miércoles, 10 de febrero de 2016

Tiempo de Cuaresma, tiempo de volver a Dios

Le decía San Pablo a los Corintios:
"Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación".
Cuando leía esto pensaba en tantas cosas que nos acordamos que no hemos hecho después que ha pasado algo fuerte en nuestras vidas: una enfermedad, una muerte, un accidente, o simplemente porque hemos cumplido años y no hemos realizado aquello que habíamos soñado. Hemos estado tan pre-ocupados de muchas cosas que nos olvidamos de las que era importantes para nuestra vida.
Y si nos pasa esto en nuestra vida común, ¿cómo no nos va a pasar en la vida sobrenatural?
En la vida diaria, por decirlo así en la vida terrena, cuando pasa un año no podemos volvernos atrás, ese año ya lo perdimos no lo podemos recuperar, ni siquiera un día o una hora o un minuto. Ya pasó, forma parte del pasado. Pero, en la vida sobrenatural el tiempo no es tiempo, no existen las horas, aunque las horas cuentan, pero cuando llega el momento de la conversión, del arrepentimiento y de la Gracia, todo vuelve a cero y nos sentimos renovados para seguir caminando, no para volver a empezar, sino para continuar el camino de la santidad, el Camino de la Vida.
Así, cada Cuaresma, cada Pascua y cada tiempo litúrgico nos anima a retomar el Camino de la Vida, pero de la Verdadera Vida, la Vida en Dios. Porque cada día el Señor nos está llamando, nos está dando la Gracia para que podamos alcanzar los sueños que el Padre tiene para nosotros y que dejó en nuestros corazones.
Él no quiso darnos Su Vida para que no utilicemos, nos dio Su Vida para que tuviéramos vida y vida en abundancia, por eso, cuando no nos acercamos a recibir Su Gracia es cuando despreciamos todo lo que Él hizo por nosotros, y no lo despreciamos porque lo rechacemos, sino que lo des-preciamos porque no le damos el verdadero valor que tiene, no le damos el "precio" que tiene todo lo que Él hizo y nos dejó como herencia para nuestra vida.
Hoy comenzamos un nuevo tiempo de Cuaresma, y un nuevo tiempo marcado por algo particular: el Tiempo de la Misericordia, Dios que es Amor, una vez más, quiere acercarse a nosotros para derramar todo su Amor en nuestros corazones, para que siendo, nosotros, buenos instrumentos en Sus Manos, podamos derramarlo en las vidas de todos aquellos que no conocen Su Amor.
Como nos exhorta San Pablo "no recibamos en vano la Gracia de Dios", pero tampoco dejemos ir el tiempo sin haberla recibido, pues la Gracia es la fuerza, el fuego, el impulso, todo aquello que necesitamos para que cada día seamos Fieles a la Vida que Él nos dejó y nos regaló.

martes, 9 de febrero de 2016

Dejar de lado la hipocresía religiosa y vivir en santidad

Me parece hermoso este clamor de Salomón al Señor en su Templo:
"¡Escucha la oración que tu servidor dirige hacia este lugar! ¡Escucha la súplica y la oración que tu servidor y tu pueblo Israel dirijan hacia este lugar! ¡Escucha desde tu morada en el cielo, escucha y perdona!»
Un clamor que, a partir de mañana miércoles de cenizas, comenzaremos a intentar tenerlo en nuestros labios. Nosotros creemos que el Señor, en la presencia real y verdadera de la Eucaristía, está presente en el Templo y por eso a Él le imploramos el perdón. Un perdón que nos libera, que nos sana y que nos salva, pero es una oración dirigida al Señor Nuestro Dios, no a un simple hombre de carne y hueso o a una imagen de yeso o madera, sino al Señor, a Nuestro Dios en la persona de Nuestro Señor Jesucristo.
Por eso las lecturas del Evangelio nos invitan a re-pensar nuestra vida, a mirarnos y a examinar no sólo nuestras palabras e ideas, sino también, y sobre todo, nuestra manera de actuar. Por eso Jesús en el evangelio les habla tan duro a los de su pueblo, a la gente que Él ama y por quienes viene al mundo:
"¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.»
Es un llamado de atención para que no nos parezca que todo es igual, que todo es lo mismo, que da lo mismo hacer una cosa u otra, decir una cosa u otra, hacer esto o aquello. En los tiempos que estamos viviendo el Señor nos llama a la heroicidad de nuestra fe, a ser claro y coherentes con lo que decimos creer y con lo que queremos vivir.
Así, el tiempo de Cuaresma será un tiempo de reparación, de poder recuperar el Fuego del Espíritu que fuimos perdiendo por ponernos de lado del mundo, de su pensar, de ajustar nuestra vida a los aires mundanos que nos llevan a aceptar y, casi casi, a vivir lo mismo que aquellos que no tienen el Espíritu del Señor, sino que aceptamos y vivimos las tinieblas del mundo.
Es un tiempo de reflexión, pero de seria reflexión que nos lleve no sólo a golpearnos el pecho por nuestros pecados, sino a implorar la fuerza del Espíritu para poder convertir nuestra vida y alcanzar la santidad.

