jueves, 7 de abril de 2016

La obediencia de los hijos

Uno podría preguntarse ¿por qué Pedro y los apóstoles respondieron así?:
"Pedro y los apóstoles replicaron: – «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".
Por que antes habían escuchado esto:
"El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos".
Claro que ese estar por encima de todos no es el pecado de la soberbia y la vanidad, sino que al estar llenos del Espíritu Santo no estamos pesando en las cosas terrenales, porque si bien estamos en el mundo no somos del mundo (nos lo dijo el Señor en la Última Cena)
Y esta es la condición que no siempre tenemos en cuenta al comenzar el día: "venimos de lo alto", somos hijos de Dios, no hijos del mundo. Por eso al levantarnos nuestra primera intención (después de lavarnos la cara, claro) tendría que ser ponernos en oración, meditar la Palabra de Dios, y dialogar con el Padre.
Sí, porque de esa manera comienzo el día recordando quién soy, de dónde vengo y lo que tengo que hacer en este mundo me lo dirá y recordará el Señor en Su Palabra.
De este modo, al recordar que soy de Dios me va a ser más fácil que primero "tengo que obedecer a Dios ante que a los hombres".
Y, en este "a los hombres" no sólo tengo que pensar en lo que los demás me puedan decir, sino, también, en mi propio yo, porque mi propio yo es humano y, como dice San Pablo: "no siempre hago lo que debo sino lo que no quiero" pues "hay en mí una lucha constante entre la carne y el espíritu".
Por que será al comenzar la mañana cuando haciéndome eco de las Palabras de Jesús pueda comenzar a dar muerte a mi propio YO humano, para dejar paso a las inspiraciones del Espíritu Santo que me fue dado. Pues es el Espíritu quien me ilumina y enseña el Camino a seguir obedeciendo al Padre.
"Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen»

miércoles, 6 de abril de 2016

Compartimos su resurrección

De los Sermones de San León Magno:
"Es él también aquél en cuya pasión participa no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los que renacen en el bautismo. Por este motivo la Pascua del Señor se celebra legítimamente con ácimo de sinceridad y de verdad si, desechado el fermento de la antigua malicia, la nueva criatura se embriaga y nutre del mismo Señor.
Porque la participación del cuerpo y de la sangre de Cristo no hace otra cosa sino convertirnos en lo que recibimos: y seamos portadores, en nuestro espíritu y en nuestra carne, de aquel en quien y con quien hemos sido muertos, sepultados y resucitados".
Me pareció una hermosa reflexión que nos lleva a pensarnos como Hombres resucitados, porque hemos muerto con Él y vivimos con Él para alcanzar la Vida eterna, pero es una eternidad que la vamos realizando en este hoy presente que vivimos todos los días.
Así cuando miramos y contemplamos la vida de los santos y los mártires no sólo estamos admirando la fortaleza y la entrega de ellos, sino que en ellos tenemos que encontrar la esperanza de saber que sí, como ellos, comulgamos con el Señor, también podremos alcanzar la santidad que nos lleve a renovar nuestra vida y ser, como ellos, signos evidentes de la Resurrección en nuestra sociedad.
La vida de los santos nos estimula y nos ayuda a descubrir que perseverando en el Camino de conversión y en el encuentro constante con Jesús en la oración y la Eucaristía, pudieron, con la Gracia de Dios, transformar su vida en aquello que creían, en aquello que anhelaban porque fueron Fieles y Obedientes a la Voluntad de Dios.
Y ese es el misterio de la Pascua de Resurrección que hemos celebrado: no sólo la Gracia del Amor de Dios que nos ha concedido ser hijos en el Hijo, sino que con el Don del Espíritu Santo que nos fue dado podemos (y debemos) vivir como Él "haciendo Su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo", para que seamos instrumentos de Dios en la "renovación de la Faz de la Tierra".

