Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos lo estaban espiando.
Había allí, delante de él un hombre enfermo de hidropesía y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos:
«¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados.
Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en seguida en día de sábado?»
Y no pudieron replicar a esto".
Es un párrafo pequeño del Evangelio pero que nos dice mucho, sobre todo, teniendo en cuenta que antes de ese episodio hubo quienes lo habían cuestionado a Jesús por hacer curaciones en sábado, les habían dicho que eso no se debía hacer, pero Él también salió al frente con el mismo argumento: no queremos que cures a la gente en sábado porque el sábado no se pueden hacer trabajos, pero si el buey o el asno hay que darles de comer lo hacemos y ¿eso no es trabajo también?
A veces queremos o criticamos lo que los otros hacen, pero nosotros hacemos cosas parecidas o iguales y no lo tenemos en cuenta. Como diría Jesús sabemos ver muy bien la paja en el ojo ajeno pero no la viga que hay en el nuestro, somos muy permisivos con nosotros mismos, pero muy justicieros con los demás. En definitiva somos los mejores fariseos que hay en la vida.
No quiere Jesús que nos sintamos mal con todo esto, sino que veamos cómo actuamos para poder convertirnos, para poder descubrir que no usamos los mismos parámetros unos con otros, incluso, no usamos la misma vara de medir con los que queremos y con los que nos resultan odiosos. A los que queremos le dejamos hacer todo y a los demás los criticamos y si podemos los condenamos de por vida.
Es a eso a lo que se refiere Jesús que debemos ser justos y misericordiosos con todos, incluso, con uno mismo. Pero siempre mirando desde la Voluntad de Dios, desde lo que Dios quiere para mí y para los demás, ayudándonos mutuamente a crecer en la fidelidad a la Voluntad de Dios, y no dejándonos llevar por el espíritu del mundo, sino buscar siempre construir, unidos, una nueva relación, un nuevo camino de perfección desde el amor.
viernes, 31 de octubre de 2025
Usar varas distintas
jueves, 30 de octubre de 2025
Eres tú quien se aleja
"Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor".
Es cierto que nada que viene de fuera de nosotros puede separarnos del amor de Dios si nosotros no se lo permitimos, pero (siempre hay un pero) somos nosotros mismos los que nos separamos del amor de Dios, somos nosotros mismos los que renegamos del Amor de Dios, los que por X o por Z nos alejamos del Señor. Siempre tenemos alguna excusa para poder enfadarnos con Dios porque no hizo esto o aquello, o porque no me escucha o porque .... cuando el hombre no quiere aceptar su error, su propio pecado, siempre busca echarle la culpa a alguien, y, generalmente, se la echamos a Dios porque no nos ayuda como queremos.
Cuando, como san Pablo, se ha conocido verdaderamente al Padre y se ha tomado conciencia del amor del Hijo, no se puede pensar que Ellos no van a estar a nuestro lado para que podamos recorrer el camino de la santidad.
"Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?: ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?".
Claro que Dios siempre va a estar con nosotros. Podremos perder la Gracia de Dios por el pecado, pero Él siempre estará como Buen Padre esperando nuestro regreso. Nos parecerá a nosotros que Él se ha ido, pero en realidad somos nosotros los que nos vamos alejando por esto o por aquello, por la falta de tiempo, por las cosas del mundo, por nuestro propio pecado, por la angustia, la turbación, etc. etc. Por eso siempre tenemos que tener en cuenta lo que nos dijo Jesús: "si alguno está fatigado y agobiado que venga a Mí, porque mi yugo es suave y mi carga liviana, aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón".
miércoles, 29 de octubre de 2025
Llamando a la Puerta
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”:
Muchos creemos que el Señor es tan bueno que siempre nos perdonará, que no hay problema y que podemos hacer lo que queramos porque confiamos en su Misericordia que es infinita. Todo eso está bien pero... nos olvidamos de todo aquello que Él nos dice acerca del día del encuentro definitivo con Él, como en este pasaje del Evangelio, y eso nos tiene que dar a pensar ¿seré tan bueno y he actuado tan bien como para que el Señor me abra la puerta cuando me encuentre con Él? o ¿Habré hecho algunas cosas que no han estado tan bien como para que el Señor no abra la puerta al llegar al Cielo? ¿Diré igual que aquella gente...?
"Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.
Es que, más de una vez, nos hemos portado mal con el Señor, al portarnos mal con nuestros hermanos: hemos hablado de más, hemos difamado al prójimo, no hemos respetado sus opiniones, no hemos respetado su vida, hemos sembrado cizaña, etc. etc., todas esas cosas y muchas más somos capaces de hacer y quedarnos muy tranquilos con lo que hemos hecho, sabiendo que cuando nos confesemos el Señor nos perdonará.
