Tiempo de Adviento. Tiempo de Espera, de Esperanza.
Tiempo de madurar nuestra entrega, como María, que no sólo esperó sino que se entregó para que la Promesa se hiciera realidad.
Vivimos en un tiempo en donde todo parece corrompido por la maldad, el egoísmo, el pecado, los delitos; un tiempo donde mires para el lado que mires sólo puedes ver y escuchar que todo está perdido, que todo está podrido, que ya no hay en quien confiar.
Pero hoy Dios nos dice "¡Velad!". Velar no sólo porque el tiempo final está cerca, sino porque también nosotros, como María hemos sido llamados a ser portadores de Esperanza, portadores de Vida Nueva, portadores de una Buena Noticia.
La Esperanza de la Navidad es esperanza cierta de que Dios ha cumplido su Promesa y que llegada "la plenitud de los tiempos" Él nos envió un Salvador, nacido, por obra y gracia del Espíritu Santo de mujer. De una mujer que, como nosotros, también esperaba, esperaba que se hiciera realidad la promesa del Salvador. Y en esa espera Ella tomó partido, se hizo la Esclava del Señor para que la Promesa comenzara a hacerse realidad.
A nosotros, los que hoy esperamos un cambio en nuestra sociedad se nos pide una respuesta. Una respuesta como la de María para que la Palabra se haga vida en nosotros, y esa Palabra y esa Vida transformen mi vida, y mi vida sea el inicio de un cambio en el lugar donde vivo.
Por eso: ¿qué es lo que espero? ¿Qué espero que cambie? Estoy dispuesto a ser parte del cambio o simplemente me contento con criticar y no me juego con cambiar?
María, como todo el Pueblo de Israel, esperaba la llegada del Mesías. María, como todo el Pueblo de Dios anhelaba la salvación y por eso Ella misma abre su corazón a la Palabra, para que la Palabra tomara su carne y se hiciera Hombre, para que como Hombre nos indicara el Camino en la Verdad para encontrar una nueva Vida.
Nosotros, hijos de María, hemos sido llamados y elegidos para ser constructores de un Hombre Nuevo, para que Fieles a la Vida que María nos entregó en Belén, llevemos a todos los hombres la esperanza de que es posible un cambio en nuestra sociedad, de que es posible que encontremos nuevos rumbos que den frutos de Paz, de Justicia, de Verdad porque en nosotros la Palabra se hizo vida y nos transformó.
Ha sido la Palabra quien nos ha dado un sentido a nuestra vida y ya no sólo nos conformamos con señalar el pecado, ya no sólo nos dejamos agobiar por el pecado, la corrupción, la injusticia, sino que entregamos nuestra vida para que nazca en mí un Hombre Nuevo que sea sembrador de armonía, de paz, de justicia, de fraternidad, de solidaridad, de alegría, de gozo, porque como María soy portador de la Vida Nueva que espero, que esperamos, y que ha nacido en mi corazón.
domingo, 30 de noviembre de 2014
sábado, 29 de noviembre de 2014
No embotes tu corazón y mente
El Evangelio de hoy es muy cortito pero nos dice las cosas muy claras:
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.»
Claro que al ser el último sábado del tiempo ordinario nos presenta ya como inminente la llegada del Señor, el tiempo final. Pero, a pesar de ser tan apocalíptico nos sirve para cada día, porque cada día es el día final, pues no habrá otro día como este día, y no podré volver atrás el calendario para que este día vuelva a suceder, por lo tanto, al comenzar este día tengo que pensar que no tendré otra oportunidad para vivir este día.
Por eso el estar atento y vigilante, no dejarnos agobiar, ni embotar nuestra mente y corazón, es algo para tener muy en cuenta, dado que hoy por hoy, cualquier cosa que no esté dentro de nuestro programa o gustos, nos embota o agobia enseguida. O, en otras casos, también está muy a la moda embotarnos con la bebida. Es algo muy corriente, sobre todo en adolescentes y jóvenes, el dedicarse a la bebida, quizás como un juego, como un querer ser mayores, pero van perdiéndose lo mejor de la diversión, lo mejor de la vida.
Pero también hay otras cosas que no nos dejan pensar con claridad, pues hoy nos embotamos con mucho trabajo, con muchas actividades. Ocupamos tanto nuestra cabeza y nuestro corazón que no somos capaces de pensar, de razonar, vamos como una máquina haciendo cosas y más cosas, para que el día pase pronto y no me doy cuenta de lo que está pasando a mi alrededor.
