martes, 7 de mayo de 2019

Resistir al Espíritu Santo

"En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres..."
Resistir al Espíritu Santo... ha sido una acusación muy fuerte la que hizo Esteban, lleno del Espíritu, a los Sumos Sacerdotes. Pero, no es sólo a ellos a quién acusa, sino a los que siguieron los impulsos de aquellos que están resistiendo a la inspiración del Espíritu Santo. Porque cuando quisieron matar a Jesús comenzaron a difundir el mensaje entre la gente, y la gente asumió que debía morir sin siquiera preguntarse si tenía que ser así. Aquél a quien habían recibido con palmas y gritos de júbilo, lo entregaron con al grito de ¡A ese no! ¡A Barrabás! ¡Crucifícalo!
También nosotros, muchas veces, nos resistimos al Espíritu Santo cuando sabemos qué es lo que nos pide Dios y no hacemos otra cosa que lo contrario o sólo intentamos no escucharlo para seguir nuestro camino. Creemos que porque somos buenos lo que pensamos siempre es de Dios, y ahí tamibén estamos resistiendo "de modo pacífico" al impulso del Espíritu Santo. Porque resistir al Espíritu no sólo es estar en Contra de los que Dios quiere, sino tamibén omitir preguntarnos cuál es la Voluntad de Dios.
¿Cuándo no resistimos al Espíritu Santo? Cuando intentamos, todos los días, discernir cuál es la Voluntad de Dios, qué es lo que Dios quiere de mí. Cuando en la oración, al comenzar el día, nos ponemos a disposición de Él para hacer Su Voluntad. Cuando en la oración reflexionamos su Palabra y revisamos nuestra vida para saber qué hemos hecho y cómo hemos vivido. Cuando asumimos nuestros errores y pedimos perdón al Padre por no haber sido todo lo obediente que debiéramos o por haber sido infieles al Amor.
Claro que no hay una fórmula mágica para saber cuándo resistimos al Espíritu Santo en concreto, pero sí hay una fórmula para saber que, por lo menos, estamos en disposición de vivir según Él: "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo cargue con su cruz de cada día, y sígame", es lo que nos ha dicho el Señor cuando nos ha llamado. Si hemos respondido que Sí a su llamado entonces, todos los días debemos recordar la condición sin la cual no podemos comenzar a seguirlo, porque para poder seguir los impulsos del Espíritu Santo primero tengo que renunciar a mis criterios, a mis gustos, a mis proyectos y dejar que el Espíritu Santo anime mi vida.
¡Ven Espíritu Santo! y en enciende en los corazones de tus fieles un rayo de tu Luz.
¡Ven Padre de los pobres! Ven a darnos tus dones, ven a darnos tu Luz.

lunes, 6 de mayo de 2019

A qué Dios buscamos?

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».
¿Por qué buscamos a Dios? ¿Para qué buscamos a Dios? ¿A qué Dios buscamos? Son preguntas que me sugiere este texto del evangelio de hoy. Muchas veces, y lo he visto en muchas, por no decir todas, las iglesias, no siempre se busca al Señor Jesús, sino que nos quedamos en las imágenes de la Virgen o los santos que hay en las iglesias, y si hay alguno que han dicho que "hace milagros", entonces en ese estamos más tiempo.
Hace un tiempo atrás decía haciendo una adoración al santísimo veía gente que entraba a la iglesia pero que no saludaba al Santísimo Sacramento, sino que se iba a alguna de las imágenes que había expuestas en el templo. Entonces me pregunté: ¿es que no hemos sabido educar a los cristianos a que la Eucaristía es lo esencial y es el mismo Jesús quien está presente ahí? ¿No hemos entendido que le Pan Vivo y Verdadero que ha bajado del Cielo es la Eucaristía?
Es cierto que podemos venerar a María y a los santos, pero ninguno sería nada si Jesús no huibera muerto y resucitado por amor a los hombres. Si los santos no se hubieran alimentado de Cristo Eucaristía ninguno habría alcanzado la virtud ni la santidad. Ellos son intermediarios de la Gracia que nos trajo Jesús con su muerte y resurrección.
Y vuelvo a la pregunta ¿en qué Dios creemos? ¿A qué Dios buscamos? ¿Por qué lo buscamos? Y pareciera que sólo lo buscamos por el alimento que perece, por el alimento que hoy está y mañana no. Y "el alimento que perdura para la vida eterna, el que nos da el Hijo del hombre", ese lo dejamos pasar de largo, por que no nos interesa tanto...
Creo que en algo nos hemos equivocado en nuestras predicaciones, o nos hemos explicado mal, o se nos ha entendido mal... alguna de las cosas. Pero muchas veces, en realid, me parece que nos estamos convirtiendo en idólatras de imágenes y no en verdaderos cristianos que aman y viven por el Dios Vivo y Verdadero que nos da el Verdadero Pan del Cielo.
Será cuestión de ponernos a pensar los que predicamos y los que reciben las predicaciones...

