domingo, 30 de abril de 2023

El Buen Pastor

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon".

Domingo del Buen Pastor, así es conocido este 4º Domingo de Pascua, en donde Jesús utiliza la imagen del pastor para ayudarnos a tomar conciencia de a qué Voz tenemos que escuchar, y a Quién debemos seguir si, realmente, queremos alcanzar una Vida Verdadera.
Hoy en día escuchamos muchas voces, o, mejor dicho, oímos muchas voces en el día a día, y tenemos que aprender a escuchar las que nos hablan de la Verdad, de la Vida. Escuchar las que nos hacen la vida más fácil son como los cantos de sirena que nos llenan el oído de frases lindas, pero que, al final, sólo sirven para un momento, pero luego dejan vacía el alma.
La Voz del Buen Pastor, muchas veces, no es agradable escucharla pues nos presenta ideales demasiado altos o muy difíciles de conseguir, e, incluso, parecieran que las cosas que nos pide son anticuadas o fuera del tiempo en el que vivimos. Pero, también es cierto, que Él mismo nos ha dicho: “sin Mí no podéis hacer nada”, y, por eso, se nos da Él mismo como Alimento Verdadero para poder, con Su Gracia, alcanzar los ideales que Él sembró en el corazón y los que nos pide vivir: “sed santos porque vuestro Padre Celestial es Santo”.
También sabemos que El Buen Pastor antes se hizo Cordero para, así, poder entregarse y vivir antes que nosotros el Camino que nos proponía con su vida, para que, nosotros, viendo cómo Él lo vivió pudiéramos, también, tener la confianza necesaria en el Amor del Padre que nunca la abandonó, ni nos abandonará en los momentos de mayor dificultad.
Y, si por si acaso nos faltara una ayuda, nos dejó a Su Madre como Madre nuestra, para que siempre podamos sentirnos acompañados y seguros caminando de Su Mano por el Camino que el Hijo nos marcó con su Vida. Así, en este mes de Mayo ofreciéndole a María las Flores de cada día, podamos disponer nuestros corazones para disponernos a ser Fieles a la Vida que Jesús nos pide vivir.
 

sábado, 29 de abril de 2023

También te quieres marchar?

"En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
En aquél tiempo los discípulos que seguían a Jesús (no los apóstoles) decían eso porque no entendían que Jesús hablaba de la Eucaristía. Pero hoy, no son pocos los que se van o los que quieren modificar el Evangelio porque dicen que, también, son duras las palabras de Jesús, o mejor dicho, que el Evangelio no es para este tiempo, que hay que modificarlo para hacerlo más fácil, y sin tantas obligaciones.
Para muchos, el evangelio está pasado de moda y hay que aceptar las reglas del mundo para poder hacer lo que cada uno quiere, para vivir no la libertad de los hijos de Dios, sino el libertinaje del mundo, en todos los órdenes.
Por eso, a cada instante, Jesús nos vuelve a hacer la misma pregunta, como se la hizo a los apóstoles:
"Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».
Cuando, verdaderamente, hemos conocido el Don de Dios, cuando realmente hemos estado madurando en la relación con nuestro Dios, entonces podremos decir que sólo Él tiene palabras de Vida Eterna, que sólo en Él puedo encontrar la Vida que ansío y que quiero vivir, pues la plenitud que encontramos en Jesús, en la Eucaristía, en sus consejos evangélicos (aunque sean difíciles para vivir) no la entramos en el mundo.
La Gracia que el Señor nos da para vivir en Fidelidad a la Vida no nos la da el mundo, sino que, al revés, nos va quitando vida, aunque parezca que la vivimos en serio, porque en definitiva el mundo no quiere que alcancemos nuestra plenitud sino que vayamos denigrando, cada vez más, al hombre.
Por eso no nos dejemos convencer por esos falsos profetas que nos van queriendo convencer de que hay que cambiar todo, sino que sigamos escuchando al Señor que es Quien nos Ama de Verdad y nos ha dado Su Vida para que siguiendo sus huellas, también nosotros, tengamos o alcancemos esa Verdadera Vida.

miércoles, 26 de abril de 2023

Dar razones de nuestra fe

El libro de los Hechos de los apóstoles ha comenzado a contarnos acerca de la primera persecución y dispersión de los cristianos, desde Jerusalén a otros lugares. Y nos cuenta qué es lo que hacían esos primeros cristianos perseguidos:
"Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra".
Los perseguían por ser cristianos, y, aunque seguían siendo perseguidos en otros lugares seguían anunciando la Buena Noticia de Jesucristo. No tenían miedo a la persecución, sino que temían no poder anunciar el Evangelio como se los había pedido el Señor antes de su ascensión a los Cielos.
Hoy en día, por lo menos por estos países, no somos perseguidos, aunque sí somos cuestionados por todo lo que hacemos: si rezamos, si hacemos procesiones, si hacemos rogativas para que llueva, si esto, si lo otro. Hoy lo que se nos está pidiendo son razones de por qué hacemos lo que hacemos, porque, para muchos lo que hacemos son cosas de otros tiempos que no sirven para estos tiempos.
Hay otros que quisieran que la Iglesia se amolde a los tiempos y que acepte todo lo que acepta el mundo como bueno y normal, incluso dentro de la misma iglesia se nos pide cambiar.
Pero, sabemos que, como dijo san Pedro en su carta:
"pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente, porque Toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba: se agosta la hierba y la flor se cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre. Pues esa es la palabra del Evangelio que se os anunció".
Y ese es el fundamento de la vida de los cristianos: la Palabra de Dios, que, en muchos lugares se hace realidad por medio de las tradiciones que, para muchos, pueden ser retrógradas o anticuadas, pero para los que tienen fe son la base y el soporte de sus vidas en tiempos de dolor, de oscuridad, de angustia.
Por eso mismo, como hicieron los primeros cristianos, no debemos desanimarnos porque se nos cuestione y se nos pidan explicaciones (aunque muchas veces no las tengamos), sino que debemos coger más fuerzas para seguir viviendo intensa y radicalmente lo que creemos y lo que nos ha sido transmitido por la vida de fe de nuestros padres y abuelos.
No serán estos los únicos tiempos en los que se nos pida explicación, pero debemos saber a quién darle explicaciones porque hay quienes no buscan entender sino que sólo buscan cuestionar y criticar lo que no entienden, o lo que no quieren entender, pues "no hay peor sordo que el que no quiere oír".
Y así nos dice Dios por medio de Timoteo:
"De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día. Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros".

