viernes, 6 de mayo de 2022

Elige el Señor

"Ananías contestó:
«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Si hoy nos ocurriese lo mismo, le habríamos insistido al Señor que no, que ese hombre no podía ser llamado, que yo no voy a ir a la casa de ese tal Saulo porque es un asesino, porque está en mi contra. Y si lo viera en la parroquia no me sentaría a su lado, tampoco lo invitaría a mi casa, porque ¡vaya a saber si no viene a hacerme daño!
Sí, nuestros juicios sobre las personas dificultan mucho la construcción del Reino de los Cielos. Pero el Señor puede hacer milagros con nuestras vidas, y así lo hizo con tantas otras como las de san Pablo. Pero para ello necesita de almas que estén dispuestas a hacer lo increíble: obedecer y amar.
No podemos saber, nosotros, por qué o para qué Dios llama a ciertas personas y las coloca a nuestro lado, pero sí podemos saber o confiar que lo que hace es para nuestro bien y crecimiento personal. No nos pide solamente amar a quienes nos caen bien, sino todo lo contrario, o mejor dicho, además de amar a quienes nos caen bien, "amar a los enemigos, rezar por los que nos persiguen".
Así tuvo que hacerlo Ananías ir a dónde estaba Saulo (el que perseguía a la Iglesia de Dios) para imponerle las manos y hablarle de Jesús. Y así, el Señor, hizo que Saulo se convirtiera en San Pablo. Si Ananías se hubiera opuesto al pedido de Jesús, quizás no hubiesemos tenido un San Pablo. ¿Os daís cuenta?
¿Quiénes somos nosotros para contradecir a Dios? ¿Quiénes somos nosotros para poder palos en la rueda a la Voluntad de Dios?
Sí, es cierto que no podemos ver el corazón del hombre como lo ve el Señor, pero tenemos que confiar en que lo que nos pide, a pesar de verlo imposibles, con Su Gracia, puede ser posible, sólo necesita que creamos, que confiemos y que obedezcamos a Su Palabra. Lo demás vendrá por añadidura.

 

jueves, 5 de mayo de 2022

La Eucaristía, prenda de resurrección

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    Si no fuese verdad que nuestra carne es salvada, tampoco lo sería que el Señor nos redimió con su sangre, ni que el cáliz eucarístico es comunión de su sangre y el pan que partimos es comunión de su cuerpo. La sangre, en efecto, procede de las venas y de la carne y de todo lo demás que pertenece a la condición real del hombre, condición que el Verbo de Dios asumió en toda su realidad para redimirnos con su sangre, como afirma el Apóstol: Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
    Y, porque somos sus miembros, nos sirven de alimento los bienes de la creación; pero él, que es quien nos da estos bienes creados, haciendo salir el sol y haciendo llover según le place, afirmó que aquel cáliz, fruto de la creación, era su sangre, con la cual da nuevo vigor a nuestra sangre, y aseveró que aquel pan, fruto también de la creación, era su cuerpo, con el cual da vigor a nuestro cuerpo.
    Por tanto, si el cáliz y el pan, cuando sobre ellos se pronuncian las palabras sacramentales, se convierten en la sangre y el cuerpo eucarísticos del Señor, con los cuales nuestra parte corporal recibe un nuevo incremento y consistencia, ¿cómo podrá negarse que la carne es capaz de recibir el don de Dios, que es la vida eterna, si es alimentada con la sangre y el cuerpo de Cristo, del cual es miembro?
    Cuando el Apóstol dice en su carta a los Efesios: Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos, no se refiere a alguna clase de hombre espiritual e invisible -ya que un espíritu no tiene carne ni huesos-, sino al hombre tal cual es en su realidad concreta, que consta de carne, nervios y huesos, que es alimentado con el cáliz de la sangre de Cristo. y que recibe vigor de aquel pan que es el cuerpo de Cristo.
    Y del mismo modo que la rama de la vid plantada en tierra da fruto a su tiempo, y el grano de trigo caído en tierra y disuelto sale después multiplicado por el Espíritu de Dios que todo lo abarca y lo mantiene unido, y luego el hombre, con su habilidad, los transforma para su uso, Y al recibir las palabras consecratorias se convierten en el alimento eucarístico del cuerpo y sangre de Cristo; del mismo modo nuestros cuerpos, alimentados con la eucaristía, después de ser sepultados y disueltos bajo tierra, resucitarán a su tiempo, por la resurrección que les otorgará aquel que es el Verbo de Dios, para gloria de Dios Padre, que rodea de inmortalidad a este cuerpo mortal y da gratuitamente la incorrupción a este cuerpo corruptible, ya que la fuerza de Dios se muestra perfecta en la debilidad.