domingo, 5 de mayo de 2019

Me amas? Sígueme

En el evangelio de hoy hay como dos momentos en los que se habla del amor al otro. La primera cuando dice que es el discípulo al que Jesús amaba quien reconoce primero su voz, aunque no lo haya visto, pero lo reconoce, porque siempre se reconoce la voz de quien se ama de verdad. La segunda vez es el diálogo entre Jesús y Pedro, a quien le pregunta si lo ama por tres veces.
Si nos pusiéramos nostálgicos o románticos nos parecería algo muy bonito, y es así, porque todo lo que hable y nos demuestre el verdadero amor es hermoso escucharlo o vivirlo. Pero en este caso hay algo más que nos hace pensar que no sólo se trata de un amor sentimental o afectivo, sino de un amor efectivo.
Sí, un amor efectivo (y no de dinero) sino que este Amor lleva implícito una acción, pues el amor se demuestra con obras y no sólo con palabras bonitas.
Cuando el discípulo reconoce la voz del Señor, es Pedro quien inmediatamente sale a su encuentro, porque también él amaba al Señor. El amor que Pedro siente por el Señor lo impulsa a la acción rápida y no duda en lanzarse al lago e ir nadando hacia Él. Era el Señor Resucitado quien lo espera en la otra orilla y no duda en ir, sea como sea, necesita encontrarse con Él. Y así lo hacen los demás pero llevando la carga de la pesca milagrosa, una carga que se convierte, luego en alimento para ellos, pues Jesús los invita a almorzar. Es el Señor Resucitado quien nos llama y nos alimenta.
Y en el segundo momento, después del encentro y de darle el alimento verdadero, que no sólo es el pan y el pescado, sino que el Verdadero Alimento es el diálogo con el Señor Resucitado, se produce el diálogo entre Jesús y Pedro. Un diálogo o declaración de amor de Pedro a Jesús, un Amor que va más allá de lo afectivo, pues Jesús no quiere sólo el afecto de Pedro, sino que ese afecto lo tiene que demostrar en una acción concreta: apacentar su rebaño. Y para poder hacerlo: ¡Sígueme!
Cuando decimos que somos cristianos es porque hemos conocido a Cristo, y si lo hemos conocido lo hemos amado, y si lo amamos lo escuchamos y sabemos que amarlo implica una misión. Una misión que es llevar ese Amor a todos los hombres, mostrar el Camino que los lleva a la Vida, un Camino que es el mismo Jesús, una Vida que es el mismo, una Verdad que es el mismo Jesús. Así nuestra vida no puede ser imaginada si no hemos conocido verdaderamente al Señor y no hemos respondido como lo hizo Pedro, no sólo a la pregunta del Amor al Señor, sino en el llamado que Jesús le hizo: ¡Sígueme! Pues ahí no le preguntó si lo quería seguir, porque cuando se ama verdaderamente se sigue sin condiciones al Verdadero Amor.

sábado, 4 de mayo de 2019

Alégrate, llena de gracia

De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.

viernes, 3 de mayo de 2019

Amar y creer

"Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?"
No es el tiempo que pasamos con una persona lo que nos hace conocerla, sino el tiempo que compartimos nuestra vida, nuestras cosas, nuestras alegría y penas, nuestras tristezas y gozos, lo que nos permite conocer verdaderamente a alguien. A veces creemos que porque hace muchos años que vamos a misa o que somos bautizados, entonces somos buenos cristianos, quizás... Pero no siempre es así, porque no nos hemos detenido a dialogar con Jesús, por eso, en los momentos de mayores tormentas nos alejamos de Él o renegamos de Él porque ¿por qué me hace esto a mí?
Tampoco podemos decir que por mucho estudiar teología o las Sagradas Escrituras llegaremos a conocer a Jesús y al Padre, porque los Sumos Sacerdotes, los Escribas y Fariseos las conocían a la perfección y tampoco lo reconocieron, o reconociéndolo lo quisieron silenciar para no oír su Voz...
Era lógico que Felipe le pidera eso a Jesús: "muéstranos al Padre y eso nos basta", porque aún no tenían el Don del Espíritu para poder entender los misterios de la Trinidad, y tantas cosas que hemos podido aprender cuando nos "metemos" dentro de la vida de la fe. Pero tampoco podemos decir que por aprender mucho hemos llegado a conocerlo realmente al Señor.
Y vuelvo a lo mismo: sólo el diálogo personal con una persona, el diálogo de corazón a corazón, me permite conocerla y así poderla amarla verdaderamente, que es de lo que se trata nuestra vida de cristianos: amar a Dios sobre todas las cosas, para poder escucharlo y obedecer a Su Palabra.
"¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras".
Porque, en realidad, creer no es tener todo claro y saberlo todo, sino aceptar una realidad que no vemos desde el amor que tenemos a quien nos lo dice, y, sobre todo, la confianza en que Él me está diciendo la Verdad. Y sabemos que Jesús es la Verdad, que nos muestra (porque lo vivió) el Camino que nos conduce a la Vida, una Vida Nueva que se demuestra en las obras que, día a día, realizamos en Su Nombre y por Amor al Padre.

