"Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
«De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos".
No siempre todos los que escuchan el mensaje de la Salvación lo aceptan, así como no lo aceptaron de Jesús, tampoco de Pablo o de los demás apóstoles, tampoco lo aceptarán, muchas veces, de nosotros. Y por eso no tenemos que dejar de predicar, de anunciar, de vivir lo que creemos y lo que, sobre todo, da sentido a nuestras vidas.
Como dicen estos párrafos de los Hechos de los apóstoles, no siempre el corazón del hombre está dispuesto a creer, y, más que nada, no siempre está dispuesto a renunciar a lo que cree o cómo lo cree. Y eso lo vemos mucho en nuestras comunidades, o en nuestras familias y sociedad. El Evangelio de Jesucristo no es algo que todos quieran vivir, claro que muchos dicen creer en él, pero no todos lo quieren vivir, pues no renuncian a su estilo de vida o a su forma de "creer" en Cristo.
Es muy fácil, hoy en día, decir que creo en Cristo pero no ser cristiano, ir a misa pero no comulgar con el Evangelio, llevar una cruz al pecho pero no aceptar la que me da el Padre. Lo que se llama coherencia de vida hoy está muy en desuso pues no queremos aceptar las exigencias del Evangelio de Jesucristo, porque, según algunos están fuera de época, otros que son cosas de curas, otros que... siempre tenemos una excusa "barata" para no acepar lo que es Voluntad de Dios para los que se dicen ser sus hijos.
Pero nada de eso, si estuvieran viviendo en estos tiempos, les quitarían las ganas de seguir predicando a los apóstoles, sin embargo no siempre tenemos, nosotros, el mismo entusiasmo por anunciar la Salvación a los hombres. La misión que Jesús nos pide, cada día, es la misma que tuvieron los apóstoles pero no nos sentimos con ese mismo entusiasmo y el fuego del Espíritu, por eso tenemos que buscar una constante relación con el Espíritu Santo para que nos ayude a aceptar, primero, el Evangelio de Jesús, después su misión para mi vida, y así poder anunciar con la palabra y la vida la alegría de haber sido llamado y elegido.
miércoles, 28 de mayo de 2025
Sin perder la esperanza
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.