martes, 5 de abril de 2016

El Amor Primero

Un pasaje que siempre me marcó y que lo recuerdo a cada instante es el del Apocalipsis que leemos hoy en el Oficio de lecturas:
"Conozco tus obras, tus trabajos, tu constancia en esperarme; sé que no puedes tolerar a los malos; que pusiste a prueba y hallaste mentirosos a los que se dicen apóstoles y no lo son; que eres constante en esperar y que, por mi nombre, has padecido sin desfallecer. Pero tengo algo contra ti: Que has perdido tu amor primero".
"Has perdido tu amor primero"
Podemos hacer muchas cosas buenas, y todos los días volver a hacer las mismas cosas buenas y, quizás, cada día más buenas, pero si en el camino vamos perdiendo la fuerza del amor y caemos en la sola rutina de lo que hacemos por costumbre, llega, irremediablemente el cansancio y el agobio, la angustia y la desesperanza, y lo que hacemos, por más que sea lo más sublime no nos llena el alma.
Por eso el Señor nos pide volver al Primer Amor, al Amor que inundó nuestro corazón y lo encendió en la pasión de la entrega por Amor, que nos encendió en querer vivir algo que nunca antes habíamos vivido o que no nos habíamos dado cuenta del por qué lo queríamos vivir. ¡Es el Señor! gritó Juan a los apóstoles en la barca cuando reconoció su voz. Y es el Señor quien invadió nuestra vida con su Amor, y enamorándonos de Él pudimos descubrir que su entrega por nosotros era una entrega a ser imitada, era una entrega que hacía "que todas las demás cosas fueran un desperdicio con tal de ganar a Cristo" (San Pablo)
Pero nos pasa y nos seguirá pasando que, en el camino de la vida, vamos perdiendo el fuego, nos vamos a acercando a las cosas rutinarias, a las cosas del mundo y cuando quisimos acordar nos enfriamos en la entrega, en la oración, en la Gracia y el Fuego del Amor Primero se fue disipando.
Por eso, cada día, tenemos que volver a lo que Jesús le dice a Nicodemo:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu»
Nacer de nuevo, volver el corazón al Espíritu Santo para que nos vaya encendiendo cada día en el Amor a Dios, en el Amor a los hermanos, en dejarnos modelar por las manos del alfarero para no dejar nunca de ser Niños Pequeños en Sus Manos, para que sea Él quien nos ayude a mantener viva la llama del Amor Primero, para no perder nunca de vista el por qué nos dejamos enamorar por el Amor, para no perder de vista el por qué entregamos nuestra vida y nos encendimos por los Ideales más altos que podemos llega a vivir: una vida en santidad en el amor.

lunes, 4 de abril de 2016

Aceptar la Voluntad de Dios

Hermosa fiesta litúrgica se nos presenta hoy para iniciar el día y la semana: La Anunciación a María y la Encarnación del Hijo de Dios.
Para comenzar la semana, a mí claro, las lecturas me ofrecen dos puntas por las que comenzar a reflexionar:
1. la primera lectura: cuando dios nos está pidiendo que le pidamos un signo y nosotros decimos no querer tentarlo, pero Él responde: "¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios?" Son muchas las veces que Dios nos pone frente a nuestras narices hermosas situaciones, personas y cosas que nos ayudan a crecer, a fortalecernos, a encontrar el Camino para alcanzar nuestra perfección. Pero nosotros nos hacemos los interesantes y decimos que eso no es lo que nos ayuda, sino que "necesitamos" otras cosas, personas o situaciones. Finalmente terminamos cansándonos, cansando a nuestros hermanos que nos quieren, y, aunque parezca ilógico, cansamos a Dios. Salvo Dios, quizás de los demás no obtengamos más respuestas pues su paciencia y su amor son limitados, pero Dios va a seguir insistiendo, aunque por un tiempo nos dejará en sequedad espiritual o en la oscuridad, pero estará presente el día que me de cuenta que debo dejar de hacerme el interesante y aceptar lo que el Señor me está brindando día a día.
2. Desde el Salmo al Evangelio se nos presenta una frase para repetir hasta el hartazgo: "Aquí estoy Señor para hacer Tú Voluntad". Dios no necesita que le ofrezcamos cosas externas a nosotros, ni sacrificios que nos hagan dolor, porque Él sabe que el dolor más grande al hombre (varón y mujer) es la renuncia a su YO: "quién quiere venir detrás de mí niéguese a sí mismo". Y ese será el mayor de los sacrificios en nuestra vida, pero será el mejor premiado, pues cuando renunciamos a nosotros mismos el Espíritu Santo nos cubre con su sombra y nos llena de sus Dones.
Así lo vemos en María, no sólo renunció a sí misma sino que se hizo Esclava del Señor, y por eso "la proclamamos Feliz todas las generaciones porque el Señor pudo hacer con ellas maravillas".
Por todo esto no nos confundamos cuando Dios nos esté mostrando el Camino y poniendo a nuestro alcance todos sus dones, aceptemos lo que Él nos regala para que nuestra Fidelidad a su Voluntad sea como la de María, vacíos de nosotros mismos para ser sólo instrumentos en Sus Manos.