martes, 25 de abril de 2023

Revestíos de humildad

"Queridos hermanos:
Revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros".
A veces me preocupa la "humildad" de algunas personas, pues de tan humildes que son caen en la soberbia sin darse cuenta. Sí, porque por humildes no se dejan aconsejar porque ellos saben lo que tienen que hacer, y tildan de "maestros" a quienes quieren enseñar, pero no se dejan enseñar porque se creen mejores maestros. Sí, es parte de nuestra rutina diaria, pues caemos todos, muchas veces, en ese círculo vicioso que, por creernos mejores que los demás y hacernos los humildes, caemos en la falsa humildad que es igual a la soberbia.
Es cierto que, como dice san Pablo, los agobios se van acumulando en nuestro corazón y no nos dejan espacio para ponernos a mirar hacia adentro, sino que vamos caminando, a veces, en círculos cerrados que no nos llevan a abrir el corazón a la Gracia. Nos vamos convirtiendo en nuestro propios maestros y jueces de los demás, simplemente porque hemos podido, por la Gracia de Dios, aprender un poco más de cosas o haber adquirido ya una sabiduría de algunos años.
Somos, muchas veces, tan inconscientes de nuestro pecado que vamos construyéndonos pedestales donde colocamos nuestra humildad y nuestros dones, sí para el servicio de los demás, pero también como muro de protección frente a lo que los demás puedan aconsejarme o ayudarme a ver de mis defectos y de mis debilidades, sin darme cuenta que es eso lo que me lleva a estar más agobiado y a encerrarme en mi propia soledad.
"Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos".
Un gran consejo de san Pablo: la sobriedad en nuestra forma de vivir, en nuestra forma de actuar, en nuestra forma de juzgar a los demás y de juzgarme a mí mismo. Sólo velando para no caer en la tentación del estrellado puedo ir creciendo en la humildad que me lleve a sentirme parte de un todo fraternal y no una isla flotante en medio de gente que no me comprende, pues es ahí donde satanás ha tirado el anzuelo de la vanidad, la soberbia y el egoísmo que cada día me hace estar más solo y sin comunidad.
Y, por supuesto, el sufrimiento no será solo mío si me abro al Espíritu y al compartir con mis hermanos, sino que juntos podremos alcanzar el ideal que el Señor quiere de nosotros: construir un reino de personas que se aman.

domingo, 23 de abril de 2023

Duros de entender

Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Más de una vez nos pasa, como a los discípulos de Emaús, que “el árbol nos tapa el bosque”, es decir, en este caso, la Cruz de Cristo les oscureció el entendimiento y se olvidaron de todo lo que Él les había anunciado, sobre todo, la parte en que resucitaría al tercer día.
A nosotros nos pasa lo mismo cuando la cruz, el dolor, la enfermedad e, incluso, la misma muerte, nos cierra a la Luz de la fe, a la Esperanza de la Vida eterna, y nos ponemos en contra de Dios por darnos “lo que no merecemos”. Sí, para muchos, cuando llega el dolor de la cruz es enfadarse con Dios porque “no merezco esto”, si yo no hice nada malo.
Y es ahí, en ese momento, cuando tenemos que levantar la mirada hacia el Crucificado: ¿cuál fue su pecado para terminar su vida en la Cruz? ¿Fue un castigo del Padre que muriera en la Cruz? No, no fue un castigo del Padre, sino que aceptó ese Camino porque era el que nos salvaría a todos nosotros de una condena eterna.
El amor al Padre y a nosotros le dio la fortaleza necesaria para aceptar, no sin miedo y dolor, la muerte de Cruz.
Por eso, al mirar al Crucificado no debemos mirar sólo el dolor de la Cruz, sino el Amor de Dios por nosotros, que nos ayuda a nosotros a aceptar, también, nuestras cruces con amor, por amor y por nuestra salvación y la del mundo entero. Así lo vivió san Pablo y nos lo enseña como camino a nosotros: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia”.
Así, aunque el golpe de la cruz nos lleve a la oscuridad, volvamos al. mirada al Señor, que con su Resurrección nos da la Gracia necesaria y suficiente para poder aceptar ese camino de santificación y salvación. Sin dejar de pedir la Luz del Espíritu para poder entender y aceptar el camino que Dios Padre nos permite y nos pide recorrer, pues sin la Luz y los dones del Espíritu, se nos haría muy difícil abrir el entendimiento y el corazón a la Voluntad de Dios.
 

