jueves, 30 de noviembre de 2017

Vivir en Cristo, ser apósol

"En aquel tiempo, pasando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron".
Ser apóstol es una decisión de vida, por eso el evangelio señala, de cada uno de ellos que: "dejaron las redes y lo siguieron"; pues "dejar las redes" significaba dejar todo un estilo de vida que habían aprendido y vivían desde que habían nacido, pues no habían visto otra forma de vivir. Si leemos los relatos de cada uno de los apóstoles, incluso el relato de San Pablo, nos hablan de dejar un estilo de vida para comenzar a vivir otro, pero esta vez un estilo de vida que es una elección personal, no es una obligación ser cristiano, sino que es una elección personal de cada uno, libre y voluntaria.
Pero es cierto que muchos vivimos el cristianismo como una tradición, pues es algo que hemos visto desde pequeño con nuestros abuelos, nuestros padres, y que han sido ellos quienes eligieron el bautismo y la comunión para nuestras vida, y, en algunos casos (los menos) la confirmación en el Espíritu.
Pero ahora, con uso de nuestras facultades, nos toca poder conocer porfundamente el mensaje de Cristo, cuál es el estilo de vida que Él nos propone de parte de Dios Padre, y, teniendo todas las "cartas sobre la mesa", poder tomar una correcta decisión.
Sí, os parecerá extraño que diga esto. Pero ¿por qué lo digo? Porque no son pocos los cristianos con los que te encuentras que no tienen idea de lo que el Evangelio nos propone como estilo de vida, y, como todo estilo de vida que acepto vivir tiene sus más y sus menos, sus derechos y sus olbigaciones. Y por eso tengo que saber, entender y aceptar lo que el Señor me manifiesta o me muestra como un posible estilo de vida a vivir.
Porque tenemos que entender que el cristianismo no son normas a seguir o cumplir, sino que es una vida a vivir: la Vida de Cristo en mí, como dice San Pablo: "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí".
Y, a partir de ahí, surge nuestro apostolado: predicamos no sólo lo que leemos, sino lo que vivimos, porque lo hemos conocido y lo aceptamos.
Por eso mismo no sólo es profesar una fe con los labios, sino también con el corazón, porque verdaderamente amo lo que he conocido y amándolo comienzo a vivir una Vida Nueva a imagen de la Cristo Jesús, mi Señor, mi Hermano, mi Dios.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Perseverar en la confianza

La liturgia siempre nos trae al final del tiempo litúrgico las profecías del final de los tiempos, no para darnos miedo de lo que va a pasar, sino como dice Jesús: "Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
¿Qué nos quiere decir con eso? Que no tenemos que preocuparnos, no tenemos que tener miedo ni comenzar a preparar nuestra defensa, sino que hemos de ocuparnos de perseverar, cada día, en nuestra fidelidad a Su Palabra, en nuestra Fidelidad a su Amor, pues será la perseverancia en la Fe lo que nos dará la Gracia suficiente para poder soportar y superar todos los obstáculos que se nos interpongan en el camino.
Pero también, en las lecturas de este final de tiempo litúrgico, vemos como la persecución religiosa existió desde todos los tiempos. No es algo nuevo ni original que se le ha ocurrido a este hombre del siglo XXI. Pero que, a pesar de que siempre hay quienes buscan deshacerse de Dios y quieren quitarlo del medio de sus vidas, siempre triunfa su amor y sus Fieles.
Es así que, en todo momento, Dios nos vuelve a recordar que lo importante es confiar en Su Providencia que es lo que siempre ha estado y estará a favor del hombre de fe. El hombre del mundo siempre estará en el camino de la maldad y de la muerte, buscando la destrucción de lo que no entiende o de lo que no quiere entender. En cambio aquél que ha descubierto en Dios el sentido y el sostén de su vida siempre tendrá un motivo más para perseverar y seguir confiando.
"Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Es cierto que, muchas veces, nos sentimos solos y alejados de la mano de Dios, pero no es que Él nos haya dejado o se haya alejado de nosotros, sino que necesitamos "esforzarnos" por estar más cerca, por elcanzar un "escalón" más en nuestra maduración de la vida de la fe, en nuestro "ascender" en el espíritu para alcanzar el consuelo y la fortaleza que necesita nuestra alma.
Es por ello que, cada día, hemos de pedir la Gracia de la perseverancia: perseverancia en la oración, en la fidelidad, en el testimonio, en la vida de fe, amor y esperanza, para que siempre estemos fortalecidos por la Gracia que se nos da para seguir madurando en nuestra vida de fe.

martes, 28 de noviembre de 2017

Una vida de barro y hierro

"Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido, aunque conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla. Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil. Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán los linajes, pero no llegarán a fundirse, lo mismo que no se puede fundir el hierro con el barro".
Es la explicación que el profeta Daniel le estaba dando el Rey Nabucodonosor sobre su sueño: un Reino dividido, un reino que mezcla lo fuerte y lo débil, que vive dividio nunca llega a buen término. Y ¿qué puede significar para nosotros? Lo mismo: somos parte de un Reino, el Reino de Dios, y no podemos estar divididos, no podemos dejar entrar el barro en nuestras vidas, sino que debemos intentar deshechar el barro para que nos vayamos convirtiendo, cada vez más, en piedras Vivas del Reino de Dios.
Hoy en día dejamos que entre los Dones que el Señor nos va dando con su Gracia, cada vez más incorporemos el barro del mundo, un barro que es la codicia, la envidia, el egoísmo, la cobardía, la mentira, la laxitud en la vivencia del evangelio, y tantos otros males que vienen del mundo y los incorporamos en nuestras vidas creyendo que igual no pasa nada, que todo vale y que sin esas cosas no podemos vivir.
Dios nos llama a trasnformar el barro del mundo en algo nuevo, diferente, en una vida llena de Gracia y virtud que ilumine con luz propia y no que su luz sea tan efímera que no llegue a mostrar el verdadera Camino hacia la Vida.
Por eso, muchas veces, cuanado Dios nos pide dar testimonio de nuestra fe en momentos de dificultad, de oscuridad, o de Cruz y dolor, sentimos que nos destruimos, que nos caemos en el vacío de la soledad o de la angustia, porque la "piedra" que el Señor pone en nuestro camino destroza "nuestros pies" como en la visión de Nabucodonosor y nos caemos, no podemos sostenernos sobre lo que creemos o decíamos creer pues no estamos bien asentados sobre la Roca Firme, no hemos dejado que el Señor trasnforme y robustezca nuestra vida, sino que le hemos dado más lugar al mundo que a Dios.
Jesús en el Evangelio, nos dice: "no dejés que nadie os engañe", y no sólo con el día de su venida sino con todas las demás cosas, el mundo constantemente nos está vendiendo valores supérfluos y vacíos, no dejemos que nuestras vidas se llenes de falsas piedras preciosas, hay sólo una Piedra Preciosa que necesitamos: Jesucristo Nuestro Señor, Él es la Verdadera Piedra Viva que transforma, da brillo y sostiene nuestra Vida

