Cuando Jesús comienza su predicación evangélica, dice el Evangelio, comienza con esta exhortación:
"Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos".
A veces nos parece muy cansador hablar siempre de lo mismo: la conversión, porque es un tema que no nos gusta demasiado, pues parece que siempre estemos viviendo mal y en pecado. Por un lado es verdad que es cansador escuchar siempre lo mismo, pero también es cierto que nuestra vida, día a día, va retomando caminos ya vividos y, cometiendo los mismos errores una y otra vez.
Pero, por otro lado, en la vida misma, hacemos cosas una y otra vez por las mismas causas: la rutina diaria es algo que nos resulta cansador y, más de una vez, agobiante. Y ¿qué vamos a hacer: cambiar la rutina? No, no tenemos por qué cambiar una rutina, salvo que la rutina sea mala y nos lleve al pecado o al error, pero si la rutina es buena ¿por qué cambiarla? Hay que ponerle vida a la rutina.
Por esta razón San Juan en su carta nos recomienda algo:
"Queridos míos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo".
¿Como saber si un espíritu viene de Dios? San Pablo nos lo muestra: "El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí".
Y mirad, sólo ese hecho de mirar si lo que estoy haciendo procede del Espíritu Santo, sólo ese hecho ya es un comienzo de conversión constante. Lo cual no quiere decir que esté pecando o haciendo mal las cosas, sino que vivo sabiendo que puedo equivocarme o no vivir en el Espíritu.
Sí, nuestra vida es un camino de santidad, y por eso mismo es un camino de conversión constante porque "estamos en el mundo, pero no somos del mundo", y el mundo nos presenta, siempre, su propio espíritu para vivir, y como el espíritu del mundo es producido por el padre de la mentira, el perfecto seductor, sus cosas nos seducen, nos invaden, nos tientan constantemente, pero sus frutos no son los mismos que los del Espíritu Santo.
Así, no es que debemos hacer cada día una rutina de vida diferente para no agobiarnos, sino que a la rutina que Dios nos pide vivir la vivimos desde su Espíritu y así es Él mismo quien le da Vida a lo que diariamente hacemos.
Ese camino constante de conversión es un camino que constantemente da buenos frutos, para mí y para aquellos que lo necesiten, pues todo lo que le ofrezco al Padre como entrega diaria Él nos lo devuelve en Gracia sobre Gracia.
Sí, es cansador hablar siempre de conversión, pero es gratificante saber que en este camino, día a día, no sólo crezco en gracia y santidad, sino que también puedo ofrecer lo que diariamente hago para la conversión de otros y para la salvación de muchos, pues todo puesto en las Manos de Dios se transforma en regalos de Gracias.
jueves, 7 de enero de 2016
miércoles, 6 de enero de 2016
La Vida en Dios: nuestro mejor regalo
De los sermones de San León Magno:
"...la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo.
Todos, amadísimos hermanos, debéis esforzaros en este empeño, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega por la integridad de la fe y por las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén".
La vida de fe es una invitación de Dios a vivir algo nuevo, no es una obligación a aceptar, sino una invitación. Pero cuando se acepta una invitación no es el invitado el que pone las reglas, sino el que invita. Por eso, cuando Dios nos invitó a seguirlo nos dio de antemano las reglas para seguirlo y, también, nos dijo cuál era el sentido de la invitación.
Los Reyes cuando comenzaron a seguir la estrella sabían que algo grande estaba por comenzar, pero no sabían qué era lo que iban a buscar. Pero al encontrarlo se postraron ante Él y lo adoraron como el Nuevo Rey y por eso le ofrecieron lo que tenían, y, aunque no eran judíos igual el Señor les advirtió lo que debían hacer.
Y es hermoso que aún siendo adultos sigamos sintiéndonos un poco niños en este día de Reyes, porque sólo el corazón inocente del niño es capaz de contemplar la grandeza de este día, como lo hicieron los Magos de Oriente y como lo hicieron los pastores al acudir al pesebre: encontraron a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, pero fue una señal suficiente para creer y salir a anunciar con gozo lo que habían encontrado.
