lunes, 12 de diciembre de 2016

Con qué autoridad haces esto?

"En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?".
Cuando hacemos o decimos algo que a los demás no les gusta, enseguida alguien comienza a cuestionarnos, a mirarnos con malos ojos e, incluso, a preguntarnos lo mismo que a Jesús o algo parecido. Y en verdad siempre tendremos que dar respuesta de lo que hacemos o de lo que no hacemos, tener razones para sustentar nuestra vida es un bien para nosotros mismos.
Cuando estamos seguros de lo que estamos viviendo y de lo que creemos eso nos da seguridad para, simplemente, poder vivir de acuerdo a nuestra fe y así ser coherentes con lo que decimos o hacemos. Seguramente a alguien le molestará, sobre todo si nuestra vida cuestiona la vida de los demás. Es lo que le pasaba a Jesús, cuando sus palabras cuestionaban a los fariseos y doctores de la ley, siempre buscaban algún argumento para poder desacreditarlo ante la gente. Y este argumento podría haber sido el mejor para desautorizarlo.
Pero fijaos en este diálogo de Jesús pues Él no va contra ellos, sino que los pone en la misma actitud: cuestionar sus preguntas, pero no lo hace con malicia o violencia, sino que lo hace con astucia (sed astutos como serpientes y mansos como palomas, también lo dice Jesús) Y esa astucia hace quedar en mal lugar a los cuestionadores.
Por eso no es importante lo que los demás nos dice o hablan de nosotros, sino que lo que importa es lo que nosotros vivimos y cómo lo vivimos, si nuestra vida es coherente con lo que creemos hemos de estar tranquilos y seguros de nuestra vida. Nunca debemos dejar que los cuestionamientos de los demás nos inciten a la violencia o a una actitud de venganza, sino todo lo contrario con paciencia y astucia dejar que la vida y el Espíritu nos ayuden a poner distancia de los malos rumores.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Esperar con paciencia

"En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle.
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí! ».
Aunque uno sea un gran profeta, como fue Juan Bautista, siempre puede haber lugar a las dudas, a la oscuridad de la fe, sobre todo cuando la impaciencia nos va ganando la carrera de la vida. Porque la impaciencia hace que nos preguntemos una y otra vez el por qué de tal o cual cosa, el para qué de esto o de lo otro, o... Por que la impaciencia nos quita la paz, y al quitarnos la paz nos comienza a quitarnos la luz que había en nuestro corazón, la Luz de la fe. Por que la Fe nos lleva a confiar en lo que creemos, y a saber que lo que tiene que pasar pasará en el momento justo y oportuno: "llegada la plenitud de los tiempos Dios envió a Su Hijo Único..."
Por eso Santiago en su carta invitaba a la comunidad a tener paciencia en la espera del Señor, porque el Señor, como siempre digo, tiene toda la eternidad para tomarse su tiempo, y saber cuándo es el momento oportuno. Y qué mejor ejemplo pudo poner Santiago que el del labrado que espera el fruto de la siembra: hay que saber esperar.
Además, cuando le preguntamos al Señor no siempre (o mejor dicho nunca) nos contesta con frases directas. Uno podría pensar no le podía decir a los discípulos de Juan Bautista: Sí, decidle que soy yo el que había de venir. No, el Señor no nos da respuestas directas, sino que nos hace pensar, nos hace razonar lo que estamos escuchamos y estamos viendo, para que sepamos leer entre líneas en los acontecimientos históricos, en las causas segundas, escuchar a sus instrumentos, y, sobre todo, a recordar las Palabras de los Profetas.
Por eso necesitamos la virtud de la Paciencia para poder leer y escuchar con calma, porque sino podemos sólo escuchar lo que queremos o interpretar lo que no queremos.
Sí, es complicado esto de querer ser Fieles a Dios. Pero es que Él quiere que tengamos libertad para elegir y serenidad para actuar, no quiere que actuemos automáticamente ante las cosas cotidianas, sino que sepamos analizarlas, razonarlas y, especialmente, discernir si lo que veo, escucho y decido es Voluntad de Dios, pues si me he decidido por ser Fiel a Dios en el Camino que Jesús me ha mostrado para vivir, entonces tengo, como Él, que alimentarme de la Voluntad de Dios.
Así, el mejor consejo que nos da el apóstol Santiago hoy es el que tenemos que cultivar cada día:
"Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca".
Y estos días cercanos a la Navidad que no se acelere el corazón por salir de compras y preparar la mesa de los invitados, sino darnos tiempo para estar con María que supo esperar el tiempo y dejar que el Niño creciera en su seno y en su corazón.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Dormir en Su Amor