lunes, 8 de febrero de 2016

Seguirlo a Jesús para alcanzar la Vida

"Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba."
Esta frase me trajo a la memoria tantas peregrinaciones, tantas procesiones que se hacen a cada rato en la vida de los pueblos. Pero ¿a quién van a buscar? ¿qué es lo que se busca? La gente de la época de Jesús buscaba su Palabra, pero más que nada buscaban sus milagros, pero lo seguían a Jesús.
Hoy vemos que mucha gente sigue o busca no a Jesús sino a sus intermediarios: curas sanadores, imágenes milagrosas, curaciones físicas, sanaciones físicas, pero... ¿se busca a Jesús? ¿Se busca Su Palabra? Por que al llegar a un Santuario en peregrinación, al llegar a una imagen y tocarla, al recibir un milagro de sanación... a partir de ese momento se vive en Fidelidad al Señor, se busca la Obediencia a Su Palabra, se intenta vivir la Voluntad de Dios... o sólo se busca algo que quite de mi vida lo que ahora me está afectando y ¡listo!
Es cierto que mucho de esto somos culpables los que llevamos adelante la vivencia de la fe de nuestra gente, del rebaño que nos ha sido encomendado, y, en muchos casos, somos "presas" de nuestros propios actos porque hemos causado o impulsado un movimiento que, la más de las veces, no conduce a Jesús, al Señor de la Vida.
¿Cómo hacemos para dar a conocer al Verdadero Señor de la Vida? ¿Cómo mostrar al que es la Vida, el Camino y la Verdad?
Es cierto que Jesús usó su poder taumatúrgico (de hacer milagros) para atraer a la gente hacia Él, pero no curó a todos, no resucitó a todos, no dio la vista a todos los ciegos... Pero sí nos dio con su muerte y resurrección la Vida Nueva a todos los que la quieran recibir. Y ese es el fin de nuestro peregrinar: alcanzar la Vida en abundancia, para que esa Vida en nosotros de Vida a los que no la tienen.
Somos Luz porque intentamos iluminar el verdadero camino hacia Cristo y por eso, nosotros, debemos recorrer el Camino hacia Cristo que es nuestra Vida, y no dejar de llegar a Él, porque si nos desviamos de Su Camino, si mostramos otro camino no seremos fieles a la Vida que él nos dio, y si no somos fieles recorreremos otros camino, y enseñaremos a otros a recorrer otros caminos que no los llevan al Señor de la Vida.
Por eso, me parece que tenemos que volver nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Señor, y sólo hacia el Señor porque en Él está puesta nuestra Esperanza, en Él está nuestra Fortaleza porque Él es nuestra Vida. Si lo buscamos y lo encontramos todo lo demás nos será dado en "una medida rebosante" y se nos dará más de lo que necesitamos, pero sólo si nos alimentamos con el Señor de la Vida, con la Vida que se hace Pan para alimentarnos.