lunes, 27 de noviembre de 2017

Confiar en Su Palabra y en Su Promesa

Comenzamos a leer el libro del profeta Daniel, y me parece una hermosa historia que nos ayuda en nuestra vida de profetas y de discípulos del Señor, creyentes en la Palabra de Dios. Esta historia (vuelve a leerlo detenidamente) y verás cómo Daniel y sus compañeros confían plenamente en la Palabra de Dios, en lo que Dios les dice y les pide a través de los profetas: en este caso en cuanto a no contaminarase con alimentos impuros. Quieren mantener su fidelidad a Dios en algo que quizás para nosotros, hoy, sea muy superfluo como es, lo que ellos llamaban: la comida impura.
Pero lo esencial no es si la comida era pura o no, sino que lo esencial es la fidelidad de ellos a la Voluntad de Dios expresada en Su Palabra, la confianza que revelan las palabras de Daniel acerca de cómo Dios los cuidaría y de los dones que Él les concedería si eran fieles a Su Palabra. Tal es así que se atreve a poner una fecha para que puedan corroborar que la Palabra de Dios es Verdad y busca, siempre, el bien de los que le son Fieles.
Es ahí, en Su Palabra, donde ponemos el centro de nuestra vida, donde creemos que lo que nos pide, a pesar de que lo veamos imposible para nosotros, siempe Él se encarga de que sea posible y redunde en bien de quien es Fiel a la Palabra. Por eso, al final de la lectura, vemos cómo los 4 que fueron fieles a la Palabra de Dios alcanzaron una sabiduría que va más allá del entendimiento humano y que, incluso, pudieron conseguir Dones de Dios que ningún otro había podido conseguir.
Es que nunca nos dejará de asombrar el Señor con todo lo que tiene pensado para cuada uno de nosotros, siempre y cuando no utilicemos la Palabra de Dios para nuestro propio interés sino para ser Fieles y Obedientes a su Amor. Porque, en el fonde de la Palabra, lo que podemos llegar a descubrir el profundo e infinito Amor que Dios nos tiene, y que a pesar de nuestra debilidad, Él sale a cubrirnos y a fortalecernos con su Gracia.
Por eso es que Jesús nos presenta el ejemplo de la pobre viuda:
"En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir".
Porque en esta imagen no sólo está la confianza en Dios que se expresa en una confianza en Su Providencia Divina, pues ofrece todo lo que tiene materialmente para vivir, sino que eso es fruto de la confianza en el Amor de Dios que la hace sentirse acompañada y sostenida por su Palabra, por su Promesa de que nada le faltará a quien confía en Su Palabra. No hay verdadera pobreza material sin pobreza espiritual, pues sólo el corazón humilde y confiado puede despojarse de sí mismo y dejarse conducir por la Mano del Padre.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Preguntas incómodas

Hay preguntas que no nos gustan que nos hagan a lo largo de nuestra vida, y, creo que, tampoco nos gusta la pregunta final que nos hace Jesús al final de nuestra vida, la cual se resume en una breve pregunta, que fue la misma que la Sagrada Escritura guardó y que Dios le hizo a Caín:
“¿qué has hecho con tu hermano?”
La liturgia nos presenta al final del tiempo litúrgico, antes de comenzar el Adviento, la imagen del Juicio Final, el momento en que, al llamado del Padre, nos presentaremos para dar respuesta de lo que hemos hecho con nuestra vida, con los talentos que el Señor nos regaló, cómo hemos vivido, en resumen, el mandamiento del Amor.
No nos va a preguntar cuántos rosarios hemos rezado, ni a cuántas misas hemos ido, ni cuántos sacramentos hemos recibido, pues Él sabe todo lo que nos ha regalado y ofrecido. Pero todo lo que nos ha dado y hemos realizado como actos litúrgicos y de ofrecimientos son para hacernos madurar en el Amor. Por eso, la única pregunta será: “¿has amado como Yo te he amado?”
Y el Amor se expresa en las obras, no en las palabras, pues, parafraseando a San Pablo: el amor sin obras no sirve. O como dice San Juan en su carta: “quien dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su hermano a quien ve es un mentiroso”.
Por eso es bueno que al final de cada día podamos hacernos la misma pregunta, para que el último día no nos pille de sorpresa: hoy ¿he amado como Jesús me amó?
Como todo en la vida es cuestión de entrenamiento, un entrenamiento constante en el Amor, pero en el verdadero amor, en el que se ve en las obras de cada día, y, sobre todo el que se ve en los momentos más difíciles de nuestra vida, y con las personas más difíciles que Dios pone en nuestro camino: nuestros prójimos

sábado, 25 de noviembre de 2017

Dudar de la verdad

"En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús".
Nos cuesta creer, muchas veces, en lo que no podemos ver o tocar, en lo que no podemos llegar a comprender, y, por eso, otras veces, rechazamos o negamos aquello que no llegamos a entender o a encontrar explicaciones racionales. Es una conclusión razonable rechazar todo aquello que no podemos alcanzar a comprender con nuestra inteligencia, o aquello de lo cual no nos dan suficientes razones, pues somos seres racionales y todo tiene que tener, para nosotros, una razón de ser, una respuesta que llene nuestro deseo intelectual y complazca a nuestra curiosidad.
En este caso nos encontramos ante un grupo de personas que rechazan la resurrección de los muertos, pero que, venciendo sus miedos o, también, queriendo encontrar el error en el que cree, buscan a Jesús para preguntarle y ver si Él puede iluminar la duda que tiene.
Claro que la respuesta puede ser satisfactoria o no, pero no depende sólo de quien responde o intenta iluminar mis dudas, sino de la disposición que yo tenga para dejarme iluminar. Porque muchas veces voy a preguntar algo no porque quiera despejar dudas de lo que me pasa o de lo que me cuesta entender, sino que sólo quiero seguir sosteniendo mi duda pues no tengo intención de cambiar de opinión frente a lo que pienso o rechazo.
En este caso que nos presenta el evangelio sabemos que los saduceos comprendieron que la respuesta de Jesús era una buena respuesta, pues le respondió desde lo que decía la Palabra de Dios desde los Profetas y el mismo Moisés, pero eso no signfica que aceptaran al respuesta y comenzaran a creer en la resurrección. Pero sí sirvió para darle más argumentos al otro sector de los judíos que sí cree en la resurrección: los escribas.
Por eso, frente a las dudas que nos surgen siempre tenemos varios caminos: preguntar para dejarnos iluminar y dispuestos a creer, o simplemente preguntar para seguir dudando, pues no creo en la palabra del que me ayuda a buscar la verdad, sino que sigo creyendo en la oscuridad de mis dudas. Todo depende de la disposición de mi corazón para creer o no, para saber escuchar o no, para quere cambiar o no, para alcanzar la Verdad o para quedarme con mi verdad.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Un cueva de ladrones?

