sábado, 11 de febrero de 2017

A quién escuchamos...

Una hermosa imagen nos presenta el Génesis acerca de la inocencia y la culpa en el hombre. Una imagen que es representada por la desnudez y por el quererse ocultar de la mirada de Dios. Cuando el hombre, Adán y Eva, aún no habían comido del fruto prohibido andaban desnudos en el paraíso, podían dialogar con Dios de frente pues no había nada que ocultar, su inocencia, su confianza y su necesidad de Dios le hacían olvidar todo cuanto sucedía. Pero cuando por el conocimiento del bien y del mal descubren su desnudez, pierden su inocencia primera y sabiendo que habían desobedecido buscan taparse y esconderse de la mirada del Señor.
Pero así como pudieron razonar que estaban desnudos y que habían sido desobedientes, también pudieron comenzar a echar culpas hacia afuera: Adán dijo: la mujer que tú me diste me sedujo; Eva dijo la serpiente me sedujo. La única que no pude decir nada fue la serpiente, pues no tenía a nadie detrás o debajo de ella.
Cuando sólo pensamos en nosotros mismos, y es fruto de un instinto de conservación, siempre buscamos responsables fuera de nosotros sólo cuando hacemos mal las cosas; pero cuando podemos echarnos laureles siempre somos nosotros los hacedores, aunque no hayamos hecho nada.
Este daño del pecado aún persiste en nosotros pues aunque Cristo nos librara del pecado original, aún persiste la espina del pecado en nosotros y nos lleva a desear lo que no debemos.
Pero mirad una cosa: muchas veces decimos que no sabemos lo que hacemos, pero sin embargo siempre tenemos conciencia de lo que estamos haciendo y por eso muchas veces, sin darnos cuenta, nos escondemos porque intuimos que no hemos hecho lo que corresponde. Y, sobre todo nos escondemos de Dios: no hacemos nuestras oraciones como deberíamos, no leemos su Palabra como habría que hacerlo, vamos dejando que el tiempo pase para que se disuelva el dolor del pecado. Pero para ello sólo hay una solución: la confesión del pecado, el sacramento de la reconciliación es el mejor remedio para nuestro dolor, y el mejor regalo de la Gracia se nos da al reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos.
Cuando aceptamos nuestros errores y simplemente pedimos perdón la Gracia vuelva a nosotros como una hermosa lluvia, necesaria para purificar y refrescar nuestra alma para poder seguir en el Camino de la santidad.
Y sepamos que siempre el pecado va a estar queriendo mordernos el talón, siempre va a estar a nuestra puerta llamando para entrar en nuestra vida; pero también a la puerta está el Señor, llamando cada día para sentarse a nuestra mesa, y para que nos sentemos a Su Mesa. Será nuestra responsabilidad a quién escuchamos y a quién dejamos entrar en nuestras vidas.