Esa es hoy nuestra invitación: acercarnos al Niño que ha nacido; acercarnos al Niño que nos da la Vida; acercarnos al Niño que alimenta nuestra Vida con Su Vida, para que podamos salir gozosos a anunciar la Buena Noticia de la Salvación.
El mayor de los regalos es, para nosotros, la Vida Nueva que se nos ha dado en el bautismo; es la Vida Nueva que se nos da en la Palabra de Dios; es la Vida Nueva que se nos da en el Pan de la Eucaristía, entonces no dejemos de abrir, cada día, los regalos divinos que nos ha dado nuestro Padre Celestial y rindámonos como niños ante el hermoso misterio de la Vida que ilumina nuestra vida, así como la estrella el camino de los Magos.
"...la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo.
Todos, amadísimos hermanos, debéis esforzaros en este empeño, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega por la integridad de la fe y por las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén".
La vida de fe es una invitación de Dios a vivir algo nuevo, no es una obligación a aceptar, sino una invitación. Pero cuando se acepta una invitación no es el invitado el que pone las reglas, sino el que invita. Por eso, cuando Dios nos invitó a seguirlo nos dio de antemano las reglas para seguirlo y, también, nos dijo cuál era el sentido de la invitación.
Los Reyes cuando comenzaron a seguir la estrella sabían que algo grande estaba por comenzar, pero no sabían qué era lo que iban a buscar. Pero al encontrarlo se postraron ante Él y lo adoraron como el Nuevo Rey y por eso le ofrecieron lo que tenían, y, aunque no eran judíos igual el Señor les advirtió lo que debían hacer.
Y es hermoso que aún siendo adultos sigamos sintiéndonos un poco niños en este día de Reyes, porque sólo el corazón inocente del niño es capaz de contemplar la grandeza de este día, como lo hicieron los Magos de Oriente y como lo hicieron los pastores al acudir al pesebre: encontraron a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, pero fue una señal suficiente para creer y salir a anunciar con gozo lo que habían encontrado.
Esa es hoy nuestra invitación: acercarnos al Niño que ha nacido; acercarnos al Niño que nos da la Vida; acercarnos al Niño que alimenta nuestra Vida con Su Vida, para que podamos salir gozosos a anunciar la Buena Noticia de la Salvación.
El mayor de los regalos es, para nosotros, la Vida Nueva que se nos ha dado en el bautismo; es la Vida Nueva que se nos da en la Palabra de Dios; es la Vida Nueva que se nos da en el Pan de la Eucaristía, entonces no dejemos de abrir, cada día, los regalos divinos que nos ha dado nuestro Padre Celestial y rindámonos como niños ante el hermoso misterio de la Vida que ilumina nuestra vida, así como la estrella el camino de los Magos.
martes, 5 de enero de 2016
Ante la inteligencia humana la sabiduría divina
Dice San Juan en su primera carta:
" Queridos hermanos:
Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.
No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.
No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte".
Recupero este párrafo de la carta de hoy porque me parece que nos quiere hacer recordar nuestra realidad de cada día, sí, parece que son muchos los que sienten odio por los cristianos, por la Iglesia. Hay algunos que lo hacen explícito y persiguen y matan cruelmente a los cristianos en muchas partes del mundo. Hay otros que no tienen ese valor y los hacen (según ellos creen) inteligentemente queriendo cambiar las tradiciones cristianas que forman parte de la cultura de los pueblos.
Y ¿qué es lo que se proponen? Algo que en 21 siglos nadie ha podido: borrar del mapa mundial a Cristo, a su Palabra y no entienden que no podrán. No entienden (y a veces tampoco lo hacemos nosotros -es lo peor) que la Iglesia no es obra nuestra, sino que es obra de Dios, que está sostenida por el Espíritu Santo y que ni de adentro ni de afuera han podido destruirla.
Pero además, muchos buscan y pretenden que respondamos con las mismas armas, que nos convirtamos en Caín y comencemos a responder con violencia, pues el cansancio de tanta burla y persecución terminan cansando a cualquiera. Pero no, nosotros no podemos responder con las mismas armas, pues sólo un arma se nos ha dado: el Amor, "este es el mensaje que habéis oído desde el principio que nos amemos unos a otros".
