domingo, 4 de mayo de 2025

Vuelve al lugar

"Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces.
Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor».

Jesús resucitado se vuelve a aparecer a los apóstoles y una vez más les ofrece el milagro de la pesca. Se podría pensar que no era necesario hacer ese milagro, pero sí lo era para los apóstoles y, quizás, también para nosotros.
A veces nos suele suceder que estamos como solos en la noche del alma, que, aunque, sabemos de la resurrección y de que Dios está vivo no lo sentimos en nuestras vidas. Por eso necesitamos volver al lugar donde Él nos encontró.
Quizás el deseo de Pedro al irse de nuevo al mar en su barca a pescar fue un deseo inconsciente de volver a encontrarse con Jesús, como en aquél primer milagro donde el Señor lo llamó a seguirle.
Volver al comienzo siempre es bueno para sentir aquel impulso, aquella sensación que, con el tiempo, parece perderse en lo ordinario de la rutina diaria. Sin embargo, necesitamos, siempre, volver, como dice el Apocalipsis, al Primer Amor. A aquél primer momento cuando sentimos que, verdaderamente, el Señor estaba a nuestro lado, en el momento en que sentimos que Jesús estaba vivo y que nos llamaba, y que nos demostraba su profundo amor por nosotros, por mí. Y era ese fuego del Amor el que nos hizo decidirnos a seguirle, a dejar todo de lado y a vivir con radicalidad Su Palabra.
No. No estoy hablando de la llamada a la vida sacerdotal ni consagrada, sino que estoy hablando de la llamada a la santidad que Jesús nos hace a cada uno, pues ese es el camino que Él quiere que recorramos, pero no lo podremos recorrer si no descubrimos que todo depende de nuestra entrega a Él. Dejar todo no es sólo para los que se consagran de modo especial al Señor, sino para todos los que, desde el bautismo, reconocer que Él es el Señor de nuestras vidas.
Así nos lo hace saber el Evangelio: cuando Juan dice ¡Es el Señor! Pedro salta al mar y va en busca de Jesús, no duda de la palabra de Juan, pues sabe que él puede reconocerlo aún en la oscuridad.
Por eso necesitamos, siempre, esos amigos que nos ayuden a identificar al Señor y que nos estimulen a seguirle, a saltar al mar y nadar hasta su Encuentro, porque Él es quien les da sentido a nuestras vidas, es Él quien vuelve a iluminarnos y a alimentarnos con su propia Vida. Dejar todo para seguirlo es la mejor decisión que podemos tomar en nuestra vida. No lo dudemos.

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