viernes, 15 de mayo de 2020

Mas papistas que el Papa

Hay gente, como se dice habitualmente: que se cree más papista que el Papa, es decir, hay muchos que se creen que por haber estudiado o aprendido, o que creen que saben, se dedican a sembrar cizaña o ideas contrarias al evangelio, o simples ideas que confunden a los que quieren, de verdad, seguir al Señor. No sólo ocurre en estos tiempos, sino que siempre ha ocurrido, por eso, en la lectura de hoy, después del Primer Concilio de Jerusalen (cuando se reunieron los apóstoles para discernir sobre ciertas cuestiones) decían:
"Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos..."
¿Por qué generar más cuestiones si con lo que el Señor nos plantea en el Evangelioi ya tenemos bastante y de sobra? Si ya es difícil vivir el Evangelio con radicalidad, ¿por qué algunos se empecinan en buscar más conflictos? Por que somos muchos los que vivimos de nuestras "medallas", y siempre queremos colgarnos alguna más en nuestro cuello.
La vanidad y la soberbia de algunos que les hace creer que saben más que el Señor, y, en algunos casos, más que Dios mismo.
Sí, todos somos capaces de sembrar dudas acerca de la fe, de intentar poner trabas para que alguien pueda vivir simplemente y eficazmente la fe. No caemos en la certeza, todavía, de que el pecado original siempre mete su cizaña en nuestras vidas y nos lleva a creer que nuestro pensamiento, que nuestras ideas, o que nuestro conocimiento de la Sagrada Escritura, de la litrugia, del derecho o de vaya a saber qué cosa, nos hace capaces de ser renovadores del Evangelio.
Y no es así. El Evangelio está terminado y no habrá más revelación hasta que vuelva el Hijo del Hombre, y es para ese momento que tenemos que estar intentando vivir lo que Él nos ha dejado dicho en Su Palabra. Por eso decimos, cada vez que la proclamamos: Es Palabra de Dios. Porque creemos que es Palabra de Dios, sino diríamos es palabra de tal o cual Papa u Obispo. Y si fuera de ellos sí que podría ser modificada de acuerdo a los aires del mundo. Pero no es así, es Palabra de Dios.
Por eso no nos creamos mejores que Jesús, sino que intentemos pedir al Espíritu la fortaleza para crecer en humildad y fidelidad a la Palabra de Dios. Por eso mismo, los apóstoles le contestaban a esas comunidades y les decían:
"Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
¿Qué es lo indispensable? La Palabra de Jesús, la Palabra de Dios.

jueves, 14 de mayo de 2020

Permanecer como apóstol

Cuando Pedro tomó la palabra para poder elegir a uno que ocupara el lugar de Judas Iscariote, puso una condición, pues para ser apóstol había que:
"Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».
"Uno de los que acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús", la permanencia junto al Señor es una condición sin la cual no se puede llegar a ser apóstol, pues no anunciamos un mensaje aprendido de memoria, sino que anunciamos una vida vivida junto al Señor.
Cualquier puede aprenderse de memoria la vida de Jesús, así como cualquiera puede llegar a conocer lo que se dijo sobre la vida de alguien, pero eso no significa que se haya vivido junto a ella.
Y, nosotros, hemos sido elegido para pertenecer a una Iglesia católica y apostólica, y no sólo porque esté construída sobre la fe de los 12 apóstoles, sino porque ese es su rasgo esencial: todos en ella son apóstoles, todos anunciamos la Buena Noticia que nos trajo Jesús, porque a todos, es lo que creemos, nos ha llamado Él, y por Él vamos al Padre, sin dejar de vivir la misión fundamental: "id al mundo entero".
¿Cómo y cuándo nos eligió el Señor? Eso no es importante, lo importante es saber que Él nos llamó y nos consagró para ser sus testigos hasta el fin de los tiempos. Porque, hoy, tenemos el ejemplo de Matías, apóstol o, también, de San Pablo, ninguno de los dos fueron elegidos como el resto de los apóstoles, pero sin embargo, ninguno de los puede dejar de ser llamado apóstol de Cristo.
Lo que importa es la respuesta al llamado: y por eso el Señor en el Evangelio nos habla de la permanencia en su Amor y en su Palabra:
"Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado".
Y sabes que este permanecer no es un permanecer pasivo, sino que es un permanecer activo, pues el Amor es la fueza que nos mueve a llevar a todos el mensaje que hemos recibido, a llevar a todos la Vida que nos ha sido dada "y ¡a qué precio!". Por eso, debemos, siempre, pedir al Espíritu que nos de la fortaleza para saber permanecer en el Amor, para saber permanecer en Fidelidad a la Vida que el Señor nos ha dado, nos ha enseñado y pedido vivir, y nos ha pedido que la transmitamos al mundo entero.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Los cristianos en el mundo

