Para iniciar este Viernes de Cuaresma es muy interesante lo que nos dice Dios por medio de Isaías:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso?; ¿mortificarnos, si tú no te fijas?"
Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad.
No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces".
Hay varias cosas para meditar en este pequeño párrafo. Por un lado hay una pregunta que todos nos hemos hecho y que muchos aún se hacen:
¿Para qué ayunar, si no haces caso? Es la pregunta que Dios ha escuchado de nuestra parte, que brota del corazón del hombre: ¿para qué hacer esto o aquello si Dios no nos escucha, no hace lo que queremos?
Creemos, muchas veces, que con nuestra oración (a veces en intensas novenas) o con nuestros ayunos (en lo que no siempre dejamos de comer, sino que reemplazamos una cosa por otra) o con nuestras sacrificios (en los cuales no dejamos nuestra vida) vamos a cambiar el Querer de Dios, le vamos a obligar a hacer milagros. Pero ese no es el sentido ni de la oración, ni del ayuno, ni de los sacrificios.
Ayunamos, oramos y ofrecemos sacrificios para, como dice San Pablo: llevar nuestra carne a la esclavitud del espíritu... porque no siempre hacemos lo que debemos sino lo que no queremos. A Dios no se lo conquista con oraciones, sacrificios y ayunos, sino que eso sirve para que nuestro espíritu se fortalezca y pueda tomar las decisiones correctas para que vivamos en Fidelidad a la Vida que hemos elegido: ser cristianos, alcanzar la santidad.
Por eso, nos dice el Padre: Mirad el día de ayuno buscáis vuestro interés... Si ayunamos que sea para modificar un aspecto en nuestra vida que no es el adecuado a alguien que quiere alcanzar la santidad. Si ayunamos es para fortalecernos espiritualmente para poder decirle que ¡Sí! al Padre en este situación o en esta otra, y no para que el Padre diga que Sí a lo que yo quiero. Si ayunamos es para dejar de generar discordias, para poder perdonar, para poder pedir perdón, para no levantar calumnias, para no ofender, para poder abrazar con amor la Cruz de cada día.
Y así el Padre, finaliza diciendo: No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces, porque a Dios se lo conquista con "un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias".
viernes, 20 de febrero de 2015
jueves, 19 de febrero de 2015
Es nuestra elección
Ya desde el comienzo del Pueblo de Israel, Dios ha dado libertad al hombre para elegir, lo ha enfrentado a su libre albedrío y le ha mostrado las consecuencias:
"Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal".
Y también, cuando vino el Hijo de Dios, antes de llamarnos e invitarnos a seguirlo, nos ha puesto la condición sin la cual no podíamos seguirlo, o, de otro modo, las consecuencias de aceptar la vida cristiana:
«El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
No tenemos ninguna obligación de ser cristianos, o católicos, o judíos, o musulmanes, o ateos. Son decisiones personales, libres y conscientes que tomamos, o deberíamos tomar en coherencia con lo que creemos, con lo que sentimos y con lo que queremos vivir o alcanzar.
Aunque lamentablemente, hoy, el término de libertad se ha tergiversado mucho, y mucho más el término coherencia, porque para ser coherente conmigo mismo tengo que ser incoherente con lo que creo, o mejor dicho, quiero vivir (sobre todo siendo cristiano) pero no quiero las obligaciones o el Camino que me marca Cristo. Por eso, en mi libertad, quiero recibir los derechos del cristiano pero no quiero las obligaciones cristianas.
Por eso, en este tiempo de Cuaresma que ayer hemos comenzado, hemos de reflexionar mucho sobre cuál ha sido y debe ser mi decisión, cómo ha sido y cómo debe ser mi vida cristiana. Porque Jesús antes de decirle a la gente si quería seguirlo le mostró lo que iba a tener que Él mismo tendría que vivir:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
No podemos decir que nos mintiera cuando nos llamó a seguirle. No podemos decir que no nos dejó claro cómo vivir. No podemos decir que no está escrito lo que Dios quiere que vivamos si elegimos ser sus hijos.
Pero sí podemos decir que no lo hemos escuchado para saber qué y cómo vivir. Hemos cerrado nuestros oídos a Sus Palabras y por eso creemos que podemos cambiarlas, pero ya lo dijo el mismo Jesús:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos".
