domingo, 7 de diciembre de 2014

Nace Jesús o Papá Noel?

"Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: 'Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."
¿Cómo preparamos el camino para la llegada del Señor? Allanando sus senderos, despejándolos de todo aquello que nos impide ver al Señor.
Anoche, en la homilía, me acordé que hace unos días le preguntaba a un grupo de niños: ¿qué celebramos en Navidad? Y con toda la ingenuidad del mundo, respondieron: la llegada de Papá Noel.
Una respuesta totalmente acertada para una generación que ha nacido sin una educación claramente cristiana, sino que han sido formado en un cristianismo comercial. Sí, porque todo lo que, mayormente, vemos es que en Navidad hay que escribirla la carta a Papá Noel, que Papá Noel esto, que Papá Noel lo otro... Y... ¿nació Papá Noel en Navidad? ¿Papá Noel vino para salvarnos del pecado y de la muerte eterna? ¿Papá Noel entregó su vida en la Cruz por nosotros?
Y, desde ahí tenemos que empezar a allanar los caminos para que nazca el Señor. ¿Cómo entender el sentido de la Navidad si dejamos que lo comercial tape lo espiritual? Y descubrimos así que esa es la punta del iceberg de un cristianismo pagano, porque hemos olvidado el centro de nuestra fe, hemos dejado que "el todos los hacen", se apodere de la esencia de una Fiesta: la Fiesta de la Vida, que es la Navidad.
¿Y ahora cómo desterramos de nuestras familias ese personaje que oculta el verdadero sentido de la Navidad? ¿Cómo hacemos para que vuelvan los verdaderos sentimientos navideños a nuestros hogares, a nuestro corazón?
Todo es posible si lo que realmente queremos es encontrar el Camino hacia la Felicidad, hacia la Paz, hacia el Amor. Porque sabemos que el Niño que Nace en un pesebre es Dios-con-nosotros, el Emmanuel que viene a darnos Vida Nueva, que viene a rescatarnos del peso del pecado del hombre, y a ayudarnos a vivir como hijos de Dios.
Por eso, y porque el Señor nos lo pide: allanemos el camino para que sea Él quien nazca en esta Navidad, que el hombrecito de rojo no nos quite lo más valioso de la Navidad, porque perderemos el sentido de lo que festejamos, de lo que celebramos, de lo que creemos: no dejemos que nos roben la Navidad, sino robemos la Navidad para que vuelva a tener su valor original: el Nacimiento de Jesús en el portal de Belén, Dios que se hace hombre para que los hombres seamos hijos de Dios

sábado, 6 de diciembre de 2014

Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis

El Evangelio de hoy finaliza diciendo:
"Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
¿Qué es lo que hemos recibido gratis? Para muchos todo lo que se tienes es porque se lo ha ganado, porque para muchos "querer es poder", y todo la vida se la ha pasado trabajando para tener lo que tiene.
Pero, se olvidan de lo que se tiene es porque antes se nos han dado muchas cosas de manera gratuita. ¿Quién ha pedido recibir la propia vida? ¿Quién me ha dado la Gracia de ser Hijo de Dios, y cuanto me ha costado? ¿Cuánto he pagado para tener inteligencia, uso de razón, el Don de la Fe, la Esperanza y el Amor? ¿Cuánto me he esforzado por tener despejado el Camino hacia la Vida Eterna?
Si miramos bien en nuestra vida vamos a encontrar demasiadas cosas que nos han sido regaladas, partiendo del Don de la Vida, todo lo que necesito para vivirla me ha sido regalado, incluso la fuerza para haber conseguido lo que he logrado.
Y ¿cuánto le entrego día a día a mi Dios y Señor? ¿Soy agradecido con lo que me ha dado? Pero no basta para ser agradecido decir ¡Gracias, Señor! sino que para Dios ser agradecido significa vivir en Su Gracia, buscar cada día Su Voluntad y vivirla. Y, cuanto más vivo en Él, más Gracia recibo para seguir siendo Fiel, para alcanzar aquello que Él me ha prometido.
Por eso, cuando Jesús me pide que le entregue mi vida no es para quitármela, sino para renovarla con Su Gracia y para que siga creciendo día a día, en aquello que Él mismo me ha regalado, y me sigue reglando día a día. ¿Cuáles son los Dones de Dios que yo puedo conseguir con mi sólo esfuerzo, con el sólo trabajo? Ninguno, porque los Dones que necesito vienen de Dios y Él sólo los da a aquellos que "buscan el Reino de Dios y su justicia", que buscan un Camino en santidad que los mantenga en Su Gracia y vivan según Su Palabra.
Quién ha descubierto en su vida la Mano del Padre, quien realmente es agradecido por lo que día a día recibe, no sólo da a manos llenas alegría, gozo, paz, esperanza, consuelo, amor, sino que cuanto más entrega más recibe y nunca quedará defraudado porque sabe que nada de lo que está entregando le pertenece, sino que sólo somos instrumentos que cuanto más se nos utiliza, por parte de Dios, más gozo recibe nuestra alma y más Gracias se nos entrega, para que cada día aumente nuestra Fidelidad y entrega.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Deja un momento lo que estás haciendo