Claro que amar no significa que yo acepte las "inteligentes burlas" que hoy hacen muchos sobre mi fe, sobre mi vida cristiana, no. ¿Cuál es mi respuesta? Vivir con mayor radicalidad lo que creo, y, sobre todo, haciendo lo que hacían los primeros cristianos: no arrodillarnos ante los nuevos dioses que nos quieren imponer, no acompañar con nuestra presencia los gestos y los espectáculos que vayan en contra de mi fe, y, sobre todo, no dar publicidad gratuita a aquello que está en contra de mi fe.
Y, sobre todo en este Tiempo de Navidad que estamos transitando, tenemos que recordar quiénes somos y qué se nos ha confiado, dice san Agustín:
"Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Aquellos tesoros de sabiduría y ciencia, aquellas riquezas divinas, son llamados así porque ellos nos bastarán. Y aquella gran bondad es llamada así porque nos saciará. Muéstranos, pues, al Padre, y eso nos bastará".
Dejemos de lado las "inteligentes burlas" del mundo pues nosotros tenemos un tesoro de sabiduría que nos basta y sobra para poder alcanzar la plenitud de nuestra vida, de nuestro ser Hijos de Dios, pues el Hijo se hizo hombre por nosotros, y nosotros no debemos dejar que apaguen la Luz de la Sabiduría y la Verdad que el Padre ha puesto en nuestro corazón, y con ella iluminar las tinieblas de la "inteligencia" humana.
" Queridos hermanos:
Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.
No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.
No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte".
Recupero este párrafo de la carta de hoy porque me parece que nos quiere hacer recordar nuestra realidad de cada día, sí, parece que son muchos los que sienten odio por los cristianos, por la Iglesia. Hay algunos que lo hacen explícito y persiguen y matan cruelmente a los cristianos en muchas partes del mundo. Hay otros que no tienen ese valor y los hacen (según ellos creen) inteligentemente queriendo cambiar las tradiciones cristianas que forman parte de la cultura de los pueblos.
Y ¿qué es lo que se proponen? Algo que en 21 siglos nadie ha podido: borrar del mapa mundial a Cristo, a su Palabra y no entienden que no podrán. No entienden (y a veces tampoco lo hacemos nosotros -es lo peor) que la Iglesia no es obra nuestra, sino que es obra de Dios, que está sostenida por el Espíritu Santo y que ni de adentro ni de afuera han podido destruirla.
Pero además, muchos buscan y pretenden que respondamos con las mismas armas, que nos convirtamos en Caín y comencemos a responder con violencia, pues el cansancio de tanta burla y persecución terminan cansando a cualquiera. Pero no, nosotros no podemos responder con las mismas armas, pues sólo un arma se nos ha dado: el Amor, "este es el mensaje que habéis oído desde el principio que nos amemos unos a otros".
Claro que amar no significa que yo acepte las "inteligentes burlas" que hoy hacen muchos sobre mi fe, sobre mi vida cristiana, no. ¿Cuál es mi respuesta? Vivir con mayor radicalidad lo que creo, y, sobre todo, haciendo lo que hacían los primeros cristianos: no arrodillarnos ante los nuevos dioses que nos quieren imponer, no acompañar con nuestra presencia los gestos y los espectáculos que vayan en contra de mi fe, y, sobre todo, no dar publicidad gratuita a aquello que está en contra de mi fe.
Y, sobre todo en este Tiempo de Navidad que estamos transitando, tenemos que recordar quiénes somos y qué se nos ha confiado, dice san Agustín:
"Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Aquellos tesoros de sabiduría y ciencia, aquellas riquezas divinas, son llamados así porque ellos nos bastarán. Y aquella gran bondad es llamada así porque nos saciará. Muéstranos, pues, al Padre, y eso nos bastará".
Dejemos de lado las "inteligentes burlas" del mundo pues nosotros tenemos un tesoro de sabiduría que nos basta y sobra para poder alcanzar la plenitud de nuestra vida, de nuestro ser Hijos de Dios, pues el Hijo se hizo hombre por nosotros, y nosotros no debemos dejar que apaguen la Luz de la Sabiduría y la Verdad que el Padre ha puesto en nuestro corazón, y con ella iluminar las tinieblas de la "inteligencia" humana.
lunes, 4 de enero de 2016
Somos apóstoles y misioneros de la Vida
"Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Nosotros, como Andrés, hemos conocido el Amor de Dios, nos hemos arrodillado frente a Él, hemos adorado al Niño y hemos renovado nuestra Fe. Ahora nos toca ir a anunciar al Mesías, anunciar que hemos encontrado al Cristo.