viernes, 10 de febrero de 2017

Tentados y tentadores

"La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió".
Siempre se sigue dando la misma situación en nuestras vidas: hay un tentador y un tentado; no sólo sucedió allá en los primeros tiempos, sino que nos sigue sucediendo, sobre todo porque siempre estamos como "dispuestos" para dejarnos tentar. Claro que hay tentaciones y tentaciones, pues no todas las tentaciones tienen que ser malas, pero no siempre nos damos cuenta o nos ponemos a pensar si la tentación es para hacer la Voluntad de Dios o no.
En este pasaje del Génesis vemos cómo se tentó a la mujer y al varón para hacer lo que no era Voluntad de Dios, ellos estaban tranquilos viviendo sin tentaciones, pero llegó uno que siempre busca "meter el dedo en la llaga" y provocar una reacción.
Hoy en día hay muchos de esos, pues muchos creen que vivir en relación con Dios, vivir buscando Su Voluntad e intentar llevar una vida religiosa está fuera de lugar y del tiempo. Por eso muchos buscan tentar a los que intentan vivir en cristiano para sacarlos de "ese mal mundo". Y lo que es peor es que son muchos los que se dejan tentar y, por no pensar, o por no haber madurado en su fe, se dejan llevar hacia otras costumbres y otras vivencias, perdiendo todo aquello que una vez consideraron bueno para su vida.
Es cierto que cada uno tiene la libertad de vivir lo que quiere, y cada uno tiene la libertad de "llevar agua para su molino", pero no lo hagamos tan tranquilamente sin ponernos a pensar el por qué lo hago, o por qué dejo que lo hagan conmigo. Por que después surgirá la respuesta que tuvo Adán a Dios: "la mujer que pusiste a mi lado me la dio y comí". Es decir, nada es culpa mía hubo otros que me llevaron a vivir eso.
Asumir un estilo de vida implica, también, ser responsable con lo que intento vivir, madurar en lo que quiero y defender lo que le da sentido a mi vida. No puedo dejar que otros me vayan "llevando de las narices" para yo no tener que hacerme responsable de lo que hago. Aunque te dejes llevar tú eres responsable de hacia dónde te llevan y de lo que haces, no tires la culpa hacia otro lado, sino que también te tienes que hacer cargo de tu culpa, pues al hacerlo es ahí el momento en el que realmente eres una persona madura y bien parada, pues te has hecho responsable de tus actos y de tu conducta.

jueves, 9 de febrero de 2017

Capaces de responder

"La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que coman primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Aunque las respuestas de Dios, algunas veces, son tan duras como en este caso, no es porque quiera insultarnos o hacernos sentir mal, sino porque busca una respuesta mucho mejor de nuestra parte, quiere que, realmente, hagamos un profesión de fe, que lo que le pedimos o buscamos sea realmente un acto de fe. La mujer fenicia no se quedó sin respuestas ante las palabras de Jesús, sino que al contrario su respuesta fue muy bien aceptada por Jesús, y por eso obtuvo el milagro esperado, pero fue por su actitud y su fe.
Creemos que no podemos "contestarle" a Dios, es decir que no podemos enfadarnos con Él, decirle lo que pensamos. Sí que podemos, es más Dios quiere que lo hagamos, por eso nos "chicanea" con algunas cosas o en algunos momentos porque quiere que maduremos en nuestra vida de fe, que demos pasos de crecimiento. Él no pretende (como algunos dicen) que seamos simples ovejas que no piensan, sino que en la docilidad de la aceptación de su Voluntad, podamos dialogar con Él, plantearle nuestras dudas y problemas, decirle cuando no entendemos para que su Espíritu nos ayude a entender, a madurar.
Ya el Concilio Vaticano II nos exigía que maduremos en la fe para tener siempre razones para creer, para poder dar respuestas de lo que creemos, que no seamos simples ovejas que caminan detrás del pastor sin saber a dónde van. No, somos personas que tienen que aprender a razonar, a dialogar para poder crecer en la fe, para poder crecer en el espíritu que el Señor nos quiere otorgar.
Seguramente, como nos enseña María, habrá momentos en que tengamos que hacer silencio y dejar madurar las cosas en nuestro corazón, pero nunca el Señor nos dejará sin respuestas ante lo que nos pida vivir, ante lo que Él nos muestre como su Voluntad. Porque no siempre las respuestas que nos dan son las que esperamos, pero siempre serán las que necesitamos si queremos crecer en Su Espíritu, por eso el evangelista dice de María: "conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón".

miércoles, 8 de febrero de 2017

Lo prohibido es lo bueno...

