Sermón en Navidad de San León Magno, papa y doctor de la Iglesia
Aunque aquella infancia, que la majestad del Hijo de Dios se dignó hacer suya, tuvo como continuación la plenitud de una edad adulta, y, después del triunfo de su pasión y resurrección, todas las acciones de su estado de humildad, que el Señor asumió por nosotros, pertenecen ya al pasado, la festividad de hoy renueva ante nosotros los sagrados comienzos de Jesús, nacido de la Virgen María; de modo que, mientras adoramos el nacimiento de nuestro Salvador, resulta que estamos celebrando nuestro propio comienzo.
Efectivamente, la generación de Cristo es el comienzo del pueblo cristiano, y el nacimiento de la cabeza lo es al mismo tiempo del cuerpo.
Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.
Cualquier hombre que cree -en cualquier parte del mundo-, y se regenera en Cristo, una vez interrumpido el camino de su vieja condición original, pasa a ser un nuevo hombre al renacer; y ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios.
Pues si él no hubiera descendido hasta nosotros revestido de esta humilde condición, nadie hubiera logrado llegar hasta él por sus propios méritos
Por eso, la misma magnitud del beneficio otorgado exige de nosotros una veneración proporcionada a la excelsitud de esta dádiva. Y, como el bienaventurado Apóstol nos enseña, no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, a fin de que conozcamos lo que Dios nos ha otorgado; y el mismo Dios sólo acepta como culto piadoso el ofrecimiento de lo que os ha concedido.
Y qué podremos encontrar en el tesoro de la divina largueza tan adecuado al honor de la presente festividad como la paz, lo primero que los ángeles pregonaron en el nacimiento del Señor?
La paz es la que engendra los hijos de Dios, alimenta el amor y origina la unidad, es el descanso de los bienaventurados y la mansión de la eternidad. El fin propio de la paz y su fruto específico consiste en que se unan a Dios los que el mismo Señor separa del mundo.
Que los que no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios, ofrezcan, por tanto, al Padre la concordia que es propia de hijos pacíficos, y que todos los miembros de la adopción converjan hacia el Primogénito de la nueva creación, que vino a cumplir la voluntad del que le enviaba y no la suya: puesto que la gracia del Padre no adoptó como herederos a quienes se hallaban en discordia e incompatibilidad, sino a quienes amaban y sentían lo mismo. Los que han sido reformados de acuerdo con una sola imagen deben ser concordes en el espíritu.
El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz; y así dice el Apóstol: Él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, ya que, tanto los judíos como los gentiles, por su medio podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.
martes, 31 de diciembre de 2024
El nacimiento de la Paz
lunes, 30 de diciembre de 2024
El Verbo nos diviniza
Refutación de las herejías de San Hipólito, mártir
domingo, 29 de diciembre de 2024
Esperanza en la Familia
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todas esto en su corazón".
Este Domingo I de Navidad es, también, el día de la Sagrada Familia que nos invita a contemplar a Jesús, María y José, como el modelo de la familia cristiana, unidos en el Amor al Padre, y en fidelidad a Su Voluntad. Una familia extraordinaria y ejemplar y, aunque probablemente lo pensemos, es una familia que como nosotros ha vivido casi las mismas cosas: alegrías, tristezas, dolor, gozo, y tantas cosas que, en el camino de la fidelidad a Dios, han tenido que pasar desde Nazaret a la Cruz.
El Amor a Dios que unió sus vidas es el mismo Amor que ha sido derramado en nuestros corazones, por eso, no podemos quedarnos dejar de verlos como ejemplo para que, también nosotros, podamos encontrar y discernir el camino de nuestra propia vocación y camino de santidad.
También, en este Domingo, así como lo hiciera el Papa Francisco el 24 en Roma, se dará comienzo al Año Jubilar 2025 “Peregrinos de la Esperanza” en nuestra Diócesis de Albacete. Por tal motivo y para que comprendamos un poco más este tiempo extraordinario dentro de nuestra Iglesia, he extractado algunos párrafos de la Carta de convocatoria del Jubileo:
El Jubileo ha sido siempre un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia. Desde que Bonifacio VIII instituyó el primer Año Santo en 1300 —con cadencia de cien años, que después pasó a ser según el modelo bíblico, de cincuenta años y ulteriormente fijado en veinticinco—, el pueblo fiel de Dios ha vivido esta celebración como un don especial de gracia, caracterizado por el perdón de los pecados y, en particular, por la indulgencia, expresión plena de la misericordia de Dios…
Debemos mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras. El próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente. Por esa razón elegí el lema Peregrinos de la Esperanza. Todo esto será posible si somos capaces de recuperar el sentido de la fraternidad universal…
Por lo tanto, la dimensión espiritual del Jubileo, que nos invita a la conversión, debe unirse a estos aspectos fundamentales de la vida social, para formar un conjunto coherente. Sintiéndonos todos peregrinos en la tierra en la que el Señor nos ha puesto para que la cultivemos y la cuidemos (cf. Gn 2,15), no descuidemos, a lo largo del camino, la contemplación de la belleza de la creación y el cuidado de nuestra casa común.
Como todo tiempo extraordinario, dentro de la vida de la Iglesia, lleva consigo Gracias extraordinarias para que podamos alcanzar los fines propuestos por el Padre para nuestra salvación, por eso estemos atentos a todo lo que se vaya desarrollando en torno a este Año Santo.
sábado, 28 de diciembre de 2024
Confiesan sin hablar
Del Sermón de San Quodvultdeus, obispo
Nace un niño pequeño, un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen para adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.
¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.
Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.
Pero aquél, fuente de la gracia, pequeño y grande, que yace en el pesebre, aterroriza tu trono; actúa por medio de ti, que ignoras sus designios, y libera las almas de la cautividad del demonio. Ha contado a los hijos de los enemigos en el número de los adoptivos.
Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el liberador concede la libertad, y el salvador la salvación.
Pero tú, Herodes, ignorándolo, te turbas y te ensañas y, mientras te encarnizas con un niño, lo estás enalteciendo y lo ignoras.
¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que así triunfen los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria.
viernes, 27 de diciembre de 2024
La Vida se ha manifestado
Tratado sobre la primera carta de San Juan, de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida. ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros?
Esta Palabra, que se hizo carne, para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se encarnó en el seno de la Virgen María; pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo san Juan dice que existía desde el principio. Ved cómo concuerdan su carta y su evangelio, en el que hace poco oísteis: En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios.
Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: Pues la vida se hizo visible. Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida.
¿Y cómo se hizo visible? Existía desde el principio, pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.
Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. La Palabra se hizo carne, a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra.
Os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó, es decir, se ha manifestado entre nosotros, y, para decirlo aún más claramente, se manifestó en nosotros.
Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Que vuestra caridad preste atención: Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor presente en la carne, oyeron las palabras de su boca y lo han anunciado a nosotros. Por tanto, nosotros hemos oído, pero no hemos visto.
Y por ello, ¿somos menos afortunados que aquellos que vieron y oyeron? ¿Y cómo es que añade: Para que estéis unidos con nosotros? Aquéllos vieron, nosotros no; y, sin embargo, estamos en comunión, pues poseemos una misma fe.
En esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa. La alegría completa es la que se encuentra en la misma comunión, la misma caridad, la misma unidad.
miércoles, 25 de diciembre de 2024
Nacer en Navidad
¡Feliz Navidad!
Es lo que hoy más va a sonar y a salir de los labios de todos, una hermosa frase que puede llegar a no decir nada y a dar un gran sentido a nuestra vida.
Digo que puede llegar a no decir nada porque la hemos hecho tan popular que hemos olvidado su sentido y, sobre todo, su esencia y contenido esencial. Hoy en día, en muchas casas casas cristianas, lo que se espera es: ¿qué te ha traído Papá Noel? Y es ahí cuando descubrimos que hemos perdido el sentido de lo que es la Navidad.
Recuerdo que, a pesar de no venir de una familia católica "practicante", en mi niñez se decía: ¿qué le vas a pedir al Niñito Jesús? Porque no estaba ese slogan publicitario o esa fantasía del Papá Noel. Pero hoy junto al Niñito Jesús reluce el rojo del hombre del Polo que viene cargado de regalos.
"El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron".
Y así vuelve a suceder... El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, pero no lo hemos reconocido. Lo hemos dejado de lado por otros personajes y por otras tradiciones que nos llenan de alegría, pero que no nos dan Vida Verdadera.
¿Cuál es el sentido verdadero de la Navidad?
"Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre".
Reconocernos en este Niño del que celebramos su Nacimiento. Y lo celebramos porque ha cambiado no sólo la historia de la Humanidad (antes de Cristo y después de Cristo) sino que, también, quiere cambiar mi propia historia, y cambiando ni historia quiere darle un rumbo nuevo a la humanidad en la que vivimos insertos.
Feliz Navidad si hemos podido reconocer en esta fiesta al Dios que se hace Hombre, en todo menos en el pecado, para darnos a nosotros la dignidad de ser hijos de Dios, para mostrarnos el Camino que nos lleva a vivir una Vida plena en Dios. Por eso nos entrega, cada día, su vida para que con Él renazcamos a la vida de la Gracia, del Amor, de la Esperanza de saber que podemos alcanzar la eternidad, pero que, también, podemos vivir en una eternidad eterna mientras construimos aquí en la tierra el Reino de los Cielos.
¡Feliz Navidad! para poder nacer con Él a una vida en el espíritu para llevar la Buena Noticia de la Salvación a todos los que buscan un sentido para sus vidas, y llevarles la alegría del Evangelio para que encuentren el camino de una Vida Nueva en Dios.
martes, 24 de diciembre de 2024
Noche de Gracia
El canto del Benedictus de Zacarías nos abre las puertas a la NocheBuena, a la víspera de Navidad. Es un canto que brota de un corazón invadido por el Espíritu Santo, así como fue con Isabel y con María que brotó el Magníficat. Un cántico el de Zacarías porque Dios no sólo lo había bendecido al matrimonio con un hijo, sino que ese hijo sería el Precursor del Mesías, signo de que estaba pronto a cumplirse las Promesas del Señor.
Hoy no es un día cualquiera, sino que es un día para dar Gracias a Dios, como lo hizo Zacarías y como lo hizo Isabel, porque nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales en el cielo y nos ha dado un Salvador que nos ha quitado el oprobio del pecado y nos ha regalado una vida nueva en el Espíritu.
Es un día donde se comienzan a disipar las sombras del pecado y volvemos a ser iluminados por la Luz de una Estrella Nueva, por el Hijo de Dios que quiso nacer entre nosotros para que nosotros nazcamos en Dios.
Es un día donde tendríamos que ir poniendo sobre el altar del Señor todos nuestros dolores, no sólo del cuerpo sino del alma, de nuestro corazón, para que el Señor nos haga nacer de nuevo y que nos de la fuerza para que podamos eliminar viejos rencores, divisiones, desuniones y tantas cosas que nos hacen perder la Gracia del Amor, de la Paz y de la unión entre amigos, familias, comunidad.
Es un día que se hace Noche, pero Nochebuena porque vamos a recibir la Buena Noticia del nacimiento de un Niño que es Dios, y que se nos entrega en la mesa del Altar de la Eucaristía para alimentar nuestros deseos de Paz, Amor, Fraternidad, en fin, nuestro deseo de poder cumplir su propio deseo y el del Padre: que todos sean Uno para que el mundo crea, y, para alcanzar eso que se amen unos a otros como YO os he amado.
lunes, 23 de diciembre de 2024
Nace todos los días
Tratado sobre los salmos de San Jerónimo, presbítero
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan. ¡Qué amistad más excelente! La misericordia y la fidelidad se encuentran. ¿Eres pecador? Escucha lo que dice: «Misericordia». ¿Eres santo? Escucha lo que dice: «Fidelidad». Ni desesperes si eres pecador, ni te ensoberbezcas si eres santo. Ensayemos otra interpretación.
Dos son los pueblos creyentes: uno integrado por los paganos y otro formado por los judíos. A los judíos se les prometió un salvador; a nosotros que vivíamos al margen de la ley, no se nos prometió. Por tanto, la misericordia se ejercita con el pueblo de los paganos, la fidelidad, en el de los judíos, ya que se cumplió lo que se les había prometido, es decir, lo prometido a los padres tuvo su cumplimiento en los hijos.
La justicia y la paz se besan. Mirad lo que dice: la justicia y la paz se besan. Es lo mismo que dijo anteriormente: misericordia y fidelidad. Pues misericordia equivale a paz, y fidelidad es sinónimo de justicia. Si alguna cosa dice relación con la paz, dice relación con misericordia; y si algo tiene que ver con la fidelidad, tiene que ver con justicia. Mirad en efecto lo que dice: La justicia y la paz se besan. Esto es, la misericordia y la fidelidad se hicieron amigas, es decir, judíos y paganos están bajo el cayado de un solo pastor: Cristo.
La fidelidad brota de la tierra. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. El que dijo: Yo soy la verdad, brotó de la tierra. Y ¿cuál es esta verdad que ha brotado de la tierra? Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Y en otro lugar: Tú, oh Dios, ganaste la victoria en medio de la tierra. Mirad, la verdad, el Salvador, brotó de la tierra, es decir, de María.
Y la justicia mira desde el cielo. Era justo que el Salvador tuviera compasión de su pueblo. Mirad lo que dice: ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! La verdad brota de la tierra, esto es, el Salvador. Y de nuevo: Y la justicia mira desde el cielo. La justicia, esto es, el Salvador. ¿Cómo brotó de la tierra? ¿Cómo miró desde el cielo?
Brotó de la tierra, naciendo como hombre; miró desde el cielo, porque Dios está siempre en los cielos. Esto es, brotó, es verdad, de la tierra, pero el que nació de la tierra está siempre en el cielo. Esto es, apareció en la tierra sin abandonar el cielo, pues está en todas partes. Miró, porque mientras pecábamos, apartaba de nosotros su vista. Lo que dice es esto: Es justo que el alfarero tenga compasión de la obra de sus manos, que el pastor se compadezca de su rebaño. Nosotros somos su pueblo, somos sus criaturas. Para esto, pues, brotó de la tierra y miró desde el cielo: para cumplir toda justicia y tener compasión de su obra.