Este es un tiempo para meditar si estamos dispuestos a ser Fieles a la Vida que Dios nos invita a vivir o si, mejor, tomamos nuestro propio camino. En nosotros está la decisión.
"Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal".
Y también, cuando vino el Hijo de Dios, antes de llamarnos e invitarnos a seguirlo, nos ha puesto la condición sin la cual no podíamos seguirlo, o, de otro modo, las consecuencias de aceptar la vida cristiana:
«El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
No tenemos ninguna obligación de ser cristianos, o católicos, o judíos, o musulmanes, o ateos. Son decisiones personales, libres y conscientes que tomamos, o deberíamos tomar en coherencia con lo que creemos, con lo que sentimos y con lo que queremos vivir o alcanzar.
Aunque lamentablemente, hoy, el término de libertad se ha tergiversado mucho, y mucho más el término coherencia, porque para ser coherente conmigo mismo tengo que ser incoherente con lo que creo, o mejor dicho, quiero vivir (sobre todo siendo cristiano) pero no quiero las obligaciones o el Camino que me marca Cristo. Por eso, en mi libertad, quiero recibir los derechos del cristiano pero no quiero las obligaciones cristianas.
Por eso, en este tiempo de Cuaresma que ayer hemos comenzado, hemos de reflexionar mucho sobre cuál ha sido y debe ser mi decisión, cómo ha sido y cómo debe ser mi vida cristiana. Porque Jesús antes de decirle a la gente si quería seguirlo le mostró lo que iba a tener que Él mismo tendría que vivir:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
No podemos decir que nos mintiera cuando nos llamó a seguirle. No podemos decir que no nos dejó claro cómo vivir. No podemos decir que no está escrito lo que Dios quiere que vivamos si elegimos ser sus hijos.
Pero sí podemos decir que no lo hemos escuchado para saber qué y cómo vivir. Hemos cerrado nuestros oídos a Sus Palabras y por eso creemos que podemos cambiarlas, pero ya lo dijo el mismo Jesús:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos".
Este es un tiempo para meditar si estamos dispuestos a ser Fieles a la Vida que Dios nos invita a vivir o si, mejor, tomamos nuestro propio camino. En nosotros está la decisión.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Un hermoso tiempo: cuaresma
Cuaresma un hermoso tiempo en nuestras vidas cristianas.
Sí, me parece que tiene que ser un hermoso tiempo para nuestros corazones, porque es en el silencio del diálogo íntimo y sincero con nuestro Padre, en el que podemos abrirnos a su Gracia y descubrir lo que daña nuestra alma y nuestra entrega.
Un tiempo hermoso porque cada día podemos descubrir la suavidad de Su Mano que viene a purificar y limpiar nuestra vida opacada por nuestro pecado, y darnos el brillo nuevo del Espíritu que cada día nos despierta a la Fidelidad de la Vida.
Un tiempo hermoso en el que el esfuerzo constante por descubrir y vivir Su Voluntad es un Camino de Cruz que nos lleva a la Resurrección y a la Vida, para que todo aquello que nos había quitado alegría, esperanza, fe y amor comience a retornar a nuestro corazón.
Un tiempo hermoso en el que todo nos invita a volver a Dios, a volver a reencontrarnos con un Padre que nos ha amado tanto que envió a Su Hijo Único para mostrar el Camino de retorno a la Vida.
Un tiempo hermoso en el que cada día, desde el silencio y la oración, podemos adentrarnos en el desierto de nuestra vida para volver a experimentar las caricias de Aquél que en desierto me sedujo con Su Amor.
Un tiempo hermoso en el que cada sacrificio se torno gozo, en el que cada ayuno se convierte en Gracia, en el que cada acto de misericordia se transforma en aire nuevo que hace florecer el gozo de creer, que fortalece la alegría de la fe y da motivos de esperanza a aquellos que la han perdido.
Un tiempo hermoso para vivirlo con mucha intensidad, para que cada día limpiemos el corazón y el alma de tantas sombras de rencores, de dudas, de dolor, de agobios, de desencuentros, de mentiras, de vanidades, de egoísmos; de tanta levadura farisaica y herodiana que se ha ido acumulando en los rincones de nuestra vida y que, muchas veces, no nos permiten amar, servir, vivir.
