El evangelista Lucas nos cuenta que:
"Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí".
¿Qué hacemos nosotros para encontrarnos con Jesús? ¿Hacemos el esfuerzo de ir hacia Él? ¿Dejamos de lado nuestra vergüenza, timidez, pereza, egoísmo o vanidad y vamos hacia Él?
Zaqueo sólo conocía la fama de Jesús, y como todo persona que sabe que va a venir un famoso a su ciudad hizo lo posible por ir a verlo. Y, aunque también él era conocido y un funcionario público no le importó avergonzarse para poder verlo. Y ese valor y esfuerzo tuvo su premio.
Nosotros, que sabemos más que Zaqueo (creo) sobre Jesús, la más de las veces no hacemos ningún esfuerzo por encontrarnos con Él ya sea en la oración, en la reflexión de Su Palabra, y, quizás menos, en la Eucaristía.
Lo peor es que sabemos que cuando rezamos, leemos la Palabra, y sobre todo, cuando recibimos la Eucaristía, nos sentimos bien, recibimos paz, fortalecemos nuestro espíritu, pero... siempre hay algo que nos hace renunciar a lo que es lo mejor para nosotros.
Y así, con esta actitud de pasividad y de poca Gracia, nos volvemos tibios, mediocres, no llegamos a ser quienes deberíamos: hombres santos llenos de la Gracia del Señor que puedan transformar el mundo. No tenemos la fuerza, ni la energía, ni la Gracia necesaria para cambiar, ni siquiera mi pereza por valor para ir al encuentro del Señor.
Por eso a nosotros nos vale lo que dice el Señor, por medio de Juan, en el Apocalipsis:
"Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca".
¿No será tiempo de reconocer nuestra tibieza? ¿No será tiempo de darnos cuenta que los que hacen más cosas son los otros porque nosotros no hacemos nada? ¿No será tiempo de pensar que el mal que crece en el mundo es por ausencia de personas que se jueguen por el bien? ¿No será tiempo de descubrir nuestra ausencia en el mundo?
Dios nos quiere atentos y vigilantes, pero para ello debemos de dejar de lado nuestras tonterías y decidirnos como Zaqueo a ir al encuentro de Jesús, dejar que Él nos vea y que venga a nuestra vida para que nos aliente, nos fortalezca, nos convierta y nos ayude a ser lo que hemos de ser: hombres santos que con la Gracia del Señor transforman el mundo.
martes, 18 de noviembre de 2014
lunes, 17 de noviembre de 2014
Volver al Amor primero
Comenzamos la última semana del tiempo litúrgico y nos acercamos a la Fiesta de Jesucristo Rey del Universo, para luego comenzar el tiempo del Adviento, la espera del Mesías. Son semanas en las que la liturgia nos seguirá presentando el final de los tiempos y nos llamará a un examen acerca de cómo hemos vivido este año y de nuestro fidelidad al Señor.
Y para comenzar, el Apocalipsis nos pone frente a un examen muy difícil, pues es dura la acusación que el Señor hace.
"Eres tenaz, has sufrido por mi y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caldo, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes."
Fijaos que primero el Señor hace referencia a ojos humanos, una vida ejemplar: la tenacidad y la entrega en el sufrimiento, algo loable y que nos parece que es lo mejor que podemos hacer en nuestra vida de fe. Pero es que muchas veces lo hacemos por orgullo o vanidad, sin poner en eso lo mejor de nosotros.
Y, por eso, el Señor le recrimina: "pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero", es decir has abandonado el sentido, lo esencial de todo. Te has quedado con las obras y has perdido el amor.
Y, ¿por qué se pierde "el amor primero"? Porque nos alejamos de lo esencial, nos alejamos de Aquél que es el Amor Primero, y hacemos las cosas por costumbre, por rutina, porque siempre lo hicimos, y, también por orgullo o vanidad. Por eso lo que hacemos va perdiendo el fuego del principio, y al perder el fuego del Amor no produce los frutos que el Señor quiere, ni frutos para mi alma, ni frutos para los demás.
