domingo, 6 de enero de 2019

Dia de Reyes, día de magia

Noche de Reyes, día de Reyes de Magos. Todo un mundo que gira alrededor de una manifestación de Dios al mundo. Todo un mundo que gira alrededor de una hermosa esperanza y de una alegría contagiosa que llena el espacio de espíritu navideño, aunque en algunos lugares quieran separar a los Reyes Magos de la Navidad, pero eso no será nunca posible.
¿Cuando fue el momento en que dejamos de creer en los Reyes Magos? Fue el momento en que comenzamos a creer que ya éramos grandes para poder confiar en fantasías, para seguir esperando algo que sabíamos que quizás llegaría y que quizás no, porque ya no éramos niños para seguir esperando. Y así se fue perdiendo algo tan hermoso y tan especial en nuestra vida de fe: la capacidad de dejarnos asombrar y la capacidad de alegrarnos por los pequeños gestos del amor de Dios y de nuestros seres queridos.
El espíritu de niños nos ayuda a permanecer expectantes ante lo que no conocemos pero esperamos, nos ayuda a esperar en las Promesas, nos ayuda a creer en las promesas. Nos fuimos haciendo grandes y dejamos de creer en las promesas, incluso, para algunos se hace cierto aquello de "cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro", creyendo que la felicidad la encontraré en ellos y no en mis hermanos.
Pero llegan días como estos en donde nos hacemos artíficees del espíritu de niños, porque sin ser niños construimos una Promesa, fabricamos esperanza y nos hacemos cómplices de una realidad que llega y cala en nuestros corazones para que la ilusión y el asombro de los más pequeños no se pierda nunca. Y es esa ilusión la que no se tiene que perder nunca en nosotros, es ese canto a la esperanza de un mundo maravilloso donde la alegría y la esperanza la podamos seguir construyendo juntos, donde el gozo por saber que las promesas se cumplen nos ayude para volver a creer.
Los Magos de Oriente usaron de su inteligencia para descubrir en la naturaleza un mensaje de Dios: leyeron en las estrellas que el Rey de los judíos iba a nacer, y no dudaron en ponerse en camino. Nosotros podemos leer, muchas veces, en la misma naturaleza muchos mensajes del Amor de Dios hacia nosotros, podemos leeer en los pequeños gestos de nuestros hermanos muchos mensajes de cariño y gratitud, pero como estamos tan ocupados siendo adultos sólo esperamos grandes señales y grandes gestos, y nos vamos perdiendo de esas pequeñas alegrías de todos los días, de esas pequeñas manifestaciones de amor que nos pueden llenar de gozo el corazón.
Así que en estos días preparamos el ambiente para llenar de espíritu de alegría, de esperanza y de paz también hagamos lo mismo, cada día, por los que queremos porque si nos unimos para hacer de cada día una navidad y una manfiestación del amor, entonces todo cambiará. Porque nos necesitamos a los Magos de Oriente para llenarnos de amor y paz, sino que nosotros lo podemos seguir construyendo cada día, porque ellos fueron a adorar al Niño y nosotros podemos encontrarnos todos los días con el Niño-Dios que se ha quedado en la Eucaristía y quiere habitar en nuestro corazón.