"En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
Hace unos días, hablando en una comida, me preguntaban por qué las iglesias católicas se van quedando sin gente y las iglesias protestantes y evangélicas van progresando, sobre todo en América Latina. Y, me parece, que, en Europa, simplemente, nos vamos alejando no sólo de la Iglesia, sino de Dios, pero son sólo apreciaciones personales.
Les contesté, pensando en las iglesias que conozco de argentina, dos cosas, sobre todo, pensando en lo que conozco de nuestra iglesia (en general, no en particular). Primero que hemos dejado de lado la Palabra de Dios. Es decir, no es que no escuchemos la Palabra de Dios, sino que no le damos el peso que tiene que tener como "Palabra de Dios", pues nos hemos acostumbrado a lo que "el mundo" dice de la Palabra; que no sirve para nuestra vida, que ya está vieja, que no es todo lo que parece, y, sobre todo, que "tú tienes que hacer lo que te haga feliz" y no lo que te digan que tienes que hacer porque "los curas" son unos retrógrados.
Y ahí está nuestro error: creemos que la Palabra de Dios es palabra de curas, y caemos en el engaño de no hacer caso a la Palabra de Dios pues hemos usado un razonamiento mentiroso: las relfexiones de la Palabra son de los curas, pero cuando leo la Biblia eso, para un creyente es ¡Palabra de Dios!.
Y, por eso, cuando desobedezco a la Palabra de Dios le desobedezco a Dios, no a los curas. Cuando no hago caso a los Mandamientos no es que no le hago caso a los curas, no le hago caso a Dios. Y así con todo lo que Jesús nos recomienda vivir desde el Evangelio.
Y, por otro lado, en nuestras Iglesias, no terminamos de vivir lo esencial de nuestra vida cristiana: "amaos unos a otros como Yo os he amado", "los paganos miraban a los cristianos y decía: ¡mirad cómo se aman! Y Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse". (Esto también es Palabra de Dios, no son inventos míos) Y no llegamos a formar comunidades de personas que se aman, no llegamos a estar unidos como verdaderos hermanos, sí quizás entre algunos, pero siempre te encuentras con envidias, rivalidades, desaveniencias, habladurías, etc. etc.
Y así, sin tener la Palabra de Dios como fuente y centre de nuestras vidas; sin vivir el Amor Verdadero que nos hace comundiades de hermanos, entonces llegamos aa que la Casa de Dios no es casa de oración, sino "una cueva de bandidos", porque no vivimos lo que Dios quiere sino como se nos da la gana: hacemos de la Casa de Dios un lugar donde lo que (casi nada) poco importa es lo que Dios quiere.
¿Exagero? Quizás un poco, pero no estoy tan lejos de nuestra realidad eclesial y no hablo sólo de los laicos que forman nuestras comunidades, sino de todos los que hemos recibido el agua bautismal y hemos decidido seguir a Jesús

Un cueva de ladrones?

"En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
Hace unos días, hablando en una comida, me preguntaban por qué las iglesias católicas se van quedando sin gente y las iglesias protestantes y evangélicas van progresando, sobre todo en América Latina. Y, me parece, que, en Europa, simplemente, nos vamos alejando no sólo de la Iglesia, sino de Dios, pero son sólo apreciaciones personales.
Les contesté, pensando en las iglesias que conozco de argentina, dos cosas, sobre todo, pensando en lo que conozco de nuestra iglesia (en general, no en particular). Primero que hemos dejado de lado la Palabra de Dios. Es decir, no es que no escuchemos la Palabra de Dios, sino que no le damos el peso que tiene que tener como "Palabra de Dios", pues nos hemos acostumbrado a lo que "el mundo" dice de la Palabra; que no sirve para nuestra vida, que ya está vieja, que no es todo lo que parece, y, sobre todo, que "tú tienes que hacer lo que te haga feliz" y no lo que te digan que tienes que hacer porque "los curas" son unos retrógrados.
Y ahí está nuestro error: creemos que la Palabra de Dios es palabra de curas, y caemos en el engaño de no hacer caso a la Palabra de Dios pues hemos usado un razonamiento mentiroso: las relfexiones de la Palabra son de los curas, pero cuando leo la Biblia eso, para un creyente es ¡Palabra de Dios!.
Y, por eso, cuando desobedezco a la Palabra de Dios le desobedezco a Dios, no a los curas. Cuando no hago caso a los Mandamientos no es que no le hago caso a los curas, no le hago caso a Dios. Y así con todo lo que Jesús nos recomienda vivir desde el Evangelio.
Y, por otro lado, en nuestras Iglesias, no terminamos de vivir lo esencial de nuestra vida cristiana: "amaos unos a otros como Yo os he amado", "los paganos miraban a los cristianos y decía: ¡mirad cómo se aman! Y Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse". (Esto también es Palabra de Dios, no son inventos míos) Y no llegamos a formar comunidades de personas que se aman, no llegamos a estar unidos como verdaderos hermanos, sí quizás entre algunos, pero siempre te encuentras con envidias, rivalidades, desaveniencias, habladurías, etc. etc.
Y así, sin tener la Palabra de Dios como fuente y centre de nuestras vidas; sin vivir el Amor Verdadero que nos hace comundiades de hermanos, entonces llegamos aa que la Casa de Dios no es casa de oración, sino "una cueva de bandidos", porque no vivimos lo que Dios quiere sino como se nos da la gana: hacemos de la Casa de Dios un lugar donde lo que (casi nada) poco importa es lo que Dios quiere.
¿Exagero? Quizás un poco, pero no estoy tan lejos de nuestra realidad eclesial y no hablo sólo de los laicos que forman nuestras comunidades, sino de todos los que hemos recibido el agua bautismal y hemos decidido seguir a Jesús

jueves, 23 de noviembre de 2017

Comentario de san Gregoriio de Nisa


    ¿Dónde pastoreas, pastor bueno, tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey?; (toda la humanidad, que cargaste sobre tus hombros, es, en efecto, como una sola oveja). Muéstrame el lugar de reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre para que yo, oveja tuya, escuche tu voz, y tu voz me dé la vida eterna: Avísame, amor de mi alma, dónde pastoreas.
    Te nombro de este modo, porque tu nombre supera cualquier otro nombre y cualquier inteligencia, de tal manera que ningún ser racional es capaz de pronunciarlo o de comprenderlo. Este nombre, expresión de tu bondad, expresa el amor de mi alma hacia ti. ¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación.
    Enséñame, pues -dice el texto sagrado-, dónde pastoreas, para que pueda hallar los pastos saludables y saciarme del alimento celestial, que es necesario comer para entrar en la vida eterna; para que pueda asimismo acudir a la fuente y aplicar mis labios a la bebida divina que tú, como de una fuente, proporcionas a los sedientos con el agua que brota de tu costado, venero de agua abierto por la lanza, que se convierte para todos los que de ella beben en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
    Si de tal modo me pastoreas, me harás recostar al mediodía, sestearé en paz y descansaré bajo la luz sin mezcla de sombra; durante el mediodía, en efecto, no hay sombra alguna, ya que el sol está en su vértice; bajo esta luz meridiana haces recostar a los que has pastoreado, cuando haces entrar contigo en tu refugio a tus ayudantes. Nadie es considerado digno de este reposo meridiano si no es hijo de la luz y del día. Pero el que se aparta de las tinieblas, tanto de las vespertinas como de las matutinas, que significan el comienzo y el fin del mal, es colocado por el sol de justicia en la luz del mediodía, para que se recueste bajo ella.
    Enséñame, pues, cómo tengo que recostarme y pacer, y cuál sea el camino del reposo meridiano, no sea que por ignorancia me sustraiga de tu dirección y me junte a un rebaño que no sea el tuyo.
    Esto dice (la esposa del Cantar), solícita por la belleza que le viene de Dios y con el deseo de saber cómo alcanzar la felicidad eterna

miércoles, 22 de noviembre de 2017

De los comentarios de San Agustín sobre los salmos

    Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
    Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
    Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo. 
    El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.

