martes, 17 de octubre de 2017

No nos avergoncemos del Evangelio

Le dice San Pablo a los romanos:
"Hermanos:
No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego.
Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: «El justo por la fe vivirá».
En los tiempos que vivimos algunas veces tenemos vergüenza de decir que somos cristianos, que vamos a misa, que rezamos, que leemos la Biblia. Hay tanto odio, en algunas partes hacia los cristianos, que da cierto temor decir quiénes somos o qué hacemos o, mejor dicho, qué no hacemos. Y eso tenemos que intentar cambiarlo, no tener vergüenza de lo que intentamos vivir. Y digo intentamos porque cada día estamos en ese camino: intentando la santidad, porque creemos que ese es el Camino que nos lleva a la plenitud y nos da la felicidad que buscamos.
Pero vuelvo a lo de siempre: para ello tenemos que creer en la Fuerza de la Palabra de Dios, porque si no ponemos en el Señor nuestra confianza y nuestra esperanza, todo intento será vano porque dejaremos que en nuestra vida se incorporen otras palabras, otras verdades, otro modo de pensar y de ser que no es el propio de un cristiano.
Sigue diciendo San Pablo:
"Alardeando de sabios, resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.
Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre".
Y pareciera que estuviera, San Pablo, viviendo en este siglo, viendo cómo el hombre por dejar de lado a Dios y ponerse él en el lugar Divino, no fue creciendo sino que va degradando su propioi ser, buscando otras realidades que, cada día, le van dando la razón a la Palabra de Dios, pues el hombre va perdiendo su esplendor, su hermosura original.
Y a eso tenemos que tender nosotros: ser originales, es decir, volver a la hermosura original del hombre, esa hermosura que nos trajo Jesús al rescatarnos del pecado y regalarnos el Don Divino de la Filiación Divina, al habernos regalado la posibilidad de ser hijos de Dios, esa hermosura que habíamos perdido con el pecado original.
Y es esa belleza original la que tenemos que seguir cultivando. ¿Cómo? Siendo Fieles a la Palabra de Dios, buscando con constancia la adecuación de la Voluntad de Dios a nuestra vida, de descubrir en La Palabra el Camino para alcanzar la belleza de nuestro ser humano, de nuestro ser hijo de Dios. No creamos en la sabiduría de este mundo que quiere apartarnos de la Voluntad de Dios, que quiere poner un manto de duda y oscuridad acerca de la Verdad de Nuestro Padre Celestial, sino que fortalecidos con los Dones del Espíritu confiemos en su Divina Providencia y no nos avergoncemos de intentar, cada día, "hacer su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo".

