jueves, 20 de octubre de 2022

Que no se apague el fuego

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!".
¿Cuál es el fuego del que habla Jesús?
El fuego del Espíritu, los Dones del Espíritu Santo que quiere que se enciendan en nuestros corazones y así poder encender la tierra, el mundo entero con los Dones de una Vida Nueva en Cristo, en la verdad, la justicia, la alegría, la esperanza, la fraternidad, la paz...
Es el Hombre Nuevo quien con el fuego del Espíritu podrá llevar por donde vaya la alegría de la Buna Noticia de la Salvación, pero una salvación que no siempre trae paz, sino guerra. Una guerra interior donde luchan el cuerpo contra el espíritu y el espíritu contra el cuerpo, como bien dice San Pablo, porque queremos lo que no debemos, y anhelamos lo que no podemos. Y la búsqueda de la Voluntad para el hombre de hoy es la lucha más fuerte que tiene que tener todos los días, pues muy fácilmente nos enamora el mundo y nos hace pensar en lo que es más fácil y nos lleva por la puerta ancha de la perdición.
"¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Habrá no sólo una lucha interna sino una externa frente a aquellos que piensan que lo mejor es la vida en el mundo, que los nuevos paradigmas de la sociedad, que las ideologías que van surgiendo en el mundo, que las tinieblas de la mentira y la vida a media, es el camino más fácil y cómodo para vivir sin que te molesten. En cambio al que quiera vivir en fidelidad a la Voluntad de Dios y el Evangelio, se le pondrán trabas, se le quitarán los derechos para expresar y vivir según cree y quiere.
Cuando se quiera vivir radicalmente la fidelidad a Dios habrá divisiones, habrá luchas y tendremos que estar fuertes en el espíritu para poder combatir hasta el final sin perder la fe.
Por eso San Pablo nos orienta a cómo vivir y qué hacer para alcanzar la meta:
"Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén".

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