sábado, 5 de enero de 2019

Quien odia a su hermano es un homicida

"El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene bienes del mundo y viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras".
¿Odiamos? No, no odiamos, seguramente no odiamos. ¿Rencor? Y... un poco de rencor guardamos, no siempre dejamos que las cosas pasen de largo, sino que vamos guardando para cuando necesitemos. ¿Olvidamos? Claro que no es posible olvidar. Para olvidar tendríamos que perder la memoria, y no somos como los discos duros de los ordenadores que podemos borrar parte de los archivos. O recordamos todo o no recordamos nada. ¿Perdonamos? Eso también es complicado, no siempre perdonamos. A veces ponemos la excuso: "no soy Dios para perdonar", y ¡nos quedamos tan tranquilos! como si eso fuera lo que nos ha dicho el Señor.
Y, entonces, ¿amamos como el Señor nos amó? ¿seremos capaces de perdonar como Él nos perdonó? ¿Seremos capaces de juzgarnos como Él nos juzgó? ¡Eh! ¿Qué? ¿Que Jesús nos juzgó?? Si Él no nos juzgó. Sí, Jesús nos juzgó con misericordia y nos vió necesitados de amor, y aunque éramos pecadores se entregó a sí mismo a la muerte y muerte y de Cruz por nosotros. ¿No lo sabías? Por eso nos dijo: "amaos unos a otros como Yo os he amado".
En cambio nosotros juzugamos y candenamos porque no tenemos el amor de Jesús, porque no somos misericordiosos como Él. Nos gusta juzgar como Dioses creyendo que tenemos toda la verdad, pero nos olvidamos de la misercordia del Corazón del Dios, y por eso somos injustos, guardamos "datos" de lo que nos hicieron para usarlos en el momento oportuno, y, aunque queremos olvidar siempre recordamos para hacer sentir mal al otro por lo que nos hizo.
¿Odiamos? No, no odiamos, pero tampoco estamos lejos de hacerlo, porque en realidad no vivimos el amor como se nos pide en el Evangelio. ¿Guardamos rencor? No, no lo hacemos, pero tampoco hemos perdonado como Jesús nos ha perdonado. Ni siquiera le pedimos al Espíritu Santo la fuerza para poder pedonar, porque si es cierto que es difícil perdonar, pero tampoco pedimos ayuda para hacerlo. ¿Pedimos perdón? Pero para qué voy a pedir perdón si no me siento culpable, si se que tampoco me van a perdonar...
Y sin embargo sigo diciendo:
Padre Nuestro, diciendo que soy hermano de todos, porque Él es Padre de todos, y es mi Padre, y, sin embargo, hay gente a la no siento hermanos míos.
Y tamibén le digo: perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden... ¿Qué estás seguro entonces que te ha perdonado?
No te acuerdes sólo del "pedid y se os dará" recuerda que esa parábola termina diciendo "cuanto más el Padre os dará el Espíritu Santo a quien se lo pida", y pide el Espíritu Santo para poder vivir en Fidelidad la Vida que el Señor te pide vivir.

viernes, 4 de enero de 2019

Y siguieron a Jesús

"Juan Bautista... fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús".
El verdadero testimonio produce esta reacción en quienes lo ven o escuchan: quiero saber de qué está hablando, por eso los discípulos de Juan siguieron a Jesús. ¿Quién es ese? ¿Por qué habla con tanta admiración? ¿Quién es el Cordero?
Muchas cosas podamos suscitar en el corazón de quienes se encuentran con nosotros, como cristianos, algunas de esas cosas son ¿admiración, ganas de conocer más a Cristo, incógnitas sobre nuestra alegría, nuestra fortaleza, nuestra manera de orar, nuestro seguir a Cristo?
O ¿cómo y cuándo nos hemos encontrado con Jesús? ¿Hemos sentido esa admiración? ¿Hemos sentido esa necesidad de estar con Él, de seguirlo?
Por que todo en la vida comienza con un poco de "curiosidad", pues la curiositas es una virtud o don que tenemos que nos lleva a descubrir cosas nuevas. Pero, también, a veces, nos lleva a meter muy grandemente la pata porque no sabemos cuándo dejar de ser "curiosos" (pero eso es otro tema)
"Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»- Él les dijo: «Venid y lo veréis».
Ahí comienza el verdadero proceso de encuentro con el Señor: cuando decidimos seguirlo y "ver donde vive". El descubrir o encontrarnos con Él, escucharlo, estar con Él, es lo que nos va a ayudar a saber Quién es Él, cómo habla, qué dice, cómo vive. Porque no puedo seguir a alguien que no se quién es, y menos puedo amar a quién no conozco, porque en realidad el "amor a primera vista" no es real, sí que hay una atracción a primera vista, pero amor amor... porque el Amor supone una entrega, una implicación con la vida del otro, y por eso necesito conocer al Otro para poder, luego, enamorarme y estar con él para toda la vida.
Es Jesús quien nos abre de par en par las puertas de su Corazón para que lo conozcanos. Y no deja nada de decirnos, de comunicarnos, de enseñarnos, de hacernos ver cuál va a ser el Camino que Él nos enseñe a recorrer, y después nos hará la invitación: "¿quieres seguirme?"
Nuestra respuesta ha sido que sí, que quiero seguirlo, pero ¿hemos conocido verdaderamente el Amor de Cristo? ¿Lo hemos seguido plenamente o hemos dado algunos pasos con Él y otros con el mundo? ¿El seguirlo nos ha permitido señalarlo a otros para que también lo sigan? ¿Como Juan Bautista he dado testimonio claro y verdadero de que Él es el Cordero de Dios? ¿Mi vida habla de Cristo como lo hicieron las palabras de Juan Bautista?
En realidad son todas preguntas que nos tenemos que hacer todos los días para saber si nuestra vida sigue siendo cristiana, pues tamibén nosotros, como los apóstoles, tenemos una misión: "Id por todo el mundo y anunciad la Buena Noticia de la salvación".