La lectura del libro del Eclesiástico finaliza con una hermosa frase:
"Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor".
Quizás sea de esas frases que lees sin darte cuenta, pero que un día despiertan en tí algo especial. Y eso es lo que hoy me ha sucedido. Me ha gustado mucho pensar esa realidad y pensando en eso me acordé de algo que me contaba una abuela de su nieto pequeño.
Esta abuela me decía que su nieto se despertaba muchas noches con pesadillas muy feas. Un día ella le dijo: antes de dormirte reza el Padrenuestro y veras como no tienes sueños malos.
Para muchos esto será una tontería, pero no lo fue para el pequeño niño que confió en las palabras de su abuela e hizo lo que ella le dijo.
Al día siguiente el pequeño le dijo a la abuela que no había tenido sueños malos, y así cada noche antes de dormirse hace su oración, para que Diosito lo proteja.
Y ¿qué tiene que ver esto con la frase del Eclesiástico? Ese niño fue dichoso por lo que su abuela le dijo y se durmió en el Amor del Señor, en el amor que su abuela le transmitió, en el amor que su abuela tenía por el Señor que le dio la confianza necesaria para creer en su protección.
Nos es maravilloso poder dormirse en el Amor, es de los mejores momentos de nuestra vida cuando podemos descansar en el Amor de Dios, así como, muchas veces, podemos descansar en el amor de nuestros hermanos, de la pareja, de alguien que sabes que te quiere bien y que da la confianza y la seguridad necesaria para hacerlo.


Cuando llegamos a adentrarnos en la profundidad del Amor de Dios, porque lo hemos conocido, nuestra vida descansa en Él, todo nuestro ser reposa en su Amor, como un niño pequeño en brazos de su madre, así nuestro corazón descansa en el Señor.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Insatisfechos con el Señor

"En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«¿A quién se parece esta generación?
Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
“Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.
Nunca estamos conformes con lo que no nos gusta o cuando nos exigen algo (aunque nos guste hacerlo) Mientras Dios nos vaya acompañando en nuestros planes y proyectos todo estará bien, pero cuando se ponga un poco pesado diciendo que esto o aquello no está bien, ya no me agrada tanto. Así vamos viviendo una religión casi hecha a nuestra medida, pues los mandamientos y los consejos evangélicos no son para todos, sólo para algunos, y sobre todo para exigirle a los demás que lo vivan pero no para nosotros mismos.
Vemos, muchas veces, cómo cuando alguien quiere enfrentarse a otra persona o hacerle ver sus defectos o errores sacan a relucir las frases evangélicas que más convienen en el momento, pero a la hora de llevarlas a la práctica en lo personal usamos las que más nos convienen a nosotros que, por lo general, son las que hablan de la misericordia, pues todos tienen que ser buenos y saber perdonarnos nuestras faltas.
Y ¿por qué tengo que aceptar los mandamientos y los consejos evangélicos? Porque para los que hemos aceptado un camino nuevo, y el camino de ser hijos de Dios, Él mismo nos dice:
"Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir.
Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río..."
Claro que no es el bienestar como lo pensamos nosotros, pues para muchos ser cristianos es que no nos pase nada, que siempre tengamos salud, que todos los proyectos nos vayan bien... No, ser cristianos quiere decir tener siempre la capacidad y la fortaleza para saber afrontar las adversidades, saber asumir la Cruz de cada día como un instrumentos de salvación y santidad, saber amar y perdonar com Cristo nos amó, poder entregarnos a su servicio como discípulos y servidores de Su Palabra; pues el llamado al que respondimos fue a seguirlo paso a paso, a ser obedientes y fieles a su Palabra.
El Caminar junto a Cristo y con Cristo es lo que le da a nuestra alma todo lo necesario para el bienestar, para la paz, para el amor no hay un remedio más eficaz para mejorar nuestra vida que la Gracia del Señor, pues Él colma todas nuestras necesidades y sacia todas nuestras hambres haciendo que cada día sea pleno.

jueves, 8 de diciembre de 2016

¡Alégrate llena de Gracia!

