"En aquel tiempo, pasando Jesús junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron".
Ser apóstol es una decisión de vida, por eso el evangelio señala, de cada uno de ellos que: "dejaron las redes y lo siguieron"; pues "dejar las redes" significaba dejar todo un estilo de vida que habían aprendido y vivían desde que habían nacido, pues no habían visto otra forma de vivir. Si leemos los relatos de cada uno de los apóstoles, incluso el relato de San Pablo, nos hablan de dejar un estilo de vida para comenzar a vivir otro, pero esta vez un estilo de vida que es una elección personal, no es una obligación ser cristiano, sino que es una elección personal de cada uno, libre y voluntaria.
Pero es cierto que muchos vivimos el cristianismo como una tradición, pues es algo que hemos visto desde pequeño con nuestros abuelos, nuestros padres, y que han sido ellos quienes eligieron el bautismo y la comunión para nuestras vida, y, en algunos casos (los menos) la confirmación en el Espíritu.
Pero ahora, con uso de nuestras facultades, nos toca poder conocer porfundamente el mensaje de Cristo, cuál es el estilo de vida que Él nos propone de parte de Dios Padre, y, teniendo todas las "cartas sobre la mesa", poder tomar una correcta decisión.
Sí, os parecerá extraño que diga esto. Pero ¿por qué lo digo? Porque no son pocos los cristianos con los que te encuentras que no tienen idea de lo que el Evangelio nos propone como estilo de vida, y, como todo estilo de vida que acepto vivir tiene sus más y sus menos, sus derechos y sus olbigaciones. Y por eso tengo que saber, entender y aceptar lo que el Señor me manifiesta o me muestra como un posible estilo de vida a vivir.
Porque tenemos que entender que el cristianismo no son normas a seguir o cumplir, sino que es una vida a vivir: la Vida de Cristo en mí, como dice San Pablo: "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí".
Y, a partir de ahí, surge nuestro apostolado: predicamos no sólo lo que leemos, sino lo que vivimos, porque lo hemos conocido y lo aceptamos.
Por eso mismo no sólo es profesar una fe con los labios, sino también con el corazón, porque verdaderamente amo lo que he conocido y amándolo comienzo a vivir una Vida Nueva a imagen de la Cristo Jesús, mi Señor, mi Hermano, mi Dios.