E insiste: "recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes". Es decir ¿por qué comenzaste a vivir la fe? ¿Porqué encontraste en el Señor el sentido de tu vida? ¿Por qué aceptaste su amor, por qué te dejaste seducir por el Amor de Dios? Volver al origen, a la fuente de agua viva en la cual recibías toda la gracia y la fortaleza para alcanzar la plenitud de la Vida.
Porque muchas veces, cuando nos sentimos bien, cuando vemos que todo marcha bien en nuestras vidas, creemos que podemos seguir sin acercarnos a la Fuente de la Vida, a la Vida que nos dio vida, al Amor que encendió nuestro amor, y por eso, con el tiempo se va apagando la pasión del Amor Primero, y seguimos haciendo las mismas cosas pero por costumbre, hasta que un día sin saber por qué lo hago deje de hacer, deje de amar y busque otro camino, pero será otro camino y no el Camino.
Y para comenzar, el Apocalipsis nos pone frente a un examen muy difícil, pues es dura la acusación que el Señor hace.
"Eres tenaz, has sufrido por mi y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caldo, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes."
Fijaos que primero el Señor hace referencia a ojos humanos, una vida ejemplar: la tenacidad y la entrega en el sufrimiento, algo loable y que nos parece que es lo mejor que podemos hacer en nuestra vida de fe. Pero es que muchas veces lo hacemos por orgullo o vanidad, sin poner en eso lo mejor de nosotros.
Y, por eso, el Señor le recrimina: "pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero", es decir has abandonado el sentido, lo esencial de todo. Te has quedado con las obras y has perdido el amor.
Y, ¿por qué se pierde "el amor primero"? Porque nos alejamos de lo esencial, nos alejamos de Aquél que es el Amor Primero, y hacemos las cosas por costumbre, por rutina, porque siempre lo hicimos, y, también por orgullo o vanidad. Por eso lo que hacemos va perdiendo el fuego del principio, y al perder el fuego del Amor no produce los frutos que el Señor quiere, ni frutos para mi alma, ni frutos para los demás.
E insiste: "recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes". Es decir ¿por qué comenzaste a vivir la fe? ¿Porqué encontraste en el Señor el sentido de tu vida? ¿Por qué aceptaste su amor, por qué te dejaste seducir por el Amor de Dios? Volver al origen, a la fuente de agua viva en la cual recibías toda la gracia y la fortaleza para alcanzar la plenitud de la Vida.
Porque muchas veces, cuando nos sentimos bien, cuando vemos que todo marcha bien en nuestras vidas, creemos que podemos seguir sin acercarnos a la Fuente de la Vida, a la Vida que nos dio vida, al Amor que encendió nuestro amor, y por eso, con el tiempo se va apagando la pasión del Amor Primero, y seguimos haciendo las mismas cosas pero por costumbre, hasta que un día sin saber por qué lo hago deje de hacer, deje de amar y busque otro camino, pero será otro camino y no el Camino.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Ser fiel en el día a día
¿Cuando es el día final? Ha sido una pregunta que siempre ha ocupado el pensamiento de todos los hombres. Pero Dios nos invita a no pensar en el día final, sino a poner todo nuestro ser en el día presente, en este día, pues este día termina esta noche. Y ¿cómo lo hemos vivido? ¿Hemos sido fiel en lo que se nos ha confiado? ¿Hemos trabajado para sacar provecho de los talentos que nos regalado? ¿En qué hemos invertido nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor?
Estos tiempos que vivimos nos enseñan a vivir pendientes del mañana, y a correr detrás de un futuro en el que no tengamos preocupaciones. Pero al correr detrás del futuro no voy teniendo tiempo para disfrutar del presente, se me van pasando muchas oportunidades de compartir, de disfrutar, de recibir. Voy como caballo de carrera, con los ojos casi tapados, viendo solo la línea de meta. En el camino solo pienso en dejar atrás a los que van a mi lado.