Preparemos los caminos
-ya se acerca el Salvador-
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.

Hoy, en el oficio de lectura hay un texto de San Anselmo, del Proslogion, y comienza diciendo:
"Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en tí mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro".
Una hermosa invitación en esta época del año, porque ya comienzan las prisas, los apuros, los agobios. Y en tantas prisas, nos olvidamos de lo que hemos de hacer antes que nada: encontrarnos con Dios para descansar en Él y escuchar Su Palabra para saber cuál es Su Voluntad.
Claro, estamos cerca de la Navidad; cerca de volver a encontrarnos con el mayor y mejor regalo que Dios nos ha hecho: Su Hijo Único que nace de mujer para que nosotros nazcamos a Dios. Y ¿no te parece que eso merece una preparación mejor?
Sí, claro, todo es necesario: preparar la casa, comprar los regalos, pensar en la comida ¡y tantas cosas más! Pero no nos olvidemos que la casa que tenemos que preparar es nuestro corazón, porque siempre es esa Casa la dejamos de lado y por eso no llega a nacer el Niño en nosotros. Y así, se nos pasa el Adviento sin haber disfrutado de la Espera, sin haber sentido el gozo de esperar al que va a venir, y así no nos alegramos tanto porque ha venido.
Más de una vez hemos sentido la ausencia de Dios. Más de una vez hemos experimentado que Él no está, no nos escucha, no lo podemos sentir, no lo tenemos cerca... Pero... no será porque no lo buscamos, porque no dejamos de hacer tantas cosas "importantes" para encontrarle...
San Anselmo termina este texto diciendo:
"Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré".
San Anselmo pone en nuestros labios ese deseo y esas palabras, pero también pueden ser los deseos y las palabras de Dios Padre, porque también Él muchas veces está buscándonos y no dejamos que nos encuentre. ¿Será este el tiempo de dejarnos encontrar por Dios y encontrándonos con Él dejar que nos ame como sólo Él sabe amar?