Finalmente, para que sepáis que la palabra «justicia» no connota crueldad, sino misericordia, mirad lo que dice: El Señor nos dará la lluvia. Para esto miró desde el cielo: para compadecerse de sus obras. Y nuestra tierra dará su fruto. La fidelidad brotó de la tierra, así, en pretérito. Ahora se expresa en futuro: Y nuestra tierra dará su fruto.
No debéis desesperar por haber nacido una sola vez de María: a diario nace en nosotros. Y la tierra dará su fruto: También nosotros, si queremos, podemos engendrar a Cristo. Y la tierra dará su fruto: del que se confeccione el pan celestial. De él dice: Yo soy el pan bajado del cielo.
Todo lo dicho se refiere a la misericordia de Dios, que vino precisamente para salvar al género humano.
domingo, 22 de diciembre de 2024
De la mano de María
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
Último domingo del Tiempo de Adviento, ya estamos casi en Navidad. ¿Has tenido tiempo de preparar el corazón? Buenos, si nos has tenido tiempo aún lo tienes porque la Madre viene a visitarte. Sí, como fue a la casa de Isabel y Zacarías viene a tu casa, viene a tu corazón, si es que tú le abres la puerta y la dejas entrar. Si abres el corazón y dejas que María entre en él entonces, como con Isabel, el Espíritu Santo llegará a ti y alabarás al Señor como lo hicieron ellas y ellos, porque, seguramente, así como Juan saló de gozo en el seno de su madre, así también Jesús se alegró de saber de Juan, y, por eso, sus madres cantaron maravillas a Dios.
Sí ¿quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Soy su hijo, ¡sí! Soy hijo de María porque Jesús lo quiso así, soy hijo de la Madre del Señor y, por eso mismo, soy hermano de Dios, e hijo del Padre, lleno del Espíritu Santo. Y esa verdad que creemos porque lo somos, es la verdad que nos debería hacer salta de gozo todos los días de nuestra vida. Sí, una verdad que, a pesar de los días grises y tormentosos, a pesar de los días negros y de las cruces pesadas, siento en mi corazón el gozo de saber que tengo una Madre que me consuela, que me conforta, un Espíritu que me fortalece y me indica el camino para alcanzar la meta, un Hermano que ha sido ejemplo de vida y que me da su Vida todos los días en lo que puedo acercarme a la Eucaristía, y, sobre todo, un Padre que me ama con amor infinito.
Sí, Navidad no es sólo el nacimiento del Hijo de Dios, sino que en él nacemos todos a una vida nueva, a una vida nueva que creemos que ya vive en nosotros y que tenemos, por la Gracia de Dios, que hacer madurar y fructificar. Es la vida que Él nos prometió y que se cumple cada día que estamos en Él. Es esa promesa que nos ha dicho y que se cumple, por la cual, también nosotros como María, somos bienaventurados por creer en lo que el Señor nos prometió.
Es esa Bienaventuranza la que nos levanta cada día para mirar el Cielo y descubrir en el suelo los regalos del Padre, poder escuchar en su Palabra y llenar, así, nuestros corazones de Su Amor y de su Paz, para poder llevarla, como María, a la casa de aquellos que la necesite, pues cuando nosotros llevamos a Dios en nuestros corazones, Él llega, por medio nuestro, a los demás, así como llegó el Espíritu Santo a Isabel y Juan cuando María entró en su casa.
No te detengas. No dejes que las espinas del camino te impidan ver la Grandeza del Reino que vive en ti, pues esa grandeza la que nos ayudará a seguir luchando hasta el final, a mantenernos fieles a Dios para alcanzar la meta de la santidad, para poder vivir la alegría de la Navidad todos los días, pues gracias a este nacimiento la Vida Nueva nace en nosotros, y esa Vida Nueva la que llevamos a todos los que no encuentran un sentido para alcanzar la Felicidad que nos da le sabernos hijos de Dios.
sábado, 21 de diciembre de 2024
Visitando a María
Último sábado de Adviento y qué mejor que comenzar el día con la visita de María a casa de Isabel y Zacarías, una visita que transforma la vida de Isabel y la del niño que lleva en su vientre. La transforma no porque la visite María, sino que la transforma porque Dios los visita por medio de María. María, portadora del Hijo de Dios en su seno lleva a casa de Isabel y Zacarías la Promesa de Dios hecha vida, lleva en su seno al Mesías Esperado y es Él quien las llena del Espíritu Santo a las dos y conmueve al niño que está en el seno de Isabel.
Así son las visitas de María a nosotros cuando nos acercamos a Ella y le abrimos el corazón para que Su Hijo nos hable, nos envíe el Espíritu y nos anuncie la Verdad del Evangelio, que es el camino que nos conduce al Padre, y nos da una alegría desbordante.
La hermosa exclamación de Isabel, que rezamos todos en el Ave María, no es algo que María le dijera que dijese, sino que es el Espíritu Santo quien suscita en ella esa hermosa bienaventuranza que, nosotros, con fe y Espíritu, también le regalamos a María.
Así, si intentamos hacer de esta visita una comparación con nuestra vida, al rezar el Ave María también estamos recibiendo el mismo Espíritu que llenó a Isabel de alegría y gozo por el encuentro con el Señor, por el encuentro con la Madre del Señor. Y, de este modo, podemos llegar a experimentar, también, la misma dicha que ellas experimentaron en ese encuentro. Descubriendo así, como dijo Isabel: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre".
¿Quién soy yo? Por la Gracia de Dios y el Amor de Jesús, soy un hijo más de María, la Madre del Señor, y es esa la alegría que debe inundar nuestro corazón porque, como dice san Juan, no sólo nos llamamos hijos de Dios sino que ¡lo somos! Y la filiación divina que nos ha regalado el Señor por medio del Espíritu Santo en el bautismo, es lo que llena nuestra alma con todos sus dones y nos hace portadores, como María, de una gran noticia: Dios está en mí, y si Dios está en mí ¿quién contra mi? ¿Qué podrá separarnos del Amor de Dios?
Por eso, también, puede servir para nosotros mismos la bienaventuranza que Isabel proclama sobre María, por la fe de Ella, y por nuestra fe en lo que Dios hace en nosotros:
"Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".
viernes, 20 de diciembre de 2024
Dios-con-nosotros
Comentario sobre el profeta Isaías de San Cirilo de Alejandría, obispo
Está escrito: Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. El ángel Gabriel, al revelar a la santa Virgen Madre de Dios el misterio, le dice: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él salvará a su pueblo de los pecados.
¿Se contradijeron aquí, acaso, el santo ángel y el profeta? En absoluto. Pues el profeta de Dios, hablando en espíritu del misterio, vaticinó al Dios-con-nosotros, dándole un nombre en sintonía con la naturaleza y la economía de la encarnación, mientras que el santo ángel le impuso un nombre de acuerdo con la misión y su eficacia propia: salvará a su pueblo. Por eso le llamó salvador.
Efectivamente: cuando por nosotros se sometió a esta generación según la carne, una multitud de ángeles anunció este fausto y feliz parto a los pastores, diciendo: No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, os ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. Es llamado Emmanuel porque se hizo por naturaleza Dios-con-nosotros, es decir, hombre; y Jesús, porque debía salvar al mundo, él, Dios mismo hecho hombre. Así que cuando salió del vientre de su madre —pues de ella nació según la carne—, entonces se pronunció su nombre. Sería inexacto llamar a Cristo el Dios Verbo antes de su nacimiento que tuvo lugar —repito— según la carne. ¿Cómo llamarle Cristo si todavía no había sido ungido?
