domingo, 23 de marzo de 2025

Tiempo de conversión

"Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?". Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar"».

La liturgia de la Iglesia es cíclica y así, cada año, se repiten los ciclos y las lecturas, haciéndonos pensar en que siempre tenemos una oportunidad para volver a replantearnos nuestro estilo de vida, nuestra manera de vivir nuestra fe.
Como en la parábola el viñador nos vuelve a “sacudir” y a “fertilizar” con su Palabra, con su Gracia para que podamos descubrir nuestros errores y pecados, para poder alcanzar la conversión y la santidad.
Escuchar Su Palabra y alimentarnos con la Eucaristía son los “fertilizantes” que el Señor nos brinda, cada día, para que nos ilumine y fortalezca para no desfallecer en el camino de la conversión, y saber que, siempre, tendremos la oportunidad y la necesidad de convertirnos, que siempre habrá cosas que se nos vayan “pegando” del mundo y nos quiten la fuerza de la Gracia, y, sobre todo, no nos dejen dar un buen testimonio de hijos de Dios, de discípulos de Cristo, de cristianos.
No es que el Señor quiera, constantemente, hacernos ver nuestro pecado y errores, lo que quiere es que no nos sintamos tan perfectos que nos gane la soberbia como para sentirnos jueces y verdugos de nuestros hermanos, sino que, desde un corazón arrepentido y misericordioso, ayudemos a los demás a encontrar, como nosotros lo hemos encontrado el camino de la conversión y la santidad.
En estos días en que, en muchas parroquias, se están preparando los Pasos de Semana Santa y ensayando para poder procesionar con ellos, busquemos el tiempo para meditar en lo que vamos a vivir, que no sea un simple acto externo de fe, sino que nos lleve a descubrir lo que el Señor, nuestro Dios, nuestro Hermano Jesús, vivió y aceptó por amor a nosotros y por obediencia de amor a Su Padre: Su Pasión, Su Muerte y Su Resurrección para que nosotros, aún en pecado, podamos gozar de los Dones de Vida.
Por eso, aprovechemos, siempre, la oportunidad de mirarnos frente al Señor y descubrir qué es lo que aún no hemos entregado para que Él se manifieste en nuestra vida, y así, muchos puedan ver en nuestro caminar la vida de Jesús, y descubrir en nuestra vida la alegría de vivir el Evangelio de Jesús, libres de toda corrupción del mundo, discerniendo y aceptando la Voluntad de Dios así como lo hizo Jesús.

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