De los hechos de san Ignacio recibidos por Luis Gonçalves de labios del mismo santo
Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones
llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido,
pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló
en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo
y otro que tenía por título Flos sanctorum, escritos en su lengua materna.
Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las
cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que
había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de
las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior.
Pero entretanto iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su
ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa
de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se
ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo: «¿Y si yo hiciera lo mismo que san
Francisco o que santo Domingo?» Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos
pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo,
volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta
sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.
Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello
le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la
realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando
pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo
entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo
dejaban lleno de alegría. De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba
importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a
admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una
clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y así fue
como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se
dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a
comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos.
sábado, 31 de julio de 2021
Examinad si los espíritus vienen de Dios
viernes, 30 de julio de 2021
Soportarlo todo por Dios...
Comienza la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a san Policarpo de Esmirna.
Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a Policarpo,
obispo de la Iglesia de Esmirna, o más bien, puesto él mismo bajo la vigilancia o
episcopado de Dios Padre y del Señor Jesucristo: mi más cordial saludo. Al comprobar que
tu sentir está de acuerdo con Dios y asentado como sobre roca inconmovible, yo glorifico
en gran manera al Señor por haberme hecho la gracia de ver tu rostro intachable, del que
ojalá me fuese dado gozar siempre en Dios. Yo te exhorto, por la gracia de que estás
revestido, a que aceleres el paso en tu carrera, y a que exhortes a todos para que se salven.
Desempeña el cargo que ocupas con toda diligencia corporal y espiritual. Preocúpate de que se
conserve la concordia, que es lo mejor que puede existir. Llévalos a todos sobre ti, como a
ti te lleva el Señor. Sopórtalos a todos con espíritu de caridad, como siempre lo haces.
Dedícate continuamente a la oración. Pide mayor sabiduría de la que tienes. Mantén alerta tu
espíritu, pues el espíritu desconoce el sueño. Háblales a todos al estilo de Dios. Carga sobre
ti, como perfecto atleta, la enfermedades de todos. Donde mayor es el trabajo, allí hay rica
ganancia.
Si sólo amas a los buenos discípulos, ningún mérito tienes en ello. El mérito
está en que sometas con mansedumbre a los más perniciosos. No toda herida se cura con el mismo
emplasto. Los accesos de fiebre cálmalos con aplicaciones húmedas. Sé en todas las cosas
prudente como la serpiente, pero sencillo en toda ocasión, como la paloma. Por eso
justamente eres a la vez corporal y espiritual, para que aquellas cosas que saltan a tu vista
las desempeñes buenamente, y las que no alcanzas a ver ruegues que te sean manifestadas.
De este modo nada te faltará, sino que abundarás en todo don de la gracia. Los tiempos
requieren de ti que aspires a alcanzar a Dios, justamente con los que tienes encomendados,
como el piloto anhela prósperos vientos, y el navegante, sorprendido; por la tormenta, suspira
por el puerto. Sé sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna,
de cuya existencia también tú estás convencido. En todo y por todo soy una víctima de expiación
por ti, así como mis cadenas, que tú mismo has besado.
Que no te amedrenten los que se dan aires de hombres dignos de todo crédito y
enseñan doctrinas extrañas a la fe. Por tu parte, mantente firme como un yunque golpeado por
el martillo. Es propio de un grande atleta el ser desollado y, sin embargo, vencer. Pues ¡cuánto
más hemos de soportarlo todo nosotros por Dios, a fin de que también él nos soporte a nosotros!
Sé todavía más diligente de lo que eres. Date cabal cuenta de los tiempos. Aguarda al que está
por encima del tiempo, al intemporal, al invisible, que por nosotros se hizo visible; al
impalpable, al impasible, que por nosotros se hizo pasible; al que en todas las formas posibles
sufrió por nosotros.
Las viudas no han de ser desatendidas. Después del Señor, tú has de ser quien cuide
de ellas. Nada se haga sin tu conocimiento, y tú, por tu parte, hazlo todo contando con Dios,
como efectivamente lo haces. Mantente firmé. Celébrense reuniones con más frecuencia. Búscalos a
todos por su nombre. No trates altivamente a esclavos y esclavas; mas tampoco dejes que se engrían,
sino que traten, para gloria de Dios, de mostrarse mejores servidores, a fin de que alcancen de él
una libertad más excelente.
jueves, 29 de julio de 2021
Dichosos los que hospedan al Señor
De los Sermones de san Agustín, obispo
Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de
ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos
todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva;
hacia ella tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no
cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un
día llegar a término.
Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre,
sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor,
ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se
acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que
hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una creatura al Creador. Le dio hospedaje
para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu. Porque el
Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello
no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el
permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.
Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a
los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron dio poder de llegar
a ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo
a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: «Dichosos
los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa.» No te sepa mal, no te quejes por
haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te
priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de
estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta -dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos
servicios-, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil
detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente
son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos
a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber,
enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí
seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará
su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa
opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor,
refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que se pondrá de faena, los hará sentar a la mesa y
se prestará a servirlos.
miércoles, 28 de julio de 2021
La verdadera enseñanza evita la arrogancia
De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job.
Escucha mis palabras, Job, presta oído a mi discurso. Ésta es la característica
propia de la manera de enseñar de los arrogantes, que no saben inculcar sus
enseñanzas con humildad ni comunicar rectamente las cosas rectas que saben. En
su manera de hablar se pone de manifiesto que ellos, al enseñar, se consideran
como situados en el lugar más elevado, y miran a los que reciben su enseñanza
como si estuvieran muy por debajo de ellos, y se dignan hablarles no en plan de
consejo, sino como quien pretende imponerles su dominio.
A estos tales les dice,
con razón, el Señor, por boca del profeta: Vosotros los habéis dominado con crueldad
y violencia. Con crueldad y con violencia dominan, en efecto, aquellos que, en vez de
corregir a sus súbditos razonando reposadamente con ellos, se apresuran a doblegarlos
rudamente con su autoridad.
Por el contrario, la verdadera enseñanza evita con su
reflexión.: este vicio de la arrogancia, con tanto más interés cuanto que su intención
consiste precisamente en herir con los dardos de sus palabras a aquel que es el maestro
de la arrogancia. Procura, en efecto, no ir a obtener, con una manera arrogante de
comportarse, el resultado contrario, es decir: predicar a aquel a quien quiere atacar,
con santas enseñanzas, en el corazón de sus oyentes. Y, así, se esfuerza por enseñar de
palabra y de obra la humildad, madre y maestra de todas las virtudes, de manera que la
explica a los discípulos de la verdad con las acciones, más que con las palabras.
De ahí que Pablo, hablando a los tesalonicenses, como olvidándose de la autoridad que
tenía por su condición de apóstol, les dice: Nos mostramos amables con vosotros. Y, en
el mismo sentido, el apóstol Pedro, cuando dice: Estad siempre prontos para dar razón
de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere, enseña que hay que guardar en ello
el modo debido, añadiendo: Pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia.
Y, cuando Pablo dice a su discípulo: Vete enseñando todo esto, reprendiendo con toda
autoridad, no es su intención inculcarle un dominio basado en el poder, sino una
autoridad basada en la conducta. En efecto, la manera de enseñar algo con autoridad es
practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la
conciencia contradice las palabras. Por tanto, lo que le aconseja no es un modo de
hablar arrogante y altanero, sino la confianza que infunde una buena conducta. Por
esto hallamos escrito también acerca del Señor: Les enseñaba como quien tiene autoridad,
y no a la manera de los doctores que tenían ellos. El, en efecto, de un modo único y
singular, hablaba con autoridad, en el sentido verdadero de la palabra, ya que nunca
cometió mal alguno por debilidad. Él tuvo por el poder de su divinidad aquello que nos
comunicó a nosotros por la inocencia de su humanidad.
martes, 27 de julio de 2021
Sembrad para vosotros mismos en justicia
De las Homilías de san Basilio Magno, obispo.
Oh hombre, imita a la tierra; produce fruto igual que ella, no sea que parezcas peor que ella, que es un ser inanimado. La tierra produce unos frutos de los que ella no ha de gozar, sino que están destinados a tu provecho. En cambio, los frutos de beneficencia que tú produces los recolectas en provecho propio, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio de los que las hacen. Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo y se te devuelve acrecentado. Del mismo modo que el grano de trigo, al caer en tierra, cede en provecho del que lo ha sembrado, así también el pan que tú das al pobre te proporcionará en el futuro una ganancia no pequeña. Procura, pues, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial: Sembrad para vosotros mismos en justicia, dice la Escritura.