"El Señor Dios dio este mandato al hombre:
«Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».
Ayer tuve que ir a hacerme una resonancia de rodilla (nada grave) pero cuando estaba en la máquina la chica me dijo: "y ahora no se mueva hasta que terminemos". Fue decirme eso y empecé a tener ganas de rascarme la pierna, a sentir que no podía estar quieto ¡qué difícil fue cumplir la premisa de no mover la pierna! Y eso que era algo fácil, pero bastó que haga la prohibición para tener que tener el deseo de hacer lo que se me había prohibido.
Y así nos pasa a todos con todas las prohibiciones: desde no comer sal hasta la de no pecar, está en nuestra estructura humana de pecado, de imperfección. Y Dios lo sabe, porque Él nos creó. ¿Podría habernos hecho más perfectos? Nos hizo, pero como creaturas tendemos a hacer lo que nos prohíben, porque, en definitiva, somos pequeños ante Él, como los niños que les dices que no toquen eso y... lo tocan; que se callen y... gritan.
Pero esa lucha constante, como la llama San Pablo, es una lucha que fortalece nuestro espíritu para que esté fuerte para los grandes momentos. En esa lucha hemos de pedir al verdadero Espíritu que nos invada con sus dones, para que podemos siempre tener la capacidad de seguir adelante, de saber discernir y elegir, de poder ver con claridad cada situación y cada acto que vamos a realizar. Porque en esa actitud de recepción del Espíritu se va consolidando nuestro ser cristiano, y así lo que hay en nuestro corazón no son los frutos del mundo, sino los frutos del espíritu.
Para que aquello que es propio del hombre terrenal lo podamos transformar en un hombre espiritual, por eso Jesús nos señala cuáles son los frutos del mundo:
«Lo que sale de dentro, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Es nuestro trabajo diario poder dejar al Espíritu Santo que vaya transformando nuestro interior, con nuestra disponibilidad y nuestra lucha constante.

martes, 7 de febrero de 2017

Volver a amar la Vida

Hace unos días, cuando presentaba el libro en Arrecifes, mi pueblo, Mariana cantaba una canción que decía:
"Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida..."
Y hoy no puedo dejar de volver a la Casa donde conocí a Efraín. Sí, porque hoy es su cumpleaños, y la Vida en el Espíritu y la vida sacerdotal, la conocí por él y con él; aunque, cada día, vuelvo a la Casa, no se puede dejar de volver al lugar en donde uno amó la vida: la casa de los padres, y la casa de mi formación sacerdotal, dos lugares para mí de suma importancia en mi vida.
Y al pensar en esto recordaba aquél pasaje de Jesús: "quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de Mí", pero en este caso no es mirar hacia atrás, sino volver a tomar aquél alimento espiritual que fortaleció mi vida humana y mi vida espiritual. Porque hoy somos aquello que fuimos viviendo a lo largo de los años, con todo lo bueno y con todo lo malo, con las alegrías y las tristezas, con las virtudes y los defectos, con los días de gracia y los días de pecado. Todo eso ha hecho de nosotros lo que hoy somos.
Pero volver al lugar donde conocimos y amamos la vida, es volver al origen de nuestra vida y de nuestra fe. Por eso volver a meditar y reflexionar sobre el génesis es intentar volver a vivir aquella hermosa relación que el hombre, el varón y la mujer, tenían con Dios en el principio: una relación de amor puro y sano, una vida en justicia y santidad, que hacía de su vida un verdadero paraíso, en armonía y plenitud.
Intentar, cada día un grado más de conversión para ir purificando nuestra mirada, nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro actuar, para que todo ello vaya siendo cada día más luz para los demás.
Volver a amar lo que proclamamos, volver a vivir lo que anunciamos, es descubrir que, con el tiempo, nos hemos vuelto un poco fariseos e hipócritas; que, con el paso del tiempo, hemos aprendido, como los demás hombres, a disimular en nuestras vidas "las trampas" que le hacemos a la Ley del Amor y, por eso, Jesús, más de una vez nos vuelve a decir:
"Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.”
Sí, volvamos a aquél lugar en el que amamos la Vida Nueva, en el que se nos encendió el corazón para querer vivir algo Nuevo, algo diferente, algo que revolucionó nuestro corazón y nos lanzó hacia el futuro con nuevas energías. Volvamos a recordar a aquellos que nos hicieron gustar el Amor de Dios y nos ayudaron a vivir en Dios, para que cada día tengamos un motivo más de esperanza para seguir luchando el combate de la fe y permanecer Fieles a la Vida que el Señor nos regaló.