¿Por qué? Puede haber varias causas. Una es que por estar tan preocupados por el tener, por el acumular para el futuro, por el tener una casa bien limpia y brillosa, por pensar que si no hago nada soy un vago/a... me lleno la vida de actividad, de trabajo, de fregar aquí y allá... Sin pensar que sólo tengo un día para ser Feliz, para disfrutar de los que tengo a mi lado, para buscar la Voluntad de Dios.
Y todo ello me lleva, muchas veces a sentir vacía mi vida, a descubrir que nada de lo que hago tiene sentido, porque lo hago ya por rutina, y ahora no me puedo escapar de esta rutina, porque sin ella parece que no soy nadie.
Por eso ¡para! Tómate un respiro, levanta la mira y pide la Luz para ver que tu vida tiene mucho sentido, que en tu vida hay muchas cosas, valores, personas; que tienes que buscar el sentido en La Palabra y pedir la fuerza del Espíritu para que tu vida no sea una rutina desenfrenada sin sentido, sino que todo lo que hagas sea para tu perfección en santidad, para realizar tu vida y disfrutar de lo que hagas.
Por eso no embotes tu corazón y tu mente, deja que el aire nuevo del Espíritu te despejen y puedas ver con claridad qué es lo que El Padre te está pidiendo para que puedas alcanzar la plenitud y la felicidad del día a día.
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.»
Claro que al ser el último sábado del tiempo ordinario nos presenta ya como inminente la llegada del Señor, el tiempo final. Pero, a pesar de ser tan apocalíptico nos sirve para cada día, porque cada día es el día final, pues no habrá otro día como este día, y no podré volver atrás el calendario para que este día vuelva a suceder, por lo tanto, al comenzar este día tengo que pensar que no tendré otra oportunidad para vivir este día.
Por eso el estar atento y vigilante, no dejarnos agobiar, ni embotar nuestra mente y corazón, es algo para tener muy en cuenta, dado que hoy por hoy, cualquier cosa que no esté dentro de nuestro programa o gustos, nos embota o agobia enseguida. O, en otras casos, también está muy a la moda embotarnos con la bebida. Es algo muy corriente, sobre todo en adolescentes y jóvenes, el dedicarse a la bebida, quizás como un juego, como un querer ser mayores, pero van perdiéndose lo mejor de la diversión, lo mejor de la vida.
Pero también hay otras cosas que no nos dejan pensar con claridad, pues hoy nos embotamos con mucho trabajo, con muchas actividades. Ocupamos tanto nuestra cabeza y nuestro corazón que no somos capaces de pensar, de razonar, vamos como una máquina haciendo cosas y más cosas, para que el día pase pronto y no me doy cuenta de lo que está pasando a mi alrededor.
¿Por qué? Puede haber varias causas. Una es que por estar tan preocupados por el tener, por el acumular para el futuro, por el tener una casa bien limpia y brillosa, por pensar que si no hago nada soy un vago/a... me lleno la vida de actividad, de trabajo, de fregar aquí y allá... Sin pensar que sólo tengo un día para ser Feliz, para disfrutar de los que tengo a mi lado, para buscar la Voluntad de Dios.
Y todo ello me lleva, muchas veces a sentir vacía mi vida, a descubrir que nada de lo que hago tiene sentido, porque lo hago ya por rutina, y ahora no me puedo escapar de esta rutina, porque sin ella parece que no soy nadie.
Por eso ¡para! Tómate un respiro, levanta la mira y pide la Luz para ver que tu vida tiene mucho sentido, que en tu vida hay muchas cosas, valores, personas; que tienes que buscar el sentido en La Palabra y pedir la fuerza del Espíritu para que tu vida no sea una rutina desenfrenada sin sentido, sino que todo lo que hagas sea para tu perfección en santidad, para realizar tu vida y disfrutar de lo que hagas.
Por eso no embotes tu corazón y tu mente, deja que el aire nuevo del Espíritu te despejen y puedas ver con claridad qué es lo que El Padre te está pidiendo para que puedas alcanzar la plenitud y la felicidad del día a día.
viernes, 28 de noviembre de 2014
No somos del mundo
Por haberte perdido, por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.
En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.
En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Tened ánimo, levantad la cabeza
Mientras el astro de la luz despunta
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.
A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.
A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Muchos somos Fieles
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Hoy, en el evangelio, luego de tantas y tantas profecías de las persecuciones, Jesús nos dice:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Vivimos un etapa de la historia en la que la oscuridad y el pecado viene sobre nosotros. No es la etapa del fin mundo, quizás no. Pero no tenemos que mirar el futuro con el temor del fin, sino que tenemos que mirarlo con la esperanza del Día Nuevo.