Tus riquezas tendrás que dejarlas aquí, lo quieras o no; por el contrario, la gloria que hayas adquirido con tus buenas obras la llevarás hasta el Señor, cuando, rodeado de los elegidos, ante el juez universal, todos proclamarán tu generosidad, tu largueza y tus beneficios, atribuyéndote todos los apelativos indicadores de tu humanidad y benignidad. ¿Es que no ves cómo muchos dilapidan su dinero en los teatros, en los juegos atléticos, en las pantomimas, en las luchas entre hombres y fieras, cuyo solo espectáculo repugna, y todo por una gloria momentánea, por el estrépito y aplauso del pueblo?
Y tú, ¿serás avaro, tratándose de gastar en algo que ha de redundar en tanta gloria para ti? Recibirás la aprobación del mismo Dios, los ángeles te alabarán, todos los hombres que existen desde el origen del mundo te proclamarán bienaventurado; en recompensa por haber administrado rectamente unos bienes corruptibles, recibirás la gloria eterna, la corona de justicia, el reino de los cielos. Y todo esto te tiene sin cuidado, y por el afán de los bienes presentes menosprecias aquellos bienes que son el objeto de nuestra esperanza. Ea, pues, reparte tus riquezas según convenga, sé liberal y espléndido en dar a los pobres. Ojalá pueda decirse también de ti: Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante.
Deberías estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser tú quien ha de importunar a la puerta de los demás, sino los demás quienes acuden a la tuya. Y en cambio te retraes y te haces casi inaccesible, rehuyes el encuentro con los demás, para no verte obligado a soltar ni una pequeña dádiva. Sólo sabes decir: «No tengo nada que dar, soy pobre.» En verdad eres pobre y privado de todo bien: pobre en amor, pobre en humanidad, pobre en confianza en Dios, pobre en esperanza eterna.
lunes, 26 de julio de 2021
Por los frutos los conocereis
De los Sermones de san Juan Damasceno, obispo.
Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana,
la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino
que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo.
Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que
había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se
mantiene.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está
obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de
todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del
Creador.
Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo,
la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un
niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del
gran designio» de la salvación universal, «Dios poderoso». Este niño es
Dios.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois
conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por
sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de
una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su
origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya
de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del
parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y
excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y
en su cuerpo.
¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad
prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un
fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la
que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en
vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis
una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles.
¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios!
¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste!
¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el
privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus
padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.
domingo, 25 de julio de 2021
El Amor de Cristo apremia
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: "No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís." Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: "Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros."
Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: "¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?", sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de "bautismo," para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo.
Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.
¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: "Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre." Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.
Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero —como ya dije en otro lugar— si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los Apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio.
sábado, 24 de julio de 2021
Estoy rebosante de gozo
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios.
Nuevamente vuelve Pablo a hablar de la caridad, para atemperar la aspereza de su
reprensión. Pues, después que los ha reprendido y les ha echado en cara que no
lo aman como él los ama, sino que, separándose de su amor, se han juntado a
otros hombres perniciosos, por segunda vez suaviza la dureza de su reprensión,
diciendo: Dadnos
amplio lugar en vuestro corazón, esto es: «Amadnos».
El favor que pide no es en manera alguna gravoso, y es un favor de más provecho
para el que lo da que para el que lo recibe. Y no dice: «Amadnos», sino: Dadnos
amplio lugar en vuestro corazón, expresión que incluye un matiz de compasión.
«¿Quién -dice- nos ha echado fuera de vuestra mente? ¿Quién nos ha arrojado de
ella? ¿Cuál es la causa de que nos sintamos al estrecho entre vosotros?» Antes
había dicho: En vuestro corazón no hay lugar para nosotros y ahora aclaró el
sentido de esta expresión, diciendo: Dadnos amplio lugar en vuestro corazón,
añadiendo este, nuevo motivo para atraérselos. Nada hay, en efecto, que mueva
tanto a amar como el pensamiento, por parte de la persona amada, de que aquel
que la ama desea en gran manera verse correspondido.
Ya antes os dije -añade- que os llevamos dentro de nuestro mismo corazón,
unidos en vida y en muerte. Muy grande es la fuerza de este amor, pues que,
a pesar de sus desprecios, desea morir y vivir con ellos. «Porque estáis dentro
de nuestro corazón, mas no de cualquier modo, sino del modo dicho.» Porque puede
darse el caso de uno que ame pero rehuya el peligro; no es éste nuestro caso.