domingo, 7 de febrero de 2016

No tengas miedo de mi llamado

Uno podría preguntarse: ¿qué es lo que piensa Dios cuando me está pidiendo semejante cosa? Por que Dios pide, no le importa a quién le pide, Él pide: pide cruces, pide vidas, pide consagración, pide y pide. A muchos nos parece que Dios pide demasiado y que muchas veces se le va la mano, porque nos parece que es injusto en pedir semejante cosas a tal o cual persona.
Así le paso al Profeta Isaías: "¡Ay de mí, estoy perdido!" Nos sentimos así: perdidos ante el llamado o el pedido de Dios ¿por qué se le ocurre pedirme a mí esto? Y ¿a quién se lo podrá pedir sino a sus hijos más queridos? Pero ¿siempre me lo tiene que pedir a mí?
Cuando miramos la vida desde nuestro ombligo siempre nos parece que todo nos lo pide a nosotros, que soy el único al que Dios le pide cosas. Pero ¡mirá Señor! hay más gente alrededor mío y... a ellos no les piensas pedir nada? Y ¿qué sabes qué es lo que Dios el ha pedido a tu hermano o qué es lo que le va a pedir?
Por eso, ante la desolación de Isaías Dios manda a su ángel para consolarlo. Y así vemos, en muchos momentos de la historia de la salvación que, una vez que hemos mostrado nuestra debilidad ante los pedidos del Señor, Él nos manda el consuelo, la paz, el sostén y la fortaleza para hacer Su Voluntad.
Así le pasó a Pablo creyendo que él hacía lo que correspondía de repente se encuentra con Dios y no lo reconoce. No lo reconoce porque lo estaba persiguiendo, creyendo que lo que Jesús había predicado era perjudicial para su vida, para su fe. Pero cuando se encuentra con Él descubre que lo que Jesús quería era que tuviera vida y vida en abundancia, que él no se fijaba en su pecado sino en la disposición para ser Fiel a la Palabra, la disposición para vivir de Su Mano.
Y, así en todos los momentos de la vida. Él pasa por nuestra vida y nos llama, por que mira nuestro corazón y conoce su Amor. Mira nuestro corazón y descubre nuestra necesidad y nuestra disposición, no mira nuestro pecado como hacemos nosotros cuando miramos a nuestros hermanos, porque nuestra mirada es pobre y corta. Él mira lo que la Gracia puede hacer con un corazón pobre, humilde y necesitado, y a ese corazón Él lo transforma con su Amor, lo llena de la frescura del Espíritu y lo enciende con sus Dones para que comience a encender con el ejemplo de su vida, con la cercanía de Su Palabra, con el Amor de su entrega de todos los días.
Por eso siempre nos dice: No tengas miedo, pequeño rebaño, yo te conduzco por senderos de paz, te conduzco de mi Mano y no te soltaré, y aunque tú te sueltes de mi Mano yo volverá a agarrar la tuya para que vuelvas al Camino, goces de mi Paz y te enciendas en Mi Amor.

sábado, 6 de febrero de 2016

El descanso renueva la sabiduría

Hay dos cosas que me parecen importante en las lecturas de este sábado: por un lado la petición de Salomón al Señor, una petición que acompañada por un reconocimiento de su lugar en el mundo y en la historia, y que dónde procede ese don de ser Rey, y para ello un reconocimiento de su propia debilidad como hombre, como Rey, una debilidad solo humana para lo cual necesitaba un Don sobrenatural: la sabiduría, pues no consideraba nada más importante para el lugar que estaba ocupando que la sabiduría para poder guiar a su pueblo.
Por otro lado la actitud de Jesús con los apóstoles pues no sólo veía la necesidad de la gente, sino las propias necesidades, y, en estos tiempos, una necesidad que no todos reconocemos: el descanso del cuerpo y, por lo tanto, del alma.
Creo por eso que no se puede conseguir la suficiente sabiduría sin una constante relación con Dios, pero tampoco sin una sana conducta de trabajo y ocio en nuestras vidas. La oración y el silencio nos ayudan al ocio y al descanso, pero no son suficientes para nuestra vida. Jesús tenía un profunda vida de oración, pero así mismo necesitó reconocer que el descanso era algo que necesitaba.
Hoy vivimos en una cultura en la que pareciera que sólo necesitamos riquezas materiales, y por eso no nos alcanzan las horas del día para ir consiguiendo las riquezas que anhelamos. Que, si las vemos con detenimiento no pretendemos ser grandes magnates o supermillonarios, pero nunca nos son suficientes para cubrir las "nuevas necesidades" que nos presenta el mundo de hoy. Siempre hay algo nuevo que "necesitamos" tener para estar bien o para "guardar" para nuestros herederos.
Generalmente no nos ponemos locos sin razón a trabajar, siempre tenemos razones para hacer lo que hacemos, pero ¿todo lo que "necesitamos" es necesario tenerlo? Por eso necesitamos hacer un descanso en la vida, un descanso en el día. Un descanso que no es la oración de la mañana, sino un descanso al finalizar el día que me invite a reflexionar sobre lo que he realizado, sobre las horas trabajadas, vividas, sufridas... sobre lo que he vivido para saber si todo lo que hice lo tendría que haber hecho, o simplemente como ya lo había pensado lo hice.
La sabiduría que busco a la mañana en la oración, en la relación con el Padre y la ayuda del Espíritu me ayudan a discernir lo que debo hacer en el día, me ayudan a ver cuál es Su Voluntad. Y así poder al final del día poner en Sus Manos lo vivido y con la ayuda de Su Luz ver si realmente he sido fiel a lo que tenía que vivir, o simplemente he actuado según mi Voluntad.