Dejemos que en este hermoso tiempo de Cuaresma Dios nos susurre en el silencio del desierto cuánto nos Ama, para que nos dejemos seducir y podamos volver, como el Hijo Pródigo a la Casa Paterna, al Encuentro con mi Dios y Señor, y abrazado por su Infinito Amor pueda, al final del Camino, resucitar a una Vida Nueva llena de la Luz y de la Paz del Espíritu que Su Hijo nos entregó.
Sí, me parece que tiene que ser un hermoso tiempo para nuestros corazones, porque es en el silencio del diálogo íntimo y sincero con nuestro Padre, en el que podemos abrirnos a su Gracia y descubrir lo que daña nuestra alma y nuestra entrega.
Un tiempo hermoso porque cada día podemos descubrir la suavidad de Su Mano que viene a purificar y limpiar nuestra vida opacada por nuestro pecado, y darnos el brillo nuevo del Espíritu que cada día nos despierta a la Fidelidad de la Vida.
Un tiempo hermoso en el que el esfuerzo constante por descubrir y vivir Su Voluntad es un Camino de Cruz que nos lleva a la Resurrección y a la Vida, para que todo aquello que nos había quitado alegría, esperanza, fe y amor comience a retornar a nuestro corazón.
Un tiempo hermoso en el que todo nos invita a volver a Dios, a volver a reencontrarnos con un Padre que nos ha amado tanto que envió a Su Hijo Único para mostrar el Camino de retorno a la Vida.
Un tiempo hermoso en el que cada día, desde el silencio y la oración, podemos adentrarnos en el desierto de nuestra vida para volver a experimentar las caricias de Aquél que en desierto me sedujo con Su Amor.
Un tiempo hermoso en el que cada sacrificio se torno gozo, en el que cada ayuno se convierte en Gracia, en el que cada acto de misericordia se transforma en aire nuevo que hace florecer el gozo de creer, que fortalece la alegría de la fe y da motivos de esperanza a aquellos que la han perdido.
Un tiempo hermoso para vivirlo con mucha intensidad, para que cada día limpiemos el corazón y el alma de tantas sombras de rencores, de dudas, de dolor, de agobios, de desencuentros, de mentiras, de vanidades, de egoísmos; de tanta levadura farisaica y herodiana que se ha ido acumulando en los rincones de nuestra vida y que, muchas veces, no nos permiten amar, servir, vivir.
Dejemos que en este hermoso tiempo de Cuaresma Dios nos susurre en el silencio del desierto cuánto nos Ama, para que nos dejemos seducir y podamos volver, como el Hijo Pródigo a la Casa Paterna, al Encuentro con mi Dios y Señor, y abrazado por su Infinito Amor pueda, al final del Camino, resucitar a una Vida Nueva llena de la Luz y de la Paz del Espíritu que Su Hijo nos entregó.
martes, 17 de febrero de 2015
Levadura buena o mala?
Jesús les recomendó: -«Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.»
Ellos comentaban: -«Lo dice porque no tenemos pan.»
En este pequeño párrafo hay dos cosas que me llaman la atención. La primera es que los apóstoles, cuando Jesús les habla de la levadura de los fariseos y de Herodes, se creen que lo dice porque no tienen pan. No piensan en un más allá de lo que está diciendo, que no le preocupa si hay pan o no hay pan, sino que quiere mostrar cuál es el rol de los fariseos y de Herodes, y qué es lo que ellos pueden hacer. No se ponen a pensar en lo que con esa frase está queriendo decir. Y al quedarse con lo material, con lo cercano, se pierden de aprender, de descubrir el verdadero valor de las palabras que Jesús está diciendo. Es decir no podemos, más de una vez, ver la Voluntad de Dios porque nos quedamos con lo urgente del día, y creemos que indirectamente nos está mostrando un error, cuando en realidad quiere que miremos más allá de nuestras necesidades.
Por que Jesús mismo nos llama y nos dice: sois la levadura en la masa. Y por eso mismo hemos de tener en cuenta qué levadura usamos para la masa, porque hay levaduras buenas y levaduras malas. Si usamos una levadura buena tendremos una buena y abundante masa, y si no lo contrario.
Las dos levaduras de las que habla Jesús fermentan siempre la masa, pero quiere que veamos que la de Herodes es la maldad que puede conquistar la vida de los demás; la de los Fariseos que no hacen lo que predican, en cambio la buena levadura que es el Espíritu Santo es la que comparte la Gracia del Padre para que alcancemos la santidad y construyamos el Reino de los Cielos en la tierra.