domingo, 3 de abril de 2016

Desear su Misericordia para ser misericordiosos

Domingo de la Divina Misericordia.
¿Cuándo Dios nos muestra su misericordia? En el sacramento de la reconciliación, cuando cada vez que lo necesitamos recurrimos a Dios para pedir perdón por nuestros pecados, y Él, por intermedio de los apóstoles, nos regala su Perdón.
Es en éste evangelio de hoy donde vemos cómo Jesús sigue, después de resucitado, pensando en nuestra debilidad y pequeñez. No le basto entregarse en la Cruz para matar con su cuerpo el pecado de todos los hombres, sino que, sabiendo que en nuestra debilidad, seguiríamos siendo libres para pecar, nos dejó en los apóstoles el poder de perdonar los pecados en Su Nombre.
"...sopló sobre ellos y les dijo: – «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»
Claro que todo parte de una cuestión de fe, de saber que es Dios quién nos absuelve y no un simple hombre sin más ni más, sino que es Cristo en la persona del sacerdote quién nos perdona y nos concede la Gracia de volver a comenzar o de seguir andando el Camino de la santidad.
Siempre nos encontramos con la dificultad de ver en el confesor, primero al hombre, y por eso nos resulta difícil dar el paso hacia la confesión. Santa Teresita de Lisieux cuenta que como para ella era difícil, también, ir al confesionario hacia el esfuerzo de hablar no con el sacerdote sino con Jesús, pues era Jesús quién la escuchaba y perdonaba.
Una vez que hemos dado el paso de saltar este obstáculo y podemos llegar con corazón arrepentido a la confesión, y dejamos en manos de Jesús todo aquello que nos turba y nos duele, experimentamos el gozo de su Gran Misericordia, pues la Gracia del Perdón hace brota como un río de agua viva la Paz en el alma, una Paz que se irradia por nuestra vida dando signos de Luz a los demás, pues ya no hay nada que estorbe en mi corazón para seguir amando como Jesús nos amó.
También es cierto que Jesús nos ha pedido: "sed misericordiosos como vuestro Padre Celestial es misericordioso", y ahí está el otro punto que nos mueve a la confesión y la meta al salir de la confesión: vivir la misericordia que recibimos en el sacramento con nuestros hermanos, pues "aquél que dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso", nos dice San Juan en su carta.
Por lo tanto el buscar la Misericordia de Dios en los Sacramentos, es para poder ser misericordioso con nuestros hermanos, es para poder llevar a cabo el proyecto de Dios en nuestras vidas, y, por nosotros, dar Vida al mundo entero en donde no sólo tenemos que anunciar Su Misericordia, sino que tenemos que Vivir Su Misericordia.

sábado, 2 de abril de 2016

¿A quién hemos de obedecer?

"Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: -«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros".
¿A quién hemos de obedecer? O ¿a quién obedecemos? Aunque nos parezca que actuamos con total libertad, siempre obedecemos a alguien, pues nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra forma de ser está siempre motiva por algo o por alguien. Cuando vamos creciendo vamos recibiendo información y formación, dándole así cuerpo a nuestra personalidad. Es así que podemos dar crédito al refrán que dice: "dime con quien andas y te diré quién eres" pues nuestras palabras y nuestra forma de obrar no sólo hablan de nosotros, sino también de quién nos dejamos influenciar.
Pedro y Juan habían realizado un milagro de sanación y por eso lo estaban juzgando los sumos sacerdotes, además de que decían que el milagro lo habían realizado en nombre de Jesús de Nazaret. Al final los sumos sacerdotes decidieron no imponerles más penas que la de no hablar más de Jesús, pues tenían miedo del pueblo. Ante esta imposición de pena los apóstoles les responden que tiene que obedecer a Jesús, y contar aquello de lo que ellos fueron testigos.
Tienen plena consciencia de quiénes son y a Quién deben obediencia, pues la Vida que recibieron de Jesús es la Vida que ellos mismos han sido llamados a dar, como nos los dice Marcos en su evangelio de hoy:
"Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo: – «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»
Cuando tomamos consciencia de nuestra realidad de creyentes, debemos formarnos como creyentes, debemos madurar como cristianos, porque forma parte de nuestro ser cristiano ser misioneros, evangelizadores, predicar el evangelio con nuestra vida.
Y, entonces, ahí vuelve a surgir la pregunta, quizás de otro modo más difícil: ¿Mis palabras y mis obras hablan de que soy cristiano? ¿He aceptado la misión de ser evangelizador y por eso formo mi personalidad, mi mente y mi corazón de acuerdo a las Palabras de Cristo? ¿A quién obedezco: a Dios o al mundo que me rodea?

viernes, 1 de abril de 2016

Anunciar con amor

Hoy me fijado en una cosa de este evangelio de la pesca milagrosa o de la tercera aparición de Jesús a los apóstoles. Que quizás no nos diga nada, pero me sorprendió: es la actitud de Pedro y de Juan.
Juan o el discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro "Es el Señor". Para Juan no hace falta verlo claramente a Jesús, le basta con escuchar su voz para reconocerlo, porque es la Voz del Amado, la Voz de aquél a quién escucho con el corazón y desde el corazón. Hay entre ellos una relación diferente que hace que no necesite más nada para saber de su presencia, porque él ya sabe que Jesús está ahí. Por eso su reacción ante la Voz del Señor es anunciar que Él está ahí: "Es el Señor" le dice a Pedro que aún no lo ha reconocido.
Pedro, que también lo quería a Jesús, pero no tenía la misma relación que Juan, no reconoce su voz, ni tan siquiera reconoce el signo de la pesca milagrosa, pero sí reconoce la Verdad en los labios de Juan y se deja conducir por esa Verdad. No le hace falta a Pedro preguntar nada más, ni cómo lo reconoció, ni preguntarle a los otros si realmente es verdad, sólo confía en Juan porque Él habla con la Verdad del corazón, con la Verdad de aquél que conoce lo que dice.
Juan no se apresura para ir al encuentro del Señor, sabe y confía que Él lo está esperando, pero sobre todo sabe que siempre estará con Él, porque el amor siempre está al lado de quien ama.
Pedro sí que se apresura para ir con Jesús, no porque desconfiara sino porque necesita estar con Él, necesita, quizás vivir lo que está viviendo Juan. Pero, sobre todo no quiere perderse un momento de su presencia, porque Él es todo para Pedro.
En nuestras vidas pasa muchas veces esta misma situación: lo necesitamos pero no sabemos dónde está y cuando nos lo dicen quizás, no creemos porque necesitamos más signos, más respuestas. O, quizás, muchas veces lo que sabemos que Él nos va a decir no es lo que queremos escuchar y por eso no nos tiramos como Pedro al agua para ir a su encuentro.
Pero también tenemos, como Juan, que anunciar que ¡El es el Señor! y dónde se lo puede encontrar, pero anunciar con la certeza del corazón que se siente amado por el Señor, con la alegría de sabernos amados y salvados por Él, para que realmente quien escucha nuestro anuncio no dude en saber que es Verdad lo que anunciamos.