viernes, 16 de mayo de 2025

A la Casa del Padre

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
En la Última Cena es cuando Jesús le revela a los apóstoles algunos de los misterios de nuestra vida de Fe, y, uno de ellos, el que más nos cuesta es el de la Vida después de la muerte, o, mejor dicho, el aceptar la muerte corporal, la muerte física.
Ya les había revelado que Su Hora había llegado y por eso quería darles todo lo que sabía o todo lo que podía contarles acerca de lo que iba a suceder, no sólo a Él sino en la vida de cada uno de nosotros.
Por eso les habla de la Casa del Padre, y de ese modo nos ayuda a descubrir o a vivir con la esperanza de la eternidad, de saber que nuestra vida no termina en la muerte sino que continúa en la eternidad, junto al Padre, al Hijo y la Espíritu y con todos los que han vivido junto a Dios.
Para algunos la esperanza de la vida eterna es una idea de chiquillos para quedar tranquilos y para suavizar la idea de la muerte, pero para los que tenemos Fe sabemos que sólo es una puerta que se abre para volver a la Casa del Padre, lo que nos ayuda en ese paso tan difícil pero necesario que un día daremos, con la Gracia de Dios.
Esta revelación de Jesús nos abre a la esperanza de la Vida, pero no nos quita el dolor de la separación, ni la tristeza de saber que ya no estaremos con los que amamos, por eso, el mismo Jesús, quiso darnos testimonio de que el dolor de la separación es más fuerte que la certeza de la Vida eterna, pues Él mismo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro.
Por eso, aunque las lágrimas manifiesten nuestro dolor por la separación y la angustia del momento, no nos quitan la esperanza de saber que los que vuelven o los que volveremos a la Casa del Padre seguiremos viviendo junto a Él y a todos los que Él ha llamado a la Vida. Así, caminando junto a Jesús nos preparamos para ese día, el nuestro y el de los que amamos, para saber que de Su Mano podremos alcanzar la Vida Verdadera, y que su Amor nos ayudará a seguir el mismo sendero de fe, esperanza y amor, para alcanzar un día el Verdadero Amor junto al Padre.

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