martes, 31 de diciembre de 2019

Por arte de Gracia

"Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer".
Último día del año. Día de balances. Día de fiesta, pero también de lágrimas. Una mezcla de sensaciones y de situaciones que se viven en un sólo día, como si todo tuviera su fin en este día y su principio en el otro. Pero no, es un día más, donde creemos que por arte de magia todo se transformará, y no, no todo se transformará por arte de magia. Pero sí todo podemos transformarlo por arte de la Gracia.
En un año se viven muchas cosas, y todos los años, se viven las mismas situaciones, aunque de diferentes maneras, porque todos los años vamos acumulando la sabiduría del que pasó y nos hace, un poco, más maduros y, si hacemos esfuerzos, aprendemos más sobre la vida.
Pero es bueno, al final del día, como al final del año dar gracias por lo vivido y pedir perdón por los errores, eso es lo que nos da la Gracia para que podamos aprovechar lo vivido y aprender de los errores. La Gracia que Jesús nos trajo con su vida, es la Gracia que renovamos cada día al levantarnos y conservamos al acostarnos. 
La renovamos cuando nos ponemos en manos del Padre para comenzar a vivir un día según Su Voluntad, y por eso le damos gracias por el día que amanece y por la oportunidad de volver a ser Fieles a la Vida que nos regala.
Y la conservamos cuando, al acostarnos, le damos gracias por habernos sostenido en la fidelidad al evangelio, y le pedimos perdón por las tentaciones, los tropiezos y las caídas, los errores y las faltas de amor, que hemos cometido, para que, con un corazón limpio y agradecido, podamos volver a recibir su Gracia y aprender de los errores cometidos. Porque cuando no reconocemos nuestros errores y pecados no aprendemos a corregirlos.
Así, el Balance que hacemos en este día nos servirá para poder tener el corazón dispuesto a recibir la Gracias suficiente y necesaria para que el nuevo día que comencemos, y el nuevo año que empieza, sea lleno de Gracia y Virtud, para que así sí podamos transformarnos por arte de la Gracia que viene de nuestro Señor.
Y, también, y sobre todo, tenemos que saber pedir que la Gracia nos ayude a ver con buenos ojos todo lo vivido, porque, muchas veces, sólo vemos los días más oscuros y dolorosos, que son los que nos ocultan los días de sol y felices, que, seguramente, todos hemos tenido y que han sido vividos por la Gracia que se nos ha dado. Y, saber que siempre, con la ayuda de la Gracia del Señor, todo los balances dan ganancia porque sólo Él puede transformar todo en Gracia.
En la misa de hoy daremos Gracias por lo vivido; Gracias por los que han estado y hoy comparten la vida del Cielo; Gracias por las noches oscuras y por el dolor de la Cruz; Gracias por reconocernos y sabernos hermanos que, juntos, queremos ser Fieles a la Vida que el Señor nos regaló.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Somos hijos de Dios en el mundo

En esta Octava de Navidad la liturgia nos ha llevado por distintos estilos de vida y de santidad: el apostolado de san Juan Evangelista, el llamado a Esteban y su predicación como diácono y su martirio, el martirio de los santos Inocentes, el modelo de la Sagrada Familia; un abanico de estilos de vidas que nos presenta el Señor a partir de que Él asume nuestra condición humana para elevarnos a la dignidad de hijos de Dios. Pero esta dignidad que hemos "ganado" gracias al Amor de Dios que, mirando nuestra pequeñez, quiso que volviésemos a ser sus hijos, es una dignidad que tenemos que ir conservando y madurando de día en día.
Es así que hoy, ya terminando la octava de Navidad, la liturgia nos presenta la carta de San Juan, en la cual nos hace muchas exhortaciones y al final nos dice:
"No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo - la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero -, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".
Lo que me lleva aquel momento en el que Jesús, rezando al Padre en la Última Cena, nos dice:
"no sois del mundo pero estáis en el mundo", "no ruego para que los quites del mundo sino para que los preserves del maligno".
Y es una recomendación que tenemos que tener siempre presente, por que el Príncipe de este mundo no nos va a tentar con situaciones que ya sabemos que no podremos llegar a aceptar (aunque a veces nos dejemos convencer muy bien) sino que nos irá poniendo a nuestro alcance situaciones "muy apetitosas" que diremos: "pero hacerlo no tiene problemas, porque todos los hacen... y no está mal". Y ahí es cuando caemos en las redes del mundo, porque lo que no hemos sabido preguntarnos es: ¿es voluntad de Dios que haga esto?
"La concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos, la arrogancia del dinero", ¿acaso no son todas situaciones que vivimos, generalmente, todos los días sin darnos cuenta? ¿No nos dejamos llevar por lo que queremos y no por lo que debemos? ¿No se nos van nuestros ojos detrás de situaciones que no debemos aceptar? ¿Acaso no es el tener lo que va dominando nuestro estilo de vida?
Quizás no sean situaciones muy gravosas en nuestras vidas, pero nos estamos olvidando de quienes somos en realidad: hijos de Dios, que han sido llamados a vivir en la santidad en medio de un mundo que no busca la Luz sino que goza de vivir en las tinieblas.