Lleno estoy de consuelo. ¿De qué consuelo? «Del que
vosotros me proporcionáis: porque os habéis enmendado y, me habéis consolado así
con vuestras obras.» Esto es propio del que ama, reprochar la falta de
correspondencia a su amor, pero con el temor de excederse en sus reproches y causar
tristeza. Por esto dice: Lleno estoy
de consuelo, rebosante de gozo.
Es como si dijera: «Me habéis proporcionado una gran tristeza, pero me habéis
proporcionado también una gran satisfacción y consuelo, ya que no sólo habéis
quitado la causa de mi tristeza, sino que además me habéis llenado de una
alegría mayor aún.»
Y a continuación explica cuán grande sea esta alegría, cuando, después que ha
dicho: Estoy rebosante de gozo, añade también: Por encima de todas nuestras
tribulaciones. «Tan grande -dice- es el placer que me habéis dado, que ni estas
tan graves tribulaciones han podido oscurecerlo, sino que su grandeza exuberante
ha superado todos los pesares que nos invadían y ha hecho que ni los
sintiéramos.»
viernes, 23 de julio de 2021
La poda de Dios
jueves, 22 de julio de 2021
Ardía en deseos de Cristo
De las Homilías de san Gregorio, papa, sobre los Evangelios
María Magdalena, cuando llegó a al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del
Señor, creyó que alguien se los había llevado y así lo comunicó a los
discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era
tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el Evangelio acerca de ellos:
Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: María se
había quedado fuera, llorando junto al sepulcro.
Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en
el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los
discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo
buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor; ardía en deseos de aquel a
quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto ella fue la única en verlo
entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas
obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la
Verdad en persona: El que persevere hasta el fin se salvará.
Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue
como lo encontró; con la dilación iba aumentando su deseo, y este deseo
aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan
con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran
verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque
ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de
Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos
sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares:
Desfallezco de amor; y también: Mi alma se derrite.
Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Se le pregunta la
causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a
quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.
Jesús dijo: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre
genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio.
Es como si le dijera: «Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de
un modo genérico, como a los demás, sino en especial.» María, al sentirse llamada
por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama «rabbuní»,
es decir: «maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que
interiormente la instruía para que lo buscase.
miércoles, 21 de julio de 2021
Alegría y paz en el Espíritu Santo
Del libro de la Imitación de Cristo.
Conviértete a Dios de todo corazón, despréndete de este mundo miserable y tu
alma encontrará la paz; pues el reino de Dios es paz y alegría en el Espíritu
Santo. Cristo vendrá a ti y te dará a probar su consuelo, si le preparas una
digna morada en tu interior.
Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí
se complace. Tiene él un frecuente trato con el hombre interior, platica
dulcemente con él, lo consuela suavemente, le infunde una paz profunda y tiene
con él una familiaridad admirable en extremo.
Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo, para que se digne venir a
ti y habitar en ti. Pues él dice: Si alguno me ama guardará mi palabra, y vendremos a
fijar en él nuestra morada. De modo que hazle en ti lugar a Cristo. Si posees a
Cristo, serás rico y con él te bastará. Él será tu proveedor y fiel procurador
en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres.
Pon en Dios toda tu confianza y sea él el objeto de tu veneración y de tu amor.
Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga.
No tienes aquí ciudad permanente. Dondequiera que estuvieres serás extranjero y
peregrino; jamás tendrás reposo si no te unes íntimamente a Cristo.
Pon tu pensamiento en el Altísimo y eleva a Cristo tu oración constantemente. Si
no sabes meditar cosas sublimes y celestes, descansa en la pasión de Cristo,
deleitándote en contemplar sus preciosas llagas. Sufre por Cristo y con Cristo,
si quieres reinar con Cristo.
Si una sola vez entrases perfectamente al interior de Jesús y gustases un poco
de su ardiente amor, no te preocuparías ya de tus propias ventajas o
desventajas; más bien te gozarías de las humillaciones que te hiciesen, porque
el amor de Jesús hace que el hombre se menosprecie a sí mismo.
martes, 20 de julio de 2021
Ser Familia de Dios
lunes, 19 de julio de 2021
Una sola oración
De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Magnesios.
Como en las personas de vuestra comunidad que tuve la suerte de ver, os
contemplé en la fe a todos vosotros y a todos cobré amor, yo os exhorto a que
pongáis empeño
por hacerlo todo en la concordia de Dios, bajo la presidencia del obispo, que
ocupa el lugar de Dios; y de los presbíteros, que representan al colegio de los
apóstoles; desempeñando los diáconos, para mí muy queridos, el ejercicio que les
ha sido confiado del ministerio de Jesucristo, el cual estaba junto al Padre
antes de los siglos y se manifestó en estos últimos tiempos.