"¡Alégrate! llena de Gracia, el Señor está contigo".
Con estas palabras comenzó nuestra historia a tomar un nuevo color, pues en ese momento comenzaban a estremecerse los Cielos de gozo y el Infierno de temor, esperaban todos el Sí de una Virgen, porque Dios había visto que los tiempos ya estaban en su plenitud para enviar al Salvador.
Y también el corazón de la Virgen se estremeció al oír las bellas palabras de un ser de luz que inundó no sólo su habitación, sino también su vida y la vida de todos los que miramos a María como Madre de Dios y Madre Nuestra.
Es esa Luz que irradió el Ángel sobre la María la que sigue inundando los corazones de todos aquellos que, por María, hemos recibido al Autor de la Vida, y por Él hemos recibido la Vida misma.
Es esa Luz que inundó el corazón de María la que Ella nos entrega cada vez que nos encontraos con la Madre y le abrimos el corazón para contarle nuestras penas y dolores, nuestros gozos y alegrías.
Es esa Luz que descendió sobre Ella, la del Espíritu Santo que la cubrió con su sombra, la que también nosotros recibimos el día de nuestro bautismo y nos da la Gracia de renacer como hijos de Dios, por eso mismo somos, también, hijos de María.
Es esa Palabra que se hizo carne en su Seno Purísimo la que recibimos y escuchamos, la que nos guía en el Camino hacia la Vida y la que nos alienta, ilumina y da esperanza.
Es esa Palabra que se hizo carne en su Seno Purísimo la que recibimos cada día que nos acercamos a la Eucaristía, la que se nos da en el Pan de Vida para que nuestra pobre vida alcance la riqueza de Dios.
"¡Alégrate llena de Gracia!", son las palabras que resonaron en el corazón de María, pero son también las palabras que Ella quiere que resuenen en nuestro corazón todos los días, porque como Madre quiere que los hijos lleguen a alcanzar la Bienaventuranza que Ella recibió por su Fidelidad a Dios.
Es María la que hoy nos sigue diciendo: "Haced todo lo que Él os diga", porque sabe que ese es el único Camino, el que Ella misma recorrió, para alcanzar la Alegría y la Gracia que un día le anunció el Ángel, y que esa misma Alegría y la Gracia la recibamos también nosotros, sus hijos, por que aprendimos de Ella a ser Servidores de la Palabra, Obedientes a la Voluntad del Padre, Fieles a la Vida que Él nos dio y que Ella gestó en su Seno, y que, día a día, quiere ayudarnos a conservar en nuestra vida.
"¡Bendita tu eres entre todas las mujeres!"
Todos Madre esperaban ese día tu ¡Sí! al Padre. Y hoy todos esperan nuestro ¡Sí! a Dios, ayúdanos a ser fuertes y valientes en la entrega de cada día, para llevar a un mundo viejo la Luz de la Vida Nueva.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