martes, 21 de noviembre de 2017

De los sermones de San Agustín, obispo

    Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra. salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y por esto es mas importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
    Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
    María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
    Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y el que hace la voluntad de mi Padre celestial es mi hermano y mi hermana y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

De san Fulgencio de Ruspe

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, porque resonará y los muertos despertarán incorruptibles y nosotros nos veremos transformados. Al decir «nosotros» enseña Pablo que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que, vestirse de inmortalidad. Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder, antes otra transformación, que es puro don gratuito.
    La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.
    La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.
    En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos dice el Apocalipsis: Bienaventurado el que toma parte en esta resurrección primera. Sobre ellos no tendrá poder alguno la segunda muerte. Y leemos en el mismo libro: El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. Así como hay una primera resurrección, que consiste en la conversión del corazón, así hay también una segunda muerte, que consiste en el castigo eterno. Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de mala a buena conducta, pasan de la muerte a la vida y más tarde serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa

domingo, 19 de noviembre de 2017

Comentarios de san Agustín

    Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra. Vino una primera vez, pero vendrá de nuevo. En su primera venida pronunció estas palabras que leemos en el Evangelio: Después de esto veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes. ¿Qué significa: Después de esto? ¿Acaso no ha de venir más tarde el Señor, cuando prorrumpirán en llanto todos los pueblos de la tierra? Primero vino en la persona de sus predicadores, y llenó todo el orbe de la tierra. No pongamos resistencia a su primera venida, y no temeremos la segunda.
    ¿Qué debe hacer el cristiano, por tanto? Servirse de este mundo, no servirlo a él. ¿Qué quiere decir esto? Que los que tienen han de vivir como si no tuvieran, según las palabras del Apóstol: Os digo esto, hermanos: el momento es apremiante. Queda como solución: que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la presentación de este mundo se termina. Quiero que os ahorréis preocupaciones. El que se ve libre de preocupaciones espera seguro la venida de su Señor. En efecto, ¿qué clase de amor a Cristo es el de aquel que teme su venida? ¿No nos da vergüenza, hermanos? Lo amamos y, sin embargo, tememos su venida. ¿De verdad lo amamos? ¿No será más bien que amamos nuestros pecados? Odiemos el pecado, y amemos al que ha de venir a castigar el pecado. Él vendrá, lo queramos o no; el hecho de que no venga ahora no significa que no haya de venir más tarde. Vendrá, y no sabemos cuándo; pero, si nos halla preparados, en nada nos perjudica esta ignorancia.
    Aclamen los árboles del bosque. Vino la primera vez y vendrá de nuevo a juzgar a la tierra; hallará aclamándolo con gozo, porque ya llega, a los que creyeron en su primera venida.
    Regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.¿Qué significan esta justicia y esta fidelidad? En el momento de juzgar reunirá junto a sí a sus elegidos y apartará de sí a los demás, ya que pondrá a unos a la derecha y a otros a la izquierda. ¿Qué más justo y equitativo que no esperen misericordia del juez aquellos que no quisieron practicar la misericordia antes de la venida del juez? En cambio, los que se esforzaron en practicar la misericordia serán juzgados con misericordia. Dirá, en efecto, a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino que está preparado para vosotros desde la creación del mundo. Y les tendrá en cuenta sus obras de misericordia: Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, y lo que sigue.
    Y a los de su izquierda ¿qué es lo que les tendrá en cuenta? Que no quisieron practicar la misericordia. ¿Y a dónde irán? Id al fuego eterno. Esta mala noticia provocará en ellos grandes gemidos. Pero, ¿qué dice otro salmo? El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias. ¿Cuál es la mala noticia? Id al fuego eterno que está preparado para el demonio y sus ángeles. Los que se alegrarán por la buena noticia no temerán la mala. Ésta es la justicia y la fidelidad de que habla el salmo.
    ¿Acaso, porque tú eres injusto, el juez no será justo? O, ¿porque tú eres mendaz, no será veraz el que es la verdad en persona? Pero, si quieres alcanzar misericordia, sé tú misericordioso antes de que venga: perdona los agravios recibidos, da de lo que te sobra. Lo que das ¿de quién es sino de él? Si dieras de lo tuyo sería generosidad, pero porque das de lo suyo es devolución. ¿Qué tienes que no hayas recibido? Éstas son las víctimas agradables a Dios: la misericordia, la humildad, la alabanza, la paz, la caridad. Si se las presentamos, entonces podremos esperar seguros la venida del juez que regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad

sábado, 18 de noviembre de 2017

De los sermones de san Proclo

Alégrense los cielos, y las nubes destilen la justicia, porque el Señor se ha apiadado de su pueblo. Alégrense los cielos, porque, al ser creados en el principio, también Adán fue formado de la tierra virgen por el Creador, mostrándose como amigo y familiar de Dios. Alégrense los cielos, porque ahora, de acuerdo con el plan divino, la tierra ha sido santificada por la encarnación de nuestro Señor, y el género humano ha sido liberado del culto idolátrico. Las nubes destilen la justicia, porque hoy el antiguo extravío de Eva ha sido reparado y destruido por la pureza de la Virgen María y por el que de ella ha nacido, Dios y hombre juntamente. Hoy el hombre, cancelada la antigua condena, ha sido liberado de la horrenda noche que sobre él pesaba.
 
Cristo ha nacido de la Virgen, ya que de ella ha tomado carne, según la libre disposición del plan divino: La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros; por esto la Virgen ha venido a ser madre de Dios. Y es virgen y madre al mismo tiempo, porque ha dado a luz a la Palabra encarnada, sin concurso de varón; y así, ha conservado su virginidad por la acción milagrosa de aquel que de este modo quiso nacer. Ella es madre, con toda verdad, de la naturaleza humana de aquel que es la Palabra divina, ya que en ella se encarnó, de ella salió a la luz del mundo, identificado con nuestra naturaleza, según su sabiduría y voluntad con las que obra semejantes prodigios. De ellos según la carne procede Cristo, como dice san Pablo.
 
