jueves, 13 de octubre de 2022

La alegría de ser elegidos

"Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado".
Siempre me ha gustado este comienzo de la carta de san Pablo a los efesios, pero, también, siempre me ha dado un poco de miedo el no poder ser capaz de vivir la alegría de ser elegido por Dios para tan extraordinaria misión.
Creo que a todos nos tiene que dar un alegrón saber que Dios nos ha elegido para ser santos e intachables ante él por el amor, que nos ha destinado para ser sus hijos. Es o no es para alegrarnos, para saltar de gozo porque Él, el Todopoderoso ha puesto su mirada en mí, en tí, en nosotros.
Por eso mismo, cuando Pablo mira a las comunidades las reprende fuertermente cuando no viven de acuerdo a lo que saben que deben ser, cuando nos vamos del camino que Jesús nos ha mostrado para vivir, entonces es cuando el Señor nos pide vovler. Que es lo mismo que Jesús le pedía a los de su generación, a aquellos que habían recibido el Don de Dios, la Ley y los Profetas, y que se llamaban a sí mismos doctores y maestros de la Ley:
"¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!".
Sin dejar de lado la alegría de haber sido elegidos y predestinados por Dios, también está el deber de vivir como lo que verdaderamente somos. No nos autodenominemos "maestros" de fe, porque no lo somos, tenemos un Solo Maestro y es Jesús, nosotros seguiremos siendo aprendices del Camino que Él nos ha indicado a recorrer, y nada más.
Cuando nos erigirmos en maestros lo hacemos para marcar, señalar y cuestionar a aquellos que, quizás, no han alcanzado la madurez suficiente para vivir como Jesús nos pide, pero tampoco nosotros somos tan maduros como para sentarnos en el banquillo de juez y verdugo de nuestros hermanos.
Ayudemos, sí, con nuestra vida y ejemplo a que encuentren el Camino que los conduce a la paz y a la alegría de ser elegidos de antemano por el Padre Dios, y acompañemos a quienes necesitan de nuestra compañía a vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios, porque eso nos ayudará, también, a seguir creciendo en Fidelidad a la Palabra de Dios.

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