No nos cansamos de volver a nacer

Hermosa respuesta que, por medio de Isaías, el Señor nos da:
"Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
A lo que Jesús, después de muchos tiempo, nos vuelve a repetir:
"Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Siempre y cada día el Señor tiene una respuesta para nuestra vida, si es que queremos verla o escucharla, porque, quizás, cada día, implica, en nuestras vidas, un cansancio, un agobio; y, al terminar cada día nos sintamos sin ganas de volver a empezar. Pero el Señor siempre nos trae una gota de esperanza y llena con esa gota el vacío que se va produciendo en el alma de tanto entregar, de tanto dar.
No siempre creemos que recibimos lo que damos, no siempre se nos "reintegra" el amor que ofrecemos, y la vida que entregamos; pero al llegar la noche si nos ponemos en manos del Señor de la Vida será Él quien nos "reintegre" "una buena medida, apretada, colmada, rebosante" que no sólo llenará nuestro corazón, sino que nos alentará para ser entregando cada día todo lo que Él nos da.
Así el cansancio y el agobio de cada día en Sus Manos de transforma en gozo, alegría, fortaleza, plenitud, pues no hay nadie que pueda "devolver" a nuestras almas más que nuestro Padre del Cielo, pues a Él nadie le gana en gratitud porque "cuanto hicisteis por uno de estos mis pequeños hijos por Mí lo hicisteis".
Y así cada día al despertar renovaremos nuestros sueños porque son Sus sueños los que quieren desplegar alas en nuestras almas, son sus sueños los que nos ayudan a querer levantar vuelo y llegar hasta las más altas cumbres de la entrega, de la perfección; son Sus sueños los que nos permiten vivir y contemplar sus maravillas, esas maravillas que hizo por nosotros, que nos entregó a nosotros y que, día a día, alimentan y alientan nuestros sueños de grandeza, de esperanza y de gratitud ante un Padre que nos "ama tanto que nos dio a su Hijo Único para que nos diera Vida y vida en abundancia".
Y es ese Hijo, ese pequeño Niño que va a nacer Quien abre Sus Manos para recoger todos nuestros pesares y agobios, para que nunca nos cansemos de Amar, para que, aún cuando nos duela el amor, seamos capaces de seguir entregándolo así como Él se nos dio desde Belén a la Cruz. Es ese Niño que va a nacer Quien ya desde el pobre lecho de Belén comenzó a darse, a vivir una entrega total a los Hombres, a tí y a mí, para que nuestra pequeña vida se engrandezca y se fortalezca con Su Vida, para que nuestra pobreza terrenal se transforme, por su Vida y su Gracia, en vida de hijo de Dios.
NO, no hay nada más hermoso que dejar cada noche nuestras vidas en sus manos, para que cada día, al amanecer, volvamos a nacer, junto a Él, para que cada día vuelva a ser Navidad.

martes, 6 de diciembre de 2016

El grito del profeta

No sólo me parece hermosa esta palabra de Dios dicha por Isaías, sino que habla y define claramente la misión del Profeta, y de los profetas que somos cada uno de nosotros, después de nuestro bautismo (hemos sido ungidos sacerdotes, profetas y reyes):
«Consolad, consolad a mi pueblo – dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».
Es una hermosa misión llevar el consuelo al que sufre, al que está agobiado, a quien está sin esperanza, a quien no encuentra la luz para su camino. Pero también es una gran responsabilidad pues todo lo que tienes que llevar tiene que estar firmemente "atada" y enraizado en tu corazón, pues si no está enraizado en tí será algo que no tenga la fuerza necesaria para llegar al corazón del hermano.
El tiempo de Isaías, aunque lejano, como el que vivimos hoy pueden llegar a ser muy diferentes pero, a la vez, muy parecidos pues en muchos hay desesperanza, descontento, amargura, división, enemistad, y, sobre todo desamor y falta de fe. Por esta razón Isaías tenía que volver a transformar, con la Palabra de Dios recibida, el corazón de su Pueblo, volver a encender en ellos la llama de la Fidelidad a Dios y así la llama de la esperanza en un futuro mejor.
Claro que también a nosotros nos surge la misma pregunta que a Isaías: "¿Qué debo gritar?", ¿qué debo decir? ¿cómo lo digo? Lo debes decir en voz fuerte y alta, clara y firme, que se sepa que es lo que tú crees, lo que te hace vivir y lo que te ayuda a sufrir, que la vida aquí en la tierra es una hierba pasajera, pero que está llena de la eternidad de Dios que vive en tu corazón, que es esa eternidad la que día a día le da Vida a tu vida, aún en las más oscuras quebradas; que por eso hoy estás en una espera constante porque sabes que vendrá Aquél que trae la Paz, la Luz, el Amor, que es la Fuerza, el Fuego, y el Viento Huracanado que sostiene, quema y arranca y raíz todo aquello que no es Vida.
Grita fuerte, sin miedo, da a conocer tu fe, la vida que el Señor te dio a lo largo de los años y que, poco a poco, fuiste dejando enraizar en tu corazón y que, ahora, no sabes cómo poder vivir sin Él. Grita fuerte, quizás no con tu voz, pero sí con tu vida que el Señor es Dios y que en Él encontraste el Camino que te conduce a la Vida y que da Vida a todos tus días. Grita fuerte que en Él tienes puesta tu Esperanza porque Él es la Vida que renueva, que fortalece y que sostiene en los momentos más difíciles de la vida, que "aunque camine por oscuras quebradas Él me sostuvo" de Su Mano y aunque caí muchas veces siempre me ha levantado y me hizo caminar.
Grita fuerte que su Amor es tu amor, que su Vida es tu vida, que Él viene para nacer en Tí, y que tú naces en Él.