas de Dios
Del Comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir, sobre los salmos
Primero Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, con grandes
portentos y prodigios; los hizo pasar el mar Rojo a pie enjuto; en el desierto
los alimentó con manjar llovido del cielo, el maná y las codornices; cuando
padecían sed hizo salir de la piedra durísima un perenne manantial de agua; les
concedió la victoria sobre todos los que guerreaban contra ellos; por un tiempo
detuvo de su curso natural las aguas del Jordán; les repartió por suertes la
tierra prometida, según sus tribus y familias. Pero aquellos hombres ingratos,
olvidándose del amor y munificencia con que les había otorgado tales cosas,
abandonaron el culto del Dios verdadero y se entregaron, una y otra vez, al
crimen abominable de la idolatría.
Después, también a nosotros, que, cuando éramos gentiles, nos dejábamos
arrebatar a los pies de los ídolos mudos, como si fuésemos arrastrados
por ellos, Dios nos arrancó del olivo silvestre de la gentilidad, al que
pertenecíamos por naturaleza, nos injertó en el verdadero olivo del pueblo
judío, desgajando para ello algunas de sus ramas naturales, y nos hizo
partícipes de la raíz de su gracia y de la rica sustancia del olivo.
Finalmente, no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte
por todos nosotros, como oblación de suave fragancia, para redimirnos de
toda iniquidad y para reservarse para sí, como posesión propia, un pueblo
purificado.
Todo ello, más que argumentos, son signos evidentes inmenso amor y bondad de Dios
para con nosotros; y, sin embargo, nosotros, sumamente ingratos, más aún, traspasando
todos los límites de la ingratitud, no tenemos en cuenta su amor ni reconocemos la
magnitud de sus beneficios, sino que menospreciamos y tenemos casi en nada al autor y
dador de tan grandes bienes; ni tan siquiera la extraordinaria misericordia de que
usa continuamente con los pecadores nos mueve a ordenar nuestra vida y conducta conforme a
sus mandamientos.
Ciertamente es digno todo ello de que sea escrito las generaciones futuras,
para memoria perpetua, de que todos los que en el futuro han de llamarse
paganos reconozcan la inmensa benignidad de Dios con nosotros y no dejen
nunca de cantar sus alabanzas.
jueves, 16 de junio de 2022
Aceptar el pack completo
"Vosotros orad así:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
Se podría decir que la oración del Padre nuestro no termina con el "líbranos del mal", sino que continúa, aunque no lo recemos con los siguientes renglones, porque son parte o, mejor dicho, son una condición sin la cual no deberíamos rezar el Padre nuestro: "porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial, pero si no pedonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas".
Sí, a veces nos olvidamos de las partes más importantes de lo que nos dice Jesús, y nos las olvidamos porque, en muchos casos, nos gusta saber que podemos ser perdonados sin perdonar, y eso es un error. No podemos olvidarnos de las condiciones sin las cuales nos se pueden vivir ciertas cosas o decir ciertas cosas.
Otro ejemplo es, como siempre lo repito, la parábola del "pedid y se os dará", nos acordamos de esas frases y por eso creemos que podemos pedir todo lo que querramos, pero al final dice Jesús: "cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere", y es lo único que, generalmente, no pedimos: el Espíritu Santo.
O lo que nos olvidamos más fácilmente es la primera condición sin la cual no podemos ser cristianos: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame". La negación a nosotros mismos y la cruz de cada día no precisamente lo que buscamos cada día al levantarnos, sino que hacemos todo lo contrario.
Por eso y por mucho más necesitamos siempre pedir el Espíritu Santo para no olvidarnos de las condiciones sin las cuales no podemos vivir como cristos, es decir como cristianos. O aceptamos toda La Palabra o no, que tu Sí sea Sí, que tu No sea No.
miércoles, 15 de junio de 2022
Venga a nosotros Tu Reino
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
Prosigue la oración que comentamos: Venga tu reino. Pedimos que se haga presente en nosotros el reino de Dios, del mismo modo que suplicamos que su nombre sea santificado en nosotros. Porque no hay un solo momento en que Dios deje de reinar, ni puede empezar lo que siempre ha sido y nunca dejará de ser. Pedimos a Dios que venga a nosotros nuestro reino que tenemos prometido, el que Cristo nos ganó con su sangre y su pasión, para que nosotros, que antes servimos al mundo, tengamos después parte en el reino de Cristo, como él nos ha prometido, con aquellas palabras: Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino que está preparado para vosotros desde la creación del mundo.
También podemos entender, hermanos muy amados, este reino de Dios, cuya venida deseamos cada día, en el sentido de la misma persona de Cristo, cuyo próximo advenimiento es también objeto de nuestros deseos. Él es la resurrección, ya que en él resucitaremos, y por esto podemos identificar el reino de Dios con su persona, ya que en él hemos de reinar. Con razón, pues, pedimos el reino de Dios, esto es, el reino celestial, porque existe también un reino terrestre. Pero el que ya ha renunciado al mundo está por encima de los honores y del reino de este mundo.
Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, no en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello necesitamos de la voluntad de Dios, es decir, de su protección y ayuda, ya que nadie puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y misericordia divina. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase este cáliz sin que yo lo beba, y, para dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia, añade: Sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la tuya.
La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. La humildad en la conducta, la firmeza en la fe, el respeto en las palabras, la rectitud en las acciones, la misericordia en las obras, la moderación en las costumbres; el no hacer agravio a los demás y tolerar los que nos hacen a nosotros, el conservar la paz con nuestros hermanos; el amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; y, cuando está en juego su nombre y su honor, el mostrar en nuestras palabras la constancia de la fe que profesamos, en los tormentos la confianza con que luchamos y en la muerte la paciencia que nos obtiene la corona. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios y la voluntad del Padre.
martes, 14 de junio de 2022
Santificado sea Tu Nombre
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor.