sábado, 22 de abril de 2023

La celebración eucarística

De la Apología primera de san Justino, mártir, en favor de los cristianos

Sólo pueden participar de la eucaristía los que admiten como verdaderas nuestras enseñanzas, han sido lavados en el baño de regeneración y del perdón de los pecados y viven tal como Cristo nos enseñó.
Porque el pan y la bebida que tomamos no los recibimos como pan y bebida corrientes, sino que así como Jesucristo, nuestro salvador, se encarnó por la acción del Verbo de Dios y tuvo carne y sangre por nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que aquel alimento sobre el cual se ha pronunciado la acción de gracias, usando de la plegaria que contiene sus mismas palabras, y del cual, después de transformado, se nutre nuestra sangre y nuestra carne es la carne y la sangre de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.
Los apóstoles, en efecto, en sus comentarios llamados Evangelios, nos enseñan que así lo mandó Jesús, ya que él, tomando pan y habiendo pronunciado la acción de gracias, dijo: Haced esto en memoria mía; éste es mi cuerpo; del mismo modo, tomando el cáliz y habiendo pronunciado la acción de gracias, dijo: Ésta es mi sangre, y se lo entregó a ellos solos. A partir de entonces, nosotros celebramos siempre el recuerdo de estas cosas; y, además, los que tenemos alguna posesión socorremos a todos los necesitados, y así estamos siempre unidos. Y por todas las cosas de las cuales nos alimentamos alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.
Y, el día llamado del sol, nos reunimos en un mismo lugar, tanto los que habitamos en las ciudades como en los campos, y se leen los comentarios de los apóstoles o los escritos de los profetas, en la medida que el tiempo lo permite.
Después, cuando ha acabado el lector, el que preside exhorta y amonesta con sus palabras a la imitación de tan preclaros ejemplos.
Luego nos ponemos todos de pie y elevamos nuestras preces; y, como ya hemos dicho, cuando hemos terminado las preces, se trae pan, vino y agua; entonces el que preside eleva, fervientemente, oraciones y acciones de gracias, y el pueblo aclama: Amén. Seguidamente tiene lugar la distribución y comunicación, a cada uno de los presentes, de los dones sobre los cuales se ha pronunciado la acción de gracias, y los diáconos los llevan a los ausentes.
Los que poseen bienes en abundancia, y desean ayudar a los demás, dan, según su voluntad, lo que les parece bien, y lo que se recoge se pone a disposición del que preside, para que socorra a los huérfanos y a las viudas y a todos los que, por enfermedad u otra causa cualquiera, se hallan en necesidad, como también a los que están encarcelados y a los viajeros de paso entre nosotros: en una palabra, se ocupa de atender a todos los necesitados.
Nos reunimos precisamente el día del sol, porque éste es el primer día de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia, y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro salvador, resucitó de entre los muertos. Lo crucificaron, en efecto, la vigilia del día de Saturno, y a la mañana siguiente de ese día, es decir, en el día del sol, fue visto por sus apóstoles y discípulos, a quienes enseñó estas mismas cosas que hemos puesto a vuestra consideración.

viernes, 21 de abril de 2023

La Cruz que da vida

De las Disertaciones de san Teodoro Estudita

¡Oh don valiosísimo de la cruz! ¡Cuán grande es su magnificencia! la cruz no encierra en sí mezcla de bien y de mal, como el árbol del Edén, sino que toda ella es hermosa y agradable, tanto para la vista como para el gusto. Se trata, en efecto, del leño que engendra la vida, no la muerte; que da luz, no tinieblas; que introduce en el Edén, no que hace salir de él. La cruz es el madero al cual subió Cristo, como un rey a su carro de combate, para, desde él, vencer al demonio, que detentaba el poder de la muerte, y liberar al género humano de la esclavitud del tirano.
Es el madero en el cual el Señor, como esforzado guerrero, heridos en la batalla sus pies, sus manos y su divino costado, curó las llagas de nuestras malas acciones, es decir, nuestra naturaleza herida de muerte por el dragón infernal.
Primero hallamos la muerte en un árbol, ahora en otro árbol hemos recuperado la vida; los que habíamos sido antes engañados en un árbol hemos rechazado a la astuta serpiente en otro árbol. Nueva y extraña mudanza, ciertamente. A cambio de la muerte se nos da la vida, a cambio de la corrupción se nos da la incorrupción, a cambio del deshonor se nos da la gloria.
No sin motivo exclamaba el santo Apóstol: En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Pues aquella suprema sabiduría que nace de la cruz ha desmentido la jactancia de la sabiduría del mundo y la arrogancia de lo que no es más que necedad. Los bienes de toda clase que dimanan de la cruz han destruido todo germen de malicia.
Ya desde el principio del mundo, todas aquellas cosas que no eran sino figuras y anuncios anticipados de este leño fueron signo e indicio de algo mucho más admirable que ellas mismas. Mira, si no, tú que deseas saberlo. ¿Por ventura no escapó Noé del desastre del diluvio, por decisión divina, él, su esposa, sus hijos y las esposas de éstos, y los animales de cada especie, en un frágil madero?
¿Qué significaba también la vara de Moisés? ¿No era acaso una figura de la cruz? Cuando convirtió el agua en sangre, cuando devoró a las falsas serpientes de los magos, cuando con su golpe y virtud dividió las aguas del mar, cuando de nuevo las volvió a su curso, sumergiendo en ellas al enemigo y preservando al pueblo elegido.
Semejante poder tuvo la vara de Aarón, figura también de la cruz, que floreció en un solo día, demostrando así quién era el legítimo sacerdote.
También Abraham anunció la cruz de antemano cuando puso a su hijo atado sobre el montón de maderos.
Por la cruz fue destruida la muerte, y Adán fue restituido a la vida. En la cruz se gloriaron todos los apóstoles, por ella fueron coronados todos los mártires, santificados todos los santos. Por la cruz nos revestimos de Cristo y nos despojamos del hombre viejo. Por la cruz nosotros, ovejas de Cristo, hemos sido reunidos en un solo redil y destinados al aprisco celestial.

jueves, 20 de abril de 2023

A quién obedecemos?

"Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
La respuesta de Pedro y los apóstoles a los Sumos Sacerdotes es lo que nos ayuda a pensar en nosotros: ¿a quién obedecemos: a Dios o a los hombres? Nuestras actitudes y nuestra forma de vivir nos lo dirá. Y es una pregunta que nos debemos hacer todos los días para saber por qué camino estamos transitando, por dónde va nuestra vida y si realmente estamos siendo fieles a Dios o a los hombres.
Claro es que no sólo hablamos de los hombres como un ente universal, sino también hablamos de los hombres haciendo referencia a nuestros gustos, a nuestros proyectos, a lo que se nos canta vivir. Porque muchas veces no escuchamos a Dios sino que nos escuchamos a nosotros mismos: nuestro egoísmo, nuestro apetito de poder, de sobresalir, de buscar nuestro interés, nuestra soberbia o vanidad, o nuestra falsa humildad frente a lo que nos toca vivir.
Porque no siempre hemos entendido que no todo está permitido para el hijo de Dios, sino que todo lo que hemos de buscar es Su Voluntad para mi vida, y saber escuchar al Espíritu que habita en nosotros, para poder dar testimonio de lo que creemos con lo que vivimos.
Y eso es lo que nos dice Jesús:
"El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz".
Y no es que vengamos de lo alto porque somos dioses, sino porque se nos ha dado el Espíritu que viene de Dios, y gracias a la muerte y resurrección de Cristo, se nos ha hecho hijos de Dios por el bautismo. Por eso, al nacer de nuevo en la fuente bautismal hemos nacido de lo alto, pues de lo alto vino el Espíritu y elevo nuestra dignidad a la de hijos de Dios, así, también, podemos pensar que hemos sido enviados por Dios como lo fue el hijo:
"El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida".

miércoles, 19 de abril de 2023

Cristo vive en su Iglesia

De los Sermones de san León Magno, papa

No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios, habiendo tomado la naturaleza humana, se unió a ella tan íntimamente, que no sólo en aquel hombre que es el primogénito de toda creatura, sino también en todos sus santos, no hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que no puede separarse la cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden separarse de la cabeza.
Aunque no pertenece a la vida presente, sino a la eterna, el que Dios sea todo en todos, sin embargo, ya ahora, él habita de manera inseparable en su templo, que es la Iglesia, tal como prometió él mismo con estas palabras: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.
Por tanto, todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con miras a la reconciliación del mundo no sólo lo conocemos por el relato de sus hechos pretéritos, sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus obras presentes.
Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo, es quien fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la regeneración bautismal, una multitud Innumerable de hijos sea engendrada para Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abraham por la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe.
Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día lo que antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor.
Aunque dijo a Pedro, en su calidad de jefe: Apacienta mis ovejas, en realidad es él solo, el Señor, quien dirige a todos los pastores en su ministerio; y a los que se acercan a la piedra espiritual él los alimenta con un pasto tan abundante y jugoso, que un número Incontable de ovejas, fortalecidas por la abundancia de su amor, están dispuestas a morir por el nombre de su pastor, como él, el buen Pastor, se dignó dar la propia vida por sus ovejas.
Y no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los que renacen en el bautismo, por el hecho mismo de su regeneración, participan en sus sufrimientos.
Así es como celebramos de manera adecuada la Pascua del Señor, con ázimos de pureza y de verdad: cuando, rechazando la antigua levadura de maldad, la nueva creatura se embriaga y se alimenta del Señor en persona.
La participación del cuerpo y de la sangre del Señor, en efecto, nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en el espíritu y en la carne, a aquel junto con el cual hemos muerto, bajado al sepulcro y resucitado.

martes, 18 de abril de 2023

Nacer de nuevo

"En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Cada día que abrimos los ojos a la vida nacemos de nuevo, pero no siempre tenemos la conciencia de que debemos nacer de nuevo. Es decir, cada día debemos tomar conciencia de recuperar la Gracia para que el Espíritu siga soplando en nosotros y nos muestre, cada día, la Voluntad de Dios, nos de la fortaleza necesaria para vivirla, y nos ayude, siempre, a seguir creciendo en la confianza plena y total en el Amor del Padre.
Es el Espíritu Santo, que habita en nosotros, a quien debemos escuchar al levantarnos para que nos ayude a discernir cuál es la Voluntad de Dios para ese día, que me de sus Dones para que pueda gustar del Amor del Dios y para que pueda amar como el me ama.
Si no nos ponemos en manos del Espíritu Santo para poder vivir como hijos de Dios no podremos hacer nuevas todas las cosas, pues siempre vamos a estar viviendo de las cosas de aquí abajo, cuando, en realidad, tenemos que aspirar a los bienes eternos y traer el Cielo a la tierra.
¿Cómo poder alcanzar el ideal que nos presentan los Hechos de los apóstoles si no lo dejamos al Espíritu renovarnos cada día?
"El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado".
No podemos, los hijos de Dios, vivir el ideal del Amor y la fraternidad, si no lo dejamos al Espíritu renovarnos cada día, pues siempre vamos a estar pendientes, o a dejarnos "mover" por los instintos naturales y por los pecados personales: el apetito de poder, el egoísmo, la vanidad, la soberbia, que traen las desuniones, las divisiones, las rivalidades, etc.