El Don de la Fe que hemos recibido y que, día a día, intentamos vivir no es un Don para nosotros solos, sino que es un Don y una Misión, por eso al celebrar la Navidad, la liturgia nos va llevando por un proceso de conocimiento de nuestra propia identidad para que podamos reconocernos llamados a dar testimonio de lo que creemos.
Claro es que para poder dar testimonio de lo que creemos tenemos, primero, que conocer qué creemos. Es un proceso de conocimiento, de aceptación de un misterio que llena de sentido la vida. Este proceso lo vemos en este relato evangélico pues después que Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, sigue así:
"Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron en él aquel día; era como la hora décima".
Así, en el encuentro personal con Jesús nace un vínculo, el vínculo del Amor, con el Don de la FE, que no sólo llena nuestra vida de sentido sino que nos alienta para salir a anunciar, a no quedarnos viviendo en silencio lo que hemos hallado, sino a que otros puedan encontrar lo que nosotros estamos viviendo.
Somos, así, apóstoles, misioneros del Amor que ha venido a nosotros y haciéndose Hombre como nosotros, menos en el pecado, nos ha dado una Vida Nueva, que queremos compartir con el todos nuestros hermanos.
Hacemos así realidad aquello que nos decía Jesús: "vosotros sois la luz del mundo... y una luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino sobre ella para que ilumine a todos", la Luz que nace en nuestro corazón por haber conocido y creído en Jesús, es la luz que damos con nuestras palabras y vida a todos los que están junto a nosotros.
Que la Luz de la Navidad siga brillando, cada día, en nuestros corazones para llevar a todos la Buena Noticia de la Vida Nueva que nace, cada día, que nos abrimos al Espíritu del Señor y, como María, buscamos Su Voluntad para hacerla vida.
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Nosotros, como Andrés, hemos conocido el Amor de Dios, nos hemos arrodillado frente a Él, hemos adorado al Niño y hemos renovado nuestra Fe. Ahora nos toca ir a anunciar al Mesías, anunciar que hemos encontrado al Cristo.
El Don de la Fe que hemos recibido y que, día a día, intentamos vivir no es un Don para nosotros solos, sino que es un Don y una Misión, por eso al celebrar la Navidad, la liturgia nos va llevando por un proceso de conocimiento de nuestra propia identidad para que podamos reconocernos llamados a dar testimonio de lo que creemos.
Claro es que para poder dar testimonio de lo que creemos tenemos, primero, que conocer qué creemos. Es un proceso de conocimiento, de aceptación de un misterio que llena de sentido la vida. Este proceso lo vemos en este relato evangélico pues después que Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, sigue así:
"Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron en él aquel día; era como la hora décima".
Así, en el encuentro personal con Jesús nace un vínculo, el vínculo del Amor, con el Don de la FE, que no sólo llena nuestra vida de sentido sino que nos alienta para salir a anunciar, a no quedarnos viviendo en silencio lo que hemos hallado, sino a que otros puedan encontrar lo que nosotros estamos viviendo.
Somos, así, apóstoles, misioneros del Amor que ha venido a nosotros y haciéndose Hombre como nosotros, menos en el pecado, nos ha dado una Vida Nueva, que queremos compartir con el todos nuestros hermanos.
Hacemos así realidad aquello que nos decía Jesús: "vosotros sois la luz del mundo... y una luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino sobre ella para que ilumine a todos", la Luz que nace en nuestro corazón por haber conocido y creído en Jesús, es la luz que damos con nuestras palabras y vida a todos los que están junto a nosotros.
Que la Luz de la Navidad siga brillando, cada día, en nuestros corazones para llevar a todos la Buena Noticia de la Vida Nueva que nace, cada día, que nos abrimos al Espíritu del Señor y, como María, buscamos Su Voluntad para hacerla vida.
domingo, 3 de enero de 2016
Testigos de la Luz
Este segundo Domingo de Navidad nos invita a varias cosas, pero me voy a quedar con una sola. El Evangelio dice sobre San Juan Bautista:
"Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz".