Así pues, todos, conformándoos al proceder de Dios, respetaos mutuamente y nadie
mire a su prójimo bajo un punto de vista meramente humano, sino amaos unos a
otros en Jesucristo en todo momento. Que nada haya en vosotros que pueda
dividiros, antes bien, formad un solo cuerpo con vuestro obispo y con los que os
presiden, para que seáis modelo y ejemplo de inmortalidad.
Por consiguiente, a la manera que el Señor nada hizo sin contar con su Padre, ya
que formaba una sola cosa con él -nada, digo, ni por sí mismo ni por sus
apóstoles-, así también vosotros, nada hagáis sin contar con vuestro obispo y
con los presbíteros, ni tratéis de colorear como laudable algo que hagáis
separadamente, sino que, reunidos en común, haya una sola oración, una sola
esperanza en la caridad y en la santa alegría, ya que uno solo es Jesucristo,
mejor que el cual nada existe. Corred todos a una como a un solo templo de Dios,
como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre, que en
un solo Padre estuvo y a él solo ha vuelto.
No os dejéis engañar por doctrinas extrañas ni por cuentos viejos que no sirven
para nada. Porque si hasta el presente seguimos viviendo según la ley judaica,
confesamos no haber recibido la gracia. En efecto, los santos
profetas vivieron según Jesucristo. Por eso justamente
fueron perseguidos, inspirados que fueron por su gracia
para convencer plenamente a los incrédulos de que hay un solo Dios, el cual se
habría de manifestar a sí mismo por medio de Jesucristo, su Hijo, que es su
Palabra que procedió del silencio, y que en todo agradó a aquel que
lo había enviado.
Ahora bien, si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a
una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino considerando el domingo
como el principio de su vida, pues en ese día amaneció también nuestra vida
gracias al Señor y a su muerte, ¿cómo podremos nosotros vivir sin aquel a quien
los mismos profetas, discípulos suyos ya en espíritu, esperaban como a su. Maestro?
Y por eso, el mismo a quien justamente esperaban, una vez llegado, los resucitó de
entre los muertos.
domingo, 18 de julio de 2021
¡Ay de los pastores!
sábado, 17 de julio de 2021
La misión del elegido
viernes, 16 de julio de 2021
María concibió primero en su espíritu
De los Sermones de san León Magno, papa
Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada
a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporal
mente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que
no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos
cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu
Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su
virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo
género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder?
Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba
de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha
obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a
una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que ya al comienzo
estaba con Dios, por quien empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las
que existen empezó a ser sino por él, se hace hombre para librar al hombre de
la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su
majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era,
une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual
al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que
ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en
nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y
unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la
debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por
nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza
pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la
única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio,
el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez
morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón,
pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre,
ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y
sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior
a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera
podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no
hubiera podido damos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en
el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas
las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante
esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes
de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?
jueves, 15 de julio de 2021
Cargad mi Yugo
miércoles, 14 de julio de 2021
Toda mi esperanza está en su misericordia
De las Confesiones de san Agustín, obispo.
Señor, ¿dónde te hallé para conocerte -porque ciertamente no estabas en mi
memoria antes que te conociese-, dónde te hallé, pues, para conocerte, sino en
ti mismo, lo cual estaba muy por encima de mis fuerzas? Pero esto fue
independientemente de todo lugar, pues nos apartamos y nos acercamos, y, no
obstante, esto se lleva a cabo sin importar el lugar. ¡Oh Verdad!, tú presides
en todas partes a todos los que te consultan y, a un mismo tiempo, respondes a
todos los que te interrogan sobre las cosas más diversas. Tú respondes
claramente, pero no todos te escuchan con claridad. Todos te consultan sobre lo
que quieren, mas no todos oyen siempre lo que quieren. óptimo servidor tuyo es
el que no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer aquello
que de ti escuchare.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas
dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me
lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no
estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en
ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste
y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y
ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y
deseé con ansia la paz que procede de ti.
Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para
mí, y mi vida será realmente viva, llena toda de ti. Tú, al que llenas de ti, lo
elevas, mas, como yo aún no me he llenado de ti, soy
todavía para mí mismo una carga. Contienden mis alegrías, dignas de ser
lloradas, con mis tristezas, dignas de ser aplaudidas, y no sé de qué parte está
la victoria.
¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Contienden también mis tristezas
malas con mis gozos buenos, y no sé a quién se ha de inclinar el triunfo. ¡Ay de
mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico,
y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable.
¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo un servicio militar? ¿Quién hay
que guste de las molestias y trabajos? Tú mandas tolerarlos, no amarlos. Nadie
ama lo que tolera, aunque ame el tolerarlo. Porque, aunque goce en tolerarlo,
más quisiera, sin embargo, que no hubiese qué tolerar. En las cosas adversas
deseo las prósperas, en las cosas prósperas temo las adversas. ¿Qué lugar
intermedio hay entre estas cosas, en el que la vida humana no sea una lucha? ¡Ay
de las prosperidades del mundo, pues están continuamente amenazadas por el temor
de que sobrevenga la adversidad y se esfume la alegría! ¡Ay de las adversidades
del mundo, una, dos y tres veces, pues están continuamente aguijoneadas por el
deseo de la prosperidad, siendo dura la misma adversidad y poniendo en peligro
la paciencia! ¿Acaso no está el hombre en la tierra cumpliendo sin interrupción
un servicio militar? Pero toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande
misericordia. ¡Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras!
martes, 13 de julio de 2021
Ay de tí...
lunes, 12 de julio de 2021
No he venido a traer la paz
domingo, 11 de julio de 2021
Enviados
sábado, 10 de julio de 2021
El verdadero Salomón
De los Comentarios de san Agustín, obispo sobre los salmos.
El templo que Salomón edificó para el Señor era tipo y figura de la futura Iglesia, que es el cuerpo del Señor, tal como dice en el Evangelio: Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días. Del mismo modo que Salomón edificó aquel templo, se edificó también un templo el verdadero Salomón, nuestro Señor Jesucristo, el verdadero pacífico. Porque hay que saber que el nombre de Salomón significa «Pacífico», y el verdadero pacífico es Jesucristo, de quien dice el Apóstol: Él es nuestra paz, que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Él es el verdadero pacífico que unió en su persona, constituyéndose en piedra angular, los dos muros que provenían de partes opuestas, a saber; el pueblo de los creyentes que provenían de la circuncisión, y el pueblo de los creyentes que provenían de la gentilidad incircuncisa; de ambos pueblos hizo una sola Iglesia, de la que es piedra angular, y por esto es el verdadero pacífico.
Cristo es el verdadero Salomón, y aquel otro Salomón, hijo de David, engendrado de Betsabé, rey de Israel, era figura de este Rey pacífico. Por esto el salmo, para que pienses: más bien en el nuevo Salomón, que es quien edificó la verdadera casa de Dios, empieza con estas palabras: Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. El Señor es, por tanto, quien construye la casa, es el Señor Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero si él no construye, en vano se cansan los albañiles. ¿Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero, si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Por esto los apóstoles, y más en concreto Pablo, al ver que algunos se desmoronaban, dice: Observáis los días, los meses, las estaciones y los años; temo que hagáis vano mi trabajo entre vosotros. Como sabía que él mismo era edificado interiormente por el Señor, por esto se lamentaba por aquéllos, por el temor de haber trabajado en ellos inútilmente. Nosotros, por tanto, os hablamos desde el exterior, pero es él quien edifica desde dentro. Nosotros podemos saber cómo escucháis, pero cómo pensáis sólo puede saberlo aquel que ve vuestros pensamientos. Es él quien edifica, quien amonesta, quien amedrenta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a la fe; aunque nosotros cooperamos también con nuestro esfuerzo
viernes, 9 de julio de 2021
Por María nos llega la bendición
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede
haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más
excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede
imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las
maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú
posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza
de una excelencia claramente inferior.
El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir
contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento
inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por
esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de
cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de
gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres,
sino también a los mismos coros celestiales.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que
yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos
de la antigua maldición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a
aquel que les obtendrá la salvación divina.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición
sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir
espinas y abrojos.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya
que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en
verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda
verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que
realmente das a luz a Dios.
Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora
en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y
comunicando a todos la luz divina.
Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha
puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual
gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en
todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto
confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.
jueves, 8 de julio de 2021
Somos el santo templo de Dios
Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo
Yo y el Padre vendremos a fijar en él nuestra morada. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que ilumina a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.
Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el sol de justicia nunca se pone; porque a la sabiduría no sucede la malicia.
Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: La voz de mi amado llama a la puerta.Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío, y mis cabellos de la escarcha de la noche.
Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cubierta del rocío de la noche. El se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de escarcha cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.
Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.
Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa.
miércoles, 7 de julio de 2021
La sabiduría de Dios nos mezcló su vino
Del Comentario de Procopio de Gaza, obispo, sobre el libro de los Proverbios.
La Sabiduría se ha construido su casa. La Potencia personal de Dios Padre se
preparó como casa propia todo el universo, en el que habita por su poder, y
también lo preparó para aquel que fue creado a imagen y semejanza de Dios y que
consta de una naturaleza en parte visible y en parte invisible.
Plantó siete columnas. Al hombre creado de nuevo en Cristo, para que crea en él
y observe sus mandamientos, le ha dado los siete dones del Espíritu Santo; con
ellos, estimulada la virtud por el conocimiento y recíprocamente manifestado el
conocimiento por la virtud, el hombre espiritual llega a su plenitud, afianzado
en la perfección de la fe por la participación de los bienes espirituales.
Y así, la natural nobleza del espíritu humano queda elevada por el don de
fortaleza, que nos predispone a buscar con fervor y a desear los designios
divinos, según los cuales ha sido hecho todo; por el don de consejo, que nos da
discernimiento para distinguir entre los falsos y los verdaderos designios de
Dios, increados e inmortales, y nos hace meditarlos y profesarlos de palabra al
darnos la capacidad de percibirlos; y por el don de entendimiento, que nos ayuda
a someternos de buen grado a los verdaderos designios de Dios y no a los falsos.
Ha mezclado el vino en la copa y ha puesto la. mesa. Y en el hombre que hemos
dicho, en el cual se hallan
mezclados como en una copa lo espiritual y lo corporal, la Potencia personal de
Dios juntó a la ciencia natural de las cosas el conocimiento de ella como
creadora de todo; y este conocimiento es como un vino que embriaga con las cosas
que atañen a Dios. De este modo, alimentando a las almas en la virtud por sí
misma, que es el pan celestial, y embriagándolas y deleitándolas con su
instrucción, dispone todo esto a manera de alimentos destinados al banquete
espiritual, para todos los que desean participar del mismo.
Ha despachado a sus criados para que anuncien el banquete. Envió a los
apóstoles, siervos de Dios, encargados de la proclamación evangélica, la cual,
por proceder del Espíritu, es superior a la ley escrita y natural, e invita a
todos a que acudan a aquel en el cual, como en una copa, por el misterio de la
encarnación tuvo lugar una mezcla admirable de la naturaleza divina y humana,
unidas en una sola persona, aunque sin confundirse entre sí. Y clama por boca de
ellos: «El insensato, que venga a mí. El insensato, que piensa en su interior
que no hay Dios, renunciando a su impiedad, acérquese a mí por la fe, y sepa que
yo soy el Creador y Señor de todas las cosas.»
Y dice: Quiero hablar a los faltos de juicio: Venid a comer de mi pan y a beber
el vino que he mezclado. Y, tanto a los faltos de obras de fe como a los que
tienen el deseo de una vida más perfecta, dice: «Venid, comed mi cuerpo, que es
el pan que os alimenta y fortalece; bebed mi sangre, que es el vino de la
doctrina celestial que os deleita y os diviniza; porque he mezclado de manera
admirable mi sangre con la divinidad, para vuestra salvación.»
martes, 6 de julio de 2021
Son hermanos nuestros
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
Hermanos, os exhortamos vivamente a que tengáis caridad, no sólo para con vosotros mismos, sino también para con los de fuera, ya se trate de los paganos, que todavía no creen en Cristo, ya de los que están separados de nosotros, que reconocen a Cristo como cabeza, igual que nosotros, pero están divididos de su cuerpo. Deploremos, hermanos, su suerte, sabiendo que se trata de nuestros hermanos. Lo quieran o no, son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: Padre nuestro.
Dijo de algunos el profeta: A los que os dicen: «No sois hermanos nuestros», decidles: «Sois hermanos nuestros.» Atended a quiénes se refería al decir esto. ¿Por ventura a los paganos? No, porque, según el modo de hablar de las Escrituras y de la Iglesia, no los llamamos hermanos. ¿Por ventura a los judíos, que no creyeron en Cristo?