Y ¿estás seguro que el Señor te perdonará por el daño que le has causado a tu hermano? ¿Tus palabras y gestos estás seguro que han sido la verdad y que has actuado con misericordia como quieres que el Señor actúe contigo? ¿No has sido acaso malicioso con tus palabras y gestos para con tu hermano, para con tu prójimo?
¿Qué es lo que quiere decir el Señor en este Evangelio? Que no nos quedemos solamente con que lo hemos escuchado y que ha estado por nuestra casa, que hemos ido a misa y que hemos rezado el rosario, sino ¿qué efecto ha causado todo eso en nuestra alma? ¿En verdad he actuado siempre con amor hacia mi prójimo? ¿He tenido las actitudes y las palabras de Jesús? ¿He amado como Jesús me ha amado? ¿He perdonado como Jesús me ha perdonado? Por eso, antes que tengamos que llamar a la Puerta de Jesús busquemos arrepentirnos y reconciliarnos con todos para que Él no tenga nada que decirnos y nos pueda abrir la Puerta al Paraíso.
martes, 28 de octubre de 2025
Alegria y responsabilidad
"Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular".
Una afirmación y exhortación que nos hace san Pablo para darnos a entender quiénes somos en verdad: conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. No sólo es un título sino que es una realidad, una realidad que nos otorga no sólo una dignidad (la dignidad perdida por el pecado original) sino que crea o genera una gran responsabilidad: que se nos vea ser lo que en realidad somos.
Ser parte de los santos de la familia de Dios no es pequeña cosa, sino que es una realidad que nos da el Espíritu Santo que habita en nosotros, por eso es una alegría profunda el sabernos parte del Reino y familia de Dios. Es la alegría de la Vida Nueva en Jesucristo, una Vida Nueva que se va renovando día a día en la medida en que somos fieles a Su Espíritu, al espíritu de Cristo y no al espíritu del mundo.
Podríamos decir que el edificio que vamos construyendo se va levantando piedra a piedra mientras somos fieles a la Voluntad del Padre, cuando nos dejamos cautivar por el mundo y dejamos de lado la Voluntad de Dios es entonces cuando dejamos de construir el hombre nuevo en nosotros y vamos perdiendo la Gracia Santificante y nos convertimos en falso testimonio ante los demás.
Toda construcción es costosa, pero tenemos la suerte que contamos con la Gracia de Dios, una Gracia que sólo está disponible si nosotros estamos disponibles para usarla como debemos, como diría san Pablo no haciendo el mal que queremos sino buscando y haciendo el bien que debemos, por eso siempre examinando no sólo nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu, sino fundamentalmente nuestra relación con los demás: "en la medida en que lo hagáis con uno de éstos mis hermanos conmigo lo hacéis", por eso en cómo trato yo a los demás así sera el Señor conmigo, pues la Gracia que El dispone para mí esta en relación con mi amor hacia los demás, especialmente a los que menos me gustaría tratar o a los que menos cariño quisiera tener porque "amar a los que me aman, eso también lo hacen los paganos y pecadores".
lunes, 27 de octubre de 2025
Con un nuevo sentido
"Hermanos:
Somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios".
Desde el día de nuestro bautismo nuestra vida está en manos del Padre, pues hemos sido consagrados a Dios por la Gracia que nos dio el Hijo con su muerte y resurrección y nos envió Su Espíritu para devolvernos la dignidad de hijos de Dios. Una dignidad que debemos conservarla y madurarla a lo largo del tiempo, contando con la ayuda del mismo Espíritu que inhabita en nosotros. Un Espíritu que nos hace descubrir que somos verdaderos hijos de Dios, a imagen del Hijo Unigénito Nuestro Señor Jesucristo.
"Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
Por esa razón, porque el Hijo nos ha regalado Su Vida para que también nosotros seamos hijo, es lo que Pablo nos habla de vivir de acuerdo al Espíritu Santo y no de acuerdo a la carne, o al espíritu del mundo que nos lleva al pecado y a la muerte.
Nos olvidamos, muchas veces, que debemos recordarnos, cada día, esta verdad que somos para que al despertar podamos ponernos en Manos de nuestro Padre para que sea el Espíritu quien nos vaya guiando y fortaleciéndonos para no caer en las redes del mundo, sino que permanezcamos fieles a la Vida de Cristo que hay en nosotros.