domingo, 29 de diciembre de 2019

El ejemplo de Nazaret

De las Alocuciones del papa Pablo sexto

    Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.
    Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida.
    Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.
    Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.
    ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!
    Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.
    Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros.
    Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.
    Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.
    Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.
    Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo nuestro Señor.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Ser fuertes para pedir perdón

"Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos".
Cuando la vanidad y el apetito de poder nos hacen creer los únicos dueños de la vida y de la verdad, cualquier cosa que se haga que no me guste, me lleva a montar en cólera y salir con espada en mano a matar a quien atenta contra lo que pienso y quiero. No sólo le pasó a Herodes, sino que sigue pasando a lo largo de la historia, y no sólo con los emperadores o presidentes de gobierno, sino con cada uno de nosotros, cuando no nos dejamos conducir por la Mano de Dios y no somos dóciles para reconocer que no somos dueños de la verdad.
No son pocas las veces que se han roto relaciones humanas: parejas, amistades, familias, simplemente por no querer aceptar algo que va en contra de lo que he dicho, pienso o quiero. Pero, el tema no es que me ha disgustado, sino que no he sabido pedir perdón o disculpas por lo que ha sucedido y así continúan las distancias, porque el orgullo no me permite reconocer que el otro tenía razón, y que yo no debía enfadarme tanto porque me dijeron lo que no quería escuchar, o porque hicieron algo que no me gustó, o porque me quitaron "poder" de algo que creía que era mío y no lo era.
Y, cuando las desavenencias se hacen "largas" en el tiempo, se transforman en rencor, y el rencor pasa al odio. Por eso mismo, debemos tener muy en cuenta lo que nos dice san Juan en su carta (que la copia en su totalidad):
"Este es el mensaje que hemos oído a Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia.
Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero".
Reconocer nuestro error o pecado, es salvar la verdad, la vida, la amistad, la familia, en definitiva destruir el orgullo o vanidad que habita en mí, y construir el Reino de Dios en la tierra. Reconocer el pecado y pedir perdón no significa ser débil, sino ser fuerte para aceptar que no soy perfecto, y que necesito de la Gracia para crecer y santificarme.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Se ha manifestado la vida misma