Leed los escritos del Apóstol y veréis que cuando dice «hermanos» sin más, se refiere únicamente a los cristianos: Y tú, ¿cómo juzgas a tu hermano?, o ¿por qué desprecias a tu hermano? Y dice también en otro lugar: Vosotros hacéis injusticias y despojáis, y esto con hermanos. Esos, pues, que dicen: «No sois hermanos nuestros», nos llaman paganos. Por esto quieren bautizarnos de nuevo, pues dicen que nosotros no tenemos lo que ellos dan. Por esto es lógico su error, al negar que nosotros somos sus hermanos. Mas, ¿por qué nos dijo el profeta: Decidles: «Sois hermanos nuestros», sino porque admitimos como bueno su bautismo y por esto no lo repetimos? Ellos, al no admitir nuestro bautismo, niegan que seamos hermanos suyos; en cambio nosotros, que no repetimos su bautismo, porque lo reconocemos igual al nuestro, les decimos: Sois hermanos nuestros.
Si ellos nos dicen: «¿Por qué nos buscáis, para qué nos queréis?», les respondemos: Sois hermanos nuestros. Si dicen: «Apartaos de nosotros, no tenemos nada que ver con vosotros», nosotros sí que tenemos que ver con ellos: si reconocemos al mismo Cristo, debemos estar unidos en un mismo cuerpo y bajo una misma cabeza.
Os conjuramos, pues, hermanos, por las entrañas de caridad, con cuya leche nos nutrimos, con cuyo pan nos fortalecemos, os conjuramos por Cristo nuestro Señor, por su mansedumbre, a que usemos con ellos de una gran caridad, de una abundante misericordia, rogando a Dios por ellos, para que les dé finalmente un recto sentir, para que reflexionen y se den cuenta que no tienen en absoluto nada que decir contra la verdad; lo único que les queda es la enfermedad de su animosidad, enfermedad tanto más débil cuanto más fuerte se cree. Oremos por los débiles, por los que juzgan según la carne, por los que obran de un modo puramente humano, que son, sin embargo, hermanos nuestros, pues celebran los mismos sacramentos que nosotros, aunque no con nosotros, que responden un mismo Amén que nosotros, aunque no con nosotros; prodigad ante Dios por ellos lo más entrañable de vuestra caridad.
lunes, 5 de julio de 2021
Buscar el interés de la comunidad
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.
Escrito está: Juntaos con los santos, porque los que se juntan con ellos se santificarán. Y otra vez, en otro lugar, dice: Con el hombre inocente serás inocente; con el elegido serás elegido, y con el perverso te pervertirás.
Juntémonos, pues, con los inocentes y justos, porque ellos son elegidos de Dios. ¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, llegando a tal punto de insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?
Acordaos de las palabras de Jesús, nuestro Señor. El dijo, en efecto: ¡Ay de aquel hombre! Más le valiera no haber nacido, que escandalizar a uno solo de mis escogidos. Mejor le fuera que le colgaran una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el mar, que no extraviar a uno solo de mis escogidos. Vuestra escisión extravió a muchos, desalentó a muchos, hizo dudar a muchos, nos sumió en la tristeza a todos nosotros. Y, sin embargo, vuestra sedición es contumaz.
Tomad en vuestra mano la carta del bienaventurado Pablo apóstol. ¿Cómo os escribió en los comienzos del Evangelio? A la verdad, divinamente inspirado, os escribió acerca de sí mismo, de Cefas y de Apolo, como quiera que ya desde entonces fomentabais las parcialidades. Mas aquella parcialidad fue menos culpable que la actual, pues al cabo os inclinabais a apóstoles acreditados por Dios y a un hombre acreditado por éstos.
Arranquemos, pues, con rapidez ese escándalo y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad. Porque ésta es la puerta de la justicia, abierta para la vida, conforme está escrito: Abridme las puertas de la justicia, y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor: los justos entrarán por ella. Ahora bien, siendo muchas las puertas que están abiertas, ésta es la puerta de la justicia, a saber: la que se abre en Cristo. Bienaventurados todos los que por ella entraren y enderezaren sus pasos en santidad y justicia, cumpliendo todas las cosas sin perturbación. Enhorabuena que uno tenga carisma de fe, que otro sea poderoso en explicar los conocimientos, otro sabio en el discernimiento de discursos, otro casto en su conducta. El hecho es que cuanto mayor parezca uno ser, tanto más debe humillarse y buscar no sólo su propio interés, sino también el de la comunidad.