Nosotros, no por nosotros mismos sino por el Espíritu que dejamos actuar en nuestra vida, somos la buena levadura. Pero por eso mismo tenemos que tener en cuenta en dónde y con qué alimentamos nuestra vida. Hoy en día son muchos los cristianos que no alimentan sus vidas con el Espíritu Santo, sino que se dejan convencer de otras ciencias y creencias, y así se van transformando en mala levadura, y contagian con sus palabras a otros que buscan con sinceridad el Camino del Señor.
Dios nos está mostrando, día a día, que la levadura de los fariseos y de Herodes se va mezclando en nuestras vidas, y los frutos de esa levadura lo tenemos delante de nuestras narices. Y esa realidad está reclamando de nosotros una respuesta rápida y concreta ¿cómo responderemos? ¿Seguiremos permitiendo que esa levadura invada el mundo? O tomaremos las riendas de nuestras vidas y dejaremos que el Espíritu Santo transformándonos con sus dones nos haga buena levadura que de vida nueva a esta masa?
No nos quedemos, como los apóstoles, viendo o doliéndonos por que no tenemos pan, sino busquemos la Verdad porque ella es el Camino que nos da Vida Verdadera, y así podemos darle Nueva Vida a nuestro mundo.
Ellos comentaban: -«Lo dice porque no tenemos pan.»
En este pequeño párrafo hay dos cosas que me llaman la atención. La primera es que los apóstoles, cuando Jesús les habla de la levadura de los fariseos y de Herodes, se creen que lo dice porque no tienen pan. No piensan en un más allá de lo que está diciendo, que no le preocupa si hay pan o no hay pan, sino que quiere mostrar cuál es el rol de los fariseos y de Herodes, y qué es lo que ellos pueden hacer. No se ponen a pensar en lo que con esa frase está queriendo decir. Y al quedarse con lo material, con lo cercano, se pierden de aprender, de descubrir el verdadero valor de las palabras que Jesús está diciendo. Es decir no podemos, más de una vez, ver la Voluntad de Dios porque nos quedamos con lo urgente del día, y creemos que indirectamente nos está mostrando un error, cuando en realidad quiere que miremos más allá de nuestras necesidades.
Por que Jesús mismo nos llama y nos dice: sois la levadura en la masa. Y por eso mismo hemos de tener en cuenta qué levadura usamos para la masa, porque hay levaduras buenas y levaduras malas. Si usamos una levadura buena tendremos una buena y abundante masa, y si no lo contrario.
Las dos levaduras de las que habla Jesús fermentan siempre la masa, pero quiere que veamos que la de Herodes es la maldad que puede conquistar la vida de los demás; la de los Fariseos que no hacen lo que predican, en cambio la buena levadura que es el Espíritu Santo es la que comparte la Gracia del Padre para que alcancemos la santidad y construyamos el Reino de los Cielos en la tierra.
Nosotros, no por nosotros mismos sino por el Espíritu que dejamos actuar en nuestra vida, somos la buena levadura. Pero por eso mismo tenemos que tener en cuenta en dónde y con qué alimentamos nuestra vida. Hoy en día son muchos los cristianos que no alimentan sus vidas con el Espíritu Santo, sino que se dejan convencer de otras ciencias y creencias, y así se van transformando en mala levadura, y contagian con sus palabras a otros que buscan con sinceridad el Camino del Señor.
Dios nos está mostrando, día a día, que la levadura de los fariseos y de Herodes se va mezclando en nuestras vidas, y los frutos de esa levadura lo tenemos delante de nuestras narices. Y esa realidad está reclamando de nosotros una respuesta rápida y concreta ¿cómo responderemos? ¿Seguiremos permitiendo que esa levadura invada el mundo? O tomaremos las riendas de nuestras vidas y dejaremos que el Espíritu Santo transformándonos con sus dones nos haga buena levadura que de vida nueva a esta masa?
No nos quedemos, como los apóstoles, viendo o doliéndonos por que no tenemos pan, sino busquemos la Verdad porque ella es el Camino que nos da Vida Verdadera, y así podemos darle Nueva Vida a nuestro mundo.
lunes, 16 de febrero de 2015
Responsable de mi hermano?
El Señor dijo a Caín: - “¿Dónde está Abel, tu hermano?”
Respondió Caín: - “No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano? “
El Señor le replicó: -“¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra".