De los tratados de san Agustín, sobre la carta de san Juan

    Lo que existía desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos Y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida. ¿Quién podría tocar con sus manos a la Palabra, si no fuese porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros? Esta Palabra, que se hizo carne para que pudiera ser tocada, comenzó a ser carne en el seno de la Virgen María; pero no fue entonces cuando empezó a ser Palabra, ya que, como nos dice Juan, existía desde un principio. Ved cómo concuerda su carta con las palabras de su evangelio, que acabáis de escuchar: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios.
    Quizá alguien piense que hay que entender la expresión «la palabra de vida» como un modo de hablar que se refiere a Cristo, pero no al cuerpo de Cristo que podía ser tocado por nuestras manos. Atended a las palabras que siguen: Porque la vida se ha manifestado. Por tanto, Cristo es la Palabra de vida.
    ¿Y de dónde se ha manifestado esta vida? Existía desde un principio, pero no se había manifestado a los hombres; en cambio, sí se había manifestado a los ángeles, que la veían y se alimentaban de ella como de su propio pan. Pero, ¿qué dice la Escritura? El hombre comió pan de ángeles.
    Así, pues, en la encarnación se ha manifestado la misma Vida en persona, y se ha manifestado para que, al hacerse visible, ella, que sólo podía ser contemplada con los ojos del corazón, sanara los corazones. Porque la Palabra sólo puede ser contemplada con los ojos del corazón; en cambio, la carne puede ser contemplada también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no a la Palabra; por esto la Palabra se hizo carne, que puede ser vista por nosotros, para sanar en nosotros lo que nos hace capaces de ver a la Palabra.
    Y nosotros --continúa- testificamos y os anunciamos esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado, esto es, se ha manifestado entre nosotros y, para decirlo con más claridad, se ha manifestado en nuestro interior.
    Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos. Atended, queridos hermanos: Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos. Ellos vieron al mismo Señor presente en la carne y oyeron las palabras que salían de su boca, y nos lo han anunciado. Nosotros, por tanto, hemos oído, pero no hemos visto.
    ¿Somos por eso menos dichosos que ellos, que vieron y oyeron? Pero entonces, ¿por qué añade: A fin de que viváis en comunión con nosotros? Ellos vieron, nosotros no, y sin embargo vivimos en comunión con ellos, porque tenemos una fe común.
    Y esta nuestra comunión de vida es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas --continúa- para que sea colmado vuestro gozo. Gozo colmado, dice, en una misma comunión de vida, en una misma caridad, en una misma unidad.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Las armas de la caridad

De los Sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

    Ayer celebrábamos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el martirio triunfal de su soldado.
    Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo; hoy su soldado, abandonando la tienda de su cuerpo, ha entrado triunfante en el cielo.
    Nuestro Rey, a pesar de su condición altísima, por nosotros viene humilde, mas no con las manos vacías: él trae para sus soldados una dádiva espléndida, ya que no sólo les otorga copiosas riquezas, sino que les da también una fortaleza invencible en el combate. En efecto, trae consigo el don de la caridad, que eleva a los hombres hasta la participación de la. naturaleza divina.
    Y, al repartir estos dones, en nada queda él empobrecido, sino que de un modo admirable enriquece la pobreza de sus fieles sin mengua de sus tesoros inagotables.
    La misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra ha hecho subir a Esteban de la tierra al cielo. La misma caridad que había precedido en la persona del Rey resplandeció después en su soldado.
    Esteban, para merecer la corona que significaba su nombre, tuvo por arma la caridad, y ella le dio siempre la victoria. Por amor a Dios no cedió ante la furia de los judíos, por amor al prójimo intercedió por los que lo apedreaban. Por esta caridad refutaba a los que estaban equivocados, para que se enmendasen de su error; por ella oraba por los que lo apedreaban, para que no fuesen castigados.
    Apoyado en la fuerza de esta caridad, venció la furia y crueldad de Saulo y, habiéndolo tenido por perseguidor en la tierra, logró tenerlo por compañero en el cielo. Movido por esta santa e inquebrantable caridad, deseaba conquistar con su oración a los que no había podido convertir con sus palabras.
    Y ahora Pablo se alegra con Esteban, goza con él de la gloria de Cristo, con él desborda de alegría, con él reina. Allí donde entró primero Esteban, aplastado por las piedras de Pablo, entró luego Pablo, ayu1ado por las oraciones de Esteban.
    Ésta es, hermanos míos, la verdadera vida, donde Pablo no es avergonzado por la muerte de Esteban, donde Esteban se congratula de la compañía de Pablo, porque en ambos es la caridad la fuente de su alegría. La caridad de Esteban, en efecto, superó la furia de los judíos, la caridad de Pablo cubrió la multitud de los pecados, la caridad de ambos les hizo merecer juntamente la posesión del reino de los cielos.
    La caridad, por tanto, es la fuente y el origen de todo bien, la mejor defensa, el camino que lleva al cielo. El que camina en la caridad no puede errar ni temer, porque ella es guía, protección, camino seguro.
    Por esto, hermanos, ya que Cristo ha colocado la escalera de la caridad, por la que todo cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta pura caridad, practicadla unos con otros y subid por ella cada vez más arriba.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