De la Carta a Diogneto

    Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.
    Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.
    Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.
    Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.
    Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto,' se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.
    El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

martes, 12 de mayo de 2020

Una Paz contradictoria

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde".
La paz es algo que buscamos constantemente y no sólo la Paz Mundial, sino, sobre todo la paz en nuestras vidas. Pero ¿cuál es la paz de la que nos habla Jesús? Porque Él dice que no es la paz como la da el mundo, es Su Paz.
Cuando pensamos en paz, pensamos en tranquilidad, en sosiego, pero esa no es la Paz que nos da Jesús, porque su Paz era hacer la Voluntad del Padre, es una paz activa que busca constantemente ser instrumento en las Manos de Dios. Por eso, cuando sigue hablando nos dice: que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde, porque en esa búsqueda de la Voluntad de Dios, siempre habrá situaciones que nos lleven al límite de querer o no querer realizar lo que Dios nos pida. Sí, como le paso a Jesús en el Huerto de los Olivos.
La Paz de Jesús es la tranquilidad que da saber que he intentado, por todos los medios, ser Fiel a la Voluntad del Padre, que no he dejado momento en mi vida sin que ese Ideal marcara mi vida. Y, sobre todo, sabiendo que "aunque pase por oscuras quebradas no temeré ningún mal, por Él está conmigo".
La Paz de Jesús es saber que soy coherente con lo que digo vivir y con lo que vivo, porque por mi vida los hombres creerán en Dios, por que "el Señor es mi Luz y mi Salvación", y es esa Luz la que ilumina la vida de los demás para que encuentren el camino de la salvación.
La Paz que me da Jesús no es la paz de aquél que no hace nada, porque se escuda en su falsa "humildad" para no hacer nada, sino que es la Paz de aquél que puede decir al final de cada día: "siervo inútil soy" he sido Fiel a la Voluntad de Dios.
La Paz que nos da Jesús es aquella Paz que incomoda nuestro corazón cuando no estamos viviendo como Jesús nos pide, cuando nos hemos quedado sentados en el sofá de la comodidad de mi casa sin mirar hacia los hermanos que necesitan que lleve una palabra de esperanza, de fe, confianza; porque sabemos que nuestra vida ya no nos pertenece porque hemos sido consgrados el día de nuestro Bautismo y se nos ha instituído como misioneros de la Palabra del Señor.
La Paz es una búsqueda constante de Gracia para poder llegar a alcanzar la meta de la santidad, como dice el Apóstol: he alcanzado la meta, no he perdido la fe. La Paz es una carrera constante en el Camino de la Vida, una carrera que trae como consecuencia la Paz del Señor a nuestras vidas.

lunes, 11 de mayo de 2020

El primogénito de la Nueva Creación

De las Disertaciones de san Gregario de Nisa, obispo

    Ha llegado el reino de la vida y ha sido destruido el imperio de la muerte. Ha hecho su aparición un nuevo nacimiento, una vida nueva, un nuevo modo de vida, una transformación de nuestra misma naturaleza. ¿Cuál es este nuevo nacimiento? El de los que nacen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
    Sin duda te preguntarás: -¿Cómo puede ser esto?- Pon atención, que te lo vaya explicar en pocas palabras. Este nuevo germen de vida es concebido por la fe, es dado a luz por la regeneración bautismal, tiene por nodriza a la Iglesia, que lo amamanta con su doctrina y enseñanzas, y su alimento es el pan celestial; la madurez de su edad es una conducta perfecta, su matrimonio es la unión con la Sabiduría, sus hijos son la esperanza, su casa es el reino y su herencia y sus riquezas son las delicias del paraíso; su fin no es la muerte, sino aquella vida feliz y eterna, preparada para los que se hacen dignos de ella.
    Éste es el día en que actuó el Señor, día en gran manera distinto de los días establecidos desde la creación del mundo, que son medidos por el paso del tiempo. Este otro día es el principio de una segunda creación. En este día, efectivamente, Dios hace un cielo nuevo y una tierra nueva, según palabras del profeta. ¿Qué cielo? El firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra? El corazón bueno de que habla el Señor, la tierra que absorbe la lluvia, que cae sobre ella, y produce fruto multiplicado.
    El sol de esta nueva creación es una vida pura; las estrellas son las virtudes; el aire es una conducta digna; el mar es el abismo de riqueza de la sabiduría y ciencia; las hierbas y el follaje son la recta doctrina y las enseñanzas divinas, que son el alimento con que se apacienta la grey divina, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son la observancia de los mandamientos.
    Éste es el día en que es creado el hombre verdadero a imagen y semejanza de Dios. ¿No es todo un mundo el que es inaugurado para ti por este día en que actuó el Señor? A este mundo se refiere el profeta, cuando habla de un día y una noche que no tienen semejante.
    Pero aún no hemos explicado lo más destacado de este día de gracia. Él ha destruido los dolores de la muerte, él ha engendrado al primogénito de entre los muertos.
    Cristo dice: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. ¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura! El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza.