Cuán grande es la benignidad del Señor, cuán abundante la riqueza de su condescendencia y de su bondad para con nosotros, pues ha querido que, cuando nos pongamos en su presencia para orar, lo llamemos con el nombre de Padre y seamos nosotros llamados hijos de Dios, a imitación de Cristo, su Hijo; ninguno de nosotros se hubiera nunca atrevido a pronunciar este nombre en la oración, si él no nos lo hubiese permitido. Por tanto, hermanos muy amados, debemos recordar y saber que, pues llamamos Padre a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que él se complazca en nosotros, como nosotros nos complacemos de tenerlo por Padre.
Sea nuestra conducta cual conviene a nuestra condición de templos de Dios, para que se vea de verdad que Dios habita en nosotros. Que nuestras acciones no desdigan del Espíritu: hemos comenzado a ser espirituales y celestiales y, por consiguiente, hemos de pensar y obrar cosas espirituales y celestiales, ya que el mismo Señor Dios ha dicho: Yo honro a los que me honran, y serán humillados los que me desprecian. Asimismo el Apóstol dice en una de sus cartas: No os pertenecéis a vosotros mismos; habéis sido comprados a precio; en verdad glorificad y llevad a Dios en vuestro cuerpo.
A continuación añadimos: Santificado sea tu nombre, no en el sentido de que Dios pueda ser santificado por nuestras oraciones, sino en el sentido de que pedimos a Dios que su nombre sea santificado en nosotros. Por lo demás, ¿por quién podría Dios ser santificado, si es él mismo quien santifica? Mas, como sea que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo, por esto pedimos y rogamos que nosotros, que fuimos santificados en el bautismo, perseveremos en esta santificación inicial. Y esto lo pedimos cada día. Necesitamos, en efecto, de esta santificación cotidiana, ya que todos los días delinquimos, y por esto necesitamos ser purificados mediante esta continua y renovada santificación.
El Apóstol nos enseña en qué consiste esta santificación que Dios se digna concedernos, cuando dice: Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los rapaces poseerán el reino de Dios. Y en verdad que eso erais algunos; pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Afirma que hemos sido santificados en el nombre de Jesucristo, el Señor, por el Espíritu de nuestro Dios. Lo que pedimos, pues, es que permanezca en nosotros esta santificación y -acordándonos de que nuestro juez y Señor conminó a aquel hombre que él había curado y vivificado a que no volviera a pecar más, no fuera que le sucediese algo peor- no dejamos de pedir a Dios, de día y de noche, que la santificación y vivificación que nos viene de su gracia sea conservada en nosotros con ayuda de esta misma gracia.
lunes, 13 de junio de 2022
La palabra tiene fuerza junto con las obras
De los Sermones de san Antonio de Padua, presbítero
El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y por esto el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica.» En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.
Pero los apóstoles hablaban según les hacía expresarse el Espíritu Santo. ¡Dichoso el que habla según le hace expresarse el Espíritu Santo y no según su propio sentir!
Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndolas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor— que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor—, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.
Hablemos, pues, según nos haga expresarnos el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.
domingo, 12 de junio de 2022
No podemos saber todo
sábado, 11 de junio de 2022
Sois la luz del mundo
viernes, 10 de junio de 2022
Estaba en la brisa suave
jueves, 9 de junio de 2022
Cristo, sacerdote y víctima
miércoles, 8 de junio de 2022
Caminar con dos muletas
martes, 7 de junio de 2022
Personajes públicos
lunes, 6 de junio de 2022
María, Madre de la Iglesia
De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María
La santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre
de todos los vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero
vivid de Jesucristo y por Jesucristo, porque incluso María tiene vida
únicamente de Jesucristo y por Jesucristo.
La maternidad de
la santa Virgen es una realidad innegable. Por otra parte, que María
sea madre de los cristianos es algo que no puede ser más oportuno; éste
fue
también el designio de Dios, revelado ya desde el paraíso. Pero
para que esta realidad penetre más profundamente en vuestros corazones,
debéis admirar el modo como este designio de Dios llegó a cumplimiento
en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando cómo Jesús quiso
asociar a sí a la santa Virgen al engendrarnos por medio del
alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos
agradables al Padre.
En
aquella ocasión, san Juan representaba la universalidad de los
fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos del Salvador
abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que
comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su
cruz.
Así, pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la
providencia quiso que, junto al Dios que moría, no
permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él fue el único, él,
el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de Jesús el que
le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único
fiel representó a todos los fieles. Por consiguiente, cuando
Jesucristo, hablando a su Madre, le dice que Juan es su hijo, no penséis
que considera a san Juan como un hombre particular: en la persona de
Juan entrega a
María todos sus discípulos, todos sus fieles, todos los herederos
de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.
Por esto,
precisamente, llama a María «Mujer»; con esta expresión quería
significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente para
ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer, oh nueva Eva —le dice—,
ahí tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él
representa son tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo
amado; recibe, pues, en su persona a todos los cristianos, porque aquí
Juan los representa a todos, ya que todos ellos son, como lo es Juan,
mis
discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo que el Salvador
quería significar a su santa Madre.
Y lo que más importante se me
antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras a
María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios
nos dio la vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre
derramada por nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde
significa a la
purísima virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos
los fieles. Mujer, ahí tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras
contemplo al nuevo Adán que, al engendrarnos por su muerte, asocia a la
nueva Eva,
su santa Madre, en la generación, casta y misteriosa, de los hijos
del nuevo Testamento.
domingo, 5 de junio de 2022
Pentecostés
sábado, 4 de junio de 2022
A tí qué?
viernes, 3 de junio de 2022
Me amas?