jueves, 3 de enero de 2019

Qué anunciamos?

"Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".
Son las palabras de san Juan Bautista, luego de bautizar a Jesús en el Jordán, palabras que nos hacen pensar en nuestra responsabilidad de testigos del Amor de Dios que se ha manifestado para nuestra salvación. Es cierto que, como Juan Bautista, no hemos visto al Señor en su carne, pero al confesar que somos cristianos quiere decir que lo hemos visto según los ojos de la Fe, y si lo hemos visto creemos en Él, y si creemos en Él y vivimos en Él, entonces es nuestra misión, como Juan, ser testigos creíbles de lo que hemos visto y creído.
Así como san Juan lo señalaba a Jesús como "el Cordero que quita el pecado del mundo", también nosotros lo señalamos como el sanador de nuestras almas, como la salvación que a llegado a nuestro corazón, porque hemos experimentado su Amor por nosotros. No sólo hemos conocido su Amor sino que hemos experimentado (eso espero) el consuelo de su perdón, la fortaleza de su Espíritu porque siempre que hemos ido hacia Él nos ha recibido como el Padre al Hijo Pródigo, con los brazos abiertos de par en par para perdonar nuestros pecados y reanimarnos con Su Gracia para que sigamos recorriendo el Camino de la santidad.
No podremos, claro está, señalar a la Persona de Cristo, pero sí ponemos enseñar el Camino para llegar a Él, sí podremos mostrar los frutos de su Gracia en nuestras vidas, y acompañar a todo aquél que necesita descubrir su Amor; no porque seamos perfectos e inmaculados, sino porque como Juan Bautista hemos visto su Gloria, hemos escuchado su Palabra, y hemos sentido la fuerza de su Vida en la Eucaristía, una Vida que nos alimenta, que nos fortalece, que nos anima a seguir creciendo en el amor, la verdad, la fraternidad.
Juan Bautista fue el profeta que pudo ver y señalar a Aquél de quién él hablaba con tanta pasión, así nosotros, con el mismo convencimiento de quien ha estado con Él, tenemos que hablar de Cristo, tenemos que hablar de lo que Él ha producido en nosotros, tenemos que llegar a convencer con nuestras vidas de que Jesús vive y Vive en mí, para que el mundo crea y encuentre el Camino que lo conduzca a la Vida.
No dejemos que el Amor que Él nos ha tenido y que hemos sentido y experimentamos en cada encuentro con Él quede sordo en nuestros corazones, sino que lo gritemos a todo pulmón con nuestra vida, porque Él es nuestra alegría, es es nuestra plenitud, Él es el sentido de nuestra vida y tenemos que hacérselo conocer a la tinieblas del mundo, para que la Luz que Él deposita en nosotros, cada vez que lo recibmos, disipe las oscuridades del pecado, de las enemistades, del odio y los rencores, que se eliminen con su Luz las oscuridades que cierran el paso a todos los que buscan el verdadero rostro de Dios en nosotros, los hijos de Dios.