Hoy por hoy, somos carne de leones porque por el pecado de unos cuantos se nos condena a todos, y por unos cuantos todos estamos en la mira de aquellos que quieren derribar y destruir nuestra familia que es la Iglesia.
Duele muchas veces escuchar, no sólo de gente extraña, sino de nuestros propios hermanos (en la fe) y amigos hacer acusaciones generales y tirar el fango del pecado sobre la vida de los que intentamos vivir en fidelidad.
Pero, eso en realidad poco importa. Poco importa que sólo se mire el pecado porque el pecado y el escándalo es lo que más vende. Porque no venden ls buenas acciones y las buenas personas que intentan día a día crecer en bondad, en servicio, en trabajo, en fidelidad. Y no hablo sólo de curas y monjas, sino también de políticos, periodistas, profesores, médicos, padres y madres, varones y mujeres, porque en la vida cotidiana nos encontramos con todo tipo de personas y de entre todas hay muchísimas que son buenas.
Por eso, en estos tiempos de tantas condenas injustas hemos de ser perseverantes en nuestros Ideales, hemos de ser perseverantes en alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Debemos estar cada día más fuertes y seguros en lo que creemos, porque, como dice San Pedro en su segunda carta:
"No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas; por negar al Señor que los rescató, se acarrean una rápida ruina. Muchos los seguirán en su libertinaje, y por ese motivo el camino verdadero se verá difamado. Llevados de la codicia, os explotarán con discursos artificiosos. Pero hace mucho tiempo que su sentencia no huelga, y que su ruina no duerme".
Hoy son muchos los que escuchan y creen en los falsos maestros, dejando de lado la Palabra Verdadera, que no brota de labios humanos, sino que sale de la boca de Dios. Pero si no estamos unidos a Él, si no vivimos con Él, y no nos alimentamos de Él, seguro que nos dejaremos convencer por las falsas profecías, y como es pequeña porción de falsos maestros aceptaremos esa verdad, para dejar paso a la mentira, a la falsedad, a la mediocridad de vivir ocultos tras el dedo acusador sin ser parte de una transformación del hombre gracias a la Verdad.
No os preocupéis, soy consciente del pecado de algunos, pero también soy consciente de la virtud de muchos. Y, generalmente, la virtud y las buenas obras no salen en los medios de comunicación social, que nos quieren hacer ver que el Camino que queremos vivir es una mentira inventada por un grupo de gente que no vive lo que predica.
Hoy, los que queremos vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado, tenemos que ser más perseverantes que nunca, y nuestra fuerza está en el Señor, sólo Él es Fiel a Su Palabra y Él es la fuerza y la luz que necesitamos para caminar en este mundo en tinieblas.
Sí, creo en la bondad de la gente, reconozco mi pecado y el pecado del mundo, pero creo que los que aún queremos Ser Fieles podemos, desde el lugar en que Dios nos ha puesto transformar el Mundo, porque creemos que la Promesa del Señor se cumplirá.
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Hoy, en el evangelio, luego de tantas y tantas profecías de las persecuciones, Jesús nos dice:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Vivimos un etapa de la historia en la que la oscuridad y el pecado viene sobre nosotros. No es la etapa del fin mundo, quizás no. Pero no tenemos que mirar el futuro con el temor del fin, sino que tenemos que mirarlo con la esperanza del Día Nuevo.
Hoy por hoy, somos carne de leones porque por el pecado de unos cuantos se nos condena a todos, y por unos cuantos todos estamos en la mira de aquellos que quieren derribar y destruir nuestra familia que es la Iglesia.
Duele muchas veces escuchar, no sólo de gente extraña, sino de nuestros propios hermanos (en la fe) y amigos hacer acusaciones generales y tirar el fango del pecado sobre la vida de los que intentamos vivir en fidelidad.
Pero, eso en realidad poco importa. Poco importa que sólo se mire el pecado porque el pecado y el escándalo es lo que más vende. Porque no venden ls buenas acciones y las buenas personas que intentan día a día crecer en bondad, en servicio, en trabajo, en fidelidad. Y no hablo sólo de curas y monjas, sino también de políticos, periodistas, profesores, médicos, padres y madres, varones y mujeres, porque en la vida cotidiana nos encontramos con todo tipo de personas y de entre todas hay muchísimas que son buenas.
Por eso, en estos tiempos de tantas condenas injustas hemos de ser perseverantes en nuestros Ideales, hemos de ser perseverantes en alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Debemos estar cada día más fuertes y seguros en lo que creemos, porque, como dice San Pedro en su segunda carta:
"No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas; por negar al Señor que los rescató, se acarrean una rápida ruina. Muchos los seguirán en su libertinaje, y por ese motivo el camino verdadero se verá difamado. Llevados de la codicia, os explotarán con discursos artificiosos. Pero hace mucho tiempo que su sentencia no huelga, y que su ruina no duerme".
