De las Disertaciones de san Proclo de Constantinopla, obispo
Cristo se ha hecho visible al mundo y, devolviéndole su
antigua armonía, lo ha llenado de hermosura y de gozo. Ha tomado sobre sí el
pecado del mundo, arrojando de él al enemigo. Ha santificado los manantial; de
agua y ha iluminado las almas de los hombres. Ha acumulado una serie de
maravillas, a cual más admirable.
Hoy la tierra y el mar se han repartido entre si la gracia
del Salvador, y todo el mundo está inundado de alegría; el día de hoy añade
nuevas maravillas a la solemnidad precedente.
En efecto, en la anterior solemnidad del nacimiento del
Salvador se alegraba la tierra, porque llevaba al Señor en un pesebre; pero en
este día de las Teofanías también el mar salta de gozo y se regocija
alborozadamente; se regocija porque recibe en pleno Jordán la bendición
santificadora.
En la solemnidad precedente Cristo se nos mostraba en la
imperfección de la infancia, signo de nuestra propia imperfección; pero en la
festividad que hoy celebramos lo vemos llegado ya a la perfección de su madurez,
lo que designa de un modo velado la perfección de aquel que procede del que es
perfecto por esencia. Antes, el que es Rey se revistió de la púrpura del cuerpo
humano; ahora, el que es la fuente cubre y reviste, por así decirlo, las aguas
del río.
¡Ea, pues!, contemplad estas nuevas y estupendas maravillas:
el sol de justicia se baña en el Jordán, el fuego se sumerge en el agua, Dios es
santificado por ministerio de un hombre.
Hoy toda la creación prorrumpe en este himno: Bendito el que
viene en nombre del Señor. Bendito el que viene en todo tiempo, pues no es ésta
la primera de sus venidas.
Y ¿de quién se trata? Dínoslo claramente, por favor,
bienaventurado salmista: El Señor es Dios: él nos ilumina. Y no sólo el
salmista, sino que también el apóstol Pablo se hace solidario de su testimonio,
cuando dice: Dios ha hecho aparecer a vista de todos los hombres la gracia que
nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez. No dice «a vista de
algunos», sino de todos, porque todos, judíos y griegos, obtienen la salvación
por d bautismo, todos pueden beneficiarse de sus riquezas.
¡Ea, pues!, considerad este admirable y nuevo diluvio,
superior en todo al que tuvo lugar en tiempos de Noé. Porque entonces el agua
del diluvio destruyó al género humano; mas ahora el agua del bautismo, con la
eficacia que Cristo le comunica al ser él bautizado, retorna los muertos a la
vida. Entonces una paloma, llevando en su boca un ramo de olivo, designaba la
fragancia del olor de Cristo Señor; pero ahora el Espíritu Santo, al venir en
forma de paloma, pone de manifiesto al mismo Señor de la misericordia.
sábado, 9 de enero de 2021
La santificación de las aguas
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