jueves, 2 de mayo de 2019

La encarnación del Verbo

De las disertaciones de san Atansio, obispo

    El Verbo de Dios, incorpóreo e inmune a la corrupción y de la materia, vino al lugar donde habitamos, aunque nunca antes estuvo ausente, ya que nunca hubo parte alguna del mundo privada de su presencia, pues, por su unión con el Padre, lo llenaba todo en todas partes.
    Pero vino por su benignidad, en el sentido de que se nos hizo visible. Compadecido de la debilidad de nuestra raza y conmovido por nuestro estado de corrupción, no toleró que la muerte dominara en nosotros ni que pereciera la creación, con lo que hubiera resultado inútil la obra de su Padre al crear al hombre, y por esto tomó para sí un cuerpo como el nuestro, ya que no se contentó con habitar en un cuerpo ni tampoco en hacerse simplemente visible. En efecto, si tan sólo hubiese pretendido hacerse visible, hubiera podido ciertamente asumir un cuerpo más excelente; pero él tomó nuestro mismo cuerpo.
    En el seno de la Virgen, se construyó un templo, es decir, su cuerpo, y lo hizo su propio instrumento, en el que había de darse a conocer y habitar; de este modo, habiendo tomado un cuerpo semejante al de cualquiera de nosotros, ya que todos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte por todos, ofreciéndolo al Padre con un amor sin límites; con ello, al morir en su persona todos los hombres, quedó sin vigor la ley de la corrupción que afectaba a todos, ya que agotó toda la eficacia de la muerte en el cuerpo del Señor, y así ya no le quedó fuerza alguna para ensañarse con los demás hombres, semejantes a él; con ello también, hizo de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la corrupción, y los llamó de muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la muerte, con el cuerpo que había asumido y con el poder de su resurrección, del mismo modo que la paja es consumida por el fuego.
    Por esta razón asumió un cuerpo mortal: para que este cuerpo, unido al Verbo que está por encima de todo, satisficiera por todos la deuda contraída con la muerte; para que, por el hecho de habitar el Verbo en él, no sucumbiera a la corrupción; y, finalmente, para que, en adelante, por el poder de la resurrección, se vieran ya todos libres de la corrupción.
    De ahí que el cuerpo que él había tomado, al entregarlo a la muerte como una hostia y víctima limpia de toda mancha, alejó al momento la muerte de todos los hombres, a los que él se había asemejado, ya que se ofreció en lugar de ellos.
    De este modo, el Verbo de Dios, superior a todo lo que existe, ofreciendo en sacrificio su cuerpo, templo e instrumento de su divinidad, pagó con su muerte la deuda que habíamos contraído, y, así, el Hijo de Dios, inmune a la corrupción, por la promesa de la resurrección, hizo partícipes de esta misma inmunidad a todos los hombres, con los que se había hecho una misma cosa por su cuerpo semejante al de ellos.
    Es verdad, pues, que la corrupción de la muerte no tiene ya poder alguno sobre los hombres, gracias al Verbo, que habita entre ellos por su encarnación.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Juzgamos para elegir

"Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios".
Al llamarnos a la vida Dios nos dio el don de la libertad y puso "delante nuestro el camino del bien y del mal, de la vida y de la muerte" y somos nosotros, cada uno, quienes juzgamos qué hacer y cómo caminar. No es nuestro Dios quien nos juzga, sino que nosotros mismos juzgamos cómo vivir y tenemos plena libertad para elegir.
Al tener plena libertad para elegir no podemos hacer responsable a nadie, de afuera de nosotros mismos, por lo bien o lo mal que nos va, porque el camino lo hemos elegido cada uno.
Claro está que, la maldad, siempre salpica a los demás, por que el mal que uno haga siempre afecta a los demás, porque somos comunidad, aunque no estemos unidos por un ideal común. Así es que lo que los demás eligen para sí afecta para bien o mal a los demás.
En cristiano decimos que por la comunión de los santos el bien que hacemos o el mal que hacemos afecta a todo el Cuerpo Místico de Cristo, por eso la aceptación de la Cruz del Señor y su Resurrección, nos afectó a todos y nos dio la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios los que antes estábamos esclavos del pecado original.
"Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".
Si miramos la vida de los santos (lo he repetido muchas veces) vamos a descubrir que cuanto más cerca estaban de Dios, más pecadores se veían, porque la brillante Luz del Amor ilumina más que la luz del sol, y llega a las profundidades del corazón. Pero es esa misma Luz la que no sólo nos hace descubrir pecadores, sino que nos anima y nos fortalece pare el camino de la Conversión, para el Camino de la Santidad.
Por eso no debemos temer de caminar más cerca de la Luz porque nuestras obras, cada día, tienen que ser mejores cuanto mayor es nuestra relación con el Padre Dios, cuanto mayor es nuestra fidelidad a la Voluntad de Dios. Seguramente veremos y nos notaremos más pecadores que antes, pero siempre que caminamos hacia la Luz veremos más errores que antes, pero será esa Luz la que nos siga iluminando y guiando hacia la meta final. Todo depende de las elecciones que hagamos cada día, y en cada momento.