Hoy son muchos los que escuchan y creen en los falsos maestros, dejando de lado la Palabra Verdadera, que no brota de labios humanos, sino que sale de la boca de Dios. Pero si no estamos unidos a Él, si no vivimos con Él, y no nos alimentamos de Él, seguro que nos dejaremos convencer por las falsas profecías, y como es pequeña porción de falsos maestros aceptaremos esa verdad, para dejar paso a la mentira, a la falsedad, a la mediocridad de vivir ocultos tras el dedo acusador sin ser parte de una transformación del hombre gracias a la Verdad.
No os preocupéis, soy consciente del pecado de algunos, pero también soy consciente de la virtud de muchos. Y, generalmente, la virtud y las buenas obras no salen en los medios de comunicación social, que nos quieren hacer ver que el Camino que queremos vivir es una mentira inventada por un grupo de gente que no vive lo que predica.
Hoy, los que queremos vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado, tenemos que ser más perseverantes que nunca, y nuestra fuerza está en el Señor, sólo Él es Fiel a Su Palabra y Él es la fuerza y la luz que necesitamos para caminar en este mundo en tinieblas.
Sí, creo en la bondad de la gente, reconozco mi pecado y el pecado del mundo, pero creo que los que aún queremos Ser Fieles podemos, desde el lugar en que Dios nos ha puesto transformar el Mundo, porque creemos que la Promesa del Señor se cumplirá.
martes, 25 de noviembre de 2014
Somos luz, iluminemos
En el oficio de lecturas de hoy San Agustín nos dice:
"Nosotros, los cristianos, en comparación con los infieles, somos ya luz, como dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y en otro lugar dice: La noche está avanzando, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad".
Hoy las tinieblas nos invaden por todos lados, como en día de neblina, caminamos con miedo porque no vemos con claridad el lugar por donde pisamos. Pero no debería ser así, porque la luz esta en nosotros, y nosotros somos luz, por la gracia de Dios, por el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. ¿Debemos entonces seguir en tinieblas? ¿Debemos seguir ocultos por temor al que dirán?
Los infieles, los que no creen , los que viven en contra de Dios y los que detestan nuestra vida de cristianos tienen mas fuerzas en sus palabras que nosotros mismos, y sus palabras muchas veces nos convencen. Pero, lo la,entable es que seguimos diciendo y llamándonos cristianos. Y así las tinieblas del error siguen siendo cada día más espesas.
Muchos nos dirán que no somos perfectos, pues es verdad no lo somos. Por eso creemos que Dios es perfecto y que Espíritu nos guía por el camino que nos conduce a la perfección.
Muchos nos gritaran nuestros pecados e infidelidad, y eso ya lo conocemos porque pecadores nos concibieron en el seno de nuestras madres, pero el Espíritu Santo nos santificó y nos ofrece cada dia la fortaleza para convertirnos y santificarnos.
Sabemos de nuestra pobreza y pequeñez, de nuestra debilidad y pecado, no hace falta que nadie nos lo descubra. Pero seguimos confiando, no en nuestra sabiduría sino en la Sabiduría de Dios, seguimos creyendo no en nuestra fortaleza sino en el Poder de Dios. Luchamos cada día por alcanzar la santidad que nos permita mostrar que la verdad no es nuestra sino que El es la Verdad, que Cristo es el Camino que nos lleva a transformar el hombre viejo en Hombre Nuevo, para que haga nuevo el mundo en que vivimos.
Somos conscientes de nuestra humanidad, pero también somos conscientes de que solo en Dios esta nuestra vida, que solo Dios es la fuerza que nos sostiene en nuestras caídas, y es la Mano que nos levanta de nuestros tropiezos. Por eso, al levantarnos de cada caída la Luz vuelve a brillar, la fortaleza vuelve a surgir, y así volvemos a creer. A confiar, a vivir en la Gracia, porque es a través de nuestra debilidad que se manifiesta el poder de Nuestro Dios y Señor.
Somos luz para el mundo, no porque sea nuestra, sino porque Jesus nos eligió para iluminar, no dejemos que otras medias verdades opaquen la Luz del Espíritu que hay en nuestro corazón.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Nuestro martirio diario
En el oficio de lecturas de hoy se nos ofrece una carta de unos de los mártires, san Pablo Le-Bao-Thinh que le envió a lo seminaristas desde la cárcel, rescato este párrafo:
"Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno: a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las cadenas de hierro y las ligaduras, se añaden el odio, las venganzas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza. Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo".