Desde el primer momento Dios nos hace responsable de la vida de nuestros hermanos, no sólo de los de nuestra sangre, sino de todos los que han recibido el Espíritu de hijos y con los que tenemos un mismo Padre en el Cielo. No debemos desentendernos de la vida de nuestros hermanos, porque, como dice Dios: "su sangre clama al cielo".
Pero también es cierto que muchas veces somos nosotros mismos quienes clamamos porque nuestros hermanos se desentienden de nosotros, pues no nos gusta que no nos presten atención, que nos nieguen el saludo, que no nos llamen, no nos escuchen, no nos vengan a visitar. Y ¿acaso no somos nosotros responsables de cómo nos tratan nuestros hermanos? Porque, a veces, lo que los demás hacen con nosotros es porque nosotros lo hemos hecho con ellos, o, mejor dicho, no lo hemos hecho. Pues para quejarnos somos niños pequeños que nos gusta quejarnos de todo, pero poco hacemos por los demás.
Y, un poco en este sentido va el enfado de Jesús por los fariseos de su tiempo, pues aunque veían los signos y milagros que Jesús hacía, aún tenían el valor de pedirle un signo del Cielo, que Cielo haga algo que demuestre que Él era Dios.
Por suerte Jesús les respondió cortito, y se fue, porque la respuesta habría sido demasiado dura para nuestros. Aunque, también es cierto, que cuando nos dejan sin respuestas, o mejor dicho, cuando no nos responden nada siendo que esperábamos una buena respuesta nos deja con más angustia, porque no hemos podido contestar a su respuesta.
Hay veces que no vale la pena contestar, porque ya todo está dicho, y, si quieres entender lo podrás entender, si quieres creer lo podrás hacer, si quieres amar lo puedes hacer; no le pidas un gesto más de amor, sino primero ama tú, comienza tú el camino de amar: "lo que quieras que hagan contigo hazlo tú primero con los demás", no te quedes esperando que todos vengan a tí, porque tú también eres responsable de la vida de tus hermanos, no sólo ellos de tu vida.
Respondió Caín: - “No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano? “
El Señor le replicó: -“¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra".
Desde el primer momento Dios nos hace responsable de la vida de nuestros hermanos, no sólo de los de nuestra sangre, sino de todos los que han recibido el Espíritu de hijos y con los que tenemos un mismo Padre en el Cielo. No debemos desentendernos de la vida de nuestros hermanos, porque, como dice Dios: "su sangre clama al cielo".
Pero también es cierto que muchas veces somos nosotros mismos quienes clamamos porque nuestros hermanos se desentienden de nosotros, pues no nos gusta que no nos presten atención, que nos nieguen el saludo, que no nos llamen, no nos escuchen, no nos vengan a visitar. Y ¿acaso no somos nosotros responsables de cómo nos tratan nuestros hermanos? Porque, a veces, lo que los demás hacen con nosotros es porque nosotros lo hemos hecho con ellos, o, mejor dicho, no lo hemos hecho. Pues para quejarnos somos niños pequeños que nos gusta quejarnos de todo, pero poco hacemos por los demás.
Y, un poco en este sentido va el enfado de Jesús por los fariseos de su tiempo, pues aunque veían los signos y milagros que Jesús hacía, aún tenían el valor de pedirle un signo del Cielo, que Cielo haga algo que demuestre que Él era Dios.
Por suerte Jesús les respondió cortito, y se fue, porque la respuesta habría sido demasiado dura para nuestros. Aunque, también es cierto, que cuando nos dejan sin respuestas, o mejor dicho, cuando no nos responden nada siendo que esperábamos una buena respuesta nos deja con más angustia, porque no hemos podido contestar a su respuesta.
Hay veces que no vale la pena contestar, porque ya todo está dicho, y, si quieres entender lo podrás entender, si quieres creer lo podrás hacer, si quieres amar lo puedes hacer; no le pidas un gesto más de amor, sino primero ama tú, comienza tú el camino de amar: "lo que quieras que hagan contigo hazlo tú primero con los demás", no te quedes esperando que todos vengan a tí, porque tú también eres responsable de la vida de tus hermanos, no sólo ellos de tu vida.
domingo, 15 de febrero de 2015
Consagrados por el bautismo
Dice San Pablo a los Corintios:
"Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios".