miércoles, 2 de enero de 2019

Permanecer en nuestra vocación

"En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y esta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna".
Ya desde el principio de la evangelización san Juan nos advierte que tengamos cuidado con lo que creemos, porque siempre está la posibilidad de ir "agregando" o "quitando" cosas a los dogmas de fe, o lo que Jesús nos ha enseñado desde el comienzo. Los "sabios de este mundo" siempre quieren saber un poco más que Dios y por eso van haciendo que sus teorías quieran tener más fuerza que el evangelio mismo. Y nosotros, que muchas veces nos dejamos convencer, o, mejor dicho, como no siempre estamos muy "empapados" de lo que Jesús ha dejado dicho en el evangeliio, vamos aceptando doctrinas que no son parte de nuestra fe, y en lugar de vivir el evangelio hacemos caso a teorías o conceptos humanos que parecen evangélicos pero que no lo son.
Hay muchos cristianos que aceptan teorias de otras religionoes y no acpetan las verdades del evangelio, y, generalmente, nos ocurre eso porque otras verdades nos suenan a más fáciles de comprender o de vivir, porque siempre hemos tenido la tentación de hacer una religión a nuestra medida y no de aceptar la Palabra de Dios, que nos resulta, en algunos momentos más complicada y difícil.
Por eso san Juan nos habla mucho de "permanecer" en Cristo, permanecer en la Palabra, guardar sus mandamientos, porque el permanecer es una condición esencial, no sólo en nuestra vida cristiana, sino cuando aceptamos cualquier camino; porque no podemos aceptar un camino e ir "acomodándolo" a nuestra manera, porque sino no sabemos qué hemos elegido o qué queremos vivir.
Así llegamos al evangelio donde se presentan a preguntarle Juan Bautista: "y tú ¿quién eres?". Y él con toda convicción sabe quién es y qué es lo que el Señor le pide hacer. Juan Bautista tiene muy en claro quién es él, cuál es su misión, y quién es el importante:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías»...
- «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
¿Por qué es importante saber quiénes somos y cuál es nuestra misión? Porque según eso podremos aceptar lo que tenemos que hacer y no buscaremos nada más que eso, porque cuando no tenemos seguridad sobre nosotros mismos, no podemos darle un sentido a nuestra vida y andaremos buscando "cosas para hacer" para llenar un vacío que no nos da paz.
En cambio, si sabemos cuál es nuestra misión sólo nos contentaremos con buscar la Voluntad de Dios para permanecer en Él y vivir con sentido pleno nuestra vida. Y será su Gracia quien me fortalecerá para permencer fiel a la Palabra y a la misión que Él me ha encomendado, y así "poder combatir el buen combate de la fe y alcanzar la meta".

martes, 1 de enero de 2019

Un nuevo día, un nuevo año...

Para comenzar un nuevo año bendigamos al Señor y a nuestra familia. Por eso la liturgia nos ofrece esta lectura:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con que bendeciréis a los hijos de Israel:
"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz."
Ni la bendición es mágica, ni el número del año nuevo tiene magia, sino que la magia la hacemos cada uno de nosotros cuando comenzamos el día, cuando nos reconocemos artífices de nuestro día a día, y de nuestra vida. Como decía alguien en una película: "no seas la amiga de la protagonista, sino sé tú misma la protagonista de tu película". Por eso no esperemos que el año nuevo nos traiga todo hecho, sino que comencemos a construir algo nuevo con la sabiduría que nos han dado los años anteriores.
Pero también hoy es el día de Santa María, Madre de Dios. Y Ella nos enseña una primera virtud para ir practicando en este primer día (aunque algunos no van a poder practicar nada jajaja por el sueño que tengan, pero será mañana) que es la que san Lucas refiere varias veces a María:
"María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
La sabiduría la conseguimos meditando y reflexionando, viviendo no sólo para afuera sino también para adentro, y sobre todo dejando tiempo para que las cosas nos vayan hablando al corazón, y con la ayuda del Espíritu Santo nos puedan ayudar a descubrir y discernir la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Acordémonos que una cosa que hemos pensado en este año que pasó es que se nos pasaron los días muy rápidos y pareciera que no pudimos disfrutar de lo que tenemos, sino que nos pasamos el año haciendo más cosas y disfrutando menos de lo que hemos conseguido y, sobre todo, no gustando de los afectos que tenemos en nuestra familia. Por eso es bueno detenernos en el tiempo para saborear lo que Dios nos va regalando cada día, y eso también nos ayudará a crecer en sabiduría.
Y, también, como último dato hoy es el día en el Papa nos pide rezar por la Paz. Este año su pedido es especial y su intención aún más:
"La buena política está al servicio de la paz", y finaliza su discurso diciendo:
"La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre...; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