martes, 3 de mayo de 2022

El poder de la predicación

Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la prescripción de los herejes

    Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.
    Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
    Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doctores (apoyados para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.
    De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.
    Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua fraternidad y hospitalidad, Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
    El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.
    El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.


 

lunes, 2 de mayo de 2022

El mercadillo del pueblo

"Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».
Alguna vez he contado que las primeras veces que hacía bautismos, siendo diácono (allá lejos y hace tiempo), tenía que hacer, según el ritual, una pregunta a los padres del niño: ¿qué pedis a la iglesia de Dios para vuestro hijo? La respuesta exacta sería: la fe, o el bautismo. Pero siempre salía otra respuesta: que esté sanito, que le vaya bien, que no le pase nada... pero nunca salía lo que tenía que salir.
¿A qué viene esto? A la respuesta que le da Jesús a la gente: "me buscais porque comisteis pan hasta saciaros". Buscamos a Dios para que nos de lo que necesitamos: ya sea que nos vaya bien en los exámenes, que se cure tal persona, u otras cosas por el estilo. ¿Está mal? No, no está mal. Pero no es eso lo que Jesús quiere darnos. No se entregó en la Cruz y resucitó para poner un mercadillo barato para darnos lo que necesitamos, sino que vino a darnos una Vida Nueva de acuerdo a la Voluntad del Padre: nos devolvió la filiación divina que, por el pecado original, habíamos perdido. Y así nos abrió las puertas de la eternidad para llegar un día a reunirnos en la Casa Paterna.
Y, mientras tanto, hacer de este mundo un mundo mejor. Si vivimos según el Espíritu sembraremos sus dones y sus frutos serán los que nos ayuden a transformar este mundo, en lo que rezamos habitualmente: un reino de personas que se aman (venga a nosotros tu reino)
Nos hemos acostumbrado, lamentablemnete, a un Dios que está a nuestro servicio, que recurro a Él cuando el agua me llega al cuello y en ocasiones para poder salir de una situación peligrosa. Incluso, los que se dicen ateos o agnósticos o que están en contra de la iglesia, siempre, en ocasiones, recurren a sus madres para que le enciendan una vela a la Virgen (en la cual dicen no creer)
"Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».
Conocer a Jesús por medio del Evangelio nos dará las indicaciones precisas para vivir un nuevo estila de vida, pues no nos llama Jesús a cumplir normas, a vivir según la Ley, sino a vivir según su vida, pues Él mismo lo dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida", conociéndolo y amándolo podremos aceptar el caminar sus pasos y vivir su vida, por ellos nos llamamos cristianos, porque vivimos la vida de Cristo. Sus consejos evangélicos y la Ley del Amor son lo principal que tenemos que conocer y acpetar para seguir sus pasos y dejar de pensar en Dios y en su Hijo Jesucristo como los dueños del mercadillo del pueblo.