lunes, 17 de abril de 2023

La Pascua espiritual

De una Homilía pascual de un autor antiguo

La Pascua que hemos celebrado es el origen de la salvación de todos, comenzando por el primer hombre, que continúa viviendo en sus descendientes.
Primero fue establecida toda aquella serie de instituciones antiguas, limitadas a un tiempo, como tipo e imagen de las cosas eternas, para anunciar de un modo velado la realidad que ahora sale a plena luz; pero, al hacerse presente esta realidad, lo que era tipo e imagen no tiene ya vigencia; cuando llega el rey, nadie lo deja de lado para seguir venerando su imagen.
Queda, pues, muy claro en qué alto grado la realidad excede a la figura, ya que ésta celebraba la momentánea preservación de la muerte de los primogénitos israelitas, pero la realidad celebra la vida perpetua de todos los hombres.
No es gran cosa verse libre de la muerte por breve tiempo si se ha de morir poco después, pero sí lo es verse libre de la muerte de un modo definitivo; y esto es lo que nos ha sucedido a nosotros, ya que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Ya el mismo nombre de la fiesta encierra en sí una gran excelencia, si comprendemos lo que realmente significa. La palabra Pascua, en efecto, significa «paso», refiriéndose al hecho de que el ángel exterminador que mataba a los primogénitos pasó de largo ante las casas de los hebreos. Verdaderamente el ángel exterminador ha pasado de largo ante nosotros, dejándonos intactos y resucitados por Cristo para la vida eterna.
¿Qué significa, si buscamos su sentido verdadero, el hecho de que aquel tiempo en que se celebraba la Pascua y la salvación de los primogénitos fuera establecido como el inicio del año? Que también para nosotros el sacrificio de la Pascua verdadera es el inicio de la vida eterna.
El año, en efecto, es como un símbolo de la eternidad, ya que, una vez terminado su curso, vuelve siempre a recomenzar su ciclo. Y Cristo, el padre sempiterno, se ha ofrecido por nosotros en sacrificio y, considerando como si nuestra vida anterior no hubiera pasado en el tiempo, nos da el principio de una segunda vida, mediante el baño de regeneración, imagen de su muerte y resurrección.
Y, así, todo el que reconoce que la Pascua ha sido inmolada para él, tenga como principio de vida la inmolación de Cristo en su favor. Cada uno de nosotros nos apropiamos esta Inmolación cuando reconocemos el don y entendemos que este sacrificio es el origen de nuestra vida. El que ha llegado a este conocimiento que se esfuerce en recibir este principio de vida nueva y que no retorne ya más a la vida anterior, cuyo fin se aproxima.
Pues, una vez que hemos muerto al pecado —dice el Apóstol—, ¿cómo continuar viviendo en él?

domingo, 16 de abril de 2023

Paz a vosotros!

«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Hermoso evangelio de este domingo donde el Señor se aparece a los apóstoles. Lo primero que les dice es ¡Paz a vosotros! Porque sólo un corazón en paz puede ver más allá de lo que ven los ojos, y puede abrirse al misterio y a la grandeza de Dios. Y, sobre todo, un corazón en paz puede experimentar una mayor alegría frente a un acontecimiento extraordinario, e, incluso, a algo de todos los días.
Cuando tenemos paz en el alma nuestra mirada es más pura, más sencilla y se deja impresionar por las cosas que Dios nos va regalando, y, también, por las pequeñas cosas que los demás hacen por nosotros. Pero cuando no tenemos esa paz todo lo vemos mal, con desesperanza, con desasosiego, todo está mal. Por eso es necesario, en todo momento, volver a mirar al Resucitado que nos trae la paz al alma, pues Él es nuestra Paz.
Así llenos de alegría los discípulos del Señor recibieron una gran noticia, que no fue la del Señor Resucitado, sino que Jesús los unió a sí mismo en la gran misión que el Padre le encomendara: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”, y sopló sobre ellos el Espíritu Santo, para que ellos sean, a partir de ese momento, los instrumentos elegidos para llevar ese mismo Espíritu hasta el confín del mundo.
Y así, ese Espíritu ha llegado a nosotros y ha sido infundido en nuestras almas configurándonos a imagen de Cristo Resucitado, para que, como los apóstoles también seamos misioneros del Amor misericordioso del Padre que no dudó en entregarnos a su Hijo para que, desde la Cruz y la Resurrección, nos diera una Vida Nueva.
Por eso, a partir de nuestro bautismo hemos sido enviados a llevar, con nuestra vida y ejemplo, la alegría de la resurrección a todos los hombres que necesiten luz, paz, esperanza, y para aquellos que buscan un sentido y una razón para vivir. Sí, nuestra vida es vida de resucitados y llevamos esa alegría hasta el final de los tiempos.
 