Es el sentido de nuestra consagración bautismal, toda nuestra vida es de Dios, para Dios y con Dios, por eso cada una de los cosas que hacemos debemos hacerla para gloria de Dios. Y no porque Dios necesite que nosotros lo glorifiquemos, sino porque glorificándolo todo lo que hacemos redunda en Gracia para nosotros o para quien nosotros lo ofrezcamos.
El sentido de una vida consagrada a Dios es poder vivir para Él, para que, como Jesús, nuestra vida sea (aunque pequeño) complemente para Su Plan de Salvación de los hombres.
"Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia", le dice San Pablo a los Colosenses.
Si éste es el sentido que le damos a nuestros sufrimientos, por qué no dárselo también a todo lo que hagamos en nuestra vida. Santa Teresita de Lisieux en su Caminito de perfección va a decir que:
"Sí, Amado mío, así es como se consumirá mi vida… No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor…
Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor".
Todo (menos el pecado) sirve para nuestra santidad y para la salvación de las almas, por eso tenemos que ser más conscientes de nuestra consagración bautismal, porque no sólo las monjas y los curas, pueden rezar y ofrecer sus cosas a Dios, sino que todos los que estamos bautizados estamos consagrados a Dios y somos instrumentos de salvación, gracias a Jesús, para el mundo.
Por lo mismo, agrega San Pablo:
"No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo".
Nuestra vida cristiana nos expone (lo queramos o no) a los ojos del mundo, y el mundo nos juzga, nos mira y si le gusta lo que vivimos acepta lo que le proponemos o no. Nuestra vida, toda nuestra vida, es un espejo de lo que anhelamos vivir.
No dudemos de aquél llamado que nos hizo Jesús:
"vosotros sois la luz del mundo... vosotros sois la sal de la tierra..."
Él confía en nosotros, confiemos nosotros en Su Amor y llenemos el mundo con los pétalos derramados e inundémoslo con el hermoso perfume de la santidad.
"Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios".
Es el sentido de nuestra consagración bautismal, toda nuestra vida es de Dios, para Dios y con Dios, por eso cada una de los cosas que hacemos debemos hacerla para gloria de Dios. Y no porque Dios necesite que nosotros lo glorifiquemos, sino porque glorificándolo todo lo que hacemos redunda en Gracia para nosotros o para quien nosotros lo ofrezcamos.
El sentido de una vida consagrada a Dios es poder vivir para Él, para que, como Jesús, nuestra vida sea (aunque pequeño) complemente para Su Plan de Salvación de los hombres.
"Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia", le dice San Pablo a los Colosenses.
Si éste es el sentido que le damos a nuestros sufrimientos, por qué no dárselo también a todo lo que hagamos en nuestra vida. Santa Teresita de Lisieux en su Caminito de perfección va a decir que:
"Sí, Amado mío, así es como se consumirá mi vida… No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor…
Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor".
Todo (menos el pecado) sirve para nuestra santidad y para la salvación de las almas, por eso tenemos que ser más conscientes de nuestra consagración bautismal, porque no sólo las monjas y los curas, pueden rezar y ofrecer sus cosas a Dios, sino que todos los que estamos bautizados estamos consagrados a Dios y somos instrumentos de salvación, gracias a Jesús, para el mundo.
Por lo mismo, agrega San Pablo:
"No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo".
Nuestra vida cristiana nos expone (lo queramos o no) a los ojos del mundo, y el mundo nos juzga, nos mira y si le gusta lo que vivimos acepta lo que le proponemos o no. Nuestra vida, toda nuestra vida, es un espejo de lo que anhelamos vivir.
No dudemos de aquél llamado que nos hizo Jesús:
"vosotros sois la luz del mundo... vosotros sois la sal de la tierra..."
Él confía en nosotros, confiemos nosotros en Su Amor y llenemos el mundo con los pétalos derramados e inundémoslo con el hermoso perfume de la santidad.
sábado, 14 de febrero de 2015
Más allá de los enamorados
Cuando el amor aparece en la vida de una persona no hace falta que lo obliguen a anunciarlo, porque todo su ser anuncia que se ha enamorado: su mirada, sus palabras, sus gestos, todo habla de la alegría del amor que ha tocado su corazón. No hay palabras que puedan describir esa sensación, porque cada uno lo vive de un modo diferente, pero lo que es seguro que el Amor Verdadero cambia a la persona, y se entrega por completo a vivirlo en intensidad.