viernes, 5 de febrero de 2016

La grandeza de la pequeñez

Dos protagonistas totalmente diferentes y con actitudes que brotan de un mismo aspecto de la persona: la debilidad del hombre.
En David vemos cómo su pequeñez y debilidad se engrandecen y fortalecen con la ayuda de Dios y, a pesar de sí mismo, con la ayuda del Altísimo logra defender a su pueblo y enaltecer el nombre del Señor.
En cambio Herodes, débil también cree que su vanidad y soberbia lo engrandecen pero se deja convencer por el baile de una niña, y aunque no era de su parecer lo que le pedían, por soberbia se deja convencer y su fortaleza se vuelve debilidad, pues actúa en contra de sí mismo.
Por eso no debemos temer a nuestras debilidades, sino que debemos tenerle miedo a nuestras fortalezas, porque en la fortaleza no dejamos actuar a Dios, sino que actuamos por nosotros mismos, y nuestras fortalezas sin Dios se vuelven debilidades que nos llevan a actuar en contra de nuestros propios principios.
En cambio, cuando, a pesar de nuestras debilidad aprendemos a obedecer a Dios, vemos cómo Él nos va fortaleciendo y robusteciendo para que podamos llevar a cabo su Voluntad. Es que siempre se nos olvida que cuando Dios nos elige no lo hace por nuestras fortalezas, sino por que es Él quién tiene la Gracia, la Fuerza, la Luz para ayudarnos a ser Fieles.
A nosotros, como a David, como a María, nos toca disponernos a dejarnos modelar, a dejarnos utilizar "como el pintor al pincel", pues el mejor de los pintores quiere con nosotros realizar una de las mayores obras de arte: dar la Vida a una naturaleza que se va muriendo, pues la Vida sólo nos la da el Autor de la Vida, y quiere que seamos nosotros quienes, dejándonos guiar por Su Mano, le demos el mejor de los brillos que nace de nuestra pequeñez y de Su Grandeza.
No permitamos que los brillos de la soberbia y la vanidad, opaquen la Luz de la humildad y la pequeñez que se entregan a las Manos del Señor de la Historia.

sábado, 23 de enero de 2016

El sentido de nuestra entrega

Hoy me ha gustado mucho una frase de San Ireneo:
"Por lo que se refiere a Dios nada hay sin sentido, nada que no tenga su significado y su razón de ser. Y por esto los antiguos hombres debían consagrarle los diezmos de sus bienes; pero nosotros, que ya hemos alcanzado la libertad, ponemos al servicio del Señor la totalidad de nuestros bienes, dándolos con libertad y alegría, aun los de más valor, pues lo que esperamos vale más que todos ellos; echamos en el cepillo de Dios todo nuestro sustento, imitando así el desprendimiento de aquella viuda pobre del evangelio".
Por dos cosas me parece buena para reflexionar esta frase. Una de ellas es lo primero que dice: en "Dios nada hay sin sentido, nada que no tenga su significado y su razón de ser". Claro que nosotros queremos que en el acto le encontremos sentido y explicaciones a las cosas que nos pasan o que pasan en la vida de otros y que nos duelen a nosotros, pero no todo lo podemos responder tan instantáneamente como quisiéramos, sino que todo en Dios, aparte del sentido y significado, todo tiene su tiempo.
Si ante las cosas que suceden nos detenemos más tiempo en la oración y la reflexión, no es que le encontremos rápidamente el sentido, sino que encontraremos la paz necesaria para que podamos aceptar el sentido y el significado que las cosas que Dios nos pide o permite vivir tienen.
Muchas veces creemos que todo tiene que tener un sentido y significado, o mejor dicho, que todo lo tenemos que entender, pero muchas veces, como dice el Evangelio de María tenemos que guardar las cosas en el silencio del corazón, pues es allí donde se nos ayudará a ver su sentido y significado.
Y la otra cosa que me gusta de este párrafo de San Ireneo es acerca de la ofrenda que le hacemos al Señor, pero no sólo la ofrenda de nuestros bienes materiales, sino la ofrenda de nuestra vida. Y mirad: los esclavos se rigen por el rigor de las órdenes, en cambio los libres viven en la libertad de su voluntad. Pero muchas veces que no le entregamos al Señor nuestra libertad, sino que sólo le damos lo justo para cumplir: en minutos para rezar, en minutos para ir a misa, en minutos para... En cambio Él libremente nos entregó su Vida para que nosotros tuviéramos vida en abundancia, pero sólo la tendremos en abundancia si abundantemente nos entregamos a Él y, como María, dejamos que Él obre según Su Voluntad.
Él fue generoso en su entrega, por eso nos pide que también seamos generosos entregándonos a Él.