En efecto, él fue, es y será siempre el mismo; mas por nosotros se hizo hombre; el amigo de los hombres se hizo hombre sin sufrir por eso menoscabo alguno en su divinidad. Por mí se hizo semejante a mí, se hizo lo que .no era aunque conservando lo que era. Finalmente, se hizo hombre para cargar sobre sí el castigo por nosotros merecido y hacernos de esta manera capaces de la adopción filial y otorgamos aquel reina, del cual pedimos que nos haga dignos la gracia y misericordia del Señor Jesucristo, al cual junto con el Padre y el Espíritu Santo, pertenece la gloria, el honor y el poder, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén

viernes, 17 de noviembre de 2017

Carta de San Roque González, presbítero y mártir

Yo procuré volver con mucha brevedad. Acomodéme, en una chozuela junto al río, hasta que algo después me dieron otra choza pajiza algo mayor. Y poco mas de dos meses después envió el padre Rector al padre Diego de Boroa. Llegó a aquel puesto segundo día de Pascua del Espíritu Santo, y ambos nos consolamos harto de vemos, por amor de Dios nuestro Señor, en partes tan remotas y apartadas. Acomodámonos en la choza ambos con unos apartadijos de caña, y con lo mismo estaba atajada una capillita poco más ancha que el altar, donde decíamos misa. Y con la virtud de este soberano y divino sacrificio de la santa cruz en que se ofreció y estaba allí triunfando, los demonios que antes se les ,aparecían a los indios, no se atrevieron a aparecer más, y así lo dijo un indio. En aquella casita estuvimos con no pequeña necesidad en todo, porque el frío, como no tenía defensa, era tanto, que nos quitaba el sueño. La comida, unas veces un poco de maíz cocido otras, harina de mandioca que comen los indios; y aun porque solíamos enviar al campo a buscar unas hierbas de que comen bien los papagayos, los indios por gracia dijeron que lo éramos.
    Y como el demonio vio que la cosa iba tan adelante, o por sí mismo hablándoles o por medio de sus ministros, temiendo perder lo que había ganado en tantos años si la Compañía de Jesús entraba en estas tan extendidas provincias; y así sembraron por todo el Paraná que éramos espías y sacerdotes falsos, y que en los libros traíamos la muerte, y esto en tanto grado, que, estando por medio de unas estampas declarándoles el padre Boroa a unos infieles los misterios de nuestra santa fe, se recelaban de llegar cerca de las imágenes no se les pegase la muerte. Pero poco a poco se van desengañando y viendo con sus ojos los indios cómo los nuestros les son verdaderos padres, dándoles con amor de tales cuanto piden como lo haya en casa, y siéndoles médicos no sólo de sus almas -que es lo principal-, sino de sus cuerpos, ayudándoles en todas sus enfermedades y trabajos de noche y de día.
    En viendo cómo los indios nos cobraron amor, tratamos de hacer una pequeña iglesia, y con serlo baja y cubierta de paja, estos pobrecitos lo son tanto, que les parecían palacios reales, y mirando hacia el techo, hacían milagros, y ambos embarrábamos a ratos para enseñar a los indios, que aun eso no sabían. Acabóse para el día de nuestro santo padre Ignacio del año pasado de seiscientos y quince. En el cual dijimos la primera misa, procurando celebrar aquella santa fiesta con la renovación de nuestros votos y con otros regocijos exteriores según el poco posible de la tierra; procuramos imponer una danza, pero los muchachos están todavía tan montaraces, que no salieron con ello. Púsose una campana en un campanario de madera, que no causó poca admiración, como cosa no vista ni oída en aquella tierra. Y lo que fue de mucha admiración es que los indios levantaron una cruz delante de la iglesia; y habiéndoles dicho la razón por que los cristianos la adoramos, nosotros y ellos la adoramos todos de rodillas; y aunque es la última que hay en estas partes, espero en nuestro Señor ha de ser principio de que se levanten otras muchas.

jueves, 16 de noviembre de 2017

La Iglesia Viva es el Cuerpo de Cristo

De un autor del siglo segundo


    Dice el Señor: Todo el día, sin cesar, ultrajan mi nombre en medio de las naciones; y también en otro lugar: ¡Ay de aquel por cuya causa ultrajan mi nombre! ¿Por qué razón ultrajan el nombre de Dios? Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira.
    Cuando nos oyen decir que Dios afirma: Si amáis a los que os aman no es grande vuestro mérito, pero grande es vuestra virtud si amáis a vuestros enemigos y a quienes os odian, se llenan de admiración ante la sublimidad de estas palabras; pero luego, al contemplar cómo no amamos a los que nos odian y que ni siquiera sabemos amar a los que nos aman, se ríen de nosotros y con ello el nombre de Dios es blasfemado.
    Así pues, hermanos, si cumplimos la voluntad de Dios, perteneceremos a la Iglesia primera, es decir, a la Iglesia espiritual, que fue creada antes que el sol y la luna; pero, si no cumplimos la voluntad del Señor, seremos de aquellos de quienes afirma la Escritura: Habéis convertido mi templo en una cueva de bandidos. Por tanto, procuremos pertenecer a la Iglesia de la vida, para alcanzar así la salvación.
    Creo que no ignoráis que la Iglesia viva es el cuerpo de Cristo. Dice, en efecto, la Escritura: Creó Dios al hombre, hombre y mujer los creó; el hombre es Cristo, la mujer es la Iglesia; ahora bien, los escritos de los profetas y de los apóstoles nos enseñan también que la Iglesia no es de este tiempo, sino que existe desde el principio; en efecto, la Iglesia era espiritual como espiritual era el Señor Jesús, pero se manifestó visiblemente en los últimos tiempos para llevarnos a la salvación.
    Esta Iglesia que era espiritual se ha hecho visible en la carne de Cristo, mostrándonos con ello que, si nosotros conservamos intacta esta Iglesia por medio de nuestra carne, la recibiremos en el Espíritu Santo, pues nuestra carne es como la imagen del Espíritu y nadie puede gozar del modelo si ha destruido su imagen. Todo esto quiere decir, hermanos, lo siguiente: Conservad con respeto vuestra carne, para que así tengáis parte en el Espíritu. Y, si afirmamos que la carne es la Iglesia y el Espíritu es Cristo, ello significa que quien deshonra la carne deshonra la Iglesia, y este tal no será tampoco partícipe de aquel Espíritu, que es el mismo Cristo Con la ayuda del Espíritu Santo, esta carne, puede, por tanto, llegar á gozar de aquella incorruptibilidad y de aquella vida que es tan sublime, que nadie puede explicar ni describir, pero que Dios ha preparado para sus elegidos

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Perseveremos en la esperanza