lunes, 31 de diciembre de 2018

La magia de fin de año...

Último día del año y pareciera que termina todo y que el último día fuera mágico, porque a partir de hoy ya mañana será algo nuevo y diferente... nooo. Mañana estaremos, eso sí, algunos, con la resaca de la fiesta de Nochevieja y todavía nos faltará la comida y las sobras de Año Nuevo... Por estos lados con mucho frío, por otros lados con mucho calor... Pero no será una noche mágica en donde todo cambia simplemente por haber cambiado el número del año. No.
Pero, sí, todo puede cambiar si me doy cuenta de lo que he vivido y cómo lo he vivido y cómo lo quiere vivir a partir de hoy, porque el cambio no depende del número del año o del día o del horóscopo o de las brujas (que dicen que no existen, pero que las hay...) sino que depende de mi disposición a la Gracia y a aprender de mis errores (claro que antes tengo que reconocer que me he equivocado)
Para nosotros, los cristianos, sabemos que para poder cambiar, primero tenemos que reconocer que nos hemos equivocado y después estar dispuestos a la Gracia de Dios para que nos ayude a cambiar aquello quen no nos permite ser santos. Y, por eso mismo, tenemos que estar convencido que Dios nos ha llamado a la santidad. Sí, a todos los bautizados nos ha llamado a la santidad, y por eso mismo nos ha dado el Espíritu Santo que nos hace sus hijos.
Cuando no reconocemos nuestra realidad de hijos de Dios es cuando nos volvemos en contra del Señor, porque como el mismo lo dijo: "quien no está conmigo está en contra de mí, quien no recoge conmigo desparrama", y por eso mismo San Juan, en su carta nos dice:
"Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es la última hora.
Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.
Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad".
No es que el anticristo sea un ser monstruoso al que le han salido cuernos y cola colarada y ante tirando rayos fulminantes por los ojos, sino que anticristo es todo aquél que siendo cristiano vive como si no lo fuera o hablando en contra del Señor. O, simplemente, aquél que teniendo que vivir en la Verdad del Evangelio vive en la mentira del mundo y lo que siembra es cizaña y no paz, verdad y fraternidad.
Y en eso podemos identificarnos muchos porque cuando nos enfadamos con alguien lo primero que hacemos es sembrar calumnias sobre esa persona, y lo que nos pide el Padre es que vayamos y arrepentidos pidamos perdon y seamos instrumentos de paz.
Pero bueno, a fin de año aún tenemos tiempo para descubrir que no hemos sido tan buenos cómo creíamos y no hemos sido instrumentos de paz como pensábamos, por eso al hacer el "famoso balance" de fin de año, pidamos al Señor al Gracia para convertirnos, para buscar el perdón y volver a caminar por los pasos de Jesús, vivir Su Vida y alcanzar le ideal que el Padre a puesto en nuestros corazones: "sed santos como vuestro Padre Celestial es santo, sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto", porque "habeis sido llamados desde antes de la creación del mundo para ser santos e irreprochables ante Él por el amor".
¡Feliz fin de año y buen comienzo de 2019! Que todos podamos seguir caminando en la Fe, la Esperanza y el Amor.