Pero, cuando llegue a la meta (si llego) habré disfrutado de la carrera?
"No os preocupéis por el mañana pues cada día tiene su propio afán" dice Jesús. Y cada día que termina es el fin, pues ese día ya no volverá ¿he sido fiel en este día? ¿He preguntado al Padre como vivir este día?
No nos preocupemos tantos por como hemos de vestir o que hemos de comer, ocupémonos de vivir en fidelidad a la voluntad del Padre, pues El nos ayudará a vivir el afán de cada día, El nos dará cada día la gracia necesaria para ser fiel a los talentos que nos ha dado para ese, y, sobre todo para que ese día de el fruto abundante que llene mi vida y la de los que están a mi lado.
Estos tiempos que vivimos nos enseñan a vivir pendientes del mañana, y a correr detrás de un futuro en el que no tengamos preocupaciones. Pero al correr detrás del futuro no voy teniendo tiempo para disfrutar del presente, se me van pasando muchas oportunidades de compartir, de disfrutar, de recibir. Voy como caballo de carrera, con los ojos casi tapados, viendo solo la línea de meta. En el camino solo pienso en dejar atrás a los que van a mi lado.
Pero, cuando llegue a la meta (si llego) habré disfrutado de la carrera?
"No os preocupéis por el mañana pues cada día tiene su propio afán" dice Jesús. Y cada día que termina es el fin, pues ese día ya no volverá ¿he sido fiel en este día? ¿He preguntado al Padre como vivir este día?
No nos preocupemos tantos por como hemos de vestir o que hemos de comer, ocupémonos de vivir en fidelidad a la voluntad del Padre, pues El nos ayudará a vivir el afán de cada día, El nos dará cada día la gracia necesaria para ser fiel a los talentos que nos ha dado para ese, y, sobre todo para que ese día de el fruto abundante que llene mi vida y la de los que están a mi lado.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Somos modelo de vida...
A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
En el oficio de lecturas de hoy hay una homilía de un autor del siglo segundo, que luego de aclarar que él como todos los demás también sufre el pecado y la tentación, tiene el deber de exhortar a la conversión y a buscar el bien. Por eso dice:
"...os pido por favor que os arrepintáis de todo corazón, con lo que obtendréis la salvación y la vida. Obrando así serviremos de modelo a todos aquellos jóvenes que quieren consagrarse a la bondad y al amor de Dios. No tomemos a mal ni nos enfademos tontamente cuando alguien nos corrija con el fin de retornarnos al buen camino, porque a veces obramos el mal sin darnos cuenta, por nuestra doblez de alma y por la incredulidad que hay en nuestro interior, y porque tenemos sumergido el pensamiento en las tinieblas a causa de nuestras malas tendencias".
Cada uno de nosotros, tú y yo, somos modelos para todos, jóvenes y no tanto. Sí, a veces no queremos aceptar que nuestra vida es un modelo, y no porque sea perfecta, sino porque siempre hay alguien en la familia, en l trabajo, entre nuestras amistades, por nuestra profesión, por nuestra fama, o por lo que sea, que nos está observando, que mira cuanto decimos y cuanto hacemos. Seguro que nuestra "humildad" no nos deja pensar en eso, y por eso, algunas veces nos escudamos en que no queremos ser "modelos de nadie" para poder vivir como se nos antoja.
Pero... la realidad es que Dios nos ha llamado para ser Luz, Sal y Fermento en el mundo. Lo hemos recibido el día de nuestro bautismo y, más aún, cuando tomamos conciencia de que somos cristianos. Viene todo junto en el mismo paquete. Y, aunque no nos guste, somos modelos de vida y para ello hemos recibido y recibiremos la Gracia suficiente y necesaria para poder vivir de acuerdo a lo que creemos y a lo que anhelamos, siempre y cuando esté en consonancia con la Voluntad de Dios.