Cuando nació hombre del vientre de su madre, entonces recibió una denominación adecuada a su nacimiento en la carne. Dice que Dios hizo de su boca una espada afilada. También esto es verdad. Pues de él está escrito, o mejor, dice el mismo profeta Isaías: La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Herirá al violento con la vara de su boca. La predicación divina y celestial, es decir, evangélica, anunciada por Cristo, era una espada aguda y sobremanera penetrante, blandida contra la tiranía del diablo, que eliminaba a los poderes que dominan este mundo de tinieblas y a las fuerzas del mal.
De hecho, disipó las tinieblas del error, irradió sobre los corazones de todos el verdadero conocimiento de Dios, indujo al orbe entero a una santa transformación de vida, convirtió a todos los hombres en entusiastas de las instituciones santas, destruyó y erradicó del mundo el pecado: justificando al impío por la fe, colmando del Espíritu Santo a quienes se acercan a él y haciéndoles hijos de Dios, comunicándoles un ánimo esforzado y valiente para la lucha, poniendo en sus manos la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios, para que, resistiendo a los que antes eran superiores a ellos, corran sin tropiezo a la consecución del premio al que Dios llama desde arriba.
Que esta disciplina e iniciación a los divinos misterios aportada por Cristo haya derrocado en los habitantes de la tierra el poder tiránico del demonio, lo afirma claramente el profeta Isaías cuando dice: Aquel día, castigará el Señor con su espada, grande, templada, robusta, al Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al Dragón.
jueves, 19 de diciembre de 2024
Voler a prepararnos
"Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacía los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
Esta era la misión de Juan Bautista dicha por el Ángel Gabriel a Zacarías cuando le anunció su nacimiento, y lo vuelvo a señalar porque me parece que también puede ser la misión del Tiempo de Adviento para nosotros: volver el corazón al Señor, preparar un pueblo bien dispuesto.
Si, porque no siempre tenemos el corazón bien dispuesto para el Señor, no siempre nuestra vida está en Gracia, y por eso necesitamos tiempos en donde se nos recuerde quienes somos, hacia dónde vamos, cuál es nuestra misión. Y, por supuesto, tener un tiempo de reflexión y arrepentimiento de nuestras malas conductas.
Quizás no tengamos grandes pecados, pero, seguramente, podemos tener pequeñas infidelidad, no escuchar la Voz del Señor, no preguntarnos por cuál es Su Voluntad, y vivir sin tener en cuenta cuál es nuestra misión en este mundo. Todo eso hace que no tengamos la Gracia suficiente para ser fieles, pero claro, cuando no nos damos por enterados de cuál es nuestra misión tampoco podemos ser fieles, es parte de nuestra ignorancia o de nuestro no querer preguntar al Padre qué es lo que Él quiere que hagamos o cómo quiere que vivamos.
Claro que es ese caso la ignorancia acerca de nuestra misión es una ignorancia querida, por lo tanto hay un pecado de no querer saber que nos impide vivir en santidad. Por eso tenemos que abrir el corazón para que el Señor nos lo sane, nos ayude a madurar en nuestra cristiana y así poder dar un buen testimonio de lo que decimos que somos y de lo que creemos.
Por eso nos hace falta este tiempo de Adviento para convertir nuestros corazones al Señor, para comenzar a ser obedientes a Su Voluntad-
miércoles, 18 de diciembre de 2024
Preparar el corazón
Los últimos días del Adviento nos llevan a la genealogía y al momento de la concepción del Hijo de Dios en el seno de María, ayudándonos así a poner nuestro corazón donde debe estar en estos momentos: preparándose para celebrar el Nacimiento de Nuestro Dios y Señor.
Hoy por hoy no son muchas las casas cristianas que están poniendo el corazón donde debe estar, sino que hay mucho corre y prisas para preparar la fiesta familiar de la Navidad, sin darnos cuenta que la mejor fiesta es la está dentro nuestro, en nuestro espíritu, en nuestro ser cristianos.
El evangelio de hoy nos lleva a pensar en los dos actos extraordinarios de fe que han tenido María y José: la anunciación del Ángel y la aceptación de José de María.
Fue anoche cuando pensaba, sobre todo, en este hecho: el salto en la fe que han tenido que dar María y José. María para creer en las palabras del Ángel que le pedía permiso para que en Ella comenzase a nacer el Mesías, el Esperado por generaciones por su Pueblo, quería nacer en su vientre. Y, Ella, con toda la sencillez y humildad le dijo que Sí a Dios, y comenzó a nacer no sólo el Hijo de Dios en su vientre, sino que comenzó a nacer una nueva historia para la humanidad: la historia en donde Dios se hace hombre para salvar al hombre, para hacer de su historia una historia de Salvación.
Y, por otro lado, se lo ve a José. Dudando en un primer momento pero abriendo su corazón al mensaje de Dios y creyendo, creyendo con un corazón lleno de amor a Dios y a su prometida. Un corazón que dio un salto mortal al vacío y se dejó llenar, también él, por el fuego del Espíritu del Amor para comenzar a caminar junto al Hijo de Dios que estaba naciendo en María.
Y, hoy, Dios nos pide que nosotros también demos ese salto en la fe para creer que, como ellos, también somos protagonistas de la Historia de la Salvación porque llevamos en nuestro cuerpo el Espíritu Santo que nos hizo hijos de Dios, llevamos en nuestra alma el mismo Espíritu que hizo que el Hijo de Dios se encarnara en María, llevamos en nuestra alma el mismo amor que hizo que José aceptara la misión de ser rel padre del Hijo de Dios, llevamos en nuestra vida el mensaje de Salvación que nace de una vida entrega al Espíritu para vivir según la Voluntad de Dios.
Por eso debemos preparar nuestro corazón para que al celebrar la Navidad, no sólo brindemos por la felicidad, sino que brindemos por la Vida Nueva que nos dio el Hijo al nacer no sólo en María, sino que nos hizo renacer con Él para llevar al mundo la Alegría de la Vida en Dios.
martes, 17 de diciembre de 2024
Dios lo hizo para nosotros
Comentario de San Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el profeta Isaías.
Ya antes hablamos largamente de Ciro, rey de medos y persas, que devastó la región de Babilonia y la arrasó por la fuerza, mitigó la esclavitud que en ella sufría Israel y aflojó las cadenas de su cautividad, reconstruyó el templo de Jerusalén, y fue incitado contra los caldeos por el mismo Dios, que le abrió las puertas de bronce y quebró los cerrojos de hierro.
Pero en dicha narración se trataba de un hecho particular, ya que únicamente los israelitas debían ser colocados en condiciones de tranquilidad y liberados de la angustia de la cautividad.
Inmediatamente después, todo el interés de la narración se centra en el Emmanuel, enviado por Dios Padre para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para liberar del mal a los que se hallaban inevitablemente encadenados por sus pecados; para atraer nuevamente a sí a todos los moradores de la tierra, rescatados ya de la tiranía del diablo, y conducirlos de esta forma, por su mediación, a Dios Padre.