Ese fue el Amor que tocó el corazón de los apóstoles, ese fue el Amor que tocó el corazón de los santos y los mártires, porque el Amor llega a nuestra vida en el momento en que la nacemos a la vida. Y se hace pleno el día que recibimos el Espíritu de Amor que nos devuelve la filiación divina y comenzamos a llamar ¡Abba! ¡Padre! a nuestro Dios.
Son los primeros pasos del amor, un amor que se va haciendo vida en nuestras primeras relaciones con nuestros padres, con nuestros hermanos. Un amor que se hace alegría con nuestros primeros amigos.
El Amor forma parte de nuestra vida como el aire que necesitamos cada día para vivir, porque es el Amor el que nos impulsa a descubrirnos amados y amantes. Por eso es que cada día hemos de darle el lugar que se merece, debemos llenar el Amor con todo el sentido que tiene y no dejarlo vacío para expresar sólo necesidades fisiológicas del hombre.
Es el amor el que sana heridas, es el amor el que fortalece la vida, es el amor el que enciende corazones, es el amor el motor de la paz, de la unidad, del respeto, de la alegría, mantengámoslo vivo, mantengámoslo puro como el Amor Primero que creó que todas las cosas y nos llamó a la Vida.
Sí, hoy es el día de los enamorados, de las parejas, pero también dejemos lugar para el Amor Total, para el Amor Puro que torna los corazones de los varones y de las mujeres permeables a una nueva realidad, a una realidad que no se ve pero que cambia la vida, a una realidad que no se toca pero que empuja los corazones a un deseo de plenitud, a una realidad que no se entiende pero que motiva cada día para seguir adelante, para alcanzar lo inalcanzable, para vivir lo que nunca pensamos que podíamos llegar a vivir.
Por eso no dejemos que el Amor pierda sentida, que pierda fuerza, que pierda pureza, no dejemos que el Amor deje de perder la pasión porque es lo que mantiene encendida la llama que ilumina la oscuridad de las tinieblas y sostiene la entrega de los que Fieles al Amor Primero ofrecieron sus vidas para alcanzar una meta más alta: una familia, una consagración, es decir un camino de santidad al que hemos sido llamado por el Amor Eterno.
Ese fue el Amor que tocó el corazón de los apóstoles, ese fue el Amor que tocó el corazón de los santos y los mártires, porque el Amor llega a nuestra vida en el momento en que la nacemos a la vida. Y se hace pleno el día que recibimos el Espíritu de Amor que nos devuelve la filiación divina y comenzamos a llamar ¡Abba! ¡Padre! a nuestro Dios.
Son los primeros pasos del amor, un amor que se va haciendo vida en nuestras primeras relaciones con nuestros padres, con nuestros hermanos. Un amor que se hace alegría con nuestros primeros amigos.
El Amor forma parte de nuestra vida como el aire que necesitamos cada día para vivir, porque es el Amor el que nos impulsa a descubrirnos amados y amantes. Por eso es que cada día hemos de darle el lugar que se merece, debemos llenar el Amor con todo el sentido que tiene y no dejarlo vacío para expresar sólo necesidades fisiológicas del hombre.
Es el amor el que sana heridas, es el amor el que fortalece la vida, es el amor el que enciende corazones, es el amor el motor de la paz, de la unidad, del respeto, de la alegría, mantengámoslo vivo, mantengámoslo puro como el Amor Primero que creó que todas las cosas y nos llamó a la Vida.
Sí, hoy es el día de los enamorados, de las parejas, pero también dejemos lugar para el Amor Total, para el Amor Puro que torna los corazones de los varones y de las mujeres permeables a una nueva realidad, a una realidad que no se ve pero que cambia la vida, a una realidad que no se toca pero que empuja los corazones a un deseo de plenitud, a una realidad que no se entiende pero que motiva cada día para seguir adelante, para alcanzar lo inalcanzable, para vivir lo que nunca pensamos que podíamos llegar a vivir.
Por eso no dejemos que el Amor pierda sentida, que pierda fuerza, que pierda pureza, no dejemos que el Amor deje de perder la pasión porque es lo que mantiene encendida la llama que ilumina la oscuridad de las tinieblas y sostiene la entrega de los que Fieles al Amor Primero ofrecieron sus vidas para alcanzar una meta más alta: una familia, una consagración, es decir un camino de santidad al que hemos sido llamado por el Amor Eterno.
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