No nace solamente en Belén

"El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre".
¡Feliz Navidad! ¡Hoy nos ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor! Le dijeron los ángeles a los pastores. Y para nosotros es una gran alegría, porque, como nos dice san Juan: "a cuantos lo recibieron les dio poder de ser hijos de Dios".
"Nos dio el poder de ser hijos de Dios". Nos dio el poder, pero sólo quienes lo reciben alcanzar a serlo. Y ese es un detalle que tenemos que tener en cuenta, porque no todos lo reciben o, no todos le permiten permanecer en sus vidas.
Porque el poder ser hijos de Dios es una Gracia que renovamos cada día, por eso, como dice alguna canción, "cada día es Navidad" si renovamos ese poder ser hijos de Dios, si dejamos que la Luz y la Vida permanezcan en nuestro corazón, que, es a partir de ese día, el Pesebre donde Él nace y nos ofrece su Vida para que tengamos vida y Vida en abundancia.
Hoy, en el himno de Laudes, de la liturgia argentina, dice:
Mas no nace solamente
en Belén,
nace donde hay un caliente
corazón.
¡Qué gran gozo y alegría
tengo yo!
Nace en mí, nace en cualquiera
si hay amor;
nace donde hay verdadera
comprensión.
¡Qué gran gozo y alegría
tiene Dios! Amén.
Y es lo que tenemos que tener en cuenta todos los días, si queremos que, cada día, sea Navidad: nace en cualquiera si hay amor; nace donde hay verdadera comprensión.
Y, en estos tiempos, donde sólo algunos quieren ser comprendidos pero no comprender, entonces tenemos que tratar de ser nosotros, los que hemos creído que Él ha nacido en nuestros corazones quienes tengamos que llevar la luz al mundo. Si Él ha nacido en nuestros corazones, entonces, la Luz iluminará el mundo; la comprensión y el amor harán brillar la Luz de la Paz de Belén en cada lugar por donde pasemos y en donde estemos. Hagamos que las tinieblas se comiencen a disipar y llevemos la Luz de Jesús al mundo para que encuentren caminos de paz, de amor, de fraternidad, de salvación.
¡Feliz Navidad!

martes, 24 de diciembre de 2019

Los pastores fueron a verlo ¿y tú?

Día de Noche Buena ¿ya está todo preparado para esta noche? No, todavía falta lo mejor para la noche: el encuentro con el Señor. ¿Puede haber una NocheBuena sin el Señor? ¿Podemos hacer menos cosas y dejar más tiempo para ir al Encuentro de Jesús? ¿Es la Fiesta de la Navidad de Jesús, verdad? Entonces ¿por qué no vas a tener tiempo para estar con Él en este Noche? ¿Que no tienes tiempo?
Son preguntas que me surgen cuando escucho a la gente decir que la misa a las 7 de la tarde le viene mal, a otros les viene mal a las 8, y a otros a las 12 de la noche es muy tarde. Siempre tenemos una excusa, sí, quizás sea una excusa razonable. Pero ¿si hubieras comprado entradas para el teatro a esa hora, no te habrías dado tiempo para ir? ¡Ah, cierto! Tienes muchas visitas en casa y tienes que preparar mucha cena... Perdón... no lo sabía.
Te has puesto a pensar ¿cuánta comida va a sobrar esta noche? ¿Cuántos platos van a quedar con comida de tanto que estás preparando? ¿Y si preparas menos comida así te sobra más tiempo para ir con Jesús?
Si, a veces me gusta me meter el dedo en la llaga, por que así lo hizo Jesús con muchos de los doctores de la ley, de los fariseos, de los escribas y de tantos que ponemos excusas para no hacer lo que debemos hacer. Y vuelvo a insistir, son excusas con argumentos lógicos. Pero es que en la lógica de Dios, lo lógico nuestro es ilógico ¿te das cuenta?
¿Quién es el importante en la Noche Buena? ¿Lo has pensado?
¿Qué significa en tu vida el nacimiento de Jesús?
Sí, me dirás que Jesús nace todos los días y que esto es sólo una fiesta más. Pero ¿no es importante celebrar el nacimiento de Jesús con la Misa de Nochebuena y la Misa de Navidad? Si tú estás celebrando la Noche Buena y la Navidad con comidas y bebidas y encuentros y todo eso... y la mejor Comida y Bebida que es el mismo Jesús ¿no vale apurar las cosas e ir a su encuentro?
Sí, si es importante en tu vida, valdrá la pena que hagas menos cosas y puedas ir al Encuentro Verdadero con Jesús en la Eucaristía. ¿Por qué? Cuando dejes lo que estés haciendo y vayas a Su Encuentro te darás cuenta de por qué es importante ir. No te puedo explicar lo que se siente. Tan solo con pensar que en esta Noche los ángeles le comunicaron a los pastores que había nacido el Mesías y Salvador, y ellos, dejando su rebaño se fueron a buscarlo ¿habría sido importante, no? ¿Le habrá cambiado la vida a los pastores? Seguramente habrán vuelto al rebaño, pero habrán llevado en sus corazones la alegría de haber sido los primeros en descubrir que Dios había cumplido la promesa, y, sólo por ese hecho le valió la pena dejar solo a su rebaño y salir al Encuentro del Señor.
No te preocupes, los ángeles no van a ir a tu casa. Tú ya sabes los horarios de misa de tu pueblo y de tu parroquia... los ángeles ya te lo han informado...