Y, en este mismo paquete, para que alcancemos la perfección en la santidad vienen juntos los derechos y las obligaciones. Los derechos de recibir todo lo necesario para ser Fieles a la Vida que se nos ha dado y se nos pide, y las obligaciones de corregir a nuestros hermanos y de aceptar las correcciones, y todo buscando que esté sostenido por el Amor.
Sí, porque desde el amor corregiré a mi hermano para que no pierda el rumbo hacia la Vida, y con amor aceptaré las correcciones que me hagan para que no pierda el rumbo en el camino de la santidad.
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
En el oficio de lecturas de hoy hay una homilía de un autor del siglo segundo, que luego de aclarar que él como todos los demás también sufre el pecado y la tentación, tiene el deber de exhortar a la conversión y a buscar el bien. Por eso dice:
"...os pido por favor que os arrepintáis de todo corazón, con lo que obtendréis la salvación y la vida. Obrando así serviremos de modelo a todos aquellos jóvenes que quieren consagrarse a la bondad y al amor de Dios. No tomemos a mal ni nos enfademos tontamente cuando alguien nos corrija con el fin de retornarnos al buen camino, porque a veces obramos el mal sin darnos cuenta, por nuestra doblez de alma y por la incredulidad que hay en nuestro interior, y porque tenemos sumergido el pensamiento en las tinieblas a causa de nuestras malas tendencias".
Cada uno de nosotros, tú y yo, somos modelos para todos, jóvenes y no tanto. Sí, a veces no queremos aceptar que nuestra vida es un modelo, y no porque sea perfecta, sino porque siempre hay alguien en la familia, en l trabajo, entre nuestras amistades, por nuestra profesión, por nuestra fama, o por lo que sea, que nos está observando, que mira cuanto decimos y cuanto hacemos. Seguro que nuestra "humildad" no nos deja pensar en eso, y por eso, algunas veces nos escudamos en que no queremos ser "modelos de nadie" para poder vivir como se nos antoja.
Pero... la realidad es que Dios nos ha llamado para ser Luz, Sal y Fermento en el mundo. Lo hemos recibido el día de nuestro bautismo y, más aún, cuando tomamos conciencia de que somos cristianos. Viene todo junto en el mismo paquete. Y, aunque no nos guste, somos modelos de vida y para ello hemos recibido y recibiremos la Gracia suficiente y necesaria para poder vivir de acuerdo a lo que creemos y a lo que anhelamos, siempre y cuando esté en consonancia con la Voluntad de Dios.
Y, en este mismo paquete, para que alcancemos la perfección en la santidad vienen juntos los derechos y las obligaciones. Los derechos de recibir todo lo necesario para ser Fieles a la Vida que se nos ha dado y se nos pide, y las obligaciones de corregir a nuestros hermanos y de aceptar las correcciones, y todo buscando que esté sostenido por el Amor.
Sí, porque desde el amor corregiré a mi hermano para que no pierda el rumbo hacia la Vida, y con amor aceptaré las correcciones que me hagan para que no pierda el rumbo en el camino de la santidad.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Conquistados por el Amor
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
Hay momentos en los que una palabra, aunque la hayas escuchado mil veces, te resuena a los oídos como si nunca la hubieras escuchado. Y eso es lo que me pasa hoy con la carta de San Juan. Me ha asombrado que la escriba a alguien en particular y sobre todo su contenido, pero más aún aclara algo que siempre he pensado, y que hoy resuena más que nunca.
"No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta".
Sí, todo lo que escuchamos, leemos o predicamos es para poder entender y así poder vivir lo que Cristo nos anunció en un primero momento y nos pidió vivir. No podemos modificar el mensaje de Cristo, no podemos cambiar el sentido de lo que nos pidió vivir, porque ni siquiera Él quiso modificar lo que el Padre había mostrado como el Camino para llegar a Él, como el Camino para formar y vivir en el Pueblo de Dios.
Muchas veces nos sucede como lo que criticaba Jesús a su pueblo que poníamos tantas nuevas aclaraciones y prescripciones que, al final, terminábamos por no cumplir la Ley y los Profetas. Por eso, Jesús resumió toda la Ley y los Profetas en un sólo mandamiento:
"Un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".