De un autor del siglo segundo

Hermanos míos, hagamos la voluntad del Padre que nos ha llamado y esforcémonos por vivir ejercitando la virtud con el mayor celo; huyamos del vicio como del primero de nuestros males y rechacemos la impiedad, a fin de que el mal no nos alcance. Porque si nos esforzamos en obrar el bien lograremos la paz. La razón por la que algunos hombres no alcanzan la paz es porque se dejan llevar por temores humanos y posponen las promesas futuras a los gozos presentes. Obran así porque ignoran cuán grandes tormentos están reservados a quienes se entregan a los placeres de este mundo y cuán grande es la felicidad que nos está preparada en la vida eterna. Y si ellos fueran los únicos que hicieran esto, sería aún tolerable; pero el caso es que no cesan de pervertir a las almas inocentes con sus doctrinas depravadas, sin darse cuenta de que de está forma incurren en una doble condenación: la suya propia y la de quienes los escuchan.
    Nosotros, por tanto, sirvamos a Dios con un corazón puro y así seremos justos; porque si no servimos a Dios y desconfiamos de sus promesas, entonces seremos desgraciados. Se dice, en efecto, en los profetas: Desdichados los de ánimo doble, los que dudan en su corazón, los que dicen: «Todo esto hace tiempo que lo liemos oído, ya fue dicho en tiempo de nuestros padres; hemos esperado, día tras día, y nada de ello se ha realizado.» ¡Oh insensatos! Comparaos con un árbol; tomad, por ejemplo, una vid: primero se le cae la hoja, luego salen los brotes, después puede contemplarse la uva verde, finalmente aparece la uva ya madura. Así también mí pueblo: primero sufre inquietudes y tribulaciones, pero luego alcanzará la felicidad.
    Por tanto, hermanos míos, no seamos de ánimo doble, antes bien perseveremos en la esperanza á fin de recibir nuestro galardón, porque es fiel aquel que ha prometido dar a cada uno según sus obras. Si practicamos, pues, la justicia ante Dios, entraremos en el reino de los cielos y recibiremos aquellas promesas que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre.
    Estemos, pues, en todo momento en expectación del reino de Dios, viviendo en la caridad y en la justicia, pues desconocemos el día de la venida del Señor. Por tanto, hermanos, hagamos penitencia y obremos el bien, pues vivimos rodeados de insensatez y de maldad. Purifiquémonos de nuestros antiguos pecados y busquemos nuestra salvación arrepintiéndonos de nuestras faltas en lo más profundo de nuestro ser. No adulemos a los hombres ni busquemos agradar solamente a los nuestros; procuremos, por el contrario, edificar con nuestra vida a los que no son cristianos, evitando así que el nombre de Dios sea blasfemado por nuestra causa

martes, 14 de noviembre de 2017

Hagamos penitencia mientras estamos en este mundo

De un autor del siglo segundo.

Hagamos penitencia mientras vivimos en este mundo. Somos, en efecto, como el barro en manos del artífice. De la misma manera que el alfarero puede componer de nuevo la vasija que está modelando, si le queda deforme o se le rompe, cuando todavía está en sus 1nanos, pero, en cambio, le resulta imposible modificar su forma cuando la ha puesto ya en el horno, así también nosotros, mientras estamos en este mundo, tenemos tiempo de hacer penitencia y debemos arrepentirnos con todo nuestro corazón de los pecados que hemos cometido mientras vivimos en nuestra carne mortal, a fin de ser salvados por el Señor.
    Una vez que hayamos salido de este mundo, en la eternidad, ya no podremos confesar nuestras faltas ni hacer penitencia. Por ello, hermanos, cumplamos la voluntad del Padre, guardemos casto nuestro cuerpo, observemos los mandamientos de Dios, y así alcanzaremos la vida eterna. Dice, en efecto, el Señor en el Evangelio: Si no habéis sido fieles en lo poco, ¿quién os confiará lo mucho? Porque os aseguro que quien es fiel en lo poco es también fiel en lo mucho. Esto es lo mismo que decir: «Guardad puro vuestro cuerpo e incontaminado el sello de vuestro bautismo, para que seáis dignos de la vida eterna.»
    Que ninguno de vosotros diga que nuestra carne no era juzgada ni resucitará; reconoced, por el contrario, que ha sido por medio de esta carne en la que vivís que habéis sido salvados y habéis recibido la visión. Por ello debemos mirar nuestro cuerpo como si se tratara de un templo de Dios. Pues de la misma manera que habéis sido llamados en esta carne, también en esta carne saldréis al encuentro del que os llamó. Si Cristo el Señor, el que nos ha salvado, siendo como era espíritu, quiso hacerse carne para podernos llamar, también nosotros por medio de nuestra carne recibiremos la recompensa.
    Amémonos, pues, mutuamente a fin de que podamos llegar todos al reino de Dios. Mientras tenemos tiempo de recobrar la salud, pongámonos en manos de Dios, para que él, como nuestro médico, nos sane; y demos los honorarios debidos a este nuestro médico. ¿Qué honorarios? El arrepentimiento de un corazón sincero. Porque él conoce de antemano todas las cosas y penetra en el secreto de nuestro corazón. Tributémosle, pues, nuestras alabanzas no solamente con nuestros labios, sino también con todo nuestro corazón, a fin de que nos acoja como hijos. Pues el Señor dijo: Quien cumple la voluntad de mi Padre será mi hermano.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Confesar a Dios con las obras

De un autor del siglo segundo

Mirad cuán grande ha sido la misericordia del Señor para con nosotros: En primer lugar no ha permitido que quienes teníamos la vida sacrificáramos ni adoráramos a dioses muertos, sino que quiso que, por Cristo, llegáramos al conocimiento del Padre de la verdad. ¿Qué significa conocerlo a él sino el no apostatar de aquel por quien lo hemos conocido? El mismo Cristo afirma: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre. Ésta será nuestra recompensa si confesamos a aquel que nos salvó. ¿Y cómo lo confesaremos? Haciendo lo que nos dice y no desobedeciendo nunca sus mandamientos; honrándolo no solamente con nuestros labios, sino también con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente. Dice, en efecto, Isaías: Este pueblo me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí.
    No nos contentemos, pues, con llamarlo: «Señor», pues esto solo no nos salvará. Está escrito, en efecto: No todo el que me diga: «¡Señor, Señor!» se salvará, sino el que practique la justicia. Por tanto, hermanos, confesémoslo con nuestras obras, amándonos los unos a los otros. No seamos adúlteros, no nos calumniemos ni nos envidiemos mutuamente, antes al contrario, seamos castos, compasivos, buenos; debemos también compadecernos de las desgracias de nuestros hermanos y no buscar desmesuradamente el dinero. Mediante el ejercicio de estas obras confesaremos al Señor, en cambio no lo confesaremos si practicamos lo contrario a ellas. No es a los hombres a quienes debemos temer, sino a Dios. Por eso a los que se comportan mal les dijo el Señor: Aunque vosotros estuviereis reunidos conmigo, si no cumpliereis mis mandamientos, os rechazaré y os diré: «Apartaos de mí vosotros, nunca jamás os he conocido, obradores de maldad.»
    Por esto, hermanos míos, luchemos, pues sabemos que el combate ya ha comenzado y que muchos son llamados a los combates corruptibles, pero no todos son coronados, sino que el premio se reserva a quienes se han esforzado en combatir debidamente. Combatamos nosotros de tal forma que merezcamos todos ser coronados. Corramos por el camino recto, el combate incorruptible, y naveguemos y combatamos en él para que podamos ser coronados; y si no pudiéramos todos ser coronados, procuremos acercarnos lo más posible a la corona. Recordemos, sin embargo, que si uno lucha en los combates corruptibles y es sorprendido infringiendo las leyes de la lucha, recibe azotes y es expulsado fuera del estadio.
    ¿Qué os parece? ¿Cuál será el castigo de quien infringe las leyes del combate incorruptible? De los que no guardan el sello, es decir, el compromiso de su bautismo, dice la Escritura: Su gusano no muere, su fuego no se apaga y serán el horror de todos.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Id al encuentro del Señor