lunes, 6 de febrero de 2017

Creadores en el Amor

Hoy la liturgia nos vuelve a presentar el relato de la creación, un momento hermosamente relatado por el escritor que nos muestra no sólo el poder de Dios sino lo bueno de la creación, pues en ella puso Dios todo su amor por compartir, así, cada día que creó fue bueno, pues el Amor lo hizo todo bueno. Cuando las cosas las hacemos simplemente por amor no puede haber maldad en ello, y, aunque no resulte como uno quiere, se puede ver el brillo de lo bello en lo que se hace. Por eso, el escritor decía al final de cada día que "vio Dios que todo era bueno".
Claro que no me voy a meter en las teoría de la evolución, ni en las etapas de la creación, ni en los géneros literarios; sino que me gustaría que comencemos a ver en la creación la mano de un Dios que ama y que crea por amor, así como Él hace todo, también nos crea a nosotros y nos da lo mejor de sí: infunde en nuestro corazones el Espíritu del Amor, para que, como Él, continuemos creando con Amor y por Amor, para que todo lo que hagamos y digamos sea fruto del Amor, y, por eso, sea bueno.
Por que así, también, lo definió su Hijo cuando re-creó al Hombre que había caído en el pecado. Sí, la muerte y resurrección de Cristo, la podemos entender como una re-creación del Hombre, pues en Él se dio muerte al Hombre pecador, para nacer, por su resurrección, el Hombre Nuevo nacido del Espíritu Santo. Y eso lo hizo gracias a su Amor, pues su entrega en la Cruz, por nosotros, ha sido un acto de Amor Infinito por nosotros.
Así, al nacer nosotros del costado abierto de Jesús, somos una nueva creación, somos el Hombre Nuevo revestido de la dignidad de hijos de Dios que, con su Gracia y su Amor, hacemos un Mundo Nuevo en la Justicia y el Amor, en la Verdad y la Paz, en la Esperanza y la Alegría; pues ya no vivimos esclavos de la ley del pecado sino que somos hombres libres que vivimos la nueva Ley del Amor.

domingo, 5 de febrero de 2017

Somos luz en el mundo

El hombre (varón y mujer) necesita un sentido para caminar, para crecer, para vivir; necesita religar su vida a algo o alguien para intentar ir hacia adelante. Por eso siempre está en la búsqueda de algo que le muestre (consciente o inconscientemente) el camino a seguir: dioses, ídolos, metas, ideales...
Jesús nos muestra o nos invita a pensar que podemos ser nosotros, los que aceptamos el Camino que Él nos propone, a ser esas personas que iluminen el camino de aquellos que buscan un sentido para sus vidas:
"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».
Una tremenda responsabilidad para nosotros. Es una idea que no creemos que podemos ser, pues no nos consideramos ni tan buenos, ni tan perfectos, ni tan santos como para ser modelo de vida para los demás. Pero no somos nosotros quienes hemos elegido serlo, sino que es Jesús quién nos dice que debemos serlo y no porque nosotros tengamos la capacidad de iluminación propia, sino porque Él es la Luz y si vivimos en Él y Él vive en nosotros, entonces nuestra vida iluminará la vida de los demás.
Fijaos que Él dice: "para que vean vuestras buenas obras". Cuando estamos unidos a Cristo de un modo constante y radical, y en nuestra vida vamos viviendo de acuerdo a la Voluntad de Dios, entonces nuestras obras hablarán de Dios, hablarán del sentido que yo le estoy dando a mi vida.
Una vida que no necesitará "hablar" de Dios, sino que se verá que somos de Dios, unidos a Él nuestra vida será cada día un poco más de "signo", de testimonio del Amor de Dios por los hombres, y del amor de los hombres por Dios.
Hoy necesitamos nuevos y valiosos testigos de la Fe, ya los hemos tenido en nuestras tierras y nos ha ayudado a comprender y a querer a Dios; ahora nos toca a nosotros arraigar nuestra vida en Él, para que otros puedan tener modelos en los que poder descubrir una vida en Dios.