Por esa razón es que nos mostró primero su Amor amándonos hasta el extremo, y nos dio testimonio de que pediendo la vida, o mejor dicho dejando nuestra vida en manos del Padre, y viviendo una obediencia radical por Amor, obtendríamos una Vida Nueva, la Vida que nace de la Gracia, la Gracia del Amor que nos enciende en una entrega constante y generosa.
Pero no podemos pensar una entrega por obligación, ni una relación con Dios por obligación. No podemos pensar una entrega por miedo, ni una relación por miedo. Sino que sólo se puede llegar a vivir y a entender que todo lo que hagamos y vivamos lo realicemos porque "hemos descubierto el Amor que Dios nos tiene", y ese Amor nos ha enamorado, nos ha seducido y nos ha conquistado.
Así sólo el corazón enamorado puede abandonar su vida para ir tras su Amor, sólo el corazón que ha conocido el Amor puede rendirse a sus pies y uniendo su vida a Su Vida iniciar un nuevo Camino que lo llene del gozo de Amar y ser amado. Y será ese gozo el que transmitamos, el que contagiemos, será el gozo de creer y de vivir en el Amor el que invitará a otros corazones a dejarse conquistar por el Amor.
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
Hay momentos en los que una palabra, aunque la hayas escuchado mil veces, te resuena a los oídos como si nunca la hubieras escuchado. Y eso es lo que me pasa hoy con la carta de San Juan. Me ha asombrado que la escriba a alguien en particular y sobre todo su contenido, pero más aún aclara algo que siempre he pensado, y que hoy resuena más que nunca.
"No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta".
Sí, todo lo que escuchamos, leemos o predicamos es para poder entender y así poder vivir lo que Cristo nos anunció en un primero momento y nos pidió vivir. No podemos modificar el mensaje de Cristo, no podemos cambiar el sentido de lo que nos pidió vivir, porque ni siquiera Él quiso modificar lo que el Padre había mostrado como el Camino para llegar a Él, como el Camino para formar y vivir en el Pueblo de Dios.
Muchas veces nos sucede como lo que criticaba Jesús a su pueblo que poníamos tantas nuevas aclaraciones y prescripciones que, al final, terminábamos por no cumplir la Ley y los Profetas. Por eso, Jesús resumió toda la Ley y los Profetas en un sólo mandamiento:
"Un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".
Por esa razón es que nos mostró primero su Amor amándonos hasta el extremo, y nos dio testimonio de que pediendo la vida, o mejor dicho dejando nuestra vida en manos del Padre, y viviendo una obediencia radical por Amor, obtendríamos una Vida Nueva, la Vida que nace de la Gracia, la Gracia del Amor que nos enciende en una entrega constante y generosa.
Pero no podemos pensar una entrega por obligación, ni una relación con Dios por obligación. No podemos pensar una entrega por miedo, ni una relación por miedo. Sino que sólo se puede llegar a vivir y a entender que todo lo que hagamos y vivamos lo realicemos porque "hemos descubierto el Amor que Dios nos tiene", y ese Amor nos ha enamorado, nos ha seducido y nos ha conquistado.
Así sólo el corazón enamorado puede abandonar su vida para ir tras su Amor, sólo el corazón que ha conocido el Amor puede rendirse a sus pies y uniendo su vida a Su Vida iniciar un nuevo Camino que lo llene del gozo de Amar y ser amado. Y será ese gozo el que transmitamos, el que contagiemos, será el gozo de creer y de vivir en el Amor el que invitará a otros corazones a dejarse conquistar por el Amor.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Llevemos el Reino de dios al mundo
Ante la pregunta de los discípulos de cuándo llegaría el Reino de Dios, Jesús les responde:
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
¿El Reino de Dios está dentro nuestro? Pero no se nota, dirán algunos.
Pero es verdad, que no se nota también es verdad.