jueves, 4 de diciembre de 2014

Hombres nuevos

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

Ya el profeta Isaías nos pedía y nos decía:
"Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»
Nos pedía confianza en el Señor, porque el Señor es quien sostiene nuestra vida, el Señor es la Roca sólida y segura desde la cual comenzar a construir nuestra vida, nuestra persona; y, desde nosotros nuestra sociedad.
Porque la construcción de una sociedad sana, justa y fraterna se construye con cimientos sólidos y firmes, y esos cimientos de la sociedad somos cada uno de nosotros. Si, la sociedad que tanto queremos aquella en la que no haya injusticias, crímenes, una sociedad en la que hay orden, paz, bienestar; esa sociedad depende de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros somos esa sociedad, somos esa familia, esa ciudad, ese país, este mundo.
Hoy cuando vemos nuestro mundo y nos duele la situación que se esta viviendo, cuando escuchamos mi que sucede en nuestro pueblo o ciudad, cuando sufrimos por lo que acontece en nuestra familia... Si, de eso hay una parte que aportamos cada uno de nosotros, porque lo que hoy sucede es el resultado de nuestras decisiones de ayer, de lo que hemos vivido y de como hemos respondido a nuestro compromiso con nuestra familia, nuestra sociedad.
Los que participamos del Don de la Fe en Jesucristo, somos Iglesia, somos las "piedras vivas" que forman la Iglesia de Cristo, su Cuerpo Místico, por eso también nuestra respuesta a Dios, nuestro dejarnos guiar por El, hace que la Iglesia sea mejor o peor, que de testimonio de vida o no.
Por eso, en esta primera semana de adviento Jesus nos llama a pensar en donde hemos puesto los cimientos de este edificio que es nuestra persona, como hombres (varones o mujeres), hijos de Dios que desde la fe recibida el día del bautismo están llamados a construir la Iglesia, Pueblo de Dios, que lleve al mundo el mensaje de un Hombre Nuevo, que vive en fidelidad al Señor, y que, con su Gracia es instrumento de transformación de la sociedad.
Somos sembradores de esperanza, la esperanza que nos trajo un Niño que nació en un portal, ,a esperanza que nos trajo Jesus cuando salió del sepulcro y nos envió, con una vida nueva, a hacer nuevas todas las cosas comenzando por. U estro corazón.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Entregar todo al Señor

Apenas pisando el adviento el evangelio nos trae una misión: saciar el hambre de la gente
«Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Y quizás, nosotros como los apóstoles, no sepamos cómo hacerlo, pues no vemos la solución para semejante mal. Hay mucha gente con hambre, hay muchas gentes que sufren necesidades. Y por eso Jesús nos vuelve a preguntar:
-«¿Cuántos panes tenéis?»
No para saber si tenemos suficientes, sino para saber si estamos dispuestos a entregar lo poco que tenemos, porque Él con nuestro poco puede hacer grandes milagros.
Pero, es lo que falta en el mundo, en la mayoría de los que integramos este mundo maravilloso: generosidad en la entrega, disponibilidad en el servicio, confianza en la obediencia. Porque el Padre le ha dado a nuestra vida mucho más que siete panes, nos "ha bendecido con toda clase de bienes espirituales" y son esos bienes los 7 panes que tenemos que entregarle a Jesús para que los haga multiplicar, para que nos haga instrumentos capaces de saciar el hambre del mundo.
También es cierto que es Jesús quien nota el hambre de la gente, quien se da cuenta de lo que necesitamos, pues no siempre lo vemos. Estamos tan ensimismados con nuestras cosas que no nos damos cuenta de lo que necesitamos, de lo que tenemos y, menos aún, de lo que necesitan quienes están a mi lado.
Por esto también Adviento es un tiempo de esperanza, esperanza de que abramos los ojos a la realidad que nos circunda, a los que tenemos a nuestro lado, a sus necesidades, a sus deseos, pero sin perder de vista qué es lo que Dios nos está pidiendo a nosotros. A descubrir desde la Voluntad de Dios cómo tiene que ser nuestra entrega, cuándo tiene que ser y de qué modo,
Pero lo más importante es que con sinceridad y disponibilidad de corazón le digamos al Señor: sólo tenemos siete panes y dos peces, y dejemos todo en sus manos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Sabios en Dios

Ilumina el corazón,
quema de amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y yerros,