sábado, 15 de abril de 2023

Pan y bebida de salvación

De las Catequesis de Jerusalén
 
Jesús, el Señor, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de pronunciar la Acción de Gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo.» y tomando el cáliz, después de pronunciar la acción de Gracias, dijo: «Tomad y bebed, ésta es mi sangre.» Por tanto, si él mismo afirmó del pan: Esto es mi cuerpo, ¿quién se atreverá a dudar en adelante? Y si él mismo afirmó: Ésta es mi sangre, ¿quién podrá nunca dudar y decir que no es su sangre?
Por esto hemos de recibirlos con la firme convicción de que son el cuerpo y sangre de Cristo. Se te da el cuerpo del Señor bajo el signo de pan, y su sangre bajo el signo de vino; de modo que al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo te haces concorpóreo y consanguíneo suyo. Así, pues, nos hacemos portadores de Cristo, al distribuirse por nuestros miembros su cuerpo y sangre. Así, como dice san Pedro, nos hacemos participantes de la naturaleza divina.
En otro tiempo, Cristo, disputando con los judíos, decía: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros. Pero, como ellos entendieron estas palabras en un sentido material, se hicieron atrás escandalizados, pensando que los exhortaba a comer su carne.
En la antigua alianza había los panes de la proposición; pero, como eran algo exclusivo del antiguo Testamento, ahora ya no existen. Pero en el nuevo Testamento hay un pan celestial y una bebida de salvación, que santifican el alma y el cuerpo. Pues, del mismo modo que el pan es apropiado al cuerpo, así también la Palabra encarnada concuerda con la naturaleza del alma.
Por lo cual, el pan y el vino eucarísticos no han de ser considerados como meros y comunes elementos materiales, ya que son el cuerpo y la sangre de Cristo, como afirma el Señor; pues, aunque los sentidos nos sugieren lo primero, hemos de aceptar con firme convencimiento lo que nos enseña la fe.
Adoctrinados e imbuidos de esta fe certísima, debemos creer que aquello que parece pan no es pan, aunque su sabor sea de pan, sino el cuerpo de Cristo; y que lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca a nuestro paladar, sino la sangre de Cristo; respecto a lo cual hallamos la antigua afirmación del salmo: El pan da fuerzas al corazón del hombre y el aceite da brillo a su rostro. Da, pues, fuerzas a tu corazón, comiendo aquel pan espiritual y da brillo así al rostro de tu alma.
Ojalá que con el rostro descubierto y con la conciencia limpia, contemplando la gloria del Señor como en un espejo, vayamos de gloria en gloria, en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien sea el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 13 de abril de 2023

Volar alto

"Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos..."
Creo que a muchos les pasa lo mismo que a los apóstoles: todavía no creen en la Resurrección de Jesucristo, o no creen que Jesús sea Dios verdadero. No pueden abrir, todavía, el entendimiento a la Gracia para comprender el gran misterio que es amar a este Dios, o, mejor dicho, tener un Dios que nos ama tanto que envió a su Unigénito a la Cruz para darnos nueva vida en el espíritu.
Para muchos, creo, la Semana Santa y la Pascua han sido unos días diferentes, no tan diferentes como las vacaciones de verano, pero no porque no estuvieran de vacaciones, sino porque en todas partes se respiraría un aire distinto en cuanto y en tanto se veían procesiones y se hablaba, quizás, de otro tema. Pero, en realidad, el alegrarse por la Resurrección de Jesús... Somos una generación incrédula que no llega a comprender los misterios de la fe, y, por eso mismo no se llega a estrechar una relación profunda y sincera con nuestro Dios y Señor.
Quizás, aún seguimos, a pesar de nuestra evolución humana y científica y todo eso, como en aquella época en la que, como Santo Tomás apóstol, decimos: si no veo no creo. Y hoy no está el Señor para darnos a tocar sus manos y su costado, sino que aceptamos o no vivir en un plano más sobrenatural, y así poder madurar nuestra vida de fe.
Sí, es muy difícil para el hombre de hoy creer o vivir en el orden sobrenatural porque estamos tan "metidos" en lo natural y humano, que, a veces, es imposible llegar a mirar más arriba de nosotros mismos. Y, aunque quisiéramos levantar nuestras miradas y elevar nuestras vidas en otro nivel, siempre hay alguien que nos tira para abajo y nos vuelve a hacer pisar el suelo y a atarnos a lo mundano, a lo natural, a lo humano. Y aunque hemos sido para volar alto nos quedamos comiendo las migajas del mundo que no nos deja llegar a Dios.
Por eso tenemos una gran misión, los que intentamos seguir madurando nuestra fe, de desatar esos nudos que atan a muchos al mundo y ayudarlos no solo a mirar sino a comenzar un vuelo hacia la santidad, hacia Dios, hacia el Resucitado.

miércoles, 12 de abril de 2023

Nuestro Emaús

El evangelio de los discípulos de Emaús me hace pensar en nosotros. Sí, porque después de la celebración del Domingo de Pascua, y de todas las celebraciones de Semana Santa, volvemos a nuestras vidas diarias y ¿qué sucede? ¿Volvemos entristecidos como los discípulos de Emaús porque no entendieron que iba a resucitar Jesús? ¿O regresamos con el corazón ardiendo por la alegría de la Pascua y transmitimos a los demás esa misma alegría? ¿Volveremos a encontrarnos con Jesús en la mesa del altar o sólo quedará la buena hazaña de haber participado de algún modo en la Semana Santa?
"Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrará así en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras".
Deberíamos volver sobre la Escrituras e intentar comprender el por qué Dios nos ha permitido vivir lo que hemos vividos en estos días, por qué Dios le ha pedido a Su Unigénito aceptar la muerte y muerte de Cruz, y resucitar para nuestra salvación.
¿Salvación de qué? Por que si no tenemos nada que nos lleve a pensar que tenemos que salvar nuestra alma, entonces la Semana Santa no tiene sentido. Pero si sabemos que nuestra alma tiene que ser salvada para alcanzar la eternidad, entonces la Pascua da sentido a nuestra vida.
"Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan".
Y cuando comprendemos el por qué de su muerte y resurrección, y hemos podido, verdaderamente, encontrarnos con Él en la Eucaristía, entonces no nos quedará más que salir a anunciar el gozo de sabernos salvados, el gozo de habernos encontrado con el Resucitado y de aceptar el desafío de ser sus testigos y discípulos que anuncia con valentía la Nueva Vida en Cristo.