lunes, 16 de octubre de 2017

Ser apóstol: una misión en la obediencia

Al comenzar la carta a los Romanos, San Pablo define su llamado a ser apóstol y su misión como apóstol, y, por supuesto, de todos los que han sido llamados a ser apóstoles:
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo".
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado". Es Jesús quien nos ha dado la gracia del apostolado, no es algo que nosotros nos hemos dado a nosotros mismos, por lo cual no podemos adueñarnos de lo que hemos recibido, porque lo hemos recibido para darlo, para hacer algo que nos ha pedido quien nos ha dado la misión: en este caso es Jesús quién nos ha llamado y nos ha dado una misión, una misión que lleva consigo una Gracia particular.
"Para suscitar la obediencia entre todos los gentiles", y aquí marca concretamente el centro de la misión del apóstol: sucitar la obedencia, por supuesto, que a Jesús, a la Palabra de Diios. No es la obediencia al apóstol sino a lo que el apóstol comunique de parte de Dios. El apóstol tiene y debe ser, también, obediente al Señor para poder transmitir fielmente Su Palabra, Su Mensaje, para que podamos alcanzar la salvación.
Y fijáos que finaliza haciendo una aclaración sobre los receptores de este mensaje, que no son sólo los que no creen, los gentiles, sino: "entre ellos (gentiles) os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo". La misión no es sólo hacer que los gentiles puedan llegar a obedecer a Jesucristo sino también los que han sido llamados por Jesús, tienen que seguir obedeciendo a Jesucristo.
Es que, a veces, nos sucede que nos cristianos no obedecemos a Jesucristo, no obedecemos a la Palabra de Dios, nos dedicamos a "cumplir" ciertos ritos litúrgicos y ciertas enseñanzas (a veces las que más nos gustan) pero no obedecemos radicalmente lo que Dios nos va pidiendo día a día.
Y ¿cómo hacemos para suscitar la obedeciendia entre los llamados por Jesucristo? Tenemos, primero, que volver a leer el Evangelio, no sólo lo que nos gusta y nos hace sentir bien, sino todo el Evangelio, para poder contextualizar todos los relatos y todas las exigencias que Jesús nos presenta en el Evangelio, por que todo lo que Él predica y sus exhortaciones son no sólo para los gentiles sino tamibén para nosotros, para que cada día podemos cotejar nuestra vida con Su Palabra y cuestionar nuestro obrar, y así encontrar el Camino constante de nuestra conversión.
Claro que para ello necesitamos creer que lo que leemos es Palabra de Dios, y que la Palabra de Dios es Palabra de Vida y es eterna y no es modificable por los hombres. Sabiendo que si ralmente creemos que es Palabra de Dios el Señor nos dará la Gracia Suficiente para poder llevar esa Palabra a nuestra vida, para vivirla, no sólo para anunciarla, sino que viviéndola ya la estamos anunciando.
Por eso San Pablo nos dice que "hemos recibido la gracia del apostolado", pues no sólo es una misión y una carga, sino que lleva implícita la Gracia Necesaria para poder vivirla y llevarla a cabo.

domingo, 15 de octubre de 2017

Felices los invitados al Banquete Celestial

"Felices los invitados al banquete celestial", es lo que el sacerdote dice al finalizar la consagración del Pan y del Vino, antes de acercarnos al altar a comulgar.
La imagen del banquete como lugar de encuentro, de alegría de gozo, de plenitud la ha usado Dios, por medio de los escritores sagrados y profetas, para anunciar el Cielo Prometido. Jesús utiliza la Cena de Pascua y la transforma en el Banquete Celestial que vivimos cada día, cada semana. Un Banquete al que se nos ha invitado a todos, no sólo a los llamados, sino a todos, pues, como dice Jesús en la parábola del Evangelio, no todos han querido venir y se ha tenido que salir a buscar gente a los caminos.
Pero, también nos dice al finalizar la parábola:
"Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos».
Suena raro a nuestros oídos escuchar que Jesús se fije en "como se viene vestido" al banquete, y que por no tener el vestido de fiesta se lo expulsa del lugar. Pero sí, es así, ya en aquella época Jesús estaba viendo cómo íbamos a "apreciar" el Banquete que Él nos da cada día. Pero no habla del vestido exterior, de la ropa que nos ponemos, sino del vestido interior, de la disposición del corazón y del espíritu para aceptar la invitación al Banquete Celestial.
Cuando en la vida normal decidimos ir a una boda, a un teatro, a partido de futbol, a una carrera de coches, a un recital de un cantante famoso, o a cualquier otro evente que me guste, me prepararo con mucha antelación y si es posible llego mucho tiempo antes de que abran las entradas para poder sentarme en la primera fila. No importa si hace frío, calor, llueve o caigan piedras, lo que importa es que quiero estar temprano para lograr los mejores lugares.
Cuando nos disponemos para ir al Banquete Celestial ¿hacemos lo mismo? ¿Nos preparamos con mucho tiempo? ¿Llegamos mucho antes de que comience la Misa para sentarnos en los primeros bancos para estar más cerca del Señor? ¿Preparamos nuestro corazón en el silencio para estar más disponibles para escuhar la Palabra? ¿Limpiamos nuestra alma con la confesión para recibir al Señor del Cielo con un corazón purificado?
Generalmente no le damos el tiempo necesario al Banquete Celestial. No nos preparamos adecuadamente para ir al Encuentro del Señor que viene a mí para alimentarme, para fortalecerme, para ayudarme a vivir día a día lo que digo creer.
Como he dicho muchas veces: no apreciamos el valor de la Misa como deberíamos, teniendo en cuenta que Jesús para que nosotros tuviéramos el Banquete Celestial nos entregó hasta la última gota de su sangre colgado de la Cruz. Porque en el Banquete Celestial Él vuelve a subirse al leño del Cruz y nos vuelve a entregar su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en el Pan de la Eucaristía. Y también vuelve a Resucitar por nosotros para que ese Pan de Vida nos de Vida Nueva, Vida de Hombres Nuevos Resucitados por el Amor del Padre, Hombres Nuevos capaces de vivir en Fidelidad y de saber darle el valor que tiene a la invitación que Él mismo nos hace:
"Quien coma de este Pan vivirá para siempre, porque mi sangre es verdadera bebida y mi carne verdadera comida".
"Felices los invitados al Banquete Celestial".