No es tarea sencilla ir contra la corriente del mundo, a veces creemos que no podemos avanzar en el camino de la santidad, pero es porque no lo dejamos al Espíritu conducirnos, no nos ponemos al comienzo de la mañana a tomar conciencia de quienes somos y de lo que necesitamos para ser Fieles, sino que nos hemos acostumbrado a vivir sin el Espíritu porque ya sabemos lo que tenemos que hacer. Sin embargo, cuando al despertar nos ponemos bajo su protección podremos, seguro, hacer las mismas cosas pero desde Dios, consagrar el día al comenzar la mañana es poder hacer las cosas ordinarias de manera extraordinarias porque las hago consagrándolas y entregándoselas al Padre.
Así nuestro día a día, nuestra rutina, ya no nos cansa sino que nos consigue la Gracia y los Dones del Espíritu para hacer que todo lo que hagamos lo hagamos por amor al Padre, al Hijo y al Espíritu, en favor de mi alma y de la conversión de los pecadores. O con cualquier otro deseo o intención con la cual quiera ofrecer el día a día. Y todo tendrá un nuevo sentido.
domingo, 26 de octubre de 2025
No seas fariseo
"En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano...".
Hay parábolas que no es necesario volver a leerlas todo entero porque ya sabemos como sigue, pero ¿volvemos a reflexionarlas sobre nosotros mismos? Porque, a veces, creo, que como ya sabemos cómo sigue las dejamos pasar de largo y ¡chau! ¡listo! ya se como es el final, pero no dejo que la Palabra cale en lo profundo de mi corazón, y, en ese caso soy como el fariseo pues ya me considero justo y bueno, por lo tanto no hace falta que piense si el Señor dice esto por mí, porque seguramente será para otro que es pecador y no como yo que soy una persona "super cristiana" y se todo.
Y ahí está nuestro error. Nos consideramos tan justos, tan buenos, tan buenos cristianos que nos resbala la Palabra de Dios y no dejamos que nos interpele para seguir creciendo, para seguir madurando, para seguir convirtiéndonos. Porque nuestro camino hacia Dios es una camino en santidad, y en ese camino siempre, pero siempre, tendremos que seguir convirtiéndonos, pues nuestra vida es una conversión constante. Por eso san Pablo dice de sí mismo:
"Yo estoy a punto de ser derramado en liberación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe".
Y, precisamente, no habla de ser soldado y estar en el campo de batalla, sino que habla del combate que ha tenido que vivir internamente entre la carne y el espíritu, entre lo que deseaba y lo que debía hacer, porque, recordando las palabras de Jesús "el justo peca siete veces por día", y ¿tú no pecas ni una vez por día?
No es que tengamos que ser grandes pecadores, pero ya con el hecho de decir ¡esto ya lo sé, no es para mí! ya estoy dejando de lado la Palabra de Dios y pensando que no me está hablando a mí, porque yo ya sé cómo tengo que vivir. Y de eso no se trata, sino que hay que escuchar al Señor, dejar que entre en diálogo con mi alma y descubrirás que sólo ese hecho te está marcando como un fariseo que se cree muy sabio y justo y no escucha al Señor.
sábado, 25 de octubre de 2025
Buscar siempre la Gracia
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Los discípulos, como muchos de nosotros, pensaban que cuando alguien tenía una desgracia era porque había pecado y por eso Dios lo castigaba con algo terrible. Sin embargo, Jesús quiere advertir que no es así, pero que si piensan así también ellos recibirán el mismo castigo, porque si el pecado es el que nos trae el castigo por parte de Dios, entonces no sólo aquellos pecadores serán castigados sino también nosotros lo seremos.
Pero sabemos, porque Jesús nos lo ha revelado, que el pecado no trae el castigo de Dios, sino que nos quedamos sin la Gracia de Dios por el pecado y así lo que se va quedando sin vida es nuestra alma pues no recibe la fortaleza que nos da la Gracia de Dios.
El pecado nos separa de Dios, nos aleja de Su Amor, por eso vamos perdiendo fuerza y cuanto más pecamos más nos alejamos, y así llegamos al momento de no tener Vida en nosotros. Por eso mismo san Pablo también nos alerta:
"El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz. Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo".
Siempre brilla en nosotros la Esperanza de saber que el Padre puede perdonar si nos arrepentimos de corazón y devolvernos la Gracia para que continuemos luchando contra la carne y alcanzar la meta de la santidad. Por eso, aunque en nosotros abunde el pecado, el arrepentimiento y pedido de perdón nos devuelve la Gracia en abundancia.