¿Por qué el Reino de Dios está dentro nuestro? Porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, un Reino donde reside el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Amor, y ese Espíritu nos ha sido dado en nuestro bautismo. Por eso, el Reino de Dios habita en nosotros.
Y es verdad que no se nota, porque no nos damos cuenta el tesoro que llevamos escondido en nosotros mismos, un tesoro que tenemos repartir a manos llenas por el mundo, para que todos puedan vivir la alegría del Espíritu que habita en cada uno. Pero cuando no repartimos ese gozo del Reino, cuando no mostramos cómo es realmente el Reino, entonces los que no tiene fe no creen.
Decía hoy un Autor anónimo en la lectura del oficio:
"Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira".
Aunque también es cierto que, muchas veces, somos nosotros, los que hemos sido llamados y elegidos, los que poseemos el Don del Espíritu, quienes no creemos en la Palabra de Dios, quienes dudamos de su Amor, quienes cerramos nuestro corazón a Su Voluntad. Y, así, nos perdemos el hermoso don de asombrarnos del Amor, nos perdemos el gozo de creer en la Buena Noticia, nos olvidamos de la esperanza a la que hemos sido llamados.
Y nuestra vida pasa a vivir en la tiniebla de la desolación, de la tristeza, de la desesperanza, porque teniendo un gran tesoro sólo nos fijamos en el recipiente de barro que lo contiene.
Apreciemos el tesoro que llevamos escondido, descubramos el hermoso Don de Dios en nuestra vidas, saboreemos el manjar que Dios pone en nuestra Mesa para alimentar nos deseos de santidad, y salgamos al mundo a llevar la hermosa noticia que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, porque está en nosotros.
Démosle esperanzas a un mundo que ha perdido la confianza. Démosle alegría a un mundo que está envuelto en la tristeza y el desconsuelo. Démosle la luz de la Verdad a un mundo que vive en la oscuridad del Príncipe de este mundo. Démosle al mundo una razón para creer que es posible un Hombre Nuevo porque Dios nos ha hecho a nosotros hombres nuevos.
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
¿El Reino de Dios está dentro nuestro? Pero no se nota, dirán algunos.
Pero es verdad, que no se nota también es verdad.
¿Por qué el Reino de Dios está dentro nuestro? Porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, un Reino donde reside el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Amor, y ese Espíritu nos ha sido dado en nuestro bautismo. Por eso, el Reino de Dios habita en nosotros.
Y es verdad que no se nota, porque no nos damos cuenta el tesoro que llevamos escondido en nosotros mismos, un tesoro que tenemos repartir a manos llenas por el mundo, para que todos puedan vivir la alegría del Espíritu que habita en cada uno. Pero cuando no repartimos ese gozo del Reino, cuando no mostramos cómo es realmente el Reino, entonces los que no tiene fe no creen.
Decía hoy un Autor anónimo en la lectura del oficio:
"Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira".
Aunque también es cierto que, muchas veces, somos nosotros, los que hemos sido llamados y elegidos, los que poseemos el Don del Espíritu, quienes no creemos en la Palabra de Dios, quienes dudamos de su Amor, quienes cerramos nuestro corazón a Su Voluntad. Y, así, nos perdemos el hermoso don de asombrarnos del Amor, nos perdemos el gozo de creer en la Buena Noticia, nos olvidamos de la esperanza a la que hemos sido llamados.
Y nuestra vida pasa a vivir en la tiniebla de la desolación, de la tristeza, de la desesperanza, porque teniendo un gran tesoro sólo nos fijamos en el recipiente de barro que lo contiene.
Apreciemos el tesoro que llevamos escondido, descubramos el hermoso Don de Dios en nuestra vidas, saboreemos el manjar que Dios pone en nuestra Mesa para alimentar nos deseos de santidad, y salgamos al mundo a llevar la hermosa noticia que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, porque está en nosotros.