Aunque no  parece porque estamos a mediados de noviembre, pero la liturgia nos va invitando a pensar en que ya se está acabando el año, aunque sea el año litúrgico. Por eso comenzaremos a leer o escuchar lecturas que nos hablan de estar preparados al Señor. Como en el evangelio de hoy que volvemos a escuchar la parábola de las 10 vírgenes o doncellas: 5 necias y 5 sensatas, pero sobre todo lo importante de este relato es que, en algún momento, sin saber cuándo será el Señor vendrá a nuestras vidas a pedirnos algo, a querer que respondamos con rapidez a Su Llamado, y ¿estaremos dispuestos y preparados para responderle? O nos pasará como las insensatas: que tendremos que volver sobre nuestros pasos para buscar algo que nos ayude a ver y a pensar qué hacer para responderle al Señor.
Siempre es bueno que pensemos, que reflexionemos lo que nos pide el Señor, lo que se nos cruza en el Camino de la Vida, pero no demoremos la pregunta, porque si demoramos la pregunta quizás no nos encontremos con el Señor al responderle. Y ese es el tema también de esta parábola: no demorarnos en volver a repensar sino en que siempre estemos preparados para salir al Encuentro del Señor, del Señor que no sólo viene directamente a nuestras vidas, sino que viene cuando Él quiere y sabe que tiene o necesita de nosotros.
Aunque, también, si unimos el evangelio a la carta de San Pablo el Señor quiere que siempre estemos preparados para el momento de nuestra muerte o de la muerte de nuestros seres queridos. Sí, seguro que es una realidad que sabemos que vendrá a nuestras vidas, pero eso no significa que estemos preparados para vivirla de una manera conforme a lo que creemos. Muchas veces, no sólo la muerte, sino las cruces en nuestra vida no las aceptamos como debemos sino que, en algunos momentos, las rechazamos por el dolor y la oscuridad que llegan a nuestras vidas, pues no siempre estamos preparados para asumir la Cruz de cada día, sino que estamos tan preocupados de nuestras cosas que nos olvidamos de preparar el alma para que esté fuerte y alimentada con el aceite de la oración que ilumine la oscuridad que nos toque vivir.
Por eso salir al Encuentro del Señor es llegar a Él para alimentar nuestra fe, para madurar en nuestra esperanza y fortalecer el amor que nos impulsa a renunciar a nosotros mismos y a encontrarnos con Él cara a cara y descubrir qué es lo que nos pide en cada momento.

viernes, 10 de noviembre de 2017

El especial servicio de nuestro ministerio

De los sermones de San León Magno

Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza.
    En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.
    La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón? Aunque esto, por gracia de Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros; para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las partes inferiores.
    Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozamos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había entregado totalmente a la salvación del género humano

jueves, 9 de noviembre de 2017

La fe sin obras....

De las catequesis de san Cirilo de Jerusalén

La fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas. Hay, en efecto, una fe por la que se cree en los dogmas y que exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a determinadas verdades; esta fe es útil al alma, como lo dice el mismo Señor: El que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no incurre en condenación; y añade: El que cree en el Hijo no está condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

¡Oh gran bondad de Dios para con los hombres! Los antiguos justos, ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando para este fin los largos años de su vida; mas lo que ellos consiguieron con su esforzado y generoso servicio de muchos años, eso mismo te concede a ti Jesús realizarlo en un solo momento. Si, en efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos conseguirás la salvación y serás llevado al paraíso por aquel mismo que recibió en su reino al buen ladrón. No desconfíes ni dudes de si ello va a ser posible o no: el que salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una sola hora de fe, él mismo te salvará también a ti si creyeres.

La otra clase de fe es aquella que Cristo concede a algunos como don gratuito. A unos es dado por el Espíritu el don de sabiduría; a otros el don de ciencia en conformidad con el mismo Espíritu; a unos la gracia de la fe en el mismo Espíritu; a otros la gracia de curaciones en el mismo y único Espíritu.

Esta gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en una fe dogmática, sino también en aquella otra fe capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene esta fe puede decir a un monte: «Vete de aquí a otro sitio», y se irá. Cuando uno, guiado por esta fe, dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe.

Es de esta fe de la que se afirma: Si tuvieseis fe, como un grano de mostaza. Porque así como el grano de mostaza, aunque pequeño en tamaño, está dotado de una fuerza parecida a la del fuego y, plantado aunque sea en un lugar exiguo, produce grandes ramas hasta tal punto que pueden cobijarse en él las aves del cielo, así también la fe, cuando arraiga en el alma, en pocos momentos realiza grandes maravillas. El alma, en efecto, iluminada por esta fe, alcanza a concebir en su mente una imagen de Dios, y llega incluso hasta contemplar al mismo Dios en la medida en que ello es posible; le es dado recorrer los límites del universo y ver, antes del fin del mundo, el juicio futuro y la realización de los bienes prometidos.

Procura, pues, llegar a aquella fe que de ti depende y que conduce al Señor a quien la posee, y así el Señor te dará también aquella otra que actúa por encima de las fuerzas humanas

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Somos templos de Dios

 De los sermones de San Cesaréo de Arles


Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
    Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
    Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
    Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
    ¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos

lunes, 6 de noviembre de 2017

Nuestra regla de vida cristiana

Creo que la lectura de la carta de san Pablo a los Romanos (12, 5-16a) no tiene ningún desperdicio ni necesita de ninguna explicación, porque no se pueden decir las cosas más claras que las que dice san Pablo aquí. Pero claro que no puedo no decir ninguna palabra, sino que hay que barajar algunas otras cuestiones.
¿Qué cuestiones? Una con la que me encuentro habitualmente es que no leemos muy bien la Palabra de Dios, como decía san Pablo en la lectura del Domingo, "como lo que es: palabra de Dios y no palabra de los hombres". Es cierto que la carta la escribe san Pablo, pero para nosotros, los que aceptamos estar dentro de la Iglesia, creemos que es una carta inspirada por Dios para alimentaar la vida de fe de una comunidad cristiana, y no sólo de una comunidad que vivió hace dos mil años, sino todas las comunidades que a partir de ese momento queremos vivir como cristianos.
Y ahí viene la otra cuestión: ¿queremos verdaderamente ser cristianos? No solamente llamarnos cristianos, aparentar ser cristianos, sino SER cristianos. Si la respuesta es ¡Sí, quiero! entonces tendré que tener esta carta de san Pablo muy cerca de la mesita de noche para hacer el examen de conciencia todos los días, porque ahí está reflejado el comportamiento que tenemos que ir aprendiendo y que, yo diría, tendríamos que aprenderlo casi de memoria.
Claro que también a esta carta tendríamos que tener la otra que es tan importane, o más que esta, la famosa carta a los Corintios donde nos habla del amor, y conocemos como el himno de la caridad. ¿Os acordais de esa?
Yo diría que con esas dos cartas (livianitas de contenido) tenemos una muy buena regla de vida para ir, todos los días, cuestionándonos un poquito. Sí, cuestionándonos un poquito todos los días. Y digo cuestionándonos y no cuestionando a los demás, sino que el examen siempre tiene que ser a nivel personal, individual, pues todo cambio por comienza por uno. Y el Reino de Dios que todos los días pedimos que venga a nosotros lo tenemos que ir construyendo con nuestra conversión diaria.
Bueno, como estoy en el aeropuerto esperando el avion para argentina, los dejo, no quiero que esto sea muy largo porque sino voy a perder el avion y tendré que ir caminando sobre las aguas....
Nos vemos mañana. Dios los bendiga.

