domingo, 11 de mayo de 2025

Ser pastores

 «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano”.

Domingo del Buen Pastor en el que nos alegramos de tener dos buenos pastores que han comenzado su misión en la Iglesia: el Papa León XIV para la Iglesia Universal, y Don Ángel Román Idígoras para nuestra Iglesia Particular de Albacete, por quienes tenemos que seguir rezando para que siempre puedan dejarse guiar por el Espíritu del Buen Pastor que los ayude a conducir al Pueblo de Dios por las sendas de la Voluntad del Padre.
En estos días con las elecciones del Papa y la consagración episcopal de Don Ángel se han escuchado muchas voces, muchos deseos y súplicas de que sean portadores de Buenas Nuevas, de que puedan guiar a la Iglesia por senderos nuevos, de que esto y de lo otro, y, sobre todo para el Papa que haga crecer a la Iglesia.
En realidad, son muy buenos deseos y todos salen de corazones que sienten que ellos nos ayudan a caminar por el sendero de la Santidad, pero si no escuchamos la Voz del Buen Pastor y no obedecemos a sus mandatos, poco pueden hacer nuestros “líderes espirituales”, porque los que formamos la Iglesia somos todos, y los que iluminamos el camino de los que no creen somos todos, y los que debemos madurar en amor y unidad somos todos, y los que han de ser obedientes a la Voluntad de Dios somos todos.
Sino miremos lo que ocurre en las familias: los padres pueden ser los mejores del mundo, pero si los hijos no siguen el ejemplo de los padres ¿quién tiene la culpa? Los que eligieron otro camino.
Así sucede con los Papas y los Obispos, pueden ser los mejores del mundo, pero nosotros, los que formamos, también, la Iglesia y vivimos insertos en el mundo del trabajo, de la familia, de las cosas cotidiana no somos fieles al Evangelio y hacemos lo que se nos da la gana y, en muchos casos, vamos en contra de la Voluntad de Dios, por más que quieran ellos que seamos muchos… nunca lo seremos porque nuestro ejemplo no es el de Cristo.
Una vez decía en una parroquia a la que había llegado recién y la gente me pedía que trajera gente joven a la Iglesia, yo les decía: intentaré traerlos, acercarlos, pero vosotros sois quienes tenéis que acogerlos y permitirles que den una nueva opinión y no empecéis con “aquí siempre se hizo esto así” y nunca dejéis que los nuevos puedan dar lo que el Espíritu les enseñe. Nuestro ejemplo será quien atraiga a los hombres a Cristo, por eso debemos escucharlo, obedecerle y alimentarnos con Él.

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