sábado, 14 de octubre de 2017

Si crees, cree

"En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Te encuentras, muchas veces, con muchos cristianos que no conocen en plenitud el evangelio, y por eso no saben qué es lo que quiere el Señor de ellos. Otros, conociéndolo lo ignoran porque saben qué es lo que el Señor quiere de ellos.
Creemos que el Evangelio es palabra pasada de moda, que no es para estos tiempos, que las exigencias que nos plantea Cristo en Su Palabra, no son para nosotros y por eso vamos haciendo un evangelio de acuerdo a los tiempos que nos gusta vivir; no tenemos en cuenta que los Consejos Evangélicos que hace más de dos mil años predicó Cristo y que están expuestos en el Nuevo Testamento son para todos los tiempos.
No existe en el mundo una persona que pueda llegar a modificar la Palabra de Dios, a cambiarla según los tiempos del mundo, pues ni el Hijo vino a modificarla: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud". Por eso cuando decimos, en la liturgia: Es Palabra de Dios - Te alabamos Señor; no es sólo una frase bonita para terminar un momento sin importancia. Sino que es lo que creemos: estamos escuchando la Palabra de Dios y necesitamos oirla para saber qué es lo que Dios quiere de nosotros en estos tiempos.
Es cierto que su interpretación puede ser diferente o aggiornada en cada momento de la historia, pero sus mandamientos serán siempre los mismos para todos los tiempos hasta que venga nuevamente el Señor a la tierra. Y al decir esto me acuerdo de aquella frase de Jesús: "cuando vuelva el Hijo del hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?". ¿Qué es lo que quería decir Jesús con esto? Lo hacía en función de lo que cada día pedimos: que se haga mi voluntad en la tierra, y no la de Dios en mi vida. Si Dios me diera todo lo que yo quiero y me dejara vivir como se me antoja ¿eso ayudaría a mi fe? ¿crecería mi fe en Dios o crecería mi fe en mí?
No porque los padres le den todo lo que quieren sus hijos crece el respeto y el cariño de los hijos por los padres, sino que les da poder cada vez más a los hijos para saber "por donde apretar a los padres", y no ganan así autoridad como padres y respeto. Y así nos pasaría con el Señor.
Y por eso Jesús nos presenta a María, su Madre, no como Bienaventurada por haber concebido a Jesús, el Hijo de Dios, sino Bienaventurada por haber escuchado y vivido la Palabra de Dios. O como le dijo Isabel llena del Espíritu Santo: "Feliz de tí por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
Si decimos que creemos en la Palabra de Dios pero la queremos cambiar porque no nos combiene, entonces, en realidad, no creemos que sea palabra de Dios. Pero si la aceptamos e intentamos, con la Gracia del Espíritu y la dispisición de nuestro corazón, vivirla cada día entonces nuestra Fe crecerá, se fortalecerá nuestra Esperanza en sus Promesas y nuestro Amor será capaz de encender nuestro corazones en una entrega cotidiana en Fidelidad a la Vida que Él nos dio.