De este modo, se convirtió en el mediador entre Dios y los hombres, y por él somos reconciliados con el Padre en un solo espíritu, porque — como dice la Escritura— él es nuestra paz. Él restauró el lugar sagrado, esto es, su templo, que es la Iglesia. Pues él se la colocó ante sí como una virgen pura, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Por lo cual, nos es dado ver en Ciro y en sus gestas una maravillosa figura de los divinos y admirables beneficios concedidos por Dios a todos los habitantes de la tierra. Y este es el fin por el que estas gestas fueron recordadas.
Alégrese, pues, el cielo superior, esto es, los que viven en la ciudad del más-allá, afincados en una morada ilustre y admirable: los ángeles y los arcángeles. Decimos que fue motivo de alegría para los espíritus celestiales la conversión a Dios, por medio de Cristo, Salvador de todos nosotros, de los extraviados habitantes de la tierra, la recuperación de la vista por los ciegos, en una palabra, la salvación de lo que estaba perdido. Si se alegran ya por un solo pecador que hace penitencia, ¿cómo dudar de que exulten de gozo al contemplar salvado a todo el mundo? Por eso dice: Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria.
Entendemos por misericordia la caridad —que es el cumplimiento de la ley—, acompañada de la justicia evangélica, cuyo dispensador y doctor es, para nosotros, Cristo. Puede afirmarse también que la misericordia y la justicia, que nace y brota de la tierra, son nuestro Señor Jesucristo en persona, pues Dios Padre lo ha hecho para nosotros misericordia y justicia, si es que realmente hemos obtenido en él misericordia y, justificados con el perdón de las culpas pasadas, hemos recibido de él la justicia, que puede hacernos herederos de todos los bienes, y es el camino de nuestra salvación.
Y si a la tierra se le manda germinar la justicia, que nadie se ofenda, teniendo en cuenta que el salmista dice también de Dios Padre y del mismo Emmanuel: Obró la justicia en medio de la tierra. Cristo, en efecto, no se trajo nuestra carne de lo alto de los cielos, sino que, según la carne, nació de una mujer, una de las que están en la tierra. Así pues, cuando se dice que Cristo es fruto y germen de la tierra, debes entender — como acabo de decir— que nació según la carne de una mujer especialmente elegida para este ministerio, aun cuando era una más de las criaturas de la tierra.
lunes, 16 de diciembre de 2024
La bendición de los hombres de fe
San Cirilo de Alejandría, obispo, comentario sobre el profeta Miqueas.
Realmente el misterio de Cristo nos colma de estupor, y la excelencia de su bondad para con nosotros supera toda capacidad de admiración. Por eso, el profeta Habacuc, estupefacto ante la economía de la encarnación, se expresa con toda claridad: Señor, he oído tu fama, me ha impresionado tu obra. Pues el Unigénito, igual por naturaleza a Dios Padre, de rico que era en cuanto Dios se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza, para salvar lo que estaba perdido, consolidar lo débil, vendar las heridas, dar vida a lo muerto, purificar la impureza y honrar con la adopción filial a los que eran siervos por naturaleza. Que todos lo aclamen: ¿Quién como tú, oh Dios? Sí, es bueno hasta el punto de no recordar las injurias y perdonar los pecados del resto de su heredad, bajo cuyo nombre hay que incluir a los creyentes de Israel, ya que la gran mayoría fue a la ruina más completa por negarse a creer.
Y no contuvo su ira como memorial. Fuimos arrojados en Adán, pero recibidos en Cristo. Si por la transgresión de uno —dice— murieron todos, así por la justicia de uno solo vivirán muchos. Cesó de airarse: Porque Dios es misericordioso. En el momento de la conversión, esto es, de la encarnación o, lo que es lo mismo, de la asunción de la naturaleza humana, arrojó simbólicamente al mar los pecados de todos. Y como — dice— prometió a los santos padres Abrahán y Jacob multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, les dará —dice— lo que les prometió. Serán llamados padres de muchas naciones, esto es, no sólo de los descendientes de Israel según la carne, sino también de aquellos que son llamados hijos según la promesa.
Estos son los que, procedentes de la incircuncisión o de la circuncisión forman por la fe una sola unidad espiritual. Pues está escrito: No todos los descendientes de Israel son pueblo de Israel; es lo engendrado en virtud de la promesa lo que cuenta como descendencia. Los hombres de fe son los que reciben la bendición con Abrahán el fiel. Y por bendición puede entenderse la gracia de Cristo, por el cual y en el cual sea dada gloria a Dios Padre en unión del Espíritu Santo por los siglos. Amén.
domingo, 15 de diciembre de 2024
Qué debemos hacer?
"En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
El Tercer Domingo de Adviento es llamado de la Alegría, Gaudete, Gozo, porque estamos cerca de la Navidad y ya vamos percibiendo, en la mayoría de los hogares, la alegría del Nacimiento. Un Nacimiento que nos abre una puerta a la Esperanza, y al recuerdo de las Promesas de Dios.
Una Puerta a la Esperanza que, unida al Jubileo del 2025, del que nos llama a participar el Papa Francisco, nos hace mirar hacia el futuro. Un futuro de paz, de vida, de fraternidad que es el Reino de los Cielos, un lugar de Luz Infinita y de Puro Amor en la contemplación real y definitiva de nuestro Dios y Señor.
Pero no sólo es un Reino futuro, sino que es un Reino presente, es un futuro presente que se concretó con el nacimiento de Nuestro Dios y Señor, desde ese momento el Reino de los Cielos permanece en la tierra porque permanece en cada uno de los corazones de los que han sido llamado, elegido y consagrados a Dios por el bautismo.
Por eso, Jesús, nos enseñó a recordar, cada día de nuestras vidas, esa realidad: “venga nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo”, y, además, en cada altar al consagrarse el Pan y el Vino, el Cielo se une a la tierra pues Nuestro Señor se hace Eucaristía para estar con nosotros y en nosotros. Así, alimentados del Pan de la Vida mantenemos vivo el Reino de los Cielos en nosotros, y, por nosotros, se hace presente en la vida cotidiana de nuestra familia, de nuestro lugar de trabajo, en la escuela, en el colegio, en el mercado, y por todos los lugares en que nos encontremos.
Y ¿cuál es el recuerdo de las Promesas de Dios? Es esa misma, por el profeta Isaías nos decía: Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel. Ese Emmanuel es el Dios-con-nosotros que nació en Belén y, en cada Eucaristía, se hace presente para nacer, morir y resucitar para nuestra Salvación.
Es una promesa que se cumple porque Él es el único fiel a Su Palabra, y así nos asegura que todo lo que nos ha prometido se cumplirá, brindándonos, siempre, una esperanza cierta de saber que siempre estará con nosotros, aunque nosotros no siempre estemos con Él
Decía al principio que no en todas las casa se podrá vivir la alegría de la Navidad, pues en este año muchos han regresado a la Casa del Padre, pero la Navidad nos abre a la Esperanza de saber que un día, cuando el Señor nos haya preparado el lugar podremos compartir con ellos la alegría del Cielo eterno y veradero.
sábado, 14 de diciembre de 2024
Conocer el misterio escondido
Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero
Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores Y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos, en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz!
Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.
viernes, 13 de diciembre de 2024
No nos guiémos por los aplausos
"En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
"¿A quién se parece esta generación?
Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
Esta pregunta y afirmación de Jesús bien podría ser dicha en el día de hoy, y en todos los días de estos años, porque, en realidad, somos una generación inconformista, y no sólo con la religión, sino con todo: nada nos conforma, nada nos gusta, porque no hay un sentido trascendental en la vida de las personas, o, por lo menos, en la mayoría de las personas.
Hoy nos movemos por los gustos, por la moda, por los ídolos y modelos de turno, por la sensiblería y por los likes de las redes sociales, y, sobre todo, por lo que "dicen de mi", como si lo que la gente opinara de mí fuera el mejor de los termómetros para conocerme.
Y eso es lo que nos falta: vida interior. Si nos conociéramos como Dios nos conoce, no tendríamos tantos problemas ni tanta necesidad de sentir las alabanzas de los demás. Por eso, ya en el Señor le decía al profeta Jeremías:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».
Por eso necesitamos estar más en contacto con nuestro Dios y Señor, pues Él es el único que nos conoce verdaderamente, y, porque nos conoce, nos ama aún con nuestras imperfecciones y pecados, aún sabiendo que no lo amamos tanto como Él a nosotros, pero quiere lo mejor para nosotros y sabe cuál es el camino que nos lleva a amarnos a nosotros mismos como Él nos ama. Por eso, no busquemos la alabanza de los hombres, sino que dejémonos conducir por Su Mano que es la Mano del Amor que nos cuida, nos protege, nos da vida verdadera.
jueves, 12 de diciembre de 2024
El mejor homenaje a María...
Del Mensaje del papa Pablo sexto al pueblo mexicano
Amadísimos hijos, deseamos unir nuestra voz a ese himno filial que el pueblo mexicano eleva hoy a la Madre de Dios. La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe debe ser para todos vosotros una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana. La corona que ella espera de todos vosotros no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje evangélico. La misma Virgen Santísima, con su ejemplo, nos guía en estos dos caminos.
En primer lugar, nos pide que hagamos de Cristo el centro y la cumbre de toda nuestra vida cristiana. Ella misma se oculta, con suprema humildad, para que la figura de su Hijo aparezca a los hombres con todo su incomparable fulgor. Por eso, la misma devoción mariana alcanza su plenitud y su expresión más exacta cuando es un camino hacia el Señor y dirige todo el amor hacia él, como ella supo hacerlo, al entrelazar en un mismo impulso la ternura de madre y la piedad de creatura.
Pero además, y precisamente porque amaba tan entrañablemente a Cristo, nuestra Madre cumplió cabalmente ese segundo mandamiento que debe ser la norma de todas las relaciones humanas: el amor al prójimo. ¡Qué bella y delicada intervención de María en las bodas de Caná, cuando mueve a su Hijo a realizar el primer milagro de convertir el agua en vino, sólo para ayudar a aquellos jóvenes esposos! Es todo un signo del constante amor de la Virgen Santísima por la humanidad necesitada y debe ser un ejemplo para todos los que quieren considerarse verdaderamente hijos suyos.
Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado; no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada a las ventajas de la civilización y del progreso. Por ese motivo, en esta fiesta tan señalada os exhortamos de corazón a dar a vuestra vida cristiana un marcado sentido social —como pide el Concilio—, que os haga estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos para el progreso y en todas las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ved en cada hombre un hermano, y en cada hermano, a Cristo, de manera que el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en un mismo amor, vivo y operante, que es lo único que puede redimir las miserias del mundo, renovándolo en su raíz más honda: el corazón del hombre.
El que tiene mucho que sea consciente de su obligación de servir y de contribuir con generosidad para el bien de todos. El que tiene poco o no tiene nada que, mediante la ayuda de una sociedad justa, se esfuerce en superarse y en elevarse a sí mismo y aun en cooperar al progreso de los que sufren su misma situación. Y, todos, sentid el deber de uniros fraternalmente para ayudar a forjar ese mundo nuevo que anhela la humanidad.
Esto es lo que hoy os pide la Virgen de Guadalupe, ésta la fidelidad al Evangelio, de la que ella supo ser el ejemplo eminente.
Sobre vosotros, muy queridos hijos, imploramos confiado la maternal benevolencia de la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que siga protegiendo a vuestra nación y la dirija e impulse cada vez más por los caminos del progreso, del amor fraterno y de la pacífica convivencia.
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Cargar su Cruz
"¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel:
«Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»?"
¡Cuántas veces hemos murmurado como Jacob! ¡Cuántas veces las cruces, las cosas de la vida nos han agotado y nos hemos sentido no escuchados por Dios! ¡Cuántas veces hemos rezado y no hemos tenido respuesta! ¡Cuántas veces nos han dado ganas de dejar de creer!
Y, finalmente, Dios ha respondido:
"¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra.
No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia.
Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto.
Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Los que creemos en el Señor, aunque, muchas veces, nos hemos cansado de todo, siempre hemos resurgido porque Él es nuestra fuerza, y, si miramos hacia atrás vamos a poder ver cuántas veces nos ha levantado del fango, cuántas veces ha estirado su Mano para ayudarnos a salir adelante.
Y, sino eso no bastara, su Hijo nos decía.
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Pero... siempre hay peros... sabemos que su yugo es su Cruz, estar unidos a la Cruz de Cristo no es un regalo, o, mejor dicho, creemos que no es un regalo ni un consuelo para nosotros estar unidos a la Cruz de Cristo. Y lo que no nos damos cuenta que cuando aceptamos esa Cruz es Jesús quien se hace nuestro Cirineo y nos ayuda a cargarla, pues nos da su fuerza y su espíritu para poder llevarla.
Que nos ayude a cargarla no significa que nos la quite, sino que nos ayuda a llevarla, así como le ayudó el Cirineo a Él, por eso, antes de rechazarla, pidámosle la fortaleza del Espíritu para poder aceptarla y así poder, como dice san Pablo: alcanzar la meta y no perder la fe.
martes, 10 de diciembre de 2024
Grita
"Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados".
Hermosa exhortación de Dios a su Pueblo por medio de Isaías: consolad. Pero ¿por qué hay que consolar al pueblo? Por que Dios ha pagado el precio de sus pecados. Ya no tiene que sufrir el pueblo por sus pecados pues todo ha sido pagado por Dios.
El consuelo es algo que todos necesitamos, aunque no todos lo expresamos, pero siempre está en el corazón ese deseo de ser consolados pues siempre está el dolor de los pecados. Y ese consuelo es el que mejor nos sienta: sabernos perdonados por los pecados cometidos. Y ¿por dónde viene ese consuelo? Por la Gracia de la Reconciliación, a través del Sacramento de la Reconciliación.
Pero, claro, hay un pequeño detalle: ya no tenemos conciencia de pecado, en muchos casos, ni tenemos, por ello, necesidad de volver al sacramento de la reconciliación. Y es ahí donde no recibimos el consuelo de la Gracia, el consuelo del abrazo de Dios por medio de ese hermoso sacramento.
"¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños".