Si bien Juan Bautista comienza a anunciar la llegada del Mesías justo antes que Jesús comience su vida pública, es importante poder rescatarlo en este momento, días después de su nacimiento. Por que al nacer Jesús es en el mundo es cuando comienza a Nacer la Luz para los hombres, por ese motivo se unen los dos anuncios de un Nacimiento.
Así como hace unos días los escribas le preguntaban a Juan Bautista "¿Tú quién eres?", hoy el evangelista nos dice: "venía como testigo, para dar testimonio de la luz... no era él la luz, sino que daba testimonio de la luz".
Fijaos que Juan Bautista nunca estuvo con Jesús más que el día en que este fue a bautizarse al Jordan y bajó sobre Él el Espíritu Santo, pero ya ese mismo Espíritu había hecho "hablar" a Juan Bautista cuando lo recibió estando en el seno de Isabel: "cuando el niño saltó de alegría en su seno". Ya desde ese momento el Espíritu impulsa a Juan Bautista a anunciar al Mesías, por que estaba abierto al Espíritu y se dejaba conducir por Él.
Así aunque nunca lo escuchó al Mesías igualmente lo anunció, porque el Espíritu Santo le anunciaba lo que había que decir y predicar.
Y así, de este mismo modo y como él, ha de ser nuestra vida. Aunque no hemos sido tocados por el Espíritu Santo en el seno de nuestras madres, el mismo Espíritu nos ha cubierto con su sombra y habita en nosotros desde el día de nuestro Bautismo. Es decir que, desde ese día, si lo dejáramos libre en nuestra vida el Espíritu nos indicaría lo que hemos de hacer y decir, haría de nosotros, como con Juan Bautista, testigos de la Luz, porque su Luz está en nosotros y busca salir a la vida por medio de nuestras obras y de nuestra voz.
No somos la Luz, no somos perfectos, pero hemos sido llamados para ser Luz del mundo, y, como dice el Señor: "la luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino sobre ella para que ilumine a todos los de la casa". Pero tenemos que tener en cuenta que "no somos la Luz", porque muchas veces nos juega en contra el creer que somos la luz y cuando la soberbia y la arrogancia nos gana la partida, pierde brillo la Luz de Cristo e intentamos ser nosotros la verdadera luz.
Sí, tenemos una importante misión, hemos sido elegidos para algo muy grande, pero por eso debemos tener la humildad de decir, como María: "el Señor hizo por mí grandes cosas", no soy yo quien obra maravillas, sino que es el Señor que obra por mi intermedio.
Pero no perdamos el hilo y lo importante: Dios nos ha llamado para ser Testigos de la Luz, para ser Luz en el mundo, no permitamos que aceptando las tinieblas y siendo parte de ellas, no seamos capaces de iluminar el las oscuridades de aquellos que buscan el Camino.
"Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz".
Si bien Juan Bautista comienza a anunciar la llegada del Mesías justo antes que Jesús comience su vida pública, es importante poder rescatarlo en este momento, días después de su nacimiento. Por que al nacer Jesús es en el mundo es cuando comienza a Nacer la Luz para los hombres, por ese motivo se unen los dos anuncios de un Nacimiento.
Así como hace unos días los escribas le preguntaban a Juan Bautista "¿Tú quién eres?", hoy el evangelista nos dice: "venía como testigo, para dar testimonio de la luz... no era él la luz, sino que daba testimonio de la luz".
Fijaos que Juan Bautista nunca estuvo con Jesús más que el día en que este fue a bautizarse al Jordan y bajó sobre Él el Espíritu Santo, pero ya ese mismo Espíritu había hecho "hablar" a Juan Bautista cuando lo recibió estando en el seno de Isabel: "cuando el niño saltó de alegría en su seno". Ya desde ese momento el Espíritu impulsa a Juan Bautista a anunciar al Mesías, por que estaba abierto al Espíritu y se dejaba conducir por Él.
Así aunque nunca lo escuchó al Mesías igualmente lo anunció, porque el Espíritu Santo le anunciaba lo que había que decir y predicar.