sábado, 9 de mayo de 2020

Ser dignos de la vida eterna

"Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Me resultó fuerte esta frase de San Pablo y Bernabé: "como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna", una frase que podemos trasladar a muchos aspectos de nuestra vida cristiana. Porque en algunos sentidos siempre vemos gente que rechaza algo de la vida, que no está de acuerdo con lo que se vive y, entonces, se aleja, se aparta de la Comunidad, de la Comunión; y no lo hace porque lo hayan dejado de lado, sino que se aparta sólo por que tal gente o tal persona, o tal actitud no le ha gustado.
Claro que, lamentablemente, quien se aparta de la comunión de la Comunidad no se queda en silencio, alegre por haberse ido de donde no se sentía a gusto, sino que como lo hace por envidia, por soberbia o por apetito de poder dañado, entonces abre fuego contra aquellos o aquella comunidad:
"La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio".
Así, en muchas comunidades o familias, por la envidia y los rencores se han alejado o destruído, y no han podido disfrutar de la alegría de ser lo deben ser: una comunidad de personas que se aman. El pecado original nos ha dejado tan dañados que no nos damos cuenta no sólo el daño que nos hacemos porque nos alejamos de la comunión, sino el daño que le hacemos a los demás queriéndoselo hacer sólo a una persona. Porque cuando tiramos plumas (por decir una palabra decente) al aire nunca sabemos dónde van a caer y a quien van a dañar.
Pero al malvado, al envidioso, al rencoroso no le importa a quién daña, sino que lo que le importa es hacer daño y sentirse el ganador de la batalla, sin darse cuenta de lo que dice san Pablo, pues destruyendo la comunión no alcanza la salvación.
Por eso es importante que en comunidad no busquemos sólo nuestro bien, sino el bien común que es el ideal que el Señor nos ha pedido vivir: "sean uno, como el Padre y yo somos uno, para que el mundo crea", pero no es una unidad cualquier, no es sólo un montón de gente debajo de un mismo techo, sino la Unidad que el Señor nos pide vivir está basada en el Nuevo Mandamiento: "amaos unos a otros como yo os he amado", "en la medida en que se amen unos a otros el mundo creerá que sois mis discípulos".

viernes, 8 de mayo de 2020

Ante la duda consulte a Cristo

"Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
No siempre llegamos a comprender las Palabras del Señor y, en el camino de la vida, nos surgen muchas dudas y preguntas. A veces, nos parece que no podemos cuestinar al Señor sobre lo que El dice o nos pide, pensamos que (como se decía o se dice muchas veces) "Dios nos va a castigar si le preguntamos". Y no, Dios no nos castiga, o mejor dicho tendría la posibilidad de castigarnos, pero si no le preguntamos cuando tenemos dudas. Así nos lo enseña Tomás quien con sus dudas siempre fue al Señor para que sea Él quien lo iluminara y le respondiera a lo que necesitaba.
Claro está que las respuestas del Señor pueden ser más difíciles de entender, pero no imposible de aceptar o asumir. ¿Por qué? Porque con las respuestas que el Señor nos da, aunque no las comprendamos de primera vez, siempre vendrá su Gracia para ayudarnos a asumir lo que nos pide vivir o lo que nos dice, y, como María: conservándolas en el corazón, luego de meditarlas podremos encontrar la Luz para entender.
Nuestro problema es que vivimos en el tiempo en que todo lo tenemos a nuestro alcance, y pareciera que no hay tiempo para recibir algo que necesito. Todo lo quiero ahora y, en muchos casos, lo recibo mañana. Pero si tengo alguna duda voy a Google y enseguida encuentro alguna respuesta, aunque no se si será verdad (porque no siempre me habla con la verdad) pero ya quedo satisfecho y paso a otra cosa, porque lo importante no es la respuesta sino satisfacer mi necesidad de respuesta.
En cambio, cuando voy al Señor, Él no me responde en el momento, sino que me lleva a buscar en el silencio del corazón la respuesta que necesito de Él, porque Él me habla por medio de su Espíritu que habita en mí, y con el que yo neceisto entablar un diálgo en el silencio y en el tiempo. Sabiendo que esos dos ingredientes: tiempo y silencio, me darán no sólo la respuesta, sino que me ayudarán a alcanzar la sabiduría para comprender y para iluminar, porque esas respuestas no sólo serán para mi vida sino que iluminarán la vida de otros, pues yo también soy un instrumento en manos del Señor.
Así ante la pregunta de Tomás "¿cómo podemos saber el Camino? Él es el Camino, entonces tendremos que ir a Él, a Jesús para encontrar el Camino para nuestra vida, tendremos que ir a Él para encontrar la Luz que ilumine el camino que le da sentido a mi vida. Y Él, con su Gracia iluminará delante de mí su Vida porque el sentido de mi vida es Su Vida, su Caminar es mi caminar, su Verdad tiene que ser mi verdad, su Vivir es lo que me ha dado vida y viviré muriendo en Él.