El Padre sale a buscarnos, envía a sus instrumentos a echarnos una mano para volver a sus brazos, pero los que están perdidos no saben que lo están, ni tan siquiera tienen conciencia que se han perdido y, en muchos casos, quieren seguir lejos del Padre, pues no les dice nada el Padre o no quieren tener relación con él. Como el hijo pródigo han rechazado vivir con el Padre y por eso han partido a tierras lejanas a vivir según sus propios criterios y objetivos.
Por eso, muchos no buscan la reconciliación pues sus valores no son los valores del Padre, y viven según sus propios estilos, el estilo del mundo y con los valores del mundo que son cambiantes y no eternos como los que nos enseñó Jesús.
Y le sigue diciendo Dios a Isaías:
"Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
lunes, 9 de diciembre de 2024
Dios nos habló por su Hijo
Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida del monte Carmelo
La principal causa por que en la ley de Escritura eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones y visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni establecida la ley evangélica, y así era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía, y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces, porque en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya mdash;que no tiene otra—, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
Y éste es el sentido de aquella autoridad con que comienza san Pablo a querer inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.
Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Que si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles.
domingo, 8 de diciembre de 2024
La libertad de María
"María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
En un tiempo donde la libertad es lo primero que buscamos vivir, María se nos presenta como Ideal cristiano aceptando o mejor convirtiéndose en Esclava de la Voluntad de Dios. Es esa esclavitud de María la que, muchas veces, repugna a los oídos de los cristianos, y, ni que hablar, del mundo de hoy.
Y ¿por qué María toma esa postura frente a la Voluntad de Dios? Porque ha aprendido escuchando sobre la historia de su Pueblo, sobre la palabra de los Profetas, que, desde el momento en que Dios elige, desde ese mismo instante, nuestra vida es sólo de Él para Él y por Él. María ha comprendido desde su pequeñez que no hay otro camino para alcanzar la felicidad, ni tampoco otro posible para ser instrumentos de Dios.
Ella comprende, en su humildad, que Dios la llama a una gran misión: ser la Madre del Salvador, que en sus entrañas comenzará a nacer Aquél que había sido prometido por Dios desde siglos antes, y que esa misión sólo la podría cumplir siendo Fiel al Señor.
María ha ido aprehendiendo desde pequeña que Dios se vale de instrumentos para dar a conocer Sus Planes, Sus Proyectos, porque lo ha escuchado en las narraciones bíblicas acerca de lo vivido por el Pueblo de Israel y por aquellos que fueron protagonistas del Caminar del Pueblo. Por eso no duda del mensaje que le transmite el Ángel, aunque no llega a comprender el cómo, pero confía.
La confianza que María nos demuestra con sus palabras es una confianza heroica en la Voluntad de Dios, pues ante las palabras del Ángel, Ella se deshace de sí misma y entrega su voluntad para sólo vivir en la Voluntad de Dios.
Hoy en día podríamos decir que María le hace un cheque en blanco a Dios para que Él lo lleno con lo que necesita de Ella, por eso, en estos tiempos tan turbados que vivimos, no hay mejor camino para encontrar, no sólo nuestra salvación, sino nuestra perfección y felicidad, que el ejemplo de María: ser instrumentos dóciles en las Manos del Padre es lo que nos brinda seguridad en nuestro caminar, porque sólo Él conoce cuál es nuestro verdadero Camino, y, por eso, si nos dejamos, como Ella, conducir nos llevará por los mejores lugares.
Está claro que los mejores lugares por los que el Padre nos puede llevar nos serán siempre los menos dolorosos, pero siempre, como lo hizo con María, tendremos la Gracia necesaria y suficiente para poder vivirlos. María nos lo muestra desde Nazaret hasta el Calvario, y desde el Calvario, pasando por Pentecostés, hasta su asunción en cuerpo y alma al Cielo, que en todo momento ha sido la Bienaventurada por todas las generaciones.
sábado, 7 de diciembre de 2024
Que tus palabras cautiven el fervor del pueblo
De una carta de San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia
Recibiste el oficio sacerdotal y, sentado a la popa de la Iglesia, gobiernas la nave contra el embate de las olas. Sujeta el timón de la fe, para que no te inquieten las violentas tempestades de este mundo. El mar es, sin duda, ancho y espacioso, pero no temas: Él la fundó sobre los mares, el la afianzó sobre los ríos.
Por consiguiente, la Iglesia del Señor, edificada sobre la roca apostólica, se mantiene inconmovible entre los escollos del mundo y, apoyada en tan sólido fundamento, persevera firme contra los golpes de las olas bravías. Se ve rodeada por las olas, pero no resquebrajada, y, aunque muchas veces los elementos de este mundo la sacudan con gran estruendo, cuenta con el puerto segurísimo de la salvación para acoger a los fatigados navegantes. Sin embargo, aunque se agite en la mar, navega también por los ríos, tal vez aquellos ríos de los que afirma el salmo: Levantan los ríos su voz. Son los ríos que manarán de las entrañas de aquellos que beban la bebida de Cristo y reciban el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz.
Hay también una corriente viva que, como un torrente corre por sus santos. Hay también el correr del río que alegra al alma tranquila y pacífica. Quien quiera que reciba de la plenitud de este río, como Juan Evangelista, Pedro o Pablo, levanta su voz; y, del mismo modo que los apóstoles difundieron hasta los últimos confines del orbe la voz de la predicación evangélica, también el que recibe de este río comenzará a predicar el Evangelio del Señor Jesús.
Recibe también tú de la plenitud de Cristo, para que tu voz resuene. Recoge el agua de Cristo, esa agua que alaba al Señor. Recoge el agua de los numerosos lugares en que la derraman esas nubes que son los profetas.
Quien recoge el agua de los montes, o la saca de los manantiales, puede enviar su rocío como las nubes. Llena el seno de tu mente, para que tu tierra se esponje y tengas la fuente en tu propia casa.
Quien mucho lee y entiende se llena, y quien está lleno puede regar a los demás; por eso dice la Escritura: Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo.
Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga voluntariamente a donde lo conduzcas.
Que tus discursos estén llenos de inteligencia. Por lo que dice Salomón: Armas de la inteligencia son los labios del sabio, y, en otro lugar: Que el sentido ate tus labios, es decir: que tu expresión sea brillante, que resplandezca tu inteligencia, que tu discurso y tu exposición no necesite sentencias ajenas, sino que tu palabra sea capaz de defenderse con sus propias armas; que, en fin, no salga de tu boca ninguna palabra inútil y sin sentido.
viernes, 6 de diciembre de 2024
Deseo de contemplar a Dios
Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo
Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante, entra un instante en tí mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un momento en él.
Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo, exepto Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarlo; cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio. Di con todas tus fuerzas, di al Señor: «Busco tu rostro; tu rostro busco, Señor.»
Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré.
Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro.
Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar él fin para el cual fui creado.
Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos?
Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré.
jueves, 5 de diciembre de 2024
Estad preparados
Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron
Para que los discípulos no le preguntaran sobre el tiempo de su venida, Cristo les dijo: Por lo que se refiere a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo. No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión. Lo ocultó para que estemos prevenidos y para que cada uno de nosotros piense que ello puede tener lugar en su propio tiempo. Pues si Cristo hubiera revelado el día de su venida, ésta se hubiera tornado un acontecimiento indiferente y ya no sería un objeto de esperanza para los hombres de los distintos siglos. Dijo que vendría, pero no dijo cuándo, y por eso todas las generaciones y épocas lo esperan ansiosamente.