Y así, de este mismo modo y como él, ha de ser nuestra vida. Aunque no hemos sido tocados por el Espíritu Santo en el seno de nuestras madres, el mismo Espíritu nos ha cubierto con su sombra y habita en nosotros desde el día de nuestro Bautismo. Es decir que, desde ese día, si lo dejáramos libre en nuestra vida el Espíritu nos indicaría lo que hemos de hacer y decir, haría de nosotros, como con Juan Bautista, testigos de la Luz, porque su Luz está en nosotros y busca salir a la vida por medio de nuestras obras y de nuestra voz.
No somos la Luz, no somos perfectos, pero hemos sido llamados para ser Luz del mundo, y, como dice el Señor: "la luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino sobre ella para que ilumine a todos los de la casa". Pero tenemos que tener en cuenta que "no somos la Luz", porque muchas veces nos juega en contra el creer que somos la luz y cuando la soberbia y la arrogancia nos gana la partida, pierde brillo la Luz de Cristo e intentamos ser nosotros la verdadera luz.
Sí, tenemos una importante misión, hemos sido elegidos para algo muy grande, pero por eso debemos tener la humildad de decir, como María: "el Señor hizo por mí grandes cosas", no soy yo quien obra maravillas, sino que es el Señor que obra por mi intermedio.
Pero no perdamos el hilo y lo importante: Dios nos ha llamado para ser Testigos de la Luz, para ser Luz en el mundo, no permitamos que aceptando las tinieblas y siendo parte de ellas, no seamos capaces de iluminar el las oscuridades de aquellos que buscan el Camino.
sábado, 2 de enero de 2016
¿Tú quién eres?
"¿Tú quién eres?" le preguntaba la gente a Juan el Bautista. Y es, también, una hermosa pregunta para nosotros, para comenzar el año porque muchas veces al comenzar el año nos hacemos interesantes propósitos, pero la mayoría de ellos no los cumplimos o no llegamos ni siquiera a pensarlos al segundo día del año.
Y ¿qué tiene que ver la pregunta con los propósitos? Mucho, porque muchas veces los propósitos están lejos de mí porque no están en el mismo camino que Dios quiere que recorra, o, mejor dicho, los propósitos de mi vida tienen que estar en consonancia con la Voluntad de Dios para mi vida.
Al responder a la pregunta voy a saber si lo que quiero es ser Fiel a la Vida que Dios me pide vivir o, simplemente, hacer lo que me venga en gana cuando quiera. Por que si he descubierto que mi vida cristiana no sólo es llamarme cristiano sino serlo en realidad, entonces mi vida ya no es mía, sino que he descubierto que mi vida es de Dios, para Dios y por Dios, por eso acepto la llamada de Dios a vivir en santidad: "sed santos porque Vuestro Padre Celestial es Santo", nos dice el Señor.
Pero si sólo vivo el cristianismo como parte de ritos tradicionales para cumplir con algo que siempre he hecho, entonces lo que vaya a vivir cada día simplemente será lo que yo tenga ganas de hacer, y, aunque haga cosas buenas no serán Voluntad de Dios, porque no me intereso por saber si es lo que Él quiere para mí o no.
Cuando acepto el llamado de Jesús a seguirlo, como los apóstoles, dejo todo para poder seguirlo, pero en serio, no sólo en momentos puntuales, como puede ser una hora por semana en la Misa, sino que dejo todo para seguirlo todos los días de mi vida.
Entonces, ahí podré responder a la pregunta "¿tú quién eres?" soy un apóstol de Jesucristo, soy su seguidor porque Él me ha llamado y dije: "Aquí estoy, Señor, para hacer Tu Voluntad". A partir de ahí no seré yo quien haga los propósitos para el año, sino que mi único propósito será ser Fiel a la Voluntad de Dios, buscar en cada momento su Voluntad para alcanzar la meta que Él mismo quiere para mí: la santidad.
Sí, la santidad. Porque la santidad no es para algunas personas que ya han muerto, sino que los santos fueron personas vivas como nosotros, como cada uno, que vivió en su lugar, tuvo su trabajo, su profesión, su vocación particular, pero que descubrió que el sentido de su vida estaba en poder responder con sinceridad al llamado del Señor. A partir de ahí comienza ese hermoso camino de búsqueda de la voluntad de Dios y de conversión constante de nuestra vida.