viernes, 13 de octubre de 2017

La división comienza en los cimientos

"Él (Jesús), conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?..."
¿Cómo se divide un reino? o, mejor ¿por qué se divide un reino? ¿Por qué hay divisiones entre los pueblos, las comunidades, las familias, incluso dentro de uno mismo?
En el caso de evangelio vemos que Jesús hace referencia a lo que dicen sobre él: que expulsa los demonios con el poder de Belzebú. Por eso le dice que si expulsa a los demonios con el poder del demonio es que hay división dentro del reino del demonio, y eso no es posible, porque así iría a la ruina. Claro que el pensar de Jesús es muy claro y con una sabiduría infinita que no se tiene hoy en día en los que tienen el poder de un país, de una comunidad o de una ciudad, porque vemos, muchas veces, cómo se van pelenado unos con otros y así van dividiendo lo que ellos mismos creen que están construyendo.
Pero, también sabemos que las divisiones no comienzan en las cabezas, sino que comienzan en las bases, así como también pueden comenzar las grandes construcciones desde los cimientos, que son lo más importante. Por eso tenemos que pensar cómo están los cimientos de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades para saber hacia dónde vamos y cómo vamos.
Tomando esa frase de Jesús de la lucha dentro del mismo reino, podemos hacer una comparación con la famosa frase de San Pablo: "hay una lucha en mi interior, mi espíritu contra mi carne y mi carne contra mi espíritu", porque no siempre nuestra carne quiere lo que la Voluntad de Dios me dice, y por eso hay una constante lucha interna, un desafío que día a día tengo que vivir y al que tengo que enfrentarme si realmente quiero ser Fiel a Dios.
Y esto es fundamental: la fidelidad a Dios, porque si sólo quiero ser un cristiano de nombre y no de vida, entonces no habrá ninguna lucha interna, ni habrá nada que se le parezca, pues viviré según lo que me dicten mis instintos y ¡sanseacabó! Que es como vivimos la mayoría de los días: no haciendo caso a la Voluntad de Dios.
Así, cuando pensemos y veamos que hay divisiones en una familia, en una comunidad, o en una nación no pensemmos solamente que las cabezas están divididas sino que miremos cómo están los cimientos, pues los cimientos son importanes, pues cuando ponemos la culpa fuera de nosotros entonces vamos por mal camino, somos nosotros mismos quienes tenemos que aceptar el desafío de comenzar a cimentar nuestra vida en lo esencial de lo que somos, en buscar una verdadera coherencia entre lo que decimos ser y lo que estamos siendo, lo que estamos viviendo.