Démosle esperanzas a un mundo que ha perdido la confianza. Démosle alegría a un mundo que está envuelto en la tristeza y el desconsuelo. Démosle la luz de la Verdad a un mundo que vive en la oscuridad del Príncipe de este mundo. Démosle al mundo una razón para creer que es posible un Hombre Nuevo porque Dios nos ha hecho a nosotros hombres nuevos.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Más humano, más santo
La carta de San Pablo a Tito es una larga recomendación para la educación de la nueva comunidad. Pero es una recomendación que no está basada en la soberbia de aquél que es perfecto desde siempre, siempre sino porque no habiendo sido perfecto encontró el camino de la perfección. Por eso Pablo le dice a Tito:
"Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Me pareció una hermosa lección, porque, a pesar de la pasión que pone Pablo en la formación de las nuevas personas a imagen de Jesús, y cuánto habla de lo que él es a partir de su conversión, nunca se olvida de lo que fue. Y eso nos da una pauta de que lo que encontró en el cristianismo, en este Camino, es un Camino Nuevo y Verdadero que conduce a la felicidad, a la plenitud.
Sin olvidar quiénes fuimos poner la mirada en la esperanza de un Hombre Nuevo que ha descubierto y quiere vivir la Novedad del Evangelio, por eso se empeña en recuperar la originalidad del ser hijo de Dios.
Y, uno de los valores fundamentales de esa originalidad es la gratitud, un valor que Jesús marca y señala en el Evangelio de hoy:
"¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y no lo señala por que Él necesite que nosotros le agradezcamos lo que hace, pues lo hace por amor, sino porque es necesario para nosotros ser agradecidos, reconocer lo que los demás hacen por nosotros, lo que nos brindan, lo que nos ayudan. No somos el centro del universo y por eso todos han de girar a nuestro ritmo y hacer lo que nosotros queremos, incluido Dios.
Por eso, actitudes de agradecimiento que vemos a nuestro alrededor nos sorprenden como algo extraordinario, cuando tendría que ser lo más ordinario en la vida del hombre: ser agradecido, pedir las cosas por favor, saludar al entrar y al salir, pedir permiso, y tantas otras cosas más que hacen a las buenas costumbres en nuestras vidas.
Lo más hermoso que Jesús quiere rescatar del hombre son sus propios valores, aquellos que lo hacen cada día más humano, para poder así, con la Gracia, ser cada día más santo.
"Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Me pareció una hermosa lección, porque, a pesar de la pasión que pone Pablo en la formación de las nuevas personas a imagen de Jesús, y cuánto habla de lo que él es a partir de su conversión, nunca se olvida de lo que fue. Y eso nos da una pauta de que lo que encontró en el cristianismo, en este Camino, es un Camino Nuevo y Verdadero que conduce a la felicidad, a la plenitud.
Sin olvidar quiénes fuimos poner la mirada en la esperanza de un Hombre Nuevo que ha descubierto y quiere vivir la Novedad del Evangelio, por eso se empeña en recuperar la originalidad del ser hijo de Dios.
Y, uno de los valores fundamentales de esa originalidad es la gratitud, un valor que Jesús marca y señala en el Evangelio de hoy:
"¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y no lo señala por que Él necesite que nosotros le agradezcamos lo que hace, pues lo hace por amor, sino porque es necesario para nosotros ser agradecidos, reconocer lo que los demás hacen por nosotros, lo que nos brindan, lo que nos ayudan. No somos el centro del universo y por eso todos han de girar a nuestro ritmo y hacer lo que nosotros queremos, incluido Dios.
Por eso, actitudes de agradecimiento que vemos a nuestro alrededor nos sorprenden como algo extraordinario, cuando tendría que ser lo más ordinario en la vida del hombre: ser agradecido, pedir las cosas por favor, saludar al entrar y al salir, pedir permiso, y tantas otras cosas más que hacen a las buenas costumbres en nuestras vidas.
Lo más hermoso que Jesús quiere rescatar del hombre son sus propios valores, aquellos que lo hacen cada día más humano, para poder así, con la Gracia, ser cada día más santo.
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