Por que a pesar de nuestros errores y caídas podemos alcanzar, para nosotros, ese hermoso ideal de la santidad, porque vamos, día a día, olvidándonos de nosotros mismos para aceptar la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Y al disponernos a vivirla, al buscar ese Camino ya Dios nos concede su Gracia para que podamos ver, para que podamos aceptar y para que, a pesar de nuestras debilidades y defectos, podamos realizarla, dándonos el gozo y la paz al alma.
Así, al comenzar el año nuestra respuesta a esta pregunta nos dará la pauta de cuáles serán nuestro propósitos para continuar transitando cada día de este y de todos los años.
Y ¿qué tiene que ver la pregunta con los propósitos? Mucho, porque muchas veces los propósitos están lejos de mí porque no están en el mismo camino que Dios quiere que recorra, o, mejor dicho, los propósitos de mi vida tienen que estar en consonancia con la Voluntad de Dios para mi vida.
Al responder a la pregunta voy a saber si lo que quiero es ser Fiel a la Vida que Dios me pide vivir o, simplemente, hacer lo que me venga en gana cuando quiera. Por que si he descubierto que mi vida cristiana no sólo es llamarme cristiano sino serlo en realidad, entonces mi vida ya no es mía, sino que he descubierto que mi vida es de Dios, para Dios y por Dios, por eso acepto la llamada de Dios a vivir en santidad: "sed santos porque Vuestro Padre Celestial es Santo", nos dice el Señor.
Pero si sólo vivo el cristianismo como parte de ritos tradicionales para cumplir con algo que siempre he hecho, entonces lo que vaya a vivir cada día simplemente será lo que yo tenga ganas de hacer, y, aunque haga cosas buenas no serán Voluntad de Dios, porque no me intereso por saber si es lo que Él quiere para mí o no.
Cuando acepto el llamado de Jesús a seguirlo, como los apóstoles, dejo todo para poder seguirlo, pero en serio, no sólo en momentos puntuales, como puede ser una hora por semana en la Misa, sino que dejo todo para seguirlo todos los días de mi vida.
Entonces, ahí podré responder a la pregunta "¿tú quién eres?" soy un apóstol de Jesucristo, soy su seguidor porque Él me ha llamado y dije: "Aquí estoy, Señor, para hacer Tu Voluntad". A partir de ahí no seré yo quien haga los propósitos para el año, sino que mi único propósito será ser Fiel a la Voluntad de Dios, buscar en cada momento su Voluntad para alcanzar la meta que Él mismo quiere para mí: la santidad.
Sí, la santidad. Porque la santidad no es para algunas personas que ya han muerto, sino que los santos fueron personas vivas como nosotros, como cada uno, que vivió en su lugar, tuvo su trabajo, su profesión, su vocación particular, pero que descubrió que el sentido de su vida estaba en poder responder con sinceridad al llamado del Señor. A partir de ahí comienza ese hermoso camino de búsqueda de la voluntad de Dios y de conversión constante de nuestra vida.
Por que a pesar de nuestros errores y caídas podemos alcanzar, para nosotros, ese hermoso ideal de la santidad, porque vamos, día a día, olvidándonos de nosotros mismos para aceptar la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Y al disponernos a vivirla, al buscar ese Camino ya Dios nos concede su Gracia para que podamos ver, para que podamos aceptar y para que, a pesar de nuestras debilidades y defectos, podamos realizarla, dándonos el gozo y la paz al alma.
Así, al comenzar el año nuestra respuesta a esta pregunta nos dará la pauta de cuáles serán nuestro propósitos para continuar transitando cada día de este y de todos los años.
viernes, 1 de enero de 2016
Conservar la cosas en el corazón
¡Feliz comienzo del año del Señor 2016!
Que hermoso que la liturgia nos lleve a comenzar el nuevo año de la mano de María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre Nuestra. Hermoso porque la presencia de la Madre en nuestras vidas nos llena de seguridad, de gozo, nos da confianza para caminar porque vamos, como niños pequeños agarrados de Su Mano, y Ella (si la dejamos, claro) nos lleva por senderos seguros y claros hacia el Señor, viviendo cada día en santidad.