Aunque el Señor estableció las señales de su venida, sin embargo, en modo alguno conocemos con exactitud su término; pues estas señales aparecen de muy distintas maneras y pasan, y algunas de ellas todavía perduran. Con la última venida pasará algo semejante a lo que pasó con la primera.
Así como los justos y los profetas esperaron al Mesías pensando que se había de manifestar en su tiempo, también hoy cada uno de los cristianos desea que llegue en sus propios días. Cristo no reveló el día de su venida, principalmente por esta razón: para que todos comprendieran que aquel a cuyo poder y dominio están sometidos los números y los tiempos no está sujeto al destino ni a la hora. Pero el que desde toda la eternidad había determinado este día y describió detalladamente las señales que lo precederían ¿cómo podía ignorarlo? Por eso con aquellas palabras invitó a considerar sus señales, para que, desde entonces y para siempre, las generaciones de todos los siglos pensaran que su venida podría acontecer en su tiempo.
Estad en vela, porque cuando el cuerpo duerme es nuestra naturaleza la que domina y obramos no guiados por nuestra voluntad, sino por los impulsos de nuestra naturaleza. Y cuando un pesado sopor, por ejemplo, la pusilanimidad o la tristeza, domina al alma, ésta es dominada por el enemigo y, bajo los efectos de ese sopor, hace lo que no quiere. Los impulsos dominan a la naturaleza y el enemigo al alma.
Por lo tanto, el Señor recomendó al hombre la vigilancia de todo su ser: del cuerpo, para que evitara la somnolencia; del alma, para que evitara la indolencia y la pusilanimidad, como dice la Escritura: Despertaos, como conviene; y: Me levanté y estoy contigo; y también: No desfallezcáis. Por eso, investidos de este ministerio, no sentimos desfallecimiento.
miércoles, 4 de diciembre de 2024
Vendrá a nosotros
De los Sermones de san Bernardo, abad
Conocemos tres venidas del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera el Señor se manifestó en la tierra y vivió entre los hombres, cuando -como él mismo dice- lo vieron y lo odiaron. En la última contemplarán todos la salvación que Dios nos envía y mirarán a quien traspasaron. La venida intermedia es oculta, sólo la ven los elegidos, en sí mismos, y gracias a ella reciben la salvación. En la primera el Señor vino revestido de la debilidad de la carne; en esta venida intermedia viene espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia; en la última vendrá en el esplendor de su gloria.
Esta venida intermedia es como un camino que conduce de la primera a la última. En la primera Cristo fue nuestra redención; en la última se manifestará como nuestra vida; en esta venida intermedia es nuestro descanso y nuestro consuelo.
Pero, para que no pienses que estas cosas que decimos sobre la venida intermedia son invención nuestra, oye al mismo Señor: El que me ama guardará mi palabra; mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra morada. He leído también en otra parte: El que teme al Señor obrará bien. Pero veo que se dice aún algo más acerca del que ama a Dios y guarda su palabra. ¿Dónde debe guardarla? No hay duda que en el corazón, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Conserva tú también la palabra de Dios, porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno, y tu alma se deleitará como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso.
Si guardas así la palabra de Dios es indudable que Dios te guardará a ti. Vendrá a ti el Hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a Jerusalén, y él hará nuevas todas las cosas. Gracias a esta venida, nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y, así como el primer Adán irrumpió en todo el hombre y lo llenó y envolvió por completo, así ahora lo poseerá totalmente Cristo, que lo ha creado y redimido y que también un día lo glorificará.
martes, 3 de diciembre de 2024
Ay de mí si no anunciara!
De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio.
Visitamos las aldeas de los neófitos, que pocos años antes habían recibido la iniciación cristiana. Esta tierra no es habitada por los portugueses, ya que es sumamente estéril y pobre, y los cristianos nativos, privados de sacerdotes, lo único que saben es que son cristianos. No hay nadie que celebre para ellos la misa, nadie que les enseñe el Credo, el Padrenuestro, el Avemaría o los mandamientos de la ley de Dios.
Por esto, desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento. De este modo, purifiqué a un número ingente de niños que, como suele decirse, no sabían distinguir su mano derecha de la izquierda. Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración; entonces comencé a darme cuenta de que de ellos es el reino de los cielos.
Por tanto, como no podía cristianamente negarme a tan piadosos deseos, comenzando por la profesión de fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, les enseñaba el Símbolo de los apóstoles y las oraciones del Padrenuestro y el Avemaria. Advertí en ellos gran disposición, de tal manera que, si hubiera quien los instruyese en la doctrina cristiana, sin duda llegarían a ser unos excelentes cristianos.
Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»
¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India.»
lunes, 2 de diciembre de 2024
Sobre el Adviento
De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo
Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitarnos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñarnos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecernos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.
domingo, 1 de diciembre de 2024
Estad despiertos
"Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre".
Con el Primer Domingo de Adviento comenzamos un nuevo ciclo litúrgico, es el Tiempo de La Espera, que es lo que significa el Adviento, la Espera del Nacimiento del Hijo de Dios, la Espera de que Dios venga a nosotros para enseñarnos a ser hijos de Dios.
“Estad despiertos en todo tiempo”, una advertencia y una exhortación de Jesús para que no decaigamos ante las tentaciones de dejarnos seducir por el mundo, “pidiendo escapar de todo lo que está por suceder”, pues lo que está por suceder y está sucediendo en los últimos tiempos es lo que nos va desviando del Camino que Él recorrió, primero, por nosotros.
Estar despiertos y atentos es una advertencia y una sugerencia para poder perseverar en el Camino, para poder “mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre”, que no es más que Jesús quien nos está llamando, que es Jesús quien nos está hablando, que es Jesús quien nos está ayudando a recorrer el Camino de la Voluntad de Dios.
“Mantenernos en pie”, volver a ponernos en pie después de cada tropiezo y caída, confiar en la Gracia del Padre que, por medio de la reconciliación, nos vuelve a fortalecer para seguir recorriendo el camino de nuestra santidad, que es el único camino hacia la salvación, sabiendo que en ese camino vamos dando testimonio de la fortaleza de Dios, de la Esperanza en Dios, de la Fe puesta en sus Promesas y, sobre todo, del Amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones para que sea derramado en el corazón de todos aquellos que están siendo llamados a la salvación.
El Adviento es también el camino que comenzó María el día de la Anunciación, el camino que comenzó a recorrer desde su casa en Nazaret hacia la casa de Isabel y Zacarías para anunciar, sin Ella hablar, la llegada del Mesías Prometido.
El Adviento es el camino que comenzó a recorrer María de la mano de José hacia Belén, para llegar al lugar pensado por el Padre para no sólo dar a luz a un niño, sino dar a luz la Luz que iluminaría las tinieblas del corazón de los hombres.
El Adviento es, también, el caminar constante de María cerca de Jesús, acompañando sus pasos con su oración, con su amor de Madre que, en la Cruz, se mantuvo en pie llegando a ser nuestra Madre en el dolor y el Amor.
Por todo esto y por lo que iremos recibiendo del Señor, por medio de su Palabra, en este tiempo de Adviento, es que debemos tener el corazón despierto y preparado para estar siempre cerca de Aquél viene para salvarnos.