jueves, 12 de octubre de 2017

En el Pilar encontró a la Madre

Cuenta la tradición que la Virgen Maria, sobre el Pilar de Zaragoza, estuvo hablanco con el apóstol Santiago para fortalecerlo en su misión en esta tierras españolas. Y, desde aquél tiempo la fuerza que le dio María a Santiago hizo que la Palabra del Señor comenzara a sembarse en los corazones de los hijos de Dios.
¿Cuántas veces necesitaríamos que María venga a nosotros como lo hizo con Santiago y nos fortaleciera en el espíritu para poder seguir nuestro caminar hacia Cristo? ¿Cuántas veces necesitamos descubrir a Maria cerca nuestro para fortalecer nuestra Fidelidad a Dios?
Por eso es hermosa la imagen del Pilar: un lugar donde poder llegar para ser sostenido por la Madre, un lugar donde volver a buscar el centro de nuestra vida cristiana, un lugar donde volver a descansar de nuestras fatigas diarias, un lugar donde volver a recostarnos sobre el regazo de la Madre para que Ella nos consuele, nos fortalezca y nos re-conduzca por le Camino que el Señor quiere que vivamos.
Y, si nos ponemos a penar, siempre podemos encontrar ese lugar, siempre podemos iri a ese PIlar a estar con la Madre, sólo basta que nos decidamos a ir, a encontrar un tiempo para estar con Ella, pues Ella siempre está junto a nosotros, pues es Fiel a la misión que su Hijo le encomendó:
"Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Hoy es un día en donde María nos espera para renovar nuestro deseo de Fidelidad, como Santiago abramos nuestro conrazón con sinceridad a la Madre para que Ella nos ayude a fortalecernos con el Espíritu del Hijo, con la Palabra del Hijo y con el Cuerpo del Hijo, pues Ella sabe que nuestra vida tiene que estar siempre orientada a "hacer lo que Él nos diga", y para ello necesitamos el alimento vivo y verdadero que nos enseña, nos orienta, nos anima y nos fortalece, y sólo lo encontramos en Jesús, el hijo de sus entrañas.
María sabe que Ella no es quien nos da la Vida, sino que Ella sólo engendró al Señor de la Vida, por eso nos lleva siempre a Su Hijo, porque como el Hijo dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Y esa será la alegría de María, que como Ella, nosotros también sepamos escuchar y vivir la Palabra de Dios, para que encontremos nuestra verdadera alegría y alcancemos la Bienaventuranza que nos otorga la Salvación.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Hay más vida detrás del árbol

"Dios dijo entonces a Jonás:
«¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino?».
Él contestó:
«Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte».
Dios repuso:
«Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que una noche surgió y en otra desapareció, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?».
Dios le hace ver a Jonás que su disgusto no tiene comparación con la actitud de compasión de Dios frente a Nínive. No tiene comparación el disgustarse por que se secó un ricino y no alegrarse por haber salvado a todo un pueblo, pero el ricino le daba sombra a Jonás y el pueblo era algo extraño para él.
Nuestro egoísmo no nos permite, muchas veces, valorar claramente las cosas que suceden, por eso nuestras preocupaciones nos oscurecen la mirada y nos quitan la paz, porque nos quedamos llorando algo que, seguramente, era importante para nosotros, pero que frente a otra realidad o a otras realidades de nuestras vida no tiene tanta importancia. La famosa frase de que "el árbol no te tape el bosque" se hace verdad en este diálogo de Jonás con Dios, un diálogo que muchos de nosotros hemos tenido y seguiremos teniendo con Dios y con nosotros mismos.
Pero siempre estará el Señor para hacernos recordar la importancia que tienen otras cosas en nuestras vidas, y que frente a pequeños problemos que son un mundo para nosotros, hay un mundo que está viviendo un gran problema, pero que, también, en nuestra vida hubo y hay otras muchas cosas que son más valiosas que ese problema.
Por eso ante este dolor de muerte que sufre Jonás, ante ese deseo de morir y librarme de semejante dolor, la liturgia nos presenta a Jesús enseñándonos el Padre Nuestro. Pero fijáos cómo surge esta enseñanza en el evangelio:
"Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Seguramente cuando Jesús se ponía a orar había un cambio en su actitud, en su rostro, en su manera de estar. Pero, además, toda su vida era una muestra de los frutos de la oración: su paz, su seguridad, su estar entre los demás y tantas otras cosas que verían sus discípulos, que por eso le pidieron que les enseñara a orar. Y vemos que esa simple y hermosa oración del Padre nuestro es un diálogo con el Padre, un encuentro entre dos personas que se aman y que se cuentan lo que sienten uno por otro y lo que necesitan para vivir ese día.
No es una oración mágica. La oración no es tan instantánea que de un día para otro consigo lo que quiero, pero sí me va acercando la Gracia Suficiente para ir encontrando el camino que me lleva a valorar las cosas con el peso que cada una tiene, para ver más el conjunto de mi vida con los ojos de Dios, y no pegarme tanto al árbol para que me siga tapando el bosque, sino poder ver todo lo que hay en mi vida aparte de ese problema que hoy me quita vida