lunes, 23 de diciembre de 2019

El Dios escondido

Del Tratado de san Hipólito, presbítero

    Hay un único Dios, hermanos, que sólo puede ser conocido a través de las Escrituras santas. Por ello debemos esforzarnos por penetrar en todas las cosas que nos anuncian las divinas Escrituras y procurar profundizar en lo que nos enseñan. Debemos conocer al Padre como él desea ser conocido, debemos glorificar al Hijo como el Padre desea que lo glorifiquemos, debemos recibir al Espíritu Santo como el Padre desea dárnoslo. En todo debemos proceder no según nuestro arbitrio ni según nuestros propios sentimientos ni haciendo violencia a los deseos de Dios, sino según los caminos que el mismo Señor nos ha dado a conocer en las santas Escrituras.
    Cuando sólo existía Dios y nada había aún que coexistiera con él, el Señor quiso crear el mundo. Lo creó por su inteligencia, por su voluntad y por su palabra; y el mundo llegó a la existencia tal como él lo quiso y cuando él lo quiso. Nos basta, por tanto, saber que, al principio, nada coexistía con Dios, nada había. fuera de él. Pero Dios, siendo único, era también múltiple. Porque con él estaba su sabiduría, su razón, su poder y su consejo;
todo esto estaba en él, y él era todas estas cosas. Y, cuando quiso y como quiso, y en el tiempo por él mismo predeterminado, manifestó al mundo su Palabra, por quien fueron hechas todas las cosas.
    Y como Dios contenía en sí mismo a la Palabra, aunque ella fuera invisible para el mundo creado, cuando Dios hizo oír su voz, la Palabra se hizo entonces visible; así, de la luz que es el Padre salió la luz que es el Hijo, y la imagen del Señor fue como reproducida en el ser de la creatura; de esta manera el que al principio era sólo visible para el Padre empezó a ser visible también para el mundo, para que éste, al contemplarlo, pudiera alcanzar la salvación.
    El sentido de todo esto es que, al entrar en el mundo, la Palabra quiso aparecer como Hijo de Dios; pues, en efecto, todas las cosas fueron hechas por el Hijo, pero él es engendrado únicamente por el Padre.
    Dios dio la ley y los profetas, impulsando a éstos a hablar bajo la moción del Espíritu Santo, para que, habiendo recibido la inspiración del poder del Padre, anunciaran su consejo y su voluntad.
    La Palabra, pues, se hizo visible, como dice san Juan.
y repitió en síntesis todo lo que dijeron los profetas, demostrando así que es realmente la Palabra por quien fueron hechas todas las cosas. Dice: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Y más adelante: El mundo empezó por ella a existir, pero el mundo no la reconoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Abres?