Y en este día me gusta mucho la cualidad que señala Lucas de María:
"María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
Hubo muchas cosas en la vida de María que no comprendió en su momento, que no entendía, pero varias veces el Evangelista señala lo mismo de María: conservar las cosas y meditarlas en el corazón. Llevar todo lo vivido a lo más íntimo de nuestro corazón, ahí donde el silencio es diálogo de Amor con el Señor, allí donde el silencio va sumergiendo todo lo vivido en las aguas cristalinas de la Gracia, para que purificadas de todo lo que no es de Dios puedan transformarse en fértil tierra donde se asiente la Palabra de Dios, y nos de la Sabiduría necesaria para seguir transitando el Camino de la Vida.
Por que conservar las cosas en el corazón, llevarlas al silencio de Dios nos ayudarán a aprender de todo, de lo bueno y de lo malo, de lo triste y de lo alegre, del dolor y del gozo, de la oscuridad y de la Luz, porque llevarlas al silencio de Dios nos ayudará a que no se conviertas las malas experiencias en rencores, en dolores que no curan, en venganzas de la vida, en malos recuerdos que se transformen en odio, sino que todo, por la Gracia de Dios, se transforme en Gracia, en Dones de sabiduría que nos ayuden a crecer en humildad, en pequeñez ante Dios, en serenidad para afrontar los momentos duros que nos pida vivir el Señor.
Comenzar el Año hablando con María y pidiéndole que nos ayude a aprender de Ella, a descubrir el misterio de Su Inmaculado Corazon, es el deseo más hermoso para este Año, porque sólo ha sido una noche que pasó, pero el día continúa y la vida sigue su curso hacia la Vida, pero ya que hemos dado este paso de un 2015 a un 2016, que se note que hemos subido un escalón más en la hermosa escalera de la santidad.
Que hermoso que la liturgia nos lleve a comenzar el nuevo año de la mano de María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre Nuestra. Hermoso porque la presencia de la Madre en nuestras vidas nos llena de seguridad, de gozo, nos da confianza para caminar porque vamos, como niños pequeños agarrados de Su Mano, y Ella (si la dejamos, claro) nos lleva por senderos seguros y claros hacia el Señor, viviendo cada día en santidad.
Y en este día me gusta mucho la cualidad que señala Lucas de María:
"María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".
Hubo muchas cosas en la vida de María que no comprendió en su momento, que no entendía, pero varias veces el Evangelista señala lo mismo de María: conservar las cosas y meditarlas en el corazón. Llevar todo lo vivido a lo más íntimo de nuestro corazón, ahí donde el silencio es diálogo de Amor con el Señor, allí donde el silencio va sumergiendo todo lo vivido en las aguas cristalinas de la Gracia, para que purificadas de todo lo que no es de Dios puedan transformarse en fértil tierra donde se asiente la Palabra de Dios, y nos de la Sabiduría necesaria para seguir transitando el Camino de la Vida.
Por que conservar las cosas en el corazón, llevarlas al silencio de Dios nos ayudarán a aprender de todo, de lo bueno y de lo malo, de lo triste y de lo alegre, del dolor y del gozo, de la oscuridad y de la Luz, porque llevarlas al silencio de Dios nos ayudará a que no se conviertas las malas experiencias en rencores, en dolores que no curan, en venganzas de la vida, en malos recuerdos que se transformen en odio, sino que todo, por la Gracia de Dios, se transforme en Gracia, en Dones de sabiduría que nos ayuden a crecer en humildad, en pequeñez ante Dios, en serenidad para afrontar los momentos duros que nos pida vivir el Señor.
Comenzar el Año hablando con María y pidiéndole que nos ayude a aprender de Ella, a descubrir el misterio de Su Inmaculado Corazon, es el deseo más hermoso para este Año, porque sólo ha sido una noche que pasó, pero el día continúa y la vida sigue su curso hacia la Vida, pero ya que hemos dado este paso de un 2015 a un 2016, que se note que hemos subido un escalón más en la hermosa escalera de la santidad.
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