"Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer".
Último día del año. Día de balances. Día de fiesta, pero también de lágrimas. Una mezcla de sensaciones y de situaciones que se viven en un sólo día, como si todo tuviera su fin en este día y su principio en el otro. Pero no, es un día más, donde creemos que por arte de magia todo se transformará, y no, no todo se transformará por arte de magia. Pero sí todo podemos transformarlo por arte de la Gracia.
En un año se viven muchas cosas, y todos los años, se viven las mismas situaciones, aunque de diferentes maneras, porque todos los años vamos acumulando la sabiduría del que pasó y nos hace, un poco, más maduros y, si hacemos esfuerzos, aprendemos más sobre la vida.
Pero es bueno, al final del día, como al final del año dar gracias por lo vivido y pedir perdón por los errores, eso es lo que nos da la Gracia para que podamos aprovechar lo vivido y aprender de los errores. La Gracia que Jesús nos trajo con su vida, es la Gracia que renovamos cada día al levantarnos y conservamos al acostarnos.
La renovamos cuando nos ponemos en manos del Padre para comenzar a vivir un día según Su Voluntad, y por eso le damos gracias por el día que amanece y por la oportunidad de volver a ser Fieles a la Vida que nos regala.
Y la conservamos cuando, al acostarnos, le damos gracias por habernos sostenido en la fidelidad al evangelio, y le pedimos perdón por las tentaciones, los tropiezos y las caídas, los errores y las faltas de amor, que hemos cometido, para que, con un corazón limpio y agradecido, podamos volver a recibir su Gracia y aprender de los errores cometidos. Porque cuando no reconocemos nuestros errores y pecados no aprendemos a corregirlos.
Así, el Balance que hacemos en este día nos servirá para poder tener el corazón dispuesto a recibir la Gracias suficiente y necesaria para que el nuevo día que comencemos, y el nuevo año que empieza, sea lleno de Gracia y Virtud, para que así sí podamos transformarnos por arte de la Gracia que viene de nuestro Señor.
Y, también, y sobre todo, tenemos que saber pedir que la Gracia nos ayude a ver con buenos ojos todo lo vivido, porque, muchas veces, sólo vemos los días más oscuros y dolorosos, que son los que nos ocultan los días de sol y felices, que, seguramente, todos hemos tenido y que han sido vividos por la Gracia que se nos ha dado. Y, saber que siempre, con la ayuda de la Gracia del Señor, todo los balances dan ganancia porque sólo Él puede transformar todo en Gracia.
En la misa de hoy daremos Gracias por lo vivido; Gracias por los que han estado y hoy comparten la vida del Cielo; Gracias por las noches oscuras y por el dolor de la Cruz; Gracias por reconocernos y sabernos hermanos que, juntos, queremos ser Fieles a la Vida que el Señor nos regaló.