domingo, 9 de abril de 2023

Renovados en Cristo

¡Feliz Pascua de Resurrección!
Y digo lo mismo que San Pablo:
"Hermanos:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria".
Resucitar con Cristo y buscar los bienes de allá arriba, es la misión que tengo que lograr cada día. Si bien hemos resucitado con Cristo el día de nuestro bautismo, pero es, también, una misión la de mantener vivo el Don que se nos dio ese día: la Vida Nueva en Cristo, la Vida Nueva de la Gracia. Renovar constantemente la Gracia santificadora en nosotros es una misión que, a pesar de nuestro pecado y nuestras debilidades, tenemos que hacer, e, incluso, con nuestro pecado y nuestras debilidades es preciso hacerlo porque por la Gracia del Sacramento de la Reconciliación volvemos a llenarnos de Dios.
Así, renovados constantemente podemos seguir buscando los bienes de allá arriba, que por la Gracia que actúa en nosotros, podemos llegar a discernir y aceptar la Voluntad de Dios para alcanzar la santidad que el Padre pensó para nosotros.
Esa vida en Cristo es la Vida que el mundo necesita, pues es la Vida que da frutos de fraternidad, de paz, de esperanza, de alegría, de amor, de verdad... y ¡tantos otros! que muchos necesitan de Dios, pero que Él se lo quiere dar al mundo por medio de nosotros, sus hijos.
Por eso, renovemos la alegría de nuestra salvación y salgamos al mundo a renovarlo con nuestras vidas. sabiendo que, en realidad, no somos nosotros quienes actuamos sino que es Cristo que vive en nosotros quien da la Verdadera Vida.

sábado, 8 de abril de 2023

El descenso al lugar de los muertos

De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

viernes, 7 de abril de 2023

El valor de la sangre de Cristo

De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo

¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto.
Inmolad —dice Moisés— un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda -responde Moisés-: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: cón el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.

jueves, 6 de abril de 2023

Nuestra Cena con el Señor

Jueves Santo, el día en que recordamos la Última Cena del Señor con sus discípulos. Un día muy especial para todos nosotros porque en este día fue cuando el Señor, antes de ser crucificado, se entregó por entero para nuestra santidad. Sí, porque así como entregó su vida en la Cruz, en la Última Cena, nos entregó su vida en la Eucaristía. Fue la primera vez que el Señor celebra la Eucaristía y hace entrega de toda su vida: Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, que se nos dan en el Pan de la Vida.
Cada día que celebramos la Eucaristía, que vamos a Misa, podemos compartir con Él como lo hicieron los Apóstoles la misma mesa y la misma comida. ¡Ese es el misterio de nuestra Fe!
Una celebración que, muchas veces, dejamos pasar poniendo miles de excusas o argumentos, sin ponernos a pensar qué es lo que celebramos, o mejor dicho, qué es lo que estamos viviendo. Por que, lamentablemente, se nos ha ido perdiendo el hecho de que estamos viviendo junto a Jesús Su Última Cena cuando celebramos la Misa.
Lo hemos perdido porque somos, creo, muchos, los que no vivimos ni hacemos vivir la Misa como un encuentro con el Señor, y, por eso, vamos solamente a cumplir con un rito, con una obligación, sin pensar que, en realidad, vamos a vivir con Él un momento de entrega, de intimidad con el Señor.
Aunque en una Misa seamos muchos si nos centramos en lo que estamos viviendo vamos a poder tener un encuentro personal con el Señor, pues Él nos habla en La Palabra, en cada oración, y, fundamentalmente, nos habla cuando está en nosotros si hemos comulgado, tanto física como espiritualmente.
No, no es algo mágico, sino que es algo místico, ¡es el misterio de nuestra fe! y muchos lo dejamos de lado o otros tantos no sabemos vivirlo sino que sólo vamos a celebrarlo o a estar viendo algo que no entendemos.

miércoles, 5 de abril de 2023

La plenitud del Amor

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.
Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: Si te sientas a comer en la mesa de un señor, mira con atención lo que te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante. Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Como dice el apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante.
Por esto, al reunirnos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo, ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice el Señor que no hay otro más grande. Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor.
Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualarnos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre. Él era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida.
Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratularnos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.