Ser cristiano no es fácil, y lo es menos sin contar con la Gracia de Dios. No todos tendremos que pasar por un martirio cruento como el de ellos, pero sí todos hemos de vivir el Amor a Dios como ellos, y ese, quizás, sea nuestro martirio diario.
Sí, nuestro martirio diario de tener que dejar de lado nuestros deseos, pero también nuestras desesperanzas, nuestros suspiros de desconformidad por lo que nos toca vivir, nuestros resoplidos por no tener tal o cual cosa, por tener que aceptar tal o cual dolor. Somos, generalmente, muy quejosos a la ahora de tener que aceptar alguna contrariedad, por eso los mártires nos enseñan que todo puede ser vivido con gozo si Dios está con nosotros.
Claro está que nosotros tenemos que estar con Dios. Porque muchas veces le decimos al Señor: ¿Por qué me abandonaste?, cuando en realidad no hemos ido nosotros a su encuentro.
Y esa me parece la más grande de las tonterías que cometemos: creer que podemos, los cristianos, vivir sin Dios. Que un ateo o un agnóstico crea que puede vivir sin Dios es lógico. Pero quienes hemos conocido su Amor y hemos saboreado la dulzura de su Gracia en nuestras vidas ¿cómo podemos aceptar alejarnos de Dios?
Y no digo que reneguemos de Dios, pero sí que no nos acerquemos a Él. Nos damos cuenta que no podemos amar, que no podemos tener esperanza, que nos cuesta perdonar, que no podemos ofrecerle al Señor nuestra alabanza, nuestro sacrificio... Pero ¡no! no vamos a Él. Creemos que con nuestro deseos y con nuestros falsos y tontos argumentos vamos a conseguir la Gracia suficiente y necesaria para combatir los malos deseos y malos sentimientos, para tener fuerza para subir el Camino de la santidad.
No dejemos que las tinieblas y la maldad se adueñen del mundo que ha sido puesto en nuestras manos para alcanzarle la Luz y la Paz, no dejemos que tontos argumentos nos impidan llevar el Reino de Dios al mundo. Vayamos al Señor, busquemos al Señor, escuchemos al Señor, alimentémonos con el Señor.
"Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno: a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las cadenas de hierro y las ligaduras, se añaden el odio, las venganzas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza. Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo".
Ser cristiano no es fácil, y lo es menos sin contar con la Gracia de Dios. No todos tendremos que pasar por un martirio cruento como el de ellos, pero sí todos hemos de vivir el Amor a Dios como ellos, y ese, quizás, sea nuestro martirio diario.
Sí, nuestro martirio diario de tener que dejar de lado nuestros deseos, pero también nuestras desesperanzas, nuestros suspiros de desconformidad por lo que nos toca vivir, nuestros resoplidos por no tener tal o cual cosa, por tener que aceptar tal o cual dolor. Somos, generalmente, muy quejosos a la ahora de tener que aceptar alguna contrariedad, por eso los mártires nos enseñan que todo puede ser vivido con gozo si Dios está con nosotros.
Claro está que nosotros tenemos que estar con Dios. Porque muchas veces le decimos al Señor: ¿Por qué me abandonaste?, cuando en realidad no hemos ido nosotros a su encuentro.
Y esa me parece la más grande de las tonterías que cometemos: creer que podemos, los cristianos, vivir sin Dios. Que un ateo o un agnóstico crea que puede vivir sin Dios es lógico. Pero quienes hemos conocido su Amor y hemos saboreado la dulzura de su Gracia en nuestras vidas ¿cómo podemos aceptar alejarnos de Dios?
Y no digo que reneguemos de Dios, pero sí que no nos acerquemos a Él. Nos damos cuenta que no podemos amar, que no podemos tener esperanza, que nos cuesta perdonar, que no podemos ofrecerle al Señor nuestra alabanza, nuestro sacrificio... Pero ¡no! no vamos a Él. Creemos que con nuestro deseos y con nuestros falsos y tontos argumentos vamos a conseguir la Gracia suficiente y necesaria para combatir los malos deseos y malos sentimientos, para tener fuerza para subir el Camino de la santidad.
No dejemos que las tinieblas y la maldad se adueñen del mundo que ha sido puesto en nuestras manos para alcanzarle la Luz y la Paz, no dejemos que tontos argumentos nos impidan llevar el Reino de Dios al mundo. Vayamos al Señor, busquemos al Señor, escuchemos al Señor, alimentémonos con el Señor.
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