domingo, 2 de marzo de 2025

Cómo nos alimentamos

 "Pues no hay árbol sano que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos".
Los frutos y la floración de una planta, también, depende de la tierra en donde fue plantada o de la tierra fertilizada, de dónde absorbe el agua que la nutre. Así pasa con nuestra vida espiritual: hemos sido plantados en la Roca firme que es Cristo y somos regados por su Gracia, pero sólo si nos unimos constantemente a Él. Porque todo depende de nuestra constancia y disponibilidad en escuchar Su Palabra y recibir sus Gracias, y, sobre todo, en alimentarnos con Su Propia Vida en la Eucaristía.
"El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón habla la boca".
Decía alguien hace mucho tiempo que la procesión más larga y difícil en la vida del creyente es la que va de la cabeza al corazón, pues puede haber mucho conocimiento en la cabeza, se pueden haber hecho muchos cursos y estudiado mucha teología, pero si todo eso no baja al corazón, nuestros labios hablarán palabras vacías, y nuestra vida no estará iluminada por el Espíritu.
Muchos nos gloriamos de saber mucho, pero, como los fariseos de la época de Jesús, no vivimos mucho de lo que predicamos, sino que sólo hablamos de lo que sabemos, pero nuestro corazón está lejos del Señor.

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