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Siempre llama

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces.
El Señor siempre nos está llamando para hacer algo, para compartir nuestros talentos, para servir a nuestros hermanos, y tantas otras misiones que Él ha pensado para nosotros y, sobre todo, para iluminar el mundo con nuestra vida. Pero nosotros, enseguida, y lo primero que nos sale de los labios es: “No”, “¿yo qué puedo hacer?”, “si yo no sé, si tengo miedo, si tengo mis planes, si tengo mis proyectos…” Siempre la respuesta es NO porque pienso en lo que yo tengo y lo que yo quiero, y no en lo que Él tiene y lo que Él quiere.
Por eso ante el NO de los apóstoles Jesús les dice: haced esto, y no les da otra oportunidad, porque no permite que le digan que no, porque es Él quien tiene el poder, quien tiene la Gracia para darnos para que llevemos a cabo su Voluntad.
¿Qué nos enseña este evangelio? Que no confiemos en nuestras propias fuerzas o valores, sino que confiemos en lo que Él nos pide, pues para lo que Él nos pida, es Él quien tiene la Gracia necesaria para que yo pueda obrar según la Voluntad del Padre. Como a los apóstoles nos pide confiar en Su Palabra, y no en nuestra humanidad, pues nunca vamos a tener lo necesario y suficiente para hacer lo que El Padre nos pida.
Esto también nos lleva a recordar las palabras de María: “proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. Y es así, Dios no necesita nuestra grandeza, sino que necesita nuestra disposición para hacer grandes cosas: “ me llamarán bienaventurada porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”.
Sí, Dios necesita nuestra debilidad para hacer grandes cosas, por eso tenemos y necesitamos creer en que lo que Él no pida será no sólo para nuestro bien, sino para un bien mayor para la salvación de los hombres, para renovar el mundo con su Gracia.
Cuando decimos que Sí a Dios sin ponernos a pensar en nuestros defectos, imperfecciones o pecados, Él puede llevar a cabo el Plan que tiene desde que le prometió a Adán y Eva salvar a los hombres, pero si nos negamos a Su Voluntad, entonces quedaremos sin la posibilidad de recibir su Gracia para vivir según su Voluntad y, sin poder ver, el gran milagro de la pesca milagrosa.


 

sábado, 30 de abril de 2022

Por María nos llega la Bendición

De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.

 

viernes, 29 de abril de 2022

Por los frutos...

Escribe san Juan en su carta (y decimos que es Palabra de Dios):
"Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad".
¿Cuáles son las tinieblas de las habla san Juan? Las tinieblas del mundo, pues el mundo, la gente que está en el mundo o, mejor dicho, la gente que vive el espíritu del mundo es aquella que le da lo mismo el pecado y la gracia, la mentira o la verdad, el defecto o la virtud, el derecho o la obligación (aunque la obligación está eliminada del vocabulario moderno) Y tiene una sola forma de pensar sus actos: si me siento bien, está bien. Y ése no es la forma de vivir y pensar que nos enseñó Jesús, sino: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre". Y ¿cuál es la Voluntad del Padre? Primero está formulada en los 10 mandamientos, y, después, Jesús mismo se hizo Camino para que descubramos en sus pasos cómo vivir.
Por eso, el andar del mundo y el andar de los hijos de Dios tiene que ser diferente, o, por lo menos nuestro andar tiene que ser diferente, pues buscamos siempre la Luz y no las tinieblas, donde, como dice el refrán, todos los gatos son pardos. No es lo mismo el error que la verdad, ni la mentira que la verdad, ni el pecado y la gracia...
"Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado".
Y aquí podríamos hacer una reflexión al revés: ¿estamos en comunión unos con otros? Hay quienes están en comunión, es decir hay armonía, unión, amor, encuentro, pero... en otros casos no hay unidad, no hay respeto, no hay amor, no hay fraternidad, sino todo lo contrario: desunión, rivalidad, envidias, egoismo... ¿hace falta nombrar todo? Por lo tanto no se está caminando en la Luz del Espíritu de Dios, sino que se han dejado de vivir los valores evangélicos y se está viviendo de los puros instintos humanos que nos llevan a los frutos que no son del Espíritu Santo sino del espíritu del mundo:
"Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatrías, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo", nos lo dice san Pablo en la carta a los Gálatas.
Para darnos un repasito... y "por los frutos los conoceréis".