Por el gusto de dar

A pesar de que puede parecer un trabalenguas lo que san Pablo le dice a los romanos, se podría decir en otras palabras que los Dones que Dios nos da en un momento oportuno para vivir de tal modo o para hacer tal cosa, si no los utilizo para ese fin ya no los podré utilizar, ya no estarán a disposición mío, sino que pasarán a quien pueda y quiera utilizarlos: "a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aún lo que tiene", dice el Señor.
Si no tienes disposición para creer y para vivir la Voluntad de Dios, entonces no necesitas los Dones que el Señor tenía preparados para tí, por eso te los quitará y se los otorgará a otro que sí quiera vivir de a cuerdo a su Voluntad, y ser Fiel a la Vida que el Señor le tenía preparada.
San Pablo en esta carta se refiere a la misericordia que Dios tuvo al elegir al Pueblo de Israel, pero que, cuando llegó el Masías no quisieron o no pudieron reconocerlo, por eso el Mesías eligió para sí un Nuevo Pueblo, y la Vida que tenía para los elegidos se la otorgó a aquellos que creyeron en Su Palabra.
Por que el Señor no nos elige para que nosotros le devolvamos lo que Él nos da, sino para que seamos Fieles a su Voluntad, pues Él no neceista nada de lo que nosotros podamos ofrecerle, sino que todo lo hace "para el bien de los que ama", pero si no aceptamos su llamada entonces sus Bienes no llegan a nuestra alma.
Por eso mismo en el Evangelio el Señor nos exhorta a que no hagamos nada para recibir recompensa sino por el hecho de demostrar a los demás nuestro amor por ellos, nuestro servicio a sus vidas. Porque si hacemos las cosas para recibir una recompensa ya tenemos nuestra paga "y Dios que ve en lo secreto" ya no nos recompensará, pues lo que buscábamos era la "paga humana". Pero si hacemos las cosas por servicio de amor a los demás entonces Dios nos brindará todo su apoyo y sus Dones, pues un corazón humilde y desinteresado lo premia el Señor.
"Buscad el Reino de Dios y su justucia, y lo demás se os dará por añadidura", dice el Señor. En esta búsqueda no tenemos que centrar nuestras miradas en quién me da o quien me devuelve los favores ofrecidos, sino en que soy yo quién debe dar a manos llenas así como el Señor nos da todo lo que necesitamos en el momento oportuno. Para que, de este modo, como dice Santa Teresita: "al atardecer de mi vida me presentará ante Tí con las manos vacías", por que sólo he dado lo que me diste sin esperar nada a cambio, sólo por el gusto de intentar amar como Tú me has amado.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Aparentar o ser? Esa es la cuestión

"Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbi”.
Cuando todo lo que hacemos o decimos es simplemente para que la gente nos vea y nos admire, eso ya tiene la paga realizada y "nuestro padre que ve en lo secreto" no lo premiará. Pero, además, y lo más importante que cuando lo que hacemos o decimos es simplemente de la boca para afuera quiere decir que de la boca para adentro no hay nada con contenido, no hay nada que valga la pena, sino que somos sólo una cárascara o una palabra bonita y nada más.
El aparentar ser no es lo mimso que ser, y el ser se ve enseguida porque cuando sólo me dedico a aparentar al poco tiempo, como las mentiras, se descubre lo que verdaderamente soy: sólo una apariencia de algo que no soy.
Por eso Jesús nos pide:
"Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbi”, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Las palabras si no llevan un contenido personal, si no dicen lo que realmente somos o vivimos no sirven para nada. Cuando digamos algo que sea lo que realmente queremos decir y que esas palabras nos "aten" y nos hagan descubrir la responsabilidad de lo que decimos y expresamos. De nada vale decir, por ejemplo, a Dios Padre si no escuchamos su Voz ni obedecemos su Ley. De nada vale decirle a alguien "maestro" si no dejamos que nos enseñe.
El Camino de la humildad que el Seños nos propone es el que nos ayudará a ser también sincero y veraz en todos nuestros actos y en todos nuestros dichos, sin miedo a la verdad y sin dobleces en nuestra forma vivir.

sábado, 4 de noviembre de 2017

No te engrías por los Dones recibidos

Así como sentía tristeza, san Pablo, por el pueblo de Israel por no haber reconocido al Señor como su Mesías, siente en la misma intensidad alegría porque de ese modo la salvación llegó a los gentiles, a los que no eran parte del Pueblo Elegido. Es cierto que no hace distinción entre los pueblos pues aún confía que la Promesa hecha a Israel permanezca no sólo en el corazón de Dios, sino que lo tengan presente en Israel, pues la plenitud de Israel será la plenitud que llegue a todos los hombres.
Asi también advierte a los gentiles que ahora son el pueblo elegido por Jesús, que no piensen que eso es sin trabajo de parte de ellos, sino que tendrán que vivir en fidelidad para seguir siendo quienes lleven esa misma Gracia a todos los hombres.
Que el haber conseguido algo que no era para nosotros no sea causa de engreímiento, sino de alegría y, a la vez, una responsabilidad el seguir viviendo de acuerdo a lo que hemos conseguido.
Muchas veces nos sucede, como dice el refranero popular, que "nos dormimos en los laureles", pensamos que ya hemos conseguido lo que queríamos y ahora ya es suficiente. Alguien decía una vez: ya he hecho lo que Dios quería, ahora me toca hacer a mí lo que quiero. Y ese es nuestro error: creer que porque hemos conseguido algo o hemos hecho algo ya es suficiente para dejar de hacer lo que debemos.
El Camino de nuestra santidad, que hemos elegido, es una camino que puede llegar a tener algún descanso, alguna meseta, pero siempre es un Camino que por el que debemos ir ascendiendo hacia la perfección en el amor. Quedarnos estancados en un escalón o en un nivel que nos parece bueno es algo que nos hace perder mucha vida, pues la vida no permanece estática o crece o muere, y, lo mismo le pasa a la vida espiritual o maduramos en ella o la dejamos morir lentamente.
Así es el camino que nos presenta el Señor en el Evangelio, el Camino de la humildad, de reconocer que no somos los primeros en todo, sino que teniendo los Dones que tenemos los tenemos que poner al servicio de los demás, no creer que porque Dios nos ha premiado con algo que otros no tienen, podemos elegir los mejores lugares y sentarnos en la cabecera de la mesa. Sino que buscar el lugar más apropiado para demostrar que todo lo que hemos conseguido y todo lo que tenemos no es gracias a nuestro esfuerzo, sino gracias a los Dones que el Señor me ha regalado y a la fortaleza del Espíritu que nos ha fortalecido en la lucha de hacerlos madurar cada día.
De este modo será el Señor quien me lleve, como decía Santa Teresita, en sus alas a las alturas de la santidad.