José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Ya no queda nada para la Fiesta de la Navidad. Incluso María y José ya están a las puertas de Belén, aún no saben dónde va a nacer su hijo, pero saben que transformará sus vidas. Esperan encontrar un albergue en Belén, un lugar cálido para descansar y pasar la noche. El camino se ha hecho largo para María, su embarazo estaba muy avanzado. El cansancio ya se nota, pero no el cansancio del alma y del corazón, porque en Ella, como en José, va latiendo el mismo Amor por su Dios, por su Señor, y, ahora, también, late al unísono con su Dios que está creciendo, día a día, en su interior.
Dios quiso nacer en el seno de una Virgen para que su inmaculada carne sea su mejor morada, pues no hay mejor lugar para Dios que el corazón de su madre, como no hay mejor lugar para nosotros que el corazón de Dios.
Ya se acerca el día.
Nosotros sabemos cuándo y dónde nacerá. Pero… le dejaremos lugar para nazca donde Él quiere, o le cerraremos las puertas diciéndole que estamos muy ocupados, que tenemos visitas, que tenemos que preparar la comida, que… que… ¡hay tantas excusas que ponemos para que no nazca donde Él quiere!
No, el Señor no busca grandes corazones, no busca grandes mentes, no busca hermosos cuerpos. Él se conforma con poco, porque son los “humildes de corazón” los que pueden dar alojamiento al Rey del Cielo. Son los niños en el espíritu quienes pueden preparar el lugar más cómodo y confortable para que Nazca Nuestro Dios. ¿Lo dejarás entrar?
¿Habrá lugar en nuestras vidas para que nazca el Señor?
Tampoco le importa que tu corazón esté dañado por el dolor, o por el pecado, o que tantas y tantas veces te hayas caído y, hasta quizás, no te hayas podido levantar a tiempo… No le importa que te sientas sucio o que no hayas podido limpiarte lo suficiente…
Solo abre la puerta de tu corazón, porque eres tú quien tiene las llaves por dentro: “estoy a tu puerta y llamo, si me abres entraré en tu casa y cenaremos juntos” ¿Abres?

sábado, 21 de diciembre de 2019

Una historia de amor

"¡La voz de mi amado! Vedlo, aquí llega, saltando sobre los montes, brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo, parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca, mirando por la ventana, atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía y ven".
Siempre me ha gustado esta lectura del Cantar de los cantares, aunque siempre la leído en las celebraciones de matrimonios, y hoy está para prepararnos a la Venida del Señor. Y creo que es muy lindo pensar la Navidad como ese encuentro de Amor con aquél que viene a salvarnos. Es un encuentro de Amor con Aquél a quien se lo ha esperado por mucho tiempo. Es el amor que espera impacientemente al Amor y todo me recuerda a él (como dice alguna canción)
Y creo que así quiere el Señor que lo esperemos, con un corazón ansioso y anhelante de la llegada del Amor de Dios a nuestras vidas, a nuestra historia, y no sólo para que sea una historia de salvación, sino que sea una historia de amor, del Amor de Dios hacia los hombres, hacia nosotros, hacia mí.
Sí, una hisotria de amor de Dios hacia mí, porque no sólo ha pensado en la humanidad, sino que ha pensado en mí, porque a mí me ama con amor de Padre, con Amor de Madre: para me lleva escrito en la palma de sus manos, y me cuida como a la pupila de sus ojos.
Y es una historia donde si lo pienso en singular, o sea, desde mí, me daré cuenta que en esta historia tengo que ser protagonista, no ser sólo un actor secundario, sino que soy el protagonista, aquél que se moja constantemente para permanecer fiel a ese Amor que viene a mí, a ese Amor que tanto he esperado, a ese Amor que ha venido desde el Cielo para que yo pueda llegar al Cielo.
Claro que también, nos surgirá, como Isabel la misma pregunta: "¿Quien soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?". Y esa respuesta es simple, soy a quien ama, soy su hijo, su hijo pequeño y como Madre y como Padre, saben que necesito que me demuestren su amor por mí. Necesito sentirme amado para poder amar, porque el amor lo aprendemos a dar cuando lo recibimos de pequeños, y nosotros somos esos niños pequeños que aprenden a amar porque ha recibido un Amor Infinito qu ese hizo hombre en el seno de la Virgen y viene a nuestra vida en cada Eucaristía.