"Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Es lo que, habitualmente, nos sucede: la fe descubrimos que no es suficiente en momentos donde la tormenta llega a nuestra vida. En esos momentos nos parece parecer, que todo se nos hunde y que, sobre todo, Dios no nos escucha. Y el Señor nos vuelve a responder: "¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?"
Si, seguramente tenemos fe, pero no la hemos madurado para los tiempos de tempestad. Tenemos fe para tiempos de bonanza, para cuando todo está bien, pero cuando llegan esas tormentas que nos sacuden toda la vida, ahí parece que no tuviéramos fe, que todo se nos ha perdido y que no sabemos para dónde tenemos que ir.
Y de eso tratan las lecturas de hoy, porque por un lado Jesús les hace, no sólo una pregunta a los apóstoles, sino que les exhorta con una pregunta cuestionadora de sus vidas de fe. Y, por otro lado, el escritor de los Hebros nos habla de la fe de Abrahám, nueustro padre en la Fe.
"Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «lsaac continuará tu descendencia».
Creemos, muchas veces, cuando nuestra fe no ha sido suficientemente madurada, que nada nos puede ocurrir y que Dios no nos puede permitir que nos suceda nada, y que, todo lo que se nos ocurra pedir, Él nos dará todo. Y no cuando el Señor nos llama para ser sus discípulos nos habla de un Camino de fe, de confianza en Su Providencia, en Su Amor, en Su Sabiduría. Por eso, cuando nos pide llevar una cruz, caminar en la oscuridad, navegar sobre mares revueltos, es porque Él sabe que podremos y no porque nosotros tengamos la capacidad y el poder, sino porque Él, aunque parezca dormido, siempre estará para acompañarnos: "aunque pase por valles oscuros nada temeré porque tú estas conmigo, tu vara y tu bastón me acompañan", y tantos otros versículos que nos hablan de la confianza en Su Providencia, nos tienen que ayudar a creer que nunca estamos solos, aunque, muchas veces lo ignoremos o lo alejemos de nuestras vidas.
"Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es éste? ¡ Hasta el viento y las aguas le obedecen!».
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