En la profecía de Isaías vemos la imagen de un universo armonioso, un mundo que todos anhelamos y que, todavía, no sabemos construir. No llegamos a construir la armonía en nuestra sociedad, a pesar de tantos avances científicos y tecnológicos, el hombre no puede encontrar la paz, y en su lugar halla la guerra.
Y es el mismo Isaías quien nos da el punto exacto para alcanzar la paz:
"No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar".
"La ciencia del Señor" llena el país, porque el hombre se ha dado cuenta que es la única ciencia que necesita, que necesita dejarse guiar por la sabiduría de Dios, porque la sabiduría humana es necedad, es vanidad, es egoísmo, para finalmente construir enemistad entre hermanos.
Y, si lo llevamos al plano más cercano a nosotros, cuando nos creemos más sabios o inteligentes que el que está a mi lado, comienzan las desaveniencias, los distanciamientos. Cuando en la familia, o en la comunidad, o en el trabajo, alguien quiere ser más que alguien, cuando alguien cree que "se las sabe todas", es ahí cuando se produce una animosidad que termina en un choque de "sabios", en un distanciamiento entre hermanos.
Por eso, en el Evangelio, nos habla de quiénes son los verdaderos sabios, o mejor dicho, cuál es el sello por el cual distinguimos a los verdaderos sabios, a aquellos que se han dejado iluminar por la ciencia de Dios:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".
Quien se cree sabio según la sabiduría humana enseguida se cree el dueño y señor de la verdad, su corazón se engríe y se cree señor y juez de vivos y muertos. Su corazón está lejos del Señor porque no está lleno de su misericordia, de su amor y en lugar de sembrar paz, fraternidad, alegría, siembra semillas de discordia, de tristezas, de luchas.
Quien ha podido alcanzar la sabiduría del Espíritu cada día crece más en su relación con Dios y con los hermanos, porque sabe que todo le ha sido dado y que es sólo un instrumento en manos del Señor, y que lo que el Espíritu le enseña es para ayudar a sus hermanos a encontrar los caminos hacia la paz, la fraternidad, el amor, que producen la alegría, el gozo y la armonía entre los hombres.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Me basta con tu palabra

Ven, Señor, no tardes,
ven, que te esperamos;
ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al Amor.

Cuando Jesús quiso ir a la casa del Centuríon para sanar a su criado, él le respondió:
 "Pero el centurión le replicó:
- «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo..."
Una frase que continuamente recitamos en la Misa antes de recibir la Comunión: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para salvarme.
Cuando Jesús escuchó esta respuesta de labios del centurión dijo a los que tenía a su alrededor:
«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe".
Y recién pensaba, ¿es así en nosotros? Cuando vamos a recibir la Eucaristía lo hacemos ¿por que?
En la frase del centurión se pueden ver dos afirmaciones muy hermosas. La primera es la conciencia de pecado, lo que lo indica porque sabía que como él era romano y además soldado, para los judíos era impuro, y no podía exigirle a un judío que entrara en su casa pues quedaría también impuro. Tiene necesidad de Jesús, pero no puede permitir que él se impurifique entrando en su casa y por eso pretende cuidarlo, que no se contamine con su impureza. Un actitud de reconocimiento y de comprensión de lo que Jesús, como judío, quiere vivir.
Pero además sabe que necesita de su presencia, y por eso puede hacer un salto enorme en la fe: "Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano". Sabe que una palabra basta para que llegue la vida a quien la necesita. Comprende que la obediencia a la palabra de un superior es suficiente cuando se cree y se confía en él. Esa es la actitud que asombra a Jesús, la fe y la obediencia.
Nosotros cuando decimos esta misma frase del centurión no creo que pensemos todas estas cosas, porque, generalmente, lo hacemos por rutina, como algo que toca en ese momento. Como sucedió este domingo en la lectura de la carta de San Pablo, cuando la gente oía el "la paz esté con vosotros" contestaba "y con tu espíritu". Sí, lamentablemente nos acostumbramos tanto a las Misas que ponemos el piloto automático y contestamos cuando escuchamos una frase parecida, sin ponernos a pensar o a vivir cada momento.
Y este momento antes de comulgar es uno de los más preciosos porque abre mi corazón y mi mente al misterio más grande de nuestra fe, recibir a Nuestro Dios y Señor y en el Pan de la Vida. Pero ¿para qué lo recibimos? ¿por qué lo recibimos? ¿Cómo lo recibimos? Como el centurión tengo conciencia de quién soy y de a Quién voy a recibir. Bastará en mi vida que una sola Palabra Él me diga para que yo obedezca...
No hagamos una rutina de lo más hermoso y extraordinario de nuestra fe. No seamos animalitos de costumbre que van siempre al mismo lugar, pero ya no saben por qué...