martes, 4 de abril de 2023

La fotaleza de los pequeños

"Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
Muchas veces el temperamento, o el genio, o la inconsciencia nos hacen creer que somos unos superhéroes y decimos cosas grandilocuentes que nos hacen quedar bien delante de la gente. Cuando decimos cosas que salen así, sin pensar, y sin medir las consecuencias somos como Pedro, que hablamos sin saber lo que decimos, o mejor dicho, sin saber las consecuencias de lo que decimos o las responsabilidades que acarreará lo que decimos.
Por que, como Pedro, después de ponernos el disfraz de superhéroes nos lo quitamos enseguida porque nos da miedo lo que viene después, porque no sabemos qué hacer o porque tenemos vergüenza de decir que nos hemos equivocado. Las disculpas o el reconocimiento de tener que decir: "no, no puedo hacer lo que he dicho", no cabe en la boca de aquellos que se han puesto la capa de superman, pero no tienen miedo de volar.
Igualmente, el Señor nos toma la palabra de lo que decimos y nos lleva a volar a pesar de nuestro vértigo, pues sólo volando a las alturas con Él podemos alcanzar la meta que deseamos. Pero, antes, debemos besar el suelo de la humildad para poder reconocer que no somos lo que decimos ser, sino que somos mucho menos y, sobre todo, que sin Él nada podemos hacer.
Y, pensando en esto, me llenan de gozo las palabras de Santa Teresita de Lisieux:
"En vez de desalentarme, me he dicho: Dios no inspira deseos irrealizables; puedo, pues, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. ¡Engrandecerme, es imposible! He de soportarme tal como soy, con mis innumerables imperfecciones; pero quiero buscar la manera de ir al cielo, por un caminito muy recto, muy corto, por un caminito enteramente nuevo. Estamos en un siglo de inventos; hoy día, no es menester ya fatigarse en subir los peldaños de una escalera; en las casas ricas hay un ascensor que lo sustituye con ventaja. Quiero también encontrar un ascensor para re montarme hasta Jesús, puesto que soy demasiado pequeña para subir por la ruda escalera de la perfección."

lunes, 3 de abril de 2023

Solamente estar

"Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa".
¿Con quién estar en los momentos más tristes? Con los que uno quiere. Por eso Jesús se fue a Betania, con sus discípulos y con sus amigos. Él ya sabía que había llegado su Hora y su corazón estaba triste, y necesitaba estar con los suyos.
En estas pequeñas cosas o pequeños actos se descubre la humanidad de Jesús, una humanidad que nos ayuda a mirarnos, también, a nosotros mismos. ¿Cómo estamos junto a los que queremos? ¿Ayudamos con nuestra presencia y nuestro cariño a los que queremos o los dejamos solos en los momentos difíciles?
A veces, seguramente, tengamos vergüenza de que descubran nuestro dolor o nuestra soledad, pero es necesario poder confiar en quienes queremos para que nos acompañen, quizás no puedan ayudarnos, pero sí acompañarnos a pasar ese día o ese mal rato.
"María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume".
¿Por qué María le ungió los pies? Seguramente no sabría qué hacer junto a Jesús. Seguramente, aunque Él no le dijera nada, ella pudo intuir su dolor, su tristeza e hizo lo que mejor sabía hacer: estar a los pies del Señor, pero en este caso no sólo escuchándolo sino ungiendo sus pies con perfume, acariciando nos pies y perfumando sus huellas, para que ese olor de santidad que Él despedía nunca se vaya de su casa, ni tan siquiera de sus vidas.
Son esos pequeños gestos que hacemos, también, con los que amamos los que les ayudan a superar sus dolores, sus oscuridades, sus tristezas. No son los consejos los que más ayudan, sino el saber escuchar, el estar juntos, el suavizar el dolor con el perfume de la compañía, con la suavidad de un abrazo de una caricia.
"Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Y siempre hay alguien que piensa mal, que pone excusas para no ayudar en los momentos más difíciles y, seguramente, con envidia de que lo que el otro está haciendo no se le ocurrió a él. Pero son esas excusas las que no debemos escuchar, sólo debemos hacer lo que nos surja del corazón para poder ayudar, para poder acompañar porque siempre habrá quién hable de más, quien comience a hablar o a argumentar cosas que no son necesarias en ese momento.
"Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

domingo, 2 de abril de 2023

Quién es ese?

La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: «¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!».
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?".

Comenzamos la Semana Santa, la Gran Semana de nuestra fe, celebrando la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén. Y, quizás como en aquel tiempo, también nosotros hacemos una entrada en nuestros templos con palmas y alegría cantando el Hosana al que viene en el nombre del Señor, llevando palmas en nuestras manos.
Pero, también, seguramente, habrá quienes, como aquella gente se pregunten ¿Quién es este? ¿Quién es este Jesús del que hablan? Porque para muchos este Jesús es un ser extraño, aunque muchos hablen de Él y muchos lleven su cruz al pecho, pero, quizás, no lo conozcan y por eso no puedan seguirlo.
Son muchos los que irán detrás de las Palmas Bendecidas de este Domingo de Ramos, pero ¿por qué? ¿por qué ir a buscar una Palma Bendecida y llevarla a nuestra casa? ¿Qué es lo que significa o simboliza esa Palma en mi casa? Quizás, para muchos será un signo de suerte, de que no nos pase nada, de estar protegidos… ¿será para algunos un signo de que he dejado entrar a Dios en mi casa? ¿Será un recuerdo de que Jesús es el Señor de mi vida? ¿Será que quiero que Él reine en mi casa como en mi corazón?
Quizás todavía no lo conocemos, puede ser que todavía nos falte relacionarnos con Él y saber bien Quién es este Jesús que quiere entrar en mi vida, que quiere reinar en mi corazón y en mi familia. ¿Será de verdad Dios? ¿Será de verdad el Hijo Único de Dios? Y ¿si lo dejo entrar en mi casa qué pasará después? ¿Me pedirá cosas que yo no quiero hacer o que sean malas para mí?
Jesús quiere reinar en nuestras vidas, pero no reinar al modo del mundo, sino al modo en que Él dejó reinar al Padre en su vida: “no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió”. Ése es el Camino que Él nos enseñó y que, a pesar de tener el corazón dolorido por la angustia de lo que le esperaba, siguió el camino hasta el final, por amor al Padre y por amor a nosotros, pues con su vida nos daría Vida.